Viajar y vivir... (parte I)

Los que no disponemos de los recursos necesarios (un mínimo de tiempo y dinero, vamos) para poder viajar todo lo que deseamos, por todo el planeta, a menudo solemos evolucionar y pulir con los años un pequeño talento que valoro mucho, el talento de elegir cada vez mejor. Es raro arrepentirse de alguna escapada planificada, por lo menos en mi caso. El año pasado después del rally por Extremadura el listón estaba muy alto pero, por otra parte, no era muy dificil concebir nuevos planes que auguraban,  ya de por sí, buen sabor de boca. Como siempre, los viajes se disfrutan antes, durante y después de hacerlos. Es la riqueza humana y sensorial que disfrutamos los que amamos hacer kilómetros y ver amigos, aparte de la incertidumbre o simple curiosidad de conocer sitios y situaciones nuevas. ¡Quién pudiera tener capital y tiempo para atravesar Africa o Sudamérica!, quién pudiera poder TRAVIAJAR habitualmente... Pero no escribo este post para quejarme, cada palo aguanta su vela al final, sino para rememorar alguna escapadita agradable que tuvimos el año pasado. 

Algo importante es que también valoramos ver a los amigos que, por culpa normalmente de la distancia, no vemos tanto como quisiéramos. Vale que con la pandemia han cambiado cosas en el mundo, que algunos hemos apreciado que incluso se ha perdido ganas de socializar por parte de algunos... pero, aún así, cuando hay ganas de verdad las distancias  practicamente no son obstáculo. Y más si vas en moto y adoras devorar kilómetros. En abril lo hablamos mi amigo Tomás y yo, buscamos en el calendario un finde que pudiéramos cuadrar los dos y en mayo nos vimos casi a medio camino, en una zona agreste que amamos: la comarca de la Serranía Baja de Cuenca y río Cabriel. Fueron casi dos días de curvas y risas, qué decir. 

Hasta nuestro punto de encuentro (él vendría desde Barcelona), puse rumbo por una ruta bien conocido, siempre agradable, que pasa por las zonas de Priego y Beteta. Imposible no parar en "la curva" de las hoces, donde en ocasiones se puede disfrutar del vuelo de algún buitre. Allí me detuve un ratillo mientras una pareja de escaladores se alzaba por la pared de roca que tenía a mi derecha, según veis esta foto:

Arranqué pronto y seguí disfrutando del tramo. Pronto sería la hora prevista para vernos. El lugar sera en el "mítico" pueblo de Cañete, ese "milestone" que tantas veces hemos mencionado en este blog camino a la invernal de Estrella de Javalambre. Allí habíamos quedado, después unos dos años sin vernos, ¡casi nada! Como los encargados del restaurante no tenían muchas ganas de darnos de comer, arrancamos las motos y nos fuimos hasta Salvacañete, concretamente al restaurante ubicado junto a la carretera, en una punta del pueblo, junto al cruce que luego tomaríamos. Fue todo un acierto. Por fin pudimos ponernos al día. Afuera, a la sombra, aguardaba la flamante GS 1250 de Tomás y mi XSR 900. Dos nuevas amigas que por fin se conocían. La GS tiene un depósito que casi duplica al mío en capacidad, solo con ese dato podemos etiquetar qué moto era la más rutera...

Salvacañete es una población pequeña, no creo que supere los trescientos habitantes. Esta en unos de esos tramos divertidos que conocemos bien. De hecho toda la zona invita a llevar gomas blanditas y acudir sin prisas, con tiempo, para disfrutar como enanos de los paisajes y de nuestras monturas, sean las que sean. Nuestra idea era tomar varios tramos del antiguo marquesado de Moya, incluyendo su castillo, el que, tiempo atrás había visto a lo lejos, en otra escapada que ya conté en el blog. Pues nada, después de comer salimos de Salvacañete hacia el castillo. Todos estos parajes, había visto, tuvieron cierta relevancia en la antigua Guerra de la Independencia, cuando sus habitantes hicieron frente a los franceses, realizando incluso numerosos ataques sorpresa. Luego algunos de ellos, como en tantas otras lugares, se convirtieron en bandoleros. Y casi como ellos arrancamos las motos sin tener una ruta predefinida ni mucho menos idea de donde podríamos hacer noche. Pequeños detalles como esos hacen que disfrutes más el concepto tan manido de "libertad". 

Ciertamente el asfalto era muy mejorable pero disfrutamos lo que pudimos hasta Moya, afortunadamente sin tráfico. Luego subimos por la pista que hay hasta el castillo. Vistas espectaculares y primera parada para disfrutar el momento. Lo mejor estaba por llegar: aunque no pasamos por las curvas de Ademuz recorrimos multitud de tramos recomendables y varias localidades, casi siempre por las carreteras CM-215 y CM-2200. Esa ruta incluyó pasar por pueblos como Landete, Talayuelas, Garaballa, Henarejos, Fuentelespino, Boniches, etc, hasta llegar a Cañete otra vez (como si hubiéramos planeado una ruta circular), parar allí un instante y decidir subir hacia el Norte, hacia Albarracín... tramo que yo no recordaba o no conocía directamente (por la CM-2106). Fue una decisión muy acertada pues era un tramo alucinante que disfrutamos felices sin apenas tráfico y con una temperatura ideal, ¡no se podía pedir más!

Llegamos luego a la provincia de Teruel y enseguida a la bella Albarracín donde queríamos parar y refrescarnos. Nada más pasar el túnel de la localidad vi un hotel pétreo con buena pinta a mi izquierda y una terraza sugerente que parecía llamarnos sin dilación. Obedecimos y nos detuvimos allí, enseguida nos sentamos junto a una mesa. Advertimos que había un grupo de motos también descansando allí. No lo teníamos previsto pero preguntamos y tenían alojamiento de sobra disponible, y a buen precio. Decidimos que pasaríamos allí la noche, decisión acertada. Luego nos fuimos de bares (pocos) y la cena fue espectacular... y la velada posterior en cierto pub (o algo así) mejor no comentarla en detalle (encima nos salió gratis, im-presionante). A cierta hora intempestiva regresamos para descansar unas horas dentro del hotel de piedra...

Al día siguiente, después de un opíparo desayuno, echamos caldo y casi gastamos otro depósito (de los míos, no de los de la GS) en curvas por zonas preciosas dirección Teruel City (que, dicen, sigue existiendo). Pasado el mediodía, tomamos la aburrida A-23 para rodar los últimos kilómetros juntos, él ya casi dirección Barna, yo dirección Monreal del Campo para tomar luego la N-211 y volver a casa por Molina de Aragón. Nos despedimos con intención de vernos de nuevo en un periodo de tiempo más corto, ¡cosa que veo ahora hemos cumplido! Pensado en este día y medio que pasamos por allí juntos no puedo más que sonreír, ¡escapadas así animan a cualquiera!

A la vuelta, después de repostar en una de las Cepsa de toda la vida de Molina decidí no llegar hasta Alcolea y evitar así las largas rectas que luego aguardan. Miré en el google maps y descubrí de nuevo un tramo que no conocía, uno que si lo continuas puedes terminar por la zona de Trillo y Sacedón. Ese tramo arranca pasado Molina y trascurre por la solitaria CM-2015, hacia Zaraorejas, atravesando luego el río Tajo. Esta ruta regala unos páramos de una belleza deslumbrante, salvaje, incluyendo algunos desfiladeros magníficos, aunque pensé que más vale no te quedaras tirado una noche por allí. Por supuesto, en una mini parada que hice comprobé que tampoco había cobertura. Cuando arranqué aceleré en la única recta que descubrí durante minutos y, justo unos cuantos segundos después, me libré de un buen percance: un "bamby" en el último momento, llegando veloz por mi izquierda, cambio de trayectoria y no me impactó, brutal. No vi coches hasta llegar al famoso río, por cierto.

A llegar a Trillo paré unos instantes en el puentecito desde el cual se ven, a lo lejos, las torres de la planta nuclear. Hice la foto de rigor y continúe camino a Sacedón sufriendo ya un calor importante, una temperatura que no buscaba. De repente recordé el bar motero que está de moda, a unos doce kilómetros del pueblo. Efectivamente, allí estaba y había ambiente. No pude resistirme a "merendar" un buen bocata mientras contemplaba el animado panorama y la multitud de "ofertas" de dos ruedas que había aparcadas por doquier. Una vez alimentado y refrescado, arranqué confiado mi querida Yamaha y no recordé, culpa mía, que normalmente en la última hora de mis viajes es cuando me multan o suceden cosas imprevistas. Así fue...

Llegando a Sacedón alcancé a dos customs y un Megane antiguo, afortunadamente iban muy legales y tuve que reducir dos marchas al comprobar que había línea continua. Y digo afortunadamente porque justo en esa recta en bajada había un radar oculto que no vimos ninguno. Resultado: poco después nos pararon a los aguerridos customs y a mi, para la preceptiva receta. No me lo podía creer pero así fue... Realmente, gracias al viejo Megane no íbamos más rápidos, sino la cosa hubiera pintado mucho peor... Le di las gracias en silencio. Arrancamos prudentes y llegamos a casa. Balance positivo, por supuesto. Viajar y vivir... 

Por cierto, durante ese mes de mayo del año pasado se celebraron los Premios Mototurismo, organizados por el amigo Gustavo Cuervo (¿quién mejor lo haría?). Me pidió que fuera jurado junto otros ruteros y acepté. Posteriormente, un sábado lluvioso fuimos un nutrido grupo de ruta hacia Navacerrada (dónde se celebraría el evento) parando previamente en la Cruz Verde. Se agradeció la fina lluvia esporádica que nos cayó, aunque modificó un poco la ruta prevista. 

Era mayo pero habitualmente sufríamos un calor de verano, ¿dónde estaba la primavera? Esa es la pregunta que nos hacemos algunos ultimamente, porque el clima y su radicalidad afecta a monturas y jinetes... y yo ya estoy temiendo los meses que se acercan... 

Seguiremos en unos días recordando escapadas del año pasado...

Te echaremos de menos, papá...


Me ha costado mucho ponerme a escribir estas líneas de cariño, de deuda, de homenaje a mi padre.

Su último viaje arrancó el pasado cuatro de octubre después de pasar varias semanas en el hospital. Ingresamos un 31 de agosto porque algo no iba bien y aunque la primera quincena parecía que podíamos ganar también esta nueva batalla perdimos la guerra contra el cáncer. Estaba relativamente bien meses atrás aunque una rodilla maltrecha le tenía frito, impidiéndole rodar en moto, una pesadilla en ese sentido. En mayo le pusieron una prótesis y todo parecía razonablemente correcto. Dejó las muletas en casa apenas unos días después de la operación, algo increíble, no previsto, yo alucinaba. Parecía una nueva pirueta del más difícil todavía. Todos estábamos maravillados, una vez más sentíamos que usaba su magia, la que al final siempre le salvaba del desastre. Pero esta vez, durante el resto del verano, perdimos.

Querido maestro LF: Eras fumador eterno, tu única perdición insana; solo lo dejaste en el 2020 cuando empezaste con la quimio. Siempre viviste como quisiste, eso está claro. Eras un verso libre de los buenos. Desde ese año, el de la pandemia, seguimos montando en moto con cierta frecuencia, incluso algún viaje chulo hicimos juntos (con nuestro Julito), siendo el de Anzánigo el último al final. A pesar de tus problemas con el azúcar, del cáncer de pulmón, de todo lo demás, seguías con más ganas que yo por devorar kilómetros y planear escapadas en moto. Tenias a todo el mundo alucinado. "El Motorista" como te llamaron hace muchos años en Aragón seguía agrandando su leyenda particular. Sin aspavientos, sin presunciones extrañas, hacías lo que podías y querías por mandato natural, no había nada más que pasión. Sí, porque incluso en septiembre todavía tenias tus ganas, tu nuevo plan para tu Ossita, mirando accesorios de Triumph para adaptar a tu depósito.

Allí estaba nuestra querida Rosa, nuestro Alvarito y tantos otros. No tuvimos día sin visita ilustre. David y Tere, Juanki, Rosi y Luis, Kurtis, Joselito, Julito, Mudo, entre otros, ¿qué puedo deciros?, que daros las gracias es poco. No sabéis qué hermoso y terapéutico fue para él (y para nosotros) contar con vuestra presencia durante aquellas tardes. Como te apreciaron las enfermeras, papi, durante esas semanas, una vez más... pero era lo más duro que he vivido aunque intentaba mostrar otra cara. Siempre Adelante, decía nuestro lema, el de tu viejo macuto, el que heredé de niño. Siempre hay que luchar, jamás rendirse... Y si nos ganan, que nos ganen, pero no vamos a entregar la cuchara, o apagar el motor, ponernos de rodillas o bajar los brazos rendidos. Así fue hasta el final. Tu última lección.

Te fuiste rodeado de amigos, todos los que pasaron por el hospital, los que llamaban, los que andaban preocupados desde la lejanía. El viejo guerrero, el otro Barry Sheene que encontramos en vida, mi motorista favorito, mi maestro y mi gran Amigo tenía todavía ganas de vivir, muchas, pero le fallaba el "chasis", cada vez más. Decías "si me libro de esta, tenemos que preparar...". Siempre con tus planes, tus ideas, y sobre todo, ante todo, tus ganas de seguir viajando, de seguir haciendo kilómetros en tu querida Fazer, sin preocupaciones, pasando de los radares en las autovías, pasando de preocupaciones sobre los puntos del carnet y todas esas bobadas que a veces nos preocupan a los motoristas más pequeñitos. 

Esa es la amargura que me devoraba un poco por dentro ya en esos días... y todavía. A mamá también porque te conocemos muy bien. La amargura de saber que te fuiste teniendo todavía muchas ganas de vivir, haciendo lo de siempre. Como viejo rockero, eras de gustos y deseos sencillos: estar con tu familia, pasarlo bien con ella y con los amigos, rodar siempre que se pudiera, trastear en el garaje con las motos innumerables tardes, seguir dibujando rutometros, diseñando carteles y viajes para ti, para amigos o para desconocidos.

No tengo palabras para describir todo lo que nos has regalado durante toda tu vida. Cuántas cosas me enseñaste, cuántas lecciones vitales, cuánto sentido del humor derramaste entre nosotros, cuánta generosidad y cuánta sabiduría calmada, por eso eras mi mejor consejero. Cuántos grandes momentos pasamos juntos desde principios de los ochenta, cuando arrancamos nuestros viajes juntos, cuando yo era un niño y un adolescente afortunado, sí, hasta hace unos años con mi Ossa de carreras, aventura que me apetecía mucho hacer contigo, y que te daba la vida, como me decía Eruzo. Qué años de vivencias de todo tipo, casi siempre divertidas y humanas, las mejores.


¡Cómo vuela el tiempo para los mortales, terrible, sin misericordia! Vive la vida, decías, no temas, no desees lo imposible pero sé fiel a tus principios y a tus pasiones, jamás te rindas. Nuestros viajes a Montjuic, a los Alpes, a Olorón, a doscientas docenas de lugares y concentraciones, con motos buenas al final o con hierros al principio, sin apenas dinero durante muchos años, luego ya con algo más de medios, incluso ropa de moto decente, con buenos cascos y robustas botas. Con tienda de campaña durante años, otras veces en hostales baratos, que las espaldas ya no son las mismas, decíamos. Desde áreas de descanso francesas o italianas hasta el coqueto hotelito Continental de Andorra, donde siempre nos acogían como a unos viejos amiguetes de Madrid.

Son tantas vivencias acumuladas que las memorias que escribiste para tu nieta, hace como veinte años, se quedan muy cortas, ahora más todavía. Solo querías dejar algunas anécdotas por escrito, decías, pero quizá deba ser yo quién cuente nuestras aventuras. Merecerá la pena. 

Jamás encontré alguien tan íntegro, tan grande, con tan poco ego, con sus claros y sus sombras. Aunque escribías mucho, tú no tendrías un blog ni subirías fotos a las redes sociales, eres de otra época, de otra pasta, de otro tipo de relaciones, cuando el chocar manos era más importante que pulsar botones en el ordenador. Jamás te preocupó ser protagonista de nada, aunque eras un líder natural, un referente para mucha gente. De hecho, ha sido totalmente increíble las numerosas muestras de cariño que hemos recibido desde que cambiaste de ruta. Era predecible quizá pero para mi no tanto, no lo había pensado durante ese duro mes de septiembre. El tanatorio parecía una concentración, casi una invernal, pero de las buenas, sin shows, sin cortes de encendido, solo buenos sentimientos, muchos encuentros y calurosos abrazos. Nos llenaron de emoción las preciosas palabras que, enseguida, escribieron grandes veteranos como las dedicadas por nuestro amigo Gregorio de los Tortugas (a toda esa panda, ¡un abrazo enorme!), las del gran Gustavo Cuervo, las de Mudo, las de Barry, las de las dos Rosas, las de los amigos del MTM, las de Peter  Blue, las de Manu Varea, las de Elena, las de Quim, etc.., impresionante, sin olvidar los mensajes que escribieron docenas y docenas de personas en las redes.

Y cuántos homenajes, sencillos, de corazón, se han generado desde entonces, papá. Espero que los hayas visto desde arriba. El pasado 26 de noviembre hicimos, nosotros, la panda, el nuestro particular, dar tu Vuelta a los Puertos, la ruta serrana que popularizaste en los años setenta y ochenta. Quién sabe, quizá todos los años celebremos este encuentro, hagamos esta ruta en tu honor, atravesando buena parte de los puertos de la sierra de Guadarrama. El próximo homenaje será el sábado que viene, en tu querida reunión de Estrella de Javalambre. En noviembre me llamó Peter para preguntarme si dábamos permiso para llevar acabo aquella vieja y loca idea tuya de subir a por la medalla, por la pista, durante algún momento de la noche, ¡el Búho de Javalambre lo llamaste! Si todo va bien, lo haremos en tu honor. También los amigos de Solo Moto han puesto su granito de arena avisando de este homenaje. A todos ellos, a los numerosos amigos, conocidos y desconocimos que nos dieron el pésame por mensaje, en Facebook, en persona, en tantos sitios... de corazón, ¡mil millones de gracias!

Quizá mis palabras se tomen como parciales, al ser juez y parte, es lógico que algunos penséis así si me estáis leyendo ahora. Soy su hijo, afortunado hijo, no puedo ser del todo imparcial. Sin embargo, sé que, más o menos, puedo hablar por muchos otros amigos: Gracias por ser nuestro héroe de carne y hueso, nuestro sabio de las motos y de la vida, un hombre generoso y afable. Nos diste mucho y en esta vida SOMOS LO QUE DAMOS.

Gracias por tantas lecciones y alegrías regaladas, papá, creo que, al menos, aprovechamos bien el tiempo que San Brembo nos concedió juntos. Solo deseo que ahora estés mejor. Va a ser duro adaptarme a los nuevos pero hay que seguir luchando. Te quiero, te queremos. Tal vez algún día volvamos a rodar juntos en otra dimensión, ojala. Los auténticos guerreros, al final, creo que nunca pierden, solo cambian de circuito... 

Moto Grup Tortugas: In Memoriam. Don Luis Fernandez, MOTARD (1944-2022) (mgtortugas.blogspot.com)

Precioso rally Xtreme Challenge por Extramadura, gasss!!

Sí, tengo abandonado un poco el blog, se termina por fin el maldito verano y todavía no he llegado ni al inicio de la primavera. Todavía me pregunto, ¿tuvimos esta estación este año? honestamente, al menos por aquí la primavera fue breve, casi fugaz. Afortunadamente, cuando llegó marzo refrescaba todavía un poco, temperaturas agradables para riders y motores, y durante ese mes participamos en un rally conocido, casi de moda, el denominado Xtreme Challenge. Esta prueba se celebra en distintas fechas por diferentes ubicaciones del país. Un par de meses antes, más o menos, hablando con David "el primo", comentamos que se habían abierto ya las inscripciones..., lo tuvimos claro y nos decidimos enseguida a participar. Teníamos ganas de darnos una buena "paliza", ahora que por fin él vuelve a tener moto con matrícula y nos lo podemos permitir. Y allá fuimos un viernes, hasta Mérida, a mitad de marzo.

Para no chuparnos tanta autovía fuimos un buen tramo desde la zona Oeste hacia el valle del Tiétar para ya enganchar con la maldita autovía cerca de Talavera de la Reina. David y Tere en su fabulosa Fazer 1000, yo obviamente en mi ligera XSR, partiendo juntos desde el mesón del Puerto, antes de Pelayos de la Presa, para empezar la ruta con energía. Ibamos vestidos de cordura pero no esperábamos ni fríos polares ni lluvias, aunque sí un rally lleno de curvas, paisajes bellos y momentazos. La verdad, ¡acertamos! 

Antes de dejar los pertrechos en el hostal de la preciosa ciudad monumental, nos acercamos al punto de salida del rally, a las afueras de Mérida, junto a una gasolinera y varios concesionarios de motos. Enseguida percibimos el ambientazo que reinaba allí: carpas de diferentes marcas, donde se podían probar modelos y novedades, música marchosa, puestos de bebidas, risas flotando en el ambiente, gente simpática de la organización (nos hicieron hasta una entrevista), recogida de dorsales, etc, en fin, un buen mogollón de gente y motocicletas... Se notaba que el evento estaba bien organizado. Gente desde luego no faltaba. Había motos para parar un tren, o dos. De todo tipo, por supuesto, muchas trails asfálticas, claro, si no tienes una es complicado que puedas viajar en moto (risas por favor).

Me sorprendió (nos sorprendió, creo poder afirmar) el fabuloso recorrido de las cuatro etapas que desarrollaríamos a lo largo de muchas horas (habíamos elegido el rally largo). Algo intuíamos pero de madrugada todavía no lo sabíamos. Madrugamos un montón pero todo estaba bastante bien organizado. De noche todavía, y después de los desayunos correspondientes, salimos "a la aventura" en grupos de unas veinte motos aproximadamente. Como éramos tantos participantes los grupos eran numerosos y salíamos con cierto margen de tiempo para no colapsar las carreteras, aunque a esas horas estaban practicamente desiertas.

Comenzamos la ruta de la jornada de noche, a un ritmo comedido junto a otros participantes mientras nos alejábamos de Mérida hacia latitudes más "ausentes", dirección Puebla de la Reina, Valle de la Serena, etc, con una temperatura, digamos, agradable y sin viento. En una larga recta nos pasó una de las nueva Multistrada V4 (de esas que ya no son Desmo) y su baúl se abrió en marcha dejando muchos obsequios por el lugar. En un Stop le avisaron y se dio la vuelta. Confieso que no me dio mucha pena, el dueño de la Ducati minutos antes había sido el único que había despertado a los vecinos de una aldea con sus acelerones en vacío y lindezas varias...  algún autóctono despertó alarmado y cagándose en los motoristas, normal...


Las etapas para nuestra modalidad de rally PRO (solo había otro más largo, ULTRA) eran cuatro, ofrecidas en formato digital y en papel, en este último caso mucho más resumidas, claro, al estilo de un "roadbook" breve pero pintón. David enseguida se ofreció a usar el track digital lo que significaría que ellos irían delante, perfecto. Ya que el iba cargado con pasajero y su moto es más pesada, prefería que fuera marcando el ritmo. Eso sí, acelerando seguro que me metería algún buen "churro" porque, sí, íbamos a salir ligeritos si las condiciones del tráfico y el asfalto nos los permitían, cosa que pasó casi siempre, por fortuna.

La primera etapa fue muy divertida, por comarcales interesantes y desiertas, zonas anchas y despejadas, como he dicho antes a través de Puebla de la Reina, Campanario, embalse de la Serena, finalizando en lo alto de un cerro del pueblo Puebla de Alcocer, junto a su castillo, un lugar pintoresco y bien visible (la foto está más arriba). Desde luego la organización acertó con estos detalles. Paramos un rato pero sin tomar nada, ya serian las 8 y media de la mañana o algo más, con una temperatura perfecta. Vi tantas motos que me resultaba chocante que no hubiéramos colapsado algún tramo o algún pueblo...


La segunda etapa fue más ratonera y los colores de las dehesas, pantanos y colinas empezaron a maravillarme de verdad. Nos encontramos con numerosas motos, casi siempre las adelantábamos, sin querer casi, aunque a nosotros, obviamente, también nos pasaban algunos figuras que iban a fuego. Al final no paramos apenas para hacer fotos de los paisajes y los tramos, como deseaba yo en principio pero David iba delante todo el tiempo, siguiendo el track de la prueba, y no era menester preocuparle si miraba por su retrovisor y no me veía... además, la ruta era muy agradable y no daban demasiadas ganas de parar. En esa etapa cruzamos varias comarcas y localidades como Sancti-Spiritus, Capilla, Chillón, Siruela, Puerto Peña, terminando la misma en la famosa localidad de Valdecaballeros (la recordaba por su central nuclear) donde paramos la mayoría a comer y descansar un par de horas casi, después de disfrutar, otra vez, de unos paisajes agrestes hermosos y una temperatura contenida muy agradable.

Después de comer, y haber encontrado por fin una gasolinera (literalmente "en el Quinto Pino") seguimos ruta por la etapa 3, dirección la zona de Guadalupe (nuestra querida zona racing extremeña), La Calera, y luego hacia el Pico Villuercas (y su base militar), una de las pocas montañas de Extremadura que puedes llamar con razón "montaña"... La ascensión fue muy agradable aunque el tiempo se estropeó un poco. Según íbamos subiendo a aquel pico que yo desconocía, veía bajar algunas motos, junto a algunos automóviles, mientras pensaba porqué la ascensión era solo "opcional" según la organización. Llegamos al pico, paramos por fin y no hacia calor precisamente. Había poco hueco para dejar las motos pero mereció la pena disfrutar de las vistas, ¡las más altas del día!


Cual fue nuestra sorpresa cuando, para descender, el track nos marcaba por otra alternativa: un camino estrecho de hormigón con mucha pendiente. Dudamos pero vimos a más participantes internarse por allí y el efecto "llamada" hizo lo demás. Curiosa bajada para usar y abusar del freno trasero. Con paciencia y gestionando muchas curvas cerradas por fin llegamos a la CC-97 hacia Cañamero, iniciándose una zona de curvas realmente preciosa, donde apretamos un poquito y disfrutamos del "rally" en su vertiente, quizá, más deportiva. Los neumáticos estaban tan calentitos después de unos trescientos kilómetros largos ya que parecía que íbamos sobre raíles, a pesar de los baches, suciedad y desniveles inesperados que a veces nos encontrábamos, hasta llegar al final de aquella etapa en Logrosán.

La cuarta etapa nos llevaría a meta pero hubo otro control sorpresa antes, en alguna parte que pudimos verlo y disfrutar de otra breve parada. Ya empezaba a ocultarse el sol lentamente cuando pasábamos por Garziaz, Ibahernando, Montanchez, etc, admirando a un rider (de la zona me contaron luego) que con su modesta pero preciosa Africa Twin de los 90 nos pasó a todos en un tramo muy técnico y revirado, a nosotros y a las Rs que llevábamos delante. Fue muy bonito verlo y disfrutarlo. Pensé en apretar e intentar seguirle pero no quería dejar a mis querida pareja compañera de ruta atrás. Enseguida paramos además, última parada, en un bar motero muy chulo donde, inesperadamente, su dueño me invitó al café con leche que le pedí. Parecía que quedaban ya apenas sesenta kilómetros para llegar al punto de salida, eran cerca de las seis y media de la tarde pero aquel ultimo tirón iba a ser más largo de lo que imaginaba, incluyendo algún tramo ya por autovía donde a David, en algún momento, le apeteció estrujar el motor de su Fazer de litro, despegándose de mi sin remedio en la lejanía... 

Con ganas de cenar algo, llegamos a meta, el mismo punto de salida de aquella madrugada. Ahora serian las 7 y media de la tarde o de la noche. Estábamos contentos, y casi risueños, buen balance, ruedas redonditas y un pastón gastado en gasolina... mejor no pensarlo... Hubo muchas mas anécdotas a lo largo del día pero sería infinita esta pequeña crónica si contara la mayoría... Luego haríamos cálculos y nos salieron un porrón de kilómetros para aquel día, 620 concretamente.

Posiblemente repitamos otro rally XTREME, están bien organizados y los tramos están bien estudiados, no están puestos a boleo. Me alegré mucho por haber, por fin, participado en uno de ellos y más en este de Extremadura, una tierra hermosa y llena de posibilidades para el motociclista, algo que no siempre está tan presente en nuestras mentes, acostumbrados más a hablar y pensar quizá en otras zonas más populares de nuestro país. Una ducha y visita nocturna a la precisa ciudad romana. Al día siguiente me tocaba volver a casa prontito, y por autovía casi todo el rato, mientras mi mente recordaba lo vivido el día anterior y cerraba el "informe" diciéndome... ¡volveremos!

¿El tiempo vuela? (28 Invernal Juarros)

Pocas veces habréis leído una pregunta tan poco original y tan usada... personalmente, aunque conozca bien la respuesta, no me deja de sorprender. Los años pasan, vuelan, y no dejo de acostumbrarme a su velocidad si miro el calendario. De niño y adolescente era muy distinto, el tiempo se movía más despacio, o eso pensaba, incluso luego no iba tan acelerado... Sin embargo, desde hace unos años es increíble como nos adelanta por un lado, por otro, por encima... ¿Es cosa de nuestro cerebro, de nuestra percepción? Creo que esencialmente, sí, aunque la acumulación de experiencias y nuestra propia memoria imagino que algo tendrán que ver al final. El caso es que muchas veces nos damos cuenta por sucesos y acontecimientos cíclicos, que vuelven una vez más, agradables o no, para recordarnos que estamos en otra vuelta de nuestra vida, un nuevo paso por meta, sin saber cuando terminará la carrera...

Febrero llegó y con ese tibio mes uno de nuestros encuentros favoritos, el de Juarros de Voltoya. Buena "excusa" para reunir a lo más florido de la fauna y flora, y gracias a Luis y Rosi obviamente, que son los organizadores y el alma de los buenos encuentros que siempre vivimos allí, con o sin invernal de por medio. La mala noticia era que mis dos bares favoritos del pueblo habían sido cerrados, una pena, porque eran puntos de encuentro románticos y fáciles de encontrar por cualquiera que llegara sediento... Nos quedaba el bar del polideportivo, precisamente la zona donde hasta hace pocos años se celebraba su aclamada invernal en estas mismas fechas. 

Llegamos en lata esta vez, como casi todos, el día no era muy apetecible y nos dio pereza vestirnos de romanos para devorar tantas rectas con la única salvedad de nuestro querido puerto de Guadarrama (Alto del León)... Ancha es Castilla, sí, porque una vez superado este puerto pocas curvas y pocas colinas quedan a la vista hasta el pequeño y acogedor pueblo segoviano. Lástima que mis padres al final no pudieron acudir al calor de tantos amigos y conocidos...

Aparte de las caras más conocidas (Rosa, Alvarito, Antuan, Julito, Joselito, Maika, Miguelón, Antonio, etc) pudimos reencontrarnos con viejos amigos como Juanki, Gerardo, Martina, Dani, Rafa del MTM y el Hondi, Alfredo el Escocés, etc, vamos, tropa de hace muchos, muchos años pero que vemos poco... Rafa me sorprendió gratamente cuando ¡me regaló una Fireblade de juguete! Como se había enterado que vendía mi quería Infinita pensó en consolarme un poco, ¡qué tío más majo! ¡Pues gracias, qué podría decir!

También me hizo ilusión ver a Marco, ¡ni recuerdo cuando había sido la última vez! Marco, nuestro amigo "el piloto", como yo le llamo, o StormTrooper (por su casco y mono blanco Dainese habitual) que tampoco vino en moto pero que no se pierde esta cita cada año. Buenos momentos vivimos juntos encima de nuestras monturas durante años para venir a Juarros alegres y animados bien para pasar el día o para disfrutar de la invernal completa. Se añoran esos años divertidos prepandemia y pre tantas cosas... Aparte de echar de menos a mis padres, echamos de menos al Mudo pero su apretada agenda le impedía venir este año, lástima...

¿Y qué decir de la estupenda comida? Pues una vez más doy fe que nadie paso hambre... (por unanimidad)..., que si unas sopas castellanos estupendas para comenzar el sprint, continuando con los pobres animalitos tan típicos de allí, para rematar la carrera con postres y licores... Y lo mejor, animadas charlas pero el tiempo se nos pasó también volando... cuando se pasa bien, sucede, no falla. En fin, otra más. Gracias a los anfitriones, ¡tiene curro el evento!, de eso no hay duda, por lo que es de agradecer el doble... y un placer ver a tanta gente maja junta. Podíamos habernos quedado a dormir, había alojamiento, pero todavía no podemos desaparecer de casa facilmente, falta poco para volver a viajar unos días juntos sin preocuparnos de la prole, o eso creo... 

Os dejo algunas fotos del evento...






Y terminamos el post con esta bonita foto de mis queridos Julito y Montse:

Como dijo, ya sabéis quién, ¡Volveremos!

Arrancando enero con unos lechazos de carreras...

Aprovechando que algunos amigos "Tortugas" de Barna bajaban al evento (a falta de otra palabra) de Pingüinos (o lo que se llama así, en Valladolid city) montamos, con celeridad, una escapadilla algunos del foro para comer con ellos y darnos una ligera vuelta... curvas no iba a ver muchas en el trayecto porque ya sabemos como son las llanuras y las dos mesetas que los madrileños tenemos que soportar por el norte y por el sur... pero, aún así, Julio, Montse, Iñigo, Tyto & Mónica (y hasta Kurtis más tarde, en "fregoneta") nos acercamos a la periferia de la famosa ciudad castellana.

De Barna vendrían Pablo, Carlos, Alejo y Victor, buena parrilla. Encima, para rematar, Antonio el ferretero vendría a la comida con dos amiguetes suyos pues ya estaban por la zona. ¿Dónde quedaríamos? Pues en el famoso "Don Pelayo", a las afuera de la ciudad (lo último que deseábamos algunos eran mezclarnos con esa "conce" y meternos encima en una city). 

Esa mañana salimos juntos de la habitual gasolinera de la A6, por Villalba, para subir por el Alto del León y evitar el túnel, poder tomar algunas curvas, parar luego desayunar en San Rafael (y echar sopa a las motos en la gasolinera) antes de tomar rumbo por la carretera vieja de Ávila hacia la meseta castellana... 


Arrancamos felices después del breve pero agradable desayuno, un caldo muy buscado junto a unos pinchos de tortilla que nos dejaron en "shock". Iñigo y un servidor nos pusimos en cabeza, atravesando los escasos metros que quedaban para salir de San Rafael. Antes de consumir ese tramo, vi como por la derecha había un coche de Tráfico aparcado y cómo salía de su interior, ligero, uno de los guardias hacia la carretera. No le di mayor importancia. Minutos después, al descubrir que Julito no venia, paramos en el arcén y después de más de diez minutos aguardando alguna novedad vimos aparecer por el espejo su CBR con él y Montse encima. Paró el piloto y nos contó que le acaban de multar. Resulta que ese tramo es de ¡¡40!! y a la mínima ya vas ilegal. Sanción económica y puntos, ¡¡una vergüenza!! porque nadie va rápido en esa travesía llena de coches y con algún cruce. Empezábamos mal el día pero... ¡teníamos que seguir! Con la pareja de moda, Tyto y Mónika, habíamos quedados finalmente más adelante, en una área de servicio ya de la A6. Llegamos sin más novedad, quizá media hora después, una vez disfrutadas las pocas curvas de la vieja nacional...


Paramos un rato allí, alegres de reencontrarnos con la pareja y su flamante RT. Aprovechamos para repasar lo sucedido y también disfrutamos del sol que asomaba desde el cielo, muy de agradecer en estas fechas de enero tan de momentos y eventos "fríos".


Llegamos sin equivocarnos hasta el mesón donde, con seguridad, no pasaríamos hambre, con Iñigo y su navegador al mando. Sí, el mítico restaurante donde Julito y yo conocimos al recordado y especial J.C. Nokalkorretant,
 aquel tío genial que sin apenas conocernos se portó siempre tan bien con todos. Un tipo enorme, con tanta humanidad y buen rollo que hasta Miquel Silvestre, después de conocerle y de su tragedia, organizó algunos homenajes en su recuerdo... y detalles como aquella camiseta negra que algunos tenemos con la silueta de J.C. saltando alegremente, su mayor seña de identidad. Personalmente, apenas nos vimos cuatro veces en esos pocos años entre el 2010 y su triste y prematura desaparición en agosto del 2012. Espero que siga rodando, y saltando, feliz, allá dónde esté ahora...


Allí, en aquel mesón, coincidimos con él por primera vez, Julito y yo, después de comer en su compañía y la de otros miembros del MCZE, el moto club que organizaba y organiza la invernal de Estrella de Javalambre. Aquella fantástica sobremesa la terminamos con explosiones, soltando muchos petardos en el patio del recinto ya que una pareja de señores mayores, con su familia, celebraban un aniversario lleno de emociones y sentimientos. La verdad que aquel año 2010 fue muy especial. Ese día, en la famosa concentración, antes de comer, habíamos conocido a otra persona super especial, una motera de raza, super simpática y agradable: nuestra, desde entonces, amiga torbellino Marta R6. 

Y volviendo al encuentro con los Tortugas, no tardaron en aparecer las cuatro motos de los amigos "polacos". Ya estábamos casi todos para comer lechazo porque también llegó, en lata, Kurtis que venía directo del trabajo, y Antonio y sus colegas motorizados. Satisfechos por los encuentros, entramos y nos sentamos en la mesa que habían reservado. No, ¡no pasaríamos hambre! pero aunque estuvimos, fácil, tres horas largas sentados, aparte de disfrutar del lechazo y demás delicias, tuvimos buenas charlas, así como risas, recuerdos y promesas de nuevos encuentros durante el año...


Fue un espectáculo ver a Julito prestándose a hacer fotos a la mesa cercana, sin palabras... La despedida se alargó bastante, todavía con el sol fuera, pero recordando que en esas fechas se oculta pronto... Un placer haber visto a nuestros lejanos amigos de Barna, qué pena que no vivamos más cerca.. Para ellos aún aguardaba mucha fiesta, en el famoso evento, la noche sería larga, imaginaba...


La vuelta hacia Madrid empezó rauda y "cálida", bueno, entretenida, yo ya pendiente de mi infame depósito, tan pequeño (14 litros) que me paso media vida buscando gasolineras, calculando cuantas me puedo saltar (pocas, claro). Tyto y Mónika volverían a casa a otro ritmo, nosotros apretando un poquito para pasar menos frio (unos cobardes, vamos). Paramos en una gasolinera tranquila cuando apenas, creo, me quedaban un par de litros o menos en las tripas del bonito depósito de mi "RD". La temperatura ya había empezado a bajar. La luz era muy débil y apenas había comenzado la tarde. Llegando luego a las postrimerías de Segovia (por la aburrida pista que une ambas ciudades) el frío ya era intenso e Iñigo tiró hacia Siete Revueltas para poder llegar bien a su pueblo. Nosotros tomaríamos el túnel de Guadarrama, camino a Madrid. Yo tenía ganas de llegar a casa y darme un duchado calentito. Cual fue mi sorpresa cuando vi que la moto que me debía seguir (la de Julito) no me seguía. Esperé en el arcén  del peaje más de diez minutos pero no apareció. ¡Supuse que no sería culpa de otra multa de tráfico! Llamé a sus móviles y no me lo cogieron, imaginé que porque iban en marcha, ok. Así que pensé que habían tomado otro rumbo, quizá hacia Navacerrada siguiendo a Iñigo... pensé en el frío que podía pasar por allí él y Montse y no les envidie nada... 


Horas después, ya todos en meta, me contaron que pararon para calentarse en el puerto, qué remedio, y que en el local descubrieron una bendita estufa. Mientras, yo había estado en el bar Daytona, "esperándoles" un rato. Fabulosos móviles, a veces sí son útiles. No habría despedida en ese bar, estábamos muy separados en distancia. Arranqué y llegue a casa. Y así, sencillamente, con un buen recuerdo, con la tripa llena, y con algo de frío (algunos no íbamos demasiados abrigados) terminó aquel sencillo sábado de enero.


La primera rutilla del año había concluido, nuevas aventurillas nos esperaban, claro... Salud y Gasolina... Salud era lo que nos haría falta pocos días después...

Otoños vitales...

 

Los otoños de calendario son épocas asociadas, tradicionalmente, a la melancolía, a la introspección, incluso a la tristeza y la soledad... Supongo que la literatura romántica del siglo XIX contribuyo decisivamente a ello, no lo sé. Realmente es una época con menos horas de luz, algo que no me gusta mucho porque el astro rey es una de las fuentes de alimento del ser humano. Sin el sol no podríamos vivir con salud... ergo es una estación especial, al menos para mí, que tiene su encanto a pesar de ese handicap. Sus colores, su clima moderado, sus paisajes, el adiós al verano, la obertura hacia un nuevo fin de año en el horizonte... Todo eso está muy bien pero si nos invade esa melancolía seria un error encerrarnos en casa salvo que fuera para escribir un buen libro o pintar varios cuadros que se convirtieran en joyas artísticas. La alternativa, como siempre, es salir al mundo y compartir horas felices con amigos y conocidos... y si hay motos y rutas, mejor. Sé que me entendéis, no cuento realmente nada nuevo...

En septiembre pasado tuvimos algunos felices encuentros, de los que permiten cargar las pilas. Volvimos a Juarros para empezar. Ya no celebran su mítica invernal pero, de alguna manera, retomamos cada varios meses el contacto y alguna visita. Esta vez no tocaba cochinillo, eso para la "invernal" prevista para febrero, cuando se celebraba su reunión, esta vez unas sencillas hamburguesas acompañadas con diversos platos sencillos y buenos caldos, fenomenal excusa para vernos y hasta compartir rutilla desde el Alto del León, donde la niebla era terrible, como podéis apreciar en la foto de arriba.


Un placer volver a ver y compartir mesa, entre otros, con Rosa, con Miguelón y Mayka, con mis padres, con Joselito y, obviamente, con Luis y Rosi, los anfitriones, los mejores sin duda, una vez más. Por San Brembo, ¡qué elenco de mujeres tan simpáticas y cañeras, me encantan todas! Una vez más... (risas por favor).

Unos días más tarde nos apuntamos a una presentación de la marca Royal-Enfield. Teníamos curiosidad por probar las 650, las Continental GT e Interceptor y, de paso, saludar a los amigos y conocidos que llegaron con idénticas intenciones, amigos como Angel, Kurtis, Indira, Iñigo y Andrea, mis padres otra vez, Joselito, en fin, buena pandilla... La moto que probé me pareció muy manejable, con buen chasis, con una horquilla mejorable pero una moto llena de personalidad y diseño...


En octubre ya os conté el viaje al camping de Anzánigo en el post anterior. Ya durante noviembre socializamos poco, solo una noche en nuestro bar fetiche, el Daytona, donde Inma y yo nos juntamos con Juanki, Tyto, Rosi.. a falta de Mónika que seguía de viaje, lástima. Un par de horitas de charla y repaso siempre viene bien.


Y para diciembre nos quedaban algunas visitas interesantes... y un reencuentro muy esperado: con la panda de Barajas, basicamente esta vez con el "Choncho" y con Mudo, y con la excusa de tomarnos una buena paella. Dicho y hecho, después de muchos meses de ausencia volvíamos a nuestro viejo taller favorito, Le Mans III, donde Alfonso "Choncho" nos esperaba entre motos clásicas, viejas herramientas y aroma a grasa, para poner rumbo luego, con mi padre y Luisito, hacia nuestro mesón favorito de Barajas. 


La paella fue de escándalo y el pulpito para abrir boca... y los postres... y las copitas... vamos, lo de siempre,  y entre sabios veteranos, ¡yo era el becario en aquella mesa!


Terminamos el mes con otra escapada ligera y corta hacia las postrimerías de Gredos con David y Pablete. Paramos en la icónica presa de El Burguillo, en el valle de Iruelas. Habíamos pasado juntos más de tres horas, bajo un clima apacible, rodando a nuestra manera, con dos motos grandes y la humilde 125 del joven cadete, todos con ganas de que llegue abril para que pueda subir de categoría y en las rectas no se aburra tanto el infante y el personal... Cómo no, hicimos esa foto típica de las motos en la presa, con el embalse al fondo y, al otro lado, en alguna parte, el río Alberche. 


Y para rematar la temporada, hablamos de volver a quedar en Cruz Verde el último día del año para decir adiós a, precisamente, ese año extraño, el 2021, donde al final tuvimos más sucesos extravagantes de los previstos, como el asalto al congreso americano, nevadas gigantescas, volcanes en erupción... ¿cuándo saldrían los aliens o los zombis?

Subimos pocos aquella mañana de viernes al mítico cruce de caminos, aunque el sol estaba fuera hacía algo de fresquete, normal, pero creo que no había excusa sólida para no verse con los amigos. Cuando hay ganas de verdad es fácil verse, nos pilla a mano a la mayoría y aunque era viernes algunos, como nosotros, no tenían que trabajar ese día. Mientras llegaba a la Cruz pensé que no iba a pedir un caldo como el año pasado en las mismas circunstancias, aquel caldo que me marcó: tres euros por un líquido soso a más no poder, sin ningún tipo de "aliño", ni huevo, ni un chorrito de Jerez ni nada por el estilo..., marca de la casa en todo caso, imposible pedir nada serio en aquel mesón mítico, lugar que, sinceramente, queremos pero donde resulta costoso consumir cualquier cosa que cruce tu mente. Si pido algo, suele ser lo "mínimo"  y más que nada para ver la foto de mi padre que sigue en su marco, junto a la cafetera, con su marco rojo rodeando la mítica foto en blanco y negro de 1965...

Al llegar, acompañado de David y sus hijos, Pablete con su Honda y su hija de paquete en la Fazer, esperamos un rato bajo el solecillo que alumbraba. Después revisé el móvil y vi que Joselito y Alvaro no podrían acercarse al final. Registramos con la mirada la "pasarela Cibeles" de aquel viernes y en un rato nos abrochamos los cascos. Nos dimos una buena vuelta para decir adiós al año de marras. Terminamos en Navaluenga, pero el Pit Lane estaba cerrado hasta pasado Reyes, decía. Por el camino, les lleve por la zona de curvas desde pasado las Navas hacia Hoyo de Pinares, para que Pablete disfrutara. Le dejamos delante y, ciertamente, imprimió un ritmo increíble, tan rápido que fue alcanzando un coche de los de verde que iba más adelante... Detrás de Pablete vi que no cortaba, yo sí, lo último que quería era terminar el año con alguna "receta". Afortunadamente, al llegar al pueblo lo perdimos de vista, esperamos a David y le pregunté al zagal si no había visto el coche delante, ya a escasa distancia.

Luego continuamos el camino hacia Navaluenga, y en el tramo que llega hasta Cebreros vimos un accidente de tráfico, con un coche involucrado y seguramente algún vehículo más, quizá alguna moto por el numeroso grupo que aguardaba justo en la mítica y complicadilla curva del río Becedas, dónde se detuvo precisamente el coche de Tráfico que habíamos "perseguido" minutos antes... Mala manera de terminar un año.

Subimos aquel tramo sinuoso sin compañía, ligeros y pasado Cebreros seguimos disfrutando de unas carreteras casi desiertas hasta llegar, como dije, a Navaluenga y cambiar el famoso bar-asador mencionado por otro establecimiento más céntrico, donde había otro grupo de motoristas comiendo ya.

Y tranquilamente, sin prisa y sin pausa, tomando algún bocadillo y regresando tiempo después con una sonrisa en la cara, así fue como terminamos el último día del año pasado. Esa tarde habría que preparar la mesa grande en casa para la cena de noche vieja y sacar las copas, en fin, todas esas cosas tan familiares y tradicionales... pero lo mejor lo habíamos disfrutado durante muchas horas ese mismo día... con los amigos y las motos, dejando atrás además el otoño y dando la bienvenida a un invierno que esperábamos con ganas...


GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...