Otoño despistado pero feliz...


En septiembre disfrutamos de una cálida y agradable climatología, esperando (deseando, mejor dicho) que el otoño no fuera convulso y que la pandemia se contuviera... aunque eso era ser muy optimista pues ya por esas fechas empezaron los primeros gritos serios de alarma. Los rebrotes aislados se habían generalizado semanas atrás y no había que ser muy listo para adivinar que llegaría una segunda ola en toda regla. Y mientras surfeábamos por la realidad, intentando esquivar las aglomeraciones, aprovechamos bien cada ocasión que se presentaba. Uno de los días más agradable fue el que fuimos, Inma y yo, a las faldas del monte Abantos, al merendero de siempre, donde tantas veces hemos parado con el macuto a cuestas, camino a la caseta, o con la moto en medio de una ruta. Fue otra pequeña escapada, como casi siempre en estos tiempos... Dejamos a los niños en casa y cabalgamos durante unas horas en nuestra bella FZR. Un tío afortunado, sin duda, con dos hermosas damas junto a mi. 

Cerramos septiembre con una buena reunión de amigos en la zona  de Pelayos de la Presa, en el mesón de siempre. Ese día mi admirado Kurtis me dejó probar su bello cohete rojo, la S1000R, y me enamoré completamente, sin querer y sin esperarlo. De quince minutos que tenía yo previsto para conocerla pasé a más de media hora, dando vueltas por la zona, incluyendo el puertecito de San Juan. ¡Qué maravilla de moto!, hace todo fácil, y es ágil, potente, cómoda (para mi estándar) y frena que da miedo. Fue amor a primera vista, como si nos conociéramos de años pero... no podría permitirme algo así. Seguimos de ruta hasta El Barraco junto a David con su Fazer, Julito y Joselito con su Himalayan. Iñigo y Kurtis tenían cosas que hacer y se despidieron después de mi "toma de contacto" con La Merkel.


Pero seguía con la idea (desde primavera) de "jubilar" la FZR... A pesar de su gran rendimiento, y las alegrías que me da, deseaba hace tiempo volver a tener una moto nueva (desde la Honda en el 2009 no había estrenado moto). Ya en octubre cerré la "etapa de estudio" y, viendo que los modelos de Kawasaki que me gustaban (sí, basicamente, la Z 900 Café Racer) no estaban a mi alcance económico, decidí volver a mirar las ofertas de KTM y Yamaha, y viendo sus opciones de financiación, no era descabellado pensar en una de ellas. Los modelos a la vista era la aclamada 790 austriaca y la exótica XSR 900. También miré y probé, que me pillaba a mano, la GSX750S que vende Suzuki actualmente, una moto noblota, cuya agilidad y sonido me gustaron, no tanto su potencia. Me dio la impresión que no andaba demasiado. Parecía su antigua hermana pequeña de 600... Las posición naked era cómoda pero los asientos algo pequeños...


En paralelo, probé varias FZ1, Fazer 800... me encandilan todavía. Todas muy ágiles y en el caso de la "vieja" Fazer 1000, un auténtico pepino apetecible. Pero no me decidí. Lógicamente, de segunda mano hay que pagar lo que te pidan a toca-teja y me resultaba inviable. (En el caso de las FZ1 y FZ8 había que contar, además, con el problema endémico de su rotor. Había quién lo había cambiado ya, otros no... Un asunto que no me terminaba de convencer, ni mucho menos tranquilizar, y eso que alguna de las motos tenían buen precio de venta).



Al final, me decidí por la XSR 900, nueva, más que nada porque su estampa me tiene loco y su motor tricilíndrico me encanta (el de la Tracer, viejo conocido). Si a eso unimos unas suspensiones por fin dignas del resto de la moto (las suspensiones de las MT09 y Tracer eran claramente mejorables) pues... blanco y en botella, una gran moto. Una moto más polivalente que una R, aunque tampoco es una GT precisamente. Y como la financiación era muy flexible, contando con algunas ventas que tenia que hacer, y con la futura venta de la FZR, me tiré a la piscina. Aunque hubiera nuevos confinamientos a la vista, una vez más, nosotros a nuestra bola, a contracorriente... Y se lo conté a mi padre y se lo pensó... luego vio la moto ¡y le encanto! Solo la quería en color blanco y rojo, como si fuera una "RD moderna". Esos son los colores Yamaha realmente, no el azul ni el amarillo americano avispa, tan famoso desde los títulos de Roberts. Así que contacté con mi amiga Nuria de Yamaha Motor Madrid y, después de revisar todo el tema, me buscó una unidad con esos colores. Solo había una localizada...¡¡en Murcia!! Di una señal y se la trajeron. Y en dos semanas fuimos a verla. La primera foto con la nueva niña:


La suerte estaba echada. Y una sonrisa en mi cara también surgió. Enseguida se tramitó el seguro a distancia y un 7 de noviembre fui a buscarla. Vaya, un número 7 de nuevo, ¡parece que me persigue ese número! Empezó a chispear y hacer frío en Madrid. Nos conocimos así, un poco flag to flag, camino a casa, con parada para repostar y hacer las primeras dos fotos en la estación de servicio. Había salido del concesionario con el mapa "Estándar" de los tres que proporciona la XSR, y yo preparado para hacerla un buen rodaje, y con el CT a nivel intermedio. Sí, mi primera moto con electrónica... ¡Es difícil no llevar algo así en una moto moderna! Aparte, la moto me ha sorprendido en varias facetas. Es ágil, como imaginaba, o quizá más. El tren delantero da mucha confianza, ¡estupendo! La posición es cómoda, pero vas sentado altito, como había escuchado. Y el sonido del escape es más que aceptable, tanto que no creo que le cambie la cola del escape, increíble con mi "curriculum" de cambios...

Y, obviamente, he aprovechado cualquier hueco para salir a hacer kilómetros. Costaba acumularlos ya que, entre confinamientos perimetrales y otras historias, tampoco podíamos ir muy lejos. Los primeros quinientos kilómetros fueron con el mapa que os contaba más arriba y sin pasar de 6000 rpm, casi todos realizados por mi Sierra Oeste. Aún así, ya se notaba el verdadero genio de la "RD". Me gusta llamarla así, tienen cosas en común. Aquella "matapijos" de 350 fue la bomba en los años 80. Aceleración brutal, sonido celestial, ágil, ligera... frenos y chasis de risa, eso sí. Solo la probé una vez (la de un cliente de Moto Per Tutti) y puedo asegurar que era salvaje. Desde hace años, hay muchas restauradas corriendo en clásicas y costando un pastón. Qué paradoja...hace veinte años nadie se acordaba de ellas, ¡y costaban cuatro duros! 

Desde noviembre, con la XSR como compañera de paseos, me ha dado por profundizar en mi afición a conocer viejas fortificaciones de la Guerra Civil, ya sabéis, búnkers y similares. Ya conocíamos algunos de toda la Sierra Oeste, escenario de la famosa Batalla de Brunete. Pues bien, hemos conocido alguno más, y nos queda por visitar varios... pero para ello necesitaré volver a sacar el macuto (como hice en diciembre, pero en el Alto del León camino al fortín de Cabeza Líjar) o pillar una trail…. porque la XSR, obviamente, no es para internarse por el campo ni casi para rodar por pistas forestales estables. 



Como pasaba incluso con su hermana la Tracer 900, apenas tiene distancia al suelo y los colectores de los escapes están muy expuestos (bueno, como todo el motor). Así que, aunque ya ha pisado tierra dos veces, tengo que tener mucho cuidado... (No subiría con ella al pico de Javalambre a por la medalla, tramos que con la Fazer no era nada difícil recorrer, por cierto).


También hemos aprovechado el otoño para salir con los amigos. Teníamos ganas de ver a Rosa, Iñigo, Kurtis, Alvarito... quedamos en su pueblo, en Manzanares, y les presenté a mi nueva niña. Desayunamos como marqueses bajo un tibio sol de noviembre y luego hicimos una interesante ruta hasta Redueña, donde almorzamos tranquilamente en una terraza. Justo antes de despedirnos, poniendo rumbo cada uno a su zona, alguno tuvo problemas con sus cremalleras (vaya risas) pero me prohibieron comentar nada en el futuro ni mostrar imágenes del "suceso" (más risas)...


Y pocos días después, apurando el mes, aprovechamos para reencontrarnos con más colegas como Lupo. La excusa fue ver la preciosa CBR 600 del 91 que se ha comprado. Menuda hermosura, y menuda decoración más bonita que luce, tipo diseño casco de Doohan. Quedamos una fría mañana en Quijorna y dimos un rulo tranquilo (yo seguía en rodaje) hasta Cruz Verde donde se junto más gente conocida con la que hicimos un breve recorrido hasta las cercanías de Aldea de Fresno, antes de retornar, Alvarito y yo, hasta Navas del Rey, donde había quedado con mis padres para comer, ¡hay que aprovechar los días libres para socializar!


A principios de diciembre me llevó Pedrito a la presa de Picadas. Tenía ganas de conocerla. La XSR piso tierra y esquivo muchos baches pero llegamos sin problema. Una pasada de lugar, junto al Safari Park y al pueblo de Aldea de Fresno.


Un par de veces hemos comido en Navalagamella, en el mesón que descubrí hace meses y donde comimos con Tyto y Mónika un lluvioso día de octubre. Aquí una foto con Jose y Julito, hace algunas semanas, en el búnker que hay junto a la iglesia del pueblo. Perdí en ese rato mi mascarilla del TT...


Y para el día 31 habíamos planeado volver a despedir la "temporada" tomando algo en buena compañía en Cruz Verde. Anunciaban frío y lluvias y hasta el día anterior no teníamos claro si subiría alguien. Pero allí estaba yo a las 11h30, pasando un poco de frio en la terraza, bajo un sol que no calentaba nada... después de haber pedido un caldo para entrar en calor (una clavada de 3 eurazos). Afortunadamente, pronto empezaron a llegar amigos como Luis y Rosi, Lupo, Tyto y Mónika, Kurtis e IñigoLuis traía hasta una botella de cava, y como otros años, pudimos brindar todos por un mejor 2021. 


No será fácil pero... qué así sea, amigos...mantengamos una actitud positiva, nada de estados de ansiedad cuando no haya motivo, si perdemos la actitud los malos ganaran, cuidemos la calidad de nuestros pensamientos y deseemos que después de las tormentas que todavía nos esperan volveremos a disfrutar del sol... ¡SALUD Y GASOLINA PARA TODOS!

Estados de alarma... y nuestra desescalada (parte 2)



No llegamos a Asturias en ese viaje de agosto con mi compadre. En plena autovía A6, a unos 160, la Infinita volvió a fallar en marcha, como si se quedara sin gasolina... como pude me acerqué al arcén derecho ya con la moto en silencio. Hace dos veranos que no me pasaba esto. Siempre sucede cuando hace mucho calor en el ambiente y/o rodamos muy despacio. Nadie ha sido capaz de entender la causa. ¿Algún relé peleón que cuando se calienta deja de funcionar, la bomba de gasolina..? ¿algún manguito?, todo ha sido revisado y nada... 

La dejé enfriar y llegamos a León sin más incidentes, había bajado la temperatura. Justo en unas rectas antes de la bella ciudad, ya anocheciendo, un enjambre de mosquitos nos atacó inesperadamente, ¡cómo dejaron las viseras! Pasamos una agradable noche al final, cenando junto a la hermosa catedral y paseando luego por sus calles pero se me quitaron las ganas de seguir de viaje con la Honda en estas condiciones. Así que al día siguiente nos dimos la vuelta y se volvió a parar tres veces por la zona de Valladolid capital (hacia mucho calor a las tres de tarde). El truco consiste en dejarla enfriar unos minutos, cuantos más mejor, y luego arranca y más o menos tira. Salir de las rondas de Valladolid fue una pequeña odisea, la moto iba fatal cuando no se paraba. En una última glorieta, tuve que acelerar y hacer alguna trampilla para encarar la salida dirección Olmedo sin que me se parase en tan inoportuno lugar. Lo ideal es ir en alta, en cuanto bajas el ritmo o te paras en un semáforo se vuelve a parar... Durante una hora tuvimos paz pero llegando al pueblo de Mojados cayó una molesta lluvia y, lo que fue peor, por nuestra derecha avanzaba una cortina enorme de arena en suspensión que nos dejo ciegos durante más de diez segundos, todo un peligro como luego nos contaron en el pueblo donde paramos, Mojados (qué nombre más apropiado). Antes de subir al Alto del León tuve otra parada inesperada pero, por fortuna, pude cruzar el puerto sin más sobresaltos. Habrá que hacer algo...



Pocos días después volvimos a arrancar la FZR. Me encantó la ruta que hice con mi padre por Gredos Ya había pasado por su primera sesión de tratamiento, pero como nos aviso la doctora, durante los primeros días se encontraría fenomenal. Así fue. Hicimos nuestros puertos favoritos de Gredos y comimos en Venta del Obispo. Fue un día muy bonito. Rodábamos solos pero no hacía falta nadie más.


Una semana después dimos otro repaso a Gredos, esta vez fui con Alvarito y un nuevo amigo, Rony, con su bella ZX6R negra. Como Rony no conoce todavía nuestras rutas road races le hicimos un "tour" de fuerza completito. Primero parando en El Barraco para que probara los deliciosos torreznos, luego cruzando los puertos de Gredos más emblemáticos y luego el de Menga con parada para comer en Mengamuñoz. Más tarde, dejamos atrás Avila abordando los puertos de Cruz de Hierro y Lancha


Justo al terminar este recorrido el alternador de la Triumph de Alvarito dijo basta por el calor. Allí, en el pueblo de Navalperal de Pinares, esperamos la grúa, en un bar, saboreando unas frías cervezas que sentaron como gloria bendita... ¡creo que jamás había esperado a una grúa de una manera tan deliciosa!



A finales de mes, otro día para recordar con amigos y motos. Rutilla desde Miraflores de la Sierra rumbo a Canencia, con sus vacas en la carretera incluidas, y pasando por demás pueblos cercanos. Comimos en Lozoya al final y lo pasamos en grande. Aquí la foto de la parrilla de salida, en el mesón del amigo Rony, en Miraflores, dónde el frio reinante ¡me hizo pedirle una camiseta de manga larga! El sol engañaba...


Y para rematar el intenso mes de agosto llegó otro momento "hot" cuando David y Pablete me llevaron de ruta speedica por sus tierras de La Alcarria, rumbo a su pueblo, pasando por Pastrana donde hicimos una breve pausa. Como seguía con la Infinita aparcada en el garaje, con miedo a que se parase otra vez bajo los rigores del calor del verano, volví a salir con mi querida abuela, la FZR. Al final, los chicos en las dos motos y las chicas detrás, a su bola, en el Mini, tan ricamente, haciendo su propia ruta. Fue otro día estupendo y especial. Comimos todos en Illana y disfrutamos del GP que zumbaba en la televisión. La vuelta fue entretenida pero molesta por el sol bajo que me hizo no ver nada en algunas curvas. Un problema que sufro hace tiempo por no tener una gafas de sol graduadas, un asunto que resolví pocas semanas después gracias a una oportuna oferta de mi óptica favorita....


No, no nos podemos quejar. Hay salud en general, no nos ha atacado el maldito "bicho", tenemos trabajo y hemos rodado todo lo posible en cuanto abrieron las fronteras. Sin olvidar ayudar en todo lo posible a los demás, hay que aprovechar la vida cada día porque nadie sabe cuanto tiempo nos queda en este "campeonato" vital. Carpe Diem más que nunca.

Estados de alarma... y nuestra desescalada (parte 1)


Volvimos de Gredos, de aquella escapada relatada en el anterior post y el "runrún" que había circulado durante las últimas semanas por todas partes se fue consolidando, aterrizando en nuestro país, en nuestras ciudades... El viejo mundo quedaría perturbado para siempre con la pandemia global pero su impacto pocos se lo imaginaban por aquí en pleno mes de febrero. Los que seguimos a Iker Jimenez sí podíamos estar un poquito más preparados o llevarnos una sorpresa más moderada cuando estalló la curva de contagios pero, total, que llegase una pandemia vírica era cuestión de tiempo. Y no solo porque ya lo dijera mi viejo y admirado Chomsky o el filántropo Gates, entre otros, sino porque las peores armas del futuro y del presente no son las bombas o los carros de combate. Hablar y acertar a toro pasado es muy fácil pero ya pensábamos así: era cuestión de tiempo que alguna arma biológica, perdón, alguna pandemia provocada por el "azar" (risas por favor) golpeara este delicado y convulso planeta. Antes hubo otras pandemias, ¿recordáis?, pero, claro, o bien su ámbito no afectaba a los cómodos estándares de vida europeos y americanos (del Norte) o bien su virulencia o tasa de contagio era muy inferior. Recuerdo a finales de febrero, en mi oficina, junto a varios compañeros, observando en un monitor el mapamundi web con los colores en rojo de las zonas afectadas. Descubriendo como estaba ya el norte de Italia... a la vuelta de la esquina, como quién dice. No, no eran noticias o gráficos de otro planeta o de una de esas películas donde el virus de turno se contagia masivamente y te conviertes en "Leyenda" gracias a tu biología especial, con un perro como único compañero de viaje, paseando por la vieja sociedad en ruinas sin respetar ningún código de circulación.

Arrancó marzo y el primer weekend polémico debido a las manifestaciones, a los conciertos y a algún mitin político, eventos que congregaron a miles de personas, sobre todo en Madrid, mi ciudad. Luego, algunos periodistas mediocres solo recordaban algunas de esas fiestas sociales, pero el error fue mayúsculo aunque... ¿tu crees que si llegan a confinarnos en febrero por motivos preventivos alguien hubiera dado su visto bueno?, ¡se hubiera montado la de San Quintin! porque aquí solo funcionamos a base de palos y no somos muy amigos de la proactividad. No somos ciudadanos chinos, obedientes y gregarios, no, aquí somos más listos que Dios. De hecho jamás hubiera imaginado que, en tan pocas semanas, tanta gente fuera "experta en pandemias". Fue alucinante, más allá de la "sabiduría típica de los cuñaos", las redes sociales echaban humo y se podía leer de todo. ¡Es tan fácil arreglar el mundo desde un teclado! En todo caso, algunos comenzaron a prepararse mental y materialmente, y no solo me refiero a los más extremistas, a los expertos en acumular víveres, como cerdos egoístas, con carros llenos de comida y papel de culo, quitándoselo prácticamente de las manos a los ancianos que acudían con su bolsa al super. 

El miércoles 11 de marzo me pude dar una pequeña vuelta con la Honda. Había decidido dejarla dormida a partir de esa tarde. Se intuía fácilmente que los hospitales y centros de salud iban a empezar a tener motivos para no aburrirse y no quería contribuir con una eventual lesión. Quizá suene "mono" y "cool" pero así lo pensamos unos cuantos, por lo que vi en las redes. Así que puse rumbo a mi Sierra Oeste y aplicando un poco de menos presión sobre el acelerador estuve un par de horas circulando casi solo, pensando y disfrutando, dos verbos que pocas veces son compatibles encima de la moto. A la vuelta, pasado Navagalamella, en "la curva del arenal", paré como otras veces para hacer la foto que corona este post. Sabía que durante un mes o dos no debía mover más las motos. Un mes o dos, ¡qué iluso era!

Pocos días después leí el informe del Imperal College de Londres (ICL) donde, en resumidas cuentas, nos decían que esta pandemia seria de larga duración, no sería solucionada en pocos meses, y que según las previsiones y las estadísticas, quizá habría periodos de confinamientos combinados con otros meses de libre circulación. Todo en función de las curvas de contagios e ingresados. Pensé que tendría que tener más paciencia y que, sobre todo, en mi caso, no me podría quejar, ya que soy un privilegiado que puede teletrabajar. Pero si pensabas en amigos y familiares la cosa cambiaba bastante. Muchos no podrían trabajar ergo la situación económica empezaba a ser terrible.

Y mientras llegaba uno de mis meses favoritos, el que le robaron a Joaquín Sabina, volví a sacar mi vieja bicicleta cada tres o cuatro días, para montar en algo con ruedas y perder mi casa de vista unas horas. Y llegó mayo con más paseos a pie o en bici pero también llego una noticia terrible. No, no era el bicho. Otro cáncer llegaba a mi familia, esta vez a mi padre de nuevo, a sus castigados pulmones de viejo fumador. Y nos pusimos en marcha y empezaron un rosario de pruebas fallidas, previas al tratamiento, mientras los dos, él y yo, solo pensábamos como combinar ese torrente de malos rollos con salir a dar vueltas con las motos en plena desescalada y durante el verano que ya llegaba. Porque, como nos dijo nuestra doctora (¡qué suerte hemos tenido en dar con ella!), las enfermedades no solo se curan con medicamentos. Tener una actitud positiva y buenos pensamientos es fundamental. Para ello nada como hacer lo que más te gusta, estar arropado por la familia y disfrutar de buenos momentos con ellos. Y eso pensábamos hacer. Mi padre, con su habitual fortaleza jamás se quejó de lo que le tocaba pasar pero tampoco esperaba grandes soluciones. Eso sí, seguir disfrutando de lo que le motiva era su idea habitual aunque es consciente que el "chasis" estaba bajo revisión. Su lucha interna ha debido ser dura pero nada dramática porque él es así, un viejo luchador acostumbrado a pelear contra las adversidades. Por eso mismo es mi héroe favorito. De hecho, a pesar de su edad, tiene más ganas de viajar y de montar en moto que muchos de nosotros, increíble. Al menos dejó de fumar... Y enseguida, ya en mayo, gracias a la desescalada, volvimos a rodar juntos. Aquí en una de nuestras paradas en Quijorna


En junio teníamos tanto mono de rodar y socializar, que no paramos de salir aunque no fuéramos muy lejos. Siempre con cierta cautela y precaución, eso también. Las mascarillas pasaron a ser otra prenda más, como guantes y casco. Concretamente, un par de encuentros en el merendero a pie de Abantos, con un montón de amigos, fueron estupendos, ¡qué ganas había de salir y charlar! En el primero recuperamos a Oscar, ¡casi tres años sin verle! Su GSXR arrancó aquella mañana y se vino...


Y en el segundo encuentro se apuntó Julito, Andrea, Indira y la pareja de moda, Tyto y Mónika, todo un placer, terminando casi todos comiendo en Torrelaguna:



Durante esas semanas me alegré mucho de volver a rodar junto a mi amigo David, que vuelve a tener moto de calle, otra Fazer 600 de las buenas, de las de carburadores, de nuestra añada. Qué alegría recuperarle. La verdad, parecía que con la desescalada se precipitan muchos buenos ratos... Volvió a rodar mi padre con nosotros, y cuando venia David, ¡por fin tenía a la vista dos Fazer juntas, como antaño! Ese día concreto, se vino Julito y unas amigas. Arrancamos con un buen desayuno en Quijorna. Hicimos un recorrido agradable pero con mucho calor, parando en las antenas de Robledo y luego en el impresionante bunker de Colmenar del Arroyo, antes de detenernos un par de horas en Navalagamella para comer, refrescarnos y hasta bailar (¡alguno y alguna!).


A mi padre le rondaba meses atrás la idea de hacer, por fin, un primer viaje medio serio, pasado el confinamiento. El destino sería el viejo pueblo aragonés de Rodén, el hermano olvidado de Belchite, localidad y ruinas que había descubierto en un reportaje de Cuarto Milenio. Otro pueblo maldito de nuestra triste guerra civil, del que solo quedan ruinas tenebrosas, piedras y hasta pesadillas, pesadillas nocturnas que hicieron huir, incluso, a un comando del programa de Iker cuando se propusieron pasar una noche entre sus muros. Pues lo dicho, ese seria nuestro próximo objetivo rutero. Y al final llego la jornada prevista pero me tuve que ir solo al final. Esos días no se levantó muy católico el master y, como había quedado con Quim y Edu, grandes pilotos de clásicas, uno de Cataluña, otro de Navarra, me vi casi en la obligación moral de acudir a la cita y vernos en Rodén ese último sábado de junio. 


Decidí irme en mi querida Infinita Fireblade. El modesto viaje fue un suspiro y lo alargué saliendo de la A2 justo antes de Calatayud para devorar más curvas rumbo a Daroca y luego tirar hacia Cariñena, tramo que no conocía. Así lo hice, disfrutando de la moto y de un día espléndido. Descubrí hasta algún pequeño puerto antes de llegar a la famosa localidad de los apreciados caldos. Desde allí solo me faltaba un suspiro para llegar a Belchite y a Rodén. Qué iluso, creía que seria solo otro trámite. Entré por esa carretera que ni recordaba y me gustó… pero aquella carretera nacional, de repente, se estrechó y se convirtió en una terrible comarcal llena de desniveles y baches. Y aunque aflojé notablemente el ritmo no recordé que sigo llevando las suspensiones algo durillas para ese tipo de asfaltos y caminos de cabras... Paré justo en el pueblo natal de Goya (Fuendetodos) para dejar líquidos en una cuneta. Y cuando estaba dando una vuelta con el móvil para inmortalizar a mi amada descubrí enfadado que algo faltaba en su "culo". Sí, había vuelto a perder la matrícula. Di media vuelta pero la búsqueda fue estéril. Más cabreado que un mono decidí no llamar a la grúa y mucho menos perderme el encuentro con mis amigos. Así que reanudé el camino, ensayando qué diría si me paraban mis amigos de verde. Y llegué 12 minutos tarde a mi cita de las 14 horas. Allí, a la sombra, estaba Quim con su K1300 y Edu con su RF600 de charla amena. Conté el percance y se rieron, pensamos en alguna "solución" heterodoxa pero lo olvidamos enseguida, nos pusimos rumbo a las ruinas, subiendo por una senda de tierra, fácil y estrecha. 


Aparcamos la moto en lo alto y descubrí, por fin, las ruinas del viejo Rodén. Cuantas vidas segadas en terribles días de combate, en jornadas de dolor y sufrimiento que pocos recuerdan ya. Como en tantos sitios, sí. Y no fue hace mil años, fue hace poco, relativamente hablando. Resulta curioso y triste comprobar con frecuencia qué poca historia conocen algunos de su propio país, sobre todo entre los jóvenes. Un error increíble, porque ya sabéis el famoso dicho, el que dice que estamos condenados a repetir errores si no conocemos nuestra historia... Qué poco interés demuestran algunos en saber qué y cómo vivieron sus abuelos, sus padres, sus ancestros.. A todos ellos, a esas generaciones, les debemos gran parte de lo que ahora tenemos. Sobre todo les debemos muchos de nuestros derechos y la mayoría de los avances de nuestro acomodada y autocomplaciente sociedad actual. Esos logros no cayeron del cielo, ni fueron un regalo que los poderosos donaron a la plebe, no, fueron fruto de muchas luchas y sacrificios. Pero, claro, visto lo mal que lo están pasando muchas familias ahora mismo por la pandemia tampoco podemos decir que estemos viviendo en el país de jauja precisamente... y no puedo evitar pensar que, quizá, esté mal hablar de agradables rutas en moto mientras, como digo, ahora mismo hay muchas familias pasándolo muy mal. ¡Cómo para quejarnos nosotros! No, no podemos. Pero seguimos...

Y como parece que solo existe el presente, volví a la realidad y descubrí, junto a las ruinas, el puente largo y famoso del AVE, ese que sale en anuncios y muchos catálogos, por encima de la carretera. 
 


Luego fuimos a comer al pueblo de Azaila, ya en la provincia de Teruel, a unos treinta y tantos kilómetros, ¡casi llegamos a Motorland!, donde nos aguardaba otro amigo y piloto de clásicas, ferviente montesista, Fer47. Edu iba delante, yo en medio para disimular, y Quim detrás. Después de la amena comida, más charlas y luego cada mochuelo a su olivo. Decidí regresar por el camino más rápido, por la A2 en lugar de bajar hacia el pueblo de Andorra y volver por la divertida Ruta del Tambor, las circunstancias (sin matrícula) me aconsejaban pasar el menor número de horas circulando...

Durante este año no solo hemos "recuperado" a David y su Fazer, también volvimos a ver a Oscar, como he relatado antes, y sobre todo hemos disfrutado de Jose y su Himalayan con el que hemos salido varias veces. ¡Joselito se está metiendo en este mundillo a todo tren!, este año ha hecho más kilómetros en moto que muchos "consagrados", lo ha cogido con ganas y ya está pensando en conseguir el carnet de moto grande... Le vemos en una Guzzi TT en unos meses, al tiempo... Le encanta esa italiana y la india vale para lo que vale pero no ofrece seguridad ni para adelantar a un camión... Al final es lo que valoras y de lo que te das cuenta antes o después, sobre todo si circulas por carreteras e incluso autovías...


Ya en el mes de julio tuvimos la feliz idea de volver a Navaluenga y a su río, donde tanta gente se baña cada año. Tumbarse en el césped, bajo los árboles, es una delicia. Julito y yo iríamos en las motos, mis padres en el coche. Avisé al colega Lupo días antes y me recomendó donde comer. Se apuntó al evento y después del baño nos metimos una estupenda paella que fue sirviendo mi madre, al aire libre, cerca de enormes árboles y con un ambiente agradable sin apenas calor. También se vino mi amiga Auxi en su precioso Mercedes azul y lo pasamos, entre todos, de fábula. Aquí la foto de los aberronchos, a falta de las tres damas que nos acompañaron...


Y después de aquel día, ya en agosto, disfrutamos de más planes de ruta y gasolina. Llevábamos un ritmo de salidas guapo, guapo... Como tampoco se celebraron las carreras de La Bañeza, ese fin de semana intentamos salir de ruta Julito y yo, poniendo rumbo a Asturias. No llegamos, solo hasta León capital, dónde pasamos una velada entretenida y divertida, sin saber la pequeña odisea que me esperaba a la vuelta, al día siguiente...

Otro Gredos Trophy... marzo 2020...

El invierno daba sus últimas bocanadas y teníamos ganas de volver a una de nuestras zonas favoritas, ya sabéis, una vez más, el titular lo dice todo... "Gredos Trophy". Para esta nueva edición, como casi siempre, no todos los que iban a venir en teoría pudieron hacerlo finalmente pero, aún así, formamos una parrilla estupenda que incluía a Alvarito y su preciosa Triumph, a Juan Vegas con la suya, a Antonio y su esbelta XSR 900, a Iñigo como caballero negro a bordo de su doncella de ébano Z1000SX, a la pareja ducatera Miguelón y Maika con su flamante Multiestrada 950... y por último, a un servidor con mi querida Infinita

La primera parada fue en nuestro querido pueblo de El Barraco, y como no, en su plaza triangular donde en el bar de siempre degustamos algunos torreznos y algún café tardío, parada que no fue larga ya que había ganas de rodar y el día se prestaba a ello. Arrancamos alegres y tomamos el desvío de casi siempre, el de la izquierda según sales del pueblo, el que te lleva a Venta del Obispo (seguir de frente te lleva a Avila capital). Esta vez, sin embargo, no haríamos ese precioso tramo hasta la citada venta sino que, antes, giraríamos hacia Burgohondo, iniciando un tramo espectacular que algunos llevábamos años sin disfrutar. Escuché la idea minutos antes con alegría ya que suponía una pequeña "novedad". En aquellos curvones mágicos, con buen asfalto, sin apenas tráfico (¡importante!), disfrutamos de lo lindo, con trazadas dulces, rápidas y precisas. Durante un buen rato fui detrás de Miguelón y su preciosa joya italiana. ¡Qué bien traza el dueño y esa moto! Fue una delicia compartir curvas con todos ellos en ese trazado, un tramo que, realmente, tiene un "plus" agradable, casi extasiante.

Y seguimos tirando hacia el puerto de Serranillos, esta vez sin parar. Algo después llegamos a nuestro querido puerto de Mijares donde paramos para echar un piti, recrear la vista y hacer algunas fotos guapas.  

Personalmente, iba contento y satisfecho con el rendimiento de mi máquina. Aparte de bella, va como un cohete. Es increíble lo rápida y ágil que es. Las mil actuales la darán mil vueltas en prestaciones pero tienen mucha electrónica, muchos "enanitos japoneses" en sus tripas, elementos que además no son nada baratos de sustituir. Me gusta mi analógica brutal, aunque obviamente pocos mortales puedan exprimir su cien por cien. Solo falta volver a revisar los pasos del amortiguador para ablandar un poco más su recorrido. Tocar precarga e hidráulicos no da más de si ya... lo cual me preocupaba, sobre todo por mi espalda. Más adelante, otro día, os contaré qué descubrimos en su interior...

Entre tantas motos hermosas volví a maravillarme de la XSR de Antonio, versión 60 aniversario, con los colores de Yamaha AMA, los mismos que hizo popular en Europa el marciano Roberts, claro. Tiene pinta de ser una moto ágil, divertida y con un motor resolutivo lleno de emociones que ya conocí en la Tracer. En todo caso, solo había rodado con ella en la cita de Juarros de Voltoya, semanas antes, en un cortísimo paseo de unos 400 metros, dentro del pueblo, cuando me ofrecí voluntario para llevarla de la calle donde estaba aparcada hasta la zona de la comida, ja,ja...

Después, proseguimos camino devorando curvas bajo un sol agradable atravesando algún pueblo por calles angostas y mucha gente de parranda en uno de ellos, decidiendo, en una corta parada, comer en el cercano San Esteban del Valle, vista la hora que era ya...


Contemplé las motos aparcadas a dos niveles en la calle. Tres japonesas y tres europeas. Ellas se merecían también un buen descanso. Y nosotros... bueno, había hambre, acertamos con el sitio... restaurante Oliver. Ríquisimas setas de primero para casi todos y luego algo de carne buena de la tierra... Así pasa, se necesitan motos potentes siempre, por varios motivos, uno es éste (empatía, por favor).

¿Quién iba a imaginar que en breve comenzaríamos con el Estado de Alarma y el maldito bicho? Pues nada, algo hablamos ese día comiendo pero sin pensar hasta dónde llegaría la pandemia...

No pude resistirme a subirme a la preciosa joya italiana, aunque me costó bajarme luego por culpa de las maletas y mi precaria agilidad, ja,ja... (curiosamente, en breve, iba a probar este modelo en un concesionario Ducati de Madrid).

Para la vuelta algunos decidimos regresar pasando por el puerto del Pico para completar la clásica "trilogía" de puertos mágicos de Gredos, mientras Miguelón y Antonio tiraban hacia el sur y volverían por la 501, posiblemente. Estaba siendo una jornada magnífica, con un tiempo estupendo y una calma agradable que solo rompíamos con el rugir de nuestros motores, sobre todo estirando marchas ascendiendo las rampas del puerto que escolta la vieja calzada romana, todavía en uso. Eso sí, como podréis imaginar... no teníamos ni idea de que durante meses no volveríamos a rodar un día entero por ahí con las motos....

Y como epílogo inesperado, alguna hora después nos volvimos a juntar todos, sin proponerlo, en las Navas del Rey, en el estupendo mesón La Voltereta... dónde nos despedimos definitivamente tomando algún café o algún chupito.

En resumen, ¡un placer, como siempre!

Invierno suave... (parte 2)


Y llegó febrero, otro tradicional mes motero. Después de organizar una nueva escapada hacia el pintoresco pueblo, al norte de la provincia de Guadalajara, de Hiendelaencina (con una población aproximada de solo cien habitantes) para disfrutar de sus bellos tramos y de su rico cordero, resulta que me levanté fatal aquel domingo, incapaz casi de mantenerme en pie. Avisé que no podría coger la moto. Fui el único que fallo a la cita. Por las fotos... se pusieron finos, claro. En pocos días me recuperé sin saber qué me había pasado. Meses más tarde evalué si me había contagiado del "bicho" de moda pero eso es algo que nunca sabremos. Esta pequeña localidad es digna de visitar. A mediados del siglo XIX se descubrió plata por la zona iniciándose una pequeña fiebre minera por la región. Actualmente se encuentran abandonadas sus minas pero la zona ofrece un notable patrimonio cultura y geológico, digno de ver. Eso sí, no nos engañemos, nosotros vamos por las curvas, el paisaje y su gastronomía. Aquí una foto "resumen" de los delincuentes de ese 9 de febrero, aunque falta Kurtis me parece (de izquierda a derecha, Antonio, Juanki, Tyto, Monika, Alvarito, Curro, Iñigo y Luis):


Afortunadamente, un par de semanas más tarde sí pudimos viajar hasta Juarros de Voltoya un año más para disfrutar de otra memorable cita entre buenos amigos. Ya no celebran su mítica invernal allí pero llevamos dos años que, en petit comité, nos volvemos a reunir en algún local del pueblo y degustamos sus tradiciones cochinillos (¡y torreznos!), todo ello organizado por el núcleo duro del viejo moto club El Foro, Rosi y Luis, los cuales siempre se desviven por ofrecernos lo mejor de lo mejor. 


Este año éramos cerca de 80 privilegiados. El día se presentó soleado y era perfecto para hacer unas curvas por el Alto del León y luego echarnos unas risas en tierras segovianas. Salimos tres motos con cuatro encima, Julito y Montse, Antonio y yo. Un montón de gente increíble se reunió en el pequeño pueblecito que visitamos cada año. Para empezar, aperitivos de lujo en el bar de La Abuela. Mis padres llegaron en su coche. Nos juntamos enseguida un montón de locos, incluido Alfredo, el Escocés de Gredos, Kurtis (sin barba), Andrea, Iñigo, su amigo Juanma, Mudo e hijo, Rosa y Alvarito, Maika y Miguelón, Juan Vegas y Mónica, Dino y Laura del MTM, Dani, etc, etc, vamos, un pedazo elenco de primera. 


Después del potente aperitivo (¡incluido torreznos racings!) nos fuimos hacia el local de fiesta donde nos aguardaban largas mesas y muchas bandejas con los pobres cochinillos reposando (del primer plato ni me acuerdo, creo que fue ensalada, para disimular). Antonio "el primo" me dejó su preciosa y exótica XSR 900 para llevarla hasta allí. Fueron apenas 300 o 400 metros de distancia, suficiente, qué maravilla de moto. Nos gusta a unos cuantos, incluido a Andrea:


¿Qué decir de aquellas horas agradables? pues nada, mejor dejar algunas fotos chulas de aquella jornada memorable. 


Productos de la tierra, ja,ja.. hasta el postre era de diez...



Rosa con los Luises, ¡lujazo para nosotros!


Vaya día de besos, ¡no me pude quejar!:


Con mi querida Rosi en nuestro bar favorito del pueblo, ¡y junto a la inmortal foto con Rosendo!:


Más gente maja, Cristina y Sergi, junto al Puli...


La vuelta llegó pronto, demasiado. Otro año nos quedamos a dormir, como hicieron unos cuantos. Fue un error tremendo para no aprovechar más la tarde. Se nos hizo corto. Volviendo hacia la zona sur, por la M50, un Audi gordo se picó. Pobre diablo. La Kawa "turbo" de Antonio tomó la delantera y le seguimos enseguida a velocidades inconfesables. Pocos minutos después, copa y despedida en el Daytona de Fuenlabrada. Un auténtico día motero de primera, ¡hasta pronto!... dijimos...




GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...