¿El tiempo vuela? (28 Invernal Juarros)

Pocas veces habréis leído una pregunta tan poco original y tan usada... personalmente, aunque conozca bien la respuesta, no me deja de sorprender. Los años pasan, vuelan, y no dejo de acostumbrarme a su velocidad si miro el calendario. De niño y adolescente era muy distinto, el tiempo se movía más despacio, o eso pensaba, incluso luego no iba tan acelerado... Sin embargo, desde hace unos años es increíble como nos adelanta por un lado, por otro, por encima... ¿Es cosa de nuestro cerebro, de nuestra percepción? Creo que esencialmente, sí, aunque la acumulación de experiencias y nuestra propia memoria imagino que algo tendrán que ver al final. El caso es que muchas veces nos damos cuenta por sucesos y acontecimientos cíclicos, que vuelven una vez más, agradables o no, para recordarnos que estamos en otra vuelta de nuestra vida, un nuevo paso por meta, sin saber cuando terminará la carrera...

Febrero llegó y con ese tibio mes uno de nuestros encuentros favoritos, el de Juarros de Voltoya. Buena "excusa" para reunir a lo más florido de la fauna y flora, y gracias a Luis y Rosi obviamente, que son los organizadores y el alma de los buenos encuentros que siempre vivimos allí, con o sin invernal de por medio. La mala noticia era que mis dos bares favoritos del pueblo habían sido cerrados, una pena, porque eran puntos de encuentro románticos y fáciles de encontrar por cualquiera que llegara sediento... Nos quedaba el bar del polideportivo, precisamente la zona donde hasta hace pocos años se celebraba su aclamada invernal en estas mismas fechas. 

Llegamos en lata esta vez, como casi todos, el día no era muy apetecible y nos dio pereza vestirnos de romanos para devorar tantas rectas con la única salvedad de nuestro querido puerto de Guadarrama (Alto del León)... Ancha es Castilla, sí, porque una vez superado este puerto pocas curvas y pocas colinas quedan a la vista hasta el pequeño y acogedor pueblo segoviano. Lástima que mis padres al final no pudieron acudir al calor de tantos amigos y conocidos...

Aparte de las caras más conocidas (Rosa, AlvaritoAntuan, Julito, JoselitoMaika, Miguelón, Antonio, etc) pudimos reencontrarnos con viejos amigos como JuankiGerardo, Martina, DaniRafa del MTM y el Hondi, Alfredo el Escocés, etc, vamos, tropa de hace muchos, muchos años pero que vemos poco... Rafa me sorprendió gratamente cuando ¡me regaló una Fireblade de juguete! Como se había enterado que vendía mi quería Infinita pensó en consolarme un poco, ¡qué tío más majo! ¡Pues gracias, qué podría decir!

También me hizo ilusión ver a Marco, ¡ni recuerdo cuando había sido la última vez! Marco, nuestro amigo "el piloto", como yo le llamo, o StormTrooper (por su casco y mono blanco Dainese habitual) que tampoco vino en moto pero que no se pierde esta cita cada año. Buenos momentos vivimos juntos encima de nuestras monturas durante años para venir a Juarros alegres y animados bien para pasar el día o para disfrutar de la invernal completa. Se añoran esos años divertidos prepandemia y pre tantas cosas... Aparte de echar de menos a mis padres, echamos de menos al Mudo pero su apretada agenda le impedía venir este año, lástima...

¿Y qué decir de la estupenda comida? Pues una vez más doy fe que nadie paso hambre... (por unanimidad)..., que si unas sopas castellanos estupendas para comenzar el sprint, continuando con los pobres animalitos tan típicos de allí, para rematar la carrera con postres y licores... Y lo mejor, animadas charlas pero el tiempo se nos pasó también volando... cuando se pasa bien, sucede, no falla. En fin, otra más. Gracias a los anfitriones, ¡tiene curro el evento!, de eso no hay duda, por lo que es de agradecer el doble... y un placer ver a tanta gente maja junta. Podíamos habernos quedado a dormir, había alojamiento, pero todavía no podemos desaparecer de casa facilmente, falta poco para volver a viajar unos días juntos sin preocuparnos de la prole, o eso creo... 

Os dejo algunas fotos del evento...






Y terminamos el post con esta bonita foto de mis queridos Julito y Montse:

Como dijo, ya sabéis quién, ¡Volveremos!

Arrancando enero con unos lechazos de carreras...

Aprovechando que algunos amigos "Tortugas" de Barna bajaban al evento (a falta de otra palabra) de Pingüinos (o lo que se llama así, en Valladolid city) montamos, con celeridad, una escapadilla algunos del foro para comer con ellos y darnos una ligera vuelta... curvas no iba a ver muchas en el trayecto porque ya sabemos como son las llanuras y las dos mesetas que los madrileños tenemos que soportar por el norte y por el sur... pero, aún así, Julio, Montse, Iñigo, Tyto & Mónica (y hasta Kurtis más tarde, en "fregoneta") nos acercamos a la periferia de la famosa ciudad castellana.

De Barna vendrían Pablo, Carlos, Alejo y Victor, buena parrilla. Encima, para rematar, Antonio el ferretero vendría a la comida con dos amiguetes suyos pues ya estaban por la zona. ¿Dónde quedaríamos? Pues en el famoso "Don Pelayo", a las afuera de la ciudad (lo último que deseábamos algunos eran mezclarnos con esa "conce" y meternos encima en una city). 

Esa mañana salimos juntos de la habitual gasolinera de la A6, por Villalba, para subir por el Alto del León y evitar el túnel, poder tomar algunas curvas, parar luego desayunar en San Rafael (y echar sopa a las motos en la gasolinera) antes de tomar rumbo por la carretera vieja de Ávila hacia la meseta castellana... 


Arrancamos felices después del breve pero agradable desayuno, un caldo muy buscado junto a unos pinchos de tortilla que nos dejaron en "shock". Iñigo y un servidor nos pusimos en cabeza, atravesando los escasos metros que quedaban para salir de San Rafael. Antes de consumir ese tramo, vi como por la derecha había un coche de Tráfico aparcado y cómo salía de su interior, ligero, uno de los guardias hacia la carretera. No le di mayor importancia. Minutos después, al descubrir que Julito no venia, paramos en el arcén y después de más de diez minutos aguardando alguna novedad vimos aparecer por el espejo su CBR con él y Montse encima. Paró el piloto y nos contó que le acaban de multar. Resulta que ese tramo es de ¡¡40!! y a la mínima ya vas ilegal. Sanción económica y puntos, ¡¡una vergüenza!! porque nadie va rápido en esa travesía llena de coches y con algún cruce. Empezábamos mal el día pero... ¡teníamos que seguir! Con la pareja de moda, Tyto y Mónika, habíamos quedados finalmente más adelante, en una área de servicio ya de la A6. Llegamos sin más novedad, quizá media hora después, una vez disfrutadas las pocas curvas de la vieja nacional...


Paramos un rato allí, alegres de reencontrarnos con la pareja y su flamante RT. Aprovechamos para repasar lo sucedido y también disfrutamos del sol que asomaba desde el cielo, muy de agradecer en estas fechas de enero tan de momentos y eventos "fríos".


Llegamos sin equivocarnos hasta el mesón donde, con seguridad, no pasaríamos hambre, con Iñigo y su navegador al mando. Sí, el mítico restaurante donde Julito y yo conocimos al recordado y especial J.C. Nokalkorretant,
 aquel tío genial que sin apenas conocernos se portó siempre tan bien con todos. Un tipo enorme, con tanta humanidad y buen rollo que hasta Miquel Silvestre, después de conocerle y de su tragedia, organizó algunos homenajes en su recuerdo... y detalles como aquella camiseta negra que algunos tenemos con la silueta de J.C. saltando alegremente, su mayor seña de identidad. Personalmente, apenas nos vimos cuatro veces en esos pocos años entre el 2010 y su triste y prematura desaparición en agosto del 2012. Espero que siga rodando, y saltando, feliz, allá dónde esté ahora...


Allí, en aquel mesón, coincidimos con él por primera vez, Julito y yo, después de comer en su compañía y la de otros miembros del MCZE, el moto club que organizaba y organiza la invernal de Estrella de Javalambre. Aquella fantástica sobremesa la terminamos con explosiones, soltando muchos petardos en el patio del recinto ya que una pareja de señores mayores, con su familia, celebraban un aniversario lleno de emociones y sentimientos. La verdad que aquel año 2010 fue muy especial. Ese día, en la famosa concentración, antes de comer, habíamos conocido a otra persona super especial, una motera de raza, super simpática y agradable: nuestra, desde entonces, amiga torbellino Marta R6. 

Y volviendo al encuentro con los Tortugas, no tardaron en aparecer las cuatro motos de los amigos "polacos". Ya estábamos casi todos para comer lechazo porque también llegó, en lata, Kurtis que venía directo del trabajo, y Antonio y sus colegas motorizados. Satisfechos por los encuentros, entramos y nos sentamos en la mesa que habían reservado. No, ¡no pasaríamos hambre! pero aunque estuvimos, fácil, tres horas largas sentados, aparte de disfrutar del lechazo y demás delicias, tuvimos buenas charlas, así como risas, recuerdos y promesas de nuevos encuentros durante el año...


Fue un espectáculo ver a Julito prestándose a hacer fotos a la mesa cercana, sin palabras... La despedida se alargó bastante, todavía con el sol fuera, pero recordando que en esas fechas se oculta pronto... Un placer haber visto a nuestros lejanos amigos de Barna, qué pena que no vivamos más cerca.. Para ellos aún aguardaba mucha fiesta, en el famoso evento, la noche sería larga, imaginaba...


La vuelta hacia Madrid empezó rauda y "cálida", bueno, entretenida, yo ya pendiente de mi infame depósito, tan pequeño (14 litros) que me paso media vida buscando gasolineras, calculando cuantas me puedo saltar (pocas, claro). Tyto y Mónika volverían a casa a otro ritmo, nosotros apretando un poquito para pasar menos frio (unos cobardes, vamos). Paramos en una gasolinera tranquila cuando apenas, creo, me quedaban un par de litros o menos en las tripas del bonito depósito de mi "RD". La temperatura ya había empezado a bajar. La luz era muy débil y apenas había comenzado la tarde. Llegando luego a las postrimerías de Segovia (por la aburrida pista que une ambas ciudades) el frío ya era intenso e Iñigo tiró hacia Siete Revueltas para poder llegar bien a su pueblo. Nosotros tomaríamos el túnel de Guadarrama, camino a Madrid. Yo tenía ganas de llegar a casa y darme un duchado calentito. Cual fue mi sorpresa cuando vi que la moto que me debía seguir (la de Julito) no me seguía. Esperé en el arcén  del peaje más de diez minutos pero no apareció. ¡Supuse que no sería culpa de otra multa de tráfico! Llamé a sus móviles y no me lo cogieron, imaginé que porque iban en marcha, ok. Así que pensé que habían tomado otro rumbo, quizá hacia Navacerrada siguiendo a Iñigo... pensé en el frío que podía pasar por allí él y Montse y no les envidie nada... 


Horas después, ya todos en meta, me contaron que pararon para calentarse en el puerto, qué remedio, y que en el local descubrieron una bendita estufa. Mientras, yo había estado en el bar Daytona, "esperándoles" un rato. Fabulosos móviles, a veces sí son útiles. No habría despedida en ese bar, estábamos muy separados en distancia. Arranqué y llegue a casa. Y así, sencillamente, con un buen recuerdo, con la tripa llena, y con algo de frío (algunos no íbamos demasiados abrigados) terminó aquel sencillo sábado de enero.


La primera rutilla del año había concluido, nuevas aventurillas nos esperaban, claro... Salud y Gasolina... Salud era lo que nos haría falta pocos días después...

Otoños vitales...

 

Los otoños de calendario son épocas asociadas, tradicionalmente, a la melancolía, a la introspección, incluso a la tristeza y la soledad... Supongo que la literatura romántica del siglo XIX contribuyo decisivamente a ello, no lo sé. Realmente es una época con menos horas de luz, algo que no me gusta mucho porque el astro rey es una de las fuentes de alimento del ser humano. Sin el sol no podríamos vivir con salud... ergo es una estación especial, al menos para mí, que tiene su encanto a pesar de ese handicap. Sus colores, su clima moderado, sus paisajes, el adiós al verano, la obertura hacia un nuevo fin de año en el horizonte... Todo eso está muy bien pero si nos invade esa melancolía seria un error encerrarnos en casa salvo que fuera para escribir un buen libro o pintar varios cuadros que se convirtieran en joyas artísticas. La alternativa, como siempre, es salir al mundo y compartir horas felices con amigos y conocidos... y si hay motos y rutas, mejor. Sé que me entendéis, no cuento realmente nada nuevo...

En septiembre pasado tuvimos algunos felices encuentros, de los que permiten cargar las pilas. Volvimos a Juarros para empezar. Ya no celebran su mítica invernal pero, de alguna manera, retomamos cada varios meses el contacto y alguna visita. Esta vez no tocaba cochinillo, eso para la "invernal" prevista para febrero, cuando se celebraba su reunión, esta vez unas sencillas hamburguesas acompañadas con diversos platos sencillos y buenos caldos, fenomenal excusa para vernos y hasta compartir rutilla desde el Alto del León, donde la niebla era terrible, como podéis apreciar en la foto de arriba.


Un placer volver a ver y compartir mesa, entre otros, con Rosa, con Miguelón y Mayka, con mis padres, con Joselito y, obviamente, con Luis y Rosi, los anfitriones, los mejores sin duda, una vez más. Por San Brembo, ¡qué elenco de mujeres tan simpáticas y cañeras, me encantan todas! Una vez más... (risas por favor).

Unos días más tarde nos apuntamos a una presentación de la marca Royal-Enfield. Teníamos curiosidad por probar las 650, las Continental GT e Interceptor y, de paso, saludar a los amigos y conocidos que llegaron con idénticas intenciones, amigos como Angel, Kurtis, Indira, Iñigo y Andrea, mis padres otra vez, Joselito, en fin, buena pandilla... La moto que probé me pareció muy manejable, con buen chasis, con una horquilla mejorable pero una moto llena de personalidad y diseño...


En octubre ya os conté el viaje al camping de Anzánigo en el post anterior. Ya durante noviembre socializamos poco, solo una noche en nuestro bar fetiche, el Daytona, donde Inma y yo nos juntamos con Juanki, Tyto, Rosi.. a falta de Mónika que seguía de viaje, lástima. Un par de horitas de charla y repaso siempre viene bien.


Y para diciembre nos quedaban algunas visitas interesantes... y un reencuentro muy esperado: con la panda de Barajas, basicamente esta vez con el "Choncho" y con Mudo, y con la excusa de tomarnos una buena paella. Dicho y hecho, después de muchos meses de ausencia volvíamos a nuestro viejo taller favorito, Le Mans III, donde Alfonso "Choncho" nos esperaba entre motos clásicas, viejas herramientas y aroma a grasa, para poner rumbo luego, con mi padre y Luisito, hacia nuestro mesón favorito de Barajas. 


La paella fue de escándalo y el pulpito para abrir boca... y los postres... y las copitas... vamos, lo de siempre,  y entre sabios veteranos, ¡yo era el becario en aquella mesa!


Terminamos el mes con otra escapada ligera y corta hacia las postrimerías de Gredos con David y Pablete. Paramos en la icónica presa de El Burguillo, en el valle de Iruelas. Habíamos pasado juntos más de tres horas, bajo un clima apacible, rodando a nuestra manera, con dos motos grandes y la humilde 125 del joven cadete, todos con ganas de que llegue abril para que pueda subir de categoría y en las rectas no se aburra tanto el infante y el personal... Cómo no, hicimos esa foto típica de las motos en la presa, con el embalse al fondo y, al otro lado, en alguna parte, el río Alberche


Y para rematar la temporada, hablamos de volver a quedar en Cruz Verde el último día del año para decir adiós a, precisamente, ese año extraño, el 2021, donde al final tuvimos más sucesos extravagantes de los previstos, como el asalto al congreso americano, nevadas gigantescas, volcanes en erupción... ¿cuándo saldrían los aliens o los zombis?

Subimos pocos aquella mañana de viernes al mítico cruce de caminos, aunque el sol estaba fuera hacía algo de fresquete, normal, pero creo que no había excusa sólida para no verse con los amigos. Cuando hay ganas de verdad es fácil verse, nos pilla a mano a la mayoría y aunque era viernes algunos, como nosotros, no tenían que trabajar ese día. Mientras llegaba a la Cruz pensé que no iba a pedir un caldo como el año pasado en las mismas circunstancias, aquel caldo que me marcó: tres euros por un líquido soso a más no poder, sin ningún tipo de "aliño", ni huevo, ni un chorrito de Jerez ni nada por el estilo..., marca de la casa en todo caso, imposible pedir nada serio en aquel mesón mítico, lugar que, sinceramente, queremos pero donde resulta costoso consumir cualquier cosa que cruce tu mente. Si pido algo, suele ser lo "mínimo"  y más que nada para ver la foto de mi padre que sigue en su marco, junto a la cafetera, con su marco rojo rodeando la mítica foto en blanco y negro de 1965...

Al llegar, acompañado de David y sus hijos, Pablete con su Honda y su hija de paquete en la Fazer, esperamos un rato bajo el solecillo que alumbraba. Después revisé el móvil y vi que Joselito y Alvaro no podrían acercarse al final. Registramos con la mirada la "pasarela Cibeles" de aquel viernes y en un rato nos abrochamos los cascos. Nos dimos una buena vuelta para decir adiós al año de marras. Terminamos en Navaluenga, pero el Pit Lane estaba cerrado hasta pasado Reyes, decía. Por el camino, les lleve por la zona de curvas desde pasado las Navas hacia Hoyo de Pinares, para que Pablete disfrutara. Le dejamos delante y, ciertamente, imprimió un ritmo increíble, tan rápido que fue alcanzando un coche de los de verde que iba más adelante... Detrás de Pablete vi que no cortaba, yo sí, lo último que quería era terminar el año con alguna "receta". Afortunadamente, al llegar al pueblo lo perdimos de vista, esperamos a David y le pregunté al zagal si no había visto el coche delante, ya a escasa distancia.

Luego continuamos el camino hacia Navaluenga, y en el tramo que llega hasta Cebreros vimos un accidente de tráfico, con un coche involucrado y seguramente algún vehículo más, quizá alguna moto por el numeroso grupo que aguardaba justo en la mítica y complicadilla curva del río Becedas, dónde se detuvo precisamente el coche de Tráfico que habíamos "perseguido" minutos antes... Mala manera de terminar un año.

Subimos aquel tramo sinuoso sin compañía, ligeros y pasado Cebreros seguimos disfrutando de unas carreteras casi desiertas hasta llegar, como dije, a Navaluenga y cambiar el famoso bar-asador mencionado por otro establecimiento más céntrico, donde había otro grupo de motoristas comiendo ya.

Y tranquilamente, sin prisa y sin pausa, tomando algún bocadillo y regresando tiempo después con una sonrisa en la cara, así fue como terminamos el último día del año pasado. Esa tarde habría que preparar la mesa grande en casa para la cena de noche vieja y sacar las copas, en fin, todas esas cosas tan familiares y tradicionales... pero lo mejor lo habíamos disfrutado durante muchas horas ese mismo día... con los amigos y las motos, dejando atrás además el otoño y dando la bienvenida a un invierno que esperábamos con ganas...

Vuelta a Anzánigo...

 

Durante casi un par de décadas viajar hacia el camping motero de Anzánigo, o pasar por el para descansar, era algo más o menos habitual en nuestro universo motero. Enclavado en una zona fantástica, cerca de Jaca, del monasterio San Juan de la Peña, de los Pirineos y de los famosos Mallos de Riglos, aquel remanso de paz de alto octanaje era cualquier cosa menos pacífico durante sus primeros años, en el buen sentido de la palabra. Lo pasábamos realmente bien, un poco en plan vikingo, ya sabéis, había rudos motoristas con rudas mecánicas, sin lujos, durante cualquier estación del año, con tiendas de campaña, habitualmente, o sin ellas, con muchas visitas francesas y aragonesas, con viejos y nuevos amigos, todos encantados de pasar unas horas, o un par de días, con tan buenas vibraciones. Había motos pequeñas y grandes, de turismo, deportivas y algunas trails de verdad. El mundo era más simple.

Aquella parcela, donde se ubicaría el futuro camping, era un terreno que pertenecía a Emilio y a su mujer Mª Jesús. La habían alquilado años atrás para acoger a los obreros y a la maquinaría  empleada en la construcción de la central eléctrica junto al río Gállego. Una vez finalizada la obra, dejaron los barracones en pie para poder iniciar el proyecto del camping. 

Mucho antes, Emilio "El Gorras" y mi padre (Luis "El Taxista", como le describían en un articulo de la época) fueron algunos de los fundadores del MCT (Moto Club Turismo) uno de los primeros motoclubs que se crearon en España, allá por 1974. Evidentemente, ya se conocían de sobra para aquella primera reunión de febrero de 1989, cuando fuimos convocados diversas amistades, entre gélidas temperaturas, para comenzar a hablar del camping... Fue la I Invernal de Anzánigo.

De paquete y luego en mi SR fui varias veces y me dio tiempo a ver los barracones en pleno proceso de "montaje" interior, con sus primeras literas y ventanales sin ventanas, tapados con grandes plásticos para evitar el frío nocturno. Obviamente, con los años la cosa mejoró y cada vez aquel camping fue más acogedor. Por ejemplo, en marzo del 95, justo al salir yo de la mili, mi padre y yo nos acercamos al camping para disfrutar de una magnifica  edición de la reunión "Cabaret" donde por la noche dos chavalas nos deleitaron con bailes sensuales con poca ropa sobre el escenario, después de la cena habitual (jabalí o corzo, con alubias o similar, vamos, lo que cazaba algún familiar por el monte). En aquella reunión estuvo también Antonio "Roskachapa" con su magnífica TDM 850, una moto adelantada a su tiempo. Yo iba con mi humilde SR 250 y mi padre con la Zephyr que, pocos años después, yo heredaría. Buenos tiempos aquellos...

Pero no vamos a rebobinar más o no acabamos... Volvemos casi al presente, a octubre del año pasado, durante unos días con una climatología perfecta de otoño, con unos colores magníficos que atraen las miradas, en marcha y en parado. Por fin cuadran varias cosas y mi padre y yo vamos a volver a viajar juntos en moto. Desde el verano no habíamos salido con nuestras sendas lindas Yamaha, ya hay ganas.

Julito se unirá más tarde en nuestro camino y el amigo Quim también conectará con nosotros llegando al camping desde Seva. Quizá también se presente Edu de Pamplona, al que más cerca le pilla Anzánigo.

No madrugamos demasiado. Llego a Carabanchel y mi padre ya está preparado con nuestra infatigable Fazer. Son 77 años a cuestas, los de él, los de ella muchos menos, claro. Está superando muy bien un cáncer pero ahora tiene la rodilla derecha tocada con dolores y fuerzas que van y vienen... Es artrosis, dificil solución aunque pronto volverá al traumatólogo, a ver qué podemos hacer. Otro ni se lo hubiera planteado lo de salir con la moto a un viaje así pero él es él, tiene más ganas de rodar que yo, por ejemplo. Quiere seguir haciendo lo que le gusta y, lo importante, en marcha todavía controla y tiene reflejos de sobra para conducir a su ritmo (ojo con ese ritmo en autovías, je, je). 

Salimos hacia la gasolinera del puente de San Fernando, en la A2, a las afueras de Madrid, como tantas y tantas veces en el pasado. Julito se retrasará un poco o un mucho, veremos... acaba de renovar el seguro de su indestructible CBR600F.

Al final va con mucho retraso el compadre y nosotros partimos, nos veremos en otro hito mítico en nuestros viajes por esta carretera: la gasolinera del Espolón, en el kilómetro 202. Con mi pequeño depósito en la XSR no sé si llegaré hasta allí con gasolina dentro, veremos...

Mi padre arranca y veo que marcha perfectamente. Minutos antes, en la gasolinera, le había dado un pequeño bajón (a veces sucede) pero con un zumo de naranja se ha repuesto. Se ve que disfruta a velocidad de crucero, adelantando a los enlatados que se encuentra. Como tantas veces, nuestro ritmo habitual hace que cundan los kilómetros. Disfrutamos del conocido trazado, de sus desniveles como en Torija, odiando eso sí las rectas que conducen a Alcolea (¡como odiamos este tramo!), donde dan ganas de rebasar los 170 habituales. Recuerdo que desde abril del 2009 no hemos vuelto al camping en moto. Fue en aquel divertido "aquelarre" con tanta amigas y amigos de Barna, con la excusa de preparar el futuro viaje a Assen de ese año. Grandes recuerdos de aquella noche y buena bronca de "El Gorras" por hacer, decía, "demasiado" ruido a medianoche, en un camping que estaba casi vacío aquel sábado...

Paramos en la estación del Espolón como habíamos previsto pero, oh sorpresa, el bar de toda la vida está cerrado. Compartimos los "LF" un sandwitch y una bolsa de patatas fritas que no terminaremos, mientras esperamos a Julito que ya está muy cerca. Llega, nos saludamos y decidimos que podemos comer por la Almunia de Doña Godina. Debatimos un poco acerca de si queda o no algún restaurante de los viejos conocidos, pienso que no, seguro que el progreso y la autovía terminaron con los antiguos, habrá que improvisar. La idea es luego seguir por otro tramo más divertido que conecta con Ayerbe y así evitar autovía y evitar al mismo tiempo llegar hasta Zaragoza para poner rumbo a Huesca.

Comemos opíparamente, de menú, muy bien. Son casi las cuatro y media de la tarde si no recuerdo mal cuando salimos del bar. La rodilla del máster aguanta bien por ahora, lo cual tiene mérito porque la Fazer es una moto cómoda por su buen asiento y su manillar anchito pero no tanto por la postura que al final aplicas sentando en ella, pues la posición es, realmente, algo sport turing, por la colocación y altura de las estriberas. El, que mide mas de 1'90 de altura además, no se queja, dice que va bien, pero no tiene claro si sabemos por dónde vamos a subir a Ayerbe. Miramos en el Google Maps y vemos que la cosa promete y, encima, ahorramos kilómetros. 

Pusimos rumbo a Ayerbe por fin, primero cruzando una larga zona plana y enorme, rumbo Norte, camino a Ejea de los Caballeros. Paramos en una solitaria gasolinera un instante mientras advertimos otra vez un viento molesto que parece no va a desaparecer nunca. Luego tomamos una comarcal desconocida para nosotros, la A-125, que nos adentra por colinas, curvas y campos solitarios débilmente iluminados todavía por un sol en claro declive. Me paro una vez para sacar alguna foto y reagruparnos, felicitándome por el rendimiento y la magnífica agilidad de mi nueva Yamaha. ¿Dónde coño estaremos? me pregunto divertido. Llevo el top case por transportar mi macuto y el saco de dormir, cabe todo de casualidad, faltaría una tienda de campaña para acampar en esta extraña tierra sin personas... Por cierto, no me gusta llevar peso detrás pero no queda otra.

Pasan algunos minutos y por fin llegamos a Ayerbe, a su gasolinera, dónde repostamos por seguridad, y al bar que está junto enfrente. No quiero fatigar a mi padre que, como me imagino, tiene la rodilla ya tocada. Arrimamos otra silla y estira la pierna durante veinte minutos. El sol ya está casi oculto. Los cafés nos ayudan a entrar en calor. Al final quedamos con Quim en el camping, durante el camino nos hemos ido comunicándonos con el WhatsApp y faltaba rato para alcanzarle en Ayerbe.

Llega la noche cuando llegamos a Anzánigo. Una noche tranquila y serena, sin viento, dan ganas de bajarse de la moto cerca del puente de hierro y el embalse. Me alucina siempre esa sensación de estar en medio de la naturaleza... pero hoy no podrá ser. Ya está Quim esperándonos, nos recibe con una sonrisa y se presta a aparcar la Fazer mientras mi padre se baja con dificultad, estirando la pierna otra vez durante un ratillo en el bar del camping antes de que vayamos al bungalow "Isle of Man", por supuesto. La cena y el ambiente son magníficos, muchas risas, distintas conversaciones y buenos recuerdos esporádicos. Hace una noche super agradable. Se ven las estrellas. Apenas hay sonidos. Para mi es como estar casi en el cielo. Echo de menos esas noches en la sierra, en la montaña, con mi macuto o con mi moto de turno. 

Para rematar la sensación de "otros tiempos", como de costumbre, apenas hay cobertura, estupendo. Dentro del bar hay más cobertura y aviso de nuevo a los amigos de la nueva Transpirenaica indicándoles que en el camping hay sitio de sobra para todos ellos. Tienen previsto dormir en Jaca esa noche y ya están por la zona. Podría ser una cena mítica. Ignoro que a esas horas mi amigo Juan ha tenido un problema con su Triumph y está esperando una grúa en compañía de su amigo Fortu. Dormirán todos en Jaca, a escasa media hora de nuestra localización. Una pena no haber podido cuadrar todos juntos en el mismo sitio.

Dentro del bar nos habíamos encontrado con un grupito muy simpático con el que hablamos hasta que ponen los platos de la cena y nos separamos en dos mesas distintas. Mi padre ya ha disfrutado contándoles alguna batallita del camping, de la zona o de cómo fue él quién pinto sus puertas de verde hace muchos años (ahora la puerta del camping es colorada). 

Nos acostamos tarde para... no dormir durante horas porque Julito y los demás nos encargamos de recordar historias increíbles, de viajes, de la mili o de otros "géneros". Las risas se prolongan varias horas. No usé al final mi saco de dormir, hacía una temperatura increíblemente buena.

Nos levantamos bien, sin resaca y sin sueño, a una hora prudente. Apetece desayunar churros pero dudo que haya (risas por favor). Nos levantamos lentamente, hay una tranquilidad total por allí, apenas hay gente en el camping. La alfombra de hojas otoñales de varios tonos y colores tapizan el suelo. Hacemos algunas fotos. No desayunamos mal pero mi padre se queja de la rodilla. Echamos una mirada y la tiene tocada. Si se queja es que tiene motivos. Quim nos dio un pastillazo para el dolor pero apenas funciona. Estira la pierna un buen rato mientras empezamos a debatir qué podemos hacer. 

En eso llega Edu, desde Pamplona, qué alegría, con su magnifica nueva moto, una S1000XR, la trail asfáltica de BMW, un auténtico pepino de SBK pero con manillar ancho, ¡casi nada! He visto tantas de segunda mano en internet que recuerdo bien los precios que pide la gente por ella, muy lejos de mi alcance. Años atrás, decía yo que era como una Multistrada pero más fiable. Son muy parecidas en concepto, usabilidad y potencia aunque con motores muy diferentes, claro. 

El tiempo sigue siendo estupendo, da gusto salir a tomar el aire. Vienen algunos moteros, tomamos otros cafés mientras charlamos. Al final medio obligo a mi padre a volver en taxi o grúa, la Fazer está perfecta pero esa rodilla está tocada y el dolor no se detiene. Para algo tenemos el seguro. Y no hay nada que demostrar a estas alturas de la vida. Se convence y llamamos al seguro que envía grúa y, luego, un taxi cómodo que le llevará a casa. Lo hemos intentado y se ha disfrutado pero tenemos que hacerlo así. Dar las gracias al hijo de Emilio, el actual líder del camping, por sus facilidades... ¡y por dejarme usar el teléfono fijo! Y un auténtico placer compartir unas horas con mis amigos de Seva y Pamplona, dos auténticos maestros de las dos ruedas... yo siempre bien rodeado, je,je...

La vuelta de Julito y de servidor es entretenida y llena de curvas. Paramos en un pueblo perdido para tomar unos pinchos... y para buscar gasolina, para la mía, claro, sobre todo. Todo iba bien pero, como en otros viajes, en la última hora u hora y media volvemos a "cagarla". Por las rectas de Alcolea el sol está muy bajo, es muy dificil ver todo bien. Aminoramos la marcha en ocasiones pero siempre adelantando a los que van a 90, mirando que no nos cace un absurdo radar en esas rectas de varios kilómetros de longitud. Un radar no, pero un coche de los de verde, aparece de repente por detrás echándome la bronca (ignoro por qué) y deteniendo a Julito a lo lejos, como consigo ver de casualidad.

Me salgo en el desvío de Singüenza, quería llamar al papi para ver cómo va. No sabemos nada de él desde que salimos del camping casi al mismo tiempo que su taxi molón. Después de hablar con él tengo claro que puedo llegar a mi bola por allí, por esa carretera, dando un pequeño rodeo... o seguir por el camino original y buscar a Julito.. si no lo han parado. Idealista y tonto que es uno decido lo segundo y en menos de un kilómetro veo su moto roja parada en el arcén junto al coche de las sirenas... y, obviamente, un guardia que sale y me para a mi también. Por fortuna, son algo razonables y solo nos multan un poquito. Yo no iba a discutir pero es cierto una de las cosas que les cuento (aunque suene a chufla): mi retrovisor izquierdo se ha aflojado y no paro de colocarlo con la mano en marcha... por eso no les vi llegar, error y cagada. Si les llego a ver, quién sabe si nos hubieran parado...

Me indigna el concepto que aparece en la sanción pero todos sabemos que la libertad y la autoridad son muchas veces incompatible. No nos sancionan por exceso de velocidad (el coche no era radar) pero sí por conducir (traducido) un poco mal (no llegamos a ser temerarios, San Brembo nos asiste). No se puede tener "ritmo", no cuenta no haber dado un parte en la vida como agresor a otro vehículo, todo eso no cuenta para nada en un momento así, lo sabemos. Hay que ir a 90 en una recta kilométrica donde apenas hay tráfico. Esa es la lógica del poder... para recaudar. Al final casi me da igual, pocas cosas me amargan el viaje.

Ahora a arreglar cierta rodilla y a seguir rodando, viviendo, riendo.. de eso se trata porque no todo van a ser plagas bíblicas, incluyendo volcanes en erupción... o eso pensaba en  aquellos días finales de octubre del año pasado.


Salud y gasolina for everybody!

Bajando al sur, otra visita pendiente...

 

Bueno, por fin dimos forma real a otra vieja idea: bajar a la Costa del Sol y saludar a varios amigos, que como siempre digo, tantas redes sociales y tanto uso del Whatsapp no es bueno. Se entiende que cuando hay distancia entre unos y otros es un pequeño consuelo, una herramienta útil, pero donde esté rodar unos cuantos kilómetros y hablar cara a cara... no hay comparación posible. También cuentan las ganas de hacer millas, claro, y la salud, y el bolsillo... todo influye. El caso es que un día cualquiera, charlando con Pablo por una de esas redes, le anime a que, a su vez, animara a su padre, mi amigo Chema, para que bajáramos juntos a verle a sus dominios, por la zona de Estepona.

Dicho y hecho, hablamos raudos entre nosotros y fijamos una fecha que, increíble, no fue modificada por ningún integrante: bajaríamos al sur los primeros días de octubre, de jueves a domingo, para pasar buenos ratos y hacer otras visitas, como la de mi querido amigo Pepe y, quizá, poder volver a ver a Paloma Uceda después de tantos años. ¡Alicientes no faltaban!

Al final se apuntaba también Manolo, con su preciosa boxer, así que todo quedaba en familia, yo era el agregado a la "excursión". Quedamos sin madrugar aquel jueves, último día de septiembre, en uno de nuestros puntos de salida habitual, la gasolinera fetiche de Villaviciosa: Campodon. Mi idea era rozar Gredos en nuestra ruta hacia el Oeste pero no internarnos en sus comarcales ya que quedaban kilómetros por delante y los dos hermanos no querían llegar muy de noche. Después, desde la zona de Talavera de la Reina, la intención también era internarnos por tramos de nacionales y comarcales, porque autovía queríamos coger la mínima. 

Como iba delante, me pareció buena idea parar por Arenas de San Pedro a tomar un café. El día era magnífico y por la carretera del Tiétar (CL-501) nos había cundido al mismo tiempo que disfrutamos de curvas y escaso tráfico. Rodábamos a unas medias muy comedidas, casi legales, por lo que mi autonomía iba a incrementarse comparado con otros viajes, pensé. Después del café mañanero llegamos a Talavera y tiramos por la carretera que va hacia Herrera del Duque (la N-502) pero cometí el error de no parar a echar sopa en una Repsol que pasamos enseguida. Luego Chema exploró una comarcal pero no nos terminó de convencer. Una pequeña charla con un señor que estaba con una excavadora nos dejó claro que por allí nos estaríamos desviando demasiado, aparte de que no había ningún surtidor de gasolina en muchos kilómetros... Retrocedimos unos minutos el camino andado, reposté por fin y tomamos rumbo a Herrera, por un trazado que yo no conocía y que me encanto, lleno de curvas y asfalto aceptable. Disfrutando de los virajes vi el cartel a Guadalupe, ¡otra ruta pendiente!, de esas que aconsejas a todo el mundo pero nunca has hecho, vaya paradoja... Algo más tarde, nos detuvimos un rato en la presa de Cíjara. De ser fumadores, hubiera sido el momento perfecto para encender uno, reinaba una calma increíble...

Dejamos atrás el embalse y el río Guadiana para seguir por la carretera N-502, con curvas guapas y asfalto también mejorable, para un rato más tarde detenernos a comer unas raciones en un pueblo perdido, antes (o después) de Almadén, dónde habíamos parado a repostar otra vez. En ese pueblo donde comimos había una calma bestial, de hecho parecía que no había habitantes... ¿sería posible?

Nos acercamos a Córdoba y tuvimos que ingresar en la autovía, recordando las bonitas curvas rápidas (con radar en algún punto) que hay en ese tramo, dejando atrás la ciudad. Unas curvas que años atrás con la Infinita tomábamos muy alegres... Rato después nos perdimos unos minutos hasta encontrar el desvío que nos llevaría rumbo a la costa, hacia la preciosa zona de Ronda, ¡qué ganas tenía de pasar por allí en moto!

Caía la noche cuando Pablo nos recibió en una zona de la sierra, ya a una media hora del mar, más o menos. Me encantó esos últimos kilómetros que habíamos recorrido dirección Ronda. Luego, por la noche, ese ya último tramo con Pablo y su flamante CBR también nos gustó mucho a todos. ¡Qué sucesión de curvas infinitas hasta llegar a la costa! Por supuesto, pasamos por la famosa Venta el Madroño pero yo ni la vi, estaba demasiado ocupado haciendo cambios de dirección, bajo el manto de la noche y rodeado de las luces rojas y blancas de mis compañeros de ruta... Un final de día magnífico, casi mágico.

Pasamos dos días estupendos, conocimos la famosa venta, sus majestuosas curvas, su ambientazo (mucha moto, claro), buena gastronomía, buenas charlas... y todo regado con un clima perfecto. El viernes Manolo cambio sus ruedas, yo iba mosca ya con mi magnífico ContiSport Attack trasero, iba de fábula pero le auguraba poco más de mil kilómetros de vida como mucho...justo para volver a casa de sobra, pero tampoco podía asegurarlo. Qué faena es cuando pasa este problema en un viaje, hacía años que no me pasaba pero... Pregunté en el taller donde estábamos cambiando las gomas de la BMW pero nada, no tenían nada que me gustara. En otros establecimientos dónde preguntamos sí contaban con buenas ruedas pero tendría que esperar al lunes... imposible. Después de comer pasamos por Marbella para ver los yates de lujo y los cochazos...  Pedí una botellita de agua y casi me roban hasta los empastes, brutal el nivel económico de la zona, cómo para salir por allí a menudo...

Luego cogimos las motos y... más curvas, obviamente volvíamos al tramo racing de la venta del Madroño y luego hasta Ronda. Aquí una foto chula de las curvas próxima a la famosa venta:


Pero no todo podía ser perfecto... la cena que habíamos programado con Pepe no pudo celebrarse. Mi amigo sufre de espalda, y ese día le dio un fuerte ataque que le dejo muy tocado e inmóvil. Me avisó horas antes apenado. Como no celebramos la cena en Málaga tampoco pude ver a Paloma que ya estaba avisada y se iba a pasar. Quizá en un próximo viaje tengamos más suerte... Pero no penséis que nos quedamos aburridos, los cuatro del grupo nos fuimos a una terraza ese viernes por la noche y disfrutamos de una cenita racing estupenda. Después me enseñarían una mítica tienda de Ferrari, espectacular, en cantidad y calidad de bólidos, ¡increíble el dinero que se mueve por esa costa! Pero volviendo a la cena, destacar que entre las raciones no pudimos evitar probar los boquerones, riquísimos, algunas tostas espectaculares y, sobre todo, las joyas de la noche: tortillitas de camarones, mítica receta gaditana,  ¡espectacular!


Llegó el sábado, y después de desayunar tranquilamente, puse rumbo a casa. Estaba muy feliz y a gusto con los amigos pero no podía faltar más, cosas de tener familia, claro. La verdad que fue un honor conocer a Pablo... y sus motos, ¡también tenía una Aprilia RS 125 impoluta y subida a 140! Buenas charlas tuvimos todos esos días, se hizo corto la "excursión" de hecho.

Chema y Manolo se quedaban hasta el domingo. El sábado me acompañaron algunos kilómetros y regresé a casa en solitario, disfrutando de los tramos y feliz de haber podido hacer este viaje tan chulo. 


Llegando a Córdoba paré a tomar un montado y decidí evitar la autovía. Quería además pasar por la zona agreste de Los Pedroches. Lastrado por la capacidad de mi ridículo depósito y una gasolinera de pueblo que debía estar abierta pero que no lo estaba, sufrí un rato, no me apetecía empujar o llamar a la grúa. Puse el Mode más flojo del motor, sin pasar además de 50 por hora, escudriñando a ver si encontraba algún surtidor... hasta que detrás de otra curva de aquella zona tan bonita encontré una magnífica Cepsa que me supuso algo así como tener una aparición mariana. Desde allí a Puertollano fui algo más rápido pero aburrido, las rectas de La Mancha llegaban a mi camino y aunque veía que el neumático trasero todavía aguantaba tampoco era plan de ir follao. Poco más que contar, salvo dar las gracias a mis compañeros de ruta y a nuestro anfitrión. Otro año repetimos, pero siempre que no bajemos en pleno verano, claro, o no vuelvo vivo...

GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...