Eterno espíritu de velocidad

Inevitable viajar al pasado cuando llega el mes de agosto. Sí, volvimos a La Bañeza, esa localidad ya mítica, famosa por albergar nuestra más popular “road race”, esa prueba añeja que nos tiene enamorados hace tantos años y que debería defenderse como “patrimonio de la Humanidad” o algo por el estilo. De nuevo vibramos al ruido de las 4T (¡esos Ducatones casi acaban con los cristales de las ventanas!), de los tubarros de las viejas máquinas nacionales (a fin y al cabo, nuestro pasado más intimo), del arrojo de los pilotos (jóvenes y veteranos, los que no conocen el miedo y los que saben guardar un poco de margen), de la compañía de nuestros amigos y conocidos (¡por supuesto!) y, cómo no, de los invitados especiales y sorpresas que prepara la organización cada año.

Mi primer pensamiento de este apoteósico weekend retrocede a cuando, junto a otros dos Cariñosos que conocéis mucho de oídas, Julito y Santi, comenzamos a subir el precioso puerto del Alto del León, sin apenas tráfico, camino de la maldita y aburrida A6. Esta vieja cima fue el primer puerto que conocí en mi vida y es siempre una auténtica delicia conquistarlo con la moto aunque, en cada ocasión, se antoja corto. La bajada fue también fantástica aunque ligeramente enturbiada por algo de tráfico. Afortunadamente, encontramos muchas curvas limpias y en otras no hubo más remedio que hacer algún “por fuera” comedido para seguir a nuestro aire. También recuerdo con menos emoción el calor aterrador que hemos pasado durante los dos días… el precio que habitualmente pagamos por acudir a La Bañeza, ¡qué le vamos a hacer!

Ya en La Bañeza, llegó lo mejor. Primero haciendo la compra y requisando un carrito del Eroski para llevar las provisiones al campamento, esa pradera tan bien cuidada que hay junto al Polideportivo. Luego saludando a los colegas y encontrándonos con Gelen y Jeni, dos simpáticas, ruteras y cañeras moteras de Barna que llegaron en dos preciosas motos, una R6 negra del 2005 (¿cuántas chicas hay en España con esta moto?) y, tachán tachán, ¡¡una RC51 SP2 americana!! Destacar a la estrella de la escapada, Julito, nuestro pelirrojo más racing, un tío muy grande. Vaya shows que montó con todo lo que se movía a su alrededor, cómo nos miran cuando vamos con él, un crack de la carretera y de las reuniones dónde no para de sorprendernos con sus interesantes monólogos, sus chillidos a lo Bon Scott (sí, cantamos varias veces “Highway to Hell”) y sus variopintas explicaciones (por ejemplo, la que nos deleito sobre los melones y el método de selección que debemos aplicar). A Santi, a las niñas y a mi nos dolían las costillas de tanto reír. Afortunadamente tenemos cuatro vídeos grabados con el iPhone… alguno es digno de subirse a YouTube porque es sencillamente apoteósico. ¡Eres grande Julito, si no existieras tendríamos que inventarte! También se nos apuntó Miki que “colaboró” a preparar la cena con un tarro de anchoas (¡de Santoña, menos mal!). Nos quedaron visitas que hacer pero el "tío" Barceló nos atrapó muy pronto y entre eso, Julito, las chicas y las ganas de seguir tumbados en el césped nos movimos menos que una seta. Menos mal que, a falta de saludar a más conocidos, al menos encontramos a varios miembros del MCZE (Peter, Mike, Palote…) con los que estuvimos charlando media horita. En resumen, ¡vaya noche toledana, cómo pasaron las horas de rápido! Solo sobraron algunos gallegos que no dejaron de cascar durante toda la velada…

¿Y de las carreras, diréis? Pues otra vez repartiendo balas de paja, tapando agujeros, pegando cartelitos de “zona peligrosa”, carpas y furgonetas en la calle de los boxes, veteranos y niños mezclados sin edad pero con el mismo sentimiento, ríos de aficionados y curiosos caminando y parándose casi al mismo tiempo... El domingo comenzamos el periplo de curvas con la cámara en una mano y una botella en la otra, paseando por medio circuito, después de salir del "campamento base" y saludar a la otra panda que no logramos localizar en mitad de la noche (¿la noche nos confunde?), la panda de Toroloko, Ra, Troi y demás "delincuentes". Comenzamos por la bajada del famoso "sacacorchos bañezano" dónde, por fin, nos encontramos con Mar (la rapidisima piloto del Manchego y de las Pirelli Stock Series) que, por lo que me contó luego, quedó cautivada por el ambiente y las carreras. ¡Volverás, seguro!El Peugeot de la organización, mientras tanto, iba muy ligero, tanto que amenazaba salida de pista... Aparte del resto de Cariñosos, nos acordamos de tres grandes amigos, Cris, Isma y Gregg, que, por diversos motivos, no pudieron acudir a la cita y mira que tenian ganas, ¡¡a ver en el 2011!! Al menos nos encontramos con Luis Dios justo al terminar las carreras, parecía imposible pero "en la última vuelta" ¡lo conseguimos!

Este año pensábamos que no correría ningún amigo pero nos equivocamos. Al final, Paco Motos del Team Moclava volvió a salir con su Ossa número 60. ¿Dónde se habia metido estas semanas? Pues nada mas y nada menos que se habia ido de viaje con su Impala y otro amigo hasta el pueblo de Rossi en Italia. ¡Cuatro mil kilómetros en dos semanas, y con esas máquinas, pedazo de motero! Visitaron varios circuitos, Mónaco y algún museo pero la lluvia no dejó redondear el viaje. En todo caso, que les quiten lo bailao. Fue volver a casa y liarse la manta a la cabeza… venga, ¡a La Bañeza en dos días! Y allí estuvo y corrió, quedando séptimo (creo recordar) en la categoría de bicilindricas de 250, la carrera que ganó J.M. Calvo con una JJCobas exAlberto Puig por delante de cierto antiguo subcampeón del mundo… La afición y dedicación de Paco y otros veteranos de las dos ruedas es digna de elogio. Lamentablemente, junto a esa faceta positiva, deportiva y humana tenemos que quejarnos, una vez más, de la cara oscura, la del pastón que hace falta si quieres preparar tu clásica un poco si deseas optar a subir en las clasificaciones. Nostalgia y dinero van de la mano, una vez más y esa es la parte que menos nos gusta cuando vamos a carreras como la de La Bañeza... pero de este tema poco más se puede hablar hoy... es mucho más reseñable destacar, una vez más, el arrojo de los veteranos tirándose por la bajada hasta el ángulo de derechas dónde solemos apostarnos muchos minutos cada año. También encomiable el valor de los pilotos jovenes que no corren, vuelan, con sus 125 de GP, eso ya son palabras mayores, espectacular, parece mentira que se pueda rodar tan rápido entre casas y balas de paja, parece que estamos en 1980 más o menos cuando siento esas sensaciones.

Pues sí, la prueba de este año ha sido también muy especial. Si en la edición pasada celebraba su medio siglo de vida y tuvimos la suerte de ver a grandes pilotos de ayer y de hoy, en esta ocasión hemos vuelto a tener la suerte de disfrutar, en directo, de un auténtico héroe para muchísimos aficionados. Sin olvidarnos de otros pilotos, permitidme que hable de uno que me emocionó de joven y que vi de cerca el domingo. Llevaba un comecocos pintado en su casco y pilotaba una Yamaha blanca y azul de dos y medio. Sí, ¡¡Joan "Boeing 747" Garriga!!
Valiente, rápido, peleón, carismático, genial en el cuerpo a cuerpo… ese protagonista que, junto a su “amigo” Sito Pons, dividió a la afición en los años 88 y 89. Otras veces le vimos con las primeras GSX-R en polígonos o en viejos circuitos como el Jarama o con diversas Ducatis en la montaña de Montjuic corriendo las 24H, siempre con la misma bravura y con esas piernas largas, como ancas de rana, rozando por todas partes.

Pero no estamos aquí para hablar del pasado. Vivimos el domingo con especial emoción (aunque suene a topicazo) porque le volvimos a ver a lomos de una moto de carreras. Allí estaba el piloto, el viejo héroe con sus viejos cueros rojos de Ducados. Pude verle varias veces, a pie y sobre la moto y en cada ocasión vimos su nervio y sus gestos, pura energía, pura velocidad. Poco cuerpo ya pero mismo espíritu, mismo hombre-moto. A pesar de los palos que le ha dado la vida, este gran luchador sigue disfrutando (y nosotros con él) cuando se monta en una moto. Estoy convencido que nació para eso. Un hombre sembrado por un bello y eterno espíritu de velocidad. Eso fue lo que la Bañeza y su padrino nos regalaron el pasado fin de semana. Fue raro verle sobre una Honda en la carrera de bicilindricas (donde termino segundo) pero el plato fuerte (me atreveria a decir) fue su cabalgada sobre una vieja moto de carreras muy especial, poderosa, elitista, casi insólita, casi ya de leyenda… ¡su antigua Yamaha YZR 500 de 2T roja!, aquella con la que corrió su última temporada en el Mundial, 1992, la máquina con la que, por ejemplo, quedó tercero en Donington por detrás de “un tal” Gardner (última victoria del australiano) y de un dolorido Rainey (que no pudo subir al podio ese día).
Emocionante, espectacular fue también ver en acción una auténtica Suzuki RG500 de principios de los años 80 (con los colores del mítico Team Gallina). Ambos, Garriga y el piloto de la RG, Bruno, dieron tres o cuatro vueltas, rueda delantera en el aire por recta de meta, ¡apasionante! ¿Qué más se puede decir? No podremos volver a ver rodar a Barry Sheene ni a Ricardet ni a Abe ni (posiblemente) a Doohan, Schwantz, Bayliss, Cardús, Crivillé o a Gardner (ojala me equivoque) pero el pasado domingo pudimos ver a uno de nuestros héroes, un tío auténtico, con dos cojones, con la moto embebida en su alma: Joan Garriga. ¡Que no sea la última ocasión de verte en acción!

En resumen, La Bañeza fue mágica otra vez y nos hizo el mismo regalo de siempre. Nos lo entregaron envuelto en goma quemada los jóvenes que van a cuchillo, los veteranos que se juegan la salud en cada vuelta y las estrellas del ayer que volvieron a emocionarnos. Todos ellos, de diferente manera, nos lo entregaron con ganas porque comparten el mismo veneno: el eterno espíritu de velocidad y de juventud.

País de chorizos


La noche del miércoles al jueves 29 de julio robaron en Barcelona, a un gran amigo y motero, la CBR de la foto de arriba. Los datos de la bike son:

Modelo: Honda CBR 600RR -2006-
Matrícula: 6874 DZJ
Color: Negro (carenado de fibra)
nº bastidor: JH2PC37A56M305573

Os pongo los datos por si da la casualidad que en algún circuito o en alguna calle véis la moto o identificáis alguna parte de ella. Si es así avisad a la polícia y poneros en contacto, por favor (mi mail es luigi.fzr@gmail.com).

No por ser un hecho habitual vamos a dejarnos conquistar por la fatalidad, por el "destino", por poner solo mala cara y sentirnos vencidos... De acuerdo, siempre ha sido fácil robar una moto. Da igual los métodos que inventen para evitarlo. Ahora el único que me produce cierto escepticismo optimista son los famosos Wilock y no porque sean invulnerables al 100% sino porque cuando pienso en ellos me digo "al menos tardarán un huevo y tal vez desistan.."
Qué rabia que a un apasionado de las dos ruedas le roben su moto. ¡Con lo que cuestan! Qué triste, qué vomitivo que, tantas veces, sea consecuencia (directa o indirecta) de alguna petición procedente del dueño de otra moto, o bien de alguna prueba celebrada recientemente (o por celebrar en pocos días). Da igual que sea en vísperas del Gran Premio de Jerez o que sea pocos días después de la prueba de las 24 Horas de Montmeló. La moto de nuestro amigo tal vez sirva para reparar y vender a algún particular una CBR que ha terminado hecha puré en alguna carrera reciente... Ojala me equivoque y la encontremos por ahi tirada pero entera. Esta es la parte fea, oscura y triste de nuestro mundo. La de los mafiosos e hijos de puta que roban motos para reparar otras o hacer negocio vendiendo recambios de dudosa procedencia. Y siento decirlo pero muchas, demasiadas, veces son gente del mismo mundillo, esa mafia que campa tan bien en este país de pícaros. ¿Qué pueden sentir cuando lo hacen? ¡nada! Como en otros "gremios", aqui hay de todo, pero no debemos conformarnos con la "tradición". Lo que todos sabemos: nada de comprar recambio de origen desconocido, no hagamos nada que fomente estos delitos contra la propiedad y contra el corazón.

Ahora que estamos con tanto sentimiento patriótico tal vez el título de esta entrada ofenda a alguien. Mis disculpas. Pero es que vivimos en un país donde te acribillan por todas partes. Siempre contamos con más obligaciones que derechos. Por una parte, la delicuencia ocasional o espontánea de algún iluminado, envidioso o idiota (¡como la de ese lumbrera que en Facebook creó un grupo para tirar las motos aparcadas en las aceras!), por otra la de los delicuentes organizados y, para terminar (pero no menos importante), la que procede de ayuntamientos, administraciones, autoridades y ciertos talleres y tiendas. El caso es sangrar, sangrar y volver a sangrar. Aprovecharse de nuestra afición para pedirte un dineral por cualquier cosa. Cierto que, por un lado, quizá nos ahorcamos nosotros mismos el día que nos enamoramos de las espectaculares pero caras motos japonesas y alemanas (de nueva generación) que llegaron a España en los años 80. Poco a poco, pero de manera inexorable, dejamos de tener mecánicos arreglatodo por mecánicos cambiapiezas y así con todo... Pero eso no es nada comparado con el maremoto de impuestos, trámites (ITVs incluidas), sanciones de tráfico y precio del recambio oficial que tenemos que soportar estóicamente año tras año. ¡Vaya negocios más rentables alrededor de los vehículos! Pero para rentable y casi vitalicio el business que tiene el jefe de la DGT, desde hace algunos años, como consejero de la mercantil Aguas de la Cuenca del Ebro, SA, empresa de titularidad pública (pertenece al 100% a Patrimonio del Estado). Eso sí que es tener ideas para afrontar la crisis, un sueldo extra estupendo, complementario y discreto. Un nombramiento que no se hizo muy público (como tantos otros, claro) y que da que pensar en un primer momento (inocente que es uno) que este señor tiene conocimientos en ese sector... o de cualquier otro porque, recientemente, hemos podido disfrutar de declaraciones tan elevadas como la siguiente.
Todo un profeta de nuestro tiempo.
¿Y qué decir de la denuncia de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) haciendo público que el Ministerio del Interior premia, desde el mes de julio, más a los agentes por poner multas que por prestar auxilio en carretera o intervenir en accidentes? Ese afán recaudatorio tan hispano, siempre rizando el rizo...

¿Quién nos protege? Si al menos tuvieramos una polícia eficaz... Tal vez no sea culpa suya pero no puedo evitar contaros un caso que paso en mi propio garaje comunitario en noviembre del año 2007. Uno de mis vecinos tenia una Z750 color verde, con apenas tres o cuatro meses, atada con una Luma y algún cepo. Pues bien, esa fatídica tarde bajó al garaje y vio a dos tios ¡con perros! y una radial, agachados sobre su moto. También vió la típica furgoneta dispuesta para salir pitando. Subió corriendo a su casa, llamo a nuestra policia municipal y llegaron antes de qué se fueran los cacos. ¿Cómo termino la historia? Pues nada bien. La policia cruzó su coche delante de la puerta exterior del garaje. Los chorizos no se amedrentaron y lo empujaron con su furgoneta. Aún así, no se fueron en el acto. Dio tiempo para intercambiar palabras entre uno y otro bando. Los agentes municipales nada hicieron, ni siquiera disparos a las ruedas de la furgoneta. Los ladrones se rieron en su cara y se fueron con la Kawa y otra moto (una trail) de otro vecino. Tal vez la siguiente hubiera sido una GSXR o mi Fazer. Cuando, días después, pedimos explicaciones en la comisaria lo resumieron todo contestando que ellos no podian detener a nadie, y mucho menos apuntar con su arma reglamentaria, aunque estén cometiendo el delito en el acto... Se limitaron a dar información por radio para que otro coche persiguiera la furgoneta. ¿Quién lo entiende? Si algún día me pasa a mi llamaremos a los nacionales, tal vez estos sí se ganen mejor su jornal.
¡¡País de chorizos!!, qué triste que lo digamos tantas veces.

En fin, ¡¡¡ánimo, camarada!!!, deseamos que pronto vuelvas a tener tu propia moto y sigas disfrutando de tu PASIÓN. Aqui estamos para lo que necesites.

La discreta hermandad de "los viudos"

 
¿Otra bonita historia de motos y moteros? No exactamente, esta vez se trata de una tribulación agridulce. Con su cara desagradable y con su lado hermoso. Aquí el que no se consuela es porque no quiere, ja, ja. Empezaré con un buen ejemplo que nos sucedió hace muchos inviernos.

Era muy tarde, casi medianoche en Arguis, cuando, entre ligeros escalofríos, sorbos de carajillo y cálidas risas, escuchamos sorprendidos el ruido inconfundible de un viejo bicilindrico italiano. “¡No puede ser!” dijimos unos cuantos. “¡Es... fulano!” Salimos casi corriendo hacia la carretera, justo frente al bar del pantano. Pues sí, amigos, allí estaba “fulano”, con un par, llegando justo antes de que el reloj anunciara las doce. Su moto no creo que se fuera a convertir en calabaza pero supongo que quería llegar el sábado, aunque fuera en sus últimos minutos. Qué alegría, qué alboroto, compre un perrito piloto… bueno, no era una feria precisamente pero sí hubo alboroto. Apenas puso los pies en el suelo le abrazamos mientras nos saludaba con su habitual sonrisa ancha y sincera. Qué tío más grande. Mira que días antes, en su taller, le pregunté “¿Vas a venir este año a Arguis?” y me contestó algo así como “que va, imposible, con la bruja así, no hay nada que hacer, me tiene frito ultimamente”. Queda claro que “la bruja” era su señora esposa, la misma que le engatuso con una mentira XXL para cambiar de estado civil y, de paso, cortarle las alas mucho más de lo que habitualmente sucede. Su misión en la vida, según ella, era ya solo ganar dinero y mantenerse sano muchos años. De estar en todos los ajos nuestro amigo “fulano” apenas salía ya con su moto, con sus amigos… se limitaba a ser “macho proveedor”, traer “alimento” al nido y volar enlatado de casa al trabajo y del trabajo a casa prácticamente los 365 días del año. Nada de términos medios como recomendaba Aristóteles, aquí los “sabios humanos” pasamos de un puto extremo a otro, dantesco.

Pues nada, fue inevitable preguntarle cómo lo había conseguido, cómo era posible que estuviera allí con nosotros. El mal carácter de su señora esposa era ya legendario, podía arder Troya a la vuelta... Con su habitual desparpajo nuestro protagonista nos contó que le había dicho que iba a pasar la ITV a... ¡Guadalajara!, ¡¡toma ya!!, joder, ¡pues te habías pasado unos cientos de kilómetros, ¿no?! El caso que se ¿había hecho de noche en la ITV? ¡Da igual, algo así diría!, el caso es que nuestro amigo estaba allí, en su salsa, daba igual las horas de viaje en solitario, el frío y hasta el hielo de los últimos kilómetros. Iba a saludar y pasar unas horas con viejos colegas que no veía en años. Había merecido la pena, claro, eso nadie lo dudaba. Fue una bonita noche. Yo algo más joven e idealista pensé qué era triste tener que llegar a esa situación: la de contar ese tipo de milongas para dar una vuelta de vez en cuando. Aún así, desde luego, aplaudí su decisión, se le veía feliz, necesitaba una escapadilla para seguir viviendo (que sobrevivir ya lo hacia a menudo).

Desde entonces me fijé un poco en ese “colectivo”, en esa auténtica hermandad casi anónima que campa a lo largo del mundo, esa panda de moteros sin pareja, o mejor dicho, con "pareja" enemiga. Afortunadamente, hay cientos de casos que son todo lo contrario (¡menos mal!) pero también hay muchos que, por un motivo u otro, cogen la moto en solitario, como si fueran viudos o solteros. La cogen casi en silencio o a gritos, da igual, el caso es que cada viaje (comprobado que da igual el intervalo entre uno y otro) supone una pequeña o gran bronca, una mala cara o un pequeño chantaje (por no hablar de otros desenlaces más sangrantes y dolorosos como divorcios peleados, un auténtico drama para una familia si hay hijos de por medio). Sí, hay tanta variedad que no se puede generalizar pero os aseguro que la hermandad existe, solo hace falta relacionarte, hacer kilómetros, conocer gente… Quedan excluidos de la hermandad aquellos moteros que van solos porque sus parejas no tienen la misma afición pero que no ponen palitos en la rueda cuando deciden salir con la moto. Quedan incluidos aquellos moteros que ya hemos citado, los que luchan para volar un poco y también aquellos que, al margen de coger la moto para rutear o rodar, se sienten más solos que la una cuando tienen algún reto, alguna propuesta, alguna inquietud y esperan algún tipo de apoyo (no digamos ya complicidad) y solo reciben insultos o zancadillas.

Aunque tal vez no lo parezca, esta tribulación no es un ataque o una crítica hacia nadie pero sí un lamento. Es un pequeño aullido de rabia y un triste reconocimiento hacia esta hermandad que merece todos nuestros respetos. Si ya en las carreras ocurre, en la vida “civil” hay “parejas” que no es que te quiten segundos por vuelta sino que te quitan parte de la alegría de vivir, centímetros de sonrisa. Ayer mismo volvió a salir el tema, después de la comida, con amigos y moteros, unos doce o trece. Uno de ellos, un viejo rockero le dijo a otro más joven pero igual de pasional, delante de mis narices: "Ya verás, terminarás divorciado como yo". ¿Y por qué? Acaso el aludido del comentario es un descerebrado, un tío que solo piensa en su moto, que se gasta los euros en chuches todos los días, que no se centra en su trabajo o que no cuida a su familia... ¡pues no, todo lo contrario! Pero casi todos los domingos sale un par de horas con su moto y una o dos veces al año se hace un viaje de fin de semana. ¡Menudo “crimen”! Qué suerte tuvo Rocky Balboa con su mujer...

Da igual tus méritos en otras facetas de la vida o tu habitual día a día, me he dado cuenta de una cosa curiosa: si tienes pasión y lo manifiestas con ahínco, con corazón… ¡zas! te calan, ellas y los viejos rockeros que te encuentres por tu camino. Ayer, el que dijo el comentario se vio reflejado enseguida y, por experiencia, le dijo, de buen rollo, aquel comentario a mi colega. Quizá piense alguien que uno exagera, que yo exagero, pero son tantos ejemplos… Pasan los años y si había “doce” parejas felices o normales ahora solo quedan “ocho”… y si esperas unos años lo mismo “cuatro” (los números expuestos son simplemente simbólicos). ¿Qué cambia con los años? ¿nos hacemos peores, más canallas? Pues no, amigos, habrá de todo, por supuesto, pero uno se harta de escuchar testimonios de amigos, conocidos o desconocidos que comentan que seguían disfrutando de su única válvula de escape (la moto) con la misma frecuencia de siempre o incluso menos… pero, aún así, no era suficiente. Con los años la actitud de su pareja se hacia más hostil..., más movidas, más comentarios, ¿más envidia?, en todo caso, con esa actitud demostraban el gran “respeto” que fulano o fulana profesaba por el motero o motera de turno. Para conseguir ver un Gran Premio al año tenia que aguantar muchas cosas, muchos comentarios desagradable, reprochándole, años después, aquel viaje a Jerez que hizo ¡dos años antes! Algunos, los más sensibles, pierden hasta la sonrisa, sintiéndose culpables de un delito que no han cometido. Para colmo, en ciertos casos extremos, venden la moto para gastarse el dinero en estúpidos objetos innecesarios que ni les gustan ni valoran esenciales para la educación o la felicidad de su familia. Si a veces son caprichos, otras es simplemente dinero que se guarda en el banco para cambiar de casa en dos años y poder resplandecer por encima de nuestras posibilidades. Uy, que me voy del tema...
Otros, más fuertes, analizan qué hacen y qué no hacen y no encuentran motivos para ser victimas de ninguna “caza de brujas familiar”. Aún así, muchos terminan cediendo o se rompen, y algunos otros (quizá los menos) mantienen cierto equilibrio: no sacrifican su pasión, lo entienda o no la otra parte, y siguen rodando. Se convierten en un miembro de pleno derecho de la hermandad. En todo caso, casi siempre, el resultado es el mismo. Van por la vida y por la carretera casi solo (¡menos mal que están los amigos!) como si fueran desahuciados, o jodidos locos, viciosos y adictos al veneno de la gasolina como si en la vida no hubiera más cosas hermosas... No voy a poner más ejemplos, basta el que he descrito al principio, un tío trabajador, padre razonable y obediente esposo que ya ni siquiera hacia 2000 kms al año a la moto...

Especial mención para un subgrupo de la hermandad. Resulta que hay tipos que, de no tener hijos, darian un sonado portazo, volverian a volar un poco y, muchos de ellos, estarían, además, emparejados con el tiempo con alguna chavala (motera o no) algo más semejante... pero como nuestro protagonista ya tiene descendencia y no quiero que sus niños sufran su ausencia, tira pa’lanté y aguante el tipo. Cuando, cada equis años, da de bruces con una mujer que le busca y con la que haría buenas migas se tiene que aguantar las ganas, contar hasta diez y pensar por qué criaturas tiene que hacer ese sacrificio del corazón. A ellos, que existen, mi más sonado aplauso. Hay gente que no entiende a qué me refiero o qué sacrificio hace ese personaje pero hacerlo lo hace. De vez en cuando te encuentras algún miembro de la hermandad con este plus.

No quiero dar a entender que todos somos unos santos del diez. Sí, por supuesto, claro que hay casos justificados, sí, sí… claro que hay fichajes que se merecen palos y que los aten corto y todo eso, efectivamente, pero esta tribulación no va dedicada a los que se pasan ocho pueblos sino a los que solo quieren seguir disfrutando de su pasión, de manera sopesada, y aún así se encuentran con movidas difíciles de digerir. Si durante años brindamos diciendo “por nuestras mujeres, ¡que no enviuden!” quizá habría que inventar otro brindis que diga algo así como “por los ‘viudos’ de la carretera, que no desfallezcan”.


No todo lo que devora nuestra pasión es agradable... tal vez solo nos quede la vida del guerrero (vale, ya estamos dramatizando pero sé que me entendéis). Moto y carretera, moto y “guerras” dónde disfrutar, saltando vallas y evitando baches. Va por ustedes, miembros de la “hermandad de los viudos”. Que nadie os baje de la moto en contra de vuestra voluntad, ni la DGT ni la crisis, ni las amenazas, ni nadie, que ya llegará el tío Paco con las rebajas cuando el parkinsón no nos deje frenar. Hasta entonces volemos de vez en cuando, para eso nos crearon con alas.

Otra vez la llamada de las 24 Horas…

La cabra mecánica tira al circuito o a la carretera, no falla… y si no tira se acuerda bien de las fechas. Dentro de pocos días (16, 17 y 18 de julio) se celebra una nueva edición de las queridas pero no demasiado conocidas 24 Horas de Montmeló. Hubo una vez una carrera extraordinaria que se corria en una montaña mágica y entrañable de Barcelona. Una prueba mítica que nos hechizo durante años, antes y durante las ediciones que tuvimos la suerte de ver en directo. Eran las 24 Horas de Montjuic. Inimitable, poderosa, cañera... cada año, durante el mes de julio, se cerraba el parque (acampabas antes para no pagar y tener la moto controlada junto a la tienda de campaña) y el sábado volvias a disfrutar de la magia de la gran prueba de resistencia. ¡Qué empacho de motos! Te deleitabas observando esas verdes y potentes Kawasakis de los franceses, esas roncas Ducatis "Indo" enfilando, año tras año, la subida hacia El Estadio mientras esperabas la noche para perseguir esas luces amarillas que serpenteaban con endiablada velocidad aquel técnico trazado. Cañellas, De Juan, Grau, Leon, Chemarin, Roche, Huguet, Reyes, Garriga, Cardús y tantos otros... hasta 1986. Todo eso pasó y no volverá. Ahora tenemos un presente distinto y habrá que aprovecharlo también... Resulta que cada dos o tres años, por un motivo o por otro, el que esto escribe siente “la llamada” de las 24 Horas. Es como el viaje a Elefantes o al TT, un viejo sentimiento cíclico, imperturbable, redundante, conocido, agridulce cuando ves que no puedes alcanzarlo… 

Esta vez la “llamada de la selva” ha sido “culpa” de unos amiguetes que van a correr este año la carrera. Claro, fue nombrar sopa y pan en casa del hambriento y los ojos se abrieron como platos. El viejo cosquilleo volvió a levantarnos de nuestros asientos y empezamos a pensar (y luego a mirar cómo iban a montárselo). ¡Hombre, eso no se cuenta, que nos ponéis los dientes largos! Decía hace pocos días, en otra web, que no solo de mundiales vive el buen aficionado a las dos ruedas. Y si es español, con mayor motivo: tenemos la suerte de tener varios campeonatos regionales y nacionales de gran nivel aunque las tribunas se vean demasiado vacías cuando se celebra una prueba. Una auténtica cagada que a algunos nos hace dudar de ese dicho tan popular que reza algo así como que “tenemos la mejor afición del mundo”… me parece que no, pero no vamos a entrar en eso hoy. (Tampoco se entiende otras cosas vinculadas al CEV: afortunadamente, tenemos multitud de circuitos modernos por toda la geográfica pero se siguen repitiendo pruebas en algunas pistas en un mismo año, curioso). Pues sí, no solo de las motos de la tele se vive. Aquí un buen ejemplo. Quiero decir, llega Assen, se acaba junio y, a los pocos días, llega siempre una cita inolvidable, antigua y moderna, una cita llena de recuerdos evocadores y sensaciones únicas. Sí, durante tantos años el mes de julio nos ha traido una carrera única, peculiar, dura y que enamora a un tipo de pilotos y aficionados muy, digamos, cañeros. Lejos de los focos, con una popularidad discreta, allí están las 24H, esa “marca” que todo buen corredor de motos debería degustar alguna vez. Seguro que es innecesario pero os cuento más cosas. Continuadora, en gran medida, de las míticas 24 Horas de Montjuic, las de Montmeló arrancaron en 1995 como “herencia” y constancia de esa gran afición que linda con el Mediterráneo. Supongo que el sentimiento de perpetuar la tradición fue la idea básica cuando se organizó por primera vez la cita en el moderno trazado mundialista. Lo de Montjuic es, simplemente, irrepetible, parte de una preciosa historia que, por desgracia, no podemos volver a vivir ni siquiera como espectador por lo que toca mirar pa'lante. Y es que, además, para algunos, las pruebas de resistencia son muy especiales, hay magia en la moto rodando por la noche... 

Hayas vivido o no alguna prueba la idea de rodar durante tantas horas en una carrera tan dura supone un reto difícil de no engatusar a cualquiera. Las de Montmeló, además, combinan varias razones muy atractivas: se corre en una pista mundialista, larga y adictiva, se mezclan profesionales con aficionados, todavía queda cierta sensación de buen rollo y, según la preparación de tu moto, puedes participar encuadrado en una u otra categoría. Y claro… aparcando en el parking o en la cola de mercado piensas en ocasiones ¿podremos correrlas alguna vez? Es triste, ¿cuántas veces he pensado en el presupuesto que seria necesario?... o mejor dicho: ¿cuantas veces he pensado cómo conseguirlo? ¿Esto ya pasa de vicio a obsesión? Pues tal vez pero, como el gas, tal como sube la euforia y las ganas… bajan, hasta que se repite de nuevo el ciclo. Ahora estamos en pleno “pico” de la curva y por eso estoy escribiendo esta tribulación… para desahogarme. Resulta que tenemos equipo humano, ganas, disciplina para ponernos en forma... casi diría que hasta tiempo para hacerlo holgadamente pero, como siempre, dos interrogantes y un imponderante... ¿de donde sacamos la pasta para correr? Porque aunque el objetivo fuera muy modesto (¡terminar la prueba!) hace falta muchos euros para comprar recambios, pagar licencias, inscripciones, monos, logística, etc, etc.. luego el otro interrogante… ¿seré capaz de clasificarme? Creo que sí pero… ¡tampoco lo sé a ciencia cierta! Gracias a un buen amigo que sí las ha corrido en un par de ocasiones este pequeño sueño sigue adelante. El es el carburante de la pasión que vivimos porque la ilusión anida en su corazón y eso es algo muy grande, un tesoro, algo que debemos cuidar entre todos. Si la cosa se entona al final y se puede correr gracias al concurso de un patrocinador el día a día cambiará, comenzaremos a vivir una cuenta atrás insólita, emocionante, viviremos un viejo sueño que tenemos desde niño, algo muy, muy GRANDE. Y si no estamos a la altura para correrlas como piloto el que esto escribe seguirá en el barco aunque sea para apretar tornillos o echar gasolina. El equipo es más importante que las individualidades, está claro. La verdad es que tal vez en unos meses decidamos si continuar adelante o no… en octubre posiblemente tomemos la decisión. 

Sí, seria hermoso luchar a brazo partido para terminar la prueba pero las cifras conocidas son algo mareantes... Teniendo en cuenta que hablamos de un equipo modesto, lleno de amigos que no cobrarian nada y cuyo único objetivo seria terminar la prueba, las cifras no son nada triviales: unos 3000 euros en neumáticos (un juego cada dos horas, aproximadamente), 500 euros en pastillas de freno, unos 700 en gasolina, etc, etc, por no hablar de la logística, equipo de repostaje y del equipo humano necesario (imprescindible un buen fisio o una amiga que nos de un pequeño masaje entre relevo y relevo). Por supuesto, son cifras aproximadas y en plan modesto. Como de costumbre, estas cosas nos recuerdas que tenemos una pasión muy cara, mucho. Sin patrocinador nos podemos despedir del sueño… otra vez. ¿Cuántos pilotos? ¡tres! Ya con tres nos parece algo desvirtuado… con cuatro nos parece ya totalmente fuera de lugar. La resistencia fue siempre cosa de dos pilotos. En Montjuic, (desde 1982 si no recuerdo mal) ya se empezaron a montar equipos de tres pilotos. Como nos contaba la otra noche, un siempre simpático y afable Min Grau (sí, el rey de Montjuic), cenando en su pizzería, a este paso permitirán 24 pilotos, ¡uno por hora! Vale, es una exageración pero se entiende la moraleja. Por cierto, he puesto la foto que nos hicimos todos los amigos que nos reunimos allí. ¡Qué grande fue juntarnos aquel viernes! Hablar de las 24H fue inevitable, agradable… Luego pasamos por Paddock, otro escenario favorito para los madrileños. Solo faltó, precisamente, poder acudir a la fiesta de presentación de los amigos que corren este año las 24H pero no hubo manera de llegar a tiempo. Lo dicho, en pocos días arranca las 24 Horas. Entrada gratuita, outlet, carpas, ambiente (bueno, si realmente hubiese más público tendriamos más ambiente), pruebas de scooters, incluso posibilidad de que dos míticos campeones de las 24H de Montjuic (concretamente, Mín Grau y Luis Miguel Reyes) os hagan de guía, etc, etc, suena bien ¿no? Para terminar quiero mencionar la visita que hicimos el sábado al merecidísimo homenaje que recibió Alex Crivillé en su pueblo natal, en Seva. Vaya curvitas que hay llegando, ¡así salió su campeón! 

Importante, por fin un homenaje en vida a un campeón humilde y grande como pocos, el único que tendremos de la extinta categoría reina de 500. Alex estaba emocionado, rodeado de amigos, paisanos, pilotos (Carlos Checa, Nani Roma, Nieto, etc), autoridades... Su estatua giratorio en bronce es una pasada y algunos locos esperamos que se convierta en un nuevo lugar de peregrinaje para muchos aficionados, nacionales y foraneos. Fue una tarde estupenda... y para rematar, como de costumbre, allí, en Seva, nos encontramos con más amigos: Olga, Roque, Peter, Manu y Jeni. Un abrazo racing y especial para Tono, Gregorio, Elena, Tomás, Isma, Alicia y demás amigos "polacos"; también para una gran motera que ahora lo está pasando un poco mal, Cristina, la amazona de la VTR. Al final no pudo acudir pero nos tuvo en su pensamiento (nosotros también nos acordamos de ti, Cris). No puedo cerrar esta entrada sin exclamar para terminar lo siguiente: ¡acojonante el viajecito hasta alli con Edu y Julito! Vaya dos "hechizeros" de primera, imposible que no truene y diluvie con vosotros, da igual que sea julio que enero que septiembre. Como siempre, lo mejor de subir a esas tierras y viajar con vosotros es compartir unas horas todos juntos. En fin, bandera de cuadros... que nos quiten lo bailao. 

Long live rock and roll, long live 24H! Ojala podamos cerrar el círculo que abrimos en 1982.

Ayer, hoy y siempre... Santiago Herrero.

Muy pronto hará cuarenta años que ocurrió, Santi, en aquellos calurosos días de junio que algunos, pocos, recuerdan todavía. Ha sido inevitable escribirlo o comentarlo una y otra vez estos días, mientras vuelven a rugir los motores en la isla, evocando que los cambios de siglo no cambian en absoluto algunos pilares básicos de nuestra existencia.

Sí, la tragedia ocurrió haciendo lo que más amabas en el circuito que más adorabas pero apenas sirve de bálsamo para las heridas. El tiempo se detiene al relentí una y otra vez si lo piensas porque el ayer y el hoy a veces se confunden por culpa de los sentimientos y la tradición. Y más allí, en la isla eterna, dónde las cosas solo cambian un poquito cada mucho tiempo. ¿Quiénes pueden entender, con exactitud, qué os impulsaba a ser los mejores? Queda tan lejos de nuestro pobre entendimiento... solo vosotros podéis hablar con conocimiento de causa.

Es hermoso, estoy seguro que nunca hubieras podido imaginar que, cuatro décadas después, por fortuna, muchos, muchisimos aficionados, te recuerdan y te admiran. Resulta agradable descubrir cómo, incluso, mucha gente joven te empieza a descubrir ahora, deslumbrados. Ojala fuera por cumplir otro aniversario, ¡¡el de tu primer título de 250, por ejemplo!!, pero los héroes que os hacéis leyendas tomáis a veces ese dificil camino que los simples mortales tenemos vedado.

Ibas a rebufo de una gloria más que merecida pero el destino te la apartó dos veces de tus manos de manera injusta. A ti, con lo veloz que eras, todavía cuesta de creer... como si fuera una trágica broma pesada. Primero en 1969, con aquella inoportuna lesión que te privó de un merecido título que ya era casi tuyo y de Ossa. Luego, en la maldita milla 13, bajo ese sol estúpido e inusual que colaboró con la tragedia. No hubo una tercera oportunidad. El TT fue tu tumba, allí, dónde residia tu corazón y cabalgaban tus pensamientos. El mazazo no pudo ser más duro, más cruel. A ti..., todo humanidad, todo campeón, todo piloto, para muchos el ejemplo perfecto de motorista de carreras, el mejor de todos los que tuvimos. ¿Esta vida es justa? ¿Tendrán razón los que dicen, como Julio Verne, que esta vida al final lo es? yo sigo pensando que no. Quizá algún día opine de otra manera pero no puedo comprender tantas cosas todavía que me resulta imposible pensar así.

Es inevitable volver a mirar esas bellas fotografías en blanco y negro, imaginar en nuestra cabeza esos sonidos del ayer, vislumbrando, con más fantasía que realidad, esos viejos y peligrosos trazados que, sin embargo, enamoraban y mataban casi por igual. Recuerdo perfectamente cuando mi padre me contaba tus hazañas o cómo trazabas algunas curvas en El Retiro, como ganaste en el Jarama aquel Gran Premio lluvioso o la de virguerias que tenian que hacer con tus neumáticos para ayudarte en esas tumbadas increíbles que te marcabas... ¿Qué pasión latía bajo ese mono negro para perseguir los sueños a toda costa?, ¿hasta dónde hubieras llegado? ¿con qué marca hubieras fichado para disputar otros mundiales, tal vez en la categoria máxima? ¿cuantas carreras nos perdimos todos, cuantos momentos dejaron de existir en el futuro?, ¿de qué pasta estabas hecho, Santi?

Tal vez solo pueden empezar a comprenderlo los que han decidido vivir al sur de la razón. Porque la pasión nada sabe de ella, se instala en otro sitio. Cuantas veces pregunté de joven qué era necesario para tomar la senda del guerrero, la del piloto de carreras... afición, talento, medios, tesón, capacidad de sufrimiento, coraje, buena suerte, mucha... sí, todo eso era necesario, sobre todo buena suerte, sea lo que sea realmente (y de ahi la foto que he puesto, esa foto tan emblemática, tan bella; esa imagen que simboliza la dos caras de la misma moneda, tú y tu amigo Angel, cara y cruz, dos grandes, dos destinos...).

Todas esas cosas eran necesarias en la formulación del campeón, del piloto de velocidad pero, aunque tardé años en comprenderlo, al final lo más importante me lo enseñaron en casa hablando de ti. Lo más importante era el corazón. Ni siquiera el hecho de que fueras EL MEJOR se explica por si solo, no, el secreto, la causa, residia bajo el pecho. Allí estaba latiendo ese pistón que impulsaba a seguir una y otra vez, a levantarse, a correr lesionado, a sobrevivir a todo tipo de sacrificios sin perder la sonrisa. El secreto era ese, el corazón, tenerlo o no tenerlo... y si lo tienes, ponerlo en todo lo que quieras lograr, en cada día de tu vida, casi en cada curva, en cada sonrisa, en cada gesto. Solo así, tal vez, tengas una oportunidad. Ese fue tu legado para nuestras generaciones: tu ejemplo y tu pasión. O dicho de otro modo: tu corazón, dónde habitan los sueños...

Héroe, leyenda... y también un gran ser humano querido por todos. Es increíble, todavía no tienes una curva con tu nombre en ninguno de nuestros numerosos circuitos de velocidad. La federación y otros organismos no te han dado el homenaje que te mereces... pero muchos admiradores lo hacemos modestamente cuando hablamos de ti. Gracias, Santi, por ser inspiración de padres e hijos, de amigos y rivales, de tantas personas famosas o anónimas, grandes o pequeñas. Imposible olvidarte, campeón. Todos quisimos ser alguna vez como tú.

El jamón de Le Mans y otros mitos modernos…

El viejo de la montaña me despertó con un par de acelerones suaves. Yo no lo sabía pero estaba ya en otro mundo. Miré a mi alrededor y no vi edificios ni coches… solo una sinuosa llanura rodeada de montañas nevadas. Junto a mi cabeza, mi moto vibraba al compás de aquel mítico escape que me regalaron mis amigos en cierto cumpleaños. Sobre mi vieja montura, con una sonrisa dibujaba en su viejo rostro, un tío que no conocía pero que vestía mis viejos cueros de guerra. Sus ojos me hicieron confiar en él. Era gracioso, lucia un look decididamente hippie pero no lo era. En un instante, dejó que el motor enmudeciera y me recordó, con ternura, quién era y qué hacia allí. El camino, el anterior camino, había concluido, me dijo. Antes de continuar y hablar de la nueva ruta me pidió un pequeño peaje: que le contara una bonita aventura que hubiera vivido en la Tierra. Acepté. Entre nebulosas de 95 octanos y pequeñas confusiones de fechas y sensaciones pude elegir unas cuantas muy especiales… de entre ellas, sentado sobre aquel verde infinito que me recordaba al de Assen, me decidí por una muy, muy querida. No había sido la última pero sí una de las más hermosas que tuve ocasión de disfrutar.

Resulta que antes del fin del mundo varios rockeros motorizados (aunque a alguno no le gustaba la música rock, todos eran viejos rockeros de cuero negro y motos brillantes ¡aunque NO custom!, no lo dudéis) decidieron hacer un precioso viaje juntos durante unos días de un caluroso mes de mayo hacia el mítico circuito de Bugatti-Le Mans.

A todos les vino bien... bueno, realmente, ¿cuándo viene mal?, me pregunté. De repente, los recuerdos se atascaron en mi casi inaugurada consciencia. ¿A todos nos vino bien? ¡Más que eso! Comencé a recordar un poco mejor...

Fue el primer viaje en moto con dos amigos increíbles e irrepetibles: Isma y Martita. El estaba muy tocado, ¡dicho con cariño!, más pa’llá que pa’cá, intuí que pertenecía a mi tribu o a una de la zona. Una vez me dijo con sabiduría y sinceridad que “había salido del manicomio a cambiar ruedas y que ya no volvió”… Un tio grande, motero con solera y muy divertido. El nen, con un par, se bajó de su pueblo hasta Madrid solo para salir con nosotros y hacer todo el viaje juntos. Los más de setecientos kilómetros extras que se había comido el día anterior por ello era lo de menos. Así vivian y sentian esos rockeros de antaño: lo primero los sentimientos, luego pagar como fuera la gasolina quemada, ¡”no problemo”!


Pero si grande era este zumbao ¿qué podemos decir de los demás miembros o amigos íntimos de nuestra Peña Los Cariñosos? Vamos a ver, que el orden no altera el producto... Teníamos a una niña torbellino, Martita, motera por las cuatro esquinas, por todas sus cachas, que se apuntó a su primer viaje largo con su habitual simpatía, generosidad y desparpajo. Afortunadamente, iba de amarillo, ¡buen color para distinguirla en tramos rápidos, menos mal! Fue la primera piloto que vi bailar sobre los estribos a casi 200 y no una ni dos ni tres veces durante esos fantásticos cuatro días que duró el viaje. Martita-Dinamita, la mujer inacabable, tenía y tiene tanta energía que podía recargar las baterías de todas nuestras motos, ¡qué chollo! Lo primero que hicimos cuando se unió a nuestro grupo, pasado Aranda, fue saludarla: “¿Y el jamón, niña?” Ah, que no os he hablado todavía de los otros participantes del evento. Resulta que el Edu (el tio más ociosamente ocupado del mundo mundial) tenia boda el viernes noche… ¿Cómo iba a venir? Solo le quedaba la posibilidad de hacerse de un tirón el viaje hasta Le Mans el sábado, pasar la noche en la fiesta que otros amiguetes de Barna nos estaban preparando y, ya el domingo después de las carreras, comenzar el regreso con nosotros, en resumen, ¡vaya palizón! Pues lo hizo. Bien es cierto que, por fortuna, se espero para acompañarle el gran Nakedo en un rasgo que le honra también como caballero de las dos ruedas. “Er pirito” se marcó un viaje tranquilo y a saco, según las compañías. ¡Qué canalla estaba hecho el grandullón!, volviendo fue un disfrute racing ir detrás de él: cómo inclinaba con los pies en los estribos traseros, ¡a punto de inventar un nuevo estilo! Pues eso… subieron el sábado, del tirón, todo el día sobre las nakeds 600. En resumen, ¡otro par con un par!


¿Y qué decir de mi padre? El tio desarmó la pinza de freno trasero justo en la salida de la ruta, inquieto porque seguía sin ir bien (frenaba ligeramente el disco). Más feliz que unas castañuelas por el viaje que se avecinaba esa noche apenas durmió (como siempre) y durante muchos días no le dolió nada, ni antes ni después del evento. Volvió a recuperar la salud gracias a la moto, su primer amor.

Por mi parte, fui a comprar una tienda de campaña nueva pequeñita por si acaso nos hacia falta… la llevaba él en mi vieja Fazer, aquella moto polivalente que tantas alegrías me dió antes de pasar, definitivamente, al lado oscuro. Pero por si fuera poco, la mítica Yamaha roja tuvo que lidiar con otro invitado en su portaequipaje: un jamón serrano con pata y todo que encargamos, días atrás, a la motera del grupo. ¿Os imagináis su preciosa R6 con el jamón a cuestas? Pues casi sucede. Al final el invitado silencioso (no, no soy yo, ¡me refiero al jamón!) fue de copiloto con mi padre y, al día siguiente, con Isma y su Honda Rothmans…por fin ví de cerca una auténtica Honda pata-negra (¡como las que decía a veces Valentín Quepena por la tele!)


Demasiadas anécdotas… algunas imágenes curiosas: como cuando casi nos quedamos sin gasolina un par de veces… ¿olía a caquita, decía alguno? ¿Cómo es posible chuparse un depósito, una y otra vez, después de apenas 170 kms? ¡No recuerdo la crisis del petroleo de los años setenta pero recordaba eso! ¿Y esa imagen épica de rodar alegre por tu carril… mirar por el retrovisor y ver a la niña de amarillo Dainese agachada en su R6 pasándote por la izquierda a una velocidad impublicable? Fue inevitable que los pilotillos “HRC” se mirasen asombrados y apuraran la sexta con una sonrisa bajo el casco, antes de tirar de frenos con cierta clamor para no terminar el día junto al “Doctor Costa”. ¡Herejes! En un mundo donde está casi prohibido reír y ser feliz decir esas cosas está casi tipificado como delito.

Y solo un figura como Isma podía perder su entrada, poco después de comprarla con mil amores. Cojonudo. Nos dimos cuenta casi dos horas después… volvemos y ¡¡la encontramos en el suelo, intacta!! Para celebrarlo nos hacemos una bonita foto brindando con cerveza, bajo las alturas donde posa una de las cámaras. Lo mejor de aquella velada fue cuando, por fin, llegaron Edu y Nakedo. Eran casi las diez de la noche, día heavy, como era previsible… Cuando les falta trescientos metros para llegar a nuestro campamento base, van ¡y les paran los gendarmes para pedirles los papeles! Menos mal que luego, junto al fuego, después de una cena opípara (¡gracias Roque por tus atenciones!) pasamos unas horas de infarto rodeando el fuego que algunos se encargaron de buscar y meter en un bidón. ¿Era la danza de la lluvia? No, no llovió esa noche ni al día siguiente. No sé que convocamos pero pasó medianoche y el que lleva el pircing en la lengua nos enseñó un peligroso juego que consiste en estar sentado cera de él y oírle gritar metódicamente “uno… dos… ¡tres!” justo antes de agacharse hacia tus genitales y dejarte totalmente acojonado. Esa foto no tiene precio…pero no la voy a publicar ja,ja


Tampoco tiene precio la instantánea que logró capturar con acierto Edu mientras el decano del grupo, y el que perdió la entrada temporalmente, hicieron una auténtica demostración del “baile del avestruz”… sinceramente, ¡pensaba que los dejarían entrar gratis al circuito! Qué “jartá” a reír nos metimos entre pecho y espalda.

Y volvemos al jamón, el mito moderno de los años siguientes… ¡como nos miraban desde sus coches o sus motos algunos franceses durante el viajecito! La estrella del viaje llegó intacto a Le Mans, ¡¡lo juro!! Pero allí comenzó a morir con honor, entre vítores de campeón. Aguantó hasta el día “D”, ese glorioso domingo, bajo un sol implacable, allá en la pelousse. Fue impresionante el reparto que se inventó mi padre en mitad de aquella ladera del circuito. La mayoría de las francesas (¡mira que había pocos tíos a nuestro alrededor, qué bien!), al principio, no querían coger ningún trozo o lo hacían con cierto respeto o casi sin ganas… pero luego esa actitud cambio. El viejo maestro decía en su vieja verborrea hispanofrancesa algo así como “¿Lo queréis, con yerbé o sin yerbé?” y la mayoria repitieron. Sin duda, momento espectacular del fin de semana aquella mañana en la que, salvo los pilotos, fuimos las “estrellas de la pista”. Aunque para estrellas de verdad la afición y los franceses que, en las calles, nos saludaban a todos después del Gran Premio. ¡Qué bonito! Siempre es de agradecer sentir ese calor y esa cultura motera. Siempre lo dije: "Francia, país de los moteros".

Al anciano que seguia montado en mi moto no le conté más momentos felices de aquellos memorables días llenos de libertad y amistad. No le conté las charlas nocturnas, ni el momento playa o piscina del lunes. La excusa fue asistir al Gran Premio de Francia, sí, pero lo más grande lo vivimos entre nosotros. No falla, siempre nos sentimos vivos cuando pasamos por ello. Aunque fuera por pocos días, la “enfermedad” nos dejó buenas sensaciones, ser como somos en realidad. Todo un logro.


Por último, aquel reflejo de mis ancestros e ídolos me preguntó cual seria mi camino ahora, qué dirección tomaría. Mire la palma de mi mano derecha y vi un número impar tatuado. Os podéis imaginar mi respuesta. El destino, como suele decirse, no importa mucho. Dame carretera, charlas y amigos, no necesitamos nada más. Se bajó de mi moto satisfecho y me dejó comenzar a explorar el nuevo mundo que me había encontrado después del último sueño. Lo hice feliz y expectante porque recordé una frase de otro viejo amigo, Antonio, cuando una vez nos dijo “Algún día todos rodaremos juntos en otra dimensión”. Ese seria mi próximo destino, buscarles a todos y volver a las andadas.
Vss y a seguir disfrutando.


"No busques al amigo para matar las horas, sino búscale con horas para vivir." (Khalil Gibran). Con agradecimiento y admiración hacia Luis Sr., Marta, Isma, Nakedo y Edu. Con vosotros al fin del mundo, de cualquier mundo. Más que el viento.

Querido Jarama...

Ha sido inevitable admirarte una vez más, querido amigo. Hace unos días fuimos a verte un buen número de devotos feligreses, habidos por reencontrarnos contigo, monumento y símbolo de nuestra pasión. Yo me llevé a mi hija para que, por fin, te conociera. Una vez más, cruzamos tus boxes emocionados antes de mirar, con una sonrisa en la cara, esa bella rampa de Pegaso y esas curvas tan emblemáticas como Le Mans o "la ciega".

De nuevo, las mismas sensaciones y las mismas preguntas: ¿cuantas gestas, cuanta historia, cuantas batallas se libraron en tu trazado? Hace ya mucho tiempo, mi padre vio, en una misma jornada, perder y ganar un título en tus curvas a nuestro Angel Nieto. También contempló al gran Santi Herrero ganar en tu pista el Gran Premio de España, en un lluvioso día de 1969. Yo vi, y todavía recuerdo un poco, diez años después, a Barry, Roberts y Hartog disputarse la victoria de 500. Luego llegaron otras carreras, muchas, nacionales o internacionales, grandes premios, pruebas del Europeo, carreras de las Motociclismo Series, las 12 Horas Cibie, etc, etc. Recuerdo al bueno de Harada y al inimitable Schwantz celebrar, frente al Supersiete, sus títulos en 1993. Años después, vimos el último G.P. disputado en tu pista, amigo: ¡el Gran Premio de Madrid! Fue en 1998, cuando ganó Checa su última victoria en 500. A Doohan le sacaron pronto de pista. Gibernau hizo una memorable carrera con la Honda bicilindra mientras el bueno de Crivillé se complicaba la vida. Cómo pegaba el sol aquel día, una vez más, ¡cuantas veces volviamos a casa quemados en todos los sentidos! Ahora no me olvido de la gorra y es raro que me quede en manga corta. Eso ha cambiado pero también otras cosas mucho más graves. Ahora estás casi olvidado y defenestrado, viejo amigo, eclipsado por esos circuitos inhumanos diseñados por ordenador, planos o aburridos, donde priman los motores más que otra cosa que rima con esa palabra.

Querido Jarama, sabes bien que no hay año en que no nos vuelvan a asustar con malas noticias. ¡Que ganas tienen algunos de acabar contigo y con los de tu especie! ¡Cómo se nota que lo único que interesa a algunos poderes es el valor económico que está en juego!

¿Qué te has quedado pequeño para las grandes divisiones del motor? ¡Pues que te utilicen para la cantera, para los aficionados y para los campeonatos nacionales! De cajón de madera de pino. Ah, no, que es otra cosa... ¿qué molestan mucho nuestros ruidos a los señoritos que viven en su urbanización? ¡Cómo exageramos, señores! Además, ¿quién llegó antes?, ¿o es qué los "pobres" que viven allí fueron obligados, "realojados"?


Ah, no, que es mejor tener otro circuito más moderno... entonces ¿sobras tú?, ¿por qué? ¿qué tonteria es esa?, ¿será que no hay afición en la zona centro? ¡mira que hay que leer o escuchar bobadas cada año! Tú, la pista que más Grandes Premios de España ha albergado no mereces ese destino cruel que algunos desean y planean desde hace años. Casi a partes iguales, qué tremenda ignorancia y malicia demuestran los poderes y las voces que permiten y exclaman esas barbaridades.

Querido Jarama, el pasado fin de semana asistimos a la segunda edición de tu Classic Moto. Gran evento que no pensamos perdernos en los próximos años. Muy bien organizado y con una participación alta, tanto en calidad como en cantidad. 

Fue, como era previsible, un auténtico viaje en el tiempo. Una vez más, tu legendaria pista, el circuito permanente en activo más antiguo que tenemos, sirvió de catalizador perfecto para ver, escuchar y disfrutar de unos hombres y unas máquinas que, terriblemente, antes o después, desaparecerán para siempre. No de nuestros corazones o de nuestra memoria pero sí de la realidad. Eso es lo triste. Durante dos días pudimos ver mecánicos de verdad (no solo cambiadores de piezas) que mantenían con mimo y sabiduría motocicletas de competición tan bellas como rudas y peligrosas. También contemplamos carpas y pequeñas roulotes accesibles y amigables, y esos puestecillos de camisetas, ésta vez, liderados por diversos campeones de antaño. En suma, ese ambiente festivo que ya apenas se puede disfrutar en casi ninguna competición moderna. Un ambiente parecido al que vivieron los mejores pilotos del mundo durante varias décadas... qué envidia. 


También fue glorioso comprobar que solo tú, viejo compañero de aventuras, fuiste capaz de reunirnos a un montón de viejos amigos. La mañana fue larga e intensa y el bullicio de saludos, apretones y risas también. Por la manaña, con Tomás y Gregorio, que ya volvian a su tierra. Luego con Julito, Santi, Raquel, Paloma, Oscar, Edu, Luisito, "Choncho"... etc, etc, etc, perdimos la cuenta. Eso sí, faltaron algunos, una pena, hubiera sido una buena excusa para disfrutar de lo lindo. Echamos en falta no ver a Tono de Barcelona, a Luis Dios (la segunda vez que no coincidimos en un evento programado) y, también, eché en falta encontrar por allí a Toroloko y a Kevin del Club2T.

Fue fantástico, querido Jarama, ver en tu paddock y en tus boxes docenas de viejas motos de 2T, sí, esas motos que parece que hemos enterrado entre todos, medio malditas, esas auténticas motos de carreras que solo podian manejar con talento una minoria de pilotos de élite. Desde la carrera de La Bañeza creo que no oíamos tantos tubarros juntos. Apoteósico. Tenia ganas de contemplar una 750 de verdad, de las que ganaban carreras y campeonatos. No fue nada dificil encontrarlas en los boxes. Por supuesto, aparte de algunas viejas glorias nacionales estaba claro que marca japonesa nos alegraría la vista y el oído. Y ninguna marca nipona podia ser salvo la que más se identificó con los motores de 2T: YAMAHA. Allí, "esperándonos", estaban varias motos de los tres diapasones. La perfecta TZ500 de Agostini, varias 250 (para, por ejemplo, Eric Saul, Carlos Lavado o la de C. Sarron) pero, sobre todo, la más grande y brutal, la Yamaha 750 del americano Steve Baker, sí, ese gran piloto que viste siempre de Furygan, el amable piloto que fue campeón del mundo de esa cilindrada, el primero americano.


Pudimos también encontrarnos con un afable y simpático Carlos Lavado, más moreno y bajito de lo que imaginaba. Fue divertido recordarle que ganó aqui en el 86 después de caerse en la primera vuelta. El no le dió mucha importancia. Grande. También pudimos reirnos y hablar un buen rato con amigos como Luis El Mudo (que, por supuesto, ya se habia fotografiado de nuevo con su amigo Agostini y demás viejas glorias), el gran César Gracia que nos enseñó su bella Lube (la primera marca de Santi Herrero) y, al final de la jornada, con la panda de Barajas. No conseguimos localizar a Champi Herreros y nos fastidió saber que no habia venido Joan Garriga aunque sí teniamos muy cerca una preciosa Cagiva roja... la número siete de 1991 que, por aquel entonces, pilotó el gran Eddie Lawson. Qué belleza italiana, qué silueta más estilizada... y qué pequeñita. Me dejó impresionado. Un viejo "amigo" y jefe de Lawson, Agostini, estaba por allí cerca. A por él que nos fuimos con la cámara y el rotulador en ristre. Disfrutamos de su compañia, la del más divo, por supuesto. De repente, mientras esperábamos, me mira y me señala mi camiseta mientras me pregunta por La Bañeza. ¡Me cuesta creer que no conociera esa vieja carrera!, solo puedo contestarle que se celebra cerca de León. Asiste con la cabeza y cambia el "foco". Llegó un momento que, supongo, cansado de tanto fan, dijo en perfecto italiano que ya no se levantaba más de la silla para hacerse fotos. Quién si se levantó de su silla una y diez veces, sin pedirselo, fue el caballero de la orden británica que sí conoce la carrera de La Bañeza. Hablo del gran Phil Read, el Príncipe de la Velocidad. El estaba en uno de mis primeros posters, cuando era nano, en mi alcoba racing. Jamás imaginé que pudiera, algún día, verle rodar y mucho menos intercambiar con él algunas palabras. Sin decirle nada, subió a mi hija a su moto y enseguida nos vimos rodeados de amigos y demás aficionados que buscaban lo mismo que nosotros: tener la suerte de inmortalizarnos con él en una fotografía que guardaremos con cariño en nuestros discos duros y en nuestros albumnes. Le compré un poster que me firmó y que pienso colgar en mi habitación actual (será el tercer británico que me acompaña en esa pared, junto a Mike y Barry) pero, con la "tonteria" y la emoción, se me olvidó pagarle los diez euros que costaba la lámina. Ahi me veis, intentando "tangar" a toda una gloria que he admirado desde crio. ¡Tuvo que recordarmelo mientras ya me despedia de él en mi patético inglés!

Entre otros muchos grandes pilotos nacionales, quiero destacar también la presencia de José Maria Mallol, Paco Rico, Juan Bultó y la de Ricardo Quintanilla... junto a una vieja conocida suya: la Bultaco cazarecords que pudimos contemplar en los boxes, eso sí que es historia. 


La misma moto que el equipo oficial de la marca del dedo rampante llevó, en 1960, al circuito galo de Monthlery (cerca de Paris). Una vez, hace unos años, nos quedamos en la puerta de esa antigua pista pero no nos dejaron pasar dentro. Y hablando de franceses... tuvimos la suerte de ver, entre tanta multitud, o mejor dicho, de que nos viera, otro buen amigo, el veterano pero activo piloto Gerard Rolland. Llevaba alguna foto suya y me firmó una en blanco y negro dónde aparecia con su Ossa de carreras. Ojala nos veamos pronto en algún rally francés. Que inigualable es su preciosa RD350 amarilla con la que todavía da gas en multitud de pruebas francesas. Nos quedamos con ganas de escucharla en marcha pero sé que, antes o después, más allá de los Pirineos, tendremos la suerte de verla de nuevo.

Qué sensación ver tantas motos antiguas aparcadas no solo en los boxes sino bajo pequeñas carpas escoltadas por la correspondiente furgoneta o antigua caravana, casi siempre familiar. La máquina del tiempo estaba todavía en marcha. Vimos esos locos de los sidecares. Qué valor. Qué sensación de estar viviendo la jornada de un Gran Premio de los años setenta. Bajo un sol de justicia (en el Jarama o te quemas o te ahogas) las horas pasaban volando.


Es cierto, nos faltaron mil visitas, cien fotos más para, algún día, poder recordar todo esto con detalle. Mi hija tal vez recuerde esa jornada, no lo sé, ahora solo sabe que se hizo varias fotos con un antiguo campeón inglés que siempre enamoró a los aficionados y a las mujeres. Tal vez esas fotos algún día la recuerden aquel soleado domingo de abril, ese día que su padre, su abuelo y varios amigos parecian tontos de remate. 


GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...