Un sueño que se hizo realidad (crónica del VI Gran Premio de Cintruénigo)



¿Cómo no contar lo que vivimos durante aquel glorioso fin de semana de junio? Obviamente, no pasará a la historia, ni se pretende, pero ha sido una modesta experiencia personal emotiva y cañera, grabada a fuego para siempre en el alma de un viejo idealista que ya no tiene nada que perder por intentar, cuando puede, alcanzar sus pequeñas metas. Una más de tantas historietas casi anónimas que pueblan este mundo de las dos ruedas. 

Aviso que este post es MUY largo. Ojo. Aspirinas a mano si pretendes acabarlo...

Cuando miro a mi alrededor no dejo de descubrir grandes historias de pilotos, viajeros y apasionados casi desconocidos pero que encierran la verdadera esencia de esta pasión casi irracional. Esta vez me toca a mi contar la mía y bien sabe San Brembo (el único santo al que rezo) que no es afán de protagonismo precisamente lo que me mueve a hacerlo. Bien vale contarlo para no olvidar nada y por si sirve para que algún amigo o desconocido se anime a hacer algo similar. Además, toca ser agradecido con toda la gente que nos ha ayudado.

Pues sí, a veces las ideas se materializan. Lo que es la vida, justo tres años y un mes después de que me explotara la idea en el cerebro (mientras comíamos con los amigos del Team Moclava en un mesón de algún lugar de la provincia de Cuenca), al final descubrí “mi” hermosa Ossa 250 de carreras. Por fin iba a participar en una auténtica carrera de clásicas, donde como era de esperar, no faltaban muchos de los ases de La Bañeza o del Cto. de España de la especialidad, casi ná. Sabía que el nivel era alto y que quizá, posiblemente, me estuviera tirando a una piscina sin agua pero así son las cosas, las oportunidades no afloran cada día y a cabezón pocos me ganan, ante la duda siempre tiro pa’lante (así me va…), pero había un motivo importante para participar en este desafío, claro que lo había...

Suelo pensar que en esta vida casi todo es mentira salvo cuatro o cinco cosas sagradas. Una es el amor, otra la amistad, por supuesto tu palabra... otra es la de cuidar y proteger tus sueños, grandes o pequeños. Para mi volver a correr una carrera (y hacerlo con una clásica) era un sueño muy dulce. Ese sueño aglutinaba varias cosas, el desafío de ver si estaba a la altura o no, la simple satisfacción de hacerlo, pagar alguna "deuda" antigua, divertirnos, quemar adrenalina... Para mi gusto ha tardado mucho en llegar pero así funciona este mundo ¿no? Dicen que las cosas buenas se hacen esperar, si llegan…

La idea era correr alguna carrera a la antigua usanza, es decir, en un circuito de antaño, urbano, entre balas de paja y farolas, con el público a pie de pista y cruzando pasos de peatones como si fuera el último día de tu vida. Rememorar esos días, esas motos, esos circuitos… Sentir esa esencia, esa pasión que viví de joven, pero ahora desde dentro, como pilotillo. Sentir esa tensión que todavía recuerdo y que a veces vivo en ciertas circunstancias “piratas” con la moto. Esa sensación de no guardarte nada, de intentar ser quién crees que realmente eres, de darlo todo, de no pensar en nada salvo en el presente. Y quería hacerlo con una moto de las que me fascinaban de pequeño… bueno, y de mayor, una Montesa o una Ossa, las marcas que mamé de crío en casa de mis padres. Quería hacerlo por mí, obviamente, pero también por mi padre... no me equivoqué, ¡cómo disfrutó! También por mis dos grandes ídolos nacionales, vinculados con la marca del trébol en algún momento: Santi Herrero y Ricardo Tormo. También me acordé esos días de mi amigo Gerard y su Ossa, otro maestro...

Al final lo hicimos, sí, pero, obviamente, no sin ayuda. El año pasado lo intenté, quería correr en la prueba de Xátiva en agosto, pero fue imposible. Aquel día fue muy triste por varios motivos. Esta vez ha sido distinto. Y todo, sin duda, gracias a Paco Motos, un tío muy grande, que me envió un correo apenas dos semanas antes de la carrera con el sugerente título de “Una proposición indecente”… Como sexualmente no tenemos feeling, je, je, ya imaginé que era algo relacionado con las dos ruedas y los tubarros. Acerté... Existía la posibilidad de “alquilar” una Ossa de carreras… ¿y cómo fue posible todo esto? pues no fue por pasta, no, fue por una de esas cosas que ya no estamos acostumbrados a escuchar: fue un trato entre caballeros, a tres bandas. El momento era la carrera de Cintruénigo. A mí se me abrieron los ojos como platos… y empezó la cuenta atrás, la fecha estaba a tiro de piedra. Como hacía en otras “épocas”, tuve que sacar la bici del trastero y ponerme las pilas con una dieta que me paso una amiga nutricionista. Solo quedaban doce días, no podía perder el tiempo.

Viernes 15 por la tarde. Empiezo a ponerme un pelín atacado, con la cabeza trabajando ya a medio régimen para que no falle nada que esté bajo mis manos... Atrás quedan dos semanas de trámites federativos, muchas llamadas, algunas visitas para ver monos de segunda mano de una pieza (que encuentro baratos pero que no puedo comprar), de hacer algo de bici casi cada día, de hartarme de verduritas y lechugas, de nadar entre la ilusión y el ligero nerviosismo nocturno, de preguntarme si la cosa irá rodada o no… Cuando me dicen que estoy más delgado, me lo creo, cuando me pregunta algún amigo si estoy "entrenando" o machacándome duro con la bici le digo la verdad: cojo la bici, sí, pero tampoco estoy haciendo etapas del Tour precisamente, básicamente me ayuda que estoy siguiendo la "dieta del cucurucho" y, la verdad, creo que funciona, ja,ja, no, en serio, cuando uno tiene la motivación adecuado, un objetivo claro y atractivo, puede cambiar sus malos hábitos habituales, en mi caso soy un ejemplo viviente como bien saben mis amigos.

Sábado 6h00... me pongo en pie y voy preparando los desayunos mientras repaso mi mochila por enésima vez (joder, ni que me fuera al TT, aquí cada loco con su tema...) Levanto a la tropa que está en coma, claro. Salimos del garaje (el coche lo cargue ya el viernes) justo a las siete dirección Medinaceli. Luego alcanzamos el pueblo de Agreda donde ya nos esperan mis padres en el hostal donde han descansando esa noche para evitar el mega madrugón, mejor. Llegamos pronto a Navarra, esa tierra tan rica en matices, y a las once ya estamos en la vieja estación ferroviaria de este pueblo de nombre un tanto complicado de pronunciar las mil doscientas primeras veces: Cintruénigo (cerca de Tarazona y Tudela, para que os hagáis una idea). Al rato encontramos ya las carpas de los valencianos. Está Paco Motos, por supuesto, y alguno más que no conocemos o que solo conocemos de vista, de alguna tanda en Albacete, de fotos, etc. Son Angel, Juan, Mohedano, don Eduardo... Como era fácil adivinar, todos son grandes tipos y unos pilotos todavía rápidos en estos escenarios… me meo de risa en los que piensan que estos "abuelos" se pasean por los circuitos. Cuando te enteras del "curriculum" de la mayoría de ellos te lo explicas... qué envidia, qué vida llena de pasión, gasolina, amigos, carreras, alegrías, luchas y también sinsabores.

Por supuesto, también descubro, enseguida, “mi” Ossa verde y blanca, naked, con el dorsal 52. Tiene una pinta de pura sangre que quita el hipo. Lleva el puchero de la phatom y está bien preparada para las careras, poca broma con la “niña”, posiblemente del año 71. Paso de cadena fino, aligerada, estriberas retrasadas, colín, carenado opcional, semi manillares, carburador Bing ¡de 54!, una joya… Enseguida le quitamos su dorsal y ponemos el que yo quería, el 31, el que llevo mi padre en su primera carrera allá por 1964, hace “dos días”. Su dueño, “Comandante”, tiene un carácter de perros, no habla, ladra, pero en el fondo es un buen tipo, eso es lo importante. Me pone las pilas enseguida pero yo esquivo sus ataques ja,ja, iremos paso a paso. Mi padre no puede hacer maravillas con el nuevo dorsal, dice que le tenía que haber avisado, hubiera preparado uno de los suyos. El ambiente es cojonudo, hay risas pero también un poquito de "tensión", genial...

Antes de comer con la family, me paseo por el paddock con la Ossa para empezar a conocernos. Cuando escucho su música una parte del cerebro se refresca, me lleva a otra época, cuando era adolescente. El viejo sonido "de carreras", sí señor. A partir de ese momento ese "sonido" me irá haciendo mella, el corazón irá a ritmo. La miro por los cuatro costados, es toda una señora con garbo, algo peculiar de conducir pero también noble y ligera. Delante lleva una goma inglesa, una legendaria Avon, detrás un Bridgestone que no conozco. Me siento y me acomodo, la presento mis respetos. Noto que es tan ligera como había imaginado, que frena poco (como era de suponer, creo que son los de serie o poco más) y que tiene un sonido fenomenal. El tubarro es casi como un jamón, ja, ja, ¡menuda panza! La posición es cómoda para ir de paseo pero no me viene del todo bien para guerrear ya que el colín se cierra enseguida y voy un poco encajado (bueno, con la Ducati es mucho peor por culpa de la altura de su depósito). Ojala llevara un sillín de paseo, voy algo presionado pero, bueno, qué le vamos a hacer. Por lo demás, voy fenomenal, las estriberas y el manillar hacen juego y en recta puedo ir acopladito. Pasamos las verificaciones con un humor envidiable, vaya banda… Mi Laura me ayuda con el material, botas, casco, mientras yo empujo mi montura.. Paco va delante con la suya… las risas son constantes, buena señal. Me miran dos mil veces el AGV para ver si está "homologado", del mono de dos piezas no dicen nada, curioso...



15h30. Entrenos libres. No hay romance sin problemas, ¿verdad? Para empezar, no recordaba una jornada con tanto calor desde la visita a Motorland hace justo un año, cuando, de grada a grada, creíamos divisar oasis o camellos. Con el calor me baja la intesidad, comprobado. Ufff, ¿por qué no habrán venido los dioses de la lluvia, Edu y Julito, para aliviar este ambiente cargado? No podían, lástima. También echo de menos a Raquel, a Martita, a mi meca, el Julito, al maestro Roskachapa y a mi brother, el Isma, pero tenía tandas ya pagadas. No me estoy quejando, todos me han animado estos días, lógico, ¡nos solemos cuidar bien entre nosotros! Agradecer especialmente la ilusión y los ánimos que me ofrecieron amigos como Edu, Raquel, Noe, Santi, Sara y Amara, ¡así da gusto plantearse aventuras! Tampoco podían venir a la carrera los "Tortugas", ya tenían comprometido ese fin de semana con otro sarao motero, una pena. Kevin-Santi vendrán el domingo posiblemente, ¡genial!

Va llegando la hora del entreno. Paco nos hace toda una exhibición de cómo ponerte un mono en apuros ja,ja, luego unas flexiones antes de montarse en su moto, unas de esas famosas flexiones "a lo Rossi"; joder, las risas no paran, vaya banda.. Miro a ver si hay alguna nube en el cielo, negativo. No queda otra, me visto de romano. Estoy algo más en forma estas semanas por la “dieta” y la bici, he bajado incluso algunos kilitos y me noto más liviano, el mono y su cremallera lo agradecen je,je, pero, vamos, que no lucimos cuerpo Danone precisamente ja,ja... Enseguida estoy listo. Salgo al entreno con ganas para comenzar a conocer la Ossa y el circuito. El trazado me lo sé un poco de haberlo visto en papel, en vídeos, lo típico... La recta de meta, una calle de unos 370 metros, mola y termina en una curva de izquierdas tipo garrote (bueno, casi todas las curvas son así de retorcidas; normal, estamos bordeando calles, nada de avenidas) pero es genial, si la haces bien y fuerte, en la misma trazada puedes hacer la siguiente curva, también de izquierdas. El circuito urbano tiene 1400 metros. Los buenos tardan poco más de un minuto.

Empiezo a dar vueltas..., ¡qué sensación más anacrónica! En parte me acuerdo de cuando era el típico motero callejero de quince años que iba medio-aterrorizando a coches y peatones por Madrid. Se trata de ese estilo, el callejero-reventón, el “noble arte de doblar esquinas a toda hostia” (risas). Ahora soy más “razonable”, voy más despacio, ese es el problema. No consigo pasar rápido por ninguna curva, bueno, ni por ninguna recta en todo este primer entreno. Me siento un puto paquete. La moto gira bien pero tengo un serio problema con el gas... problema mío, no de la moto, quiero decir. No sé dónde está el límite del motor de la Ossa, el de los frenos sí. Acelero con ganas pero no es suficiente. Sigo dando vueltas y me voy cansando, no entiendo… Encima, empiezo a ver que esta gente anda un huevo, o huevo y medio. Sí, aquí corre fuerte casi toda la banda, desde gente de 17 años hasta los “abuelos”.

Honestamente, veo que solo estoy conduciendo, nada de pilotar, voy de pena. Ya no me siento un paquete, lo soy totalmente, un rato amargo. Termina el libre, llego a nuestra carpa totalmente destrozado física y moralmente, no me salen las palabras por el cansancio, el sudor me empapa la cara. ¿Cómo puedo estar tan cansado? Lo flipo. Apenas pienso todavía. ¡No me puedo bajar de la moto ni quitarme el casco!, no exagero nada, me dio una pájara cinco estrellas. El mundo se me cae un poco. Fue el peor momento de todo el weekend. No soy demasiado tonto, sé que si esto sigue así voy a hacer un ridículo espantoso e histórico.

Por fin me bajo de la Ossa que está hirviendo. Me tomo lo primero que pillo, una Coca light medio caliente, “cojonudo”. Luego por fin respiro mejor y bebo agua fresquita, mucha. Estoy decepcionado conmigo mismo, bastante. Todos me preguntan qué tal. Lo tengo claro, entro medio bien en las curvas pero salgo de ellas “muerto”, fatal, en las rectas no paro de recibir “top guns” por todos lados. Si sigo así me van a abrir el culo en canal. Esta moto no tiene bajos, vale, lo sabía pero es que tampoco tiene medios, no corre nada si cierras un poco el gas, nada. Manos de pianista dónde estaréis…


Los amigos valencianos, perros viejos que se las saben todas, lo tienen muy claro, me han visto desde las aceras y me confirman mis sospechas. O subo más de vueltas el motor o no voy a ir bien en ninguna parte. Hay que subir de vueltas el imaginable tacómetro (no tiene) hasta que grite a tope, aunque parezca que vaya a salir una biela por un costado, que no tenga piedad, que se nota que voy conservando mucho la mecánica pero no hace falta, que es una Ossa de carreras, preparada para que la den mucha, mucha caña, sin concesiones. Ok, vale, tendré que entrar con un “hierro” menos en las curvas para no bajar de revoluciones el motor y así poder salir de las curvas con cojones porque la moto corre un huevo, me dicen, y no estoy aprovechándola. Que no me preocupe, que soy un novato, paso a paso... lo sé, eso está claro, llevo mil siglos sin rodar con una 2T, pero eso del paso a paso es buen método cuando hay más tiempo por medio…

De repente miro a un lado y veo dos caras conocidas, ¡son Marta y Josep!, vaya, ¡¡que sorpresa!!... han venido desde Palencia a vernos, ¡¡tela!! alucino... La visita me da buena suerte, empiezo a sonreír otra vez, hasta me calmo. Decido que en el crono oficial voy a salir a muerte y si me estrello pues al menos caigo con honor, cojones, porque con la que he montado para estar aquí, con la de personas que han venido a la fiesta, incluyendo a mis padres, a mis amigos, las molestias y las gestiones de Paco, etc, no tiene sentido rendirse tan pronto o salir a pasear el domingo.

Antes del crono, bajo la carpa, revisamos gasolina, repasamos tornillos y apretamos el amortiguador de dirección de la Ossa que se ha soltado por las vibraciones, ¡no será lo único...! Agradecer de nuevo la ayuda de estos locos valencianos, a todos los niveles. Sabíamos que eran la rehostia pero durante el fin de semana han superado todas las posibles expectativas, tanto dentro como fuera de la pista. Buena fiesta la que montan en el supermercado por no hablar del chillout nocturno que llegará esa noche... Y de historias de motos, de hazañas, vivencias y personajes ¿qué decir?, por ejemplo, está allí con nosotros don Eduardo Granell, un hombre entrañable, con 73 años que todavía pilota ligero, otro nuevo ejemplo. Es un placer escucharle y verle rodar. Don Eduardo apenas come, él sí tiene gasolina en las venas. Las motos y las carreras son su sostén vital. El domingo nos contaría muchas cosas, también recuerdos. Por ejemplo, que se retiró oficialmente del Campeonato de España en ¡1971!… también algunas de sus carreras contra el gran Santi Herrero, contra un joven Nieto, con los Cañellas, Bordons, Escuder… y la tragedia de su viejo compañero en Bultaco, Pedrito Alvarez cuando se mató por culpa de un puto perro en el circuito de Castellón.

17h30. Cronos oficiales. Pues nada, sobre las cinco y media salimos a los cronos buenos, ahora sí que hay que atarse los machos y echar el resto. Sigo preocupado por mi patético rendimiento. En fin, espero cansarme menos y, sobre todo, hacerlo mejor. Salgo y en la primera vuelta voy “calentando” mente y motor. Como estoy bastante cabreado conmigo mismo sé que algo mejor lo voy a hacer, pero no se trata de eso, se trata de hacerlo bastante mejor porque si no va a ser un puto desastre en todos los sentidos.

Termina esa primera vuelta y en la siguiente empiezo a estirar hasta el infinito cada marcha, el puchero parece que va a explotar, la releche la que se monta bajo mis testículos, menos mal que aunque va, digamos, fina realmente la carburación va un pelín grasa para evitar sorpresas desagradables. Aun así, dejo dos dedos en el embrague, esos tics que hacía de pequeño con mis motos de cross y que en las motos modernas hago sin darme cuenta y sin motivo. Intento ser mucho más agresivo. Como ya me sé el circuito y he pillado algunas referencias voy más suelto, me canso menos y ando más, lo noto enseguida. Desde las vallas me dicen algo como “¡así, así!”, les veo un instante aunque no les oigo.

Vuelvo a encarar la fantástica curva de entrada a meta, ¡fantástico viraje, como disfruto alli! Llego en cuarta a toda hostia a final de la calle de meta, perdón, recta de meta je, je, je, fácil a 145-150 km/h, y en los últimos 50 metros las vibraciones son enormes, gloriosas, no hay palabras, parece que se va a desmontar la Ossa, ¡¡sin exagerar, amigos, dejo de notar los dedos, la caña!! (Luego me dice Paco que es normal, que pasa en cada vuelta todo el mundo.) Lo flipo mientras me rio, freno como puedo tanto con delantero como con el trasero y me meto en el ángulo ciego (me recuerda al de Miramar de Montjuic). Salgo del garrote ya más alegre, el motor no se me va abajo y encaro la siguiente curva acelerando a saco. Ok, quizá todavía tenga esperanza… Repito jugada en todas las vueltas y noto que, además, no me estoy cansando nada. Llevo la visera un pelo abierta para “oxigenar” y veo que me pasa mucha menos gente que en la primera “tanda”, bien. Insisto: la curva de entrada a meta es la hostia, y rápida, disfruto como un enano. Si no fuera por el puto colín sé muy bien como entraría en esta rápida curva ciega. El próximo año si vengo más preparado (sobre todo físicamente) voy a rozar hasta con las orejas, ja,ja (bueno, perdonadme, ¡me tengo que animar yo mismo!). Saliendo me agacho sobre el depósito esperando mejorar mi “aerodinámica” (madre mía, lo que hay que leer…) pero no puedo girar la cabeza hacia el frente al mismo tiempo, joder, así que durante varias docenas de metros espero que no se cruce ningún bicho porque ¡solo veo el tapón del depósito!

Repito la táctica en cada tramo, en cada curva, intento cambiar pesos y descolgarme pero choco con el límite del colín, empiezo a agacharme y a disfrutar un poco… bien… Las ruedas tienen unas medidas de juguete pero dan seguridad. El chasis doble cuna es noble y robusto, mi padre me lo ha dicho tantas veces que no me sorprende, mejor que los chasis de las Bultaco o de las Impala que hay por allí, al menos de serie. Lo de las vibraciones traerá mucha cola, como luego veréis… Sigo dando vueltas como un poseso. Como cierres un poco el puño de gas estás muerto, hay que llevarlo muy abierto sino estas vendido. Bueno, lo importante es que me empiezo a divertir, la boca se me queda seca. Pasan los minutos en un instante, veo la bandera roja y me meto de mala gana… llego a la carpa y no digo nada, estoy radiante por dentro, me he sorprendido a mi mismo, solo paro y veo que respiro normal, no estoy apenas cansado, ¡acojonante! ¿cómo puede cambiar tanto un tipejo de una hora a otra?, me cuesta procesarlo. Pensaréis que estoy exagerando pero no, no me estoy llevando por la emoción, sucedió literalmente así. No puedo decir otra cosa, ni explicarlo, ¡no lo sé! En fin, ¡esto es vida y no lo que hago entre semana!
Pronto vienen hacia mi, como lobos, los valencianos... joder, sonríen y me dan palmadas, bueno, golpes en la espalda mientras dicen que “ahora sí, ahora sí vas alegre, nano” no es para tanto, pero agradezco sus palabras. Paco también me felicita, joder, me lo empiezo a creer. Qué subidón de moral me da todo esto, al menos creo que no terminaré el último destacado. Roskachapa me manda por SMS un buen consejo para la carrera, que no me desfogue en las primeras vueltas, que mantenga el ritmo. Más o menos lo que me dice mi padre que, luego, me habla con su sosegada firmeza habitual y me da su “ok”. Joder, ahora sí que me lo creo, él no regala piropos, lo sé bien, muchas batallas y broncas juntos. Mi hija, Laura, me felicita y luego la mamá, Inma, que por fin parece que disfruta un poco del jaleo. Mi madre se acerca también e intercambiamos palabras, mientras me tomo un “Aquarius” como hacen los deportistas de verdad, ja,ja... El resto de la tarde-noche lo pasaré más tranquilo porque ahora veo que quizá pueda hacer una actuación medio-digna el domingo. Revisamos la moto otra vez, la estribera izquierda anda floja, habrá que apretarla con fijador mañana, ok.

Se va casi todo el mundo, reina la paz en la vieja estación de tren. Mi padre se tira una hora larga con don Eduardo bajo la carpa, algo sucede. Algún volao le ha golpeado al pasarle por dentro en una curva en los cronos y le ha destrozado el tubarro, entre otras cosas. Menos mal que no se ha caído, eso es lo más importante. Encuentran un soldador portátil en una carpa y se lo apaña. La tarde va cayendo…

Después de pasar por la ducha del hotelito, regresamos y cenamos con mucha más gente en unas mesas largas instaladas en el paddock bajo la luz de las farolas y la luna. El rosado desaparece. Brindamos por la cocinera y sus pinches. Qué ambientazo. La carne con pimientos sabe a gloria y como dice Paco en esta tierra lo mejor es probar el rosado que está de p.m. y cuando se acabe pues… el tinto también estará de p. m. ja,ja,ja

De repente viene “Comandante”, el viejo dueño de la moto, amigo de Paco, gritando con sus modales de “Harvad-cete”, “Luis, oyeeee, ¿has quitado la trompeta del carburador????”… me quedo a cuadros, ¡pues no, qué voy a quitar yo!, contesto temiéndome lo peor… ¡¡pues nos la han robado!!, exclama… nos quedamos secos… ¿¿¿cómo??? ¡Allí no roban nunca! Pues el caso que el carburador ya no tiene trompeta. Mierda. Una media hora después uno del motoclub nos comenta que tienen una trompeta, que se le cayó a una moto en marcha... la nuestra, sin duda, ¡manda huevos!… no me di cuenta y no note que bajara el motor de rendimiento, debió ser al final, no lo sé. El domingo la pondremos pero con fijador y, como dice mi padre, con una abrazadera (iba a presión, y no muy de fiar).


Luego se monta la de Dios, los valencianos comienzan con la fiesta, una especie de “ruta del Bacalao” que arranca con fuerza justo después de la cena “aburrida” y “formal” que degustamos todos juntos. Después de subirnos al podio para hacer el gañán, comenzamos tomando carajillos en el bar de la vieja estación donde me encuentro con Andrés el gallego, uno de los pilotos, un tío majo, el número 36, solo nos conocíamos por internesss. Allí duramos poco rato, los valencianos montan un auténtico chillout en la carpa, junto a las motos, con velas, mojitos, música y cachondeo inenarrable. Son dos horas de puro vicio y descojone general, y digo dos horas porque fue lo que aguantamos los madrileños, allí se quedaron armándola hasta altas horas de las noche ellos y algún otro noctámbulo.

Domingo, 7h15. Los dos “LF” madrugamos mientras dejamos a la family en el hotel durmiendo a pata suelta. Inauguramos el bar de la vieja estación antes de las ocho. Luego recogemos lo que nos encontramos bajo la carpa. Vaya fiestón… del chillout todavía queda hierba en el suelo, y colillas, y vasos, y hasta el martillo para picar hielo (solo faltó esa noche la Sharon Stone de Instinto Básico). Recuerdo que grabé varios minutos con la cámara… será gracioso verlo en casa días después, seguro. A ver si lo subo al Youtube... Bueno, terminamos de recoger la basura y, algo después, con ayuda de otro crack valenciano, Juan, que nos presta su pequeña radial, mi padre hace un cortecito en la trompeta para que luego enganche bien la abrazadera que piensa poner. Lo monta echando un poco de loctite y arreando. La estribera también queda apretada… demasiado. Empiezan a llegar el resto de valencianos, sus caras lo dicen todo, no han dormido muchas horas ja,ja, hala, ¡a correr!

9h25. De repente veo una cara conocida, es Santi, ¡qué grande, ya está por aqui! Confiesa que ha pasado frío a primera hora encima de su bella Fireblade 929. Ya se calentará, el día va a ser otra vez caluroso, se nota. Salgo al Warm-up. Empiezo bien pero enseguida veo que me escupe la tercera, dos veces por vuelta, hostia, qué pasa, ¿qué estoy haciendo mal?, aguanto, aguanto pero me vuelve a escupir y, peor, no consigo cambiar a segunda, ¡¡no hay juego en la palanca de cambio, no retrocede!! Son dos vueltas infernales, me meto a “boxes”. Lo miramos. Está demasiada apretada, no hace juego. Se desmonta y la dejamos un pelin “bailando”, lo justo para que no se repita el “agarrotamiento” ni se caiga en marcha con las vibraciones. Quizá faltaba una grupilla… no hay tiempo para detalles LF, otro día.

Primera Manga. Me pongo la camiseta de Santi Herrero, la que nos dieron el día de la inauguración de su curva en La Torrecica. Alguno pensara que son gilipolleces pero a mi estas cosas me llenan. De paso, si me da fuerzas o me inspira un poco… no me vendrá nada mal. La temperatura dentro y fuera de mi cuerpo sigue subiendo a marchas forzadas pero tengo la mente en otros mundos. Nos amontonamos en la calle de salida, pasan los minutos, me lo estaba imaginando, saldremos con retraso, más emoción y puteo. El otro Juan, el afamado preparador de Ducati, me dice que esté tranquilo y que pare la moto mejor para no calentarla en exceso. La paramos y nos tienen esperando unos cinco minutos más que se se hacen eternos. Por fin nos dejan salir, arranco con ayuda de otra “radial” en el suelo que hace de arrancador de motoGP, je,je, y Juan se sube para “probarla”... veo que se aleja unos metros, yo detrás, vaya cuadro...¡coño, que me “roban” la moto!, enseguida se detiene y me la cede a pie de pista.

Salgo a meta y busco mi posición, una retrasada posición 29, de cuarenta, bueno, no es para tirar cohetes precisamente pero los paquetes también tenemos derecho a participar y soñar ¿verdad? Realmente, me importa poco el número y la posición, lo que quiero es zumbar bien, terminar las mangas y remontar lo que pueda, luchar y meterme en la pomada que me corresponda por ritmo, no sé si me explico.

Damos una vuelta de “calentamiento” (toda una paradoja) y por fin salimos. No salgo mal del todo pero se me encabrita un pelo, me pasan dos o tres motos de las filas de atrás pero al llegar al “ángulo”, al embudo mejor dicho, paso a dos. Luego me pasa otra moto, me acerco otra vez, etc, así andamos durante dos o tres vueltas, mientras los que van rápidos de verdad se alejan ya en la primera vuelta. Nos vamos emocionando un poco y enseguida algunos vamos rozando las balas de paja entrando a meta. El público apostado en las aceras y en la tribuna debe estar entretenido con nosotros. Salgo de esa curva con el motor a tope, a menos de un metro las otras balas donde están atentos Santi, Laura, mi padre, Marta y Josep, con las cámaras en mano… está todo controlado, esa curva me encanta, agacho la cabeza y me tumbo sobre el depósito mientras las vibraciones inundan mi mundo y llego a final de recta a una velocidad inimaginable para mí un día antes y sin ningún tacto en los dedos... ¡¡ah, qué maravilla de minutos!!


Freno de “oído” y entro como puedo mientras paso por fin a un tipo que me está haciendo de tapón ¿será Barros o Haslam? y luego a otro par. De mi “grupo" creo que nadie me pasa ya en toda la manga, “solo” nos doblan los líderes y los outsiders, habrá que aguantarse. Salgo de varias curvas picando embrague para que no decaiga la alegría del puchero que atrona entre mis piernas mientras veo como van algunos fieras. Observo cuando me pasan y alucino. Algunos pilotos (seguramente los más jóvenes) practicamente rascan las curvas también con los codos, y a medio metro de los bordillos, verlo desde dentro es fantástico. Ahora bien, me jode que me pasen, claro, pero como soy realista no me voy a picar con tíos que me han doblado y que me sacan ocho o nueve segundos por vuelta como poco. Intento hacer mi carrera y, sobre todo, “pequeño detalle”, no doblar la Ossa porque como la doble entonces sí que va a ser “gracioso” el finde y la factura final del weekend…

Malas noticias, de repente veo a Paco, que salía como dos filas delante de mi, parado en una curva hablando con un bandera. Por lo que veo no se ha caído, menos mal… Termina la manga y damos otra vuelta para saludar a la afición. Como mola, la gente del pueblo y los miembros del motoclub Cirbón son muy simpáticos, da gusto estar aquí. Estoy viviendo mi sueño y por el momento todo va mucho mejor de lo esperado, quién me lo iba a decir a mi unos días antes… Encima en cada salida con la Ossa vuelvo menos cansado, ¡guay! Por lo visto luego, he terminado el 19. Bueno, al menos han quedado unos cuantos detrás y, lo importante, me he divertido como un cabronazo. ¡Como hecho de menos no habermelo currado más y venir más en forma!, como se nota en directo que te cansas, que echas en falta tener más "pulmón".. así es la vida, si se repite algún día la experiencia tendré que ponerme "serio" conmigo y espabilar más.. bueno, y que haya más tiempo para prepararnos, claro.

Segunda manga. La Ossa de Paco ha dicho adiós, algún piñón del cambio debe estar frito, ¡qué putada!, no va a poder salir más. Regreso a mi Ossa. Después de mirar la moto y echarla unos litros de mezcla por si acaso (realmente, chupa muy poco, pero no me quería quedar tirado) volvemos a salir a parrilla y esta vez con la idea de salir mejor. Dicho y “hecho”... esta vez salgo peor, mucho peor, no me quedo clavado pero casi, todos los que llevo detrás salen a lo Pedrosa o Rainey, lo flipo, no me lo puedo creer, me pasa tanta gente que cuando llegamos al embudo veo dos espaldas conocidas: la del del grandote de negro que corre con una Montesa y la de la chica de la carrera, Begoña, habitual del Cto. de España de Clásicas. No me lo puedo creer, ¡si estaban detrás de mi seis segundos antes! Salir del embudo se hace eterno, perdemos tiempo de narices en ese rato. Empiezo a remontar… Dos vueltas de infarto. La bota izquierda la voy a tener que tirar cuando termine el día, buena señal. Algún que otro adelantamiento emocionante que hago y, sobre todo, que me hacen, claro, mientras seguimos explotando las posibilidades del motor de la Ossa. El calor aprieta algo más pero hay más público, todo compensa. Pasan algunas vueltas y me da la sensación que todos vamos un poco mejor que en la primera manga, más finos, se ven menos cosas raras pero hay varias caídas o roturas, casi en cada vuelta veo alguna moto parada o apoyada en un muro. De repente casi me como una pared de balas de paja, entre muy alegre pero sin talento, me lo reprocho porque quiero terminar.

Llego hasta el grandote que me paso fácilmente en la salida. Llegamos a recta de meta y luego, “sin manos”, hasta el ángulo, me lo calzo por fuera pero no se despega mucho. Enseguida llego hasta la Impala que corre que se las pela. En la salida ni vi cómo me paso, alucinante. Enseguida adelantamos a otra moto y ya estoy cansado de estar detrás, me pongo a su rueda y casi me precipito y la toco, mal, muy mal, no quiero tirar a nadie por supuesto. Mientras “espero” en las rectas de atrás, miro hacia atrás y veo que se acerca uno de los Top.

Llegamos a la zona más lejana del circuito y en una curva a izquierdas que no me gusta nada porque se cierra muchísimo oigo perfectamente cómo llega el figura (creo que fue el que quedó segundo). Se nos mete por dentro cuando ya estamos nosotros en la curva, a mi me pasa muy justo, quizá demasiado pero no me cabreo, el problema es que se va largo, no aguanta su propia trayectoria el…, la Impala “Turbo” se tiene que abrir para no comérselo pero, "a cambio", se come las balas de paja, rebota y plafff, me encuentro la Montesa en mi trayectoria, tumbo pero no es suficiente, contacto, al suelo los dos… se me cae la Ossa en la pierna izquierda, que puta mierda. Afortunadamente, no pasa nada grave. Rapidamente, los "marshall" nos empujan. Salimos. Bueno, un lance de carrera, no ha sido nada, las motos vuelven a rugir… he perdido (por lo que vi luego) unos 45 segundos en total… uff, a la mierda la clasificación… Quedan dos vueltas más y ya no pillo a nadie, me dedico a aguantar sin percances lo que queda, a disfrutar el resto de la manga, la que puede ser, seguro, mi última carrera en mucho tiempo. Dan banderazo y nos despedimos saludando a toda la afición que, desde sus casas, desde las aceras y esquinas aplaude a todo el mundo, incluso a mí, ¡qué pasote!

Llego a la carpa tranquilo. No tengo palabras (ja,ja,ja, ¡quién lo diria ahora!) Boca seca, buena señal. El sábado pase de la miseria al optimismo en pocas horas, hoy he viajado por las nubes. Sé que voy a despertar pronto, que el sueño está acabando pero no me puedo quejar, ¡para nada! Enseguida veo muchas caras sonriendo, los amigos y la family, lógico. Vemos el podio y aplaudimos a los mejores, devolvemos los transponders y nos despedimos de algunos amigos del motoclub. (Dias después vi en las clasificaciones que mi mejor vuelta la piqué después de aquella pequeña caída. Otro clásico de los LF, ¡no falla!)


Comemos sin los valencianos que están ya de “cata de vinos” en otra carpa, Paco me avisa que no comerán, que están entretenidos allí, qué monstruos… así que comemos sin su presencia mientras la pierna se me enfría y empieza un poco a doler, pero nada reseñable. El balance, huelga decirlo, ha sido positivo, estoy contento. Los amigos siguen alli, un lujo, tendré que cuidarlos toda la vida. Adivinan facilmente cómo me siento. Con mi padre ya hablaré más despacio estos días. Algunas ideas han surgido, era inevitable, era de suponer… Ha sido fantástico, he aprendido cosas, he recordado otras y hasta me he emocionado un poco. Mi padre está contento, eso me vale, esa era la otra parte del sueño: volver a correr juntos, como pilotillo y manager, como cuando yo tenía ocho, diez o trece años, cuando vivíamos por y para la moto pero no teníamos un puto duro. Mi madre ve todo este circo bien, alegre, tranquila, lo ve todo casi normal, es increíble, qué mujer todoterreno, ¡me encanta!, por lo visto no dudo nunca de que saldríamos contentos de la experiencia. Laura está también muy contenta, normal, espero que se acuerde siempre de estos momentos especiales. Fue la que mejor entendió este sueño de su padre. Ojala le sirva de ejemplo y jamás renuncie a los suyos cuando sea más mayor. Gracias especiales también para Inma, que se apuntó al sarao, como en otros tiempos, y hasta disfrutó, ¡espero que no sea la última vez!


¿Qué decir de la bella Ossa? Me gustaría seguir con ella, poder comprarla pero aunque su precio es bastante razonable, no hay money. En esas pocas horas juntos hablamos un poco, surgió la chispa, sí. Fue noble y agradecida, no la olvidaré. Realmente no debía sorprenderme tanto, Ossa es de esas marcas que siempre nos acompañó. Mi primera camiseta motera era amarilla y ponía Ossa. Era el verano de 1980, estaba empezando a aprender a montar en moto, hace toda una vida… mi padre ya había vendido su Ossa pero su recuerdo, su viaje a París y sus carreras eran el pan de cada día para mí. La senda estaba abierta… ahora la “deuda” ha sido zanjada, viajamos en el tiempo y funcionó. Ahora solo queda mirar hacia delante, como siempre. Ojala podamos repetir la experiencia no una sino muchas veces. Y ojala podamos hacerlo rodeado de grandes amigos como estos locos valencianos que nos recibieron con los brazos abiertos. Siempre adelante…

La Perla Negra y los piratas...

Llegó la primavera y nuestra querida y mimada Ducati cumplió un año con nosotros. Y llegó por fin la oportunidad de volver a rodar con ella. Ya iba siendo hora... Se intentó en febrero, en Calafat, pero algunos problemillas logísticos lo impidieron. Un poco antes, en diciembre, íbamos a rodar en Cartagena. De hecho, alguno fue, pero al final... ¡a pie, sin moto!, ¡se cayó del banco, allá en tierras polacas, pocas horas antes!, se nos fastidiaron los planes pero las "lesiones" fueron muy leves... En fin, sabíamos que íbamos a volver a sufrir con una Ducati pero lo teníamos asumido desde el primer día. Merece la pena, pocas marcas hay con tanta personalidad (y "cosillas") como una Ducati de este estilo y añada... yo la miro y ya disfruto de su belleza, de su porte, de su esbelta figura... La "Perla" estaba en fase de lifting. Correa, pastillas, tornillos y slicks nuevos, vamos, de estreno. Eso sí, falta rematar su decoración, poner alguna pegatina de algún "patrocinador" (detalle que siempre permite que una moto "gane" un par de CVs), volver a limpiarla a conciencia, mimarla un poco más, hablar con ella, abrazarla, notar sus vibraciones sin que se nos caigan los empastes...
 

La ocasión era realmente inmejorable. Resulta que, por cosas del destino, durante el último fin de semana de mayo se iban a juntar dos eventos muy guapos en la misma zona, en Albacete.

El sábado, amigos y muchos conocidos asistirían a una nueva edición (la octava ya) del "Encuentro de Grandes Viajeros" donde iban a disfrutar de las charlas de grandes aventureros. Lástima que nuestro amigo Gustavo Cuervo, organizador y alma mater de todos estos encuentros, estuviera esta vez ausente, de viaje por China. Nosotros no nos íbamos a inscribir porque llegaríamos por la tarde pero nos dió tiempo para  acudir a la filmoteca y ver la proyección del documental de la vuelta al mundo en Vespa en 79 días, la aventura de Antonio Veciana y su viejo camarada Santiago Guillén. Desgraciadamente nos perdimos la otra gran charla de esta edición, la de la mítica Operación Impala, de boca del gran Manuel Maristany, uno de los cinco miembros de aquella aventura africana.

Por otra parte, semanas antes, comprobé que este año las típicas tandas primaverales de los amigos valencianos de Moclava se celebraban esta vez ese domingo. Cuando miré el calendario y comprobé la feliz coincidiencia la idea estaba clara: ¡pasaríamos todo el fin de semana en Albacete! Poco a poco, como una bola de nieve, se fue formando el "follón" típico de encuentros y asistencias. Primero, la buena noticia que vendria mi family al completo conmigo a la tandas, incluyendo a mis padres, grande. El sábado estaba claro que veriamos al Mudo, casi ná. Y también, afortunadamente, por fin volveriamos a ver al bueno de Luis Dios que, desde Galicia y con su bonita Impala, haría parada en la ciudad en su vuelta vintage a la península, ¡menudo viaje más lírico se ha marcado el amigo, disfrutando de la Montesa, de la brisa y de cada etapa!


Para añadir más granos picantes a la "paella", desde Barna bajarian algunos Tortugas (bueno, ¡de Barna y de Murcia!, que tienen varias "delegaciones"), concretamente, el gran Gregg con Elena y desde la costa Xavi y Bego, genial. Y de polonia, por supuesto, bajaria Isma con la Perla y su preciosa Fireblade Rothmans pata-negra.

Desde Madrid, Bettor y Santi, ambos con sus Suzzis y con ganas de rodar. Para rematar, con ganas de juerga, un par de "managers" de lujo y perversión: el AvispaRoskachapa, en coche deportivo y sin demasiados achaques, ¡sin comentarios! Si a todo esto le sumas que el domingo estariamos todo el día con los locos valencianos, Paco, Alberto y demás, el resultado final no podía ser sino im-presionante. En lugar de hablar mucho y contar lo bien que lo pasamos en la cena racing del sábado y en la pista el domingo voy a publicar algunas fotos chulas, haciendo repaso a la tripulación y comentando algunos momentos...

Comienza la jornada del sábado y el Mudo ya tiene con quién combatir su famosa "timidez" verbal... Luis y su Impala ya estaban en Albacete, el día será largo...


Llega la cena racing... "las cuatro lunas de Jupiter se alinearon...", entre otros, cuatro Luises juntos. Algo de motos se hablaría, seguro...


Llega el domingo, las tandas de Moclava arrancan bajo el sol típico de estos lares. Aqui la famosa Impala rutera de Luis debidamente escoltada por Gregg, Alberto y el timido...


Para variar, estrenábamos slicks... así que terminamos de hacer las cosas bien y nos pusimos manos a la obra con los calentadores...


Roskachapa, ejerciendo de Team Manager, vigilando a los pupilos. Primera tanda, había ganitas... en dos vueltas llega el primer sustillo: ¡me quedo en un cilindro!, vaya, la pipa de una bujía se había soltado, ná...


Al papi se le caía la baba posando junto a los herederos, lógico (del cachorro de león no tengo constancia sanguinia)...

Foto de familia, ¡como debe ser! Uno que no sabemos quién es da la espalda pero de izquierda a derecha, de arriba a abajo, podemos señalar a Gregg, yo mismo, Alberto, Luis, Xavi (apoyado), Mudo, Avispa, Antonio, Isma, mi padre... y otro conocido que se agregó...


"Pepe y Pepa" aguantando el tipo con honor, ¡qué bien conserva el alcohol a algunos veteranos!...


Gregg y mi Ricardet comparando la evolución de la especie, ja,ja....


La tarde y la jornada concluyeron felizmente, la única nota negativa del día fue la leve caída del bueno de Santi, primero por la izquierda. Músico y un dedo tocado, mala combinación...


Dos niños, uno grande, otro más pequeño... a recoger los juguetes...


Bonito "colax" del fiera de Bettor, un experto en todo lo que sea multimedia. Mal día tuvo para rodar pero por lo demás se lo paso de vicio...

Imposible terminar sin agradecer hasta el infinito el buen rollo y la organización de nuestro crack valenciano, el gran Paco Motos!!!!....


¡HASTA PRONTO, BANDA!

El día que Roskachapa y Dani se encontraron (segunda parte)



Pues sí, la tarde prometía. Y mucho. Serian ya cerca de las cinco cuando pagamos y fuimos saliendo del restaurante lentamente, muy lentamente. Las últimas jarras de cerveza eran ya cosas del pasado, ahora tocaba probar gasolina. El sol de invierno comenzaba a brillar con menos fuerza, mientras en la calle, entre sonrisas y cuchicheos, se mascaba un ambiente prebélico en toda regla. Casi parecia un duelo del Oeste. Primero, salieron los protagonistas hablando con cierta complicidad. Había buen rollo, bien. Yo, desde atrás, miraba medio alucinado. Era la hostia. don Antonio y don Daniel, juntos, vaya dos patas pa un banco. Uno, héroe de su panda, as de los "GPs de Suicidón", divorciao, veterano piloto de carreras y de la vida, grueso (vamos a dejarlo así), astuto, afable, con más tiros pegaos que la escopeta de José Doroteo Arango Arámbula (más conocido por Pancho Villa, el Centauro del Norte), el otro, que podía ser su hijo, pequeño, fibroso, centrao, metódico, rapidisimo, sosete (y algo serio para mi gusto) y con tanto talento que solo cinco o seis tipos en el mundo le superaban.
Miré su rostro otra vez. La cara es el espejo del alma ¿no? y si eres tio, no veas, somos más transparentes que mi visera a primera hora de la mañana. Ostris, quizá se lo estaba tomando en serio, ¡pero en serio de verdad! Pues sí, veterania y astucia callejera contra el talento inmaculado de un gran campeón. Dani, desde su discreción y mesura, sonreía para sus adentros. Creo que todos le dábamos un poco de pena, normal, ja,ja,ja,ja... ¡en qué hora entró en aquel local!, pero las cosas estaban asi, ninguno iba a volver al geriátrico o al frenopático antes de acabar con aquel duelo de pistoleros motorizados. Al final, la apuesta consistía en llegar hasta Arnés y luego volver alli, a la gasolinera cercana al asador. A los protagonista les pareció bien. Uno, Roskachapa, calzaba en su XX1100 unos Metzeler semideportivos, Dani con su novísima Fireblade 1000, unos picudos Miguelines (cuento esto porque como vivimos inmersos en el marketing de las gomas, pues nada, ahi van los datos de la ocasión, ja,ja). En principio, por moto y talento, la balanza caía del lado del campeón del mundo. Por factor pista y ganas, la balanza se inclina hacia el veterano. Quizá partian con las mismas posibilidades...
Roskachapa se quitó su sombrero de cowboy y se lo dió a su socio, el Tábano, mientras ponía cara de carreras y revisaban las presiones. Como Dani es un caballero ofreció a su rival una ventaja de tres minutos para intentar contrarestar el factor máquina. Roskachapa agradeció de corazón aquel hermoso gesto pero lo rechazó. Las reglas eran claras. Ganaria, obviamente el que primero regresara de Arnés. Siempre sin poner en peligro a nadie más, por supuesto, y pasando por los pueblos a 60 de marcador. Por lo demás... no habia nada más que decir. Rapidamente nos organizamos. Mandamos al Mudo y a otros dos (Gusiluz, Sparrow) hacia Arnés para intentar atraer a todos los posibles grillos que pudieran estar por la zona. Luisito, con su labia habitual, tenia la encomiable misión de distraerles durante media hora si encontraba a alguna patrulla. No era una tarea dificil pero sí importante. Mandamos también a Rosa-T, nuestra dama del asfalto, como refuerzo por si Luisito cansaba a los civilones. Ya se sabe, con ellas muchas cosas son más fáciles de conseguir. Mandamos al caballero de la Aprilia y al poli, Simón, a los pocos cruces que atravesaban el improvisado circuito. Todos los "organizadores" estariamos en comunicación directa por móvil. Desgraciadamente, ninguno de los dos pilotos llevaban bluetooth en el casco por lo que cualquier aviso tendria que ser comunicado al viejo estilo, por el camino, y con las manos (obviamente no llevábamos banderas), no había problema, eramos más que suficientes para cubrir los casi cincuenta kms. del recorrido. En la salida-meta se quedaria el Tábano, que no queria coger la moto. La última vez que le vi en ese rato estaba ya ligando con la última camarera que nos atendió. Le pedimos un poco de concentración y afirmo con la cabeza. Hizo una apuesta, sabia quién ganaria aquel duelo. Yo no lo tenía tan claro... no me atreví a apostar, ¡imperdonable!
Con las motos ya arrancadas, casi en el último momento, Roskachapa le recordó a Dani que tendria que tomarse un 103 si perdía el duelo. Dani sonrió y asentó... al final añadió también: "muy bien, pero en ese caso tú te tomarás un Trina." Wowww, fue de las mejores ideas del finde, como luego veréis.
Hacia quince minutos o más que las liebres se habian ido en busca de problemas. Por los móviles todos decian "ok"... no habia moros en la costa. ¿Tráfico? el normal, poco por aquella preciosa carretera.

Los pilotos Honda se alinearon frente al semáforo que te saca de Alcañiz hacia las glorietas que te mandarian, años después, al circuito de Motorland, a Teruel o, en este caso, hacia Tarragona. Roskachapa en esos días aún andaba más que ahora (aunque cueste de creer) pero el rival que tenia ese día era temible, fantástico, mundialista, ligero, talentoso... ¿qué pasaria? Ninguno de los dos estaba acostumbrado a que otro piloto les venciera. En eso eran muy parecidos. La amiga del Tábano, la camarera buenorra, apareció de pronto con un pañuelo en la mano (¡como en la peli Grease, en el duelo con los coches en el canal!). En unos instantes, la luz del semáforo se volvió verde y salieron ligeritos los dos pilotos, sin mirar atrás pero sin levantar rueda ni chorradas semejantes. La camarera llegó tarde pero no se quedo con las ganas de ondear el pañuelo (sic, el que se aburre es porque quiere...) El sonido, alejándose, era fantástico mientras aqui moi se afanaba en que no se le escapasen demasiado. Sí, me tocó ir de coche-escoba o safety-bike, por lo que pude ver algunos cosas. Al llegar a la glorieta, Dani entro ligero pero comedido, mirando hacia un lado. Creo que quería que le pasase Roskachapa por fuera pero no lo hizo, simplemente nos juntamos los tres (¿¡!?). En los primeros kilómetros nadie tiro fuerte. Vi como miraban por los espejos. Sobrepasamos a un par de coches que no sabian donde se estaban metiendo y, enseguida, nos adentramos en las primeras oscilaciones del terreno. De pronto vi a Dani hacer una trazada de libro, rápida, única, gloriosa, casi de Gran Premio. Ya sabéis, "la trazada es sagrada". A mi me parecio perfecta mientras lo veía alejarse. Roska se quedó un poco retrasado pero en la siguiente recta explotó el motor de su pájaro negro mientras Dani se encontraba los primeros parches del asfalto. Ay, amigo, llegaban los baches y un cambio de asfalto que nadie imaginaba. En una larga de izquierdas, Dani dejó de "aburrirse" y aprendió que por carreteras es mejor, en ocasiones, esconder la rodilla. Mientras hablaba con el asfalto en esos términos Roskachapa se puso a su rebufo y en una bajada sinuosa vi como le hizo un exterior que casi me infarta. Dani se mosqueó, sin duda. Fue de esas pasadas que pican, casi por el arcén contrario. Pude percibirlo desde lejos, el mundialista iba a dejar de intentar jugar al ratón y al gato. Quitó una marcha y volvió a rebasarle. Enseguida llegaron a una zona sinuosa más lenta de apoyos en primera y segunda. La agilidad del piloto HRC y de su R fueron determinantes, de nuevo se escapó. De repente se topó con un coche y como habia linea continua no le rebasó. Su rival vió su actitud y mantuvo la distancia. ¡Gracias a todo ello pude acercarme al dúo! Poco después aceleraron y pude ver, por primera vez, como aprovechaban toda la calzada durante los siguientes kilómetros, ¡qué gozada! Dani comenzó a tumbar casi como en su carreras, olvidándose (malo, ¡malo!) que iba con ruedas de carretera, deportivas sí, pero de calle. Ya sabéis, que los superpilotos con motos de calle a veces se olvidan que no van con sus supermáquinas y sus superneumáticos y la cagan... Afortunadamente, no llevaba avisadores y eso mismo le salvó, creo yo, de hacer el "trípode" en una paella a derechas que abordaron como si fuera la última curva de sus vidas. Yo casi me salgo recto pero luego me contaron que...


El piloto del Mundial se paso un poquito de frenada en una peraltada de tercera. En la siguiente se quedó corto, todo tenía una explicación: las curvas ciegas y desconocidas no le hacian ningún favor. Roska no apretó durante algunos kilómetros, parecía un lobo aguardando su momento o quizá necesitaba un buen 103 para pillar definitivamente el puntito racing, nunca lo sabremos. Mientras tanto, Luisito comunicó que veía una patrulla acercarse a su posición, caminando. Era en la entrada de uno de los pueblecitos, uno que tiene una pequeña gasolinera Cepsa. Dejó de hablar por el móvil y se acercó a los de uniforme verde moviendo sus brazos. Hizo que le mirasen como a un extraterrestre y enseguida les habló de su dama blanca, su Guzzi. Por lo visto estaba a punto de ebullición, les pidió un extintor como quién pregunta la hora. La abdución fue completa (¡menos mal!), los dos pilotos llegaron muy fuertes a la entrada del pueblo aunque pudieron frenar lo suficiente para reducir el ruido atronador que traian de regalo. Los Civiles apenas prestaron atención. La ventaja de la Fireblade sobre la XX era de unos cuatro segundos largos. Yo paré en la gasolinera para descansar un poco. Los protagonistas llegaron en ese orden a Arnés (por cierto, este pueblo, años después, alojaria en ocasiones a la peña de seguidores de Dani, con motivo del GP de Aragón).

De repente, varios minutos más tarde, me avisaron que ya volvian. Dejé de reposar y me puse en marcha sin dejar de mirar por los retrovisores a modo de doblao acojonao que espera que le acribillen. Efectivamente, no pasaron ni dos minutos cuando me hicieron sendos "top gun" por la izquierda, yo no iba despacio asi que no quiero imaginar qué marcaban sus relojes... Por la zona de las curvas ciegas (un precioso tramo donde solo falta pintar los pianos, lo digo en serio) Roska sacó uno de sus ases en la manga frenando un poco de atrás (mientras aceleraba a saco) para hacer lucir la luz trasera. Entre eso y que su rival no se fiaba de aquellas curvas mentirosas, por primera vez, el viejo canalla se escapó unos cien metros. Parecía definitivo pero Dani se recuperó en apenas un par de kilómetros. Llego hasta él y le dió un hachazo antológico en una curva en bajada a izquierdas donde, varios años después, casi hace un recto un querido amigo nuestro, el gallego-ducatero. El mundialista se sintió ganador por última vez..., lo que no se esperaba es que justo a continuación Roska se acercaría a su colín y se lo movería con su mano izquierda, ¡momento clave, y a más de 190! Dani cortó lo justo para perder una docena de metros mientras miraba preocupado hacia atrás, ¿degradación de neumáticos?, ¿falta de grip?... mmmmm.. no, solo boxeo callejero, digo, tretas callejeras. Su rival apretó y  rozó con media moto en las siguientes curvas rápidas dejándole medio clavado. No nos engañemos, ya no se estaban guardando nada pero la ventaja de Roska fue definitiva. Una sacudida de atrás fue todo su balance negativo mientras Dani se mentalizaba que no merecia la pena jugarse la vida para ganar aquel estúpido juego de motoristas borrachos y pendencieros. Quizá tenia razón, quién lo duda... Llegaron a Alcañiz con una diferencia de, más o menos, diez segundos. Primero aplaudieron al ganador, luego al dignisimo rival. Por último, cuando ya llevaban un minuto me aplaudieron a mi. Qué horita me habian dado estos dos megacracks, de "incendio total" como diria Alex.

Ya sin los cascos, no hubo muchas palabras, solo algunas miradas entre los corredores y algún lógico reproche:

- ¿Por qué has hecho eso, abuelo? -espetó el piloto de HRC
- Siento la bromilla pero no podía dejar que me ganaras. Eres más rápido que yo, tenia que compensar con la experiencia. Eso sí, todo hecho con total seguridad y confianza. Era una cuestión vital: si llego a perder y se enteran los "Taparajas" me quedo sin todo mi glamour. Mis felicitaciones más sinceras, todo un honor y un privilegio rodar con vos, eres todo un campeón.
- Joder, vaya explicación... -soltó algo molesto el tricampeón mientras se bajaba de su montura.
- La más sincera, soy de la vieja escuela, de paddocks con tiendas de campaña y roulots, de los Macadam y balas de paja, muy buena carrera, estaba a puntito de nieve, ha sido glorioso, insisto, mis más sinceras felicitaciones.
Algo más comentaron entre ellos pero no nos enteramos. Realmente, daba igual el resultado, eran sin duda dos grandes campeones y habia sido una carrera en toda regla.

Pronto nos reunimos todos los "controles" y demás "banderas" en el mesón donde de nuevo nos recibieron como a leones hambrientos. El dueño tenia una cara entre agradecido y acojonado. Sabia que iba a hacer caja pero no tenia claro a qué precio ja,ja... El momento de cumplir con la apuesta llegó... Después de mucho hablar y celebrar la jornada y el duelo, Dani tuvo que enfrentarse directamente al vaso de tubo con el 103, la light y los hielos... miró a su alrededor y sus ojos dejaron claro qué pensaba... "¡Cabrones!"... A Roska le recordó lo del Trina, quizá le jodiera un poco beber algo tan soso... El caso es que, por primera vez en mi vida vi, vimos, como nuestro ferretero favorito tenia que lidiar con semejante refresco sin burbujas. Hubo risas pero al final, ambos dos, cogieron los tubos y se los acercaron hasta la boca. El primero fue Dani, al que no le tembló el pulso, precisamente. Su primer trago fue a modo de "prueba"... el segundo fue como en plan "concentrado"... se quejó un poco y pidió un pincho para luego "amortiguar" la sensación... rapidamente trajeron de la barra uno de tortilla y una tapa de jamón... Roska, Simón y el Mudo le iban felicitando... "venga, venga, que tú puedes... solo te queda más de la mitad... "... joder, los ánimos eran cojonudos, Dani los miró con una cara que a mi me dió miedo pero asentó con la cabeza como diciendo "que ya lo sé, cojones, que os pensáis...", y así, en silencio, ante una tensión que casi se podía cortar con un cuchillo, se trincó el resto del contenido de un largo, glorioso y suicida trago.. un trago que duró poco más de unos pocos instantes. Creo que metió la pata por ello pero bueno, ya somos mayorcitos... A continuación movió los ojos y se jaló la tortilla con una rapidez inaudita. Todos nos reímos un poco y casi le vuelven a romper la espalda a palmadas felicitándole... "¡Eres el mejor, tio!" dijimos unos cuantos. El caballero de la Aprilia le ofreció su mano como gesto de admiración pero nuestro mundialista comentó que preferiria levantarse un poco... Roska comenzó a saborear el Trina pero vi como, una y otra vez, miraba el interior de su contenido como si estuviera buscando algo en su interior..

De repente, llegó un coche de los de verde. Entraron en el local y nos dijeron que estaban buscando a dos locos motoristas que habian estado jugando a las carreras. Todos pusimos cara de extrañeza... Una vez más el Mudo intervino y nos salvó... ¡qué grande eres, Luisito!, reclamo su extintor y una grúa, también una ambulancia porque teniamos un amigo muy tocado del estómago... Enseguida empezamos a pensar cual... el caso que seis o siete nos tocamos el estómago al mismo tiempo, joderrr. El sargento miró al pobre hombre del bar que seguía flipando en colores y, por fortuna, ante la pregunta de qué si llevábamos toda la tarde alli el dueño del garito contestó (con la seguridad o desesperación que proporciona a veces el pánico) que sí, que llevábamos todo el día y que tenia un cliente tocado de la barriga. Fue decir aquello y la tensión disminuyo... casi tanto como la figura de nuestro piloto mundialista. Volvió a sentarse y comenzó a quejarse. Nos quedamos gratamente sorprendidos. Qué tio más enrollado, cojones, ¡gracias tio por seguirnos el juego, pensamos! Gusiluz no pudo evitar acercarse y ejercer sus dotes médicas, fue la primera en darse cuenta de que no, de que este chico no estaba de coña, de que le habia cambiado el color de la cara y hasta el pulso. Yo al principio pensé que estábamos todos fumaos.. pero a un nivel jamaicano.. pero no, hasta yo, que no me entero de nada me di cuenta que se estaba poniendo malo, malo, pero malo de verdad... El otro Civil que, por lo visto, sabia de estas cosas (había trabajado durante años en la ruta del Bakalao) se acercó y nos dijo que tendria que llamar a a esa ambulancia... De repente todos nos comenzamos a preocupar, nadie sonrió... Los acontecimientos sucedieron a una velocidad de vertigo: mientras el agente marcaba un número en su móvil, el futuro Jack Sparrow se acercó a Roska que llevaba callado mucho rato y comenzó a preguntarle si tenia sueño (¿¿??) Fue tocarle y se nos cayó al suelo, ¡¡hostia puta!! La mitad dejamos medio olvidado a Dani y nos acercamos hasta nuestro amigo.. ¿qué te pasa, maestro?
- El puto Trina me ha sentado mal, si es que esas guarrerias venenosas las carga el diablo, me duele la tripita y veo triple, necesito una enfermera de blanco ligera de cascos y con dotes de mando.  Tábano, cabrón, esto ha sido obra tuya. ¡¡Lorenzo campéon!!

Dicho aquello, el maestro se nos durmió tarareando una rumba y pidiendo una enfermera vestida de cuero.
Y de esta forma tan alucinante dos de los mejores pilotos del mundo salieron de la misma manera de aquel mesón aragonés (que a partir de entonces colocó el típico cartelito de "Reservado derecho de admisión"), es decir, en camilla, compartieron ambulancia, habitación y noche en el hospital de Alcañiz. Fue una noche larga pero mira que nos reímos con las enfermeras (normales) contando lo que habia pasado ja,ja,ja...
Insólitos, inigualables, ¡grande Dani, grande Antonio!


Con afecto, esta historia se la dedicamos al campeón de Pinto, de "Suicidón" y demás zonas de España, experto en tornillos y luces de neón, piloto de altura y gran amigo de sus amigos.



El día que Roskachapa y Dani se encontraron (primera parte)

Esta aventura sucedió en cierta etapa de nuestras vidas... aunque no de manera completa. Fuimos testigos de manera improvisada y por partes. O quizá no, tal vez solo sea fruto de mi imaginación. Si es así, llamaré pronto a Spielberg... Si algo coincide con la realidad tocará cambiar algún dato, varias coladitas y seguramente los nombres para despistar al enemigo, lo típico.
Resulta que, hace unos cuantos años, la panda sureña e inefable de los “moscones” salieron, una vez más, a destripar sus tetracilindricos en línea por la zona de (en principio) La Alcarria. Se abría digamos la “temporada” y las ganas se palpaban en el ambiente. Por cierto, era un domingo soleado de marzo, demasiado teniendo en cuenta el mes. Los fríos invernales parecían vencidos y gastados por una tregua antinatural que azotaba, desde el sur, una mitad de la Península. Entre los “moscones” iban tres personajes que algún día, tal vez, pasaran a formar parte de las leyendas urbanas de la España profunda (a falta de ser protagonistas de algún cómic tipo JoeBar, claro). Para empezar, Simón, el poli motero (todo un seguro salir con él en ciertas situaciones), su ultima borrachera la vomito sobre un detenido que había meado en el coche patrulla de un compañero (por eso le persiguieron) pero ya se encontraba mucho mejor, decía. Desde entonces jamás bebía por el día, todo un referente a sus casi 50 tacos. Su “vieja” 954 aullaba como un lobo encabronado; no es que no llevara dbkiller, es que parecía que iba sin cola y casi sin colectores. Luego estaba el Tábano, irónico y veterano filósofo, todo corazón; gracias a él casi nunca se perdían del todo ni los terminaban de hostiar en algún antro con luces de neón. Su SBK, a diferencia de él, relucía por todas partes. De hecho, parecía que la cogía poco pero era falso, ultimamente rodaba por la noche dando vueltas por el circulo inacabo de la M50 probando su nueva centralita, comparándola con su bólido germano o chequeando su línea completa Yoshimura. También estaba presente, obviamente, nuestro protagonista, Roskachapa, que venia con su flamante y poderosa BlackBird 1100 de carburadores, full power, sin capar. Andaba tanto con ella que, desde Madrid, nunca llegaba al circuito de Albacete en menos de cuatro o cinco horas (¡!). Directamente llegaban hasta Murcia y daban la vuelta al otear el mar u oler la sal marina. No exagero. Consecuencia: siempre llegaban tarde a las tandas o a las carreras. (Pensaron en computar esas tandas por otras en la pista de Cartagena en las mismas fechas pero nunca les dejaron) A la vueltecilla dominguera se apuntaron dos tíos más jóvenes que no sabían muy bien dónde se estaban metiendo pero que también tenían su propia historia. Uno, el típico vacilón de circuito que luego va descuadrado por carretera, se había apostado con uno de ellos, en cierto bar, semanas antes, que cualquier domingo les mojaría la oreja con su moto de calle (una Monster gorda alicatada hasta el infinito, como se nota donde hay pasta..) El y su amigo eran diez años más jóvenes y de coco andaban un poquito justos pero tenían muy buenas manos, vamos, que por lo que se apreciaba, el coctel final prometía ser interesante ya que la zona elegida para ese domingo era revirada en muchos tramos e incluía, incluso, carreteras comarcales. Los veteranos le buscaron las cosquillas pero esperaban que tuvieran un poquito de honor y vergüenza torera llegado el caso, ya sabéis, al margen de típico “por mis cojones este no me adelanta” debería imperar cierto ambiente sano entre locos del mismo sanatorio.
También venia Rosa-T, una simpática y veloz amazona toledana, amiga del poli, que, años atrás, había encandilado a los jerifaltes de cierto foro para ir progresando y cumpliendo sus hermosos sueños (¡chica lista!). Ahora era jefa de un taller en su pueblo manchego y rodaba a menudo rápida; hoy tocaba con nosotros, guay. Su montura, la más bella, era una Triumph blanca tuneada hasta el infinito; sin duda la moto que mejor sonaba de todas. La llevaba con el estilazo y la finura propia de casi todas las mujeres que van fuerte en moto. Por último, para rematar, se apuntó a última hora un educado gentleman de Alcorcón con su RS 250 réplica Harada. Por el número de rozones y demás detalles de la pobre Aprilia aquella incorporación no auguraba nada bueno... pero nos equivocábamos, ¡fue genial! Había corrido varias carreras del Trofeo RACE ¿os acordáis? y tenia muchas batallitas que contar. El problema era que parecía mudo. Daba igual, su moto estaba allí: su chasis de carreras, sus 72 CVs y sus solo 140 kilos de peso prometían el delirio.
Pues nada, después de un generoso primer desayuno, las motos tomaron rumbo a Sacedón con un ritmo alegre pero sensato y ordenado. Al pasar por Tendilla se pararon en una vieja taberna agro muy recomendable done volvieron a desayunar de todo menos leche o café. El peligroso de la naked empezó a malgastar saliva y a quedarse sin paciencia. Increpó un poco a los talluditos líderes del grupo y sentenció con mala sangre que no “había salido con el Imserso para desayunar cada 100 kilómetros”. Razón al "Rossi" no le faltaba pero cometió el error de decirlo con un tono nada amigable. El Tábano le miró con lástima, los demás con cierta mala hostia. También añadió que “empezaba a aburrirse...”... Nadie mencionó la vieja apuesta que había hecho semanas antes… pero flotaba en el ambiente, sin duda. El único que se mosqueo fue el caballero del Dainese planchado, el orgulloso dueño de la Aprilia RS. No hablaba mucho pero para él cualquier salida motera era una especie de Gran Premio anónimo (normal, con esa moto no podía ser un habitual de los “BMW Riders-moñas-show” precisamente). La única fémina del grupo miro a todos, calculando y analizando sus comportamientos, sabia quién iba de legal y quién no pero, a veces, las apariencias engañan… con el de la Aprilia se equivocó, por ejemplo. Antes de pagar en la barra, Roskachapa y el Tábano explicaron por segunda vez al tarao de la Monster trucada que aquella salida no era una salidita dominguera, que era otro de sus “Grandes Premios Cifuentes” y que tuviera más paciencia para solucionar la vieja apuesta. No debía enfadarse tan pronto, tenía que reinar el buen ambiente y la sana “competitividad”. Simón, el poli, pensó en sus vómitos y eligió mentalmente quién seria su próxima victima aquel domingo si le entraban ganas. Por cierto, tuvimos que enrollar con cinta americana a uno de los veteranos allí mismo: la cremallera no aguanto el Racing Breakfast, en fin, pobre mono... o funda. Personalmente me entretuve leyendo y respondiendo varios mensajes cortos. Desde Madrid salían otros amigos, quizá nos alcanzasen a tiempo, genial.
Arrancamos con ganas. El sol ya pegaba lo suficiente y las Coca-Cola bullían en las venas. Los siguientes veinte minutos fueron toda una sinfonía de hachazos continuos. Eso sí, de dos tipos: los limpios y los menos limpios. Roskachapa los dejaba tirar y en las primeras curvas rápidas, pasado Sacedón, se los merendaba, luego en la recta volvía a aflojar un poco, lo justo para que las nakeds ligaran con la zona roja del tacómetro mientras las 1000 bajaban una marcha para acelerar luego como cabrones y dejarlos clavados en la miseria… El Tábano y el poli se lo estaban pasando en grande sacando las piernas para estorbar (sí, no fue invento de los pilotos de MotoGP, ja,ja). Al llegar a una nueva zona de curvas dejaron el protagonismo otra vez a las dos naked y al Roskachapa que, de repente, volvió a frenar para que los nakeros pudieran rebasarle rápida e involuntariamente. Los dos se miraron y decidieron por otra táctica: la de ralentizar el paso (como hacen los pilotos en algunos GP), el problema es que ante esa vieja táctica El Tábano y Rosa llegaban hasta ellos y, el primero, pulsó el botón de pare del más gallito... ¡¡qué risas!! Imagináos, yo iba detrás, y veo como un tio casi hace pleno y se zambulle en el embalse de Entrepeñas mientras mueve la cabeza cabreado como un mono en un funeral. El más soso se quedó mirando y se hizo una especie de recto, jamás volvimos a verle, una pena, pero tenia sus ventajas: hacia unas posturitas tremendas pero a mi me daba coraje y me cansaba solo de verle… El vacilón tandero se recupero enseguida (no era manco el amigo) pero se le nublo el poco raciocinio que pudiera quedarle en la cabeza. Adelantó de mala manera al caballero de la Aprilia 2T, a nuestra chica y al pobre Simón que se preguntaba, levantándose la visera a 230, si sus escupitajos podrían alcanzar a su victima o a algún inocente que rodase detrás…
Cinco minutos después, en el primer stop que alcanzaron, “Harada”, el de la Aprilia, se puso a la altura del killer de la bonita Ducati, cogió la llave de la moto y se la tiró por la cuneta mientras con la otra mano se subía la visera para decirle gritando: “A ver si ahora te aburres, capullo”. Fue un golpe bajo pero gracioso. Todos se rieron de lo lindo, sobre todo Rosa, que cada minuto se alegraba más de volver a salir con estos maniacos cariñosos. Luego enhebraron a saco y comenzaron a tranquilizarse con bonitas pasadas inocentes. Pero el show no había terminado. Pasado Durón, otros dos grandes moteros, Bull y Tinin, vieron una BlackBird en solitario, la de Roskachapa, alegre, superando ampliamente los 200 y decidieron apretarle un poquito… “a ver qué pasaba”. Los chicos Yamaha eran mucho más jóvenes y andaban de vicio pero ni siquiera ellos se creían lo que estaban viendo. ¿Cómo era posible que dos R1 del 2004 no pudieran con aquel jodido barco? Pues así era amigos. Y encima el piloto de BlackBird apenas se descolgaba (esa etapa ya pasó, como en otros casos, la barriguita chocaba con el deposito en ocasiones). No hubo tregua ni cuartel, tampoco tomarían prisioneros, “Incendio total” solía definir Bull a estas escaramuzas adrenalinitas, ¡no le faltaba razón! Fueron unos minutos intensos y muy racing. Pin-pan, pin-pan, coño, a 290 y nadie cortaba, si llegan a cazarlos no sabremos dónde habrían ido a parar… (una vez, años antes, bajó a tierra un helicóptero de la DGT pero en aquella época solo era multa de 50000 pts, no existían los puntos).
Al llegar a Cifuentes cesaron de atronar y quemar gomas, pararon y se presentaron, felicitándose mutuamente por el arte desplegado en aquellos sesenta intensos kilómetros. Ninguno llevaba conectado el cable de la luz de freno, claro, por lo que la sensación, desde atrás, es que ninguno frenaba nunca ja,ja... Poco después llegaría el grupo inicial, salvo el tarao de la Ducati, hundido en la depre más absoluta y perdido por aquellos mundos de Dios. “Harada” explico lo que había hecho con él y casi le aplaudimos. “Con suerte se habrá encontrado con un Nissan de la GC de algún pueblo perdido, ja,ja, todo por tal de alcanzarnos”. Después, conquistando la comarcal CM-2015, paramos en un pequeño pueblo, y esperamos a los dos amigos que venían de Madrid: GusiluzR6 y alguien que luego llamaríamos Jack Sparrow. Nos pillaron tomando el sol en un banco, conversando animadamente con varios autóctonos del pueblo. Obviamente, estos señores saben siempre en qué zonas de la plaza del pueblo se toma mejor el timido sol de invierno. Apenas tuvimos que esperar media hora.
La bella Alcarria quedó muy atrás, también Beteta, su hoz y sus preciosos buitres. En fin, no daré más detalles racing, que si no me eternizo. Ya cerca del límite entre la provincia de Teruel y Tarragona decidimos parar y buscar un buen asador donde comer. Casi era la hora del Telediario y algunos no podían esperar más para satisfacer las exigencias del estómago. Lo encontramos rápido, ni gps ni leches, preguntando a un abuelillo que nos indicó el más cutre y cañero, el de los camioneros, gran elección, la mejor. Al vernos entrar el dueño del bar se frotaba las manos, vaya “manada de neandertales” debió pensar. Nada más sentarnos, Roskachapa pidió su tercer 103 de la jornada para alegrar los aperitivos que se habían esforzado en sacarnos con celeridad para que no nos fuéramos a la competencia.
El camarero no le entendió del todo y dijo:
- ¿Cómo? ¿un 103 con Coca-Cola?
- Sí, un 103……. pero con Coca-Cola Light, y poquita, que si no me sienta mal y no duermo.
Algunos se rieron (los nuevos) pero así era siempre, una y otra vez. En esta ocasión el pobre camarero tuvo la osadía de equivocarse de Coca y echarle en el 103 una normal sin cafeína... joder, fue probarla y se armo el lío (no la de Dios, eso solo se armaría al segundo error). Se lo cambiaron con mala cara mientras nos empezábamos a quejar del tamaño de los choricitos fritos y del aspecto de las jodidas judías. La cosa empezaba mal.
Como os podéis imaginar la comida fue alegre y desenfadada. Casi acabamos con la fauna de la zona y con alguna de sus bodegas. Los “moscones” contaron algunas de sus más viejas aventuras, destacando, como siempre, la historia de “Burgos-Palencia”, aquella que sucedió cuando, buscando el parking del hotel de Burgos, de noche, con las parientas esperando en el hall, llegaron hasta casi Palencia, parando por el camino en casi todas las luces de neón que encontraban, para preguntar la dirección... A la vuelta, de madrugada, explicaron la verdad pero dió igual, años después estaban divorciados, claro. También hizo estragos la historia de “¡me han robado los espejos de mi VFR!” que consiste en que sales tan ciego de la disco que te montas en tu Honda y empiezas a gritar como un poseso “que me han robado, que me han robado los espejos, cabronesss, pueblo de hijo putas, cabronesss”, mientras los mozos del pueblo empiezan a acercarse y hasta el gorila de la disco se empieza a mosquear pero antes de zumbarte tienes la suerte que un amigo se interponga y te indique varias veces que… te has subido al revés en tu moto.
Gusiluz, siempre tan jovial y bromista, dió la nota, una vez más, cuando accedió a ponerse el casco y el mantel como capa para escenificar el vuelo de una superheroina. Empezó a correr por el bar con elegancia. A mi me recordaba a Batman pero con tetas. Qué chica más genial, ¡qué humor! A uno de la barra se le cayó el palillo de los labios. ¿Quiénes eran estos taraos?, supongo que pensó.


Pues estaban así de felices los miembros de esta gran hermandad cuando llego una moto más a la acera del asador. Era una Fireblade pintada con los colores de Repsol. Parecía que su piloto era un niño (¿tal vez se la había robado a su padre, que era del pueblo?). Entró acompañado de una bella ragazza que todavía no se había quitado el casco. El caso que estábamos en los postres ya por segunda vez cuando el “niño” se acercó a la barra para pedir un Trina de naranja al tiempo que dejaba con esmero su precioso Arai en una silla. Nos miró como quién mira a los monos de un zoo. Supongo que nuestras voces se oían desde Venus, no lo sé. Rápidamente giró la cara, asustado, y se quedó mirando la máquina del café. Joder, la había cagado pero bien, más le hubiera valido entrar en otro local. No hay nada como la curiosidad humana, ja,ja. A nosotros nos dió un pequeño flato o, incluso quizá, un pequeño ataque cardiaco colectivo al reconocerle, ¡¡era nuestro querido Dani, el tricampeón del mundo!! Conste que le queremos y le admiramos con locura, que casi nos levantamos para pedirle un autógrafo, para rendirle homenaje y para alabarle por todas sus grandes hazañas deportivas. Pero nada de eso sucedió en un primer momento, queriamos respetar su vida civil... Le pusieron su Trina y, entre dudas y miedos, no pudo reprimirse y volvió a mirarnos. ¡Ahora sí que la había cagado! Dos de los del “imserso” se levantaron y con una sonrisa que daba miedo le invitaron a acercarse a la mesa. Fueron tan convincentes que el gran piloto no pude escapar de la trampa. Le acomodaron una silla mientras “Harada” le acercaba el Trina que había olvidado en la barra. Para más “INRI”, como si fuera una película o el guión de un sainete, antes de que pudiéramos torturarle con mil preguntas escuchamos el sonido inconfundible de un bicilindrico italiano añejo y conocido. ¡No podíamos creerlo, era el Mudo de Alcalá! ¿qué cojones hacia allí? Claro, venia de otro de “sus” pueblos, ¡¡¡de Calanda!!! Quería subir a la costa pero al ver tantas motos conocidas no pudo resistirse.
Al ver a Dani flipó un poco pero no tanto como nos había pasado a nosotros. Luisito estaba tan acostumbrado a héroes, famosos y pilotos consagrados (sus “duetos” periodísticos con Agostini ya eran famosos por aquellos años) que apenas cambiaba su genial semblante habitual. Después de unas breves palabras de cortesía y saludos en general se sentó entre nosotros y enseguida sacó uno de sus álbumes “portátiles”. Dani quedó literalmente abducido y prisionero, no había manera de escaparse. Al segundo repaso del Mudo nuestro campeón se hundía en su silla. Roskachapa se levantó y le separó del grupo con esa excusa. (Por cierto, Gusiluz por fin se quitó el casco; como estamos de la cabeza, señor). Le dió una palmada en la espalda de cortesía pero casi le desarma. Ya en la barra le invito a despejarse y tomarse un pelotazo Light. (Su acompañante había desaparecido minutos atrás y nadie más volvió a saber de ella). Obviamente, Dani rehusó. El era un deportista no un motorista borracho. Vale, era cierto pero decirlo así… La verdad que el camarero no hacia ni caso, había tanta gente… Otro de la banda, mejor no decir quién, se acercó y le dijo a Dani si quería ver como conseguian sitio en la barra de manera fulminante. Nuestro campeón no pudo más que mover la cabeza afirmativamente entre asustado y agobiado. El que aviso no tardo ni un segundo en tocarse la boca ¡y sacarse la piñata! Fue dejarla en la barra y varias personas gritaron y se alejaron. El susto fue equivalente a las risas, mientras un camarero daba media vuelta y miraba asombrado, con los ojos casi fuera de sus orbitas, la dentadura postiza al lado de la bandeja de los chopitos. (Esto no es coña. Ya había pasado varios veces. La primera sucedió, tiempo atrás, en un bar de Barajas. Normalmente, era un descojone general e inocente, a veces hasta útil). Ya pudieron pedir, teniamos al camarero para nosotros solitos. Las risas cesaron y, para cambiar un poco de aires, el Tábano se acerco y les enseño una vieja foto donde salía Roskachapa y un montón de amigos un tanto perjudicados a altas horas de la noche en la conce de Perros del Ebro (donde casi los linchan por ir con Rs, claro). Hablaron de buscar el equilibrio, de escuchar al famoso lama del Tibet pero nadie dijo gran cosa, Dani y los demás miraron la foto: en ella nadie salia normal. Roskachapa salía pegado a su vaso de tubo, con los ojos cerrados y saturando el ambiente con el amarillo chillón-putón de su camiseta rossista. También salian otros grandes amigos: nuestra Raquel, nuestro Edu Sparrow, el Perito con peluca , Firi, Lobo y los grandes Gregg y Tomás, los "Tortugas" (¡primer encuentro con ellos y ya armándola!).


Al verla, Roskachapa exclamó: "Al carajo con el lama coñooo...mi salud la tengo cogida de la mano como se puede apreciar en la afotoo....como un junco me doblo a un lado y al otro pero siempre tiesooo como se puede ver...haber cuando nos montamos otro exorcismo como este...y que venga la que vive en medio del campo, que hoy no está aqui, para que viva una juerga de las nuestras. ¡¡¡LORENZO CAMPEON!!!"
Buahhh, ya se armó el belén. Dani le miró con cara de mala leche. Hablaron del GP de Alemania de la temporada anterior y la conversación se caldeo. Llegué justo a la barra para ver lo bravo que se ponían, habían tocado en hueso. Ná, no pasaba nada grave, pero se apostaron un pequeño pique durante unos 40 kms, nada, hasta llegar al pueblecito de Arnés. Si Dani ganaba el “moscón” del 103 no volvería a hablar ni llevar camisetas de Lorenzo durante el resto de temporada. Si perdía él, aceptaba hablar de Lorenzo en alguna ocasión cuando le entrevistaran en la tele… y tomarse un 103 en la siguiente parada, en el pueblo indicado. Al oír aquello todos sonreímos con inocencia, qué bonito…… Chocaron las manos y se creó el acuerdo entre caballeros, entre dos pilotos de dos generaciones distantes. La tarde prometía…

Cuando el vicio se convierte en veneno...


Despertó pero no recordó.
Los párpados pesaban quintales pero la luz inundó su vida de nuevo mientras una danza confusa de sensaciones microscópicas conquistaba tímidamente el resto de sus sentidos. Voló fuera de su cuerpo pero aún no lo sabía, aún no recordaba. No sabía nada. Lo único que comprendía, poco a poco, es que le rodeaba un tenue verde y blanco desconocido. Era como una bruma, un decorado. ¿Estaría muerto? Solo faltaba, quizá, el oscuro barquero, el que cobra las monedas para pasarte a la otra orilla. Tardó seis minutos o seis horas en darse cuenta de donde estaba. Primero buscó su cuerpo. Seguía volando en círculos imaginados como un perro sin su hueso... pero veía cosas. Lo descubrió abajo. Su cuerpo estaba atado a una cama. Salían tubos de su cabeza y varias vías drenaban sus brazos. La visión pronto se esfumó, su vuelo finalizó, su ¿consciencia? regresaba al cuerpo físico. Solo podía escuchar un murmullo distorsionado pero en su cerebro una voz se lo dijo. Los párpados cayeron sin remedio pero la primera chispa de conocimiento llegó nítida: obviamente estaba en un hospital.

Pasaron años o siglos o tal vez solo minutos hasta que pudo centrar un poco la mirada, volvía a ser medio humano. Entro una mujer mayor por una puerta que no había visto y la cortina osciló levemente, se estaba acercando. Miro un monitor que no había descubierto antes y luego se fijó en él; dijo algo pero no supo qué. Mucho después percibió que su garganta y su lengua estaban secas. Volvían a la vida, como él y reclamaban clemencia. El dolor y el cansancio le vencían y volvió a dormir durante otro par de días con sus noches, según contaron luego.

La siguiente ocasión fue parecida pero todo sucedió más deprisa. Encontró sus brazos desde dentro, notó que su piel volvía a sentir sensaciones. Ya no volaba por la habitación, la realidad se estaba imponiendo y le anclaba a su magullado cuerpo gracias al dolor y a una incipiente desesperación. Lo peor era no saber nada. La garganta volvía a doler pero no podía parar allí, un nuevo dolor atenazaba ahora sus sentidos: su pecho no era el mismo, algo había pasado allí dentro. Quizá habia explotado como en la película de Alien. Sonrió timidamente en su imaginación. Su cabeza estaba vendada pero no llevaba casco. Volvió a sonreir hacia dentro. Semanas después conseguían levantarle y empezó su justo calvario por idiota. Durante muchas mañanas y muchas tardes estuvo a menudo solo pues, como bien sabéis todos, nada hay como tener una desgracia para quedarte más solo que un intelectual en Tele5. Como hizo Platón cuando anunció que dejaba de celebrar banquetes y fiestas, cuando dejaba de ser poeta generoso para convertirse en filósofo y hombre gris, al final solo quedaron alrededor unos pocos, los verdaderos amigos. La rehabilitación fue dura y solitaria. Los ecos de sus actos resonaba en cada rincón, tanto por la mañana como por la noche. La amargura y el dolor le condujeron a otro sendero. Con el tiempo se sintió ligeramente afortunado y comprendió que todo aquello le había hecho más sabio. Vale, jamás habia temido a la muerte pero era de imbéciles buscarla con tanto ahínco. Cada cosa tiene su momento..., “Que poco apego a la vida” como diría Santi, pues sí, así era aquel hombrecillo. No importa lo fuerte que pegues, el destino te la puede devolver doblaba. Y el asfalto siempre, siempre es más duro que tú.

Meses después, un buen amigo al verle recuperado en el patio de casa se acercó y le dió un abrazo. Le dolió tanto como le gustó, paradoja que luego celebró con un vodka con naranja y la compañía de otros vecinos. El primero que le saludó no recordaba lo de las costillas y su abrazo cariñoso casi le parte en dos. No se quejó mucho pero se le escaparon unas lágrimas por motivos antagónicos, dolor y alegría. La cojera dejó de ser visible y las manos volvieron a coger cosas. Un día de aquel verano, salió de casa incluso, con ellos, los vecinos, a por unos pollos asados. Iba sin camiseta, ya sin muletas, con las vendas y alguna escayola en el brazo. El fuego del sol también le habia hecho mella, estaba rojo como un guiri en una playa española. En resumen, parecia Hellboy, ese irónico diablo rojo de los comics, curioso diablo versión española eso sí... El pantalón corto era casi denunciable y se dejaba ver el bañador mojado debajo, todo un cuadro. Le daba igual, era feliz, por un rato fue la sensación del barrio. Las inconquistables clavículas seguían soportando toda la dignidad de un cuerpo maltrecho pero vivo. Eso ayudaba. Durante aquellas semanas, tuvo mucho tiempo para recordar y para valorar. De hecho, qué bien supo aquel día el pollo asado y las cervezas frías, ¡volvía a disfrutar de cada momento!

Y comenzó a hacer algo que llevaba años sin hacer… pensar con calma.

Fue honesto consigo mismo y valoro sus recuerdos. Primera conclusión: sí, había perdido el sentido de valorar lo humano. Se había comportado como un enfermo, como un obseso, como una máquina que amaba a otra máquina. Lejos de la bonita simbiosis del hombre-moto que había admirado de niño (aquellos pilotos con sus enormes carenados que envolvían su rueda delantera en los años 50 donde no sabías donde terminaba el hombre y comenzaba la máquina), nuestro protagonista se había convertido en un peligroso endemoniado solitario.

Casi había olvidado el sabor de un helado, de una mirada cálida, de una juerga. Casi había olvidado la satisfacción de leer un libro interesante en apenas tres días. Había desperdiciado algunas conversaciones y algunas posibles relaciones por rendir pleitesía, día tras día, a su gran pasión… no, a su reciente obsesión.

Había cruzado la frontera, esa de la que pocos vuelven... y había sobrevivido, ¿por qué? Siguió recordando su pasado: había dejado de dibujar, de regalar sonrisas sin pedir nada a cambio. Mantenía el contacto con la familia pero ahora se arrepentía de no haberles dedicado más tiempo. De no haber ido más veces al cine o de no haber vuelto al Auditorio como prometió una vez a sus padres...

Hasta las rosas que un día regaló a las mujeres que realmente le habían importado habían dejado de estar presentes en su memoria. Todo era pasto del pasado. En aquellos días de locura estaba casi vacío. No era nadie, un indígena bípedo, no solo un inadaptado (casi un piropo en estos tiempos). Todos sus sentidos estaban enfocados en la carretera y en la velocidad. Cada centímetro del cuerpo, cada célula aspiraba a más. La trampa estaba accionada, solo era cuestión de acercarse lo suficiente, hoy o mañana. Escuchaba, moviendo la cabeza afirmativa la diferencia, la gran diferencia entre pasión y obsesión… pero luego se olvidaba.

Recordaba bien los motivos: la incertidumbre de no tener demasiado claro que te encontrarás después del rasante o de aquella curva rápida, la satisfacción de rozar hasta con las orejas, la emoción de apurar hasta el infinito aquella frenada favorita, volar bajo una y otra vez adelantando a todo lo que te encontrabas, notar como se aplastaba la cubierta delantera, como se hundian las suspensiones armónicamente, rozando el límite, como derrapaba el neumático trasero siempre al borde del caos... sentir el poder, todo el poder, en tu mano derecha... sentir cada latido por encima de las 160 pulsaciones, dejar de pensar y solo rodar con la intuición.... vivir cada segundo lo que otros no viven en media vida, sí, sí, sí... Porque para ti rodar no era simplemente una cuestión de diversión, realización personal, desafío o deporte, era algo más... Los dedos acariciando la leva del freno no es más que tu hilo a la vida. A veces funciona. A veces se rompe. Correr en circuito es fácil. Sí, en ese sentido, es fácil. Correr de verdad era apostar por pistas de tres metros de ancho, una ladera a un lado y un montículo, el guardarraíl o el vacío al otro. Es saber que cualquier fallo, relativamente relevante, supone una buena hostia como poco. La adrenalina inundando tu ser, tu cabeza, tu corazón. El pulso y el potasio hacían su trabajo, ¿verdad? Era una droga. Limando tiempos y cultivando obsesiones personales, casi creyéndote un pequeño dios de la velocidad. Siempre con buenas intenciones, quién lo duda. Imbécil legendario, quién lo duda.

Cuando el vicio se convierte en veneno solo es cuestión de tiempo de que acabe contigo. No importa lo fuerte que seas. No importa tu afición, tus principios, tus ideas, tu dinero, tu talento, tu salud, tu fortaleza…, nada, todo es inútil… te atrapa y acaba contigo. Cuando se bombea algo más que pasión y concentración, antes o después, el veneno te deja frito. "Para las rectas motores, para las curvas cojones" era uno de sus lemas... sí, vale, pero hasta cierto punto le decían.

Y en sus recuerdos llegó, por fin, el momento de la inflexión: el accidente. La derrapada, el vuelo, la caída, el impacto terrible. El chasis partido como mudo testigo, en la cuneta, cerca de la cumbre de aquella montaña. Si jugáramos al juego de la sinceridad brutal (sea racional o irracional) la respuesta es casi previsible: realmente, volvería a hacerlo, sí. Dale la ocasión, dale la ocasión... si estuviera de nuevo alli volvería a hacerlo con las mismas ganas... pero con otra actitud: con un poco más de cuidado, con más talento, con más respeto hacia su moto. Caerse sirve para levantarse más sabio, sí, pero, en ocasiones, puede que no te vuelvas a levantar del suelo.

Ahora, tantos años después, sigue adorando las carreteras de montaña y las sinuosas curvas de los valles o puertos. Como dijo un amigo suyo, el caballero del pájaro negro... me gustan los circuitos, por supuesto, pero la tensión, los requisitos y la adrenalina de un buen tramo de montaña es insuperable para algunos. Los minutos que estuvo clinicamente muerto su vida estuvo en la balanza, bajo juicio, seguro. Quizá suene a bufonada pero es posible, solo digo que es posible, que muriese realmente aquel día. Como le pasó a Napoleón dentro de la Gran Pirámide o, dicho por él, a Wayne Rainey en Misano. Pero rogó al destino (Rainey lo hizo a Dios) para que le concediera una oportunidad más de ver a sus seres queridos. Y un hilo de luz, el mismo que le iba a recoger, le escupió hacia el mundo y le permitió abrir los ojos antes de desmayarse. Visitó a San Pedro pero no le dejo entrar, le echó. Tal vez por alguna razón importante se le concedía otra oportunidad. No lo sabemos todavía.


Desde aquel verano, casi un año después del accidente, nuestro protagonista cambio algunas pautas pero dejó intacta la esencia. La pasión siguió pura e incluso creció en su interior pero la puerta hacia la locura y la trampa fue tapiada con gruesos ladrillos de astucia y prioridades. Cuando has cruzado alguna dimensión te vuelves más puro, dentro de lo humano. Todo está más claro. Por eso te ríes o sufres cuando te acusan de alguna mediocridad, de alguna mentira de tebeo. Muchas cosas cambian después de esas experiencias. Ya no tienes necesidad de hacer dobles juegos, desprecias las miserias y ves cómo se complica la vida deseando cosas que no necesitamos realmente... Nuestro amigo volvió a pedir el café en los bares “caliente como las mujeres”, volvió a disfrutar de sus antiguos hobbies para rellenar su tiempo, volvió a valorar las cosas pequeñas que nunca debieron desaparecer de su vida. Luego hubo más cambios y fue feliz durante unos años haciendo una vida, digamos, “normal”. Fue un bálsamo increíble que le hizo mejor persona. No habló de su renacimiento con nadie que no lo necesitara. Volvió a rodar con asiduidad pero dejó de picarse con su sombra o de responder sí o sí a los típicos jovencillos sin miedo. Ahora podía decidir cuando y cómo. Seguía amando las mismas sensaciones pero las ganas le inundaban de otra manera: ya no era veneno lo que latía por dentro, solo vicio, puro vicio, libre y sin concesiones pero solo eso, vicio con chispas de locura. Tal vez muriese con las botas puestas algún día, por qué no, pero no buscaría a la parca día tras día, esa etapa quedaba atrás para siempre. Y escribió en su diario... "La diferencia entre el valiente y el loco es que el primero sabe cuando no merece la pena arriesgar. Para ganar una carrera primero tienes que terminarla".

No caigas en la trampa, amigo mío.
Lo de morir joven y dejar un bonito cadáver es una soberana gilipollez. Todavía quedan muchas cosas por hacer, muchas curvas y amistades que disfrutar. Para ello necesitas seguir en este mundo.

(Agradecer a Mónica su hermosa fotografía tomada en un precioso atardecer de mayo en el circuito de Albacete).

GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...