El día que Roskachapa y Dani se encontraron (segunda parte)



Pues sí, la tarde prometía. Y mucho. Serian ya cerca de las cinco cuando pagamos y fuimos saliendo del restaurante lentamente, muy lentamente. Las últimas jarras de cerveza eran ya cosas del pasado, ahora tocaba probar gasolina. El sol de invierno comenzaba a brillar con menos fuerza, mientras en la calle, entre sonrisas y cuchicheos, se mascaba un ambiente prebélico en toda regla. Casi parecia un duelo del Oeste. Primero, salieron los protagonistas hablando con cierta complicidad. Había buen rollo, bien. Yo, desde atrás, miraba medio alucinado. Era la hostia. don Antonio y don Daniel, juntos, vaya dos patas pa un banco. Uno, héroe de su panda, as de los "GPs de Suicidón", divorciao, veterano piloto de carreras y de la vida, grueso (vamos a dejarlo así), astuto, afable, con más tiros pegaos que la escopeta de José Doroteo Arango Arámbula (más conocido por Pancho Villa, el Centauro del Norte), el otro, que podía ser su hijo, pequeño, fibroso, centrao, metódico, rapidisimo, sosete (y algo serio para mi gusto) y con tanto talento que solo cinco o seis tipos en el mundo le superaban.
Miré su rostro otra vez. La cara es el espejo del alma ¿no? y si eres tio, no veas, somos más transparentes que mi visera a primera hora de la mañana. Ostris, quizá se lo estaba tomando en serio, ¡pero en serio de verdad! Pues sí, veterania y astucia callejera contra el talento inmaculado de un gran campeón. Dani, desde su discreción y mesura, sonreía para sus adentros. Creo que todos le dábamos un poco de pena, normal, ja,ja,ja,ja... ¡en qué hora entró en aquel local!, pero las cosas estaban asi, ninguno iba a volver al geriátrico o al frenopático antes de acabar con aquel duelo de pistoleros motorizados. Al final, la apuesta consistía en llegar hasta Arnés y luego volver alli, a la gasolinera cercana al asador. A los protagonista les pareció bien. Uno, Roskachapa, calzaba en su XX1100 unos Metzeler semideportivos, Dani con su novísima Fireblade 1000, unos picudos Miguelines (cuento esto porque como vivimos inmersos en el marketing de las gomas, pues nada, ahi van los datos de la ocasión, ja,ja). En principio, por moto y talento, la balanza caía del lado del campeón del mundo. Por factor pista y ganas, la balanza se inclina hacia el veterano. Quizá partian con las mismas posibilidades...
Roskachapa se quitó su sombrero de cowboy y se lo dió a su socio, el Tábano, mientras ponía cara de carreras y revisaban las presiones. Como Dani es un caballero ofreció a su rival una ventaja de tres minutos para intentar contrarestar el factor máquina. Roskachapa agradeció de corazón aquel hermoso gesto pero lo rechazó. Las reglas eran claras. Ganaria, obviamente el que primero regresara de Arnés. Siempre sin poner en peligro a nadie más, por supuesto, y pasando por los pueblos a 60 de marcador. Por lo demás... no habia nada más que decir. Rapidamente nos organizamos. Mandamos al Mudo y a otros dos (Gusiluz, Sparrow) hacia Arnés para intentar atraer a todos los posibles grillos que pudieran estar por la zona. Luisito, con su labia habitual, tenia la encomiable misión de distraerles durante media hora si encontraba a alguna patrulla. No era una tarea dificil pero sí importante. Mandamos también a Rosa-T, nuestra dama del asfalto, como refuerzo por si Luisito cansaba a los civilones. Ya se sabe, con ellas muchas cosas son más fáciles de conseguir. Mandamos al caballero de la Aprilia y al poli, Simón, a los pocos cruces que atravesaban el improvisado circuito. Todos los "organizadores" estariamos en comunicación directa por móvil. Desgraciadamente, ninguno de los dos pilotos llevaban bluetooth en el casco por lo que cualquier aviso tendria que ser comunicado al viejo estilo, por el camino, y con las manos (obviamente no llevábamos banderas), no había problema, eramos más que suficientes para cubrir los casi cincuenta kms. del recorrido. En la salida-meta se quedaria el Tábano, que no queria coger la moto. La última vez que le vi en ese rato estaba ya ligando con la última camarera que nos atendió. Le pedimos un poco de concentración y afirmo con la cabeza. Hizo una apuesta, sabia quién ganaria aquel duelo. Yo no lo tenía tan claro... no me atreví a apostar, ¡imperdonable!
Con las motos ya arrancadas, casi en el último momento, Roskachapa le recordó a Dani que tendria que tomarse un 103 si perdía el duelo. Dani sonrió y asentó... al final añadió también: "muy bien, pero en ese caso tú te tomarás un Trina." Wowww, fue de las mejores ideas del finde, como luego veréis.
Hacia quince minutos o más que las liebres se habian ido en busca de problemas. Por los móviles todos decian "ok"... no habia moros en la costa. ¿Tráfico? el normal, poco por aquella preciosa carretera.

Los pilotos Honda se alinearon frente al semáforo que te saca de Alcañiz hacia las glorietas que te mandarian, años después, al circuito de Motorland, a Teruel o, en este caso, hacia Tarragona. Roskachapa en esos días aún andaba más que ahora (aunque cueste de creer) pero el rival que tenia ese día era temible, fantástico, mundialista, ligero, talentoso... ¿qué pasaria? Ninguno de los dos estaba acostumbrado a que otro piloto les venciera. En eso eran muy parecidos. La amiga del Tábano, la camarera buenorra, apareció de pronto con un pañuelo en la mano (¡como en la peli Grease, en el duelo con los coches en el canal!). En unos instantes, la luz del semáforo se volvió verde y salieron ligeritos los dos pilotos, sin mirar atrás pero sin levantar rueda ni chorradas semejantes. La camarera llegó tarde pero no se quedo con las ganas de ondear el pañuelo (sic, el que se aburre es porque quiere...) El sonido, alejándose, era fantástico mientras aqui moi se afanaba en que no se le escapasen demasiado. Sí, me tocó ir de coche-escoba o safety-bike, por lo que pude ver algunos cosas. Al llegar a la glorieta, Dani entro ligero pero comedido, mirando hacia un lado. Creo que quería que le pasase Roskachapa por fuera pero no lo hizo, simplemente nos juntamos los tres (¿¡!?). En los primeros kilómetros nadie tiro fuerte. Vi como miraban por los espejos. Sobrepasamos a un par de coches que no sabian donde se estaban metiendo y, enseguida, nos adentramos en las primeras oscilaciones del terreno. De pronto vi a Dani hacer una trazada de libro, rápida, única, gloriosa, casi de Gran Premio. Ya sabéis, "la trazada es sagrada". A mi me parecio perfecta mientras lo veía alejarse. Roska se quedó un poco retrasado pero en la siguiente recta explotó el motor de su pájaro negro mientras Dani se encontraba los primeros parches del asfalto. Ay, amigo, llegaban los baches y un cambio de asfalto que nadie imaginaba. En una larga de izquierdas, Dani dejó de "aburrirse" y aprendió que por carreteras es mejor, en ocasiones, esconder la rodilla. Mientras hablaba con el asfalto en esos términos Roskachapa se puso a su rebufo y en una bajada sinuosa vi como le hizo un exterior que casi me infarta. Dani se mosqueó, sin duda. Fue de esas pasadas que pican, casi por el arcén contrario. Pude percibirlo desde lejos, el mundialista iba a dejar de intentar jugar al ratón y al gato. Quitó una marcha y volvió a rebasarle. Enseguida llegaron a una zona sinuosa más lenta de apoyos en primera y segunda. La agilidad del piloto HRC y de su R fueron determinantes, de nuevo se escapó. De repente se topó con un coche y como habia linea continua no le rebasó. Su rival vió su actitud y mantuvo la distancia. ¡Gracias a todo ello pude acercarme al dúo! Poco después aceleraron y pude ver, por primera vez, como aprovechaban toda la calzada durante los siguientes kilómetros, ¡qué gozada! Dani comenzó a tumbar casi como en su carreras, olvidándose (malo, ¡malo!) que iba con ruedas de carretera, deportivas sí, pero de calle. Ya sabéis, que los superpilotos con motos de calle a veces se olvidan que no van con sus supermáquinas y sus superneumáticos y la cagan... Afortunadamente, no llevaba avisadores y eso mismo le salvó, creo yo, de hacer el "trípode" en una paella a derechas que abordaron como si fuera la última curva de sus vidas. Yo casi me salgo recto pero luego me contaron que...


El piloto del Mundial se paso un poquito de frenada en una peraltada de tercera. En la siguiente se quedó corto, todo tenía una explicación: las curvas ciegas y desconocidas no le hacian ningún favor. Roska no apretó durante algunos kilómetros, parecía un lobo aguardando su momento o quizá necesitaba un buen 103 para pillar definitivamente el puntito racing, nunca lo sabremos. Mientras tanto, Luisito comunicó que veía una patrulla acercarse a su posición, caminando. Era en la entrada de uno de los pueblecitos, uno que tiene una pequeña gasolinera Cepsa. Dejó de hablar por el móvil y se acercó a los de uniforme verde moviendo sus brazos. Hizo que le mirasen como a un extraterrestre y enseguida les habló de su dama blanca, su Guzzi. Por lo visto estaba a punto de ebullición, les pidió un extintor como quién pregunta la hora. La abdución fue completa (¡menos mal!), los dos pilotos llegaron muy fuertes a la entrada del pueblo aunque pudieron frenar lo suficiente para reducir el ruido atronador que traian de regalo. Los Civiles apenas prestaron atención. La ventaja de la Fireblade sobre la XX era de unos cuatro segundos largos. Yo paré en la gasolinera para descansar un poco. Los protagonistas llegaron en ese orden a Arnés (por cierto, este pueblo, años después, alojaria en ocasiones a la peña de seguidores de Dani, con motivo del GP de Aragón).

De repente, varios minutos más tarde, me avisaron que ya volvian. Dejé de reposar y me puse en marcha sin dejar de mirar por los retrovisores a modo de doblao acojonao que espera que le acribillen. Efectivamente, no pasaron ni dos minutos cuando me hicieron sendos "top gun" por la izquierda, yo no iba despacio asi que no quiero imaginar qué marcaban sus relojes... Por la zona de las curvas ciegas (un precioso tramo donde solo falta pintar los pianos, lo digo en serio) Roska sacó uno de sus ases en la manga frenando un poco de atrás (mientras aceleraba a saco) para hacer lucir la luz trasera. Entre eso y que su rival no se fiaba de aquellas curvas mentirosas, por primera vez, el viejo canalla se escapó unos cien metros. Parecía definitivo pero Dani se recuperó en apenas un par de kilómetros. Llego hasta él y le dió un hachazo antológico en una curva en bajada a izquierdas donde, varios años después, casi hace un recto un querido amigo nuestro, el gallego-ducatero. El mundialista se sintió ganador por última vez..., lo que no se esperaba es que justo a continuación Roska se acercaría a su colín y se lo movería con su mano izquierda, ¡momento clave, y a más de 190! Dani cortó lo justo para perder una docena de metros mientras miraba preocupado hacia atrás, ¿degradación de neumáticos?, ¿falta de grip?... mmmmm.. no, solo boxeo callejero, digo, tretas callejeras. Su rival apretó y  rozó con media moto en las siguientes curvas rápidas dejándole medio clavado. No nos engañemos, ya no se estaban guardando nada pero la ventaja de Roska fue definitiva. Una sacudida de atrás fue todo su balance negativo mientras Dani se mentalizaba que no merecia la pena jugarse la vida para ganar aquel estúpido juego de motoristas borrachos y pendencieros. Quizá tenia razón, quién lo duda... Llegaron a Alcañiz con una diferencia de, más o menos, diez segundos. Primero aplaudieron al ganador, luego al dignisimo rival. Por último, cuando ya llevaban un minuto me aplaudieron a mi. Qué horita me habian dado estos dos megacracks, de "incendio total" como diria Alex.

Ya sin los cascos, no hubo muchas palabras, solo algunas miradas entre los corredores y algún lógico reproche:

- ¿Por qué has hecho eso, abuelo? -espetó el piloto de HRC
- Siento la bromilla pero no podía dejar que me ganaras. Eres más rápido que yo, tenia que compensar con la experiencia. Eso sí, todo hecho con total seguridad y confianza. Era una cuestión vital: si llego a perder y se enteran los "Taparajas" me quedo sin todo mi glamour. Mis felicitaciones más sinceras, todo un honor y un privilegio rodar con vos, eres todo un campeón.
- Joder, vaya explicación... -soltó algo molesto el tricampeón mientras se bajaba de su montura.
- La más sincera, soy de la vieja escuela, de paddocks con tiendas de campaña y roulots, de los Macadam y balas de paja, muy buena carrera, estaba a puntito de nieve, ha sido glorioso, insisto, mis más sinceras felicitaciones.
Algo más comentaron entre ellos pero no nos enteramos. Realmente, daba igual el resultado, eran sin duda dos grandes campeones y habia sido una carrera en toda regla.

Pronto nos reunimos todos los "controles" y demás "banderas" en el mesón donde de nuevo nos recibieron como a leones hambrientos. El dueño tenia una cara entre agradecido y acojonado. Sabia que iba a hacer caja pero no tenia claro a qué precio ja,ja... El momento de cumplir con la apuesta llegó... Después de mucho hablar y celebrar la jornada y el duelo, Dani tuvo que enfrentarse directamente al vaso de tubo con el 103, la light y los hielos... miró a su alrededor y sus ojos dejaron claro qué pensaba... "¡Cabrones!"... A Roska le recordó lo del Trina, quizá le jodiera un poco beber algo tan soso... El caso es que, por primera vez en mi vida vi, vimos, como nuestro ferretero favorito tenia que lidiar con semejante refresco sin burbujas. Hubo risas pero al final, ambos dos, cogieron los tubos y se los acercaron hasta la boca. El primero fue Dani, al que no le tembló el pulso, precisamente. Su primer trago fue a modo de "prueba"... el segundo fue como en plan "concentrado"... se quejó un poco y pidió un pincho para luego "amortiguar" la sensación... rapidamente trajeron de la barra uno de tortilla y una tapa de jamón... Roska, Simón y el Mudo le iban felicitando... "venga, venga, que tú puedes... solo te queda más de la mitad... "... joder, los ánimos eran cojonudos, Dani los miró con una cara que a mi me dió miedo pero asentó con la cabeza como diciendo "que ya lo sé, cojones, que os pensáis...", y así, en silencio, ante una tensión que casi se podía cortar con un cuchillo, se trincó el resto del contenido de un largo, glorioso y suicida trago.. un trago que duró poco más de unos pocos instantes. Creo que metió la pata por ello pero bueno, ya somos mayorcitos... A continuación movió los ojos y se jaló la tortilla con una rapidez inaudita. Todos nos reímos un poco y casi le vuelven a romper la espalda a palmadas felicitándole... "¡Eres el mejor, tio!" dijimos unos cuantos. El caballero de la Aprilia le ofreció su mano como gesto de admiración pero nuestro mundialista comentó que preferiria levantarse un poco... Roska comenzó a saborear el Trina pero vi como, una y otra vez, miraba el interior de su contenido como si estuviera buscando algo en su interior..

De repente, llegó un coche de los de verde. Entraron en el local y nos dijeron que estaban buscando a dos locos motoristas que habian estado jugando a las carreras. Todos pusimos cara de extrañeza... Una vez más el Mudo intervino y nos salvó... ¡qué grande eres, Luisito!, reclamo su extintor y una grúa, también una ambulancia porque teniamos un amigo muy tocado del estómago... Enseguida empezamos a pensar cual... el caso que seis o siete nos tocamos el estómago al mismo tiempo, joderrr. El sargento miró al pobre hombre del bar que seguía flipando en colores y, por fortuna, ante la pregunta de qué si llevábamos toda la tarde alli el dueño del garito contestó (con la seguridad o desesperación que proporciona a veces el pánico) que sí, que llevábamos todo el día y que tenia un cliente tocado de la barriga. Fue decir aquello y la tensión disminuyo... casi tanto como la figura de nuestro piloto mundialista. Volvió a sentarse y comenzó a quejarse. Nos quedamos gratamente sorprendidos. Qué tio más enrollado, cojones, ¡gracias tio por seguirnos el juego, pensamos! Gusiluz no pudo evitar acercarse y ejercer sus dotes médicas, fue la primera en darse cuenta de que no, de que este chico no estaba de coña, de que le habia cambiado el color de la cara y hasta el pulso. Yo al principio pensé que estábamos todos fumaos.. pero a un nivel jamaicano.. pero no, hasta yo, que no me entero de nada me di cuenta que se estaba poniendo malo, malo, pero malo de verdad... El otro Civil que, por lo visto, sabia de estas cosas (había trabajado durante años en la ruta del Bakalao) se acercó y nos dijo que tendria que llamar a a esa ambulancia... De repente todos nos comenzamos a preocupar, nadie sonrió... Los acontecimientos sucedieron a una velocidad de vertigo: mientras el agente marcaba un número en su móvil, el futuro Jack Sparrow se acercó a Roska que llevaba callado mucho rato y comenzó a preguntarle si tenia sueño (¿¿??) Fue tocarle y se nos cayó al suelo, ¡¡hostia puta!! La mitad dejamos medio olvidado a Dani y nos acercamos hasta nuestro amigo.. ¿qué te pasa, maestro?
- El puto Trina me ha sentado mal, si es que esas guarrerias venenosas las carga el diablo, me duele la tripita y veo triple, necesito una enfermera de blanco ligera de cascos y con dotes de mando.  Tábano, cabrón, esto ha sido obra tuya. ¡¡Lorenzo campéon!!

Dicho aquello, el maestro se nos durmió tarareando una rumba y pidiendo una enfermera vestida de cuero.
Y de esta forma tan alucinante dos de los mejores pilotos del mundo salieron de la misma manera de aquel mesón aragonés (que a partir de entonces colocó el típico cartelito de "Reservado derecho de admisión"), es decir, en camilla, compartieron ambulancia, habitación y noche en el hospital de Alcañiz. Fue una noche larga pero mira que nos reímos con las enfermeras (normales) contando lo que habia pasado ja,ja,ja...
Insólitos, inigualables, ¡grande Dani, grande Antonio!


Con afecto, esta historia se la dedicamos al campeón de Pinto, de "Suicidón" y demás zonas de España, experto en tornillos y luces de neón, piloto de altura y gran amigo de sus amigos.



El día que Roskachapa y Dani se encontraron (primera parte)

Esta aventura sucedió en cierta etapa de nuestras vidas... aunque no de manera completa. Fuimos testigos de manera improvisada y por partes. O quizá no, tal vez solo sea fruto de mi imaginación. Si es así, llamaré pronto a Spielberg... Si algo coincide con la realidad tocará cambiar algún dato, varias coladitas y seguramente los nombres para despistar al enemigo, lo típico.
Resulta que, hace unos cuantos años, la panda sureña e inefable de los “moscones” salieron, una vez más, a destripar sus tetracilindricos en línea por la zona de (en principio) La Alcarria. Se abría digamos la “temporada” y las ganas se palpaban en el ambiente. Por cierto, era un domingo soleado de marzo, demasiado teniendo en cuenta el mes. Los fríos invernales parecían vencidos y gastados por una tregua antinatural que azotaba, desde el sur, una mitad de la Península. Entre los “moscones” iban tres personajes que algún día, tal vez, pasaran a formar parte de las leyendas urbanas de la España profunda (a falta de ser protagonistas de algún cómic tipo JoeBar, claro). Para empezar, Simón, el poli motero (todo un seguro salir con él en ciertas situaciones), su ultima borrachera la vomito sobre un detenido que había meado en el coche patrulla de un compañero (por eso le persiguieron) pero ya se encontraba mucho mejor, decía. Desde entonces jamás bebía por el día, todo un referente a sus casi 50 tacos. Su “vieja” 954 aullaba como un lobo encabronado; no es que no llevara dbkiller, es que parecía que iba sin cola y casi sin colectores. Luego estaba el Tábano, irónico y veterano filósofo, todo corazón; gracias a él casi nunca se perdían del todo ni los terminaban de hostiar en algún antro con luces de neón. Su SBK, a diferencia de él, relucía por todas partes. De hecho, parecía que la cogía poco pero era falso, ultimamente rodaba por la noche dando vueltas por el circulo inacabo de la M50 probando su nueva centralita, comparándola con su bólido germano o chequeando su línea completa Yoshimura. También estaba presente, obviamente, nuestro protagonista, Roskachapa, que venia con su flamante y poderosa BlackBird 1100 de carburadores, full power, sin capar. Andaba tanto con ella que, desde Madrid, nunca llegaba al circuito de Albacete en menos de cuatro o cinco horas (¡!). Directamente llegaban hasta Murcia y daban la vuelta al otear el mar u oler la sal marina. No exagero. Consecuencia: siempre llegaban tarde a las tandas o a las carreras. (Pensaron en computar esas tandas por otras en la pista de Cartagena en las mismas fechas pero nunca les dejaron) A la vueltecilla dominguera se apuntaron dos tíos más jóvenes que no sabían muy bien dónde se estaban metiendo pero que también tenían su propia historia. Uno, el típico vacilón de circuito que luego va descuadrado por carretera, se había apostado con uno de ellos, en cierto bar, semanas antes, que cualquier domingo les mojaría la oreja con su moto de calle (una Monster gorda alicatada hasta el infinito, como se nota donde hay pasta..) El y su amigo eran diez años más jóvenes y de coco andaban un poquito justos pero tenían muy buenas manos, vamos, que por lo que se apreciaba, el coctel final prometía ser interesante ya que la zona elegida para ese domingo era revirada en muchos tramos e incluía, incluso, carreteras comarcales. Los veteranos le buscaron las cosquillas pero esperaban que tuvieran un poquito de honor y vergüenza torera llegado el caso, ya sabéis, al margen de típico “por mis cojones este no me adelanta” debería imperar cierto ambiente sano entre locos del mismo sanatorio.
También venia Rosa-T, una simpática y veloz amazona toledana, amiga del poli, que, años atrás, había encandilado a los jerifaltes de cierto foro para ir progresando y cumpliendo sus hermosos sueños (¡chica lista!). Ahora era jefa de un taller en su pueblo manchego y rodaba a menudo rápida; hoy tocaba con nosotros, guay. Su montura, la más bella, era una Triumph blanca tuneada hasta el infinito; sin duda la moto que mejor sonaba de todas. La llevaba con el estilazo y la finura propia de casi todas las mujeres que van fuerte en moto. Por último, para rematar, se apuntó a última hora un educado gentleman de Alcorcón con su RS 250 réplica Harada. Por el número de rozones y demás detalles de la pobre Aprilia aquella incorporación no auguraba nada bueno... pero nos equivocábamos, ¡fue genial! Había corrido varias carreras del Trofeo RACE ¿os acordáis? y tenia muchas batallitas que contar. El problema era que parecía mudo. Daba igual, su moto estaba allí: su chasis de carreras, sus 72 CVs y sus solo 140 kilos de peso prometían el delirio.
Pues nada, después de un generoso primer desayuno, las motos tomaron rumbo a Sacedón con un ritmo alegre pero sensato y ordenado. Al pasar por Tendilla se pararon en una vieja taberna agro muy recomendable done volvieron a desayunar de todo menos leche o café. El peligroso de la naked empezó a malgastar saliva y a quedarse sin paciencia. Increpó un poco a los talluditos líderes del grupo y sentenció con mala sangre que no “había salido con el Imserso para desayunar cada 100 kilómetros”. Razón al "Rossi" no le faltaba pero cometió el error de decirlo con un tono nada amigable. El Tábano le miró con lástima, los demás con cierta mala hostia. También añadió que “empezaba a aburrirse...”... Nadie mencionó la vieja apuesta que había hecho semanas antes… pero flotaba en el ambiente, sin duda. El único que se mosqueo fue el caballero del Dainese planchado, el orgulloso dueño de la Aprilia RS. No hablaba mucho pero para él cualquier salida motera era una especie de Gran Premio anónimo (normal, con esa moto no podía ser un habitual de los “BMW Riders-moñas-show” precisamente). La única fémina del grupo miro a todos, calculando y analizando sus comportamientos, sabia quién iba de legal y quién no pero, a veces, las apariencias engañan… con el de la Aprilia se equivocó, por ejemplo. Antes de pagar en la barra, Roskachapa y el Tábano explicaron por segunda vez al tarao de la Monster trucada que aquella salida no era una salidita dominguera, que era otro de sus “Grandes Premios Cifuentes” y que tuviera más paciencia para solucionar la vieja apuesta. No debía enfadarse tan pronto, tenía que reinar el buen ambiente y la sana “competitividad”. Simón, el poli, pensó en sus vómitos y eligió mentalmente quién seria su próxima victima aquel domingo si le entraban ganas. Por cierto, tuvimos que enrollar con cinta americana a uno de los veteranos allí mismo: la cremallera no aguanto el Racing Breakfast, en fin, pobre mono... o funda. Personalmente me entretuve leyendo y respondiendo varios mensajes cortos. Desde Madrid salían otros amigos, quizá nos alcanzasen a tiempo, genial.
Arrancamos con ganas. El sol ya pegaba lo suficiente y las Coca-Cola bullían en las venas. Los siguientes veinte minutos fueron toda una sinfonía de hachazos continuos. Eso sí, de dos tipos: los limpios y los menos limpios. Roskachapa los dejaba tirar y en las primeras curvas rápidas, pasado Sacedón, se los merendaba, luego en la recta volvía a aflojar un poco, lo justo para que las nakeds ligaran con la zona roja del tacómetro mientras las 1000 bajaban una marcha para acelerar luego como cabrones y dejarlos clavados en la miseria… El Tábano y el poli se lo estaban pasando en grande sacando las piernas para estorbar (sí, no fue invento de los pilotos de MotoGP, ja,ja). Al llegar a una nueva zona de curvas dejaron el protagonismo otra vez a las dos naked y al Roskachapa que, de repente, volvió a frenar para que los nakeros pudieran rebasarle rápida e involuntariamente. Los dos se miraron y decidieron por otra táctica: la de ralentizar el paso (como hacen los pilotos en algunos GP), el problema es que ante esa vieja táctica El Tábano y Rosa llegaban hasta ellos y, el primero, pulsó el botón de pare del más gallito... ¡¡qué risas!! Imagináos, yo iba detrás, y veo como un tio casi hace pleno y se zambulle en el embalse de Entrepeñas mientras mueve la cabeza cabreado como un mono en un funeral. El más soso se quedó mirando y se hizo una especie de recto, jamás volvimos a verle, una pena, pero tenia sus ventajas: hacia unas posturitas tremendas pero a mi me daba coraje y me cansaba solo de verle… El vacilón tandero se recupero enseguida (no era manco el amigo) pero se le nublo el poco raciocinio que pudiera quedarle en la cabeza. Adelantó de mala manera al caballero de la Aprilia 2T, a nuestra chica y al pobre Simón que se preguntaba, levantándose la visera a 230, si sus escupitajos podrían alcanzar a su victima o a algún inocente que rodase detrás…
Cinco minutos después, en el primer stop que alcanzaron, “Harada”, el de la Aprilia, se puso a la altura del killer de la bonita Ducati, cogió la llave de la moto y se la tiró por la cuneta mientras con la otra mano se subía la visera para decirle gritando: “A ver si ahora te aburres, capullo”. Fue un golpe bajo pero gracioso. Todos se rieron de lo lindo, sobre todo Rosa, que cada minuto se alegraba más de volver a salir con estos maniacos cariñosos. Luego enhebraron a saco y comenzaron a tranquilizarse con bonitas pasadas inocentes. Pero el show no había terminado. Pasado Durón, otros dos grandes moteros, Bull y Tinin, vieron una BlackBird en solitario, la de Roskachapa, alegre, superando ampliamente los 200 y decidieron apretarle un poquito… “a ver qué pasaba”. Los chicos Yamaha eran mucho más jóvenes y andaban de vicio pero ni siquiera ellos se creían lo que estaban viendo. ¿Cómo era posible que dos R1 del 2004 no pudieran con aquel jodido barco? Pues así era amigos. Y encima el piloto de BlackBird apenas se descolgaba (esa etapa ya pasó, como en otros casos, la barriguita chocaba con el deposito en ocasiones). No hubo tregua ni cuartel, tampoco tomarían prisioneros, “Incendio total” solía definir Bull a estas escaramuzas adrenalinitas, ¡no le faltaba razón! Fueron unos minutos intensos y muy racing. Pin-pan, pin-pan, coño, a 290 y nadie cortaba, si llegan a cazarlos no sabremos dónde habrían ido a parar… (una vez, años antes, bajó a tierra un helicóptero de la DGT pero en aquella época solo era multa de 50000 pts, no existían los puntos).
Al llegar a Cifuentes cesaron de atronar y quemar gomas, pararon y se presentaron, felicitándose mutuamente por el arte desplegado en aquellos sesenta intensos kilómetros. Ninguno llevaba conectado el cable de la luz de freno, claro, por lo que la sensación, desde atrás, es que ninguno frenaba nunca ja,ja... Poco después llegaría el grupo inicial, salvo el tarao de la Ducati, hundido en la depre más absoluta y perdido por aquellos mundos de Dios. “Harada” explico lo que había hecho con él y casi le aplaudimos. “Con suerte se habrá encontrado con un Nissan de la GC de algún pueblo perdido, ja,ja, todo por tal de alcanzarnos”. Después, conquistando la comarcal CM-2015, paramos en un pequeño pueblo, y esperamos a los dos amigos que venían de Madrid: GusiluzR6 y alguien que luego llamaríamos Jack Sparrow. Nos pillaron tomando el sol en un banco, conversando animadamente con varios autóctonos del pueblo. Obviamente, estos señores saben siempre en qué zonas de la plaza del pueblo se toma mejor el timido sol de invierno. Apenas tuvimos que esperar media hora.
La bella Alcarria quedó muy atrás, también Beteta, su hoz y sus preciosos buitres. En fin, no daré más detalles racing, que si no me eternizo. Ya cerca del límite entre la provincia de Teruel y Tarragona decidimos parar y buscar un buen asador donde comer. Casi era la hora del Telediario y algunos no podían esperar más para satisfacer las exigencias del estómago. Lo encontramos rápido, ni gps ni leches, preguntando a un abuelillo que nos indicó el más cutre y cañero, el de los camioneros, gran elección, la mejor. Al vernos entrar el dueño del bar se frotaba las manos, vaya “manada de neandertales” debió pensar. Nada más sentarnos, Roskachapa pidió su tercer 103 de la jornada para alegrar los aperitivos que se habían esforzado en sacarnos con celeridad para que no nos fuéramos a la competencia.
El camarero no le entendió del todo y dijo:
- ¿Cómo? ¿un 103 con Coca-Cola?
- Sí, un 103……. pero con Coca-Cola Light, y poquita, que si no me sienta mal y no duermo.
Algunos se rieron (los nuevos) pero así era siempre, una y otra vez. En esta ocasión el pobre camarero tuvo la osadía de equivocarse de Coca y echarle en el 103 una normal sin cafeína... joder, fue probarla y se armo el lío (no la de Dios, eso solo se armaría al segundo error). Se lo cambiaron con mala cara mientras nos empezábamos a quejar del tamaño de los choricitos fritos y del aspecto de las jodidas judías. La cosa empezaba mal.
Como os podéis imaginar la comida fue alegre y desenfadada. Casi acabamos con la fauna de la zona y con alguna de sus bodegas. Los “moscones” contaron algunas de sus más viejas aventuras, destacando, como siempre, la historia de “Burgos-Palencia”, aquella que sucedió cuando, buscando el parking del hotel de Burgos, de noche, con las parientas esperando en el hall, llegaron hasta casi Palencia, parando por el camino en casi todas las luces de neón que encontraban, para preguntar la dirección... A la vuelta, de madrugada, explicaron la verdad pero dió igual, años después estaban divorciados, claro. También hizo estragos la historia de “¡me han robado los espejos de mi VFR!” que consiste en que sales tan ciego de la disco que te montas en tu Honda y empiezas a gritar como un poseso “que me han robado, que me han robado los espejos, cabronesss, pueblo de hijo putas, cabronesss”, mientras los mozos del pueblo empiezan a acercarse y hasta el gorila de la disco se empieza a mosquear pero antes de zumbarte tienes la suerte que un amigo se interponga y te indique varias veces que… te has subido al revés en tu moto.
Gusiluz, siempre tan jovial y bromista, dió la nota, una vez más, cuando accedió a ponerse el casco y el mantel como capa para escenificar el vuelo de una superheroina. Empezó a correr por el bar con elegancia. A mi me recordaba a Batman pero con tetas. Qué chica más genial, ¡qué humor! A uno de la barra se le cayó el palillo de los labios. ¿Quiénes eran estos taraos?, supongo que pensó.


Pues estaban así de felices los miembros de esta gran hermandad cuando llego una moto más a la acera del asador. Era una Fireblade pintada con los colores de Repsol. Parecía que su piloto era un niño (¿tal vez se la había robado a su padre, que era del pueblo?). Entró acompañado de una bella ragazza que todavía no se había quitado el casco. El caso que estábamos en los postres ya por segunda vez cuando el “niño” se acercó a la barra para pedir un Trina de naranja al tiempo que dejaba con esmero su precioso Arai en una silla. Nos miró como quién mira a los monos de un zoo. Supongo que nuestras voces se oían desde Venus, no lo sé. Rápidamente giró la cara, asustado, y se quedó mirando la máquina del café. Joder, la había cagado pero bien, más le hubiera valido entrar en otro local. No hay nada como la curiosidad humana, ja,ja. A nosotros nos dió un pequeño flato o, incluso quizá, un pequeño ataque cardiaco colectivo al reconocerle, ¡¡era nuestro querido Dani, el tricampeón del mundo!! Conste que le queremos y le admiramos con locura, que casi nos levantamos para pedirle un autógrafo, para rendirle homenaje y para alabarle por todas sus grandes hazañas deportivas. Pero nada de eso sucedió en un primer momento, queriamos respetar su vida civil... Le pusieron su Trina y, entre dudas y miedos, no pudo reprimirse y volvió a mirarnos. ¡Ahora sí que la había cagado! Dos de los del “imserso” se levantaron y con una sonrisa que daba miedo le invitaron a acercarse a la mesa. Fueron tan convincentes que el gran piloto no pude escapar de la trampa. Le acomodaron una silla mientras “Harada” le acercaba el Trina que había olvidado en la barra. Para más “INRI”, como si fuera una película o el guión de un sainete, antes de que pudiéramos torturarle con mil preguntas escuchamos el sonido inconfundible de un bicilindrico italiano añejo y conocido. ¡No podíamos creerlo, era el Mudo de Alcalá! ¿qué cojones hacia allí? Claro, venia de otro de “sus” pueblos, ¡¡¡de Calanda!!! Quería subir a la costa pero al ver tantas motos conocidas no pudo resistirse.
Al ver a Dani flipó un poco pero no tanto como nos había pasado a nosotros. Luisito estaba tan acostumbrado a héroes, famosos y pilotos consagrados (sus “duetos” periodísticos con Agostini ya eran famosos por aquellos años) que apenas cambiaba su genial semblante habitual. Después de unas breves palabras de cortesía y saludos en general se sentó entre nosotros y enseguida sacó uno de sus álbumes “portátiles”. Dani quedó literalmente abducido y prisionero, no había manera de escaparse. Al segundo repaso del Mudo nuestro campeón se hundía en su silla. Roskachapa se levantó y le separó del grupo con esa excusa. (Por cierto, Gusiluz por fin se quitó el casco; como estamos de la cabeza, señor). Le dió una palmada en la espalda de cortesía pero casi le desarma. Ya en la barra le invito a despejarse y tomarse un pelotazo Light. (Su acompañante había desaparecido minutos atrás y nadie más volvió a saber de ella). Obviamente, Dani rehusó. El era un deportista no un motorista borracho. Vale, era cierto pero decirlo así… La verdad que el camarero no hacia ni caso, había tanta gente… Otro de la banda, mejor no decir quién, se acercó y le dijo a Dani si quería ver como conseguian sitio en la barra de manera fulminante. Nuestro campeón no pudo más que mover la cabeza afirmativamente entre asustado y agobiado. El que aviso no tardo ni un segundo en tocarse la boca ¡y sacarse la piñata! Fue dejarla en la barra y varias personas gritaron y se alejaron. El susto fue equivalente a las risas, mientras un camarero daba media vuelta y miraba asombrado, con los ojos casi fuera de sus orbitas, la dentadura postiza al lado de la bandeja de los chopitos. (Esto no es coña. Ya había pasado varios veces. La primera sucedió, tiempo atrás, en un bar de Barajas. Normalmente, era un descojone general e inocente, a veces hasta útil). Ya pudieron pedir, teniamos al camarero para nosotros solitos. Las risas cesaron y, para cambiar un poco de aires, el Tábano se acerco y les enseño una vieja foto donde salía Roskachapa y un montón de amigos un tanto perjudicados a altas horas de la noche en la conce de Perros del Ebro (donde casi los linchan por ir con Rs, claro). Hablaron de buscar el equilibrio, de escuchar al famoso lama del Tibet pero nadie dijo gran cosa, Dani y los demás miraron la foto: en ella nadie salia normal. Roskachapa salía pegado a su vaso de tubo, con los ojos cerrados y saturando el ambiente con el amarillo chillón-putón de su camiseta rossista. También salian otros grandes amigos: nuestra Raquel, nuestro Edu Sparrow, el Perito con peluca , Firi, Lobo y los grandes Gregg y Tomás, los "Tortugas" (¡primer encuentro con ellos y ya armándola!).


Al verla, Roskachapa exclamó: "Al carajo con el lama coñooo...mi salud la tengo cogida de la mano como se puede apreciar en la afotoo....como un junco me doblo a un lado y al otro pero siempre tiesooo como se puede ver...haber cuando nos montamos otro exorcismo como este...y que venga la que vive en medio del campo, que hoy no está aqui, para que viva una juerga de las nuestras. ¡¡¡LORENZO CAMPEON!!!"
Buahhh, ya se armó el belén. Dani le miró con cara de mala leche. Hablaron del GP de Alemania de la temporada anterior y la conversación se caldeo. Llegué justo a la barra para ver lo bravo que se ponían, habían tocado en hueso. Ná, no pasaba nada grave, pero se apostaron un pequeño pique durante unos 40 kms, nada, hasta llegar al pueblecito de Arnés. Si Dani ganaba el “moscón” del 103 no volvería a hablar ni llevar camisetas de Lorenzo durante el resto de temporada. Si perdía él, aceptaba hablar de Lorenzo en alguna ocasión cuando le entrevistaran en la tele… y tomarse un 103 en la siguiente parada, en el pueblo indicado. Al oír aquello todos sonreímos con inocencia, qué bonito…… Chocaron las manos y se creó el acuerdo entre caballeros, entre dos pilotos de dos generaciones distantes. La tarde prometía…

Cuando el vicio se convierte en veneno...


Despertó pero no recordó.
Los párpados pesaban quintales pero la luz inundó su vida de nuevo mientras una danza confusa de sensaciones microscópicas conquistaba tímidamente el resto de sus sentidos. Voló fuera de su cuerpo pero aún no lo sabía, aún no recordaba. No sabía nada. Lo único que comprendía, poco a poco, es que le rodeaba un tenue verde y blanco desconocido. Era como una bruma, un decorado. ¿Estaría muerto? Solo faltaba, quizá, el oscuro barquero, el que cobra las monedas para pasarte a la otra orilla. Tardó seis minutos o seis horas en darse cuenta de donde estaba. Primero buscó su cuerpo. Seguía volando en círculos imaginados como un perro sin su hueso... pero veía cosas. Lo descubrió abajo. Su cuerpo estaba atado a una cama. Salían tubos de su cabeza y varias vías drenaban sus brazos. La visión pronto se esfumó, su vuelo finalizó, su ¿consciencia? regresaba al cuerpo físico. Solo podía escuchar un murmullo distorsionado pero en su cerebro una voz se lo dijo. Los párpados cayeron sin remedio pero la primera chispa de conocimiento llegó nítida: obviamente estaba en un hospital.

Pasaron años o siglos o tal vez solo minutos hasta que pudo centrar un poco la mirada, volvía a ser medio humano. Entro una mujer mayor por una puerta que no había visto y la cortina osciló levemente, se estaba acercando. Miro un monitor que no había descubierto antes y luego se fijó en él; dijo algo pero no supo qué. Mucho después percibió que su garganta y su lengua estaban secas. Volvían a la vida, como él y reclamaban clemencia. El dolor y el cansancio le vencían y volvió a dormir durante otro par de días con sus noches, según contaron luego.

La siguiente ocasión fue parecida pero todo sucedió más deprisa. Encontró sus brazos desde dentro, notó que su piel volvía a sentir sensaciones. Ya no volaba por la habitación, la realidad se estaba imponiendo y le anclaba a su magullado cuerpo gracias al dolor y a una incipiente desesperación. Lo peor era no saber nada. La garganta volvía a doler pero no podía parar allí, un nuevo dolor atenazaba ahora sus sentidos: su pecho no era el mismo, algo había pasado allí dentro. Quizá habia explotado como en la película de Alien. Sonrió timidamente en su imaginación. Su cabeza estaba vendada pero no llevaba casco. Volvió a sonreir hacia dentro. Semanas después conseguían levantarle y empezó su justo calvario por idiota. Durante muchas mañanas y muchas tardes estuvo a menudo solo pues, como bien sabéis todos, nada hay como tener una desgracia para quedarte más solo que un intelectual en Tele5. Como hizo Platón cuando anunció que dejaba de celebrar banquetes y fiestas, cuando dejaba de ser poeta generoso para convertirse en filósofo y hombre gris, al final solo quedaron alrededor unos pocos, los verdaderos amigos. La rehabilitación fue dura y solitaria. Los ecos de sus actos resonaba en cada rincón, tanto por la mañana como por la noche. La amargura y el dolor le condujeron a otro sendero. Con el tiempo se sintió ligeramente afortunado y comprendió que todo aquello le había hecho más sabio. Vale, jamás habia temido a la muerte pero era de imbéciles buscarla con tanto ahínco. Cada cosa tiene su momento..., “Que poco apego a la vida” como diría Santi, pues sí, así era aquel hombrecillo. No importa lo fuerte que pegues, el destino te la puede devolver doblaba. Y el asfalto siempre, siempre es más duro que tú.

Meses después, un buen amigo al verle recuperado en el patio de casa se acercó y le dió un abrazo. Le dolió tanto como le gustó, paradoja que luego celebró con un vodka con naranja y la compañía de otros vecinos. El primero que le saludó no recordaba lo de las costillas y su abrazo cariñoso casi le parte en dos. No se quejó mucho pero se le escaparon unas lágrimas por motivos antagónicos, dolor y alegría. La cojera dejó de ser visible y las manos volvieron a coger cosas. Un día de aquel verano, salió de casa incluso, con ellos, los vecinos, a por unos pollos asados. Iba sin camiseta, ya sin muletas, con las vendas y alguna escayola en el brazo. El fuego del sol también le habia hecho mella, estaba rojo como un guiri en una playa española. En resumen, parecia Hellboy, ese irónico diablo rojo de los comics, curioso diablo versión española eso sí... El pantalón corto era casi denunciable y se dejaba ver el bañador mojado debajo, todo un cuadro. Le daba igual, era feliz, por un rato fue la sensación del barrio. Las inconquistables clavículas seguían soportando toda la dignidad de un cuerpo maltrecho pero vivo. Eso ayudaba. Durante aquellas semanas, tuvo mucho tiempo para recordar y para valorar. De hecho, qué bien supo aquel día el pollo asado y las cervezas frías, ¡volvía a disfrutar de cada momento!

Y comenzó a hacer algo que llevaba años sin hacer… pensar con calma.

Fue honesto consigo mismo y valoro sus recuerdos. Primera conclusión: sí, había perdido el sentido de valorar lo humano. Se había comportado como un enfermo, como un obseso, como una máquina que amaba a otra máquina. Lejos de la bonita simbiosis del hombre-moto que había admirado de niño (aquellos pilotos con sus enormes carenados que envolvían su rueda delantera en los años 50 donde no sabías donde terminaba el hombre y comenzaba la máquina), nuestro protagonista se había convertido en un peligroso endemoniado solitario.

Casi había olvidado el sabor de un helado, de una mirada cálida, de una juerga. Casi había olvidado la satisfacción de leer un libro interesante en apenas tres días. Había desperdiciado algunas conversaciones y algunas posibles relaciones por rendir pleitesía, día tras día, a su gran pasión… no, a su reciente obsesión.

Había cruzado la frontera, esa de la que pocos vuelven... y había sobrevivido, ¿por qué? Siguió recordando su pasado: había dejado de dibujar, de regalar sonrisas sin pedir nada a cambio. Mantenía el contacto con la familia pero ahora se arrepentía de no haberles dedicado más tiempo. De no haber ido más veces al cine o de no haber vuelto al Auditorio como prometió una vez a sus padres...

Hasta las rosas que un día regaló a las mujeres que realmente le habían importado habían dejado de estar presentes en su memoria. Todo era pasto del pasado. En aquellos días de locura estaba casi vacío. No era nadie, un indígena bípedo, no solo un inadaptado (casi un piropo en estos tiempos). Todos sus sentidos estaban enfocados en la carretera y en la velocidad. Cada centímetro del cuerpo, cada célula aspiraba a más. La trampa estaba accionada, solo era cuestión de acercarse lo suficiente, hoy o mañana. Escuchaba, moviendo la cabeza afirmativa la diferencia, la gran diferencia entre pasión y obsesión… pero luego se olvidaba.

Recordaba bien los motivos: la incertidumbre de no tener demasiado claro que te encontrarás después del rasante o de aquella curva rápida, la satisfacción de rozar hasta con las orejas, la emoción de apurar hasta el infinito aquella frenada favorita, volar bajo una y otra vez adelantando a todo lo que te encontrabas, notar como se aplastaba la cubierta delantera, como se hundian las suspensiones armónicamente, rozando el límite, como derrapaba el neumático trasero siempre al borde del caos... sentir el poder, todo el poder, en tu mano derecha... sentir cada latido por encima de las 160 pulsaciones, dejar de pensar y solo rodar con la intuición.... vivir cada segundo lo que otros no viven en media vida, sí, sí, sí... Porque para ti rodar no era simplemente una cuestión de diversión, realización personal, desafío o deporte, era algo más... Los dedos acariciando la leva del freno no es más que tu hilo a la vida. A veces funciona. A veces se rompe. Correr en circuito es fácil. Sí, en ese sentido, es fácil. Correr de verdad era apostar por pistas de tres metros de ancho, una ladera a un lado y un montículo, el guardarraíl o el vacío al otro. Es saber que cualquier fallo, relativamente relevante, supone una buena hostia como poco. La adrenalina inundando tu ser, tu cabeza, tu corazón. El pulso y el potasio hacían su trabajo, ¿verdad? Era una droga. Limando tiempos y cultivando obsesiones personales, casi creyéndote un pequeño dios de la velocidad. Siempre con buenas intenciones, quién lo duda. Imbécil legendario, quién lo duda.

Cuando el vicio se convierte en veneno solo es cuestión de tiempo de que acabe contigo. No importa lo fuerte que seas. No importa tu afición, tus principios, tus ideas, tu dinero, tu talento, tu salud, tu fortaleza…, nada, todo es inútil… te atrapa y acaba contigo. Cuando se bombea algo más que pasión y concentración, antes o después, el veneno te deja frito. "Para las rectas motores, para las curvas cojones" era uno de sus lemas... sí, vale, pero hasta cierto punto le decían.

Y en sus recuerdos llegó, por fin, el momento de la inflexión: el accidente. La derrapada, el vuelo, la caída, el impacto terrible. El chasis partido como mudo testigo, en la cuneta, cerca de la cumbre de aquella montaña. Si jugáramos al juego de la sinceridad brutal (sea racional o irracional) la respuesta es casi previsible: realmente, volvería a hacerlo, sí. Dale la ocasión, dale la ocasión... si estuviera de nuevo alli volvería a hacerlo con las mismas ganas... pero con otra actitud: con un poco más de cuidado, con más talento, con más respeto hacia su moto. Caerse sirve para levantarse más sabio, sí, pero, en ocasiones, puede que no te vuelvas a levantar del suelo.

Ahora, tantos años después, sigue adorando las carreteras de montaña y las sinuosas curvas de los valles o puertos. Como dijo un amigo suyo, el caballero del pájaro negro... me gustan los circuitos, por supuesto, pero la tensión, los requisitos y la adrenalina de un buen tramo de montaña es insuperable para algunos. Los minutos que estuvo clinicamente muerto su vida estuvo en la balanza, bajo juicio, seguro. Quizá suene a bufonada pero es posible, solo digo que es posible, que muriese realmente aquel día. Como le pasó a Napoleón dentro de la Gran Pirámide o, dicho por él, a Wayne Rainey en Misano. Pero rogó al destino (Rainey lo hizo a Dios) para que le concediera una oportunidad más de ver a sus seres queridos. Y un hilo de luz, el mismo que le iba a recoger, le escupió hacia el mundo y le permitió abrir los ojos antes de desmayarse. Visitó a San Pedro pero no le dejo entrar, le echó. Tal vez por alguna razón importante se le concedía otra oportunidad. No lo sabemos todavía.


Desde aquel verano, casi un año después del accidente, nuestro protagonista cambio algunas pautas pero dejó intacta la esencia. La pasión siguió pura e incluso creció en su interior pero la puerta hacia la locura y la trampa fue tapiada con gruesos ladrillos de astucia y prioridades. Cuando has cruzado alguna dimensión te vuelves más puro, dentro de lo humano. Todo está más claro. Por eso te ríes o sufres cuando te acusan de alguna mediocridad, de alguna mentira de tebeo. Muchas cosas cambian después de esas experiencias. Ya no tienes necesidad de hacer dobles juegos, desprecias las miserias y ves cómo se complica la vida deseando cosas que no necesitamos realmente... Nuestro amigo volvió a pedir el café en los bares “caliente como las mujeres”, volvió a disfrutar de sus antiguos hobbies para rellenar su tiempo, volvió a valorar las cosas pequeñas que nunca debieron desaparecer de su vida. Luego hubo más cambios y fue feliz durante unos años haciendo una vida, digamos, “normal”. Fue un bálsamo increíble que le hizo mejor persona. No habló de su renacimiento con nadie que no lo necesitara. Volvió a rodar con asiduidad pero dejó de picarse con su sombra o de responder sí o sí a los típicos jovencillos sin miedo. Ahora podía decidir cuando y cómo. Seguía amando las mismas sensaciones pero las ganas le inundaban de otra manera: ya no era veneno lo que latía por dentro, solo vicio, puro vicio, libre y sin concesiones pero solo eso, vicio con chispas de locura. Tal vez muriese con las botas puestas algún día, por qué no, pero no buscaría a la parca día tras día, esa etapa quedaba atrás para siempre. Y escribió en su diario... "La diferencia entre el valiente y el loco es que el primero sabe cuando no merece la pena arriesgar. Para ganar una carrera primero tienes que terminarla".

No caigas en la trampa, amigo mío.
Lo de morir joven y dejar un bonito cadáver es una soberana gilipollez. Todavía quedan muchas cosas por hacer, muchas curvas y amistades que disfrutar. Para ello necesitas seguir en este mundo.

(Agradecer a Mónica su hermosa fotografía tomada en un precioso atardecer de mayo en el circuito de Albacete).

Cuando el mundo era más sencillo... (tributo a Kawasaki)


Vispera del segundo fin de semana de julio, año 1997. Después de una noche muy movidita, con muchas llamadas de teléfono, malas palabras y hasta alguna amenaza (me habia autodespedido de una academia donde llevabamos varios meses sin cobrar y no sentó muy bien) me levanto a eso de las diez y desayuno. I feel good, hasta más libre que un día antes. No tengo un duro ni un curro a la vista pero puedo salir de viaje gracias a las 60.000 pts. que me pagaron por otra vía, poco antes, por programar un CDRom multimedia sobre las Denominaciones de Origen de los vinos de Castilla y León. Un trabajito interesante, ¡aunque no probé gota! Todo es sencillo de gestionar. ¿Que no me pagas? me voy. ¿Que tengo un duro? me lo fundo. ¿Que salgo con la moto? no miro en las cunetas, solo enrrosco. ¿Que no te intereso? bueno, pues buen rollo y una sonrisa. Todo más fácil, sin apenas responsabilidades, sin descendencia, sin hipoteca, sin visitas al médico, sin apenas preocupaciones por nada. No todos son flores. En esos tiempos, incluso ya con 24 añazos, soy un lerdo en muchos temas, me la pegan a menudo. Con el tiempo mejoramos en ese aspecto aunque no demasiado. La pandilla del barrio es de lo mejor. Lo pasamos bien y no somos demasiado malotes. Quizá la peor "gamberrada" sea lanzar algún preservativo usado por la ventana del tercero o practicar streaking en verano. Parque, montaña, chicas, estudios, música, lo típico a esa edad..., somos una buena panda aunque sin un duro y, entre los moterillos, pocas motos grandes aunque yo acabo de estrenar la Kawasaki que habia sido de mi padre a cambio de la venta de la SR, ¡no me quejo! Qué aceleraciones, qué feeling... que ganas todos los días de sacarla a pasear. (Eso sí, en zona de curvas lentas y aceleraciones la roja Cagiva Freccia de mi gran amigo Tomás me alcanza... pero rompe a menudo, ja,ja) Con pocas excepciones, de lunes a viernes voy con ella a trabajar y luego casi todos los sábados o domingo damos alguna vueltecita. Es, además, cómoda, se presta para dar paseos a dúo. Una tarde de agosto, atravesando la Casa de Campo, noto que se cae un objeto de la moto en marcha... paro... no veo nada en la calzada pero sí que muchas de las chavalas que alli se buscan la vida se acercan hacia mi lentamente, con curiosidad... Por más que miro, sigo sin encontrar que coño se le ha podido caer a la Kawa. Una de las chicas se acerca bastante y me dice, señalando con un dedo: "Se te ha caido eso"... miro a donde apunta y veo en el suelo ¡el embellecedor del escape! Doy las gracias, lo recogo y me voy pitando, muerto de vergüenza.

La cambiamos cositas para personalizarla pero pronto tenemos que hacerla el motor por un problema de engrase que heradamos de su primer dueño (un chaval que mezclaba sintéticos con minerales, vamos, para matarle). Tres piñones del cambio dicen adiós. Cada uno cuesta 10.000 pts, cojonudo... Sí, el cambio está ko, pero no por ser Kawasaki. Una masa sucia y viscosa tapona casi por completo el filtro de la bomba de aceite e impide el engrase. Un casquillo se fundió y su piñón "tropezó" con sus hermanos. Dos meses sin moto. Aprovechamos para ponerle un cortacorriente manual, cambio de filtros, aceite y se le hace una "pata de araña" al casquillo que se fundió para mejorar su engrase. Busca en estos días un tornero que te haga esas maravillas... ahora todo se basa en la regla de usar y tirar. Antes se arreglaban las cosas a menudo, doy fe. También teniamos al señor soldador "de toda la vida" en la calle del Barco, un auténtico maestro que hacia trabajos increíbles. Siempre le vi soldando con un pitillo en la boca. El no hablaba mucho pero sus obras sí.

Quizá todo era más sencillo, más humano. Antes se te caía un bulto y le entraba por la cabeza a otro pobre pasajero que todavia estaba sentado y terminabas riéndote cuando, después de disculparte, te decia: "no te preocupes, la última vez que volé fue peor, me cayó un portatil encima" (verídico), ahora supongo que te demandarian o algo así. Antes se podia hacer una buena prueba en carretera abierta y echar unas carreras entre una Kawasaki ZZR y cierto tren de Alta Velocidad sin terminar entre rejas, anunciándolo en portada para más "inri". Ahora te llamarian criminal solo por sugerirlo... ¿no? Antes se iba a Elefantes y era, lo era, una hazaña. Ahora acuden a Pingüinos y, algunos, piensan que han conseguido el "doctorado" motero...

Bueno, volviendo a 1997, en esos días mi padre llevaba casi un año con la R100RS que tantas Vueltas Ciclistas hizo con nuestro amigo "Perlita". Es un boxer de litro con un par motor impresionante, claro. Da igual que suba, baje, pegue el aire de frente o que llanee pacíficamente, mantiene la velocidad de manera inmutable. Entre unas cosas y otras, ahora los viajes son en business-class. Con estas motos se adelanta cosa mala. Lo de los radares es solo un murmullo en voz baja, aqui nadie baja de 160. La BMW estira más pero la mia acelera como una endemoniada. Claro, ¡no deja de ser una Kawasaki! Procedente de la moda naked que asoló Japón en los años 90, la Zephyr, para mi, es la viva estampa de lo que es una moto de verdad. ¿Linea clásicas? sí, la línea de las primeras Superbikes, la de los años 70, ¿cromados? muchisimos, ¿manillar ancho? sí pero no tanto, ¿faro redondo? ¡por supuesto! ¿dos amortiguadores? ¡por qué no! ¿4 en 1? ¡mejor! ¿Tira, tiene nervio? ¿Que si tiene nervio...? En zona de puertos es una auténtica "mata Rs" y mucho más cómoda. Supongo que gracias a su tetracilindrico de carrera corta, a la perfecta carburación que la hacemos y a la simple pero efectiva modificación en el escape que le, digamos, practicamos (simple desvirgación con un hierro largo, meses después le pondria un Harpoon) la moto es un disparo. Su música celestial es ACOJONANTE y, además, acojona. Ríete de los Mivv o Akraprovic modernos. Voy por la ciudad y cuando acelero los coches se apartan. Motivos de seguridad "me obligan" a acelerar, je,je. Cuando das gas a saco la sensación es que vas a la velocidad de la luz. Con los amortiguadores algo ya cedidos, derrapa hasta en linea recta, se me mueven hasta las primeras caries, glorioso. A menudo la rueda delantera mira hacia el cielo un poquito y luego es habitual hacer tope con la horquilla en las frenadas, asi que antes de que exploten los retenes y haga los topes con los dientes subimos las barras un centimetro por encima de la tija para agachar la moto del delante y metemos unos casquillos de teflón dentro de ellas (vieja mania de mi padre, eso sí muy efectiva y más barata que cambiar los muelles) aparte de poner un aceite más denso. La cosa mejora. Además, frena como Dios, pronto me acostumbro a sus discos, grandes como dos paelleras, una maravilla, ¡qué diferencia del tambor tuneado de la SR250! La vida es hermosa y todo es muy sencillo aunque a menudo seguimos echando curriculums y buscándonos la vida mientras "eso" de internet comienza a afianzarse un poco en España y veo que promete. El cuerpo acompaña fiel y todavía no nos han dado ningún palo importante, todo cuenta, saldo positivo.

Pues en esa estábamos, desayunando en casa sobre las diez y pico, nos vamos de viaje. El primero largo con la Kawa. Camino de Bardonecchia, de la mítica Stella Alpina. Teniamos pensado salir a las ocho de la mañana pero, después de la nochecita toledana, se impuso dormir algunas horas y todo se fue retrasando. Esta vez iriamos los dos solos. Al final llega el calor del mediodía cuando arrancamos las dos motos de la imagen de arriba, una de mis fotos favoritas de siempre. La gloriosa Zephyr y la vieja R100RS, mi padre y yo, juntos una vez más rumbo a la legendaria Stella, pero esta vez con dos motos de prestaciones, al menos, dignas. Qué gran año estaba siendo aquel. Ibamos al mismo ritmo, devorábamos kilómetros y birras sin parar... y con alegría.


Pasamos por Andorra, como siempre y al día siguiente, en el puerto de Montgenèvre (1854 m), esa zona que parece tener siempre clima propia, nos llueve con generosidad. Luego, a pocos kilómetros de Bardonecchia, en marcha, a mi padre se le caen del equipaje unas cuantas ciruelas (si digo malacotones suena muy gitano, ¿no?) y me veo durante medio kilómetro jugando al gran slam, diver. En los Alpes todo parece sacado de un cuento de color verde. Disfrutamos y olvidamos los problemas mundanos durante varios días. A la vuelta, llegando a Guadalajara, oigo en marcha un ruido alarmante... no es que suene mucho el escape es que lo que escucho empieza a preocupar. Enseguida noto un pequeño "desfallecimiento". Paramos a mirar. La "petaca" que tranquiliza los humos del 4 en 1, justo por debajo del carter, se está rajando. Uff, menos mal que quedan pocos kilómetros para meta. Días después, rematamos al enfermo y soldamos una plaquita. Ahora el tubo y la salida de los gases es más directa, gana entre 200 y 300 rpm, además pesa menos, fantástico. Esto ya es un escape libre en toda regla, el rugido del sonido se hace autenticamente SALVAJE. Pasar la ITV es casi una peli de ciencia ficción pero no imposible. En esos años, las cosas son más fáciles. En general, no estamos tan perseguidos. En una ocasión, puedo añadir, delante de mi entró un tio con una CBR del 92 que se cae, literalmente, a cachos... y pasa la revisión, ¡olé sus cojones!


La enfermedad verde, año tras año, va a peor (aunque debo rendir también pleitesia a la otra marca japo que me hechiza en silencio: Yamaha). Mi pasión por la marca que hace trenes, barcos y motos salvajes es, realmente, medio heredada, o sea, genética. Comenzó ya en serio en las 24H de Montjuic, allá en el 82, y no solo porque una de ellas, francesa, ganara aquella edición mítica (la del boicot, y la primera que admitía tres pilotos por equipo) sino porque apreciaba cada día más su nervio, su compromiso racing, sus lineas, su patada, su agresividad, su color verde, su historia, su actitud sin concesiones... 

Comienzo a mirar con otros ojos las GPZ y, luego, las primeras ZZR. Pruebo varias, me como las uñas... La marca de Akashi empieza a convivir en mi corazón con mi vieja favorita, Ducati (tuve una de joven aunque, realmente, era Ducati-Mototrans), el icono italiano que tan bonitas y fantásticas motos ha fabricado, eso sí, con su particular estilo y estimulo. Ah, Ducati... sin duda, ¡la más deportiva de todas! Y parece que, ahora, cuanto más nos acercamos al "cambio de prefijo", a cumplir los cuarenta, y a la famosa ¿crisis? volvemos a buscar lo que adorábamos de joven. Ducati, Kawasaki, veremos... Y hablando de Ducati, prepárate a sufrir escuché de nuevo el año pasado cuando pillamos a pachas la "Perla Negra". Esa frase lo resume todo, así fue y así será... pero merece la pena. Siempre se sufre y se disfruta con Ducati más que con otras marcas. Perdi la cuenta de las veces que me dejó tirado la mía de adolescente. Lo tenia tan asumido que, un sábado, con 14 años, saliendo de un curso de informática, iba tan empanado empujándola hacia la gasolinera de Atocha (pensé que no tenia caldo) que cuando alguien me preguntó que me pasaba respondí tranquilo: "¡Me da error!" Toma castaña. A esa Ducati la personalizamos a tope. Rectificada, tubarro de carreras, carburador gordo, semi-manillares, desarrollos, cúpula, etc... pero mira que la empuje veces. Pero me estoy desviando...

Con la Kawa, ciertamente, no habíamos comenzado mucho mejor y ver las tripas de su motor fue una sensación casi religiosa. Nuestro gran amigo el "Choncho", después de cerrar y montar el motor, se santigüaba y daba al botón de arranque. La Kawasaki volvia a la vida y jamás dió más problemas de motor graves. Solo había que carburarla bien periódicamente, claro, pero su viejo tetra (en diseño) refrigerado por aire se portó como un campeón.


Ahora, tantos años después, el viejo veneno verde vuelve a hacerse ya visible. Empieza a supurar por la piel. Siempre ha estado latente en la cabeza, o mejor dicho, en el corazón pero estaba "contenido". Aún así, hace poco más de dos años casi compro una rana en lugar de la Fireblade. Ahora el aroma lima se acrecenta, no sueño con ranas pero poco falta ja,ja... Con el nuevo año hemos abierto una "carpeta" de proyecto para, quién sabe, qué conseguir y qué hacer. Demasiadas ideas, bastantes ganas pero presupuesto ajustado. Y no te quejes, claro. Al menos me dedicaré unas semanas a probar y mirar todos los modelos que me atraen (de segunda mano, se entiende) por si, dentro de un tiempo, suena la flauta y podemos conseguir alguna, ya sea para su uso habitual o para circuito. Las 600 me maravillan por sus geometrias y proporciones modernas, las 1000 por su salvaje patada pero me pregunto de vez en cuando ¿por qué demonios dejaron de fabricar las 750? Malditos reglamentos, para mi eran las motos más equilibradas dentro de las 4T pero, salvo que pasara a tener una GSXR750, está dificil ahora conseguir una moderna. Porque hablar de la preciosa YZF de Yamaha o de las legendarias ZXR es harina de otro costal... para dos post más.

Aunque no era verde, con mi vieja Kawasaki vivi, sin duda, las mayores emociones moteras de toda mi vida, al menos hasta ahora. Fue la moto que me hizo un "hombre", la que más "guerra" me dió también, con la que disfrute y padecí a partes iguales las mayores locuras, piques, satisfacciones, lluvias y granizadas de todas las experimentadas y, paradojicamente, con la que menos veces besé el suelo. Sin duda, eramos tal para cual y la suerte, la buena, nos sonrió muchas, muchas veces.

Recuerdo cuando inventaron, con acierto, la popular Kawasaki Ninja Cup... ¡Qué subidón nos dió la noticia a unos cuantos enfermos! Perdi la vista mirando el reglamento y el precio de la inscripción, qué iluso... Dios, pensé, si tuvieramos pasta bajabamos diez kilos y diez segundos con esfuerzo y práctica... quizá, pero las palabras se las lleva el viento, aqui lo que cuenta son los hechos y la actitud. Pasaron un par de ediciones y descubrimos que corria la KNC incluso gente talludita, no solo chavalitos de 20 tacos, otro rayo (verde) de esperanza... Para rematar el "ansia viva" luego vimos que si "categoria +30"... pero también llegábamos un poco tarde, y como dije un día: ¿Para cuando "categoria +40"? Fuera de bromas, no depende de la edad. La KNC es una escuela cojonuda para aprender a rodar en serio y aspirar a otras categorias, sí, pero también para divertirse si lo que buscas no es, precisamente, los primeros puestos. Gran copa de promoción, llámalo como quieras, pero gran idea, la viva imagen de la esencia de la marca. Mira que en Francia, sin ir más lejos, hay copas Kawas, hasta de ER-6s, magníficas y competidas. Un deseo, que dure mucho años la KNC y, ya de paso, otro: ¡que durante esta temporada salgan por la tele! Asi de paso podremos ver a nuestra amiga Laura en cada prueba, ¡buena suerte!

Hace unos días hablé con un buen amigo que está de baja por lesión, un grandísimo motero, Enri "Rodillator". Hablamos de varias cosas, de las Kawas y de aquellos tiempos, los años 80 y 90, los que nos tocaron vivir de mozos, con sus luces y sus sombras. Enri es un joven veterano expiloto y rutero que ha tenido docenas de motos (muuuuchas Kawas), un tio muy querido y famoso por, entre otras cosas, los reportajes de "Objetivo: 100.000 kms" de la revista La Moto, donde salia su veterana y preciosa ZX7R. Viajando a los modelos más modernos, hablando de una Kawa que me encanta pero que tenia fama de nerviosa delante si no la ponias un amortiguador de dirección (la ZX10R del 2004) Enri me contó su experiencia que trascribo aqui con su permiso y que me confirma lo que ya medio sabia de esa moto que me tiene algo traspuesto:

"El dia que le puse los plasticos y la estrené en Jerez, fue incorporame al pit-lane y dije esa famosa frase de Peter...AHORA LO HE ENTENDIDO TODO...la hostia, yo he rodado en circuito con bastantes motos y he corrido el Andaluz de SSP con una Honda CBR 600 F SPORT'01 preparadilla, la Kawa no tenia practicamente nada montado, pero era LA MOTO DE CARRERAS,que sensación más flipante, no pesaba nada, se maneja con una facilidad pasmosa y de las aceleraciones saliendo de Sito en 3ª y 4ª haciendo shimmies constantes que x mas que endurecia el susodicho amortiguador de direccion Ohlins no habia manera,que sensaciones.Desde luego,de las 14 motos que he tenido es la MOTO DE CARRERAS.."


Gracias "Rodillator". Mi padre y yo te deseamos ¡una pronto recuperación, tio!

Así es el mundo verde, ya veremos como termina este nuevo-viejo palpito. Aún así, no, no me olvido de nuestra "Perla Negra", nuestra 900SS que, ¡a ver si esta vez es verdad!, podemos probar en Calafat en poco más de un mes.

Punto muerto... Con los años hemos perdido cosas buenas pero, siendo justos, también hemos ganado otras nuevas. De todas formas, tengo la sensación de que cada día entiendo menos el mundo. De poco vale que tenga, quizá, las ideas, las mias, más claras... no veo el equilibrio.

Disfrutar y dejarse guiar por la intuición, endurecerse sin perder la ternura jamás... es lo poco que cada día tengo más claro y más valoro. ¡Feliz año para todos!

Alcañiz: La historia de la maneta de freno (II)

Y ahora, por fin, vamos a contar la mejor historia de las vividas por Alcañiz, ¡la bella historia de la maneta de freno! Intentaré ser todo lo preciso que pueda y recuerde. Sinceridad, la habitual, guste o no, suene a vacile o no, así paso, así fue… Gran mérito radica en el hecho de que estábamos casi todos los locos reunidos en el mismo sitio, lo cual ayuda a vivir sensaciones impagables. Seguro que me entendéis, nada nuevo bajo el sol. Encima, para este post, he contado con la ayuda inmejorable de Antonio Roskachapa que, como yo, lo vivió de cerca, muy de cerca. Contar con sus palabras es toda una garantía y un honor porque, junto a mi padre, es el más veterano de la banda, sabe latín y ama el motociclismo veinticuatro horas al día.

Comenzaré por el principio. Era nuestra segunda visita a Motorland, en pleno mes de junio de este año que se acaba. Esta vez el motivo era disfrutar de las carreras del mundial de SBK, un espectáculo que no nos podíamos perder. ¡Cuánto tiempo estuvimos saboreando la preparación de esta cita! Recuerdo que nos mandamos muchos mails entre nosotros animándonos y poniéndonos “pila” para calentar el ambiente, y eso que faltaban varios meses. Además, para mayor “gloria” íbamos casi toda la panda, "solo" faltó nuestra Raquel, Santi y Manu si no recuerdo mal. También Oscar que estaba apuntado y al final eligió otra escapada.
De Madrid salimos mi padre, Antonio, Edu Sparrow, Juanmi, un servidor.. y nuestro futura estrella nocturna ¡¡Julito!! buen “ganao”, sí. A su bola también llegaría Carmelo y su Kawita pero desde la zona del Tubo de Zaragoza (ejem). Desde “Polonia” bajaban Isma y Emilio en sus motos + Mar en su coche. Sí, teníamos el honor de contar con ella que venía de rodar en Montmeló. Temíamos un poco que se asustara de tanto loco junto pero creo que se lo paso muy bien al final, genial.
Madrid, sábado. Llego a la gasolinera "del avión", en la A-2, y enseguida vienen todos. Vemos que Julito lleva más “escapes” que nunca en su Honda… ¿comorr? Nos acercamos y vemos algo curioso en la parte trasera, efectivamente, ¡lleva unos “Akra’s” nuevos junto al colín de su CBR! No, no son los tubos checos sino ¡una paletilla a cada lado, con su pezuña y todo mirando hacia atrás!, ¡¡grande!! ¡Comenzamos bien! Sí, dijo que llevaría alguna cosita, que si lomo, que si jamón… pues toma, dos “tubos de escape” más y puestos con arte. Qué risas, las primeras del viaje. Después de mucho descojone (vaya caras que tenían algunos enlatados) intenta Antonio poner a boli “Akraprovic” en los jamones pero no hubo manera. Nos faltó un rotulador (yo llevaba uno para que me firmaran el casco pero se quedó seco antes de tiempo). Bueno, a ver cómo “suenan” esta noche, comentamos, antes de arrancar y enfilar hacia la ruta de siempre.


Gran día, mucho sol y poco tráfico una vez dejada atrás la aburrida A-2. Disfrutamos a tope dejando a Julito delante. Madre mía, como va hoy. Creo que es gracias a sus nuevos “escapes”. Va despendolado, tumbando cosa mala, vamos, de vicio. No es el único, la verdad. La temperatura y unas carreteras casi vacías nos animan más de lo habitual y precipita uno de esos viajecitos con sabor R de verdad. Alguna que otra pasadita digna de mención y muy buen rollo, quemando gasolina y goma a ritmo casi de las SBK que veríamos, ja,ja… Eso sí, cuando Roskachapa se pone “serio” nos pasa a todos. No hay manera, da igual que entres fuerte viendo a Dios (como diría Kevin) o salgas como puta por rastrojo en curvas de cualquier radio, llega él y te pasa, eso sí, apretando de lo lindo su burra. Solo un susto... siguiendo a Julito, antes de llegar a Montalbán y sus bonitas curvas, entramos fuerte en una curva de derechas y tenemos la “suerte” de encontrarnos vayas rodadas de arena y barro sobre el asfalto. Por fortuna no vienen coches de frente y cada uno hace lo que puede para no hacer motocross. Poco más. Llegamos a Alcañiz y comemos algo. Saludamos a muchos amigos de Barna que vemos por allí. Luego, Antonio, Julito, Juanmi y yo nos vamos a comprar las entradas. Otras risas del carajo buscando una curva que yo creía que no existía donde un puesto de no me acuerdo qué fulanos las venden, por lo visto, más baratas… También hay como un sorteo o algo así (no baje de la moto y no me enteré de nada, una pena), Julito la arma ante el asombro general, parando la ruleta cuando no le ven, no veas si le tocan cosas, ¡qué tío, ja,ja! Una media hora larga después volvemos a la terracita del bar y enfilamos, por fin, hacia la casita chula de Arnés. Esta vez no se nos hace de noche. Mientras aparcamos en la placita de siempre, mi corazón late emocionado. Qué ganitas de ver a todos, la noche va a ser apoteósica, se nota en el ambiente. Nos quitamos los cascos y revisamos los “Akra’s” de Julito, bien, ¡siguen ahí! Enseguida bajan los ocupantes (el comando “polaco” que ya había llegado horas antes). Qué alegría, carallo. Pero eso no es todo, por la noche llegará otros dos buenos figuras, Toroloko y David. La casa es grande pero se hará pequeña, no problem. También compruebo que Carmelo ha llegado sano y salvo de sus aventuras en Zaragoza. Eso sí, cuando llegó a la casa y preguntó por mi, horas antes, le vacilaron y casi se da la vuelta. Putaditas por preguntar al loco equivocado… ;-)
Semanas atrás, dijimos que los “novatos” en la casa tendrían que preparar las tortillas de patatas para los bocatas del domingo. Pues nada, se abre la cocina y comienza la actividad. Luego, se aparcan los bocatas y se monta otra cena de lujo a cargo de los polacos. Ah, espera… entre medias, un estupendo pica-pica que prepara Julito y Antonio. No, ¡hambre no pasamos! Los dos “Akracs” y el resto de viandas pasan a mejor vida mientras el cachondeo habitual se apodera de la casa. Esta vez llevaba todo el “kit” en mi mochila: ¡llevaba pantalones! y esas “cosas” que te pones después de ducharte… creo que no se me olvidó nada, no era plan “vestir” como la vez anterior … ¡y menos con una gran dama delante! Seguimos esperando a Toroloko y, mira por donde, a eso de las ocho y media, me manda un sms de esos para guardar. Decía, textualmente: “ya estamos llegando tio, nos hemos pasado el primer desvio xo hemos pillao otro q sirve” jajaja, me parto, conociéndole imagino porqué se lo ha pasado. Solo espero que no lleguen al mar antes de dar la vuelta…
En todo caso, poco después, llega Toro y un amigo suyo, nos salimos a la terraza a cenar. Qué buena noche, qué buena compañía. Como nos va la marcha... Hay carnaza y platos para aburrir, por no hablar de las botellitas. Isma anda un poco tocado de moral. En el taller donde curra le tienen frito. No sabemos qué pasará pero no pinta bien. Le animamos un poquillo mientras seguimos hablando de mil cosas. Luego volvemos adentro y comienza lo mejor, para empezar unos trucos de magia by Julito. No solo por lo que hace sino por cómo lo hace. ¡Inimitable! Este hombre no dejara de sorprenderme nunca, si en La Bañeza el año anterior nos dejó atónitos con su speech de los melones aquí se corona, vamos, ¡ni Juan Tamariz! Las risas se hacen brutales. Luego Carmelo también nos hace desparecer una navaja… más risas. Juanmi nos cuenta alguna batallita y, mira tú, nos regala una bandera gigante para la Peña, una de esas banderas que colocan los guiris en los balcones del famoso hotel madrileño donde trabaja. Pues nada, creo que es más grande que la casa, ríete tú de la de la plaza de Colón en Madrid… ah, esa plaza, qué recuerdos. Al final algunos se van a dormir, normal, en algún momento toca… Nos quedamos en la cocina tres personajes dignos de estudio y hablamos un rato más de lo de siempre. Esas charlas me encantan pero al final, logicamente, se terminan. Tantas ideas, tantos sueños... Algunos dormirán cómodos, otros dónde puedan, la casa se ha hecho pequeña… Yo me acurruco en el sofá, no pasa nada, estoy acostumbrado. Por si acaso me arropo… con la jodida bandera, vaya estampa, todo un ¿sueño nacional? de sueños mejor no hablar...

Amanece el domingo y desayunamos como campeones en un bar que descubrimos. Algunos fuman, otros bostezan... Edu nos recuerda que se pira, que tiene comida familiar… qué le vamos a hacer. Se marcha justo antes de salir nosotros en fila india. Justo al tomar un ángulo con desnivel de una de las callejuelas del pueblo (no se podría decir que fuera una curva) veo que Julito pierde un pelín el equilibrio al girar, lo justo para balancearse hasta caerse. ¡Cachis! Su Honda cae a plomo del lado derecho mientras él da una voltereta digna de Spiderman en el suelo. Paramos esperando que no sea nada. Levantamos la moto y empezamos a mirarla. El piloto, suponemos, está bien, es muy duro. A ver si un intermitente, a ver si algún rozón... lleva tacos anticaida pero... pero ¡no hay maneta de freno! Vaya, esperaba ver un trozo pero nada, se ha jodido todo. No vale con meter un tornillo o sujetar el desaguisado con abrazaderas. Bueno, pues nada, allí no va a ver ningún taller. Está claro dónde, quizá, podamos encontrar ayuda: en el circuito, ¡en Motorland!


¿Y qué tio valiente e hiperactivo se presta a llevar la moto hasta allí? Pues está claro, ¡el Isma!, de hecho, no da tiempo a que nadie más abra la boca. Varios lo hubiéramos hecho perfectamente pero… ¡no de la misma manera! Julito se monta en su Fireblade y el polaco en una vieja conocida, la CBR600F... él corrió algunas carreras del Catalán hace siglos con una de ellas, será un viejo reencuentro. Pues nada, decimos totalmente en serio que habrá que ir con prudencia y despacito. Así, con esta gran convicción (lógica por otra parte) reanudamos la marcha. Dentro del casco pienso en la mala suerte que hemos tenido, coño, pero bueno así son las cosas, lo importante es que nuestro mago favorito sigue entero. La verdad que Julio es un tio de otra pasta, aunque suene a tópico. Siempre montó en moto, pero no con frecuencia, no tenía moto propia. Que si la EXUP de su hermano, que si una vuelta con la de un vecino, en ese plan... no fue hasta el año 2007 cuando compró una y no se conformó con una cualquiera, no, le echo el ojo a una bellísima ZX9R verde que tuve el honor de llevar alguna vez. Durante un par de meses comenzamos a salir juntos, solos, paso a paso. Un tio con su profesión y su historial de viajes lee mejor que nosotros cualquier carretera y eso fue un punto a su favor. Solo tenía que acostumbrarse a su 900. Ese mismo verano ya iba más rapidillo y suelto. Luego llegaron los viajes y las escapadas por la sierra, lo habitual… Desgraciadamente, aquella brutal Ninja murió volviendo de Javalambre, en enero del 2009, estampada contra un guardarraíl, por culpa del hielo que no de su piloto. De las tres motos caídas fue la que peor termino, toda una lástima. Desde entonces tenemos a Julito volando bajo con su Hondita roja y gris. Y así, recordando su pequeña historia motera reciente, volvemos a Arnés, a aquella espléndida mañana de domingo de carreras…


Arrancamos y algunos nos ponemos delante para “abrir camino” a nuestra estrella (todo sea para que no termine estrellado) con el chip de ir tranquilos, como luego nos recordó David, el jinete de la preciosa VMax. El freno trasero de la CBR funciona correctamente, qué menos, pero de delante… va a ser todo un rulo en plan dirt-track para Ismael, ja,ja
Vamos juntos, delante, Toro con su R1, Antonio con la XX y yo, detrás el polaco loco, rodeado de mi padre, Julito, Emilio, David y los demás… al principio. Pasan un par de kilómetros y, de repente, nos pasa Isma con la Honda. Coño, pensamos algunos, ¿pero qué hace? Miramos y vemos que sigue y sigue… Luego nos dijo don modesto que le estorbábamos ja,ja,ja, pues nada, hijo, tira tú delante que nosotros te cubrimos las espaldas. Pasan algunos pocos kilómetros y el amigo sube el ritmo. Yo ya me empiezo a preocupar ¡pero no pienso perderme detalle! Antonio y yo nos miramos, no hace falta hablar. Veo que Toro se le arrima, curioso y alucinado. ¿Pero qué coño hace este hombre sin freno delantero?, ¿se le habrá olvidado? No, seguro que no, pero sé que le gusta la moto una barbaridad. Traza con un tiralíneas y usa el cambio y las inercias como puede, “simplemente” se anticipa a las curvas. Pues nada, sigue tirando y tirando y yo empiezo a preocuparme ya seriamente. De hecho, el paseo se convierte en casi otra puta carrera loca serrana. Personalmente, siempre que puedo, busco la siguiente curva a la que tiene a la vista el polaco “rezando” para que no nos encontremos mucho tráfico ni ninguna curva cerrada o ciega. Los kilómetros se suceden (unos cincuenta en total hasta el circuito) y la cosa, el ritmo, se convierte ya en “normal”. Los cuatro seguimos tirando un poquito. El ruido de la Honda de Isma al quitar marchas es perfectamente audible. A mi se me escapa alguna risa dentro del casco, ¡¡qué amigos tengo, joder, que grande son todos!! Toroloko y Antonio también disfrutan y alucinan por igual. Por detrás imagino que estarían ya mirando en todas las cunetas, ja,ja. Ciertamente, el día se prestaba a enroscar, y el poco tráfico era una invitación dulce al pecado… Cuando recuerdo todavía los adelantamientos elegantes y decididos que nos marcamos detrás de nuestra estrella matutina, manda carallo, ¡casi me veo todavía allí! ¡Y qué tramo, casi digno del TT! Todas las veces que pasamos lo decimos: cualquier día pintamos unos pianos en las mejores curvas ja,ja… Y así, vivos y sanos, ¿por fin?, llegamos al Alcañiz, a la gasolinera donde nos reagrupamos después de muchos minutos. La paz reino de nuevo en nuestros corazones. ¿Fue una peli?, ¡qué demonios!, fue un subidón, un auténtico placer ver al figura trazar y negociar todas aquellas curvas con soltura, rapidez y ganas, ¡estas cosas no pasan a menudo!
A continuación las palabras de Antonio, nuestro veterano amigo expiloto y ex casi todo lo que se puede ser en la vida… (aunque lo de expiloto es casi una mentira en su caso):

“Puedo decirte que lo que Isma hizo y acreditó aquella mañana hay muy pocos pilotos que se atrevan a hacerlo, no hablo ya incluso en circuito con todas las medidas de seguridad que como tu bien sabes son imprescindibles en los tiempos que corren... Te puedo asegurar que el rato que hicimos, en las condiciones que estaba la moto de Julito, no pasan desapercibidas en mi mente. Me traen recuerdos acumulados…, si Isma se hubiera propuesto en tiempos más jóvenes competir en serio, yo como ojeador me lo llevaría inmediatamente para la competición en su máximo nivel.
Me encanta rodar en esos ritmos y por esos trazados, horas y horas, me pone y me gusta más que los circuitos...evidentemente la seguridad no es comparable ni los peligros que acechan en carreteras abiertas pero es otra manera de vivir la competición. Y te puedo asegurar, mi estimado amigo, que a veces siento vergüenza de contar experiencias por las situaciones límite que he vivido.
Y voy a más. Haría una buena prueba y exclusiva...consistiría en responder a esta pregunta: ¿cuantos pilotos de élite se atreverían a circular a un ritmo endiablado sin frenos delanteros, solo gas e inercia del cuerpo, en puras carreteras de montaña y con dos metros y medio de calzada...??? apostaría que muy pocos…. y que llegasen en perfecto estado de salud aún menos...
La moto en todas sus facetas tiene su feeling y engancha...lo más importante es disfrutarla y vivirla en su máxima expresión...la vida es muy corta y a veces amarga....para mi ha sido y será mi mejor medicina y antídoto para las depresiones y enfermedades de todo tipo.
En lo referente a la maneta de freno que es lo que me has preguntado solo puedo decirte para finalizar...que ojala en todos los momentos que compartamos haya siempre una maneta rota o una moto sin embrague como alguna vez le ha tocado a un servidor. Es una de las mejores motivaciones para disfrutar en grupo......eso sí, que siempre lleguemos todos a nuestros destinos sanos… y con ganas de volver a empezar.”
Amén, maestro. Antonio, otro figura digno de salir en la Historia, a sus cincuenta y pocos años sigue siendo un enamorado de las dos ruedas y sigue descubriendo y buscando retos, sensaciones, experiencias nuevas. Ahora, por si fuera poco, quema gasolina con una S1000RR, ¡con eso, creo, está todo dicho! Ojala el año que viene las circunstancias le permitan lucir su nuevo mono Danrow y meterse en los circuitos, donde tantas aventuras y carreras vivió. No quiero perderme esas rodadas, ¡aprenderemos mucho, seguro! Mientras tanto, y para siempre, seguiremos disfrutando de nuestras road races, ¡¡como nos gustan las carreteras!!
No quiero alargarme mucho más. Las carreras fueron un lujo, una pasada… El sol, eso sí, nos hizo la vida un poco más complicada durante aquellos paseos de grada en grada o por el paddock… pero no nos vamos a quejar. Mi padre y yo descansamos un buen rato cerca de la zona Vip. Casi nos colamos dentro con el pase de Paddock pero nos trincaron je,je... eso sí, gracias a la labia del que me hizo las orejas, al final un par de camareros supermajos nos trajeron agua y cosas para picar. Toroloko disfrutó de lo lindo aunque el pobre iba vestido de romano y sufrió una tortura, daba grima verle sudar como un pollo... así iba el tio, con su espaldera, sus botas, su mono, joder, pobre. Julito y Antonio se perdieron también… A Mar la hice algunas fotos chulas con la Aprilia que tanto le gusta… sí, la del romano campeón del mundo de SBK. Supongo que echaría un buen vistazo a todas las motos que vimos en el parque cerrado, lo lleva en la sangre. Si me tocara la lotería la regalaba una... Yo aluciné con "mis" Kawas... qué bonitas... Al final, a Gregg y a su banda, nuestros amigos Tortugas, no pudimos verles, era un infierno desplazarse de una zona a otra del circuito, solo faltaba ver algún camello por allí, ¡por Dios, qué calor! Eso sí, otros iban en bermudas y solo les falto encontrar una piscina. Pero no nos quejaremos, como decía antes. Vimos a pilotos, pasamos por muchas carpas, saludamos a docenas de amigos y, por supuesto, durante muchos momentos buscamos una maneta para Julito. Isma y yo nos colamos en algunos boxes y llegamos al pit-lane durante la segunda manga. Vimos de cerca a Biaggi, Melandri y Checa en la curva de fin de recta. Yo iba con una botellita de agua en la mano y... bueno, mejor no cuento mucho… anda que si se me cae en la pista me hostian y con razón… Preguntamos a muchos equipos y mecánicos… al final los más enrollados fueron los húngaros de SuperSport, el equipo de los pilotos Nemeth y Toth (el que corría antes en 250). Se lo curraron de lo lindo y desde aquí, aunque no me lean, les mando un saludo y todo nuestro agradecimiento. Cuando terminaron las carreras estuvieron buscando en su camión pero, como era previsible, sus Honda llevan manetas radiales que nada tienen que ver con las que usan las “viejas” CBR600F. Al final Julito volvió a Madrid en marcha y ¡¡tampoco fue muy parado, la verdad!! En resumen, qué gran fin de semana. Inolvidable… Muchas luces y muchas sensaciones, humanas y deportivas, de lo mejor del año.


¡VIVAN LAS ROAD RACES DE LOS POBRES!

GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...