Los últimos dinosaurios

Nunca viene mal rebobinar y notar en la cara cómo el tiempo y algunos de sus protagonistas pasan por delante de tus narices recordándote que muchas de las maravillas que ahora disfrutas son debidas, en gran parte, a que otros se lo curraron a base de bien antes de que tú nacieras y supieras decir "mo-to". Ultimamente, sobre todo, merece la pena no perder la perspectiva porque estamos viviendo una avalancha de modelos de ¿motos? con más artilugios que el inspector Gadget. Avalancha que, supongo, no es más que la vanguardia de todo lo que nos espera durante los próximos años (por no hablar de esas motos eléctricas, ¡arghh!).

Y de esas sensaciones y pensamientos nos inundamos el pasado sábado 17 de septiembre, cuando acudimos a la reunión de clásicas que se celebró, una vez más, en Barajas. Organizada por el Club Sanglas Madrid, allí, en ese pueblo donde tantas aventuras y desventuras sobre dos ruedas hemos vivido, estuvimos rodeados de viejos amigos y de un ambiente añejo dificil de encontrar si no lo buscas. Motos de todas las épocas, basicamente de las décadas de los 50, 60, 70 y 80, algunas más antiguas, otras más modernas, salvo excepciones todas engalanadas, en suma, un bonito cóctel donde los años de los humanos tampoco importa mucho ya que se masca una pasión común y atemporal que une por igual a jovenes y no tan jovenes. Habrá que cuidar estos encuentros y este mundillo, es tan poco habitual ver motos antiguas circulando por nuestro país... Vale que el mundo de las clásicas también tiene su lado oscuro: me refiero a ese mercantilismo desenfrenado que provoca precios desorbitados (esté la moto como esté), a algunas tarifas para correr las carreras que... no son muy clásicas, etc, incluso esa "tonteria" que también se percibe entre algunos coleccionistas o propietarios, parecido a la "tonteria" que tienen algunos miembros apasionados a una sola marca, a un solo estilo de montura... ya me entendéis. No estoy generalizando pero haberla hayla.

En el mundo de las clásicas hay cosas que habria que cambiar... pero, como todo, es dificil. En todo caso es un mundo maravilloso que siempre nos sorprende. Asi que, como os podéis imaginar, el sábado, para empezar, no vimos la nueva BMW 6 cilindros, ni la VFR1200 ni "artefactos" así... lo siento, somos muy simples, unos cromagnones, todo tiene un límite en la vida y algunas motos empiezan a parecerse a naves especiales... ¿dóde tiene el alma? ya ni en el ruido... pero tranquilos, que no voy a dar el tostón con esto, prefiero enumerar otras cosas.

¿Modelos que vimos rodar? Impalas, Ossas de los años 60, Bultacos off road en perfecto estado de revista, Sanglas 400 (¡uff!), Guzzi Le Mans III (my God, otro amor de juventud), una espectacular Kawa Z1000 verde ¡¡¡de las más bonitas de la plaza!!!, muchas BMWs de todas las épocas, alguna DKW auténticamente añeja, dos Bimotas (no, nada de clásicas, de dos conocidos), una espectacular Triumph comando 750, Vespas... y la Ossita 160 de mi padre, que estaba de estreno pues nunca habia participado en ningún sarao. A falta de tener los papeles históricos en regla, todavía no podemos preparar el viaje a París que harán por carreteras comarcales algún día... Ese viaje retrospectivo estaba previsto para este mes de septiembre pero, al final, no ha sido posible. Habrá que esperar a la próxima primavera. Yo llevaré el coche escoba porque, siendo realistas, a saber si la mecánica, aunque mimada una y mil veces, aguantará tanto trote... y es que no estamos acostumbrados a ciertas cosas ya. Lo dicho, las fantásticas motos modernas no hubieran jamás existido de no ser por pilotos, ingenieros, visionarios, mecánicos, locos y motoristas que, durante décadas, han pagado, de muchas maneras, el "peaje" que la innovación, el progreso y las ganas han cobrado a cambio... Emprendedores y visionarios como Michio Suzuki, Soichiro Honda, Genichi Kawakami, Bultó, Permanyer, Giró, Cobas, la familia Otto, Carlo Guzzi (¡90 años ya!), Max Friz, Martin Stolle... el último grande que se ha ido fue Castiglioni. Cuantas sensaciones, cuantos buenos ratos les debemos a todos ellos. Sin un pasado nunca hay un presente y menos un futuro...

Volviendo a lo vivido en Barajas, aparte de los momentos "foto" (prensa, amigos, curiosos, etc) y de la vueltecita que nos pegamos con nuestra Ossita (¡¡como suena!!) destacar, obviamente, a toda la vieja guardia que encontramos reunida en la fiesta. Para empezar, como no podía ser de otra manera, el Mudo de Alcalá. Su Guzzi debió ser de las primeras en aparcar, consecuencias de no dormir mucho y vivir más horas al día que casi cualquiera. Su histórica italiana nos recibía inmaculada, como siempre, como una dama blanca en espera de alagos y miradas. Con Luisito el cachondeo está asegurado... pero no era el único cachondo por alli presente. Mi padre, Julito, el gran Emilio (que no pudo traer su famosa Berta, ¡cachis!), nuestro admirado Choncho (cuyo taller, Le Mans 3, está junto a la plaza), Aurelio (el hermano del Mudo; todavía recuerdo su XJ600 con la que ganó un rally que montamos en Almorox), Jaime y su nueva moto, la preciosa Honda Four que fue de Andrés, Alberto el joyero con su BMW, Juan y su bonita Impala, Paco de Miguel (autor de la foto de arriba), etc, etc, incluyendo algunas viejas caras conocidas de mil historias o del taller... Y así, a las 11 y pico, nubes de humo y sonidos de otra época tomaron la salida, inciando un bonito rally que los llevaría hasta el pueblo de Torrelaguna. Este año nos quedamos con las ganas de rodar con ellos (otros años hemos ido de "escolta" o participantes). Ya tocará en el 2012, supongo.

Y recordando fechas, recordamos que a principios de octubre se vuelve a celebrar la famosa concentración de Andorra. Mi padre suele decir que los que motoristas que vimos en Barajas, él mismo y algunos más son los "últimos dinosaurios", motoristas y tipos de otra época, de una edad ya lejana; costumbres, actitudes y especímenes que, poco a poco, se van extinguiendo... creo que razón no le falta. Hablando de Andorra me comentó que habia escrito una carta recordando su primera experiencia alli, en 1974, cuando las cosas, obviamente, eran muy distintas. La razón de su carta ha sido otra misiva que escribió un lector de Solo Moto, participante, también, de aquella mítica reunión. Aqui os dejo la carta de mi padre, con el título que comentó. Espero que os guste, yo ya conocía la historia, claro, pero me ha encantado redescubrirla.

"Los últimos dinosaurios":
La carta de Carlos Montagut sobre la Concentración Internacional de Andorra me hizo exclamar el otro día un ¡yo también estuve allí!
Fue en 1974 cuando acudía, por primera vez, a una reunión motociclista. Esperaba llegar al pequeño principado con mi Ossa, la misma con la que el año anterior había viajado en solitario a París. Por tal motivo publiqué un pequeño anuncio en una revista en el que invitaba a cuantos motoristas desearan acompañarme a la mencionada concentración. Entre nosotros, dije, se encontraba algún mecánico, algún ats, etc, etc...La semana anterior al viaje la dediqué a revisar la moto, bujía, platinos, carburador, cadena, aceite y la imprescindible bolsa sobre depósito con más de veinte kilos de herramientas y repuestos. Cualquier viaje en aquella época se convertía en una arriesgada aventura, era necesario ir preparado.Por fin llegó el día de hacer realidad aquel sueño. Al llegar al punto de encuentro mi sorpresa fue enorme al encontrar a casi una veintena de participantes deseosos, como yo, de emprender el viaje. Tras las presentaciones y, a punto de partir, llegó un belga afincado en Sevilla que se unió al grupo. La salida hizo detenerse al poco tráfico de aquella calle, debido, principalmente, a la enorme humareda producida por las motos, en su mayoría motores de 2T.En Calatayud, primera parada para repostar y estirar las piernas. Poco después de emprender la marcha, la guardia civil de carretera detenía a Petrus –el belga- por pisar la raya continua en una curva. Un agente trataba de explicarle la infracción pero el belga hablaba solo en flamenco y hacia ademanes de no entenderle. La última tentativa del agente fue descargar un par de pisotones sobre la raya de la carretera. El belga con un sutil sentido del humor indicó al agente la palanca de cambios de su boxer y con la mano extendida le dijo “¡cinco!”

Como no podía ser de otra manera, aquel rifi-rafe terminó en sanción. Continuamos alegres hacia Zaragoza y, en Alfajarín, paramos de nuevo a repostar donde ¡un grupo de motoristas nos estaban esperando! Habían leído la convocatoria y habían decidido unirse al grupo y continuar con nosotros hacia Andorra. Comenzaba a anochecer cuando divisamos las primeras luces de la Seu de Urgel. Poco después se producía una estrepitosa explosión del motor de una de las motos. Una rápida revisión ocular nos hizo intuir que la avería podía ser grave. Con la ayuda de varios cinturones de nuestros Barbours remolcamos la moto hasta el camping Borda-Mateu, lugar de la reunión. Mientras descargábamos las motos e instalábamos las tiendas de campaña en aquel mal llamado camping, localizamos el motivo de la avería: rotura de un diente del piñón del pie de rey de la distribución. Comunicamos nuestro problema a los chicos del moto club y, poco tiempo después, llegaba al camping una furgoneta del servicio oficial Ducati. Los mecánicos confirmaron nuestras sospechas y, tras cargar la moto, partieron hacia el taller. Montado el campamento, mientras alimentábamos la hoguera, decidimos por unanimidad costear el importe de la reparación entre todos.Y así junto a la hoguera, compartiendo viandas y vino de Somontano, pasamos parte de aquella inolvidable noche.

Ya de madrugada, muy tarde, y acompañados de la música que emitían aquellos nuevos colectores de escape cuatro-en-uno instalados en las motos de los franceses, atronando calle arriba calle abajo por la pacífica Andorra, nos retiramos a descansar. A la mañana siguiente, y aún con resaca de la noche anterior, llegaba la furgoneta con la moto averiada, la Ducati. Tras preguntar por el importe de la factura, los mecánicos nos dijeron que aquella reparación había sido ¡regalo del concesionario! Invitamos a los mecánicos a almorzar con nosotros y nos contaron que, efectivamente, la avería había sido la que habíamos pronosticado, pero que habían aprovechado para esmerilar válvulas, hacer reglaje y el cambio de aceite. Aquel trabajo les había llevado parte de la noche pero al fin la moto estaba operativa. Nos despedimos de aquellos buenos samaritanos y el resto de la mañana la dedicamos, principalmente, a visitar el concesionario Ducati y agradecer a su gerente la atención que había tenido con nuestro compañero. Después, visitamos las restantes tiendas de motos descubriendo un mundo desconocido hasta entonces para nosotros. Estábamos tan cerca pero tan alejados de Europa…
Al mediodía desfile hasta la sede del Gobierno donde, tras un pequeño refrigerio, discursos de agradecimiento en nombre de la Corporación. Luego, el Presidente del Moto Club de Andorra reiteraba las gracias a los participantes de la concentración y, ante mi asombro, me hacia entrega de la medalla de Plata del Club, galardón concedido, según sus palabras, por mi iniciativa y colaboración hacia el moto club y la concentración. Regresamos al camping y, tras recoger nuestros pertrechos y despedirnos de cuantos amigos habíamos hecho en aquellas horas compartiendo el calor de la hoguera, emprendimos el viaje de regreso. Todavía nos aguardaba una agradable sorpresa: los maños nos tenían preparado un tentempié en un bodegón típico de Zaragoza. Mientras corría el vino de Cariñena, devoramos la panceta, la morcilla y los chorizos. En la tertulia que siguió empezamos por hablar de fundar un moto club rutero. De aquellas conversaciones se gestó el futuro Moto Club Turismo (M.C.T.) de Zaragoza que, junto al Pole Position de Barcelona, fueron pioneros en España de las reuniones motociclistas.

Así, en un ambiente distendido, se acercaba la hora de partir y de despedirnos de aquellos buenos amigos junto a los cuales habíamos pasado un inolvidable fin de semana.
En el año 2003, junto a mi hijo, regresamos a la concentración de Andorra. Llegamos al principado muy tarde, de madrugada, después de una brutal tormenta que nos acompañó sin piedad desde Lérida. Por fin estábamos de nuevo en esa tierra tan querida, habían pasado 29 años desde aquella inolvidable reunión del 74 pero... ya nada era igual. Hoteles de cuatro y cinco estrellas para alojar a los participantes, motocicletas que parecen apartamentos rodantes, iluminación por xenón, calefacción central, hilo musical, armarios empotrados y demás sutilezas electrónicas; vestuario motero de lo más fashion, casi más propio de un desfile por la alfombra roja que de una reunión de aguerridos motoristas… Como hemos cambiado en estos años, quizá seamos los últimos dinosaurios.


Luis Fernández.

¿Dejarlo? ¡No, gracias!


Querida torbellino:

 ¡Cuánto tiempo hacia que no nos veíamos! Siempre estamos en contacto, sí, pero dónde esté un cara a cara que se quiten las tecnologías ¿verdad? Fue estupendo veros y conocer a ese nuevo miembro de la family, Manel. Qué suerte ha tenido el pequeñín, menudos papis más chulos le han tocado. Se os nota felices, lo realmente importante. ¡No sabes cuanto nos alegramos por vosotros! Bueno, sí lo sabes… nos conoces bien. La banda que conquistó Palencia creo que fue de vuestro agrado, je,je, aunque faltó algún otro colega entrañable, de esos que tú quieres mucho. Uno de ellos, el “polaco”, se lo pensó seriamente, como podrás imaginar, pero tiempo y dinero no sobran en estos días. 


Cuantas veces recordamos nuestro ya mítico viaje a Le Mans del año pasado. Qué bien lo pasamos, copón. Aquellas pasaditas de la “piolina” con su R6 a las dos 1000, aquellos “partidos” de tenis en marcha... aquel pelao buscando gasolina a 40 por hora escoltado por vuestras risas, cabrones… aquel famoso jamón on the road,el brumm brumm de cierto escape (ejem), aquella cenita en el circuito, las risas de la fogata con aquellos gabachos…, aquella entrada memorable haciendo el “baile del avestruz”, mi padre pasándonos sin freno trasero a la vuelta, aquella curva rápida llegando a Burdeos donde nos seguiste a saco pasará lo que pasará al final… ¿a que te acuerdas muy bien de todo ello? nosotros también, ¿y de esos momentos de paz infinita en cualquier gasolinera, a cualquier hora, tirados en el suelo o apoyados en cualquier muro? Mira que apreciamos esos instantes de calma, de buen rollo, cuando no hace falta ni hablar, solo alguna mirada, alguna sonrisa… bueno, dont worry, ¡pronto volveremos!

Lo que es la vida, el domingo, con vosotros, vimos en la tele la última carrera de Misano y, como no, salió a colación la retirada del bueno de Capirossi. Después de 22 años dando gas en el Mundial, el pequeño gran piloto comunicó que lo dejaba. Creo que Capi es un año más joven que yo pero, obviamente, ha vivido infinidad de situaciones y sensaciones racing que la mayoría de nosotros no viviremos en esta vida. Chapeau por él, se puede ir con la cabeza bien alta. En su caso entiendo su decisión de colgar el mono. Ojala disfrute de una bonita vida “civil”.

Es curioso si te fijas en todos los años que lleva acompañándonos... eché la cuenta y durante más de la mitad de mi vida he visto a Capirossi por la tele o en directo (bueno, en vivo no muchas, como mucho doce veces). Desde 1990, su primera temporada, ya campeón.. y siendo un niño. ¡Qué sorprendente fue aquello!


Todo esto, su adiós, tu maternidad, y un acertado post de Emilio en su web (un tipo grande que merece nuestro reconocimiento por su labor y afición) donde reinvidica con acierto a los que NO queremos dejarlo me hizo pensar un poco en esta cuestión. Dejarlo, no dejarlo… Bueno, hay cosas que apenas cambian. Pues sí, querida sociedad, querido mundo, a pesar de los tiempos que corren, antes me lo quitaré de mil gilipolleces, antes me quedaré sin algunos lujos o incluso dejaré de hacer muchos viajes, o buscaré tal vez otra manera de ganarme la vida pero no vamos a dejar que nos ganen, que nos quiten algo vital para nosotros, de las pocas cosas que nos hacen felices.

En tu caso, Marta, descuida, tus amigos sabemos que tú no lo has dejado, ni lo dejarás, lo llevas en la sangre. ¡Nos encanta saberlo! Más pronto o más tarde volverás a tus viajes, a tus circuitos, a hacer de paragüera de lujo, a pasear por tus viales con tu estilazo, a mirar tus mapas, a sonreírnos desde el casco, a reírte con nuestras tonterías en mitad de ninguna parte. Esto tan bonito (y durillo) que estás (estáis) ahora viviendo en casa es una etapa, importante, una experiencia vital que, para nada, destruye ni olvida tu gran pasión: las dos ruedas. No es cuestión de restar sino de sumar. Esa es una de las claves de la vida.

¿Sabes la de moteros de postín que dejan las motos por una paternidad mal entendida? Pues sí, y desde hace unos pocos años, la puñetera crisis ha sido el argumento que faltaba ya para que mucha gente maja ponga un post o te diga por teléfono la lacónica frase lapidaria "lo dejo, tio"... A veces lo hacen obligados por verdaderos motivos, otras muchas veces no tanto... Vale, cuando el zapato aprieta de verdad, en casos extremos, uno no solo vendería su moto, venderia hasta un riñón pero eso no pasa tan a menudo como creemos.


Te quedas dudando y te preguntas, ¿tenían inversiones? ¿se han arruinado, se han quedado sin trabajo? pues no, nada de eso, solo que han sido papis. En lugar de cambiar algunas cosas las destruyen. ¿Merece la pena pasarlo tan mal? Matar pulgas a cañonazos... y muchas veces empujados por otra persona. He visto casos de tios que ya no son ni la sombra de lo que eran. Su vida ahora se limita al puto centro comercial y a los programas de la tele. ¡Qué manera de faltarse el respeto a uno mismo!

Ultimamente llevamos una “oleada” digna de estudio sociológico. La paternidad mal entendida siempre fue uno de nuestros enemigos, sí, pero ahora tiene un poderoso aliado, la pasta o la falta de ella. Vale, nos llamara alguien fanáticos, etc, etc, me da igual la palabra, pero no quiero enseñar a mis hijos que por ser padre uno debe renegar de sus pasiones vitales. Sea la moto, el mar, la literatura, tocar el piano o hacer carreras de atletismo entre la élite mundial o entre tus vecinos. En tu caso, imaginate la que te va a caer en cuestión de meses… pero sabrás manejar la situación.

Afortunadamente, algunos amigos simplemente han cambiado su actitud cuando cogen la moto después de ser padres o madres. El otro día un amiguete entrañable y rápidisimo le decía a Oscar: "Joder, ahora entiendo lo que deciais, ahora me lo pienso un poco más" (se referia a que a partir de ahora irá un poquito más despacio, ha sido padre y de repente se ha dado cuenta que ya no está solo en este mundo. Ok, tio, ¡bienvenido!, es lo que pasa, ahora sabes que un enano depende de ti, así es... ya no se trata solo de la famosa enzima MAO, esa que con los años, contaba Mat Oxtley, nos hace más precavidos, tomar menos riesgos, etc, etc). Y es que si la afición todavía te bulle la sangre, en condiciones digamos normales ¿por qué vender tu moto? A veces nos hemos preguntado, ¿cuanto cuesta mantener una moto “normal”?, ¿tanto pan pide? antes de venderla ¿no hay otras opciones? cada uno ya es mayorcito y hay que respetar sus decisiones pero que me quieran hacer creer que con ese ahorro su vida va a cambiar mucho... Mira que hay ocasiones en que (y esto es literal) esos 2000 o 3000 pavos terminan gastándonse en un nuevo salón para lucirlo con ostentación frente a la familia política o los vecinos, en una nueva cocina que realmente no te cambia la vida, en otro coche de segunda mano para no ir andando a por el pan o al cole que está a dos manzanas (acojonante si lo reflexionas) o para ir al puto Caribe quince días para no hacer ná de ná salvo engordar y tomar el sol. ¿Si hacen todo eso ahora, qué harán algunos en su jubilación?

Nos podemos convencer de mil cosas pero, sobre este tema, creo que todo se basa al final en tener o no tener verdadera afición. Conozco a moteros con graves problemas de salud que sin embargo no venden su SBK. Bajan al garaje casi cada día, la arrancan y piensan cuando volverán a poder montarla. Tipos que se han medio matado (y no por su culpa) y que aunque caminaran cojos para el resto de sus días siguen rascando en las curvas o simplemente ruteando a otro ritmo, felices, sin dar, además, importancia a las "rayas del tigre" que se han encontrado en su camino. Personas maravillosas con una voluntad de hierro que incluso, todavía en estos tiempos de miedos y borreguismo generalizado, piden una excedencia para irse al fin del mundo a pasarlo mal (al rally de Mongolia, por ejemplo). En la otra acera están los otros, incluso algún piloto del Mundial, que lo deja, oficialmente, porque les duele un pie. Ya, y unos cojones. A ese grupo les diria con calma: dejalo por lo que tu quieras, ¡no problem!, pero, por favor, NO nos cuentes películas. La diferencia es que unos aman el motociclismo realmente y otros no. No es una obligación amarlo pero mejor ser honesto y no intentar engañar al personal.

Contigo, amiga, no hay dudas sobre lo que te mueve por dentro. Antes o después, cuando tú nueva vida te lo permita, sabemos que volverás al “Mundial”, a estar “activa”. Nada volverá a ser igual, eso sí. Decir lo contrario seria una tontería. Volverás, de otra manera, pero con la misma esencia. Y eso es lo verdaderamente importante. Sé cuanta felicidad te proporciona viajar en moto o, “simplemente”, hacerte unas curvas por la mañana, lavar tu moto, ver las carreras o pasear por "tus" parrillas del CEV. Sabemos cuanto has luchado por seguir rodando cuando algún problema doloroso te ha presionado fisicamente. Tu coraje es silencioso pero poderoso, digno de elogio. Te envidio en eso, yo jamás seré así de fuerte.

No sabemos si volverás con una naked o con otra deportiva, da igual, lo que te pida el corazón, seguro. Y aunque alguna vecina o algún familiar te censure por volver a montar en moto sabemos que sabrás contestar educadamente sus bravatas. Qué poquitas quedan con tu claridad de ideas, con tu infinito sentido del humor y con tu pasión, ...vuelve niña, ¡te necesitamos!

Otra guerrera que quiero mucho me comentó hace unas semanas que no puede morirse todavía, "...aún tengo muchas cosas por hacer". Claro que sí. Ese es el espíritu que algunos admiramos. Y si es sobre dos ruedas lo de "muchas cosas por hacer" suena todavía mejor. Tú también eres de la “tribu” de la autora de esa frase. ¿Qué más podemos decir ante esa manera de encarar la vida? poco, es música para nuestros oídos... ¿Dejarlo? ¡No gracias! ¿Dejarlo? Ya habrá tiempo para no hacer nada...


En fin, que vaya todo bien, niña. Animo y a seguir luchando. Esperemos que en diez años vuestro nene sea una joven promesa del panorama nacional. Allí estaremos, espero, tal vez recordando su primera "concentración" motera, la del pasado domingo :-) Hasta pronto, te esperaremos con los calentadores en la mano y una sonrisa en la cara. Muackss!!

Sueños de verano...

Bajo un enérgico sol de justicia, el otro día volvía a boxes conduciendo el coche por las interminables rectas de La Mancha (a unos absurdos 140 de marcador) rumiando, a mi pesar y medio apático, cuantas tonterías tenemos que aguantar en esta vida. Como dice Isma, “La vida de los mortales”… vaya tela, paradoja endémica... Pues sí, mira que nos complicamos la existencia muchas veces por falta de comunicación. Lo peor no es eso, lo peor es la poca voluntad de algunos por solucionar o aclarar las cosas cuando surgen dudas o problemas. Lo más fácil siempre es golpear el clavo que sobresale, ¿para qué complicarnos más? Sobre todo cuando no necesitamos ese clavo para nada.

Quemado por dentro y por fuera, mi codo asomaba por la ventanilla quizá haciendo homenaje a mi padre en su época de taxista. Mis ojos brillaban oscuros bajo las gafas de cristales que me he pillado recientemente (quizá como homenaje involuntario a aquella portada de los Judas Priest de su disco “Killing Machine” / ”Hell bent for leather”; mira, buenos titulos, me iban que ni pintaos). A veces apretaba el acelerador con rabia, cabreado, con mala hostia, algo nada recomendable cuando circulas con un vehículo. Iba solo pero luego, como no podía ser de otra manera, tuve que adelantar inesperadamente a una “conductora” que entró en la nacional a unos 40 o 50 km/h, supongo que sin mirar por el espejo. De haber llevado el coche prota de cierta peli de Tarantino seguro que la regalo un ligero toque para que aprenda que por la vida no vamos solos… ¿o sí? Bueno, a saber, menos mal que nos quedan las motos y los amigos…

Inevitable pensar en el verano que llevamos para compensar tanta mala hostia. Un verano intenso, muy motero. Casi siempre pasa lo mismo: nuestra carreras favoritas del año se celebran en pleno verano, cuando más aprieta el sol (incluyendo la de Laguna Seca, ¡aunque a esa nunca hemos ido!). Primero fue la aventura de participar en las 24H de Montmeló echando una mano al equipo de las “supernenas”, algo muy bonito. Hablo del equipo formado por Mar, Noelia, Carla, Marian y una preciosa Ducati 999R. Se nos pusieron los dientes largos viviendo la carrera desde dentro, tan cerca de sus protagonistas. Tensión, pasión, ganas, cabreos, emociones… eso es vida, amigos, lo demás son solo los preámbulos. Los dientes largos, sí, pero nos ha pasado tantas veces con esta carrera (desde que se celebraba en el mítico parque) que mejor no vuelvo a insistir en el tema. Quizá algún día podamos correrla… ese fue el primer sueño de verano confesable. (Antes, en mayo y junio, vivi el principio de otro sueño pero, como casi todo lo realmente extraordinario, se ha esfumado sin llegar a la primera meta volante.)

El primer sueño se lo debo a mi padre, que me metió ese veneno en el cuerpo hace toda una vida, y actualmente a las ganas de algunos amigos muy cercanos, en especial a Isma (de los pocos que he conocido en los últimos años que lucha por sus sueños). Sus ganas por volver a las 24H era lo último que me faltaba para terminar medio enfermo otra vez. Ya el año pasado nos dio la neura (bendita neura). En fin, ganas que rebotan como en un espejo pulido. Pero seguimos sin encontrar una viuda rica que nos patrocine... Seria tan fácil abandonar... nada, seguiremos luchando, tal vez algún día lo merezcamos, no lo sé.

Seguro que no olvidamos, ní él ni yo, nada de lo vivido durante esos dos días y medio alli, en el circuit, dentro y fuera del box #36. Cuando llegó el abandono del equipo a él se le escaparon algunas lagrimas de impotencia. Eso es amor al deporte, señores. Entre tanta mierda, entre tantos intereses, dinero, medios, poses, managers y gilipolleces todavía quedan anónimos caballeros de las dos ruedas. Qué suerte tengo de conocer a unos cuantos, caray. Y hablando de esos tipos grandes de verdad, qué pasada fue ver a un montón de buenos amigos durante esos días: Tono (gracias por todo, socio, you’re the best!), Gregg, Tomás, Xavi, Jorge, Manu, Gelen, Piper, Edu, Elenita... El sueño de terminar la prueba no se alcanzó pero... casi, faltaron cinco horas para rematar la faena. Sabor agridulce al final pero nada sorprendente, asi es la vida, asi son las carreras. Cuando terminó la carrera para el equipo DESMO BCN el domingo por la mañana, me despedí y me puse mi chupa y mis botas dentro del box, como si yo fuera un piloto (graciosa estampa sin duda). Recuerdo, por ejemplo, la cara de Carla cuando me vió vestirme, decir adiós y montarme en la Infinita con la mayor naturalidad del mundo. Sí, hay muchos tipos de carreras de resistencia, eres joven y hay cosas que no te cuadran je,je, no pasa nada.

Aquel domingo, solo, volviendo a casa, disfruté como un enano por la ruta de El Tambor otra vez. El sueño de verano de participar en las 24H quedó anclado en la memoria, una vez más, mientras vivia el presente disfrutando de la ruta y paladeando esa comunicación hombre-moto que tanto buscamos y que tantas veces nos salva la vida (todo ello después de haber almorzado viendo la última carrera del GP de Alemania rodeado por completo por docenas de Mossos, vaya cuadro). Hacia tiempo que no hablaba con mi moto, casi nunca lo hago con esta pero aquella tarde fue distinta. Lo haremos mejor o peor pero nos gusta montar en moto, atravesar tierras, campos y pueblos, sobre todo si hay poco tráfico como fue mi caso. Cuantas veces nos apetecería perdernos o viajar al fin del mundo y no volver. Bien sabe San Glas que no lo digo por dramatizar. Eso sí, aquel día no pensaba eso. Aquella tarde descubri un pueblo famosillo que os aconsejo visitar si pasáis por la provincia de Teruel sin prisas. Se llama Utrillas, muy cerca de Montalbán (el de la famosa concentración). En Utrillas podréis encontrar un curioso patrimonio minero y varias “rutas pintorescas”. También unas curvitas estupendas si llegáis desde Montalbán, sobre todo si vais apurando la gasolina del tanque (la gasolinera creo que es más grande que el pueblo, curioso, pero me salvo la tarde) y tenéis que trazar fino ja,ja

Pocos días después, todavía en julio, varios miembros de nuestra Peña fuimos al circuito de Recas (donde suelen entrenar con la supermotard Simon y Bautista) a animar y ver correr a nuestra joven promesa SuperPablo en las carreras de minimotos. Da gusto ver a tantos niños pilotos dar gas encima de sus máquinas, vistiendo esos monos de carreras y esos cascos tan gigantescos que les asemejan a la “hormiga atómica”… el futuro de motociclismo pasa también por ellos, habrá que cuidarlos. Ver rodar tan bien a Pablete me emocionó un poco, ¿quién sabe a dónde llegará? Ojala a mis herederos les guste la moto o, en su defecto, algún otro deporte donde puedan luchar, alegrarse, cabrearse y conquistarse a si mismos, la mayor alabanza que conozco. Algo que contar a sus nietos, en suma. Ese ha sido el segundo sueño del verano: un futuro lleno de pasión para nuestros descendientes más cercanos. Aquí os dejo la nueva web de SuperPablo: http://dymotos.blogspot.com/

Y llegó agosto y sus tempestades… Primero lució el sol por tierras galas (enlatado, eso sí), luego volvimos de las vacaciones y todo se oscureció. Menos mal que en el calendario estaba una de las citas más deseadas del año. Sí, las carreras de La Bañeza. Un descanso para un dolor de cabeza y de corazón inesperado. Esta vez, además, ibamos una buena tropa. El año pasado solo Julito, Santi y yo conquistamos la pradera del polideportivo. Esta vez se sumaron a la excursión mucha buena gente, grandes moteros. Para empezar, desde “Polonia” Gregg, último viaje con su actual BMW. Ya teníamos ganas de compartir ruta juntos. Desde Murcia, con amor, venian Xavi y Bego, gran pareja. Les recogí a los tres en Madrid, esquivando hordas de peregrinos ubicuos y pastosos, y policías nacionales en formación que me pararon antes de poder subir por la calle Velázquez el sábado tempranito. No, yo no iba a ver al Papa de Roma, yo iba a ver a mis colegas moteros. Ellos sí predican con el ejemplo, qué cojones.

Desde las Torres Kyo, les llevé a la Cruz Verde y allí recogimos a los demás “delincuentes”: Julito, Rafa, Oscar y Edu. Como juntamos a Julito y a Edu Sparrow todos sabíamos que nos llovería. Da igual el mes que sea, comprobado. Obviamente llovió, y varias veces. Ya solo faltaba recoger al más racing, a Santi, a la salida de Avila, en los “Cuatro Postes”. También llego el más pintoresco, Dino, y su inclasificable Ducati ST2 tuneada pre91, sin intermitentes, etc, etc, etc. Tuvo un problema con su matrícula y la poli en Madrid pero llegó justo a tiempo para salir desde Avila con el resto. Arrancamos y empezamos a enfilar rectas y sol por la nacional. Mucho gas pero ruta aburrida, llena de rectas. Cuando llegaba una curva el cuadro de la moto encendia una imaginaria luz amarilla avisándonos de ella... ¿o fue un espejismo? Asi son las carreras de La Bañeza, te tienes que chupar, previamente, la submeseta norte, tendrias que circuilar a 300 para divertirte. El caso que fue espectacular la llegada (¡intentaron cobrarnos 10 euros por acampar!, claro que se lo fueron a decir al más diplomático, Julito, ja,ja,ja, y casi salen escaldados los dos tipos con uniforme). Pues nada, qué decir, espectacular el momento piscina (querian que me pusiera un gorro en la cabeza, están gilipollas esos socorristas...), el momento supermercado DIA (este año el carrito prestado no fue del Eroski), la lluvia, las charlas, las cervezas con sal (esto merece otro post) y las visitas que recibimos por la noche: GusiluzR6, Anita, Amara, Mamen y demás amigos… mientras algunos se iban a dormir otros nos fuimos al pueblo... a por un bocata de chorizo picante. Joer, como echamos de menos a algunos colegas que no pudieron venir. Ellos saben bien quienes son. Hubiera sido la fiesta perfecta. Todavía nos quedan cartuchos que quemar este año, veremos como termina la fiesta. 

Julito nos enseñó de nuevo su manejo con los melones. No hubo lección magistral pero sí risas y charlas imposibles de trascribir. La larga noche no lo fue tanto, el tiempo es relativo, ya lo dijo Einstein. A Oscar casi le matamos cuando comprobamos que la sal que habia comprado ("para que el hielo no se deforme"...¿?!!) había salpicado todas las latas de cerveza... reaccionamos tarde, cuando comprendimos que la sal la echan en la carretera para disolver el hielo... ¿entonces? la madre que le parió... en su defensa reconocer que la maniobra tenia un motivo más lógico: enfriar rapidamente las latas. Lo consiguió pero el precio fue beberlas con un ligero sabor a sal... Me encantó ver a Amara, una Ducatista increíble, subida en la Ducati de Dino. Tal para cual sin duda... a la espera de que ella pueda volver a pilotar su preciosa 1098, claro. Al final, la lluvia hizo acto de presencia un par de veces más. Les rogamos a Julito y a Edu que, por favor, hicieran algo con sus poderes para desconvocarla. No prometieron nada pero la tormenta se alejó en pocos minutos. Para que luego digan que no tienen poderes (vamos, ni Thor maneja así los elementos).

El domingo fue tan especial como siempre alli. Llegamos a la zona de boxes, sí, esa zona fuera del siglo XXI, donde las cosas cambian poco. Esquivando Bultacos y Ducatis, observando a pilotos, hijos y mecánicos llegamos hasta nuestro amigo Paco Motos y su "nueva" Ossa 250. Qué alegría le dió. Pues no te cuento a nosotros. Cómo lo pasamos acompañándole a parrilla, sujetándole el casco y luego empujándole la moto. Cuanto tiempo llevaba sin ver a nadie cebar su carburador antes de arrancar. Joder, cuantos recuerdos adolescentes. Recuerdo que paraba de cebar cuando mi dedo se ahogaba en gasolina. Entonces pegabas la patada y la Ducatilla arrancaba sin problemas. Paco estaba emocionado, una vez más, mientras nos dirigiamos en tropel a la recta del circuito urbano. Los 2T achicharraban nuestros oídos con música celestial (¡¡pobres 2T, qué poquitos os quieren!!) surgida de vetustos tubarros y de motores con agujeros limados con amor. ¡Maldita tecnologia que nos hace máquinas también a nosotros! Y aunque sujeté el paragüas con poco garbo (tú verás con esta "bella figura" que tengo) lo vivi a tope.

Se da la salida y Paco se mete por la derecha adelantando a algunos rivales. Algunas vueltas más tarde, a final de recta de meta, vemos como hace un "por fuera" de libro antes de encarar a saco esa bajada infernal que diferencia a los buenos de los muy valientes. Las vueltas pasan rápido y la carrera acaba entre aplausos. Poco después, Paco se quita el mono sudoroso mientras le ofrecemos algo de beber. Está contento. Qué gran ejemplo para todos nosotros. Cuanto sintió mi padre no poder acudir este año a la cita. Luego el valenciano nos presenta al futuro... a Maria Herrera, la chavalita de 14 años que está fundiéndose a toda la banda en el Mediterráneo. Ella tal vez no lo sepa pero es parte de nuestro futuro. ¡Buena suerte, campeona!

Nosotros nos despedimos poco después mientras pensaba en el tercer sueño, un viejo sueño que ya os conté en mayo del 2009, correr algún día alli. Otra paja mental, sí, tal vez pero no salpicamos a nadie por tenerla. Mientras tanto tendremos que subir como podamos, y sin miramiento, nuestro Alto del León, puerto jodido dónde los haya si quieres ir alegre en moto, intentando imitar a los verdaderos pilotos, mientras en una de sus últimas curvas jodidas el bueno de Santi me hace un inesperado exterior antológico que me deja con la boca abierta. ¡Viva el motociclismo, aunque acabes segundo! (Santi nació para pilotar motos pero no lo sabe y no se lo cree, ¡una lástima!) Antes de llegar a la mejor zona de la ruta tuvimos que lidiar con un par de nubes negras convocadas, sin duda, por estos dos, el de los melones y el de la Honda negra y guarra. Como contramedidas tuvimos que seguir el sabio consejo de mi padre: cuando te persiga una nube enrrosca para librarte de ella. Y así fue. Una de las veces iba yo delante del grupo y puse en práctica el consejo. Nos libramos de ella en cuestión de minutos. La danza de la lluvia fue corta, lo justo para ensuciarnos las motos.

Se acabó el finde y los sueños de verano atesorados desde que comenzó el buen tiempo. Ahora, aqui sentado, pensando un poco, ya puestos a pedir alguno más, aunque sea más modesto, pienso que ojala corrieran en Suzuka en octubre (visto que Motegi les produce caquita), más que nada para devolver el honor a un gradísimo circuito defenestrado por culpa del accidente que se llevó al bueno de Kato#74, accidente del que no fue culpable el circuito sino la pésima tecnología electrónica de Honda. ¿Pero a quién le importa la justicia que hasta un circuito se merece en alguna ocasión?

¿Alguno más? ¡Ojala seas campeón este año Nico! Y a ti, Carlos Checa, ¿qué podemos decirte que no hayamos dicho? ¡Te lo mereces más que nadie! ¡Forza DUCATI!

Ah, se me olvidaba. El último sueño, inesperado, me llego el otro día cuando un gran colega me dijo que contaba conmigo para montar algo algún dia, algo interesante, sobre motos, rutas, viajes, rodadas, algo que nos haga levantarnos por la mañana con ganas de comernos el mundo. Quién sabe... eso ya seria la bomba.

Sueños de verano… ya que todo indica que seguiremos cabalgando como llanero solitario, supongo que por enésima vez habrá que pensar en canalizar esa energia en lo de siempre, en aprovechar la gasolina mientras todavía quede, en aprovechar los reflejos mientras todavía existan, en lanzar sonrisas mientras aún tengamos cara y en no perder las ganas de vivir mientras el cuerpo aguante.
Bonita foto la que he puesto arriba. Algún día recordaremos esos momentos de hermandad y gasolina. Y gracias a ti, Vero, por tu alegría y compañía.

http://www.youtube.com/watch?v=LIgugzypVXU

Dos años con un pepino…

…entre las piernas. Porque si digo bajo el culo suena muy mal, por lo menos para mi gusto y lo otro suena poderoso y viril ;-) Pues sí, tropa, va a cumplirse dos años desde que compré mi afamada cbr1000rr sin abs ni chorradas modernas (bueno, sí incluye su inyección en lugar de los carburadores que ya casi nadie recuerda, grrrrrr, pero eso ya es normal, claro). Me dije que la tendría dos o tres años y que escribiría algo para recordar mis sensaciones antes de venderla por falta de presupuesto y volver a las 600. Por eso estoy dando la chapa en este momento.

Como dice el bueno de Santi, todo motero debería tener, por lo menos, una R de verdad en su vida. A mi me lo pedía el cuerpo, harto de probar la de los amigos y, además, notando cada día más que mi tiempo con la Fazer llegaba a su fin. Es una sensación que, supongo, nos ha pasado a la mayoría alguna vez. Llega un momento en que, aunque esa moto siga dándonos alegrías, aunque no se rompa ni pida mucho pan, la motivación ya no es la misma. Algo que surge del corazón te pide un cambio aunque la cabeza (esa que no sabe nada de la patata del pecho) no entienda tus argumentos. Y no solo la cabeza, claro. En mi caso para adquirir la Infinita tuve que luchar un poco más de lo previsto. Para empezar, el entorno familiar, incluyendo a mi padre, se mostró hostil. El, por ejemplo, no me veía con semejante cohete para ir a trabajar con ella casi cada día (no le falta razón en parte), luego mi hija estaba enamorada de la Yamaha y no entendia el cambio, y para terminar, el todopoderoso banco. Qué cabrones, así de claro. Después de tantos años como cliente, de tener la nómina domiciliada, de pagar mi hipoteca religiosamente, etc, etc, van los tíos y no se les ocurre otra cosa que decirme que me prestan la pasta si además me hago el seguro del nuevo vehículo con ellos. Y además en plan ultimátum. Mala cosa. Si estuviéramos hablando de otro “material” tal vez mi respuesta hubiera sido más diplomática pero tocaron en hueso y aunque esté mal decirlo “para chulo yo y para puta mi hermana” (no tengo, por eso lo digo). Así que les conteste en sus mismos términos destacando que no me gustaba nada su tono amenazante y que tal vez tendría que cambiar de banco ya mismo. Joder, como espabilamos cuando queremos. Fue decir aquello y todo volvió a su cauce habitual. No estoy exagerando, fue literalmente así. Dos días después me estaban dejando la pasta sin más condiciones que las habituales, sin sorpresas y con cierta dulzura renovada. Para rematar, puse el motivo que me salió de los güitos: “adquisición vehiculo Honda” y como la marca del ala dorada también vende coches, supongo que terminaron por pensar que iba a comprar un Honda de segunda mano. Me partía por dentro, cuanta menos información al enemigo, mejor.

Sinceramente si me metí en este entuerto fue porque, aparte de las ganas, tenía la oportunidad de conseguir la Fireblade al precio más o menos de su hermana pequeña de supersport, vamos, una ocasión estupenda para “subir” a stock-extreme aunque, una vez más, venia bien recordar aquello que la moto no hace al motorista. De hecho en mi mediocre historial motero considero que mis “años dorados” pasaron hace mucho cuando, mira tú por dónde, circulaba con auténticos hierros (para los estándares actuales). La verdad que tenia unas ganas enormes de probarme con una moto tan seria en todos los sentidos. Ahora o nunca. O te mueves o caducas a fin de cuentas. Era todo un desafío que veía con bueno ojos; quería ver si me hacia o no a una 1000 moderna (bueno, teniendo claro que a estas motos solo un grupo de talentosos sabe sacarle el 100% de sus posibilidades).

Por el uso polivalente que suelo hacer, la cabeza me insistia en seguir con una 600, naked o sport o una FZ1 (pena que gaste tanto) o la Z 750 (pena que pese tanto) pero... Además, miraba a mi moto de entonces, mi querida Fazer, ¡grandísima compañera!, adivinando que tendría más quebraderos de cabeza con la Honda, y me preguntaba por qué lo hacia. Pero nada de eso importó al final. ¿Y qué hacer con la fiel y fiable Yam?, sinceramente, no tenía valor ni ganas de venderla. Se me ponía un nudo en la garganta cuando lo pensaba detenidamente. Era como despedir a un gran amigo sin saber dónde podría terminar... supongo que consecuencia directa de haber vivido demasiadas cosas juntos, casi todas agradables. Saber a ciencia cierta que, además, me darían dos duros por ella me permitió argumentar “oficialmente” que no la vendía, que se la pasaba al abuelo (y vendíamos su GPZ, lo cual no resultó nada complicado ¿?). Así lo hicimos. Creo que la jugada nos salió redonda, los dos nos pusimos muy contentos y, por primera vez en más de dieciocho años, volvíamos a cabalgar con motos “nuevas”, nada de segunda o tercera mano. Como para quejarnos…


¿Qué sensaciones, qué pensamientos cruzaron por primera vez mi cabeza al meter primera, aquella soleada tarde con la Fireblade? La posición no era demasiado R pero sí muy distinta a la Fazer donde casi ibas en posición de enduro con ese manillar ancho y alto, demasiado alto… Las estriberas de la cbr, sin embargo, me parecían muy adelantadas. Tuve que echar gasolina inmediatamente, claro, pero me dió tiempo a “ubicarme” un poco, bueno, a intentarlo porque esta moto es muy pequeña para un tio de 1,80. Su estilo es minimalista, es practicamente la 600 vitaminizada y se nota inmediatamente en sus dimensiones, nada que ver con el anterior modelo, más largo y grandote.

Recuerdo que me puse muy contento y pasmado ante su poderoso motor y el salto que pegas cuando la aguja pasa de las 8500/9000 vueltas... ufff, harina de otro costal. Siempre con mucho respeto, pocas veces aceleraba a saco por miedo a salir catapultado saliendo de los virajes... aunque también es cierto que todos conocemos, aunque sea de oídas, que gracias a la inyección, a la curva de potencia y, en resumen, a la electrónica, estos motores de litro modernos ya no son los killers de hace apenas unos diez años (por ejemplo, las primeras R1) cuando no era difícil terminar besando el asfalto a la más mínima insensatez con el gas.

Los frenos no me impresionaron nada (a pesar de la novedad de su bomba radial, etc)… y de hecho estoy convencido que la mano que me rompi, meses después, no fue solo culpa mia y del canalla del Megane que se dió a la fuga. Luego me enteré que algunas motos de este modelo y año habian tenido problemas reconocidos con la bomba Nissin... ¡vaya, pues creo qe nos tocó la china! El caso es que nos hartamos de pulgar la bomba y las pinzas.... Al final, durante demasiado tiempo, circulé con un freno delantero que enseguida se agotaba. Aquello no era normal... luego os comentaré como terminó esta historia.

Durante las primeras semanas estuve con la mosca detrás de la oreja pensando que se me cargarian mucho las muñecas y los antebrazos en zona de curvas. Pues la verdad, salvo los primeros días, la cosa no fue para tanto. Recuerdo la primera “salida” con ella. Fue por la famosa carretera de los pantanos, cerca de Madrid, un día entre semana (para no encontrar demasiados enlatados), tramo lleno de curvas, iba pendiente de las revoluciones, de los pesos al cambiar de dirección, de su aceleración, de su inercia... y de mis muñecas. Sobre todo de la izquierda, la que tengo tocada con el escafoides destruido. Encima, luego terminé en Hoyo de Pinares con sus garrotes en bajada incesantes donde ya llegué algo fatigado pero no tanto quizá por la posición de sus semimanillares (nada radicales comparados con la competencia) sino a la posición novedosa en su conjunto. Fue el primer día de curvas y lo noté (era principios de agosto y el calor tampoco ayudaba). Ese día pensé algo así como "mola pero en vaya marrón me he metido, esto promete."

De todas formas, la pregunta habitual era todo un clásico: ¿para qué tanta potencia? Era y es una jodida delicia enroscar donde se puede pero, como suelo contar, si estiro en serio las marchas largas me salgo del mapa. Y eso es lo que más echo de menos de una 600... estirar todas las marchas hasta casi el pozo rojo del tacómetro porque con la Fireblade hacer eso en carretera abierta es muy peligroso, no hay espacio, no hay carreteras suficientemente despejabas por no recordar donde puedes terminar si te pillan, claro. Aunque es fácil y noble de conducir, con esta moto cuesta sentirse “gran piloto” porque notas enseguida que no te terminas el motor ni en autovía. Son conceptos distintos ser o sentirse "conductor" y "piloto". Con la 600 hasta el ruido te acompaña y tu cerebro pasa a “racing mode” enseguida. Obviamente es más asequible, más apta para "todos los públicos". Aquí el tema es distinto, tienes que tener la sangre más fría y pensarte muy bien cualquier alegría seria porque los metros se consumen más rápido, cosa que todos sabéis, por supuesto, perdonad si digo obviedades. Encima de la moto la sensación fue de “reconfiguración” personal. En resumen, con esta moto y quince años menos rodaría más rápido pero, posiblemente, estaría con más huesos rotos en el curriculum... o algo peor.


En paralelo a lo anterior, da gusto contar con tantos CVs a tu disposición, sí, claro, por supuesto, es como sentirte un poco "Dios". Adelantar varios camiones no es problema. Pasar a otras motos más pequeña no tiene ningún mérito, claro, un auténtico cohete que, aún así, se deja llevar y es noble, nada radical. En cuanto a tumbar… al principio cuesta creértelo, esa es la expresión. Pensaba equivocado que era una 1000 en todo los sentidos pero es falso, su chasis de aluminio y dimensiones son casi de 600 y se nota en cuanto te aprendes el “truco”. Porque si algo me gustó todavía más que el motor fue el chasis… ¡¡como se aguanta esta moto!! Nada que ver con mis chicas anteriores, claro, ni tampoco con algunas gloriosas R de marcas con fama de hacer buenos chasis (la Yamaha ThunderAce de mi antiguo, y hoy desaparecido, amigo Jorge) y muy lejos de la cabezona ZX9R de Julito. Repito, nada que ver. El tren delantero es la verdadera joya de esta moto. Qué aplomo, qué huella, da una confianza BRUTAL. Es lo que más me gusta de esta bike. Ni su gran chasis, ni su nobleza, ni su infinito motor amigable, nada, lo que más me gusta es ese fiel y preciso tren delantero. Esto unido a sus dimensiones y centrado de masas hace que la moto sea fácil de conducir e incluso pilotar, lo cual permite que casi cualquiera se sienta buen jinete… sin olvidar que no la estás aprovechando al máximo, eso lo hacen los cracks de SBK. En resumen, obviamente no es una 600, con esta sufres unas inercias que en zonas muy reviradas te hará imposible seguir a una SS en buenas manos (recuerdo el último "Gredos Trophy", grrr) pero no es una diferencia abismal, a pesar de su mayor peso.

Aparte de curvas o viajecitos cortos, de alguna tanda en nuestro querido Jarama, ya hemos disfrutado algún viaje largo por Francia (Le Mans en el 2010 y ahora Bol d'Or) por lo que la Fireblade suele vestir de cuero, en el depósito, con la funda y con la bolsa encima muchas veces. Llevo tanto la funda que hasta para tandear entro así al circuito (claro, ¡se meten conmigo y la estética!) 


Otro elemento agradable: su embrague antirrebote que (al margen de si dura realmente mucho o pocos kms siendo antirrebote) permite quitar marchas a saco sin miedo a bloquear la rueda trasera. En ese momento la pregunta es otra: ¿hace falta quitar tantas marchas? En esta moto, obviamente, no. Muchas veces da igual qué marcha lleves engranada, con acelerar solucionas casi todo.

Pero, obviamente, no todo son maravillas. He pasado momentos de angustia y de cabreo. Más de lo que imaginaba al principio. ¿Os imagináis una moto del siglo XXI chupando aceite como aquellas “aceiteras” de la marca de los tres diapasones? Pues aquí tenéis el mejor ejemplo del mercado que conozco. Tanto que ya no cambio el aceite, ¡¡solo relleno!! Se lo conté a Honda y me dijo con cara casi de pena que sí, que este modelo consumia aceite... su pregunta no fue si lo hacia sino CUANTO consumía... cuando le dije que más de medio litro cada 1000 kms (de media) ni me contestaron, solo pusieron mala cara. ¿El motivo? Llegué a leer que es culpa de un mal diseño parcial interior de los cárteres, toma ya... si alguno sabéis la razón, por favor, contadmela un día porque también he leído, y es más creíble, que es un problema de aros. Honda, oficialmente, todavia no me ha contestado. El caso que con este "pecado" puedes seguir rodando, solo hay que vigilar más su nivel... y gastarte unos euros extras que podías invertir en alguna otra cosa. Pero si algo me ha llevado mal fue el tema del freno delantero. Como os decía antes, se ha reconocido que algunas partidas de este modelo tuvieron problemas con la bomba Nissin y doy fe que a mi me tocó una de estas. No es normal que tengas que usar tres dedos de tu mano para notar la frenada que en cualquier otra japonesa percibes con dos o uno solo. Además, una fatiga previsible en cuanto hacias unas curvas no podia ser normal. En Honda, otra vez, me dijeron directamente que le pusiera latiguillos metálicos... y contesté si una moto de esta categoría y precio tenia que frenar mal de origen normalmente... El caso que me purgaron el circuito y encontraron, dijeron, aire en la bomba y en una pinza. Ok, la luna de miel duró unos cientos de kilómetros. Volviendo de Cheste el freno delantero volvió a hacer de las suyas. Resumen: tuve que poner una bomba Brembo RCS 19 y, ya de paso, unos latiguillos metálicos Galfer. Desde hace ya algunos meses, por fin, tengo una moto segura. La pregunta y el coscorrón que me merezco es... ¿por qué habré aguantado tanto tiempo? mal ejemplo, sin duda.


Otra cosa que no me gustó nada desde el principio: su voluminoso, soso y pesado tubo de escape. Madre mia, ¡¡qué monstruo de escape!! Será la hostia su doble salida a nivel tecnológico, todo lo que queráis contar, no lo voy a discutir pero sí puedo asegurar que con el Leo Vinci Gp pro que le metí gané en agilidad, ruido y... ¡baje un poco el consumo! No creo que haya ganado potencia (solo llevo la cola cambiada) pero desde luego el comportamiento del motor se nota un pelín más bravo y directo; además, como digo, gasta menos. Podría sonar mejor todavía pero no puede ser... el día que le quitamos el dbKiller nos paró la G. C. casi en el acto, fue alucinante.

Y ahora vamos al tema favorito de muchos moteros contemporáneos: los neumáticos. Venia con unos aceptables (en teoría) BT-015 de Bridgestone. El primero de atrás me duró exactamente tres meses, ¡¡alucinante!! Apenas 7096 kilómetros. Todo el mundo lo veía medio normal menos yo, novato en estas lides con motos grandes. Pues nada, nos pilló volviendo de la concentración de Perros de Ebro y madre mia qué viajecito de paquete me chupé desde la Armunia de Doña Godina hasta casa... probé tres motos y en la última casi me da algo, ya lo conté una vez.

Pues nada, luego le puse unos BT-016 para probar si daban más confianza y duaraban un poquito más mientras me mentalizaba que buena parte del problema era culpa mia. Algún amigo me lo decía: no tenia que acelerar tan a saco porque con esta potencia te fundes la goma a la mínima. Efectivamente, asi era, eso no ayudaba. Pero eso no era todo, ¡es que tardaban un huevo en calentarse y me patinaban en frio cosa mala, hasta yendo a por el pan! Al final, pasamos a los M3 de Metzeler y las cosas cambiaron. Tacto y duración mejoraron y asi seguimos aunque atrás lo combino desde hace un año largo con los Roadtec Z6, más rutero y durarero, basicamente por ahorrar un poco sin perder demasiadas cualidades (aunque con los "zapatos" jamás hay que ser miserable). Supongo que siendo también Metzeler tendrán las mismas carcasas y no es mala combinación. Ahora me dura, apurando más de lo recomendable, unos 11000 kms el trasero. Del delantero, del M3, más racing, tampoco me puedo quejar. Jamás me ha dado un susto y durán bastante más de lo que puedes imaginar de un neumático medio deportivo.

¿Con qué me quedo al final, haciendo balance? con la sensación que trasmite cuando vas en marcha. Ya he pasado muchos miles de kilómetros sobre ella y me siento cómodo, seguro y ágil, aún así ya veremos cuanto duramos con ella... no es la mejor moto para rutear como es lógico pero lo hacemos a menudo aunque su habitat natural es un circuito o una buena carretera de curvas rápidas con buen asfalto. Lo dicho, veremos cuanto duramos con la espada de fuego antes de volver a la marca verde que nos robó el corazón y los sentidos hace muchos siglos: ¡¡¡¡Kawasaki!!!! Esa futura moto sí será, en todos los sentidos, ¡¡un pepino!!

Pilotos de carreras, entre la tierra y el cielo...



El otro día estuvimos en el circuito de Albacete disfrutando de las 8 Horas de resistencia, la segunda prueba del mundial de la especialidad. Este año ya hemos visto dos pruebas del campeonato, todo un lujo, aunque me temo que la tercera cita me la perderé: nos pilla un poco lejos, Suzuka. Bueno, eso si la celebran... Con una inmejorable compañía (Mar, Mónica y Jop), otra jornada viviendo un poco lo que se cuece y lo que se siente a pie de pista, en el paddock, incluso un poco en los boxes. En este campeonato todavía se puede disfrutar de cierto contacto y cercanía con los protagonistas, los pilotos y sus equipos. Por ejemplo, increíble disfrutar de la presencia del equipo francés Yamaha GMT94. Allí estaba el gran Christian Sarron, el único europeo ¿os acordáis? que metía mano en ocasiones a los americanos y australianos de 500. No intenté robarle ni un minuto de su tiempo, se le veía ocupado. También fue alucinante ver "los dineros" que destilan los capos del equipo qatarí... 

En Albacete las cosas estaban bien organizadas, o por lo menos eso me parecía a mí. Tuvimos una tarde soleada y una noche tranquila. Fue una gran carrera, sí señor, pena que el bueno de David Checa y su equipo se quedaran a solo medio minuto de la victoria. También fue una putada, más grande, que el equipo TT Legends, los monstruos de TT, no terminaran la carrera por una inoportuna caída del ya mítico McGuinness en los últimos compases de la prueba. Como iba el amigo... bueno, todos ellos. ¡Qué pena que no salgan en la tele estos tios!

Estuvimos casi una hora en la chicane viendo como llegaban y como salían estos angelitos. Qué fácil parecen hacer lo dificil. Por supuesto, a pesar de ser una prueba de Endurance, algún que otro hachazo aunque ninguna "Simoncellada". Inevitable mirar las hojas de tiempo, hojear qué cronos marcan estos cracks. Del primero al último unos diez segundos de distancia... pero el último no va manco, picando 1,41 o incluso menos. Inevitable pensar en los que marcas tú... :-O

En resumen, qué paz apoyarte en los viales y ver tranquilamente, sin prisas, sin horarios, como trazan esos pilotos. Y de tranquilidad, aunque sea la antitesis de la competición, vamos a hablar un poco más...

A la vuelta, o mejor dicho, al día siguiente, otra vez esa sensación de pertenecer a otro mundo...

Y empieza cierta pequeña paranoia personal. ¿Acusas el cambio? sí, sin duda... es como un "jet-lag", un cambio de casi “race mode” a “home mode”... Salvando las distancias, comprendo porqué, por ejemplo, Frodo, al final de la saga del Señor de los Anillos (¡por mencionar un caso popular!, no flipéis ja,ja), después de haber vivido, disfrutado y sufrido esas experiencias límite, no pudo o no sintió necesario adaptarse con normalidad a su vida anterior, la llamada vida "normal". Porqué, al poco tiempo, decidió deliberadamente, sin aspavientos, pasar página y cambiar de "estado"... Ya no podía continuar en el mismo stage, no tenia sentido. No había comparación posible entre el hoy y lo vivido antes. Un libro se acababa, tocaba escribir viviendo otro nuevo. Era la inercia del espíritu…

Salvando (otra vez) las distancias, pero sin distinguir entre ficción o realidad, volví a vivir ese contraste anímico la otra tarde, a mi escala eso sí, en mi propio mundo. Recurrente sensación, conocida pero siempre nueva. La percepción del espíritu nunca miente. Es la percepción de bajarte de una batallita y volver a vivir como poco más que una oveja o una sombra durante otro periódo de tiempo, donde todo pasa a cámara lenta y lo más divertido u "osado" para los que te rodean no tiene comparación posible con lo que viviste un día antes en aquella escapada o en aquella situación beligerante, buscada o encontrada. Ves que la vida pasa muy lenta, muchas cosas se hacen triviales, la adrenalina se dispersa irremediablemente pero los recuerdos, la emoción y las sensaciones no tanto... Es nuestra maldición y nuestra bendición... vivir a medio gas, o incluso a relentí, hasta el siguiente round. Vivir a medio gas puede suponer un “ahorro” de energía considerable pero también puede atraparte un poco en su telaraña. Ya sabes, o te mueves o caducas, por no hablar de la perdida de tiempo irreversible. El calendario solo funciona en un sentido y la bolsa de días todavía disponibles nunca sabemos como está de llena o de vacía…

Inevitable pensar en los pilotos de carreras, sobre todo en esos que parecen dotados con la voluntad necesaria para seguir luchando frente a todo tipo de adversidades. No todos son famosos, casi ninguno sale en televisión o en las revistas, aunque sí quiero mencionar ahora a uno que sí es famoso y sale en la tele y en las revistas por méritos propios: el genial Carlos Checa. ¡Menuda temporada está haciendo! Un piloto y un tio que siempre nos ha parecido especial, tan humano como luchador. Un ejemplo para todos. Quizá su historia deportiva sea algo inusual: creo que sus mejores momentos como piloto han sido al principio y al final de su carrera deportiva, curioso, aunque lo importante es que está disfrutando y ganando. El y el “simpático” Biaggi demuestran que la edad del carnet de identidad es solo una de las edades que poseemos las personas. Aqui una buena reflexión de Carlitos:

Como decía, la otra tarde, en el patio de mi casa, mientras los vecinos y algunos niños jugaban divertidos, yo sonreía pero estaba un poco ausente. Para nada amargado, solo asimilando como podía el “home mode” que ya me invadia. Estaba tranquilito, disfrutando un poco incluso... pero parte de mi espíritu estaba lejos, añorando lo vivido horas antes en aquel último escenario, en aquel circuito manchego. ¡Y eso que, obviamente, no corría! Me pregunté, ¿qué puede sentir un piloto después de vivir una prueba así y de haber descansado un poco? ¿Qué cruzará por tu mente en esos días que siguen a tu última batalla? Sin dramatizar, pero haciendo honor a la verdad, hasta me enfadé un poco conmigo mismo al final porque lo que veía era agradable y digno de ser apreciado (fiesta de cumpleaños de un vecino) pero, como os digo, una parte de mí, quizá la mitad, no estaba realmente allí. Odio las ambigüedades pero a veces soy prisionero de ellas, sin duda. El contraste podía ser por varias cosas. Por una carrera de motos, sí, por una mañana subiendo a un pico de la sierra, por el bonito recuerdo de aquella apuesta con los amigos, por añorar de nuevo la compañía de esa mujer que quieres o por, simplemente, la estupenda conversación que tuviste la noche anterior con tu mejor amigo, de esas que permiten asomarte al balcón de la "locura", del instinto y del futuro. Distintas batallas y contextos, sí, parecida sensación final. Quizá se trate de distinguir cuando te sientes realmente VIVO y cuando no tanto. Si tienes la sensibilidad muy desarrollada en ocasiones lo pasarás mal, amigo mio...

¡Qué duro y bonito debe ser la vida de piloto de carreras! Además, si lo comparas con tu curro no hay color, claro. Tu oficina tiene aire acondicionado, estás seguro, cómodo incluso, hasta tienes nómina segura a fin de mes pero… ¡no hay comparación posible! Seguro que algunas veces os habéis reído por dentro cuando algún compañero, con una forma de vivir muy distinta, comenta sus grandes "hazañas" del fin de semana. Como me dijo hace poco una amiga, esas "hazañas" de a) centro comercial y b) comer el domingo con la suegra. Mmmm... interesante dosis de incertidumbre, a veces se come con la familia política el sábado y el peregrinaje consumista se deja para el domingo... si abren ese domingo, claro ;-) Si se giran y te preguntan que tal tu weekend molaría eso de decir, "bien, quedé tercero en la carrera del domingo"... la envidia y/o la incomprensión te rodearía sin duda. Está claro, no somos tan parecidos como nos venden a veces.

¿Quién no dejaría su actual trabajo y se iría a currar a otros hábitats más "naturales" para su condición? yo me iría al Mundial de SBK aunque fuera para lavar carenados. Al menos estaría cerca de lo que realmente me gusta. Quizá mientras vivimos como podemos solo podamos intentar aprovechar los medios y el tiempo disponible. Y aunque lo tuviéramos en exceso, a veces me pregunto, ¿lo aprovecharíamos realmente?, ¿remaríamos en la misma dirección siempre?, ¿tendríamos cojones para atrapar lo que deseamos o decimos que deseamos?, y ya, concretamente, ¿valdríamos todos para ser auténticos pilotos de carrera? ¿Tendríamos lo que HAY que tener? Sinceramente, lo dudo mucho. Afortunadamente, hay excepciones…

Desde hace ya algún tiempo he conocido a personas increíbles, grandes pilotos de carreras, humildes, algunos famosos, otros muchos no, pero grandes de verdad. Ellos, por supuesto, lo negarían. Los grandes son así: modestos, sencillos, discretos… 

Uno es Gerard Rolland, el piloto galo de Ossa, el amigo de más allá de los Pirineos que tanto está haciendo por el tema de la calle para Santiago Herrero en Madrid. Gerard dejó la competición de élite hace muchos años pero sigue aprovechando cada minuto al máximo, ya sea sacando su bella RD 350 amarilla en multitud de encuentros (sin ir más lejos, en el Classic Jarama, por ejemplo) como asistiendo a Grandes Premios y citas moteras de diversa índole como la genial reunión de clásicas de Colombres. Gerard es una persona tan activa como cuando era joven... pero claro, ¡es que todavía lo es!, sin duda. Es un veterano joven, un piloto de carreras que ahora ocupa lugar en otras parrillas. Sin duda, además, su trabajo en la organización del famoso rally galo DARK DOG es encomiable. Cuantas veces me habrá animado y facilitado nuestra participación en el rally. ¡Ojala, mon ami, tuviera una fracción de tu energía! Siempre es agradable leer sus comentarios sobre Santiago Herrero, concretamente cómo le impresionó, por ejemplo, en el circuito de Le Mans, en 1970, donde coincidieron en la prueba de 250. Fue una de las últimas carreras de Santi, aquel día quedó segundo. Gerard estaba alli con él, compartiendo parrilla. Una vez comento el gran Jim Redman que aunque habia cumplido 75 años le parecía que había vivido 750 (o algo muy parecido). Creo que dejaba claro con el ejemplo lo que sentía dentro.

Cuando Gerard mire atrás y recuerde su trayectoria, su vida, estoy seguro que sonreirá. ¿Cuántas cosas habrá vivido? Y lo mejor todavía... ¡¡cuantas cosas está todavía viviendo!! ¡Grande Gerard! Grande como motorista y todavía más como persona. Otra referencia. Aqui os paso una de sus famosas cartas sobre la memoria de Herrero:


Y más cercanos, geograficamente, todos esos amigos valencianos (y de otros lugares) con gran espíritu de sacrificio, siempre dispuesta a luchar por sus sueños, con problemas económicos que les impide correr... pero que no tiran la toalla.  Para mi verlos muchas veces en La Bañeza o en otras pruebas urbanas es suficiente para saber que son auténticos héroes casi anónimos, ejemplos de hasta donde podemos luchar por nuestros sueños, grandes o pequeños. 

  
Voy cerrando grifo... Ser piloto de carreras... ese viejo sueño. No es solo cuestión de dinero, de padrinos o de buena suerte, factores sin duda importantes, lo sabíamos… Pero hay más, claro. Campeones como Gerard nos enseñan desde su casi anonimato que al final es una cuestión de bemoles u ovarios, voluntad de hierro y una afición gigantesca a prueba de bombas. No todos valdríamos para ello. Con su ejemplo nos enseñan cual es el camino, qué cosas hay que sacrificar... Es fácil ver y entender ese camino, otra muy distinta caminarlo sin abandonar. Por eso este tipo de luchadores están, en mi opinión, entre la tierra y el cielo, un paso más allá de los simples mortales, ascendiendo poco a poco, levantándose cuando tropiezan. (De ahí la foto de este post, ya véis... ¡algunas no paran, siempre inquietas, siempre activas, siempre desafiando los límites!)

Sin duda, qué lejos están algunas cosas, y algunas personas... La imagen de cabecera incluye un bonito podio nacional, podéis ver en el a Angel del Pozo, a Ricardo Tormo y a Cortés, tres grandes pilotos que brindaron grandísimas carreras. Para mi, además, los dos primeros son unos auténticos héroes que pude conocer ya de niño. A valientes y rápidos pocos les ganaban... Sirva de homenaje para todos ellos... ¡¡salud, guerreros del asfalto!! Os saludamos con respeto, admiración y cariño. Forever young…

Yo también sobreviví a la batalla del Bol d’Or 2011


Parte de guerra del soldado Luigi (número de chapa: 147):

Fecha de la batalla en la pista: 16 y 17 de abril
Lugar: Circuito de Nevers Magny-Cours (Francia)
Motivo: 24 Horas de Bol d’Or (primera prueba puntuable del Campeonato del Mundo)
Fecha de movimientos del grupo expedicionario: Del 15 al 18 de abril.
Estado actual: sin heridas de guerra pero muy impresionado.


Diario de bitácora, Viernes 15:
Salimos de un caluroso Madrid pasado mediodía, después de escaparnos del “cuartel” un par de horas antes de lo habitual. Mi pelotón estaba formado por EduardoCBF (alias “dios de la lluvia”, alias “capitán Pescanova”) y por mi. En las últimas semanas diversos problemas obligaron al general Luis Sr. y al experto en autodestrucción "Er Pirito" a quedarse de retén en sus respectivas bases.

Estado de nuestro armamento: En mi caso con todo el armamento a punto (incluso limpio) pero con los mínimos accesorios indispensables a bordo, o ni eso… Se me olvidó el saco de dormir de campaña aunque, en honor a la verdad, una parte de mi cerebro lo recordó perfectamente pero, aún así, lo dejó tirado en el coche por aquello de ser más “efectivo” en el combate y, como no, ante las dificultades de llevarlo en mi vehículo.

Estado del armamento del “dios de la lluvia”: su motocicleta llevaba la mierda habitual. Como además es negra, él va de negro y sus bultos son oscuros prefiero omitir que parecía en su conjunto. Destacar que tanta mierda a bordo (salvando al piloto, claro) penaliza gravemente su relación peso/potencia. Motivo: Se esperaban lluvias, antes o después, era estúpido lavar la motocicleta los días previos.

Primera sorpresa: Con un ritmo alegre (incluso) llegamos a nuestro primer punto de paso... ¡sin haber metido reserva en la Fireblade! Tan difícil de creer que solo el palo de 4 euros por coca-cola nos despertó del sueño. Era el kilómetro 202 de la “autovía” de Barcelona, estación de servicio El Espolón. La próxima vez bebemos agua en los lavabos.

A continuación comenzamos a transitar en un campo de batalla inesperado: docenas de kilómetros en obras a lo largo de todo el camino hasta Zaragoza. Destacar las curiosas chicanes que nos encontramos, del todo agradables cuando no encontrábamos civiles enlatados por medio. Desgraciadamente, llegando a la capital maña el único carril se saturó de civiles y nuestra gloriosa media cayó en picado hasta que, por fin, atravesamos el gran Ebro y enfilamos, libres, la de peaje (¡sacrilegio, señor, lo sé!) para que nos cundiera y poder recuperar tiempo y llegar más o menos a la hora prevista al punto de reunión en Barna. Destacar que seguíamos mirando hacia los cielos esperando el (valga la "rebuznancia") esperado tormentón pero… ¡¡no caía ni una sola gota de agua, intolerable!!

Recogimos al resto de integrantes en un bonito establecimiento donde degustamos una Coca Cola a precio razonable mientras admirábamos el “trabuco” que habia atado al lado izquierdo de su BMW el compañero polaco Tomás, cañón que tenia pinta de pata de cerdo, con su pezuña y todo mirando hacia nuestro destino. Ok, salimos junto a Jorge (Hornet) y al zumbado de Isma (Fireblade) que esta vez no llevaba el jamón mencionado en su montura. Salimos pitando sobre las ocho de la tarde, dirección La Junquera donde recogeríamos al veterano Roque y su legendaria FZR de 1989.



Justo empezaba a anochecer un poco cuando los madrileños cambiamos el ritmo, pasando del trote al galope. Esta vez fue el capitán Pescanova quién, de repente, nos pegó una pasada tan fulgurante que yo busqué con la mirada su moto para estar seguro que no había cambiado su sosita CBF por una RR allá en L’Hospitalet, donde las coca-colas razonables… pero no, era ella, la de siempre: la moto más guarra del hemisferio norte. Su dueño retorcia el gas como si fuera directo a una cita con la conejita PlayBoy del año. Por cierto, seguía sin llover, nos estábamos empezando a enfadar.Pues sí, en ese preciso instante, como se alejaba el capitán a dos mil millas por horas, la ley de Murphy propició que, obviamente, nos saltáramos la gasolinera prevista y al último invitado que, tal vez, nos vió con cierto asombro mientras los dos madrileños seguían corriendo como si fuera su último viaje ante la mirada de estupor de los polacos que estaban ya en estado “fliposo total” mientras subian marchas como locos para pararnos.

Una vez reconducida la situación, de noche, sin lluvia, recordando los ataques epilécticos que nos dan en ocasiones (como el mencionado), pasamos a territorio galo donde, ahora sí, podemos enroscar un poco más el puño derecho sin mirar tanto las cunetas.

La experiencia de echar el caro carburante fue, como siempre en esas tierras, o muy fácil o muy difícil. A aquellas horas de la noche éramos los únicos inquilinos de la estación de servicio pero fácilmente consumimos tres cuartos de hora mientras decidíamos, sabiamente, que el jamón y la oscuridad nos invitaban a buscar algún Ibis y comenzar la primera mini-fiesta. Asi fue. No fue difícil encontrar un establecimiento dónde fuimos admitidos. Antes, tuvimos que tomar la salida de la autovía in-extremis, con un grado de inclinación en la moto impropio de esas horas. Cosas que pasan cuando casi te la pasas. Algo después, de repente, en la habitación que sirvió de salón festivo, vimos aparecer una botellas de Rioja estupendas y más viandas: choricito, butifarra, tomate, pan... pan por gentileza de la gala del hotelito, qué maja, tres barras, una por habitación... El jamón no se inauguro esperando su momento glorioso en Magny-Cours, ¡gran decisión! Me hago una bonita foto con él a modo de guitarra, con mi camiseta de AC/DC, qué menos...


Sábado 16:

Nos levantamos bien pronto sin haber dejado centinela (todos estaban fatal y eso que apenas empinamos el codo, 1 de las 3 sobrevivió) y a las siete y poco de la mañana toda el batallón se encaminó tierra adentro, ansiosos por descubrir de nuevo la famosa Galia, esa tierra tan llena de vida y buen rollo. Era muy temprano pero con muchas ganas nos acercarnos a la preciosa e histórica ciudad de Beziers (¡otra vez que no paramos!) y a la zona que precede al famoso viaducto de Millau. De repente, una pequeña escaramuza: llegan curvones infinitos con buen asfalto, la vanguardia aligera rozando los 200 y el resto de la tropa no puede más que verse contagiado por el cachondeo. Sin apenas tráfico y con una climatología muy benigna nos metemos una media horita casi racing, buen entrenamiento, sí señor. Zona muy recomendable para todos los amigos a las curvas. Llegamos al viaducto pero no paramos, seguimos a toda leche mientras reconocemos que el único coche que va sin ritmo y por el puto medio es... ¡¡español!!

Llegamos al circuito justo a tiempo pero sin gasolina. Falta una hora para ver la mítica salida de la prueba y comenzamos a persuadirnos que lo mejor es buscar la gasolinera cercana porque vamos más tieso que la mojama. Llegamos a tiempo pero la recta de meta está justo al otro lado de dónde está el "camping". Nos conformamos con ver el pelotón de grandes pilotos llegar juntitos y veloces al ángulo del circuito, ¡impresionante!

Luego tomamos la primera cerveza mientras buscamos los chiringuitos unos cientos de metros más arriba. Pedimos nuestros bocadillos mientras un galo que ya no cumplirá los 60 se nos mea casi encima mientras una matrícula en su frente anuncia que tiene todos sus papeles en regla (¡o eso creo!). "Se despide" del mostrador tirándonos parte de la cerveza de Jorge. Por lo visto en esos primeros minutos, alli es típico estar muy pedo desde un día o dos antes de la salida de las 15h00 del bendito sábado, festividad sin duda de la prueba más añeja del Endurance galo. 

Como este individuo vemos más muy pronto. Era predecible, ¡son galos!, pero nunca terminas de acostumbrarte. Tampoco nos acostumbramos a ver tanto gabacho lucir canillas al aire, lo cual explica porqué caminan tan despacio. Aunque tantos pantalones por los tobillos… ¡¡no auguran nada bueno!!Montamos tiendas, seguimos dando vueltas, disfrutando del ambientazo… ¡¡Cuánto público!!, ¡¡“igualito” que en España!! Sin duda los más sosos nosotros, parecemos salidos de un convento al compararnos con la fauna que nos rodea en el "camping" verde (lo llaman la jungla, según nos comentaron los de Folch) mientras el sol nos acribilla minuto a minuto. ¿Pero es que de verdad no va a llover..........????

Llega la noche y las primeras hogueras se transforman en pequeños incendios. La temperatura baja gradualmente a medida que se oculta el sol pero... ¡no hay problema!, aquellos viejos Citroen o Renault sin puertas y sin techos que habiamos visto horas antes por el "camping" conducidos por franceses en pelotas ahora están sirviendo de "fallas", una tras otro, no hablamos de dos o tres vehículos... Aparte de algún corte de encendido y de las tipicas llamaradas gigantes de algún motor metido en un carrito del hipermercado lo de los coches ardiendo nos llama poderosamente la atención, ¡qué espectaculo! Eso sí, ningún incidente, ninguna pelea a la vista, nada, parece un agradable caos debidamente ordenado y conocido.


Abrimos el jamón y empezamos a cenar como marqueses. Qué bonito es vivir así, ¡pena que dure tan poco! La BMW de Tomás es algo así como un autocaravana, tiene de todo, maletas por todas partes, solo falta un microondas y la sauna pero... bueno, no hace falta. La única botella de vino que sobrevivió a la noche anterior nos facilita que pase mejor el cerdo por el gaznate. El cuchillo jamonero hace su función. Volvemos a la fiesta, a alucinar... desde luego, no hay bomberos ni gendarmes a la vista, creo que es "tierra libre" o el plató de la próxima película de la saga "Mad Max"... ¡Irreductibles estos galos!, pobres romanos sin duda... hasta vemos un par de ellos totalmente uniformados como antiguos guerreros espartanos (¿estaria Jorge Lorenzo por alli?, ¡no, no creo!) mientras torturan sin piedad el motor de una Bandit 1250 animados por el aplauso general del populacho. ¡¡Aqui solo falta una buena mascletá en condiciones!!

Apenas he dormido dos horas y pico, sin saco, rodeado de ropa y bolsas de deposito, me levanto con cualquier excusa pero no orino solo (aquel gran dicho español se cumple). Después de regar nos vamos a ver las carreras. Son las cuatro más o menos. En la pista, la competición es sencillamente magnífica. Mucho nivel. Visitamos el paddock y estuvo bien pero lo que vimos en pista, mejor.

El equipo que más llama la atención es el "TT Legends" formado por cuatro pilotazos, todos ganadores o punteros del TT de la isla de Man. McGuinness, Amor, Plater y el bueno de Cameron Donald con el que puedo intercambiar unas frases y hacerme una foto. El equipo francés Yamaha de David Checa no ha tenido suerte. En el primer relevo cayó su compañero, Foray, pero ya están recuperando. Volvemos a conducir nuestros pasos y nuestras miradas a las tantas de la madrugada al ángulo, ¡¡como llegan estos chicos!! Es de noche pero parece que siguen a toda pastilla. En las tribunas todavía hay mogollón de gente, ¡grandes esta afición! Como nos dijo la gente del equipo Folch por la noche los muy buenos recuperan a los buenos, así es. En primer lugar sigue el equipo favorito, el SERT, tiene todas las papeletas para volver a ganar la prueba.

Domingo (con luz): 

Cuando amanece el sonido de la jungla disminuye ostensiblemente. Veo incrédulo algunos cuantos dormidos boca abajo, totalmente boca abajo, dudo si están vivos o muertos, y en aquel caso me pregunto cómo pueden respirar con la boca y la cara tan metida en la tierra. Dan ganas de pisarlos para ver qué pasa. Pena que me den idem. Otros duermen con la chupa de cuero todavía puesta, de lado en el suelo, sin saco y sin nada. Verás cuando se despierten... y mientras, buscando alguna lumbre viva, Jorge, Isma y yo nos apalancamos finalmente en un campamento vikingo donde ha debido pasar de todo. Todavía queda algún banco de madera en pie y me tumbo para cerrar los ojos y dormir unos minutos. En unas horas arrancaremos las motos y hay que disfruta, carpe diem. Desmontamos los trastos y la expedición se despide de la batalla del Bol d'Or con ganas de repetir el próximo año... ¡pero acompañados de valencianos y sus tracas!, sin duda... ¡es lo único que falto aquella noche para quemar el "camping"!!! Para rematar el buen ambiente con aquellos galos a uno de los chavales de al lado le encontramos su móvil... otro que nos quiere invitar a su brebaje para desayunar. No, merci, ¡a saber qué es eso que estáis bebiendo!


De la vuelta se podrian contar muchas cosas, señor, pero algunas son realmente increíbles. Jorge, nuestro campeón de las nakeds (no veas como hila), se debió quedar con sed y confundió el caldo riojano con la gasolina de su tanque. Ahh, que nos quedamos sin gasofa... bueno, dimos un pequeño rulo y asunto solucionado. Dar las gracias a esa asociación motera francesa que, habitualmente, montan unas buenas carpas y te invitan a un refrigerio en cualquier zona del país... esta vez nos tocó a nosotros, ¡chapeau!, gracias Francia por poner varios peajes gratis para los motoristas que acudían a la cita de Magny-Cours. Y, para terminar, destacar que fuimos testigos (y víctimas) de un auténtico campeón de free-style sin anunciarse, ese veterano que nos hizo todo tipo de acrobacias en marcha, pasándonos por el arcén a más de 200, etc, etc, en suma, dando por culo pero bien... sí, el de la FZR, Roque, o "Tío Sam" para sus amigos, tipo peligroso sobre dos ruedas, una pena, y a su edad... "Si se llega a caer yo no paro"... normal cuando te han tocado las narices en marcha durante cientos y cientos de kilómetros. Que cada palo aguante su vela, primera y última vez que compartimos asfalto.

Un abrazo grande para Tomás, Jorge, Edu e Isma, ¡¡otro viaje para recordar!!


Grande y mágico Bol d'Or, ¡¡grande y mágica Resistencia!!

GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...