Dos años con un pepino…

…entre las piernas. Porque si digo bajo el culo suena muy mal, por lo menos para mi gusto y lo otro suena poderoso y viril ;-) Pues sí, tropa, va a cumplirse dos años desde que compré mi afamada cbr1000rr sin abs ni chorradas modernas (bueno, sí incluye su inyección en lugar de los carburadores que ya casi nadie recuerda, grrrrrr, pero eso ya es normal, claro). Me dije que la tendría dos o tres años y que escribiría algo para recordar mis sensaciones antes de venderla por falta de presupuesto y volver a las 600. Por eso estoy dando la chapa en este momento.

Como dice el bueno de Santi, todo motero debería tener, por lo menos, una R de verdad en su vida. A mi me lo pedía el cuerpo, harto de probar la de los amigos y, además, notando cada día más que mi tiempo con la Fazer llegaba a su fin. Es una sensación que, supongo, nos ha pasado a la mayoría alguna vez. Llega un momento en que, aunque esa moto siga dándonos alegrías, aunque no se rompa ni pida mucho pan, la motivación ya no es la misma. Algo que surge del corazón te pide un cambio aunque la cabeza (esa que no sabe nada de la patata del pecho) no entienda tus argumentos. Y no solo la cabeza, claro. En mi caso para adquirir la Infinita tuve que luchar un poco más de lo previsto. Para empezar, el entorno familiar, incluyendo a mi padre, se mostró hostil. El, por ejemplo, no me veía con semejante cohete para ir a trabajar con ella casi cada día (no le falta razón en parte), luego mi hija estaba enamorada de la Yamaha y no entendia el cambio, y para terminar, el todopoderoso banco. Qué cabrones, así de claro. Después de tantos años como cliente, de tener la nómina domiciliada, de pagar mi hipoteca religiosamente, etc, etc, van los tíos y no se les ocurre otra cosa que decirme que me prestan la pasta si además me hago el seguro del nuevo vehículo con ellos. Y además en plan ultimátum. Mala cosa. Si estuviéramos hablando de otro “material” tal vez mi respuesta hubiera sido más diplomática pero tocaron en hueso y aunque esté mal decirlo “para chulo yo y para puta mi hermana” (no tengo, por eso lo digo). Así que les conteste en sus mismos términos destacando que no me gustaba nada su tono amenazante y que tal vez tendría que cambiar de banco ya mismo. Joder, como espabilamos cuando queremos. Fue decir aquello y todo volvió a su cauce habitual. No estoy exagerando, fue literalmente así. Dos días después me estaban dejando la pasta sin más condiciones que las habituales, sin sorpresas y con cierta dulzura renovada. Para rematar, puse el motivo que me salió de los güitos: “adquisición vehiculo Honda” y como la marca del ala dorada también vende coches, supongo que terminaron por pensar que iba a comprar un Honda de segunda mano. Me partía por dentro, cuanta menos información al enemigo, mejor.

Sinceramente si me metí en este entuerto fue porque, aparte de las ganas, tenía la oportunidad de conseguir la Fireblade al precio más o menos de su hermana pequeña de supersport, vamos, una ocasión estupenda para “subir” a stock-extreme aunque, una vez más, venia bien recordar aquello que la moto no hace al motorista. De hecho en mi mediocre historial motero considero que mis “años dorados” pasaron hace mucho cuando, mira tú por dónde, circulaba con auténticos hierros (para los estándares actuales). La verdad que tenia unas ganas enormes de probarme con una moto tan seria en todos los sentidos. Ahora o nunca. O te mueves o caducas a fin de cuentas. Era todo un desafío que veía con bueno ojos; quería ver si me hacia o no a una 1000 moderna (bueno, teniendo claro que a estas motos solo un grupo de talentosos sabe sacarle el 100% de sus posibilidades).

Por el uso polivalente que suelo hacer, la cabeza me insistia en seguir con una 600, naked o sport o una FZ1 (pena que gaste tanto) o la Z 750 (pena que pese tanto) pero... Además, miraba a mi moto de entonces, mi querida Fazer, ¡grandísima compañera!, adivinando que tendría más quebraderos de cabeza con la Honda, y me preguntaba por qué lo hacia. Pero nada de eso importó al final. ¿Y qué hacer con la fiel y fiable Yam?, sinceramente, no tenía valor ni ganas de venderla. Se me ponía un nudo en la garganta cuando lo pensaba detenidamente. Era como despedir a un gran amigo sin saber dónde podría terminar... supongo que consecuencia directa de haber vivido demasiadas cosas juntos, casi todas agradables. Saber a ciencia cierta que, además, me darían dos duros por ella me permitió argumentar “oficialmente” que no la vendía, que se la pasaba al abuelo (y vendíamos su GPZ, lo cual no resultó nada complicado ¿?). Así lo hicimos. Creo que la jugada nos salió redonda, los dos nos pusimos muy contentos y, por primera vez en más de dieciocho años, volvíamos a cabalgar con motos “nuevas”, nada de segunda o tercera mano. Como para quejarnos…


¿Qué sensaciones, qué pensamientos cruzaron por primera vez mi cabeza al meter primera, aquella soleada tarde con la Fireblade? La posición no era demasiado R pero sí muy distinta a la Fazer donde casi ibas en posición de enduro con ese manillar ancho y alto, demasiado alto… Las estriberas de la cbr, sin embargo, me parecían muy adelantadas. Tuve que echar gasolina inmediatamente, claro, pero me dió tiempo a “ubicarme” un poco, bueno, a intentarlo porque esta moto es muy pequeña para un tio de 1,80. Su estilo es minimalista, es practicamente la 600 vitaminizada y se nota inmediatamente en sus dimensiones, nada que ver con el anterior modelo, más largo y grandote.

Recuerdo que me puse muy contento y pasmado ante su poderoso motor y el salto que pegas cuando la aguja pasa de las 8500/9000 vueltas... ufff, harina de otro costal. Siempre con mucho respeto, pocas veces aceleraba a saco por miedo a salir catapultado saliendo de los virajes... aunque también es cierto que todos conocemos, aunque sea de oídas, que gracias a la inyección, a la curva de potencia y, en resumen, a la electrónica, estos motores de litro modernos ya no son los killers de hace apenas unos diez años (por ejemplo, las primeras R1) cuando no era difícil terminar besando el asfalto a la más mínima insensatez con el gas.

Los frenos no me impresionaron nada (a pesar de la novedad de su bomba radial, etc)… y de hecho estoy convencido que la mano que me rompi, meses después, no fue solo culpa mia y del canalla del Megane que se dió a la fuga. Luego me enteré que algunas motos de este modelo y año habian tenido problemas reconocidos con la bomba Nissin... ¡vaya, pues creo qe nos tocó la china! El caso es que nos hartamos de pulgar la bomba y las pinzas.... Al final, durante demasiado tiempo, circulé con un freno delantero que enseguida se agotaba. Aquello no era normal... luego os comentaré como terminó esta historia.

Durante las primeras semanas estuve con la mosca detrás de la oreja pensando que se me cargarian mucho las muñecas y los antebrazos en zona de curvas. Pues la verdad, salvo los primeros días, la cosa no fue para tanto. Recuerdo la primera “salida” con ella. Fue por la famosa carretera de los pantanos, cerca de Madrid, un día entre semana (para no encontrar demasiados enlatados), tramo lleno de curvas, iba pendiente de las revoluciones, de los pesos al cambiar de dirección, de su aceleración, de su inercia... y de mis muñecas. Sobre todo de la izquierda, la que tengo tocada con el escafoides destruido. Encima, luego terminé en Hoyo de Pinares con sus garrotes en bajada incesantes donde ya llegué algo fatigado pero no tanto quizá por la posición de sus semimanillares (nada radicales comparados con la competencia) sino a la posición novedosa en su conjunto. Fue el primer día de curvas y lo noté (era principios de agosto y el calor tampoco ayudaba). Ese día pensé algo así como "mola pero en vaya marrón me he metido, esto promete."

De todas formas, la pregunta habitual era todo un clásico: ¿para qué tanta potencia? Era y es una jodida delicia enroscar donde se puede pero, como suelo contar, si estiro en serio las marchas largas me salgo del mapa. Y eso es lo que más echo de menos de una 600... estirar todas las marchas hasta casi el pozo rojo del tacómetro porque con la Fireblade hacer eso en carretera abierta es muy peligroso, no hay espacio, no hay carreteras suficientemente despejabas por no recordar donde puedes terminar si te pillan, claro. Aunque es fácil y noble de conducir, con esta moto cuesta sentirse “gran piloto” porque notas enseguida que no te terminas el motor ni en autovía. Son conceptos distintos ser o sentirse "conductor" y "piloto". Con la 600 hasta el ruido te acompaña y tu cerebro pasa a “racing mode” enseguida. Obviamente es más asequible, más apta para "todos los públicos". Aquí el tema es distinto, tienes que tener la sangre más fría y pensarte muy bien cualquier alegría seria porque los metros se consumen más rápido, cosa que todos sabéis, por supuesto, perdonad si digo obviedades. Encima de la moto la sensación fue de “reconfiguración” personal. En resumen, con esta moto y quince años menos rodaría más rápido pero, posiblemente, estaría con más huesos rotos en el curriculum... o algo peor.


En paralelo a lo anterior, da gusto contar con tantos CVs a tu disposición, sí, claro, por supuesto, es como sentirte un poco "Dios". Adelantar varios camiones no es problema. Pasar a otras motos más pequeña no tiene ningún mérito, claro, un auténtico cohete que, aún así, se deja llevar y es noble, nada radical. En cuanto a tumbar… al principio cuesta creértelo, esa es la expresión. Pensaba equivocado que era una 1000 en todo los sentidos pero es falso, su chasis de aluminio y dimensiones son casi de 600 y se nota en cuanto te aprendes el “truco”. Porque si algo me gustó todavía más que el motor fue el chasis… ¡¡como se aguanta esta moto!! Nada que ver con mis chicas anteriores, claro, ni tampoco con algunas gloriosas R de marcas con fama de hacer buenos chasis (la Yamaha ThunderAce de mi antiguo, y hoy desaparecido, amigo Jorge) y muy lejos de la cabezona ZX9R de Julito. Repito, nada que ver. El tren delantero es la verdadera joya de esta moto. Qué aplomo, qué huella, da una confianza BRUTAL. Es lo que más me gusta de esta bike. Ni su gran chasis, ni su nobleza, ni su infinito motor amigable, nada, lo que más me gusta es ese fiel y preciso tren delantero. Esto unido a sus dimensiones y centrado de masas hace que la moto sea fácil de conducir e incluso pilotar, lo cual permite que casi cualquiera se sienta buen jinete… sin olvidar que no la estás aprovechando al máximo, eso lo hacen los cracks de SBK. En resumen, obviamente no es una 600, con esta sufres unas inercias que en zonas muy reviradas te hará imposible seguir a una SS en buenas manos (recuerdo el último "Gredos Trophy", grrr) pero no es una diferencia abismal, a pesar de su mayor peso.

Aparte de curvas o viajecitos cortos, de alguna tanda en nuestro querido Jarama, ya hemos disfrutado algún viaje largo por Francia (Le Mans en el 2010 y ahora Bol d'Or) por lo que la Fireblade suele vestir de cuero, en el depósito, con la funda y con la bolsa encima muchas veces. Llevo tanto la funda que hasta para tandear entro así al circuito (claro, ¡se meten conmigo y la estética!) 


Otro elemento agradable: su embrague antirrebote que (al margen de si dura realmente mucho o pocos kms siendo antirrebote) permite quitar marchas a saco sin miedo a bloquear la rueda trasera. En ese momento la pregunta es otra: ¿hace falta quitar tantas marchas? En esta moto, obviamente, no. Muchas veces da igual qué marcha lleves engranada, con acelerar solucionas casi todo.

Pero, obviamente, no todo son maravillas. He pasado momentos de angustia y de cabreo. Más de lo que imaginaba al principio. ¿Os imagináis una moto del siglo XXI chupando aceite como aquellas “aceiteras” de la marca de los tres diapasones? Pues aquí tenéis el mejor ejemplo del mercado que conozco. Tanto que ya no cambio el aceite, ¡¡solo relleno!! Se lo conté a Honda y me dijo con cara casi de pena que sí, que este modelo consumia aceite... su pregunta no fue si lo hacia sino CUANTO consumía... cuando le dije que más de medio litro cada 1000 kms (de media) ni me contestaron, solo pusieron mala cara. ¿El motivo? Llegué a leer que es culpa de un mal diseño parcial interior de los cárteres, toma ya... si alguno sabéis la razón, por favor, contadmela un día porque también he leído, y es más creíble, que es un problema de aros. Honda, oficialmente, todavia no me ha contestado. El caso que con este "pecado" puedes seguir rodando, solo hay que vigilar más su nivel... y gastarte unos euros extras que podías invertir en alguna otra cosa. Pero si algo me ha llevado mal fue el tema del freno delantero. Como os decía antes, se ha reconocido que algunas partidas de este modelo tuvieron problemas con la bomba Nissin y doy fe que a mi me tocó una de estas. No es normal que tengas que usar tres dedos de tu mano para notar la frenada que en cualquier otra japonesa percibes con dos o uno solo. Además, una fatiga previsible en cuanto hacias unas curvas no podia ser normal. En Honda, otra vez, me dijeron directamente que le pusiera latiguillos metálicos... y contesté si una moto de esta categoría y precio tenia que frenar mal de origen normalmente... El caso que me purgaron el circuito y encontraron, dijeron, aire en la bomba y en una pinza. Ok, la luna de miel duró unos cientos de kilómetros. Volviendo de Cheste el freno delantero volvió a hacer de las suyas. Resumen: tuve que poner una bomba Brembo RCS 19 y, ya de paso, unos latiguillos metálicos Galfer. Desde hace ya algunos meses, por fin, tengo una moto segura. La pregunta y el coscorrón que me merezco es... ¿por qué habré aguantado tanto tiempo? mal ejemplo, sin duda.


Otra cosa que no me gustó nada desde el principio: su voluminoso, soso y pesado tubo de escape. Madre mia, ¡¡qué monstruo de escape!! Será la hostia su doble salida a nivel tecnológico, todo lo que queráis contar, no lo voy a discutir pero sí puedo asegurar que con el Leo Vinci Gp pro que le metí gané en agilidad, ruido y... ¡baje un poco el consumo! No creo que haya ganado potencia (solo llevo la cola cambiada) pero desde luego el comportamiento del motor se nota un pelín más bravo y directo; además, como digo, gasta menos. Podría sonar mejor todavía pero no puede ser... el día que le quitamos el dbKiller nos paró la G. C. casi en el acto, fue alucinante.

Y ahora vamos al tema favorito de muchos moteros contemporáneos: los neumáticos. Venia con unos aceptables (en teoría) BT-015 de Bridgestone. El primero de atrás me duró exactamente tres meses, ¡¡alucinante!! Apenas 7096 kilómetros. Todo el mundo lo veía medio normal menos yo, novato en estas lides con motos grandes. Pues nada, nos pilló volviendo de la concentración de Perros de Ebro y madre mia qué viajecito de paquete me chupé desde la Armunia de Doña Godina hasta casa... probé tres motos y en la última casi me da algo, ya lo conté una vez.

Pues nada, luego le puse unos BT-016 para probar si daban más confianza y duaraban un poquito más mientras me mentalizaba que buena parte del problema era culpa mia. Algún amigo me lo decía: no tenia que acelerar tan a saco porque con esta potencia te fundes la goma a la mínima. Efectivamente, asi era, eso no ayudaba. Pero eso no era todo, ¡es que tardaban un huevo en calentarse y me patinaban en frio cosa mala, hasta yendo a por el pan! Al final, pasamos a los M3 de Metzeler y las cosas cambiaron. Tacto y duración mejoraron y asi seguimos aunque atrás lo combino desde hace un año largo con los Roadtec Z6, más rutero y durarero, basicamente por ahorrar un poco sin perder demasiadas cualidades (aunque con los "zapatos" jamás hay que ser miserable). Supongo que siendo también Metzeler tendrán las mismas carcasas y no es mala combinación. Ahora me dura, apurando más de lo recomendable, unos 11000 kms el trasero. Del delantero, del M3, más racing, tampoco me puedo quejar. Jamás me ha dado un susto y durán bastante más de lo que puedes imaginar de un neumático medio deportivo.

¿Con qué me quedo al final, haciendo balance? con la sensación que trasmite cuando vas en marcha. Ya he pasado muchos miles de kilómetros sobre ella y me siento cómodo, seguro y ágil, aún así ya veremos cuanto duramos con ella... no es la mejor moto para rutear como es lógico pero lo hacemos a menudo aunque su habitat natural es un circuito o una buena carretera de curvas rápidas con buen asfalto. Lo dicho, veremos cuanto duramos con la espada de fuego antes de volver a la marca verde que nos robó el corazón y los sentidos hace muchos siglos: ¡¡¡¡Kawasaki!!!! Esa futura moto sí será, en todos los sentidos, ¡¡un pepino!!

Pilotos de carreras, entre la tierra y el cielo...



El otro día estuvimos en el circuito de Albacete disfrutando de las 8 Horas de resistencia, la segunda prueba del mundial de la especialidad. Este año ya hemos visto dos pruebas del campeonato, todo un lujo, aunque me temo que la tercera cita me la perderé: nos pilla un poco lejos, Suzuka. Bueno, eso si la celebran... Con una inmejorable compañía (Mar, Mónica y Jop), otra jornada viviendo un poco lo que se cuece y lo que se siente a pie de pista, en el paddock, incluso un poco en los boxes. En este campeonato todavía se puede disfrutar de cierto contacto y cercanía con los protagonistas, los pilotos y sus equipos. Por ejemplo, increíble disfrutar de la presencia del equipo francés Yamaha GMT94. Allí estaba el gran Christian Sarron, el único europeo ¿os acordáis? que metía mano en ocasiones a los americanos y australianos de 500. No intenté robarle ni un minuto de su tiempo, se le veía ocupado. También fue alucinante ver "los dineros" que destilan los capos del equipo qatarí... 

En Albacete las cosas estaban bien organizadas, o por lo menos eso me parecía a mí. Tuvimos una tarde soleada y una noche tranquila. Fue una gran carrera, sí señor, pena que el bueno de David Checa y su equipo se quedaran a solo medio minuto de la victoria. También fue una putada, más grande, que el equipo TT Legends, los monstruos de TT, no terminaran la carrera por una inoportuna caída del ya mítico McGuinness en los últimos compases de la prueba. Como iba el amigo... bueno, todos ellos. ¡Qué pena que no salgan en la tele estos tios!

Estuvimos casi una hora en la chicane viendo como llegaban y como salían estos angelitos. Qué fácil parecen hacer lo dificil. Por supuesto, a pesar de ser una prueba de Endurance, algún que otro hachazo aunque ninguna "Simoncellada". Inevitable mirar las hojas de tiempo, hojear qué cronos marcan estos cracks. Del primero al último unos diez segundos de distancia... pero el último no va manco, picando 1,41 o incluso menos. Inevitable pensar en los que marcas tú... :-O

En resumen, qué paz apoyarte en los viales y ver tranquilamente, sin prisas, sin horarios, como trazan esos pilotos. Y de tranquilidad, aunque sea la antitesis de la competición, vamos a hablar un poco más...

A la vuelta, o mejor dicho, al día siguiente, otra vez esa sensación de pertenecer a otro mundo...

Y empieza cierta pequeña paranoia personal. ¿Acusas el cambio? sí, sin duda... es como un "jet-lag", un cambio de casi “race mode” a “home mode”... Salvando las distancias, comprendo porqué, por ejemplo, Frodo, al final de la saga del Señor de los Anillos (¡por mencionar un caso popular!, no flipéis ja,ja), después de haber vivido, disfrutado y sufrido esas experiencias límite, no pudo o no sintió necesario adaptarse con normalidad a su vida anterior, la llamada vida "normal". Porqué, al poco tiempo, decidió deliberadamente, sin aspavientos, pasar página y cambiar de "estado"... Ya no podía continuar en el mismo stage, no tenia sentido. No había comparación posible entre el hoy y lo vivido antes. Un libro se acababa, tocaba escribir viviendo otro nuevo. Era la inercia del espíritu…

Salvando (otra vez) las distancias, pero sin distinguir entre ficción o realidad, volví a vivir ese contraste anímico la otra tarde, a mi escala eso sí, en mi propio mundo. Recurrente sensación, conocida pero siempre nueva. La percepción del espíritu nunca miente. Es la percepción de bajarte de una batallita y volver a vivir como poco más que una oveja o una sombra durante otro periódo de tiempo, donde todo pasa a cámara lenta y lo más divertido u "osado" para los que te rodean no tiene comparación posible con lo que viviste un día antes en aquella escapada o en aquella situación beligerante, buscada o encontrada. Ves que la vida pasa muy lenta, muchas cosas se hacen triviales, la adrenalina se dispersa irremediablemente pero los recuerdos, la emoción y las sensaciones no tanto... Es nuestra maldición y nuestra bendición... vivir a medio gas, o incluso a relentí, hasta el siguiente round. Vivir a medio gas puede suponer un “ahorro” de energía considerable pero también puede atraparte un poco en su telaraña. Ya sabes, o te mueves o caducas, por no hablar de la perdida de tiempo irreversible. El calendario solo funciona en un sentido y la bolsa de días todavía disponibles nunca sabemos como está de llena o de vacía…

Inevitable pensar en los pilotos de carreras, sobre todo en esos que parecen dotados con la voluntad necesaria para seguir luchando frente a todo tipo de adversidades. No todos son famosos, casi ninguno sale en televisión o en las revistas, aunque sí quiero mencionar ahora a uno que sí es famoso y sale en la tele y en las revistas por méritos propios: el genial Carlos Checa. ¡Menuda temporada está haciendo! Un piloto y un tio que siempre nos ha parecido especial, tan humano como luchador. Un ejemplo para todos. Quizá su historia deportiva sea algo inusual: creo que sus mejores momentos como piloto han sido al principio y al final de su carrera deportiva, curioso, aunque lo importante es que está disfrutando y ganando. El y el “simpático” Biaggi demuestran que la edad del carnet de identidad es solo una de las edades que poseemos las personas. Aqui una buena reflexión de Carlitos:

Como decía, la otra tarde, en el patio de mi casa, mientras los vecinos y algunos niños jugaban divertidos, yo sonreía pero estaba un poco ausente. Para nada amargado, solo asimilando como podía el “home mode” que ya me invadia. Estaba tranquilito, disfrutando un poco incluso... pero parte de mi espíritu estaba lejos, añorando lo vivido horas antes en aquel último escenario, en aquel circuito manchego. ¡Y eso que, obviamente, no corría! Me pregunté, ¿qué puede sentir un piloto después de vivir una prueba así y de haber descansado un poco? ¿Qué cruzará por tu mente en esos días que siguen a tu última batalla? Sin dramatizar, pero haciendo honor a la verdad, hasta me enfadé un poco conmigo mismo al final porque lo que veía era agradable y digno de ser apreciado (fiesta de cumpleaños de un vecino) pero, como os digo, una parte de mí, quizá la mitad, no estaba realmente allí. Odio las ambigüedades pero a veces soy prisionero de ellas, sin duda. El contraste podía ser por varias cosas. Por una carrera de motos, sí, por una mañana subiendo a un pico de la sierra, por el bonito recuerdo de aquella apuesta con los amigos, por añorar de nuevo la compañía de esa mujer que quieres o por, simplemente, la estupenda conversación que tuviste la noche anterior con tu mejor amigo, de esas que permiten asomarte al balcón de la "locura", del instinto y del futuro. Distintas batallas y contextos, sí, parecida sensación final. Quizá se trate de distinguir cuando te sientes realmente VIVO y cuando no tanto. Si tienes la sensibilidad muy desarrollada en ocasiones lo pasarás mal, amigo mio...

¡Qué duro y bonito debe ser la vida de piloto de carreras! Además, si lo comparas con tu curro no hay color, claro. Tu oficina tiene aire acondicionado, estás seguro, cómodo incluso, hasta tienes nómina segura a fin de mes pero… ¡no hay comparación posible! Seguro que algunas veces os habéis reído por dentro cuando algún compañero, con una forma de vivir muy distinta, comenta sus grandes "hazañas" del fin de semana. Como me dijo hace poco una amiga, esas "hazañas" de a) centro comercial y b) comer el domingo con la suegra. Mmmm... interesante dosis de incertidumbre, a veces se come con la familia política el sábado y el peregrinaje consumista se deja para el domingo... si abren ese domingo, claro ;-) Si se giran y te preguntan que tal tu weekend molaría eso de decir, "bien, quedé tercero en la carrera del domingo"... la envidia y/o la incomprensión te rodearía sin duda. Está claro, no somos tan parecidos como nos venden a veces.

¿Quién no dejaría su actual trabajo y se iría a currar a otros hábitats más "naturales" para su condición? yo me iría al Mundial de SBK aunque fuera para lavar carenados. Al menos estaría cerca de lo que realmente me gusta. Quizá mientras vivimos como podemos solo podamos intentar aprovechar los medios y el tiempo disponible. Y aunque lo tuviéramos en exceso, a veces me pregunto, ¿lo aprovecharíamos realmente?, ¿remaríamos en la misma dirección siempre?, ¿tendríamos cojones para atrapar lo que deseamos o decimos que deseamos?, y ya, concretamente, ¿valdríamos todos para ser auténticos pilotos de carrera? ¿Tendríamos lo que HAY que tener? Sinceramente, lo dudo mucho. Afortunadamente, hay excepciones…

Desde hace ya algún tiempo he conocido a personas increíbles, grandes pilotos de carreras, humildes, algunos famosos, otros muchos no, pero grandes de verdad. Ellos, por supuesto, lo negarían. Los grandes son así: modestos, sencillos, discretos… 

Uno es Gerard Rolland, el piloto galo de Ossa, el amigo de más allá de los Pirineos que tanto está haciendo por el tema de la calle para Santiago Herrero en Madrid. Gerard dejó la competición de élite hace muchos años pero sigue aprovechando cada minuto al máximo, ya sea sacando su bella RD 350 amarilla en multitud de encuentros (sin ir más lejos, en el Classic Jarama, por ejemplo) como asistiendo a Grandes Premios y citas moteras de diversa índole como la genial reunión de clásicas de Colombres. Gerard es una persona tan activa como cuando era joven... pero claro, ¡es que todavía lo es!, sin duda. Es un veterano joven, un piloto de carreras que ahora ocupa lugar en otras parrillas. Sin duda, además, su trabajo en la organización del famoso rally galo DARK DOG es encomiable. Cuantas veces me habrá animado y facilitado nuestra participación en el rally. ¡Ojala, mon ami, tuviera una fracción de tu energía! Siempre es agradable leer sus comentarios sobre Santiago Herrero, concretamente cómo le impresionó, por ejemplo, en el circuito de Le Mans, en 1970, donde coincidieron en la prueba de 250. Fue una de las últimas carreras de Santi, aquel día quedó segundo. Gerard estaba alli con él, compartiendo parrilla. Una vez comento el gran Jim Redman que aunque habia cumplido 75 años le parecía que había vivido 750 (o algo muy parecido). Creo que dejaba claro con el ejemplo lo que sentía dentro.

Cuando Gerard mire atrás y recuerde su trayectoria, su vida, estoy seguro que sonreirá. ¿Cuántas cosas habrá vivido? Y lo mejor todavía... ¡¡cuantas cosas está todavía viviendo!! ¡Grande Gerard! Grande como motorista y todavía más como persona. Otra referencia. Aqui os paso una de sus famosas cartas sobre la memoria de Herrero:


Y más cercanos, geograficamente, todos esos amigos valencianos (y de otros lugares) con gran espíritu de sacrificio, siempre dispuesta a luchar por sus sueños, con problemas económicos que les impide correr... pero que no tiran la toalla.  Para mi verlos muchas veces en La Bañeza o en otras pruebas urbanas es suficiente para saber que son auténticos héroes casi anónimos, ejemplos de hasta donde podemos luchar por nuestros sueños, grandes o pequeños. 

  
Voy cerrando grifo... Ser piloto de carreras... ese viejo sueño. No es solo cuestión de dinero, de padrinos o de buena suerte, factores sin duda importantes, lo sabíamos… Pero hay más, claro. Campeones como Gerard nos enseñan desde su casi anonimato que al final es una cuestión de bemoles u ovarios, voluntad de hierro y una afición gigantesca a prueba de bombas. No todos valdríamos para ello. Con su ejemplo nos enseñan cual es el camino, qué cosas hay que sacrificar... Es fácil ver y entender ese camino, otra muy distinta caminarlo sin abandonar. Por eso este tipo de luchadores están, en mi opinión, entre la tierra y el cielo, un paso más allá de los simples mortales, ascendiendo poco a poco, levantándose cuando tropiezan. (De ahí la foto de este post, ya véis... ¡algunas no paran, siempre inquietas, siempre activas, siempre desafiando los límites!)

Sin duda, qué lejos están algunas cosas, y algunas personas... La imagen de cabecera incluye un bonito podio nacional, podéis ver en el a Angel del Pozo, a Ricardo Tormo y a Cortés, tres grandes pilotos que brindaron grandísimas carreras. Para mi, además, los dos primeros son unos auténticos héroes que pude conocer ya de niño. A valientes y rápidos pocos les ganaban... Sirva de homenaje para todos ellos... ¡¡salud, guerreros del asfalto!! Os saludamos con respeto, admiración y cariño. Forever young…

Yo también sobreviví a la batalla del Bol d’Or 2011


Parte de guerra del soldado Luigi (número de chapa: 147):

Fecha de la batalla en la pista: 16 y 17 de abril
Lugar: Circuito de Nevers Magny-Cours (Francia)
Motivo: 24 Horas de Bol d’Or (primera prueba puntuable del Campeonato del Mundo)
Fecha de movimientos del grupo expedicionario: Del 15 al 18 de abril.
Estado actual: sin heridas de guerra pero muy impresionado.


Diario de bitácora, Viernes 15:
Salimos de un caluroso Madrid pasado mediodía, después de escaparnos del “cuartel” un par de horas antes de lo habitual. Mi pelotón estaba formado por EduardoCBF (alias “dios de la lluvia”, alias “capitán Pescanova”) y por mi. En las últimas semanas diversos problemas obligaron al general Luis Sr. y al experto en autodestrucción "Er Pirito" a quedarse de retén en sus respectivas bases.

Estado de nuestro armamento: En mi caso con todo el armamento a punto (incluso limpio) pero con los mínimos accesorios indispensables a bordo, o ni eso… Se me olvidó el saco de dormir de campaña aunque, en honor a la verdad, una parte de mi cerebro lo recordó perfectamente pero, aún así, lo dejó tirado en el coche por aquello de ser más “efectivo” en el combate y, como no, ante las dificultades de llevarlo en mi vehículo.

Estado del armamento del “dios de la lluvia”: su motocicleta llevaba la mierda habitual. Como además es negra, él va de negro y sus bultos son oscuros prefiero omitir que parecía en su conjunto. Destacar que tanta mierda a bordo (salvando al piloto, claro) penaliza gravemente su relación peso/potencia. Motivo: Se esperaban lluvias, antes o después, era estúpido lavar la motocicleta los días previos.

Primera sorpresa: Con un ritmo alegre (incluso) llegamos a nuestro primer punto de paso... ¡sin haber metido reserva en la Fireblade! Tan difícil de creer que solo el palo de 4 euros por coca-cola nos despertó del sueño. Era el kilómetro 202 de la “autovía” de Barcelona, estación de servicio El Espolón. La próxima vez bebemos agua en los lavabos.

A continuación comenzamos a transitar en un campo de batalla inesperado: docenas de kilómetros en obras a lo largo de todo el camino hasta Zaragoza. Destacar las curiosas chicanes que nos encontramos, del todo agradables cuando no encontrábamos civiles enlatados por medio. Desgraciadamente, llegando a la capital maña el único carril se saturó de civiles y nuestra gloriosa media cayó en picado hasta que, por fin, atravesamos el gran Ebro y enfilamos, libres, la de peaje (¡sacrilegio, señor, lo sé!) para que nos cundiera y poder recuperar tiempo y llegar más o menos a la hora prevista al punto de reunión en Barna. Destacar que seguíamos mirando hacia los cielos esperando el (valga la "rebuznancia") esperado tormentón pero… ¡¡no caía ni una sola gota de agua, intolerable!!

Recogimos al resto de integrantes en un bonito establecimiento donde degustamos una Coca Cola a precio razonable mientras admirábamos el “trabuco” que habia atado al lado izquierdo de su BMW el compañero polaco Tomás, cañón que tenia pinta de pata de cerdo, con su pezuña y todo mirando hacia nuestro destino. Ok, salimos junto a Jorge (Hornet) y al zumbado de Isma (Fireblade) que esta vez no llevaba el jamón mencionado en su montura. Salimos pitando sobre las ocho de la tarde, dirección La Junquera donde recogeríamos al veterano Roque y su legendaria FZR de 1989.



Justo empezaba a anochecer un poco cuando los madrileños cambiamos el ritmo, pasando del trote al galope. Esta vez fue el capitán Pescanova quién, de repente, nos pegó una pasada tan fulgurante que yo busqué con la mirada su moto para estar seguro que no había cambiado su sosita CBF por una RR allá en L’Hospitalet, donde las coca-colas razonables… pero no, era ella, la de siempre: la moto más guarra del hemisferio norte. Su dueño retorcia el gas como si fuera directo a una cita con la conejita PlayBoy del año. Por cierto, seguía sin llover, nos estábamos empezando a enfadar.Pues sí, en ese preciso instante, como se alejaba el capitán a dos mil millas por horas, la ley de Murphy propició que, obviamente, nos saltáramos la gasolinera prevista y al último invitado que, tal vez, nos vió con cierto asombro mientras los dos madrileños seguían corriendo como si fuera su último viaje ante la mirada de estupor de los polacos que estaban ya en estado “fliposo total” mientras subian marchas como locos para pararnos.

Una vez reconducida la situación, de noche, sin lluvia, recordando los ataques epilécticos que nos dan en ocasiones (como el mencionado), pasamos a territorio galo donde, ahora sí, podemos enroscar un poco más el puño derecho sin mirar tanto las cunetas.

La experiencia de echar el caro carburante fue, como siempre en esas tierras, o muy fácil o muy difícil. A aquellas horas de la noche éramos los únicos inquilinos de la estación de servicio pero fácilmente consumimos tres cuartos de hora mientras decidíamos, sabiamente, que el jamón y la oscuridad nos invitaban a buscar algún Ibis y comenzar la primera mini-fiesta. Asi fue. No fue difícil encontrar un establecimiento dónde fuimos admitidos. Antes, tuvimos que tomar la salida de la autovía in-extremis, con un grado de inclinación en la moto impropio de esas horas. Cosas que pasan cuando casi te la pasas. Algo después, de repente, en la habitación que sirvió de salón festivo, vimos aparecer una botellas de Rioja estupendas y más viandas: choricito, butifarra, tomate, pan... pan por gentileza de la gala del hotelito, qué maja, tres barras, una por habitación... El jamón no se inauguro esperando su momento glorioso en Magny-Cours, ¡gran decisión! Me hago una bonita foto con él a modo de guitarra, con mi camiseta de AC/DC, qué menos...


Sábado 16:

Nos levantamos bien pronto sin haber dejado centinela (todos estaban fatal y eso que apenas empinamos el codo, 1 de las 3 sobrevivió) y a las siete y poco de la mañana toda el batallón se encaminó tierra adentro, ansiosos por descubrir de nuevo la famosa Galia, esa tierra tan llena de vida y buen rollo. Era muy temprano pero con muchas ganas nos acercarnos a la preciosa e histórica ciudad de Beziers (¡otra vez que no paramos!) y a la zona que precede al famoso viaducto de Millau. De repente, una pequeña escaramuza: llegan curvones infinitos con buen asfalto, la vanguardia aligera rozando los 200 y el resto de la tropa no puede más que verse contagiado por el cachondeo. Sin apenas tráfico y con una climatología muy benigna nos metemos una media horita casi racing, buen entrenamiento, sí señor. Zona muy recomendable para todos los amigos a las curvas. Llegamos al viaducto pero no paramos, seguimos a toda leche mientras reconocemos que el único coche que va sin ritmo y por el puto medio es... ¡¡español!!

Llegamos al circuito justo a tiempo pero sin gasolina. Falta una hora para ver la mítica salida de la prueba y comenzamos a persuadirnos que lo mejor es buscar la gasolinera cercana porque vamos más tieso que la mojama. Llegamos a tiempo pero la recta de meta está justo al otro lado de dónde está el "camping". Nos conformamos con ver el pelotón de grandes pilotos llegar juntitos y veloces al ángulo del circuito, ¡impresionante!

Luego tomamos la primera cerveza mientras buscamos los chiringuitos unos cientos de metros más arriba. Pedimos nuestros bocadillos mientras un galo que ya no cumplirá los 60 se nos mea casi encima mientras una matrícula en su frente anuncia que tiene todos sus papeles en regla (¡o eso creo!). "Se despide" del mostrador tirándonos parte de la cerveza de Jorge. Por lo visto en esos primeros minutos, alli es típico estar muy pedo desde un día o dos antes de la salida de las 15h00 del bendito sábado, festividad sin duda de la prueba más añeja del Endurance galo. 

Como este individuo vemos más muy pronto. Era predecible, ¡son galos!, pero nunca terminas de acostumbrarte. Tampoco nos acostumbramos a ver tanto gabacho lucir canillas al aire, lo cual explica porqué caminan tan despacio. Aunque tantos pantalones por los tobillos… ¡¡no auguran nada bueno!!Montamos tiendas, seguimos dando vueltas, disfrutando del ambientazo… ¡¡Cuánto público!!, ¡¡“igualito” que en España!! Sin duda los más sosos nosotros, parecemos salidos de un convento al compararnos con la fauna que nos rodea en el "camping" verde (lo llaman la jungla, según nos comentaron los de Folch) mientras el sol nos acribilla minuto a minuto. ¿Pero es que de verdad no va a llover..........????

Llega la noche y las primeras hogueras se transforman en pequeños incendios. La temperatura baja gradualmente a medida que se oculta el sol pero... ¡no hay problema!, aquellos viejos Citroen o Renault sin puertas y sin techos que habiamos visto horas antes por el "camping" conducidos por franceses en pelotas ahora están sirviendo de "fallas", una tras otro, no hablamos de dos o tres vehículos... Aparte de algún corte de encendido y de las tipicas llamaradas gigantes de algún motor metido en un carrito del hipermercado lo de los coches ardiendo nos llama poderosamente la atención, ¡qué espectaculo! Eso sí, ningún incidente, ninguna pelea a la vista, nada, parece un agradable caos debidamente ordenado y conocido.


Abrimos el jamón y empezamos a cenar como marqueses. Qué bonito es vivir así, ¡pena que dure tan poco! La BMW de Tomás es algo así como un autocaravana, tiene de todo, maletas por todas partes, solo falta un microondas y la sauna pero... bueno, no hace falta. La única botella de vino que sobrevivió a la noche anterior nos facilita que pase mejor el cerdo por el gaznate. El cuchillo jamonero hace su función. Volvemos a la fiesta, a alucinar... desde luego, no hay bomberos ni gendarmes a la vista, creo que es "tierra libre" o el plató de la próxima película de la saga "Mad Max"... ¡Irreductibles estos galos!, pobres romanos sin duda... hasta vemos un par de ellos totalmente uniformados como antiguos guerreros espartanos (¿estaria Jorge Lorenzo por alli?, ¡no, no creo!) mientras torturan sin piedad el motor de una Bandit 1250 animados por el aplauso general del populacho. ¡¡Aqui solo falta una buena mascletá en condiciones!!

Apenas he dormido dos horas y pico, sin saco, rodeado de ropa y bolsas de deposito, me levanto con cualquier excusa pero no orino solo (aquel gran dicho español se cumple). Después de regar nos vamos a ver las carreras. Son las cuatro más o menos. En la pista, la competición es sencillamente magnífica. Mucho nivel. Visitamos el paddock y estuvo bien pero lo que vimos en pista, mejor.

El equipo que más llama la atención es el "TT Legends" formado por cuatro pilotazos, todos ganadores o punteros del TT de la isla de Man. McGuinness, Amor, Plater y el bueno de Cameron Donald con el que puedo intercambiar unas frases y hacerme una foto. El equipo francés Yamaha de David Checa no ha tenido suerte. En el primer relevo cayó su compañero, Foray, pero ya están recuperando. Volvemos a conducir nuestros pasos y nuestras miradas a las tantas de la madrugada al ángulo, ¡¡como llegan estos chicos!! Es de noche pero parece que siguen a toda pastilla. En las tribunas todavía hay mogollón de gente, ¡grandes esta afición! Como nos dijo la gente del equipo Folch por la noche los muy buenos recuperan a los buenos, así es. En primer lugar sigue el equipo favorito, el SERT, tiene todas las papeletas para volver a ganar la prueba.

Domingo (con luz): 

Cuando amanece el sonido de la jungla disminuye ostensiblemente. Veo incrédulo algunos cuantos dormidos boca abajo, totalmente boca abajo, dudo si están vivos o muertos, y en aquel caso me pregunto cómo pueden respirar con la boca y la cara tan metida en la tierra. Dan ganas de pisarlos para ver qué pasa. Pena que me den idem. Otros duermen con la chupa de cuero todavía puesta, de lado en el suelo, sin saco y sin nada. Verás cuando se despierten... y mientras, buscando alguna lumbre viva, Jorge, Isma y yo nos apalancamos finalmente en un campamento vikingo donde ha debido pasar de todo. Todavía queda algún banco de madera en pie y me tumbo para cerrar los ojos y dormir unos minutos. En unas horas arrancaremos las motos y hay que disfruta, carpe diem. Desmontamos los trastos y la expedición se despide de la batalla del Bol d'Or con ganas de repetir el próximo año... ¡pero acompañados de valencianos y sus tracas!, sin duda... ¡es lo único que falto aquella noche para quemar el "camping"!!! Para rematar el buen ambiente con aquellos galos a uno de los chavales de al lado le encontramos su móvil... otro que nos quiere invitar a su brebaje para desayunar. No, merci, ¡a saber qué es eso que estáis bebiendo!


De la vuelta se podrian contar muchas cosas, señor, pero algunas son realmente increíbles. Jorge, nuestro campeón de las nakeds (no veas como hila), se debió quedar con sed y confundió el caldo riojano con la gasolina de su tanque. Ahh, que nos quedamos sin gasofa... bueno, dimos un pequeño rulo y asunto solucionado. Dar las gracias a esa asociación motera francesa que, habitualmente, montan unas buenas carpas y te invitan a un refrigerio en cualquier zona del país... esta vez nos tocó a nosotros, ¡chapeau!, gracias Francia por poner varios peajes gratis para los motoristas que acudían a la cita de Magny-Cours. Y, para terminar, destacar que fuimos testigos (y víctimas) de un auténtico campeón de free-style sin anunciarse, ese veterano que nos hizo todo tipo de acrobacias en marcha, pasándonos por el arcén a más de 200, etc, etc, en suma, dando por culo pero bien... sí, el de la FZR, Roque, o "Tío Sam" para sus amigos, tipo peligroso sobre dos ruedas, una pena, y a su edad... "Si se llega a caer yo no paro"... normal cuando te han tocado las narices en marcha durante cientos y cientos de kilómetros. Que cada palo aguante su vela, primera y última vez que compartimos asfalto.

Un abrazo grande para Tomás, Jorge, Edu e Isma, ¡¡otro viaje para recordar!!


Grande y mágico Bol d'Or, ¡¡grande y mágica Resistencia!!

Dónde habitan los sueños…


Escuchar a Julito indicarnos qué hacer con el aceite de la Ducati, hace dos domingos en el box 31 del circuito de La Torrecica, es de esas cosas que no tienen precio. Mejor no contarlo, ¡nadie nos creería! Escuchar los consejos de mi padre y percibir la gigantesca ilusión de Isma, tampoco tienen precio pero sí se pueden contar. Ver la alegría de mi hija al ver a su padre disfrazado de pilotazo tampoco tiene precio. En fin, podríamos subtitular este post como aquella película de los hermanos Marx o aquel gran dísco de Queen, “un día en las carreras”, por todo lo vivido en aquellas escasas horas. Al final nos estamos saliendo con la nuestra, con jugar a ser pilotos, modestamente claro está, aunque no precisamente gratis en tiempo o medios. ¡Qué cara es esta pasión!, ¿verdad? No, no nos vamos a quejar, nadie nos ha obligado. En todo caso, ¡como disfrutamos con los amigos de MOCLAVA y sus tandas “primaverales” ese domingo!, el mismo día que se corria el Mundial en Jerez.


Normalmente estas tandas son los “IRTA” de los pilotos españoles que participan en carreras de Clásicas aunque no es nada extraño ver en “parrilla” algún veterano foráneo. Ducatis, Ossas, Montesas, Bultacos… hasta alguna añeja Lube como la que a veces pilota todavía el gran César Gracia. No es raro encontrarte en las tandas de MOCLAVA a grandes pilotos veteranos como él o don Paco Román. Todo un lujo. Juventud y experiencia, veteranos, novicios y los que estamos en el “tramo medio”, todos compartiendo la misma afición, una y otra vez. Qué bonita canción… Si lo piensas fríamente la situación es paradójica, como casi siempre. El futuro del planeta está, como de costumbre, en entredicho. La capa de ozono ha vuelto a menguar. El paro sigue campando a sus anchas. Nos va a costar años recuperarnos de la famosa crisis. Todo pinta un poco negro. En fin, podemos seguir un buen rato recordando malos rollos, por no hablar de los pobres japoneses… y mientras, en La Mancha, una banda de locos vuelven a jugar a las carreras. Como los niños pero con más canas, palabra que rima con ganas, por cierto.


Pues sí, a pesar de los cielos (y nunca mejor dicho), ¡por fin estrenamos nuestra “perla negra”!, esa Ducati 900ss que estamos comenzando a conocer y a mimar. Solo pretendemos divertirnos (claro, ¿qué otra cosa podemos pretender, melón?) y para ello tenemos que comenzar por el principio. Cuando miramos el calendario y las rodadas pensamos ¿qué mejor escenario que rodeado de los amigos valencianos (Paco, Alberto, etc) de MOCLAVA? Pues hacia allí que enfilamos muy temprano, con ganas aunque no todo fue tan sencillo. Vaya unas semanitas de glorioso infarto. Que si la batería está muerta, que si faltan tornillos, que si la aguja del cuentavueltas va loca… en fin, todo eso eran bobadas, fáciles de solucionar. Que si vueltecita por el polígono para probarla, a la antigua usanza, mientras me ven los Civiles y, poco después, nos localizan y me preguntan qué es “aquello”… Y el “gran” problema de esos primeros días… el colín es pequeño, ¿tan grande tenemos el culo? no, pero si nos comparamos con sus antiguos dueños... pues sí. No podemos movernos, vamos sentandos como aquellos viejos clics de Famobyl en sus caballos ¿os acordáis? Pues algo así. Bien para ir en linea recta pero chungo para moverte un poco en los virajes. Luego el tema logístico… que si el coche y la bola lo pone fulanito y nosotros el remolque… que si tenemos que revisarlo porque tiene una pinta dudosa, que si se confirma el coche y la bola pero tendremos, primero, que llevar su moto hasta la nave… todo entre semana, buscando huecos a lo largo del día y coordinando a tres o cuatro personas, ¡entretenido!


Todo eso mereció la pena. Escuchar el sonido atronador de la Ducati (¡Akras recortados!) dentro del box fue un subidón increíble de emociones. Fue como darte cuenta que es verdad, que no son ilusiones imaginadas las pajas mentales del último mes, que esas semanas de incertidumbre han sido fructíferas, que toda la movida ha valido para algo. Por supuesto, se suele mitificar y exagerar las sensaciones pero, esta vez, creo que estoy siendo bastante literal. Yo tenia una curiosidad infinita por ver cómo rodaríamos con la “perla” pero, aún así, cedí amablemente “mi” turno a Isma, para que la estrenara él en pista. Total, yo ya la había probado en el polígono de Valdemoro. Además, con su feeling de circuito sabia que nos podría transmitir un primer balance general del estado de la moto bastante concreto. Así que, tras muchas risas y su típico ritual para ponerse el mono (o la funda, según se mire, ja,ja) el figura salió al pit lane y la música celestial de la italiana arrasó todas las melodías japoneses habituales que intentaban reinar en el ambiente.

Era fácil detectarle, vuelta tras vuelta… ¡¡por ahí llega!! Pasaron los giros y los minutos bajo la ligera lluvia incesante y la “perla” y su piloto regresaron a boxes. “Se menea de delante”... vaya, algo tenía que pasar, era lógico, a saber cómo estaría el aceite de la horquilla, por ejemplo… y no teniamos tiempo para hacer muchos milagros. Los cielos pasaron del gris al negro y comenzo a llover un poco pero.. ¡no habia otros cielos opcionales! Dejamos de preocuparnos porque no conducia a ningun lado, solo habia que ser fino y comedido, total, ¡nos estábamos conociendo! Llego mi turno. Emocionado y espectante, como tantas veces. Sali bajo cuatro gotas que luego se multiplicaron (en Jerez, al mismo tiempo, en el GP de España, también llovia, y Rossi tiraba horas después a Stoner, ¡casi ná!) No vibraba tanto como imaginaba pero más que mis japos, claro. El sonido inundaba mi entorno. Fui tocando el freno un poco para ir "conociendolo", mientras me daba cuenta de lo agil que era la moto. Al primer aceleron serio comprendi que la tipica tracción Ducati, obviamente, ¡estaba alli debajo! Pasaron algunas vueltas tranquilas y luego comencé a apretar un poquito, prohibiéndome caerme. A final de recta varios latigazos consecutivos me obligaban a dar un golpe de gas en vacio obligado en cada vuelta mientras reducia marchas, esas cosillas que haces a veces por instinto pero que con según qué motos es obligatorio. Terminó la tanda y regresé feliz. Buenas sensaciones, el chasis es una tabla, los frenos una maravilla, moto casi de competi, con alma, pelín guerrera, justo lo que buscábamos desde hace ya muchos meses…¡espero!, bueno, de acuerdo, no corria mucho, pero como llovía, yo al menos no busque limites, rodábamos en dos minutos casi todas las vueltas, unos lentorros, sí. Vale, no es una Superbike moderna, tampoco nosotros somos muy modelllnos pero algo vamos a disfrutar. Piano, piano…

Al margen de la Ducati, y de esos pequeños grandes momentos, cuando montas los calentadores, revisas el aceite, poner nuestro famoso dorsal número siete (por Barry, por Checa), etc, etc, grande fue convivir un día entero en ese “hábitat” lleno de amigos, quemaillos, sonidos de otros tiempos y piques. Destacar la labor y el humor de Paco Motos, ese monstruo que igual corre en La Bañeza que prepara, sin descanso, año tras año, estas tandas para sus amigos. También señalar a mi padre, una vez más, con su cronometro Heuer colgado del cuello, el mismo que usaba en sus buenos tiempos de regularidad. ¡Qué haria sin mi "Team Manager"! A Santi y a Juanmi con ganas de quemar gomas (¡no pudo ser, sobró agua!), a Paquillo con su insuperable afición y tenacidad; a los expilotos de velocidad que pudimos ver, a los pilotos de las RDs y RGVs, a los guiris como Mick, el que corrió algún T.T., que se reía de nuestra preocupación por la lluvia… Aqui una foto con él y Paco, que buen ratillo, señores...


Sí, grandes momentos, que pena que duren tan poco, un día, una jornada. Sabíamos que el día anterior y el posterior a ese domingo iba a lucir un sol de p. m. y así fue, claro, nos miró quizá un tuerto pero no era suficiente para cancelar nada, claro.Y que bonito que la familia te acompañe, o parte de ella. ver a mi padre y a mi hija Laura disfrutar de cada minuto me daba unas "revoluciones" extras pintándome una sonrisa en la cara, ¡ojala lo repitamos muchas veces!


La verdad que no puedo contar mucho más sin repetir palabras. Nos faltaron horas y un poco más de sol. (También unos muelles de horquilla, ya puestos). Los tiempos fueron mejorando a medida que pasaron las tandas aunque, en mi caso, no me encontré en ninguna del todo cómodo por los vaivenes de la horquilla y los inesperados rebotes del amortiguador. Sí, ya estamos con excusas, ja, ja, ja, pero, eso sí, una vez en curva, disfruté como un enano, es una moto que gira fácil y rápido… claro, es Ducati, al menos las de este nivel giran bien, seguro que Rossi tiene más problemas con la Desmosedici pero, bueno, su ritmo creo que es un “pelín” más alegre. Me encantó el pique sano de la última tanda entre Santi, Juanmi e Isma. ¡Pena no haberlo grabado! ¿Dónde habitan los sueños? Siempre lo hemos dicho, en los corazones. 


De izquierda a derecha en la foto: Paco, Santi, Juanmi e Isma. Terminó la jornada y me toco traer a Madrid la Gixxer 750 de Juanmi ya que el carro se lo llevaba Isma con la Ducati y aquel tenia que conducir su coche. No problem, me abrigué un poco y salimos hacia Madrid. El problema fue que la ligera lluvia se incrementó y antes de llegar a Tarancón estaba un pelin calado. Luego, llegando a Madrid vi como apuraba demasiado la reserva de gasolina. De repente surgio la alarma mental, ¿y si no llegaba "vivo" a Moratalaz...? Muchas ganas de buscar gasolineras no teniamos, habia sido un día muy, muy largo... pero llegamos al garaje y por fin cada mochuelo se fue a su olivo.


Ya llegando a casa recordaba a varias amigas piloto que andaban lesionadas, ¡qué duro es correr! A nuestro nivel la cosa cambia, claro, aunque estamos ansiosos por seguir “leyendo” el nuevo capítulo de la novela que nos hemos inventado gracias a la “perla negra”. Un abrazo en especial para Julito, Santi y para Isma, mis tres compañeros de aventuras racings en los últimos tiempos. Grandes, un honor compartir tantas cosas con ellos. Casi cada día pensando un poquito en la próxima… por culpa de esa biela loca que sube y baja justo dónde habitan los sueños.

¿Qué memoria deportiva tenemos en España?


Ojala no tuviera motivos para escribir estas líneas. Ojala fuera un pequeño delirio nostálgico o un afán de protagonismo literario pero no, me temo que no. Mucha mala leche acumulada y cierta decepción renovada, así de simple. Supongo que muchos ya lo sabréis. La cuenta atrás ya ha comenzado. Después de muchos años de sustos y amenazas ahora parece que sí, que la cosa va en serio, la destrucción está en marcha. Ya se han puesto en movimiento los decisivos engranajes legales y administrativos para que el Jarama, el mítico primer circuito ¿permanente? que se construyó en nuestra piel de toro, pase a “mejor vida”. ¿El motivo? Ya lo sabéis, ¿verdad?, construir una urbanización, perdón, ganar dinero, mucho. Como tenemos en España “tan pocas” viviendas vacías tenemos que construir más urgentemente. Dicen los veteranos, periodistas o simples aficionados, cuando se habla del Jarama y de la guadaña que pende sobre su cuello, frases del estilo “¡Con lo que costó conseguirlo!”. Pues sí, señores, con la excusa de que a) se ha quedado anticuado (¡¡ni que el mundo de la moto ni el automovilismo comenzara y terminara con los pilotos y los campeonatos de élite solamente!!), b) que molesta a los vecinos (claro, pobrecitos, fueron realojados allí en contra de su voluntad y ¿después? ¡les construyeron un maldito circuito al lado!) o c) no es rentable (claro, en lugar de cambiar al pastor matamos a la oveja). Ironías aparte, porque el tema es muy serio, hay que reconocer que la gestión será mejorable, que sus tierras son, sin duda, muy golosas para tanto especulador ávido de nuevos negocios, que hace años ya que se quedó pequeño para albergar una prueba puntuable del Mundial. Todo esos argumentos son reales pero no son, ni de lejos, suficientes para destruir el Jarama. Por lo visto, el ayuntamiento de la localidad de San Sebastian de los Reyes ha tomado la decisión, esgrimiendo como argumento que el Jarama cuenta ya con una estructura «obsoleta para su función específica» y que, además, se encuentra situado entre suelos residenciales «con las consiguientes molestias y colapsos en la A-1» para todos los vecinos. El concejal de Urbanismo de la localidad, advirtió que éste sólo es el primer paso de una operación que no cristalizará hasta dentro de «dos o tres años».

Dos o tres años… y uno se pregunta, ¿qué vale el esfuerzo y la ilusión de las generaciones que nos precedieron? ¿Qué tipo de memoria histórica y deportiva tenemos en este país? Tantas fotos y sonrisas por el mundo y en nuestro patio no hacemos más que olvidar o defenestrar nuestros viejos retratos. Sencillamente, esa gente que apenas tiene sangre en las venas, se quiere cargar el circuito que más Grandes Premios de España ha albergado durante nuestra historia reciente. El circuito que vio encumbrar al mismísimo Angel Nieto, nuestro campeón más laureado. El circuito donde varias generaciones y pilotos de la talla de Herrero, Agostini, Sheene, Roberts o Spencer ganaron carreras memorables haciendo si cabe más grande el motociclismo.

En España parece que no es suficiente con que olvidemos a viejos héroes motociclistas como Paco González, diez veces campeón de España, decano de toda una generación valenciana motociclista. ¿Sabéis lo que han contestado alguna vez las autoridades? Que poner su nombre a una curva en Cheste “no da votos”. Ya sin careta, directamente.
Parece que no es suficiente con que nuestro héroe Santiago Herrero siga sin tener una curva o una calle con su nombre (menos mal que ahora, entre los aficionados y ciertas revistas, estamos moviendo el asunto, a ver si se le cae la cara de vergüenza a quién decide). Parece que la figura de Herrero no es suficiente para que Dorna, empresa española con vocación internacional (como bien recuerdan) proponga su nombre en el “comité de sabios” como candidato a sus premios “The Legends”. Cortésmente, indican que es una compañía internacional y que su obligación es a nivel mundial (claro, España no debe estar en el mismo planeta) y que el nivel de exigencia es altísimo… ¡qué chasco, señores de Dorna, al menos pensábamos que lo iban a proponer! No es suficiente con que el gran Víctor Palomo tenga una curva en un circuito donde no nos dejan apenas rodar y donde, para defenderlo, su promotor tuvo que hacer ¡una huelga de hambre!; parece que no importa tampoco que figuras del calibre de Joan Garriga o Min Grau (entre otros pilotos vivos) pasen desapercibidos como si no hubieran llenado de gloria nuestro deporte... Tampoco pasará nada si Angel Nieto desaparece sin haber recibido un premio que merece más que muchos que sí lo han recibido (El Príncipe de Asturias, supuestamente, un galardón que se otorga por la larga trayectoria de sus premiados). Podíamos seguir poniendo ejemplos pero no quiero aburriros.

¿Os imagináis a los alemanes destruyendo el mítico Nurburgring (el viejo trazado de 22 kms) incluso ahora que están pasando serios apuros financieros, para construir rentables hotelitos, chalés o campings?? Yo no. ¿Os imagináis a los californianos destruyendo Laguna Seca para construir un rancho? ¿A los italianos urbanizando las hectáreas que ocupa Monza o Misano? Y qué decir de los ingleses… ¿os imagináis que convierten Donington en una alegre campiña para los boys-scouts? ¿Os imagináis Madrid sin la Cibeles, a Barcelona sin su Tibidabo?
¡Cuánto tenemos que aprender! Hay países que saben recordar a sus héroes, conservar sus monumentos, respetar su historia en suma, otros no. A nosotros nos ha tocado la cruz, un pequeño inframundo lleno de leyes y de dirigentes que, entre otras cosas, aprueban por Real Decreto (303/2011) una limitación de velocidad máxima que es contrario a la Ley de Tráfico. No hay que ser muy catastrofista para darse cuenta qué motiva a unos y qué anima a otros. A veces veo las noticias de lo que sucede en el norte de Africa y me pregunto si es lo que deberiamos hacer por este atropello y por tantos otros…
Mucho sacar pecho por los títulos conseguidos en el 2010, mucho decir que somos “los mejores” pero da vergüenza ajena ver como “entre todos la mataron y ella solo se murió”. ¿Dónde estás, Federación? ¿Qué dices, RACE? ¿Qué dices, Comunidad de Madrid? ¿Cuántos caramelos os han puesto a la vista?
Dentro de unos días se celebrará el "Mike Hailwood Memorial Run". Se cumplen 30 años de la desaparición del, posiblemente, piloto más grande de la historia, Mike Hailwood. El punto de partida es la antigua fábrica de motos Norton en Aston, Birmingham. La comitiva va hasta Portway, lugar del fatal accidente y luego se dirige a la iglesia de Tanworth-in-Arden, dónde está enterrado. Qué envidia sana me dan los ingleses...

Señores especuladores, aunque les importe una mierda, ese circuito se llamaba Circuito Permanente de El Jarama, y fue el primero, permanente, de toda España.
¿Qué tipo de memoria histórica y deportiva tenemos en este país?

Los homenajes... mejor en vida

A lo mejor caímos en la tentación de mirarnos el ombligo, del autobombo, de echarnos flores como si fuéramos campeones del mundo en algo. No lo sé aunque, modestamente, creo que no, que no caímos en esa trampa. Quizá porque no le dimos más importancia que la que tenía. Simplemente fue un sencillo acto de justicia y aclamación entre amigos, ni más ni menos. Tanto admirar a héroes míticos, vivos o muertos, y resulta que siempre hemos tenido uno tan cerca que casi lo veíamos como algo normal. Seré juez y parte de la cuestión pero creo que no exagero si digo que la mayoria pensamos que, relamente, el protagonista de esta historia es un tio muy grande, un motorista eterno, de la vieja escuela, silencioso, radical, discreto a menudo pero siempre incesante. Cierto, un científico de vocación jamás se jubila... un motorista "sanguíneo" tampoco.

El caso es que teniamos ganas de rendir un pequeño homenaje a ‘El Motorista’ ¿y qué mejor lugar que en nuestra querida invernal Estrella de Javalambre para hacerlo?, ¡no se me ocurría un escenario más apropiado! Asi que avisé a los amigos y pronto preparamos un “plan” con la ayuda de Peter y sus colegas del MCZE, organizadores de la Estrella (por enésima vez: ¡gracias!).

El domingo 30 de enero, antes del sorteo de regalos, Peter se subió al escenario y habló del madrileño que le habló hace veinte años de aquella aventura italiana que era la Stella Alpina. Luego llegó el momento entrañable de la entrega de la placa. Fue muy emotivo, sencillo y sin pecar de pesados. El viejo maestro se nos emocionó un poco justo después de coger el micro y dejarnos bien claro que todavía hay planes futuros, incluyendo una subida cronometrada nocturna para, tal vez, la próxima edición de la Estrella. En fin, hoy tengo ganas de hablar de mi padre.
De pequeño ya me di cuenta. No todos mis amiguetes y vecinos tenían un padre que había sido corredor de motos y luego rutero incansable, por no hablar de su faceta como mecánico, creador de pequeñas motos y de extraños inventos como aquella aspiradora con la que pintó una vez una de las motos de los "Cuervitos” (de la Escudería Los Hierros, mejor dicho). Durante años, sufrí y aprendí algunas cosas y eso que soy bastante torpe (sobre todo con la mecánica) mientras disfrutaba y conocía sus convicciones, sus amigos, sus broncas terribles y sus pequeños y grandes sueños. Algunos al alcance de cualquiera que lo desee de corazón, otros solo viables si existe un montante económico por medio. Aprendí que excusas para no hacer grandes cosas en la vida hay muchas, muchas... casi siempre consiste en lo mismo, en la misma elección: el camino correcto o el camino fácil... él lo dejó claro con sus acciones.


Muchas páginas llenaria con todas sus ideas, proyectos, anécdotas y sueños. Solo comentaré algunas cosilas. Primero, los dos sueños que no ha conseguido. Dos sueños que destacaban, quizá, por encima de otros. Uno era viajar a la concentración de Elefantreffen, viaje que por un motivo u otro (casi siempre las penurias económicas abortaban el intento) se fue retrasando y, cuando se inició, no terminó con éxito. El otro, mucho más especial y difícil, era bajar al desierto, al mítico Tamarrasset, por dónde ya habian pasado multitud de participantes del París-Dakar, por ejemplo, y docenas de aventureros anónimos con motos totalmente "improcedentes" para la mentalidad actual: viejas Sanglas 400 azules, Vespas o pequeñas Yamahas 125... Todos esos reportajes están todavia documentados en su librito "de guerra" (junto a mapas, reseñas, referencias e ideas de todo tipo sobre el mundo de las dos ruedas) . ¿Qué atracción nos brindaba el desierto?, ¿por qué todavía pensamos que hasta que no pisemos su infinito manto dorado no habremos vivido una auténtica aventura?, ¿será esa sensación de libertad y gloria que una vez en marcha quisó trasmitir por televisión aquella piloto española que participó hace pocos años patrocinada por Caja Postal? Tal vez... ojala un día tenga la respuesta. Al final mi padre no ha podido cumplir estos dos sueños pero no se queja. La cita alemana ya no es tan apetitosa a sus ojos y bajar a Argelia es, desde hace ya muchos años, casi imposible. Si a eso le sumamos su delicada salud de hierro se comprende lo de "al final" de la frase anterior. El maldito dinero que nos faltó para tantas cosas, para tantas carreras y viajes, para tantos proyectos, no evitó que el amigo volara libre y viajara sin parar por España y por Europa solo o acompañado, año tras año, con cualquier excusa. Porque también hay que contar los sueños, pequeños y grandes, cumplidos: corredor de Montesa, pionero de la ruta en este país, cofundador del MCT, organizador de concentraciones, carreras y motoclubs... amigo inseparable de los franceses de Olorón, testigo directo de aquella mítica concentración de Andorra de 1974, colaborador durante años en Solo Moto, restaurador de viejas máquinas, etc, etc, ¡hasta motorista en la Vuelta Ciclista a España! Es curioso, él y su amigo el "Chiqui" llegaron a rodar en el circuito de Jerez antes de celebrarse su primer Gran Premio. En fin, ¡tantas anécdotas...!


Por mi parte, claro, llegué un poco tarde a muchas cosas, a muchas citas (obviamente, casi treinta años de "desfase" ocasiona estas faenas) pero tampoco me quejo. Disfruté de viajar con él muchas veces a Montjuic, a Francia, a Italia, a docenas de reuniones en los Pirineos, siempre hacia el norte. El recuerda con especial cariño nuestro primer viaje juntos en su Vespa, camino de Montjuic, en el verano de 1982. Aquella mañana me avisó que me ataria con pulpos a su cintura si me dormia. Eran muchos kilómetros para un niño que apenas habia montado en moto pero creo que no hizo falta. Un poco antes, en 1980, me hizo mucha ilusión ver como recibía su último trofeo "serio". Fue en la fábrica Vespa, cuando terminaron aquella aventurilla por toda España. Fue el primero que llamaron en la entrega de trofeos después de la interesante visita que hicimos a la fábrica y a su linea de montaje. Años después le he visto recibir varios trofeos más en concentraciones y reuniones francesas pero era otra cosa, sin apenas importancia, casi como un reconocimiento humilde a su pasión por el motociclismo. Afotunadamente, conservo muchos recuerdos fantásticos y algunas sensaciones genuinas que todavía paladeo. Algunos gracias a las fotos, otros simplemente gracias a la memoria del corazón. Pienso en el circuito del Jarama, por ejemplo, en las veces que fuimos cuando yo era pequeño. En nuestras aventurillas en el mundo del motocross infantil. A los precioso viajes mediterráneos camino de la Stella Alpina o de algún pueblecito francés…

Recuerdo ahora algunos momentos puntuales de nuestra casi anónima existencia que quiero compartir...

Por ejemplo, mi primer recuerdo motero: de paquete en su Ossa, muy pequeñín, volviendo de Leganés a casa... caía tal chupa de agua que en Carabanchel Alto paró y dejó la moto en un viejo parking de barrio. El encargado se apiado de nosotros, por mi presencia supongo. Creo que no tenia ni siete años, ¡estas cosas en estos días son totalmente impensables, claro! No recuerdo como llegamos a casa pero él volvió al día siguiente a por su Ossita. Recuerdo aquella tarde casi con nitidez, como si hubiera pasado hace un año o dos.


Recuerdo lo que sentí, algunos años después, en una de sus míticas vuelta a los puertos de los domingos. Pocos domingos no cogia la moto. La mitad de las veces, a partir de cierta edad, yo iba de paquete en su Guzzi. Esta vez fue distinta, sin embargo: fue la primera y única vez que pase miedo con él. No recuerdo muy bien qué año fue ni con qué amigos ibamos de curvas. Tuvimos dos momentos alegres. En uno rozó con el escape izquierdo y sentimos una oscilación extraña. A mi se me pusieron de corbata. Luego nos confirmarian lo que habia pasado porque habian visto las chispas brillar desde atrás. Una media hora más tarde, bajando por Navacerrada, me acojoné ya en serio. Iban ligeritos y en una apurada de frenada, a derechas me rozo una rama en el casco. No exagero. Un poco más fuerte y me caigo. El resto del “viaje” fui algo tenso... pero bonita jornada, sin duda.

Saltamos diez años o más, estamos en febrero de 1997, regresando de, precisamente, la Estrella. En aquellos años él rodaba todavía rápido con la maldita R100RS que tantos problemas nos dió y yo ya había heredado la nerviosa Zephyr, aquella maravillosa Kawasaki que era puro corazón y aceleraciones endiabladas, y empezaba a espabilar en serio. Salimos junto a un grupito de conocidos, incluyendo a Laura, vieja amiga del querido MTM de Madrid, que iba muy bien con una preciosa SZR660 (aquella extraña pero deportiva Yamahita de carretera que montaba el motor de las Ténéré) . Durante algunos kms fuimos todos juntos pero luego mi padre comenzó a tirar y, como el día era propicio para divertirse (el sol lucía generoso aunque fuera febrero), me puse a su vera dándome cuenta que, fijate tú por dónde, en aquella “época” rodábamos al mismo ritmo. Ninguno tenia que esperar al otro, cosa que sí pasaba años atrás. Aquel viaje de vuelta a Madrid lo recuerdo con ternura porque fueron unas pocas horas llenas de pasión y disfrute al máximo. En aquellos años no se miraba tanto las cunetas, no habia tantos radares, tampoco habia tanta tonteria sobre “qué gomas has puesto en la moto”, no habia muchas preocupaciones. Mi casco era viejo y feo y mi chupa de cuero "Best" de Andorra era muy bonita pero iba combinada con mi viejo pantalón de camuflaje de la mili, una combinación espantosa pero auténtica ja,ja... (Años atrás, en el 92, volviendo también de la Estrella, él con su XT600E y yo con mi lenta SR250 la cosa habia sido muy distinta).

Otro momento glorioso lo compartimos hace pocos años, tal vez en el 2005, junto a otros buenos amigos, David y Mario entre ellos. Ibamos a una reunión de los franceses, en Issor, en total 4 o 5 motos. Mi padre delante. Llegamos a un cruce con una autovía, pasado Tafalla si no recuerdo mal, y en una rotonda se equivoca y se mete en la autovía en dirección contraria. Enseguida se da cuenta, justo en la incorporación. Se detiene en el arcén y nos lo dice mientras se enciende un cigarro. Dar la vuelta es imposible y peligroso. Mira a los lados y nos dice que crucemos la autovía cuando no vengan coches. Nos miramos y algunos sonreímos. Venga. Lo hacemos en un instante, no se ve un alma. Reemprendemos la marcha convencidos de que nadie ha sido testigo pero justo un minuto después cuando miro por uno de los retrovisores veo la inconfundible silueta de una blanca BMW de la Guardia Civil. Obviamente nos paran a todos (bueno, miento, uno, Mario, se escapó discretamente, como quién no quiere la cosa). Silencio. Pasa fácil un minuto entero. Nos piden los papeles. Pasan dos o tres minutos más sin que pronuncien palabra alguna. Mal rollo. Mi padre ya está fumando otra vez, los demás algo acojonados esperando la "sentencia". De repente uno de los dos guardias le increpa lo que hemos hecho. Mi padre le da la razón (norma básica para poder “negociar” con ellos) pero les dice (cito casi textualmente): “Mira, muchacho, tienes razón pero como comprenderás a mis años esto de las autovias es muy moderno, me lio enseguida, confundo las cosas, tantas lineas y señales... lo siento, vamos hacia la frontera y me he equivocado, si pudieráis indicarnos el camino...” La cara de la autoridad era un poema, claro, y nadie soltó palabra alguna, yo flipaba internamente justificando al mismo tiempo lo que habiamos hecho solo por disfrutar de aquel momentazo. Enseguida, uno de los guardias, no recuerdo cual, nos dijo que solo nos iba a sancionar por un motivo pero que podia hacerlo por varios: cruzar linea continua, no respetar señalización vertical, conducción temeraria, etc. Para más coña terminó su arenga diciendo que podiamos avisar al otro, el que se habia escapado, que no le iba a sancionar y que luego nos indicaban la dirección correcta para subir a Francia. Sin duda aquellos guardias eran unos santos varones, quizá porque también eran motoristas.


En marcha y en parado... también en parado se disfruta. No solo de los bailes, de las infinitas charlas nocturnas, de los juegos, de las reparaciones de emergencia, de dormir en los arcenes un rato, de perderte en mitad de ninguna parte... recuerdo sobre todo esa sensación de pequeña libertad tranquila que reina cuando te sientas en el suelo, apoyado en la pared de una casa desconocida de un pueblo por donde nunca habías pasado antes. Da igual si es a las dos de la tarde o son las dos de la mañana. Sin preocupaciones, sin prisas. Esa paz interior que inundaba tu alma mientras tu fiel compañera se enfriaba a muy pocos metros de ti. No sé si me sé explicar pero jamás he vivido sensación similar de tranquilidad, de calma, de estar en paz. Sí, tal vez en la cumbre de una montaña respiro la misma sensación (¡que no el mismo aire!).

De vez en cuando recuerdo que cada día está más cerca la hora en que nos quedaremos más o menos solos, en que muchos seres queridos ya no estarán por aqui. Seguirán estando pero no de la misma manera. A veces creo que en ese futuro solo estarán los hijos como seres queridos cercanos. Los amigos más mayores desapareceran, los padres, los tios, algún profesor, ese buen vecino, ese compi de la oficina inigualable, algún camarada del alma... es ley de vida. No es un reproche pero pienso en ocasiones en ese momento y qué nos quedará del pasado: los recuerdos. Todo se termina alguna vez, por eso, supongo, opino que los homenajes hay que celebrarlos MEJOR EN VIDA. El homenaje de rodar, de vivir, de aprender, de dar las gracias, de reconocer y, sobre todo, de disfrutar. De no perder el tiempo. De no ahorrar una sonrisa. No quiero cerrar el libro pensando que desperdicie muchas páginas.

Gracias a todos los que nos habéis acompañado en el homenaje. Gracias, por supuesto, a los amigos que habéis soportado a mi padre estos últimos cincuenta años, a todos los que nos habéis acompañado, ayudado y mil cosas más. A todos, mi más sentido agradecimiento. No quiero poner nombres porque, seguro, se me olvida alguno. Sin vosotros no somos gran cosa. Os aviso, todavía quedan cartuchos por quemar, la fiesta todavía no se ha terminado. Durante este año iniciamos una nueva aventurilla en los circuitos. El maestro estará alli controlando el percal. Otra excusa más para disfrutar de la vida, de los amigos y de las motos. No hay paréntesis, no hay excusas, no hay afán de protagonismo, solo ganas de seguir haciendo lo que nos gusta, mirando hacia delante, siendo lo que somos. Gracias por tus lecciones, papi.



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GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...