Descubriendo Cazorla (¡hacia Segura de la Sierra!)


Hay muchos rincones en España dignos de visitar. Pasan los años y como en ocasiones repetimos trayectos al final también apetece conocer paisajes nuevos. Hacia tiempo que rondaba mi cabeza conocer con la moto la zona limítrofe a la "frontera" entre las provincias de Albacete y Jaén. Solo había estado por Riópar, el nacimiento del río Mundo y el pueblo de mi madre, Bienservida. Tenia ganas de bajar más al sur y conocer la famosa sierra de Cazorla y su Parque Natural. A Iñigo y a Julito les cuadraba bastante la idea y allá que fuimos los tres a principios de noviembre, saliendo un viernes de casa con la intención de pasar una o dos noches por allí. Un placer siempre hacer kilómetros y vivir aventuras con estos elementos...


Salir un viernes después de comer por una carretera tan transitada como la de Andalucía suele ser bastante latoso a esas horas pero no teniamos mucho más margen. Al final nos juntamos en Valdemoro y tiramos a buen ritmo hasta que paramos en un bar a corta distancia de Valdepeñas. Para esta ocasion yo iba con mi "renovada" FZR, ya con su reglaje de válvulas hecho y recién carburada, menuda diferencia de aceleración en comparación con la versión de un par de meses antes, camino a Zamora.


Antes de entrar al restaurante, donde disfrutamos de unas ricas sopas castellanas y unas carnes sabrosas, descubrí alucinado que uno de mis pulpos estaba ¡roto!, anclado todavía a la estribera trasera derecha. En algún momento se había cortado en marcha, con el peligro que estas cosas siempre suponen. Por fortuna, no sentí ni pasó nada. Quizá lo tensé demasiado y no aguantó. Iñigo salió al rescate y metió mi pequeño macuto en una de las maletas de su fabulosa Z1000SX...¡gracias! Aqui una foto de los figuras (una foto donde no sale la botella del buen vino de esa tierra...).


Por fin abandonamos la autovía y empezamos a transitar por carreteras más desconocidas y divertidas. El sol iba declinando poco a poco mientras tomábamos rumbo hacia Villanueva de los Infantes. El ambiente era tranquilo y con pocas luces. Pronto rodariamos de noche, pensé, mientras llenábamos los depósitos en un pueblo del que ya no recuerdo el nombre.

Yo iba algo incómodo con mi vieja chupa de cordura, a la que tengo que cambiar las cremalleras, por cierto, pero estaba disfrutando detrás de estos dos tunantes y de la docilidad de mi ágil montura. Enseguida nos cubrió la noche, estábamos a unos cien kilómetros, o pocos menos, del pueblo donde habia hecho la reserva para dormir, un pueblo que era por lo visto realmente hermoso: Segura de la Sierra. Antes de llegar disfrutamos de muchas curvas y hasta de la "emoción" de ver un animal cruzando rapidamente la carretera. Paramos en el límite de una glorieta desértica para que fumaran mis dos amigos y orientarnos un poco. Eran más o menos las siete pero parecía mucho más tarde. El pueblo estaba en lo alto de un monte, y coronado por un viejo castillo, en pleno corazón de la Sierra de Segura, casi ná. Sin duda toda una experiencia conocerlo y subir por aquella carretera angosta y con pendiente que ascendia poco a poco hasta el aislado pueblo, cuna del poeta Jorge Manrique


Costó encontrar el alojamento, un curioso apartamento rural bien decorado rodeado de calles empinadas. El viento y el frio se habian incrementado a medida que subiamos hacia el pueblo y el alojamiento estaba justo a las faldas del castillo, en lo más alto de la localidad. El viento era tan molesto que hasta me quedé con el casco puesto un buen rato mientras intentamos ubicarnos y hablar con el señor del apartamento por el móvil. Era un laberinto de corredores, callejones y calles pero resultaba muy auténtico y pintoresco el pueblo, sin duda. Por fin pudimos dejar los trastos, cambiarnos y buscar dónde cenar. No habia muchos sitios abiertos a eso de las once de la noche pero encontramos un magnífico mesón cerca de la entrada del pueblo, donde disfrutamos mogollón, casi en solitario, y junto a una lumbre que no esperábamos pero que agradecimos bastante.


Luego visitamos algunos de los rincones del pueblo, algunos dignos de ser enmarcados, para terminar, como último acto de la noche, en un garito de copas y música. Siempre que paso por un pueblo así y descubró el precio de las copas me maravillo. En otros tiempos aprovechaba, ahora nada, un vodka con naranja y poco más. Lo mejor son las charlas entre nosotros y con los paisanos que se cruzan en el camino. Y esa sensación, como siempre, de libertad, de estar a tu bola... ¡y solo había comenzando el finde!


Octubre, ¡será por clásicas y oldies!


No es obsesión pero, al final, muchas veces terminamos rodeados de motos antiguas, de caballeros de las dos ruedas y de reuniones que defienden y reivindican nuestro legado y nuestra historia. Algo que me encanta y que veo necesario. Total, no hace mal a nadie, hay sitio para todos en nuestra afición y estos saraos ayudan a que los más jóvenes descubran y entiendan cómo eran las motocicletas hace décadas. Aunque para gustos los colores, por supuesto.. pero ahora que vivimos inmensos en la época de motos atascadas de electrónica (que no aprovechamos ni una tercera parte), del marketing eléctrico (no pretendas viajar lejos con un vehículo así que no llegas), de las normativas y restricciones que vuelven a poner a la moto en la diana en lugar de hacerla parte de la solución (y no del problema), da gusto, como digo, oler efluvios de Castrol o Motul, de escuchar el clásico sonido de motores de 2t, de contemplar estampas de motos con alma, de hasta ver monos de cuero antiguos o mis queridos barbours como vieja armadura de antiguos cruzados del asfalto...

Llegó octubre y tuvimos nueva excusa para "dar una vuelta" y reunirnos un rato con amigos y desconocidos, al tiempo que contemplábamos más clásicas en movimiento. Se celebraba la reunión de Brea de Tajo y allá que fuimos, a apenas hora y pico de casa, por las curvillas solitarias de Las Vegas y el río Tajo, todavía en la provincia de Madrid pero muy cerca del límite con la provincia de Guadalajara y Castilla La Mancha. 


Salí temprano, medio dormido. Ahora La Infinita corre una barbaridad, como siempre cuento, desde que le limpiaron los inyectores y la bomba de la gasolina, por lo que siempre tengo ganas de bailar con ella aunque la dulce FZR me tiene hechizado. En todo caso, fue un placer volver a pasar por Las Vegas, aunque siempre pienso que sobran pueblos y badenes. Finalizando el paseo, en un conocido cruce, me topé con la comitiva clásica que daría una vuelta por las localidades cercanas antes de volver a Brea. En unos minutos llegué al pueblo y al epicentro de la movida, en su centro "neurálgico". Lo importante es que había un buen bar donde desayuné, mientras esperaba. Algunas damas con solera comenzaron a llegar... Para empezar esta preciosa GPX que me tenía loco de chaval...


Y esta preciosa "Pepsi" no se quedaba atrás:


Antonio, de Pinto, llegó al rato con su Kawa "Turbo". Creo que su moto tenía mas potencia que todas las demás juntas, ja,ja... Luego más amigos como Iñigo, Andrea, Mudo, Tyto y Mónika, y el grupo de Luis y Rosi (con Miguelón, Mayka, Antonio..). El sol brillaba con fuerza en el cielo y pasamos un ratillo agradable. Yo ese día no podía quedarme a comer con ellos pero disfruté de su compañía esas horas.

Días después arranqué una idea que comenté, semanas antes, con el amigo Jordi de la revista Solo Moto. Viendo la popularidad y la moda que vivimos, actualmente, en nuestro mundillo por las oldies de los años 80 y 90, sobre todo gracias a los aficionados que en las redes sociales recuperan historias y recuerdos, ¿por qué no aprovechar ese filón y publicar contenidos interesantes y diversos reportajes en la revista? Como hacen algunas revistas de otros países... Al final la idea gustó, y hablamos de mi posible colaboración, haciendo pruebas y mandando la correspondiente crónica, potenciando alguna sección de la revista. Yo lo decía sin grandes pretensiones, sin buscar nada, solo divertirme encima de esas motos y poder escribir sobre ellas, dos cosas que me encantan. Confirmé que podía probar diversas motos interesantes del siglo pasado. La primera sería la bella Suzuki TL 1000 S de un conocido, "Piwi", que gracias a la intermediación de Pedro tendría la generosidad de dejármela una mañana para probarla y hacer un primer artículo "oldie". Y así fue, en ese mismo mes de octubre. Tenía en mente muchas cosas sobre la preciosa TL pero ningún recuerdo o conocimiento previo podría igualar a probarla durante unas horas. Con la ayuda imprescindible de mi amigo Iñigo, gran fotógrafo y motero, tenia asegurado la otra parte del asunto: poder hacer fotos dinámicas, obligatorias para cualquier artículo. Y así fue, ¡buenas fotos me hizo el citado, aunque yo salga encima! Qué talento y paciencia tiene el colega, ¡gracias team-mate! Durante unos días estuve pensando qué curvas elegir, dentro de la Sierra Oeste, para esas fotos en marcha. Al final elegimos dos que se prestaban a una buena colocación por parte del fotero y cierta visibilidad para el jinete.


¿Qué decir de aquella moto, de aquel enorme bicilindrico que quiso comerse un trozo del pastel de Ducati? Pues que es una moto todavía impresionante, con mucha personalidad, con suficiente potencia y montañas de par motor, con un sonido brutal y un tacto casi italiano que obliga a conducirla de manera distinta a nuestros habituales cuatro en linea, claro. No fue la única bicilindrica en V de los japones, pero la TL tiene más punch que las VTR de Honda. Por cosas de la vida, tampoco se vendió mucho. Me sentí cómoda encima de ella (¡se nota que antes las sports eran casi cómodas!) aunque en zona de muchas curvas sus inercias y su carácter obligan a una conducción un poco física, con todo lo bueno y menos bueno que eso implica. De frenos íbamos cubiertos, la moto llevaba Brembo, y por fortuna, no llevaba detrás el invento de amortiguación que sacó Suzuki para este nuevo modelo, el Rotary Damper, una idea procedente de la Formula 1, donde por un lado iba el muelle y por otro el hidráulico. Esto permitía hacer menos larga entre ejes la moto pero, como se descubrió enseguida, la disposición de esa configuración, tan cerca del motor y de los colectores, provocó una falta de rendimiento alarmante por calentamiento. Muchos usuarios cambiaron el amortiguador rotativo por un Ohlins o similar anclado directamente al modo convencional. En el caso de la moto de "Piwi" así era y además estaba ajustado con una precarga más o menos acorde a mi peso y al ritmillo alegre, pero nada racing, que me marqué por la sierra (tenía que devolverla intacta, claro). El sonido... como decía, qué maravilla. Las colas Yoshimura de esta unidad también ayudaban a la sinfonía que se construía curva a curva, al compás de la oscilación del gas. De chasis (multitubular casi por completo) y suspensiones nada que objetar. De motor, imaginaos, dos grandes pucheros de medio libro cada uno. Sus 125 CVs ahora no son nada para una moto de mil pero para la época, y para el usuario medio, son más que suficientes. Otra de la novedades de esta moto fue que presentaba inyección electrónica. En su presentación, en 1996, no era tan habitual como podamos imaginar en estos días. La inyección no funcionaba nada mal pero en baja coceaba un poco, era lógico, no estaban tan bien ajustadas como ahora pero nada que objetar en cuanto abrías el gas un poco. 


Devolví la TL con un poco de pena, estábamos comenzando a ser amigos. Me encantaron muchos detalles de esta moto como su posición, racing pero nada radical para el piloto. Aquella mañana, antes de subir había comprobado la tensión de la cadena (recordaba bien los problemas reportados en aquellos años por muchos propietarios) aparte de recordar la fama de que era una moto que flexaba demasiado, glups...

Cerca de la hora de comer, tomamos una cerveza en el bar Daytona, en mi pueblo, me despedí de la Suzzi y arranqué el coche camino a casa. Ya en mi cabeza estaba danzando qué opciones de moto podría elegir para el próximo artículillo... y eso que todavía no había escrito la prueba de la TL. El que se aburre es porque quiere...

En octubre también sucedió otro hecho muy relevante, y doloroso, para mi. Vendimos, finalmente, mi querida Herm-OSSA. No tenia sentido seguir acumulando polvo sobre ella. Pero este asunto es tan personal que le dedicaré otro post...

Zamora, las clásicas... y los clásicos


Se estrenó el mes de septiembre y pusimos rumbo a Zamora, a la bonita fiesta de las clásicas que disfrutamos dos años con nuestra Ossa. Buenos recuerdos, buena organización y un trazado divertido. Balance positivo aunque durante la última visita en 2016 terminamos con sabor agridulce. En la penúltima tanda se cascó la primaria del motor y no terminamos bien la jornada. Desde entonces no habíamos vuelto al polígono de La Hiniesta. 

Días antes de la nueva visita, nos reunimos por fin con nuestro amigo Tyto en el bar Daytona de Fuenlabrada. ¡Hacia tiempo que no nos veíamos! y, además, había buenos motivos para el reencuentro, ya lo creo. Estrenaba moto y nos presentaba a su pareja, Mónika, una chavala simpática y motera. La moto nueva era increíble, una preciosa BMW 1200 de segunda mano pero muy cuidada, impoluta, sin un arañazo, muy mimada. Con ella desde luego podrían viajar lejos y de manera cómoda. Eso sí, su mítica Suzuki DR 650 seguiría en el garaje. A la cenita se apuntaron mis padres y el tema de Zamora surgió enseguida. Tyto y Mónika se apuntaron rápidamente a la escapada, ¡estupendo! También se vendría el "pequeñín", Alvarito, con su Triumph. Aunque no había dado tiempo de hacerle el reglaje de válvulas pendiente a mi querida FZR decidí sacarla y disfrutarla ese domingo.


La fecha no era muy buena, era justo el domingo de vuelta de vacaciones estivales, lo que significaría sin duda mucho tráfico y mucho control por parte de nuestros "amigos" de la DGT aquella tarde, sobre todo desde los helicópteros (mala combinación con mi padre por autovía). Para ir a Zamora tampoco podíamos circular por muchas comarcales precisamente (si queríamos llegar a una hora prudente y disfrutar de las tandas, claro), solo la mitad del camino pasaba por carreteras nacionales y un único puerto, el de Guadarrama.

Quedamos en la gasolinera Cepsa pasado Villalba, en la AP6, dónde tantas veces. A una hora temprana, allí nos reunimos todos los expedicionarios previstos (aunque algunos echamos de menos a Racing Rous). Mi padre con la Fazer y yo con la abuela de esa moto (mi FZR) llegamos los primeros. Repostamos y compartimos un donut. El tiempo era estupendo y había ganas de rodar. Teníamos ganas de ver a los amigos zamoranos, al Mudo, a los clásicos como Andrés "Champi" y a Joselito que andaba cerca, en su pueblo, Toro. Arrancamos con alegría para hacer el fabuloso puerto de Guadarrama (aunque está ahora plagado de radares) y bajamos hacia San Rafael para encarar la vieja carretera de Avila y tirar como si fuéramos a La Bañeza o a Juarros de Voltoya. La idea era parar poco después en el mesón de Ataquines, como tantas ocasiones, para desayunar "decentemente". Hasta allí fui muy contento con el rendimiento de mi oldie aunque, como era predecible, se notaba su falta de aceleración que no de velocidad crucero. No tardamos mucho en llegar a nuestro mesón "fetiche" y dar buena cuenta de sus delicias. Mi padre pidió su ajo para estrujarlo en el pan con tomate, el desayuno de los campeones. Nadie paso hambre, doy fe, ja,ja...


Llegamos a meta en "dos acelerones" y aparcamos en la parte alta del circuito, ya dentro del polígono. Gracias a las maletas de las dos motos turísticas de nuestros amigos hasta pudimos dejar los cascos guardados, de lujo. Bajamos andando la cuesta por la que me tiré con la Ossa tres años antes para arrancarla (cuando se quedó el acelerador pillado y casi me estrello). Pronto vimos las carpas. Daba la sensación que había menos pilotos y menos público que otros años, así era. También nos contaron, a lo largo del día que había habido fricciones graves dentro de la AMZ, el organizador del evento, una lástima. Enseguida vimos a "Champi" que nos enseñó su preciosa Gilera KZ 125. También localizamos al Mudo que siempre va a este evento en tren, cosas suyas. Nos desplazamos hasta la curva de entrada a meta para disfrutar un buen rato de las motos en marcha, ¡qué delicia! Había menos motos que otros años pero entre ellas sí contábamos con auténticas joyas, no esperábamos menos, la verdad. Os pongo algunas fotos:


Inevitable pasar un poco de envidia observando a todos aquellos pilotos rodando por esas calles con sus queridas doncellas. Yo todavía no había vendido mi Ossa pero no teníamos logística disponible esta vez, ni apenas sitio donde guardarla durante los últimos meses, ni nos habíamos propuesto este año participar... Luego fuimos, inevitable también, al bar del "paddock" a "lubricarnos" un rato, aunque no hacia demasiado calor.
 

Luego más encuentros agradables y más charlas. Primero con Joselito que por fin llegó desde Toro, luego con Celes de la AMZ, quién nos contó por encima el ambiente caldeado que habían pasado meses atrás dentro de la asociación... me quedé atónito. ¿Realmente no hay moto club o similar en el mundo del motor que no termine a tortas entre sus miembros?


Para comer hicimos caso al Mudo y nos acercamos a un hotel restaurante "racing" que él conocía, por el centro de Zamora. Su nombre era familiar, ¡"Jarama"! Pudimos elegir entre tropecientosmil platos diferentes, de traca, aparte de disfrutar de su decoración dedicada a nuestro querido circuito. Se nota que Angel Nieto nació allí (¡en esa ciudad, no en ese restaurante, quiero decir!). Otra comida divertida entre amigos antes de ponernos el casco y salir hacia Madrid.

La vuelta seria menos ligera que la ida. Repostamos antes de llegar a la A6, en algún lugar cercano a Toro. El sol todavía brillaba. En cuanto llegamos a la pista comenzamos a ver muchos coches, tráfico denso pero fluido todavía. Cuanto más nos acercábamos a la zona Tordesillas, más y más vehículos se juntaban en la pista, volviendo de sus vacaciones.. En los cielos se adivinaba la presencia de "Big Brother" pero todavía yo no había visto nada que volara con humanos dentro (buscar posibles drones no entraba dentro de mis posibilidades visuales). Regresábamos a un ritmo pausado de 120/130 o incluso menos. Imaginaba cómo iría sufriendo mi padre a ese ritmo, y durante un buen rato, avivamos un poco más nuestra marcha llegando solos hasta, más o menos, Arévalo donde el tráfico ya era realmente intenso. En ese momento volví a mirar a los cielos y descubrí un lejano helicóptero que hacia una especie de giro amplio por nuestra derecha, hacia la carretera. Me pregunté si nos habría observado minutos antes, desde atrás; habríamos sido presa fácil. (Pasaron los meses y no llego ninguna multa, bueno, a mi padre sí, pero del tramo Zamora-Toro, por pasar alegre bajo algún radar que no vimos).

El tiempo empezó a nublarse. Por fortuna, pronto saldríamos de la pista para volver a coger la carretera vieja de Avila. Asi fue. Paramos en Villacastín, el bar de la carretera. Me quedé un rato de pie esperando ver a las dos motos que faltaban. En unos minutos llegaron y tomamos unas bebidas en aquella terraza mientras el cielo se ponía realmente feo y gris. Como ultimamente me pasa, apenas llevaba ropa de abrigo conmigo, ¡error!, así que pensé que tenia alguna papeleta para llegar a casa costipado. Sobre todo cuando, después de repetir consumiciones, comenzó a chispear.

Arrancamos por fin y empezó a llover con ganas. Seria mi primer tramo "flag to flag" con la FZR, que seguía, por cierto, comportándose de maravilla. Desde luego, aunque alguno me mire (o me lea) "raro" es toda una moto para viajar (el portaequipaje lo tenía guardado). Su gran cúpula y su carenado protegen más de lo que imaginas en teoría sabiendo que se trata de una moto deportiva. El matiz es que es una R antigua, por lo que el estándar de ergonomía que presenta la moto es, ahora, en estos días, casi de moto turística convirtiéndola en una divertida moto de sport-turing (al menos, para mi estandar) con un chasis que era de carreras (campeona de España a la primera, en 1994, con el gran Gregorio Lavilla). Tanto el sillin, la posición del manillar por encima de las tijas y la localización de las estriberas te lo ponen fácil para consumir más y más millas sin cansancio. En efecto, iba  super cómodo, más que en la Fireblade, parecía que no nos habíamos tragado ya unos cuantos kms aquel domingo. Para algún futuro viaje sí le montaríamos de nuevo el porta que desmontamos para entrar al Jarama en junio.

Luego escampó un poco y el viento nos fue secando el cuero. Creo que fue el típico tramo dónde corrimos más que las nubes negras de cielo (la vieja teoría de mi padre cuando llueve o graniza y tienes pista abierta por delante... y unos cuantos CVs bajo el culo, claro). Abordamos con ganas el Alto del León pero, como era de esperar, también presentaba tráfico. Llegamos a casa una hora larga más tarde, sin más novedad. Un viaje corto y fácil pero muy ameno y agradable, salvo los minutos de atasco. Fue una bonita manera de comenzar el mes de septiembre. Pronto llevaría al taller a mi "abuelita" de 600, tenía más ganas de hacerlo y recuperar su aceleración que ella misma. Y así fue. Pero esa es otra historia...

Un placer volver a ver a tantos amigos en Zamora ¡y compartir ruta y mesa con Tyto & Mónika! (Con Alvarito también, claro, pero al "pequeñín" le tengo más visto, ja,ja). Me despido con una foto de esa mañana, casi a primera hora, en la parada obligada en Ataquines. En primer plano la flamante BMW celeste de Tyto...



De nuevo por Asturias (parte 3 y última)


No madrugamos mucho aquel martes de agosto. Con esa siempre agradable sensación de libertad, de no tener prisas ni obligaciones en el horizonte, de poder desayunar sin mirar el reloj, de saber que a lo largo del día un montón de buenas sensaciones, paisajes y curvas te esperan tranquilamente... Pues así fue, después de un desayuno interesante y de hacer un poco el "vago" en el hall del hotel, antes de pagar, volvimos a vestirnos de "romanos" repasando la ruta del día, trayecto que nos tenia que llevar de vuelta a Madrid aquella noche. Aparte de la tarde del domingo, al final solo dos días por Asturias, pero bien aprovechados en mi opinión.


Lo primero de todo era visitar el centro de Llanes, como tantas veces, y luego volver a ver las impresionantes vistas de los acantilados de Andrín. Cafetito en la calle Muelle, cerca del puertecito del pueblo, visita a las dos tiendas de siempre, la de los regalitos y la de al lado, la tienda rockera de camisetas. Dijimos adiós al querido pueblo a media mañana dirección a los acantilados. ¡Qué espectáculo es siempre contemplar el mar desde alli!


Estuvimos cerca de media hora mirando y haciendo fotos. Turístas en coche, pero solo dos motos alli paradas, las nuestras (me extrañó un poco). No había vuelto desde aquel otro impresionante viaje con Tyto y Carmelo. ¡Cómo pasan los años! No, error, eso fue en el 2014 pero dos años más tarde, en agosto también me dio la venada y me subi a comer un dia a Llanes (estaba solo en casa, "de Rodríguez"), volviendo a casa por la noche. Da igual. Al menos, que hubiera más gente por allí nos permitio salir juntos en la misma foto:


Arrancamos tranquilamente, disfrutando del paisaje, ¡cómo me presta siempre pasar por esas carreteritas y prados!, nunca puedo evitar pensar lo agradable que sería tener una casita por esa zona. Me pasaria medio año viviendo allí, sobre todo en verano. Al menos podemos viajar, que no es poco... Tomamos rumbo a Colombres, ese pueblo tan motero (lo digo por su clásica subida en cuesta desde Bustio), por la carretera antigua, la N-634, nada de autopista, así podíamos pasar por La Franca y todas esas localidades que tan buenos recuerdos nos traen...  Antes de proseguir paramos a repostar en la gasolinera El Peral. Esta vez no daba tiempo a comer (era pronto para eso) algo de marisco en el famoso restaurante con olor a Castrol de La Parra, posiblemente mi establecimiento favorito de todo el norte.


Seguimos acercándonos a Cantabria, llegando primero a San Vicente de la Barquera sin más novedad. No paramos alli, nuestra siguiente "meta volante" era Cabezón de la Sal. Antes, pasariamos por las estupendas curvas que presenta el paisaje saliendo de San Vicente hacia Treceño (otro reducto bucólico que conocemos de algunas vacaciones familiares). El tramo fue estupendo, lleno de alegría y con poco tráfico. Al llegar a Cabezón una breve pausa para asegurar rumbo. Con más tiempo hubieramos parado varias horas o incluso dormido alli para poder ver sin prisas a dos amigos, Nazaret y el caballero de las clásicas, José Antonio Casanueva, pero una vez más no teniamos esa posibilidad, debiamos llegar a casa esa misma noche. A ve si tenemos más suerte la próxima vez...

Desde alli la idea era conquistar el estupendo puerto de Palombera, un puerto de primera categoria (en varios sentidos) cuya carretera CA-280 corona a 1260 metros, ¡toda una delicia! Eso sí, recordaba por experiencia y por referencias lo fácil que es ver animales por aquellas laderas, de todos los tipos y tamaños... Comenzamos la ascensión rodeados de una frondosidad y una luminosidad penetrante. Aunque nos cortó un poco el ritmo, no pude evitar parar una vez para lanzar dos instantaneas decentes. Aqui una de ellas:


Seguimos subiendo con alegría pero de repente descubri un "mirador" que ni recordaba. Por lo visto en el, se llama "Balcón de la Cardosa". Paramos a echar un vistazo bajo esos estupendos cielos azules que nos cubrian desde primera hora. La extensión del paisaje que se puede vislumbrar desde alli es inmensa, realmente dificil de cuantificar. Y alli mismo, en el mirador, descubrimos ¡otro "bamby" de escultura! Parecido al del puerto de San Glorio. Aquel con el que siempre nos hacemos fotos, la mayoria muy divertidas....


Julito y yo mismo no pudimos resistirnos y caimos en la tonteria de volver a hacer alguna foto "sexual" con la pobre criatura petrificada... Por fortuna apenas había gente por alli... El caso es que un rato después reanudamos la marcha, agradeciendo la parada. En menos de dos minutos vimos caballos y, justo después, un nutrido grupo de vacas que se acercaban de derecha a izquierda, o sea, hacia la carretera. Julito, que iba delante, siguió su camino sin problemas pero yo me encontré tres ejemplares marrones que decidieron parar sobre el asfalto, la mayoria mirándome. Después de tantos años sin incidentes con mis buenas amigas las vacas no quería cambiar, para nada, aquella relación de amistad y mutuo respeto. Me detuve prudentemente sin parar el motor. Algunas se movian, otras seguian cruzando pero estas amigas desconocidas no tenian demasiadas ganas de moverse, por lo visto. Paso un minuto algo tenso y por fin una de ellas se giró lo suficiente para que me atreviera a meter primera y, a puntita de gas, intentando no alarmarlas, pasar a escasos cuatro o cinco metros de ellas sonriendo dentro del casco, por si aquella actitud pudiera ayudar... Pasé sin problemas aunque una de ellas seguia apuntando al frontal de la Honda. Respiré más tranquilo y meti segunda, viendo a lo lejos al compadre, recordando aquello que me dijo un amigo norteño en cierta ocasión: "no paseis nunca por la noche con las motos por este puerto, el ganado a veces se tumba en el asfalto para calentarse y te lo puedes encontrar"... 


El resto del camino, hacia Reinosa, no tuvo mayor interés. Allí comida interesante al segundo intento, de cuchara el primer plato, que apetecía y tenemos que cuidarnos... Las motos magníficas, ni una queja. Temperatura ideal para ellas y para los riders. Luego pequeña siesta (sobre todo del compadre) en un pequeño terrenito verde mientras seguian descansando las niñas... Y precisamente el agradable verde de los paisajes se iba diluyendo, poco a poco, mientras nos acercábamos a Aguilar de Campo, tramo que paso en un suspiro. Y lo mismo luego, en el viejo tramo conocido que conduce a Burgos desde el pueblo "de las galletas". En menos de lo que imaginas ya ves carteles informando de la distancia a Burgos. Esta vez no paramos en Sotopalacios a por morcillas. Desde Burgos el cambio de paisaje es tan acusado que ya en tu cabeza piensas "estoy casi en casa, joder"... Sin mayor novedad llegamos antes del anochecer a meta pensando la suerte que habiamos tenido desde el sábado: cuatro días entre amigos, carreras, curvas, paisajes y buena gastronomía. ¡Hasta pronto, fondo Norte!


De nuevo por Asturias (parte 2)


Después de la agradable sobremesa descansando en el cesped del parquecillo de Belmonte arrancamos, por fin, rumbo al desconocido, para nosotros, pueblo de Tineo, y hacia un tramo que tampoco conociamos. La idea era seguir haciendo millas y saludar al amigo Valentín, que además este año no había podido bajar a La Bañeza. De repente, giramos a la izquierda en la carretera saliendo de Belmonte y comenzamos una ascensión muy solitaria e intrigante... creo recordar que no vimos ni un solo coche mientras subiamos. Los minutos pasaron sin prisa y sin pausa bajo un cielo calmado y una felicidad rutera considerable. Llegamos a una cima amplia, solitaria y serena, parecía estar en medio de la nada. Paramos, logicamente, para admirar el paisaje, el bendito silencio y, de remate, los caballos que encontramos en un prado. La maravilla del momento fue alucinante, esos momentos de conexión con la naturaleza. Pudimos hacer alguna foto interesante...


Estuvimos un buen rato alli, disfrutando y soltando líquidos. Creo recordar que serian las seis de la tarde o poco menos. Habiamos subido por la carretera AS-310, de notable pendiente. Ese puerto, por lo visto, era el de Las Estacas (no confundir con el puerto de Cantabria/Merindades de nombre parecido). Por lo que me ha contado mi amigo Carlos66, piloto de clásicas, por la zona había y hay minas de oro romanas que siguen explotándose actualmente.

Algo más tarde reanudamos la marcha manteniendo un ritmo muy tranquilo ya que la mitad del tiempo lo pasamos observando el paisaje que nos rodeaba. Estabamos a cierta considerable altura y comenzabamos el descenso, un largo descenso, que debía llevarnos a Tineo... en teoría, porque no lo teniamos muy claro. El número de carteles por las carreteras en Asturias es mejorable (pero ayuda a fomentar el "sentimiento de aventura", ja, ja). De repente descubrí un embalse a lo lejos. Paré para llenarme de sensaciones, intentar orientarme y capturar alguna imagen:


No había nadie, ni coches, ni aldeanos, ni turistas, ni animales. Durante algunos minutos pareciamos los únicos habitantes del "planeta Asturias", una maravilla. Reanudamos la marcha y terminamos en una aldea que resultó ser Tuña. El embalse se llamaba La Barca, también conocido como Calabazos. No recordaba haber pasado por aqui en mi vida.

En Tuña paramos pero estaba todo cerrado, ¡ni un bar abierto! Bueno, suponiendo que hubiera más de uno. Solo descubri un establecimiento que no adiviné si era el club social, un hostal o sencillamente un bar grande. Resulta que esta aldea es famosa. Alli nacieron el general Riego (el del himno) y el escritor Antón García. Luego vimos las numerosas casonas palaciegas que alberga en su interior. Una joya antigua enclavado en un escondite bucólico digno de visitar, ¡volveremos! Eso sí, seguiamos sin ver gente (apenas algún "despistao") y el ambiente de "fiesta" era similar al de un cementerio entre semana.

Después de alguna vuelta absurda buscando un bar o una gasolinera reanudamos la ruta, esperando que, antes o después, saldriamos a una carretera principal y veriamos, tal vez, algún cartel que hablara de Tineo. Asi fue. Conquistamos una carretera con más vida y enseguida nos orientamos. Llegamos a nuestro destino de etapa en pocos minutos y tomamos un simpático café con el gran Valentín, que estaba allí pasando unos días de vacaciones. Enorme pueblo por lo que vimos, nada que ver con la aldea que habiamos peinado con las motos una media hora antes.


Para esa noche de lunes no teniamos nada reservado, tampoco teniamos claro hacia dónde tirariamos o en qué zona del Principado dormiriamos (la única idea era acercarnos a la costa, y hacia el Este, ya que queriamos volver a Madrid bajando desde Cabezón de la Sal y cierto puerto chulísimo). Asi que, sobre las siete y media aproximádamente, nos despedimos de nuestro amigo y aligeramos hacia Oviedo por la N-634. El tiempo estaba cambiando. Se levantó un viento feo y bajó la temperatura (eché de menos llevar más ropa, Julito me dejó una sudadera de sobra, ¡gracias compadre!). Pasamos por sitios curiosos y aunque habia pocos kilómetros entre Tineo y Oviedo (unos 60 y pocos) no tardamos precisamente poco. Fue una pena no contar con un par de horas extras más ese día y haber podido tomar algo con el amigo Dani de Farturacing pero, al final, fue imposible, de verdad que lo sentí. Paramos a tomar un pincho en una gasolinera cerca del pueblo de Villaviciosa y, por mi, hubieramos entrado al mismo para buscar alojamiento y haber cerrado la jornada motera junto a su ría. Me gusta esa localidad pues me acuerdo siempre de unas vacaciones de verano que pasamos por alli... fue cuando visitamos (con guía) la bodega de El Gaitero, algo importante para un loco de la sidra como yo, ¡volveré! 

Al final no entramos en Villaviciosa. Julito tenia ganas de llegar más al Este para, al día siguiente, disfrutar de otras zonas sin tantas prisas (de vuelta a casa, al final solo estariamos tres días de "gira"). Serian las ocho y media pasadas cuando arrancamos dirección Ribadesella donde buscamos alojamiento un rato, sin éxito, preguntando, entre los dos, en media docena de sitios. Creo que no hay pueblo más turistico en Asturias, solo había que ver el tráfico que circulaba por todas partes, fue un intento estéril y un poco absurdo. Perdimos cerca de una hora. Recordé el rally "Desafío en Moto" que habiamos disfrutado con salida alli mismo años atrás, organizado por la buena gente de Lukas Team.

Reanudamos la marcha mientras la luz del sol se iba apagando lentamente detrás del horizonte. Parábamos en diferentes lugares para preguntar si tenian alguna habitación libre, sin éxito. Salimos y entramos de la autopista A-8 varias veces, ya de noche. Recuerdo la pausa más larga. Preguntamos en una especie de hostal con aspecto acojedor. También estaba completo pero nos mandaron a unos pisos que habia como a 400 metros, en una de las calles de aquel pequeño pueblo que ni recuerdo cómo se llamaba. Al lado de un bullicioso bar, llamé al timbre de un portal pero tampoco tuvimos suerte. Alguien desde un pequeño balcón se asomó, me puso cara de pena y me aviso que no habia donde dormir en muchos kilómetros a la redonda. Me volvi a poner el casco, algo cansado de aquella búsqueda y salimos zumbando mientras comenzaba a chispear. Veía que dormiríamos bajo el techo de alguna gasolinera, como alguna vez en el pasado.

Volvimos a entrar en la autopista, dirección Llanes, mientras la lluvia empezaba a apretar. De noche y lloviendo, teníamos motivos suficientes para girar más la muñeca derecha, además apenas había tráfico y los motores carburaban de maravilla. Por mi parte, mal una cosa: no, no llevaba mono de agua tampoco esta vez, pero era otro motivo para llegar pronto a algún sitio.

Serian las diez y media pasadas cuando vimos el cartel de Llanes. Nos metimos sin dudarlo. Si hay un pueblo "emblemático" para mi en todo el Principado es este, por sus famosos cubos, por su muralla, por sus agradables bares, calas y playas. Así que entramos a saco por sus primeras glorietas y, como recordaréis muchos, al poco de entrar se ve claramente un hotel con buena pinta y enorme aparcamiento escoltado por hermosas palmeras. De ahí su nombre. Jamás en mi vida había parado en ese hotel, la verdad. Decidimos probar suerte. Me quité el casco, mientras aflojaba la lluvia un poco. Entré con menos esperanzas que los rivales de Márquez en la parrilla y descubrí un empleado joven que me atendió con educación y cierto interés. 

No supliqué pero dejé claro que nos apañariamos con cualquier cosa. Incluso con una sola cama (¡apurado te veas!). Enseguida le vino una idea a la cabeza. Casi disculpándose, me informó que tenian algunas habitaciones cerradas temporalmente porque no llegaban a la "calidad" habitual del hotel. Me pareció que habia una esperanza real. Creo que no entendia nuestra situación pero le segui tranquilo por el pasillo de esa misma planta baja, deseando ver aquella "habitación mediocre". Entramos y vi una habitación decente, bien decorada, con una cama enorme y una tele plana, más el baño y todo lo demás, eso sí, sin ventanas... me preguntó qué me parecía y acepté, claro, aunque el precio de la noche seria doloroso, ¡90 pavos!, claro, el hotel era de cuatro estrellas, tendríamos que pasar por el aro. Eran las once más o menos cuando descargamos las motos. Al rato nos cambiamos de ropa y hasta pudimos cenar de lujo en la terraza del comedor, mientras volvia a llover con ganas. Sí, ya era martes, pero estábamos disfrutando de otra botella de sidra y unos bocadillos ricos, ricos. No había dónde meter las motos bajo techo pero tuvimos que aguantarnos.


Continuará...

De nuevo por Asturias (parte 1)


Nos habiamos quedado en el domingo de La Bañeza. A primera hora de la tarde, Julito y yo, después de las despedidas, tomamos rumbo hacia Astorga con la intención de llegar, después, hasta el escondido pueblo de Pola de Somiedo donde pasariamos la noche. Por la zona de Astorga, comentaba en el anterior post, bajo una ligera lluvia, sobre las seis, por fin paramos a comer. Cayó un cachopo y lo que nos pusieron por delante, luego las cremalleras de las chaquetas se quejaron un poco. Reanudamos la marcha y nos acercamos a Bembibre donde teniamos que desviarnos hacia las montañas rumbo a nuestra meta de aquel domingo racing.

Empezamos a abordar carreteras secundarias entretenidas y zonas fantásticas de curvas y paisajes cruzando poblaciones como Páramo de Sil. Se notaba que estábamos llegando al "paraiso natural". Todavía quedaba alguna hora de luz y paramos a tomar un café muy cerca del puerto de Somiedo y nuestro destino. Hablamos del bello tramo que habiamos consumido minutos antes. ¡Daban ganas de dar la vuelta! También hablamos de echar gasolina pero, visto que estábamos a unos 30 o 40 kms de nuestro objetivo, descartamos la idea... Arrancamos y saliendo de aquel pueblo (puede que fuera Rioscuro, se me olvidó enseguida su nombre) nos equivocamos de carretera durante algunos minutos, tomando rumbo a León. Nos dimos cuenta pronto y dimos la vuelta. Enseguida vimos por dónde habia que conquistar el famoso y ansiado (al menos por mi) puerto de Somiedo. Llevaba como diez años sin pasar por el y solo tenia buenos recuerdos. El testigo de mi reserva todavia no se habia encendido pero algo en mi cerebro me empezó a avisar que seria muy prudente y sano no volver a equivocarnos de camino. Y pasó que, mientras el sol comenzaba su lenta despedida, encaramos aquella carretera y aquel puerto donde no habia un solo cartel que indicara si ibamos en la dirección correcta. Tampoco habia casas ni más pueblos a la vista y aunque el trazado era estupendo no llegué a saborearlo del todo. Enseguida se encendió la temida luz avisando que me quedaba poco "fuel" en el tanque. Seguimos la ascensión completamente solos. En mi interior iba pensando que, en el peor de los casos, si nos quedábamos sin gasolina, desde la cima el resto del camino seria cuesta abajo y que, sí o sí, habría antes o después alguna población. Qué error no haber repostado antes y haber disrutado completamente del ansiado puerto... Llegamos a la cumbre admirando el impresionante paisaje que se desplegaba desde alli. No había coches, ni gente, ni casas a la vista, ¡parecía casi otro planeta! Lástima que tampoco hicieramos fotos en aquel momento. La temperatura empezó a descender al mismo ritmo que la visibilidad mientras comenzamos a bajar el puerto con más ánimo. Una señal me llamó la atención enseguida, era la de peligro de animales, pero el animal pintado no era un ciervo o un caballo, era un oso, ¡un oso pardo, imaginé! ojala quedaran muchos por aquellas tierras... pero ojala no tuvieramos que cruzarnos con ninguno (risas por favor).


El descenso fue largo y divertido mientras percibia que me quedaba solo un litro de gasolina en las tripas del depósito. Julito andaria igual o peor... pero como era cuesta abajo... Por fin, casi de noche descubrimos un cartel con el nombre de un pueblo, ¡insólito, un cartel informativo por fin!, sí, era Pola de Somiedo. Misión cumplida. Si alli no habia ningun surtidor de gasolina, al día siguiente ya nos encargariamos de buscar o comprar gasolina a cualquier particular, como alguna vez ha pasado. Enseguida descubrimos nuestro hostal y nos indicaron donde aparcar las motos bajo techo. Luego ducha y cena espectacular bien regada de sidra y de mil delicias más. La acumulación de calorias de aquel domingo fue tremenda... estábamos en Asturias, sí, sin comentarios...

Al día siguiente descubrimos un surtidor de gasolina y, enseguida, la bonita zona que sube al alto de La Farrapona, cumbre ahora algo famosa porque pasa por allí la Vuelta Ciclista a España. Mientras ascendiamos, paramos varias veces para admirar las impresionantes montañas que nos escoltaban.


Ya en la cumbre comprobamos que, allí mismo, está uno de los límites entre el principado y la provincia de León. Un parking asfaltado con algunas caravanas nos dió la bienvenida. Lo bueno de la "excursión" fue que hasta esa misma mañana no sabiamos que existian unos lagos impresionantes alli mismo. Lagos menos famosos que los de Covandonga, claro, pero por lo visto, los más altos de todo Asturias. Son los lagos de Saliencia. Otro reclamo espectacular del Parque Natural de Somiedo.

Aparcamos las motos, dejamos los cascos y nos pusimos a caminar hacia el primer lago de la ruta. El camino era cuesta abajo y tardamos unos veinte minutos en llegar al hermoso "charco". La temperatura era ideal, ni frio ni calor, y solo habia unos pocos turistas más por la zona. La paz era increíble...  Os dejo una foto que todavía me fascina...

Sin prisa y sin pausa volvimos luego hasta las motos y bajamos la sinuosa carretera mientras buscabamos un bar para tomar un café. Todavia no era hora de comer, habiamos madrugado lo justo para aprovechar la mañana. En pocos minutos paramos en una aldea y después del café aprovechamos para engrasar las cadenas de nuestras fieles compañeras.

Arrancamos y nos propusimos tomar rumbo hacia Belmonte, dirección Norte. Recordaba aquel pueblo y su río Pigüeña, el río que nos iba escoltando junto a la carretera por la que avanzábamos. Por la hora que ya era, decidimos buscar donde comer. Julito se tomó una buena ración doble de fabes. Yo esta vez elegí algo más ligero de primer plato. Si seguiamos muchos días por estas latitudes creo que alguno iba a reventar de placer...


Luego, en el parquecito que hay junto al río, alguno se durmió la siesta mientras otro hacia fotos y veía los patos que circulaban por alli como "Pedro por su casa". ¡Como nos gustan estas cosas a los que vivimos atrapados en una gran ciudad! Escuchar el rumor de una corriente de agua, ver casas de piedra, el nulo estres de sus habitantes, degustar la gastronomia explosiva de esas tierras y la calma que parece inundar cada rincón y que nosotros, pecadores, destruimos cada vez que arrancamos las motos. La idea era visitar esa tarde Tineo y saludar al amigo Valentín
Continuará...

¡Otra vez en La Bañeza!


¡Ya tocaba volver a nuestra carrera favorita! En el 2018 no acudimos porque teniamos una buen motivo, ¡viajamos a Man! En este último verano esa posibilidad no existía y regresamos encantados a nuestra querida carrera urbana, una de las más viejas que todavía se celebra en Spain, llena de público, pilotazos, amigos y ambiente. Nuestro amigo Manu volvia a correr en Moto3/125 con su RS 125 casi de serie, y con las ganas de siempre, después de pasar una larga convalecencía fruto de su caida en la edición anterior. Admirable su entereza y voluntad. En los entrenos del 2018 no tuvo nada de suerte, lesionándose el hombro y el brazo pero ¡saliendo a carrera! Prueba que termino con lágrimas en los ojos después del esfuerzo realizado, ¡increíble! Este año todos deseabamos mejor suerte para el bravo piloto valenciano. 

Por nuestra parte, este año planeamos la escapada de otra manera más "ambiciosa". Como disponiamos de unos días de vacaciones y copiando la "estrategia" de algunos amigos que aprovechan el viaje a La Bañeza para luego pasar unos días en la costa, decidí que esta vez también lo hariamos nosotros. No serian muchos días pero merecería la pena, seguro. Y así lo planeamos. Para la primera parte del plan eramos Iñigo, Julito, mi padre y yo. Finalmente acordamos con Rosi y Luis pasar por su pueblo, Juarros de Voltoya, cenar juntos y al día siguiente, el domingo de la carrera, subir juntos para verla. Así sucedió. 

Esta vez dejé aparcada la brava FZR para reencontrarme con mi queria Infinita, bella bestia que desde que la limpiaron los inyectores y la bomba de gasolina no corre, vuela, ¡un auténtico placer redescubrirla tan brava! Asi que... después de cambiar su goma trasero días antes (y comerme una multa absurda cerca de casa al regresar del taller aquella mañana), partimos sin prisas, pero con ganas, hacia Juarros un sábado de agosto. El tiempo estaba algo raro pero nada preocupante. 


El camino hasta el pueblo segoviano es corto pero intentamos hacerlo siempre ameno. Puerto de Guadarrama (nada de pasar por el túnel), vieja carretera hacia Avila, comarcales... Justo al llegar al pueblo anterior a Juarros unas señoritas con petos de colores nos pararon. Se celebraba una especie de maratón "rupestre" y allí estuvimos parados más de cuarto de hora viendo como cruzaban los participantes. Algunos aprovecharon para fumar, claro (de nuestra expedición, no de los participantes). Antes de irnos uno de los "controles" nos inmortalizó en la foto de arriba. Los Cuatro Jinetes del.. Bueno, cuatro madrileños de diversas edades biológicas pero mismo espíritu, nada más.

Nuestro recibimiento en Juarros no podía ser mejor y lo pasamos pipa. La cena además fue espectacular, en casa de Rosi y su familia. Además estaban más conocidos, Antonio XSR900 y El Puli. ¡Qué bien se estaba en aquel patio cenando entre risas y buenas viandas! Luego comenzó a llover pero daba igual, saldríamos un rato, el pueblo precisamente estaba en fiestas.


Cruzamos algunas calles bajo una leve lluvia nocturna. Enseguida vi que todo Dios iba disfrazado, el ambiente era muy festivo. Nosotros no sé de qué íbamos vestidos, quizá de aguerridos motoristas algo despistados o de turistas motorizados. Había ganas de cachondeo pero decidí no pasarme (se nota que me hago viejo) ya que al día siguiente nos esperaba un domingo denso y glorioso. Otros no se cortaron y terminaron algo perjudicados (ja,ja). Como solo tomé una copa y luego un Sprite la camarera de la barra del local de la Peña dónde estábamos preguntó algo alucinada "¿¿Quién ha pedido un Sprite??" como si aquello no pudiera ser posible. Los del grupo se hicieron a un lado y me señalaron (literalmente) con el dedo, para mi vergüenza. Cabrones.

La noche no terminó excesivamente tarde y algunos hasta dormimos unas cuantas horas seguidas. El amanecer fue suave para algunos y durillo para otros. Pero enseguida sacamos las motos del garaje y pusimo rumbo a la gasolinera que hay frente a Arevalo, ya en la pista A6. Allí desayunamos debidamente y comenzamos el peregrinaje hacia La Bañeza. La mañana se puso fea mientras me acordaba de la poca ropa que llevaba yo en este viaje (vaya novedad). Luis Arminio se puso en cabeza con su BMW y todos seguimos en fila india, más o menos. Su ritmo moderado, 130/140, era suficiente aunque sabia que mi padre andaba algo inquieto a esas velocidades de caracol (para él, en autovía) pero había que almordarse al grupo, claro. Afortundamente, después de tres acelerones, ya estábamos llegando al pueblo leonés al tiempo que el cielo se abria y empezaba a brillar un sol intenso pero menos fuerte que otros agostos, cosa que agradecí.

Aparcamos en la zona alta del pueblo, cerca ya del circuito para poder llegar rápido a la zona de boxes. Enseguida el primer saludo, ¡por alli paseaba el amigo gallego Roberto de la Fuente! Luego nos metimos en aquella jauría humana (la famosa calle Armonía, la de boxes) descubriendo el fantástico ambiente de siempre, lleno de motos, gente, pilotos y ruido. Al ratillo ya estábamos con nuestros amigos valencianos, disfrutando de su presencia. Alli estaba Luis, Paqui, Segarra, Ricardo y la familia Varea, entre otros. Qué alegría verles a todos, ¡qué buena gente! Y alli estaba la RS 125 de Manu, con no demasiados patrocinadores en su carenado (aunque sí con el apoyo de la Peña "Old School"). Y por fin se conocieron en pesona mi padre y Manu, ¡ya era hora! Enseguida vimos al Mudo y a Luis Dios, entre muchos otros conocidos y amigos. En esta cita es fácil ver amigos de todos los rincones del país.


Problemas en el Warm-Up con la moto de Manu, ¡no pudo dar ni una vuelta! Edu Segarra y los demás desmontaron media Honda. Al final, puesto 18 en parrilla, y séptimo de su categoria, nada mal para no haber podido rodar antes de la carrera. En los cronos el motor se vino abajo, ¡tocaba trabajar ese rato antes de carrera! 

Antes de que salieran, busqué a Edu el navarro y demás amigos de las clásicos pero, esta vez, apenas tuve suerte, ¡no encontré a casi nadie! Tampoco iba sobrado de tiempo pues me tocó hacer de guía para los amigos de Juarros que nunca habian estado en esta prueba. A quién sí vimos fue al mítico Min Grau que no solo saldría en una vuelta de honor sino que participaria en la competitiva carrera de 2T, ¡ya sabéis la carrera con mayor número de inscritos y la que mejor olor deja al personal! Recorrimos buena parte del trazado y, carrera tras carrera, llegamos hasta la curva del mítico Sacacorchos leonés. Fue un placer ver a los demás amigos pilotos trazar las curvas del pueblo. Vi a Edu con la Sanglas, ¡qué novedad!, a Cuco y todos los demás. Me alegré mucho por ellos. Fueron bonitas carreras. Increíble lo que paso en 4T Super Series. Cuando Hermida tenia ganada la carrera, a pocos metros de meta, se le rompió la cadena de su Ducati. Aunque no dudó en empujar la moto con todas sus fuerzas perdió en los últimos metros la carrera frente a Hugo, ufff, sí, ¡así son las carreras!

Vista la hora, me fui a por unos bocatas mientras unos espectadores nos facilitaban un par de sillas, sobre todo para mi padre. De agradecer, ese es el buen rollo que se suele respirar allí. El sol seguía luciendo pero sin la temperatura bestial de casi todos los veranos, ¡se podía respirar! Empezamos el regreso a boxes...

Para la carrera final, la de Moto3/125, estábamos con el Team Varea, como siempre, y pasamos a parrilla, para dar los últimos ánimos y hacer las últimas fotos estáticas. El ambiente era increíble. Como casi siempre cuento, desde hace ya algunas ediciones, es muy dificil que las 125 sean competitivas frente a las modernas motos de 4t. Encima, como hemos contado, la Honda de Manu adolecía falta de potencia y su piloto no quería romper motor, había que terminar como fuera.


La salida fue increíble y, por lo que luego nos contó el propio Manu, las emociones comenzaron pronto pues ya en la primera curva el piloto que llevaba delante se tocó con una bala de paja y se la tiro a Manu involuntariamente, quedando debajo de su moto y pasándola por encima, de milagro, y con sangre fría. 

Sobra decir que en esta categoría ruedan realmente deprisa, de manera casi demencial, sin margen para el error. Algunos que asisten por primera vez a esta fiesta del motor tardan en asimilar el trapo al que ruedan estos valientes pilotos, ¡si no habéis visto nunca estas carreras... estáis tardando! La carrera la ganó el rápido piloto de Cartagena, Manuel Hernández, hijo de otro ilustre piloto de antaño, como muchos sabréis, sí, el piloto de "Licor 43".

Para Varea y su entorno, después de su grave lesión del año anterior, fue ya un logro terminar  (¡después de estar todo el año sin tocar la moto!, desde febrero en La Alcudia, para ser exactos, cuando el hermoso homenaje a su padre) y, como él contó, para el 2020 habrá que poner la moto en su sitio, ganar algo de potencia y coger ritmo.


En la vuelta de honor se vivió el clásico desenfreno emocional, agradecimientos y aplausos. Manu paró en la curva del parque. Como él lo cuenta:

"A la salida de esta curva de la zona del parque, el año pasado tuve la caída en la cual me llevo a estar 9 meses de baja!!!! Así que quise dedicarles mi carrera de esta manera al cuidado de los comisarios, en especial a Josechu Cebada Ramos, por el susto que les di dicho año, y lo encima que han estado de mi desde el palo que me di!!!! Gracias!!!!"


Y así termino, un año más, aquella vibrante edición de las carreras de La Bañeza, ¡ya la número sesenta! No pude evitarlo, claro, no pude evitar pensar modestamente "ojala algún día podamos volver a participar desde dentro, ¡ojala!", no hay carrera que mas me enganche en estos tiempos. Y así finalizó, como digo, aquella festiva fiesta del motor pero no terminó para nosotros aquella jornada llena de gasolina y emociones. ¡Enseguida nos tuvimos que ir! .. Habian terminado las carreras,  algunos volvían a casa (Iñigo, mi padre y los demás, desgraciadamente, no podían alargar su escapada), pero para Julito y para mi comenzaba una pequeña aventurilla rumbo al puerto de Somiedo, donde teníamos alojamiento para dormir aquella misma noche. La idea era pasar un par de días o tres por Asturias, a nuestra bola, sin ruta prefijada. 

No habíamos comido y eran alrededor de las cinco de la tarde cuando arrancamos las dos "alitas de pollo". Por la zona de Astorga, cuando llovía, sobre las seis, por fin pararíamos a comer cachopo y lo que nos pusieran por delante, después de triturar a un grupo de GSs maleducadas. Los ecos de mi estómago tronaban más que el Leo Vinci... Quedaban muchas curvas todavía aquella tarde por delante pero no lo sabiamos... Pero eso ya en el próximo post... Gracias Manu por tu ejemplo, por tu coraje y tu enorme humanidad. Siempre, siempre nos emocionas, campeón.


GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...