Transpirenaica 2018, ¡pasote! (parte 2)


¡Y amaneció un día precioso! Qué ganas tenia (teníamos, imagino) de conquistar algunos puertos míticos que, increíblemente, jamás había visitado. Después del generoso desayuno arrancamos nuestras fieles máquinas y nos dispusimos a encarar la nueva jornada memorable, aquel sábado 13 de octubre. Por las fotos ya podéis ver qué día hacia, ¡increíble! En perfecto orden de marcha iniciamos la ruta, llegando pronto a las postrimerías del primer puerto de la jornada, el conocido Aubisque. Un "rebaño" de vacas grises nos esperaba en un tramo de la carretera pero casi nos fue indiferente. ¡Menudo gustazo!, la carretera empezó a doblarse en curvas y desniveles de todo tipo. En esos minutos fue cuando la mayoría comenzamos a despertarnos. Yo notaba la desincronía de mis frenos delanteros (un disco doblado) pero tampoco había que dramatizar, ni íbamos rápidos ni teníamos que hacer apuradas a "lo Alzamora", así que tendría que tragar, igual que tragaba Antuan con la goma trasera ya bastante tocada. No íbamos rápidos pero tampoco de paseo dominical, destacando en especial el amigo Juanra y su fiel XS 400, ¡menudo trapo por el puerto!, cuantos riders con grandes trails o maxi trails morderían el polvo en aquel escenario. Tuve el privilegio de ir junto a él varios kilómetros y fue una delicia. No queríamos que acabará aquella magnífica ascensión, apenas salpicada por madrugadores ciclistas y escasos automóviles, pero llegamos a la cumbre donde paramos, lógicamente, para respirar, disfrutar de las vistas y luego hacer algunas fotos, como la que corona este post arriba.


De haberme encontrado en soledad quizá hubiera alargado aquella parada. Me extasiaban las vistas y el relativo silencio, todo ello aderezado con una climatología benigna que ni en mis mejores sueños imaginaba disfrutar en aquel escenario durante ese mes de otoño. Finalmente, reanudamos la marcha rumbo a otro puerto del que tenía fijación por conocer, sí, ¡el mítico Tourmalet, el que todo el mundo conoce menos moi!.. aunque antes teníamos que cruzar el hermoso Col du Soulor.


Maravillosas vistas del Pic de Ger...


Y seguimos ascendiendo, cruzando el umbral de los dos mil metros de altitud. Sí, por fin llegábamos al mítico puerto ciclista que tantas veces vemos en las retrasmisiones del Tour de France, el puerto de Tourmalet


A mi me pareció que esta cumbre se ubicaba en mitad de "la nada" o, mejor dicho, en mitad del mundo. Mirase dónde mirase no encontraba referencias, ni pueblos, ni casi nada. También esperaba que fuera más ancha la carretera o que hubiera más bares o comercios. Por fortuna, me equivoqué y apenas hay margen por allí para el pegajoso turismo que todo lo invade ya, ¡mejor! 

Arrancamos minutos después pero pronto paramos para vaciar vejigas mientras comenzaba el único problema mecánico que tuvimos en esta aventura. La magnífica K 1600 de Alejo "pisaba mal" de delante. Se especula que será un rodamiento de la rueda, ¡manda carallo!, algo tan pequeñito la guerra que puede dar. Por otra parte el avión de Akashi se está quedando sin neumático trasero, y a Andorra no llegaríamos con los talleres abiertos (además, se llamó por teléfono el día anterior y no hubo suerte para reservar rueda alguna para la japo). Visto el percal, paramos de nuevo al rato de iniciar el descenso, para despedirnos. Alejo se quedará a la espera de su grúa y, en breves kilómetros, Tortugas y madrileños separaremos caminos, unos dirección Andorra y Cataluña, nosotros recortando kilómetros para llegar en marcha con la Kawasaki a Madrid, un día antes de lo previsto, ¡cosas del directo, señores!



Ultimas fotos juntos (según pensábamos en aquel momento)...


Los cuatro madrileños arrancamos y nos despedimos de nuestros hermanos, reanudando el descenso... En mi caso tenia ganas de apretar un rato pero no podía apurar nada, y menos en bajada, y, muy a mi pesar, volví a un ritmo de paseo, echándome a un lado para no molestar. Disfruté lo que pude de la compañía, como siempre, del paisaje y de la sensación de libertad que siempre nos inunda cuando viajamos por zonas agrestes. Pensé, ¡vaya compis de ruta, vaya grupito variopinto somos! Me alegré esos días mucho de contar con Iñigo y Kurtis, con los que apenas he tenido el honor de hacer viajes largos aunque espero, y creo que así será, que repetiremos aventuras en el futuro.

Apenas veinte minutos después de reanudar la ruta, con Iñigo al mando, asesorado por su GPS, ese "artefacto maligno" nos indicaba desvíos de mala manera y propició, enseguida, que su dueño parase para verificar qué atajo tomar. Ante la duda de meternos por raros caminos de cabras decidimos reubicarnos al modo tradicional: mapa de papel, preguntas a autóctonas e intuición de viajero. Estábamos iniciando esas pesquisas cuando escuchamos, detrás nuestro, el inconfundible sonido de las germanas...


Al final reanudamos ruta con nuestros hermanos unas docenas de kilómetros más, con la intención de comer juntos luego, desviándonos los mesetarios un poco de la senda lógica que queríamos tomar para ahorrar kilómetros al neumático de la Kawasaki, básicamente bajar por Bielsa y Morillo de Tou. Conquistamos más puertos (de los previstos inicialmente, claro) y más fantásticas curvas, incluyendo el emblemático Col d'Aspin, donde paramos para la foto de rigor, claro:


Minutos más tarde, con hambre, paramos toda la comitiva (a excepción, claro, del pobre Alejo) en Bossost (Lérida), ya en la zona occidental del Valle de Arán, apenas cruzada la frontera.


Comida opípara con un clima fabuloso. Echamos caldo a las máquinas y allí sí fue la despedida definitiva de ambos grupos. Algunos nos quedamos con las ganas de volver a Andorra en moto, incluyendo cruzar su emblemático puerto de Envalira, el más alto de Pirineos, creo recordar, con 2408 metros de altitud, pero no podía ser, ¡en otra ocasión lo haríamos, sin duda!

Volvimos a coger ritmo, dirección sur, de vuelta a la meseta y a Madrid. Antonio, con serios problemas ya de goma trasero, paso medio viaje casi subido al depósito para descargar peso del tren trasero. Nos despistamos llegando al enlace con la A2 y al final Kurtis y yo reanudamos camino juntos, mientras Antonio iba a su paso sin tantas paradas e Iñigo había optado por otro desvío sin que nos diéramos cuenta. Nos reencontramos casi todos cuando cayó la noche, cerca de Calatayud, en una gasolinera. El tiempo seguía siendo magnífico. Hicimos la última foto del día y comentamos lo bien que lo habíamos pasado aquellos tres días incesantes. En parte se habían hecho cortos. Obviamente, la aventura había merecido la pena. Horas después, ya en casita, después de la ducha, nos informamos por móvil y todos confirmamos nuestro aterrizaje en casa sin incidentes. Por su parte, nuestros hermanos "polacos" seguían rumbo a su destino, escapándose por los pelos de la peligrosa gota fría que arrasó su tierra durante algunos días.


En resumen, ¡otro gran viaje con inmejorable compañía! Qué importante es saber con quién viajar, gran dicho. Nosotros, después de tantos años, con aciertos y errores, lo tenemos claro. ¡Hasta pronto, Tortugas, hasta pronto compis!


Transpirenaica 2018, ¡pasote! (parte 1)


Al final no conté en su momento la magnífica experiencia que vivimos en octubre pasado con algunos de nuestros mejores amigos. Llevábamos meses hablándolo con los Tortugas, ¡queríamos hacer una buena ruta por Pirineos juntos! Por fin pusimos fecha, sí, sería para otoño, y la idea era estupenda: cruzarlos de una punta a otra. De ahí el nombre de la "aventura": Transpirenaica, desde Hondarribia a Roses, a celebrar entre los días 11 y 14 de octubre. A mi me coincidía con la tradicional fecha del evento en Colombres pero tenia claro mis prioridades. Solo rezaba para que, en el último momento, ninguna causa de fuerza mayor acabara con nuestras ilusiones. Por fortuna, no sucedió nada malo y sobre las 13h00 del jueves 11 los tres madrileños que teniamos pensado subir juntos (Antuan, Kurtis y yo, es decir, una H2SX, una S1000R y mi Fireblade) saliamos raudos por la N-I (cerca del Jarama) sin imaginar el diluvio que nos esperaba durante esas primeras docenas de kilómetros aderezado con una niebla espesa que nadie se esperaba. Cruzar Somosierra fue casi una pequeña aventura pero sobrivimos intactos (aunque yo con mi visera y mis gafas empañadas). ¡Menos mal que, esta vez, me habia puesto el mono de agua previamente! Salimos de la autovía dirección Burgo de Osma donde, luego, paramos para comer a base de... sí, de torreznos autóctonos (famosos en el mundo entero) más huevos fritos con lomo, ¡todo muy light


Reanudamos el camino hasta Hondarribia con alegría y buen ritmo llegando al camping-albergue prontito. Todavía no habian llegado los "polacos" pero por fin se nos unió el otro madrileño del viaje, ¡Iñigo! que llevaba unos días de turismo por la zona con su bella Z1000SX.

Por parte de los "polacos" contábamos con una parrilla de lujo: Juanra con su legendaria ya XS400, Gregg con su habitual vaca-bike, un divertido Joserra con otra cow-bike (K1200LT), César con una más ligera R1200RT, Alejo con su espectacular K1600GTL, Eloi (el más joven de la tropa) con su preciosa VFR750F y Alex con su poderosa KTM 1090 Adv., ¡casi ná!


Estábamos junto al faro de Higuer y la cena fue memorable, ¡había ganas ya de compadreo! Hasta los camareros contribuyeron a tener una divertida velada cuando uno de ellos no nos entendía y en lugar de orujo decía que no, que ellos solo tenian "brujo, bruuujo" ¿? Visto el misterio le pedimos "esa bebida" a ver qué era.. y resultó que era el orujo de hierbas que pedíamos algunos, ¡cosas del lenguaje!


Compartimos habitación gigante todos los miembros de la expedición. Me puse los tapones para los oídos para evitar sustos nocturnos y amanecimos bastante sanos, tempranito, logrando unas fotos estupendas, justo antes de partir, bajo el monumental faro:


La idea era pasar por un buen puñado de puertos, emborracharnos de curvas y paisajes... e intentar que ninguno se perdiera (no por nada, pero eramos un grupito más o menos numeroso y ya sabéis, a veces uno se despista en un cruce o se queda un poco rezagado..). 


Después de repostar y desayunar en Irún comenzamos realmente la ruta de aquel viernes, primero a un paso tranquilo, luego algo más alegre (increíble como van nuestros amigos con sus inmensas teutonas por zona de curvas y comarcales, digno de admiración). Tuve que parar de manera imprevista cuando alguien, detrás, descubrió que había perdido el macuto que suelo atar con pulpos a mi "asiento" trasero. Mi famoso pulpo "de siempre" lo había perdido semanas atrás en algún alojamiento y el nuevo era algo largo para el volumen que llevaba, no iba bien tensado (error imperdonable por mi parte, menos mal que no se lo "comió" nadie en marcha).


Reanudamos la marcha sin más contratiempos y después de una breve parada en el bello puerto de Izpegi, nos detuvimos a eso de las 13h00 más o menos en el precioso pueblo de St. Jean Pied de Port dónde tomamos el almuerzo en compañía de dos amigos más, Edu y Hugo, colegas de las clásicas, a los que había avisado días atrás de nuestra llegada a su territorio. Edu llegó con su flamante RF roja y Hugo con su BMW K1 (rara avis). Los bocatas y las birras cayeron solas. Nuestros amigos navarros nos hicieron de liebre y guía durante los siguientes kilómetros. 


La siguiente parada larga ya fue por la tarde en mi querido Canfranc, donde "merendamos" como vikingos. Todavía nos quedaban un par de horas aproximadamente para llegar a nuestro alojamiento galo para pasar esa noche (no habíamos reservado nada hasta el momento de la "merienda"). Siempre me estusiasma hacer Somport sin apenas tráfico y buen clima... y así fue.. subimos con ganas pero bajamos con más ganas todavía (aunque yo llevaba un disco de freno doblado), sin coches, con ruedas y estómagos calentitos pero hubo algún pequeño susto mental, ¡en algunas de las preciosas curvas en bajada descubrimos gravilla!... paramos al finalizar el descenso y, por fortuna, nos agrupamos todos los expedicionarios sin problemas.


Dejamos la carretera habitual y nos metimos en una comarcal estrecha y muy virada, en medio de zonas frondosas enormes, con vacas o sin ellas, más bucólico imposible. Nos internábamos dirección Col du Marie Blanque y el pueblo de Laruns donde encontramos un hostal pequeño y acojedor que nos sirvió de maravilla para cenar y reposar.. no sin antes escaparnos unas horas para tomar unas copillas en la plaza del pueblecito. Una paz increíble inundaba en la ambiente. Si a esto le sumamos la suerte que estábamos teniendo con el clima (casi en manga corta por la noche) se puede uno imaginar que la cosa pintaba muy bien... aunque Antonio se estaba empezando a quedar sin neumático trasero en su poderosa Kawa "Turbo".. .y eso que todo habian sido curvas y más curvas. En todo caso, se terminaba la jornada, fenomenal primer día de ruta comunitaria, viernes 12 (si llega a ser viernes 13 echamos llave a la habitación, ja,ja, aunque con Joserra por allí ¡yo creo que estábamos curaos de espanto!).




Resumen del día: 350 kms (Hondarribia-Irun-St. Jean Pied de Port-Canfranc-Laruns) / 5 puertos (Puerto de Izpegi 672m.- Ibañetako Mendatea 1.057m.-Alto de Laza 1.129m.-Ptº de Somport 1.640m.-Col du Marie Blanque 1.035m.)

La magia perdida...


El pasado 20 de diciembre asistí, en solitario, al último concierto de Rosendo en su ciudad, nuestro Madrid. El artísta de mi antiguo barrio, Carabanchel, después de toda una vida tocando decidió, meses atrás, que ya era hora de finalizar sus numerosas giras, de dejar la carretera. La edad, como nos dijo en el concierto, que no pasa en valde. Su honestidad como persona y la lealtad a su propias convicciones siempre nos han emocionado. Disfrutamos a tope de su actuación, tocó un montón de temas, algunos incluso de esos que hacia tiempo no escuchábamos. Volviendo al coche, aparcado cerca del "Pirulí", me di cuenta que una nueva carpeta del archivador "de toda la vida" se cerraba, seguramente para siempre. El tiempo vuela, casi todo lo que nos gusta o nos gustaba va consumiéndose, como nuestra vida, en una cuenta atrás de la que nadie se libra. Rosendo Mercado, pa siempre. Gracias por tantas satisfacciones, maestro. Y pa siempre, Leño. Con él nos criamos, crecimos, y pudimos cantar en castellano por la calle, en los garitos, en el coche o en la ducha. Los buenos legados permanecen, no se olvidan pero... vamos perdiendo otra porción de nuestra magia, del viejo elixir que tonificaba nuestro propio mundo dentro del mundo..


Nunca fue mi intención aburrir al personal o repetirme más que el ajo pero estoy seguro que, por desgracia, alguna vez lo he conseguido. Sucede también que hay sensaciones, noticias o acontecimientos que parece empujarnos a movernos en círculos, por lo que toca en ocasiones (sin abusar) repetirse, rememorar, anhelar...

Llevamos más de una década pensando, en ocasiones, aquello de que "los viejos tiempos eran mejores", sensación que genera y afecta más al corazón que a la cabeza. En mi caso, sé que antes de ese periodo rara vez pensaba eso aunque ya en esos días echabamos de menos cierta libertad que ya no teniamos, a pilotos que ya estaban retirados, a modelos de motos que ya no se vendian, a aquellos descampados dónde jugamos de niño y que ya, tampoco, existían... Claro, eras más joven, tenias media vida por delante, apenas acumulabas experiencias, ¡cómo ibas a decir algo así de nostálgico y "viejo"!.. pero yo creo que además habia razones objetivas para sentirse relativamente contentos. Los maravillosos, para muchos, años 90 eran días un poco más racionales, más humanos, teniamos mejor rollo, menos prisas, mejor afición, menos prohibiciones, más motos japonesas maravillosas, menos etiquetas, más agilidad mental y vial, menos postureo, menos radares en nuestras carreteras... La gente, además, no se ofendía tanto como ahora por escuchar opiniones diferentes... o eso recuerdo. No, no era "jauja", nadie daba duros a pesetas, no, eran tiempos duros... pero más humanos. O al menos así lo siento yo dentro de mi. Quizá los psicólogos y los sociólogos puedan explicar si es normal en nuestra genética evolucionar mentalmente así según cumplimos años o, simplemente, es causa directa de que cada vez el mundo va más rápido, está más clasificado, programado y sancionado... y nos cuesta más adaptarnos, entenderlo, disfrutarlo... no lo sé.


La movilidad, como seña de identidad de nuestra famosa libertad, es básica para entender si tiene sentido añorar o no los viejos tiempos. Hay más factores, claro, pero hoy querría detenerme en el. Comparativamente creo que hemos empeorado, y bastante. Da igual que tengamos muchas autopistas, poderosos vehículos ultraseguros, Gps para torpes, todo tipo de información al alcance de un móvil... cada año parece más complicado aparcar, cumplir la ley, llegar a tu hora al trabajo.. Aunque vayas más o menos a velocidad legal, cada año parece que sufrimos más atascos, que pagamos más impuestos, que hay más falta de entendimiento cívico...  Ahora no es raro preguntarte dentro del casco si podrás o no aparcar unas horas tu moto en aquella acera, ¡quién me lo iba a decir hace muchos años, cuando era tan insconciente de meter en marcha mi bella SR 250 por la calle Preciados alguna vez! Por supuesto que necesitamos leyes y reglamentos para convivir pero no solo se trata de acumular más y más requisitos restrictivos, no es una cuestión cuantitativa, o al menos así lo veo yo, viejo nostálgico medio ácrata...

Vives en una gran ciudad, arranca la hora punta entre semana, mientras termina de amanecer. Sales por la mañana con tu moto, con la osadía, sí, casi osadía, de llegar al trabajo vivo. Son casi 50 kms de radial, circunvalación y callejeo, casi cincuenta minutos de trayecto, más de la mitad entre rebaños enormes de coches. Sí, hace casi diez años nos costó una lesión seria en una mano. Son cosas que pasan, está claro, bien asumido por todos pero... pero pasan los años y la cosa va a peor, ¡ese es el problema! Ahora llevamos como dos o tres temporadas en que ves coches que, sin atasco, oscilan o se bambolean entre carriles ante tu sorpresa. Van a 40, 60 o 90 por hora y te preguntabas, al principio, qué coño podía pasarle al conductor. En pocos días descubres que iba mirando el móvil, con la novedad, ahora, de estar leyendo ¡o enviando! Whatsapp.. claro, si te da un día y te manda a la mediana el malo de la peli serás tú, que eres motorista, por definición un descerebrado. Si solo es un rozón y luego le pillas en un semáforo te dirá el clásico "perdona, no te he visto". Cada año me dan menos ganas de sacar la moto por zona metropolitana. Vale que mi SBK no es la ideal para ir a la oficina, correcto (no por falta de agilidad, sino por sus altas prestaciones y gomas que se cuadran en cuestion de días) pero aunque vayas en un ágil scooter el peligro se ha incrementado, vamos a peor. Y encima cada día somos más...

Como sabéis muchos, en Madrid tenemos nuevas restricciones de circulación. Lo llaman "Madrid Central", un perímetro más o menos grande que abarca la zona centro de la villa. Vale, ¡algo hay que hacer antes de morir asfixiados! En eso siempre estaré de acuerdo. Los amigos que vienen a mi ciudad y ven la boina de mierda y polución que permanentemente la corona literalmente alucinan. Y claro, gracias a que llueve "tanto" estamos apañaos para mejorar la calidad del aire... Sí, como sabréis, nuestro ayuntamiento se ha cebado con los vehículos, esa gran industria que tanta pasta genera, olvidando lo que contaminan las calefacciones, el carbón, los numerosos autobuses públicos que todavía van con gasoil y están pesimamente mantenidos... Añadiéndose a esos "olvidos" clásicos, en grandes metrópolis con puerto y mar, como Barcelona, parece que nadie se acuerda de lo que contaminan los barcos, ¿será que piensan que la brisa marina lo soluciona? no lo sé pero me cuesta creerlo...


En Madrid, como en otras ciudades grandes, han pensado que los malos de la peli somos los motoristas y los que tenemos algún coche "antiguo" o los que tienen algún vehículo diesel. Ahora les ha dado por satanizar a los diesel, que no son precisamente mis favoritos, pero hay que ser muy ignorante (¿no tienen los políticos docenas de asesores?) para meter en el mismo saco a los viejos diesel contaminantes y a los actuales... los que mandan apenas distinguen unos de otros, y ya de paso, como la mayoría ve las motos con malos ojos, pues venga, también las incluimos en el menú de la estupidez. No entienden que son parte de la solución, no parte del problema. ¿Tanto cuesta ver cómo se mueven en grandes capitales de otros paises buena parte de sus ciudadanos? Sin el uso masivo de motos pequeñas o medianas las ciudades llevarian décadas colapsadas... Mi querido Madrid, cómo has cambiado... Tanto que llevo unos años deseando vivir en un pueblo pequeño donde todavía se pueda respirar gratis, por decirlo de alguna manera... Y no es cuestión de colores políticos, dudo que otros cambiaran sustancialmente las cosas, esto va más de mentalidad y prepotencia. Cuando la primera es algo obtusa y la segunda generosa mal vamos... En resumen, para no seguir llorando, a partir de este sábado 16 de marzo, las motos podrán circular por el famoso perímetro pero con límites: será posible acceder y estacionar motocicletas, ciclomotores y vehículos de tres ruedas cuya etiqueta sea B o C desde las 7:00 hasta las 22:00. Fuera de ese horario, podrán hacerlo solo si aparcan la moto en un 'parking', garaje particular o reserva de estacionamiento no dotacional. O sea, al loro, ¿se acabó quedar a cenar por Madrid y aparcar la moto en la acera? pinta que sí... ¿Contamina mucho más una moto por la noche?, ¿tantas motocicletas se moverian bajo la luz de la luna?, esa parte no la entiendo, soy cortito, por las noches lo que contamina de verdad son las calefacciones, que yo sepa.

Y podríamos contar más putadas modernas legalmente establecidas, algunas más... Nuevos límites de velocidad ridículos (en calles de ciudades se estudia o se ha fijado ya, depende el lugar, velocidades máximas de 30 km/h), baches y puntos negros que siguen eternos por comarcales, nacionales y autovias, compañeros de afición que siguen cayendo bajo cuchillas asesinas sin ir haciendo el loco, nuevos radares portátiles que seguro habéis visto en foto o en directo docenas de veces ya... El caso, parece, es complicarnos la vida con restricciones que oscilan entre las mejorables a las directamente absurdas. Uno vuelve a pensar si, de verdad, el objetivo real de los políticos es jodernos la vida o, teoricamente, trabajar para que podamos convivir en paz y con cierta lógica...

En paralelo a todo esto, seguimos bajo el influjo de las modas comerciales con tinte ecológico. Ahora toca alabar los vehículos eléctricos como si su generación fuera espontáneo o megalimpia, evitando hablar en grandes medios de problemas asociados como el de los residuos, las baterías... Para circular por ciudad no parece mala opción, seguro, pero olvidate de tenerlo para viajar, falta infraestructura, autonomía... En todo caso si una familia se puede permitir dos vehiculos de cuatro ruedas supongo que la opción del ecológico para moverse por el centro de Madrid sí será lógico. Pero no los regalan tampoco.

Será que soy muy mal pensado pero me parece que el marketing sigue galopando por el mundo, todo sea por encontrar un nuevo nicho en el mercado, un nuevo producto a vender pintado de color verde para quedar "cool" o parecer que nos importa el medio ambiente, el vecino o el planeta. ¿Os acordáis de como acabaron con los motores de 2T?, ¿cómo veran nuestros nietos, dentro de varias décadas, aquellas carreras entre aberrantes motos de 500 cc y 4 cilindros de 2T?, ¿pensarán que eran unos enajenados mentales, unos delicuentes legales, unos soñadores peligrosos, unos auténticos kamikazes...?


Y pienso, para calmarme, como cualquier hijo de vecino con ganas, dónde puedo ir sin más restricción que las éticas, qué puedo hacer para seguir siendo un poco libre, dónde poder disfrutar sin que me multen, me paren o me fusilen. Y pienso en la sierra y en evitar los lugares "hot" que todos conocemos, ellos (los malos) también. Y por eso evito las peores horas aunque sin obsesionarme porque sería bajar los brazos... Y pienso como era el mundo cuando era joven. Cuando teniamos motos más humanas, más "conversadoras", sí, con alma y personalidad, con menos fiabilidad, con escasas prestaciones en ocasiones, sí... cuando el litro de gasolina era caro pero no era un robo descarado como ahora, cuando con un billete de 5000 pesetas hacias maravillas durante una semana, cuando en las concentraciones hablabas más y echabas menos fotos, cuando pocos gustaban de exhibirse publicamente para reafirmar su yo-personal...


De las carreras de ahora y de las de antes mejor no hablamos. Sí, sigo viéndolas, algunas todavía me excitan, y sigo defendiendo cuando toca del primero al último de los pilotos, todos merecen nuestro respeto, de cualquier categoria, de cualquier campeonato... pero detectas tanta mafia, tantos intereses, tanto postureo y tanto marketing que casi la mitad del tiempo las ves por inercia... Tuve la inmensa suerte de ver en el Jarama a los Spencer, Sheene, Mamola, Roberts, Tormo, Nieto... luego, gracias a la tele, disfrutamos de años de locura con aquellos americanos y australianos, con Sito y Garriga en 250, con Crivillé y Doohan cara a cara a finales de los 90... y aunque algunos no adivinábamos cuanto iban a cambiar el cuento aquellos grandes tesoros los teniamos al alcance de la mano. El progreso es imparable, dicen. Pero como dijo cierto pensador, que ahora no recuerdo, ningún progreso lo es realmente cuando no es un progreso humano.

Tendremos una maravillosa electrónica en los vehiculos actuales que nos hará, por lo visto, la vida más segura (y más aburrida) pero eso no nos mejora como especie, no nos hace más habiles ni más humanos, ni más fuertes... Para mi, justo consigue lo contrario. A veces intento trasmitir estas ideas y estas alarmas a las nuevas generaciones, no con afán de adoctrinamiento, sino para que se comprenda (al menos) que libertad y seguridad siempre serán términos antagónicos. Que hay que disfrutar de los pequeños momentos, de avanzar por la campiña o los desiertos, de seguir disfrutando de las charlas con conocidos y desconocidos sin necesidad de etiquetarse en una red social, de beber una buena cerveza incluso antes de montar en moto (por una cerveza la mayoria no nos volvemos locos al volante o al manillar), de enamorarse de una brisa, de una curva o de una mujer maravillosa si así lo sentimos, o de una montaña... aunque esté prohibido...

Dudo que se recupere la magia perdida pero considero una pequeña obligación vigilar y evitar que se pierda en mayor medida, todavía se puede defender su existencia practicando con el ejemplo. Obviamente si pienso eso es porque creo en ella como algo bueno. Hay quién bajó los brazos cuando comenzó a acumular patrimonio, dejó su corazón aparcado por una cómoda vida burguesa con mil argumentos racionales, sí, no falla. De ese grupo, algunos nos mirán y nos llaman inmaduros, irreponsables... no entienden cómo no vendimos la moto al tener hijos o para comprar una fabulosa cocina automatizada. También los que, desde el otro extremo, nos ven como "blandengues", y piensan que siguen teniendo veinte o treinta años y que cada día debe ser una aventura, sin ataduras... Nunca me identifiqué con ninguno de los dos extremos y sin duda no soy nadie para decir qué es lo correcto, solo sé lo que considero personalmente bueno y honesto. Y justo ahi, en esa tesitura es donde debe seguir hablando el corazón para obrar en consecuencia. Al menos ser fiel a tus valores, nada más, aunque el mundo siga cambiando a toda velocidad...


Evocar y reinvidicar que la vida del motorista, y la vida en general, merece la pena vivirse plenamente. A pesar de las numerosas prohibiciones, de los malditos impuestos, de los políticos corruptos y de la falta de educación de muchos ciudadanos de a pie que no terminan de aprender aquello, básico, de "mi libertad termina donde comienza la tuya"... Y si es junto a nuestras compañeras de dos ruedas, mejor. Para mi, si no tienes un avión, la moto es el último reducto que nos queda para sentirnos libres. Ergo seguiremos rodando...

Si, posiblemente sea un enfermo, un nostálgico pasado de rosca o similar, no me hagais demasiado caso, tampoco es mi intención amargaros la existencia, pero... no concibo arrancar una moto de campo con un botón. También echo de menos ir al quiosco todos los martes a comprar mi revista. Lo digital es un maremoto que ha traido muchas cosas buenas pero que ha acabado con buenas costumbres y con cierto sosiego para asimilar lo sucedido, con el viejo ejercicio de pensar y sopesar sin prisas cómo vivir. Sí, aunque lo importante siempre es mirar pa lante y trabajar por el futuro en ocasiones es difícil evitar cierta melancolía. Serán los años... Que San Brembo nos protega a todos de nuestros malditos enemigos, los enemigos de la libertad.


"...Nadie me importa ni todo lo demás
vuelo por encima de la realidad
todo me sobra y necesito más
quiero ser el dueño sin mirar atrás.
No hay condiciones a mi libertad
hago cuanto quiero con facilidad
nada me corta no me sé callar
llegaré el primero donde quiero no me puedo parar.
Crucifixión!
Soy perro viejo bastante animal
me he pasado el tiempo de aquí para allá
no pido nada nada puedo dar
si he de ser sincero todo me da igual.
Vengo de vuelta que tranquilidad
la puerta está abierta por si vas a entrar
dí lo que quieras te sabré escuchar
hay en este invento mucho cuento nada vas a cambiar.
Crucifixión..", Rosendo, 1985

Isla de Man, una vieja historia (parte 2)


Con "ansia viva" buscamos el ferry en Liverpool, o dicho de otra manera, los rótulos de Steam Packet, pasando minutos antes cerca del edificio de la naviera que construyó el famoso Titanic. No tardamos en encontrar la pasarela y bajar al "local" dónde nos acreditamos y dónde, por fin, nos juntamos con Juan y Mónica, nuestros compis de viaje. Palpitaron los nervios, ¡ahora sí que empezaba en serio nuestro viaje a Man! Al rato de acomodarnos dentro del ferry, nada como unas buenas birras para celebrar el inicio de la "aventura". (Prefiero no mencionar la envidia de ver gente entrando al ferry en moto y nosotros como domingueros a pata...)


Travesia tranquila pero con poco sol, subimos varias veces a cubierta para intentar otear nuestra isla favorita pero un viento fuerte y una neblina gris que parecía no tener fin nos lo pusieron dificil. Nada, no habia manera de gritar "¡tierra a la vista!"

Podría contar miles de cosas y esta crónica seria interminable, asi que vamos a resumir a partir de aqui...Lo primero que hicimos después de emocionarnos al bajar del ferry fue visitar la oficina de turismo que te espera allí mismo, consiguiendo información, mapas, horarios, etc... al tiempo que veíamos en ella un montón de souvenirs molones, incluyendo camisetas, sudaderas, gorras, llaveros, de todo... Acto seguido, en Douglas, a pocas calles, fuimos a cambiar moneda (ojo, alli gastan sus propias libras, que incluyen el triskel, ¡muy chulas!, aunque se admiten euros), y descubrir que no se come tan mal como en Inglaterra... 

En esas primeras horas descubrimos también que los paisanos maneses son, en general, más simpáticos que los ingleses. Por ejemplo, nos ayudaron en todo momento para ubicarnos, en el hotelito a instalarnos, etc. Importante, para moverte por la isla, si no llevas vehiculo, resulta más fácil de lo previsto: te sacas unas tarjetas de transporte (a un precio razonable) en la oficina que mencioné atrás y, eligiendo cuanto días necesitas, puedes usarlas para montar en cualquier medio de transporte de la isla (trenes, autobuses, el famoso "carro" tirado por caballos de la bahía de Douglas, etc...). Buscamos nuestro humilde alojamiento en la zona de la bahía, por detras de la calle principal, pensando que los desayunos (como así fue) serian potentes, lo suficiente como para aguantar largas jornadas sin desfallecer. Sí, ibamos a andar muy ocupados como para parar a comer decentemente todos los días, y tampoco ibamos a dormir mucho, imaginaba.

Después de pasar por los hotelitos a dejar nuestros escasos pertrechos, iniciamos la subida, buscando la zona del Granstand. Habia buenas empinadas pero estábamos ansiosos por llegar. La tarde era gris y apenas vimos público, faltaban dias para las carreras, estábamos en entrenos y el tiempo pintaba mal. Me sorprendio todo, la calma, la aparente inactividad, la gran tribuna vacia, los muretes a los lados de la "pista", ¡la estrechura de la pista! y el poco bullicio que reinaba en las carpas y en los prados. Eso sí, empezamos a descubrir auténticas joyas con dos ruedas, tanto clásicas de hace más de cincuenta años como motos oldies de los 90, esas que todos vimos correr alguna vez, en pista o en vídeos. Aqui una unidad de Joey, ¡¡qué puedo decir para describir aquella sensación!! Ojala me la hubieran regalado, ja,ja.. ¡¡o prestado para darme una vuelta a mi ritmo de tortuga al circuito!!



Esa tarde pacífica nos regaló al final unas pequeñas dosis de shock cuando descubrimos a varias leyendas vivientes de la talla de Dave Madsen-Mygdal, ya sabéis, el veterano y afable recordman en participaciones en carrera, toda una institución. Estaba ocupado y no fuimos capaces de hablar con él, observando a cierta distancia lo que hacian. Luego, para rematar, entre otros, descubrimos al mismismo McGuinness que estaba de charla con sus mecánicos apoyado en su Paton. Había otros chicos afuera, como nosotros, y ninguno nos atreviamos a cruzar la puerta y mucho menos interrumpirlos. A la siguiente vuelta por el paddock, vimos que McPintas andaba fuera de la carpa, charlando, y nos acercamos un poco dudando qué hacer... asi que mi chica, Inma, visto lo "tonto" que estábamos nos preguntó si de verdad queriamos inmortalizarlos con nuestro héroe. Decidida avanzó hacia él con una sonrisa y se hizo entender lo suficiente como para que el gran TT Rider dejara su tranquilidad durante un minuto y aguantara varias fotos y nuestros mejores deseos, ¡en fin, momentazo!


También fuimos buscando la carpa de Martimotos para saludarles, sobre todo a él y a Raül Torras, pero aunque la encontramos pronto no habia nadie por alli. Sí pudimos descubrir, algo alarmados, el hierro con el que iba a salir Torras, solución de última hora ante los problemas que tenian con la oldie prevista, una GSXR. La sustituta era una Suzuki GS750 ES ligeramente tuneada... ahi os dejo una foto. Días después valoramos que era poca moto para su potencial, pero, como dijo, al menos daria más vueltas al Mountain Course, ¡cosa que nunca viene mal!, aunque se le veía "raro" encima de ella, como si fuera un poco "crucificado" en cuanto a postura, el manillar no ayudaba...
  


Esa tarde la terminamos paseando hasta el famoso punto lento de Governor's Bridge, y su tramo antiguo que está cerrado al tráfico y que parece un túnel húmedo y peligroso pues la vegetación de los árboles lo tapa también por arriba, ¡un lugar increible que parece sacado de otro siglo y casi de otro planeta! Justo antes, está la glorieta que limita el circuito por esa zona, a donde se llega después de una bajada interesante, justo donde me hicieron esta foto:



Por cierto, a la salida del tramo antiguo, acelerando, antes de encarar la recta del Grandstand hay esperando una típica cabina de teléfono, vestida para la ocasión, como podéis apreciar aqui:
  

Costó empezar a ver motos de carreras circular por el mítico trazado, todas las sesiones comenzaban a las 18h00, y parecía que las nubes y el viento se ponian de acuerdo para empeorar el tiempo un par de horas antes.. resultado, durante dos días se cancelaron las sesiones previstas de entrenamientos, sobre todo por culpa de la niebla en la montaña. Aclarar que el evento de finales de agosto en la isla agrupa el conocido Classic TT con el Manx TT, este último, como sabréis, prueba obligada para que los pilotos newcomers puedan comenzar a rodar en la isla. Para nosotros "la gracia" era sobre todo ver volar por el trazado todo tipo de motos de leyenda, desde las Paton de McGuiness o la gentil Maria Costello hasta las brutalmente bellas ZXRs de los años 90 o las salvajes y míticas RG de 500, como la que llevo Danny Webb, ¡¡sin palabras!! (En comparación a este "arsenal" ver las R6s de los newcomers, entre otras, no nos llamaba la atención mucho, la verdad..., sé que me entendéis.)


Aprovechamos logicamente las mañanas y las tardes para descubrir más rincones del circuito, ver a los marshall dar vueltas en sus Fireblades justo antes de cancelar sesiones, montar en buses para conocer otras poblaciones de la zona sur de la isla, etc. La segunda tarde en la isla la dedicamos, Juan y yo, a bajar hacia la famosa curva a derechas que hay a una milla del Granstand, la glorieta conocida como Quarter Bridge. Después de lanzarse a velocidad increibles es el primer punto donde los pilotos tienen que frenar fuerte. Allí, ilusionados, aguardamos más de una hora pero solo vimos pasar al final a  las Fireblade de los Marshall, nos quedamos con la miel en los labios, se suspendian los entrenos por culpa de la niebla que cubria la montaña. Para consolarnos, fuimos andado hasta la siguiente curva, donde está la fundación Joey Dunlop y el árbol que hay protegido con balas de paja en esa pequeña glorieta que hace de curva (dejando el árbol a la derecha) inicio de la famosa ese de Braddan Bridge, donde te aguardan las lápidas y la famosa tribuna... fue acojonante recorrer a pata durante muchos minutos aquellos lugares emblemáticos que habiamos visto cientos de veces en videos y fotos. Eso sí, en moto no nos hubieramos quejado... aunque eso de conducir por la izquierda me temo requiere cierta asimilación. Por cierto, por las tarde hacia un frio del carajo, sí, ¡bastante apreciable!.. pero todos los autóctonos iban en manga corta o sin abrigo, era increíble, nosotros pelados y los marshall como tú o yo vestiriamos en verano, sin exagerar, ¡si que son duros estos vikingos!

Luego subimos a pata la cuesta de Bray Hill hacia la linea de meta. Tenia ganas de conocer el famoso "Salto de Ago"... pero antes de llegar ya iba completamente alucinado de la estrechura del trazado. Nada que ver con lo que algunos percibimos por la tele. Sin ancernes es increíble que puedan circular a ese trapo por aquellas carreterillas de dos carriles modestos rodeadas de muros, casas y farolas. De verdad que hay que verlo para comprenderlo en toda su extensión, ¡no hubo nada que me alarmara tanto del trazado! Si ya admiraba a esos pilotos, ahora mi admiración crecía. El pequeño cambio de rasante que lleva el nombre del campeonisimo piloto italiano no sería gran cosa a velocidades normales pero, claro, cuando días después vimos cómo hostias pasan por alli se entiende bien que la rueda delantera busque la Luna, ¡totalmente sorprendente!.. Eso hay que verlo, al menos una vez en la vida...


Es de ley mencionar que la isla ofrece un montón de tesoros paisajisticos y culturales, muchos lugares dignos de visitar, incluyendo museos, algunos castillos, bahías y pueblos con encanto. ¡Mira que pedí hace años a mi empresa me mandaran unos meses a trabajar aqui pero no me hicieron caso! Eso sí, si a todas las visitas culturales le añades que cada dos por tres podias ver venerables motos aparcadas o en marcha y que lo raro era que fueran motos modernas, ¡miel sobre hojuelas! (o "sweet as honey" como creo se dice en inglés). Tampoco hay que olvidar los pubs nocturnos, ¡dónde no es dificil ver algún piloto tomarse una pinta! Por ejemplo, tuvimos a un palmo a Johnson, el rápido piloto de Suzuki, con su equipo o parte de el, casi ná, y no, en esos momentos no ibamos a molestar...


Pudimos pasar un rato en el paddock con el amigo Victor Ortega, mecánico, piloto y futuro newcomer de la isla, ¡estaremos muy pendientes de su progresos para que consiga su sueño! Y también fue estupendo ver a un recuperado Bruce Anstey encima de una de las Honda de MotoGP. Dió algunas vueltas de honor al circuito a ritmo alegre mientras saludaba al público, del que recibió por todas partes un merecido y caluroso homenaje, ¡¡grande el Kiwi!!


Y más celebraciones... ¡¡los 30 años de Honda en la isla con la victorioso RC30!!, vaya "jartá" de ver Hondas de carreras, ¡fue increíble!, pero todavía más ver la réplica ¿o auténtica restaurada? Ducati con la que volvió a ganar en la isla Mike The Bike, la misma con el dorsal 12 con la que McGuinness días después daría alguna vuelta de homenaje.


Entre tantas sensaciones, en mi mente seguia bulliendo el momento histórico (para mi) en que pudiera visitar y tocar con mis manos Ballaugh Bridge o la tristemente famosa Milla 13... Paseamos sin cesar durante todos esos días (visitando pueblos y la cima de la montaña, muy recomendable probar todos los trenes de la isla) pero todo llegó a su fin, como casi este relato. Hay tres cosas que tengo clarisimas sobre mi vida. Una es que un día moriré (¿verdad?), otra es muy personal y no viene a cuento... pero la tercera es sobre la isla: ¡volveré...!, pero en moto porque, por ejemplo, en Ballaugh Bridge, los dientes nos llegaban al suelo de envidia. Estuvimos una hora parados, disfrutando, y viendo como se lo pasaban de bien unos cuantos, incluyendo una pareja que no paraban de ir y volver con su germana para probar el saltito. Ojo que por alli hay emplazado un radar para no emocionarse demasiado.


Y por fin llegó el día en que no cancelaron ni entrenos ni carreras y ese día estábamos en el patio o jardin de una de las casas que hay en la bajada mítica de Bray Hill, unos cien metros antes de donde tocan con la quilla, cambian de dirección y aceleran hacia el salto de Ago, ¡vamos!, un sitio por dónde bajan a muerte... y yo, que he visto carreras desde niño, que he visto vídeos del TT hasta quedarme casi sin ojos tenia, pensaba, una ligera idea de lo que ibamos a presenciar.. pero también me equivoqué.. porque cuando pasaron los Marshall en mi Fireblade a paso tortuga entendi que podría bajarse por alli un poco más rápido, claro, sin matarte quizá a 130 por hora o poco más (¡con ganas me quedé de probarlo en la práctica!) pero cuando comenzó el primer entreno y escuchamos como un bramido se acercaba desde el lejano Grand Stand  y todos los ojos aumentaban su concentración... y "algo paso" a la puta velocidad del rayo.. solo pudimos soltar visceralmente un "¡hostia puta"!... porque el corazón me dió un vuelco que no tenía previsto entre otros espasmos orgánicos.. ¿y qué moto era, quién era? solo acerté a ver que era una hermosa y rápida ZXR.. ¡¡una Kawa tenía que ser!!.. no paso rápido, no, paso a TODA HOSTIA. INCREIBLE. IMPREVISIBLE. DIFICIL DE PROCESAR. NO SE PUEDE CONTAR, HAY QUE VIVIRLO. Buscad a qué velocidades pasan por alli, bajando Bray Hill antes de rozar la quilla, aunque sean con "lentas motos clásicas".. porque la piel y el alma te da un vuelco luchando contra la realidad. Fue la media hora más alucinante de aquella semana. Algo pudimos grabar con los móviles... pero poco, pasaban demasiado volaos...


Lo dicho, ¡hay que vivirlo!, no queda otra si amas el mundo de la moto. Además, me gustaria terminar insitiendo, casi melancolicamente, en que me inundó una paz increíble durante aquellas jornadas, ¿sería la magia de la isla? No lo sé a ciencia cierta pero, por fin entendí, en parte, qué hechizó a nuestro querido Santiago Herrero.

Isla de Man, una vieja historia (parte 1)



Me atrevería a decir que todos tenemos alguna aventura, algún viaje pendiente guardado en el corazón, archivado ya desde niño o desde otra edad más madura. No hablo de esos grandes sueños relacionados con el mayor logro personal, esos sueños de llegar a SER… lo que sea, no, me refiero a esas otras metas más realistas y en ocasiones viables: viajes y aventuras en alguna parte del mundo. En mi caso, aparte de otras cuatro que tengo en mi listado dormidas aún, guardo desde mi adolescencia la idea de visitar, al menos una vez, la mágica isla del motor que todos conocemos, la isla mágica de los gatos sin cola, “La Meca” de todo motociclista de pro, sí, ¡la Isla de Man!

Después de dos intentos fallidos (el último en el 2008, cuando Steam Packet ¡me devolvió la mitad del importe de los billetes del ferry! al contarles el motivo de mi cancelación, ¡¡detallazo!!) la verdad que raro ha sido el año que no evaluaba, sin demasiadas esperanzas, las posibilidades de viajar a la isla al año siguiente. Hace dos veranos ya no lo pensé, concluí que quizá en unos pocos años las circunstancias familiares y económicas podrían volverse propicias y facilitarme la escapada... Pero mira tú que, en plenas navidades del año pasado, un poco también a la estela de lo que comentamos y vivimos en nuestra página de "Grillaos del TT" en el Facebook (ya somos más de 4200 miembros), mi amigo Juan Vegas y yo charlamos acerca de cuando podríamos viajar a la isla de una vez. Surgió una variante: si era dificil acudir al TT de mayo-junio podriamos optar por conformarnos con viajar a finales de agosto y vivir el Classic/Manx, de hecho, ¡no sonaba nada mal!, por mi parte lo seguia año tras año y veía que las motos que rugian me atraian más que las modernas. En cuanto a pilotos, aparte de los newcomers del Manx también salian muchos punteros y veteranos del TT. Tenia clavada la imagen de Michael Dunlop con una Suzuki con los colores de Heron-Texaco ganando el Classic del 2015..., sobran comentarios ¿verdad?


La ventaja de elegir este evento en lugar del TT es que a nivel de reservas y precios es mucho más factible hacerlo realidad (al menos para nosotros). Asi que nos líamos la manta a la cabeza y visto que no teniamos tanto tiempo libre como para poder subir en moto (¡como San Glas manda!) decidimos que podriamos ir en avión ahorrando así además varias jornadas. Seriamos dos parejas, sin niños, ¡la idea prometia bien! Realmente quién empujo el proyecto fue Juan, hasta el momento de hablarlo con él a mi no se me habia ocurrido en serio la oportunidad de intentarlo en el 2018. En todo caso, viajar hasta la isla sin moto me rompía el corazón, pero debía olvidar mis viejas ideas grabadas a fuego, la disyuntiva estaba clara: o elegiamos esta opción o nos quedábamos pasando calor en el barrio. En mi caso, al menos, pienso que fui práctico, olvidé mis preferencias y, después de decidirlo en casa, dimos el paso de reservar con Easy Jet dos billetes para agosto. Como era diciembre el precio de los vuelos era realmente asequible. Volariamos hasta Liverpool dónde cogeriamos el tipico ferry de los  colegas de Steam Packet, alojándonos en algún hotelito barato de la bahía de Douglas cuatro o cinco noches. Fácil...pero ¿llegariamos realmente? El contador se puso a cero y todas las semanas surgia esa pregunta agridulce... ¿lo lograriamos, seria capaz de llegar a la isla esta vez? Por si acaso, no me hacia demasiadas ilusiones... En el peor de los casos perderiamos los billetes de avión y parte de la salud por el disgusto, "nada"...

Tenia tan poca fe en llegar que durante todo el año apenas se lo dije a nadie, no porque fuera un secreto sino porque no terminaba de creermelo, así de simple. El alojamiento de Douglas también resultó barato y podía cancelarlo incluso pocos dias antes de la fecha elegida. Lo reservé en primavera, espoleado y algo nervioso porque el verano llegaba... Gracias a esta disparidad de reservas en el tiempo el palo económico fue muy suave. Además, sabiendo como se las gastan en los desayunos allí calculaba que poco ibamos a gastarnos en comida. Con oler la gasolina, ver muchas motos en marcha y disfrutar de algunos tramos míticos me conformaba... (miento, ¡también esperaba gastar algunas libras en los pubs!)


¿Por qué tan nervioso? Bueno, como muchos sabéis, era una vieja cuenta pendiente. De niño escuché en casa tantas veces las míticas gestas de Mike Hailwood y Santi Herrero que enseguida me llamo la atención lo que se cocía en aquella isla vikinga año tras año. Sin duda la magia que allí parecía que se respiraba daba la sensación que multiplicaba las sensaciones que había vivido como espectador en Montjuic y en otros trazados urbanos... añadiendo muchas millas de recorrido y mucha velocidad media en cada vuelta, ¡increíble!  (En Motjuic, en 1985, al menos habia visto correr y ganar a Joey en la carrera de F1 previa a las 24H, una carrera salpicada por un grave accidente múltiple en la recta del Estadio, accidente que dejó en coma al mítico también Tony Rutter. Aqui una foto de nuestro amigo Gregg capturando a Dunlop en el parque, camino de la victoria):


Mucho después, a mitad de la década de los 90, pude hacerme con algunos vídeos en VHS sobre el TT, editados por Duke. El impacto fue brutal. Siempre lo cuento, y así fue, verídico y exacto: compré el vídeo de la edición de 1994, aquella en que Robert Dunlop casi se mata al desintegrarse la llanta trasera de su Honda... Llegué a casa y meti la cinta en el video y al rato vi unas imágenes impactantes, on board, que no entendía del todo. Las veía sin sonido, en ese momento no estaba activado el volumen de la tele, y no entendía bien... ¿Qué pensé yo? que el video no estaba en Play. Por la velocidad de la moto, o mejor dicho, viendo la velocidad a la que pasaban las casas y los muros por cada lado, pensé honestamente que veia el metraje a cámara rápida, con el Play y el FF pulsados... ¡¡pero no!!.. cuando activé el volumen me di cuenta que estaba viendo "la realidad"... ¡pero cómo podía ser cierto aquello!, ¿qué velocidad era esa?, ¡cómo podían cruzar pueblos y campos a semejante trapo!.. no me lo podía creer. Tardé minutos en procesar aquellas imagenes, estaba claro que todo aquello iba más allá de mis expectativas. El corazón me había dado un vuelco notable.. y ojo la de carreras a pie de pista que ya habia visto en mi vida. No podía imaginar ni por asomo que 22 años más tarde el corazón volvería a golpearme con fuerza cuando descubrí la primera moto bajando Bray Hill como un cohete (era una ZXR)... Tenia que haber gritado de coña "Recalculando" en lugar de "¡hostia puta!"... sin exagerar, la carne de gallina y el "infarto" fue global en los cuatro, porque sabiamos que pasarian rápido pero una cosa es saberlo y otra muy distinta.. ¡verlo! (Aquí la foto que conseguí hacer una vuelta más tarde al "elemento", con el corazón un poco más calmado, ¡unas 2000 vueltas por debajo de la linea roja que habia alcanzando veinte minutos antes!)


Pero retrocedamos un poco para ir contando lo más reseñable en orden cronológico. Quizá la información que os de en estos post os facilite vuestro primer viaje a la isla, ¡quién sabe!

Volamos sin problemas, y puntuales, hasta la cuna de los Beatles, Liverpool. Si no vas a hacer turismo por la ciudad (¡menuda marcha tiene!) una opción muy cómoda es dormir en el hotel que hay justo frente al pequeño aeropuerto, ¡solo hay que cruzar una calle!, es el Hamptony Hilton Liverpool John Lennon Airport. En medio te puedes hacer una foto con un "Yellow Submarine" que aguarda a los turistas en la acera. Obviamente autobuses hay alli mismo, y muchas lineas. Estaba claro que hasta la zona de los ferrys montariamos en alguno de ellos a la mañana siguiente.




To Be Continued...

GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...