¡Otra vez en La Bañeza!


¡Ya tocaba volver a nuestra carrera favorita! En el 2018 no acudimos porque teniamos una buen motivo, ¡viajamos a Man! En este último verano esa posibilidad no existía y regresamos encantados a nuestra querida carrera urbana, una de las más viejas que todavía se celebra en Spain, llena de público, pilotazos, amigos y ambiente. Nuestro amigo Manu volvia a correr en Moto3/125 con su RS 125 casi de serie, y con las ganas de siempre, después de pasar una larga convalecencía fruto de su caida en la edición anterior. Admirable su entereza y voluntad. En los entrenos del 2018 no tuvo nada de suerte, lesionándose el hombro y el brazo pero ¡saliendo a carrera! Prueba que termino con lágrimas en los ojos después del esfuerzo realizado, ¡increíble! Este año todos deseabamos mejor suerte para el bravo piloto valenciano. 

Por nuestra parte, este año planeamos la escapada de otra manera más "ambiciosa". Como disponiamos de unos días de vacaciones y copiando la "estrategia" de algunos amigos que aprovechan el viaje a La Bañeza para luego pasar unos días en la costa, decidí que esta vez también lo hariamos nosotros. No serian muchos días pero merecería la pena, seguro. Y así lo planeamos. Para la primera parte del plan eramos Iñigo, Julito, mi padre y yo. Finalmente acordamos con Rosi y Luis pasar por su pueblo, Juarros de Voltoya, cenar juntos y al día siguiente, el domingo de la carrera, subir juntos para verla. Así sucedió. 

Esta vez dejé aparcada la brava FZR para reencontrarme con mi queria Infinita, bella bestia que desde que la limpiaron los inyectores y la bomba de gasolina no corre, vuela, ¡un auténtico placer redescubrirla tan brava! Asi que... después de cambiar su goma trasero días antes (y comerme una multa absurda cerca de casa al regresar del taller aquella mañana), partimos sin prisas, pero con ganas, hacia Juarros un sábado de agosto. El tiempo estaba algo raro pero nada preocupante. 


El camino hasta el pueblo segoviano es corto pero intentamos hacerlo siempre ameno. Puerto de Guadarrama (nada de pasar por el túnel), vieja carretera hacia Avila, comarcales... Justo al llegar al pueblo anterior a Juarros unas señoritas con petos de colores nos pararon. Se celebraba una especie de maratón "rupestre" y allí estuvimos parados más de cuarto de hora viendo como cruzaban los participantes. Algunos aprovecharon para fumar, claro (de nuestra expedición, no de los participantes). Antes de irnos uno de los "controles" nos inmortalizó en la foto de arriba. Los Cuatro Jinetes del.. Bueno, cuatro madrileños de diversas edades biológicas pero mismo espíritu, nada más.

Nuestro recibimiento en Juarros no podía ser mejor y lo pasamos pipa. La cena además fue espectacular, en casa de Rosi y su familia. Además estaban más conocidos, Antonio XSR900 y El Puli. ¡Qué bien se estaba en aquel patio cenando entre risas y buenas viandas! Luego comenzó a llover pero daba igual, saldríamos un rato, el pueblo precisamente estaba en fiestas.


Cruzamos algunas calles bajo una leve lluvia nocturna. Enseguida vi que todo Dios iba disfrazado, el ambiente era muy festivo. Nosotros no sé de qué íbamos vestidos, quizá de aguerridos motoristas algo despistados o de turistas motorizados. Había ganas de cachondeo pero decidí no pasarme (se nota que me hago viejo) ya que al día siguiente nos esperaba un domingo denso y glorioso. Otros no se cortaron y terminaron algo perjudicados (ja,ja). Como solo tomé una copa y luego un Sprite la camarera de la barra del local de la Peña dónde estábamos preguntó algo alucinada "¿¿Quién ha pedido un Sprite??" como si aquello no pudiera ser posible. Los del grupo se hicieron a un lado y me señalaron (literalmente) con el dedo, para mi vergüenza. Cabrones.

La noche no terminó excesivamente tarde y algunos hasta dormimos unas cuantas horas seguidas. El amanecer fue suave para algunos y durillo para otros. Pero enseguida sacamos las motos del garaje y pusimo rumbo a la gasolinera que hay frente a Arevalo, ya en la pista A6. Allí desayunamos debidamente y comenzamos el peregrinaje hacia La Bañeza. La mañana se puso fea mientras me acordaba de la poca ropa que llevaba yo en este viaje (vaya novedad). Luis Arminio se puso en cabeza con su BMW y todos seguimos en fila india, más o menos. Su ritmo moderado, 130/140, era suficiente aunque sabia que mi padre andaba algo inquieto a esas velocidades de caracol (para él, en autovía) pero había que almordarse al grupo, claro. Afortundamente, después de tres acelerones, ya estábamos llegando al pueblo leonés al tiempo que el cielo se abria y empezaba a brillar un sol intenso pero menos fuerte que otros agostos, cosa que agradecí.

Aparcamos en la zona alta del pueblo, cerca ya del circuito para poder llegar rápido a la zona de boxes. Enseguida el primer saludo, ¡por alli paseaba el amigo gallego Roberto de la Fuente! Luego nos metimos en aquella jauría humana (la famosa calle Armonía, la de boxes) descubriendo el fantástico ambiente de siempre, lleno de motos, gente, pilotos y ruido. Al ratillo ya estábamos con nuestros amigos valencianos, disfrutando de su presencia. Alli estaba Luis, Paqui, Segarra, Ricardo y la familia Varea, entre otros. Qué alegría verles a todos, ¡qué buena gente! Y alli estaba la RS 125 de Manu, con no demasiados patrocinadores en su carenado (aunque sí con el apoyo de la Peña "Old School"). Y por fin se conocieron en pesona mi padre y Manu, ¡ya era hora! Enseguida vimos al Mudo y a Luis Dios, entre muchos otros conocidos y amigos. En esta cita es fácil ver amigos de todos los rincones del país.


Problemas en el Warm-Up con la moto de Manu, ¡no pudo dar ni una vuelta! Edu Segarra y los demás desmontaron media Honda. Al final, puesto 18 en parrilla, y séptimo de su categoria, nada mal para no haber podido rodar antes de la carrera. En los cronos el motor se vino abajo, ¡tocaba trabajar ese rato antes de carrera! 

Antes de que salieran, busqué a Edu el navarro y demás amigos de las clásicos pero, esta vez, apenas tuve suerte, ¡no encontré a casi nadie! Tampoco iba sobrado de tiempo pues me tocó hacer de guía para los amigos de Juarros que nunca habian estado en esta prueba. A quién sí vimos fue al mítico Min Grau que no solo saldría en una vuelta de honor sino que participaria en la competitiva carrera de 2T, ¡ya sabéis la carrera con mayor número de inscritos y la que mejor olor deja al personal! Recorrimos buena parte del trazado y, carrera tras carrera, llegamos hasta la curva del mítico Sacacorchos leonés. Fue un placer ver a los demás amigos pilotos trazar las curvas del pueblo. Vi a Edu con la Sanglas, ¡qué novedad!, a Cuco y todos los demás. Me alegré mucho por ellos. Fueron bonitas carreras. Increíble lo que paso en 4T Super Series. Cuando Hermida tenia ganada la carrera, a pocos metros de meta, se le rompió la cadena de su Ducati. Aunque no dudó en empujar la moto con todas sus fuerzas perdió en los últimos metros la carrera frente a Hugo, ufff, sí, ¡así son las carreras!

Vista la hora, me fui a por unos bocatas mientras unos espectadores nos facilitaban un par de sillas, sobre todo para mi padre. De agradecer, ese es el buen rollo que se suele respirar allí. El sol seguía luciendo pero sin la temperatura bestial de casi todos los veranos, ¡se podía respirar! Empezamos el regreso a boxes...

Para la carrera final, la de Moto3/125, estábamos con el Team Varea, como siempre, y pasamos a parrilla, para dar los últimos ánimos y hacer las últimas fotos estáticas. El ambiente era increíble. Como casi siempre cuento, desde hace ya algunas ediciones, es muy dificil que las 125 sean competitivas frente a las modernas motos de 4t. Encima, como hemos contado, la Honda de Manu adolecía falta de potencia y su piloto no quería romper motor, había que terminar como fuera.


La salida fue increíble y, por lo que luego nos contó el propio Manu, las emociones comenzaron pronto pues ya en la primera curva el piloto que llevaba delante se tocó con una bala de paja y se la tiro a Manu involuntariamente, quedando debajo de su moto y pasándola por encima, de milagro, y con sangre fría. 

Sobra decir que en esta categoría ruedan realmente deprisa, de manera casi demencial, sin margen para el error. Algunos que asisten por primera vez a esta fiesta del motor tardan en asimilar el trapo al que ruedan estos valientes pilotos, ¡si no habéis visto nunca estas carreras... estáis tardando! La carrera la ganó el rápido piloto de Cartagena, Manuel Hernández, hijo de otro ilustre piloto de antaño, como muchos sabréis, sí, el piloto de "Licor 43".

Para Varea y su entorno, después de su grave lesión del año anterior, fue ya un logro terminar  (¡después de estar todo el año sin tocar la moto!, desde febrero en La Alcudia, para ser exactos, cuando el hermoso homenaje a su padre) y, como él contó, para el 2020 habrá que poner la moto en su sitio, ganar algo de potencia y coger ritmo.


En la vuelta de honor se vivió el clásico desenfreno emocional, agradecimientos y aplausos. Manu paró en la curva del parque. Como él lo cuenta:

"A la salida de esta curva de la zona del parque, el año pasado tuve la caída en la cual me llevo a estar 9 meses de baja!!!! Así que quise dedicarles mi carrera de esta manera al cuidado de los comisarios, en especial a Josechu Cebada Ramos, por el susto que les di dicho año, y lo encima que han estado de mi desde el palo que me di!!!! Gracias!!!!"


Y así termino, un año más, aquella vibrante edición de las carreras de La Bañeza, ¡ya la número sesenta! No pude evitarlo, claro, no pude evitar pensar modestamente "ojala algún día podamos volver a participar desde dentro, ¡ojala!", no hay carrera que mas me enganche en estos tiempos. Y así finalizó, como digo, aquella festiva fiesta del motor pero no terminó para nosotros aquella jornada llena de gasolina y emociones. ¡Enseguida nos tuvimos que ir! .. Habian terminado las carreras,  algunos volvían a casa (Iñigo, mi padre y los demás, desgraciadamente, no podían alargar su escapada), pero para Julito y para mi comenzaba una pequeña aventurilla rumbo al puerto de Somiedo, donde teníamos alojamiento para dormir aquella misma noche. La idea era pasar día y medio (o dos) por Asturias, a nuestra bola, sin ruta prefijada. 

No habíamos comido y eran alrededor de las cinco de la tarde cuando arrancamos las dos "alitas de pollo". Por la zona de Astorga, cuando llovía, sobre las seis, por fin pararíamos a comer cachopo y lo que nos pusieran por delante, después de triturar a un grupo de GSs maleducadas. Los ecos de mi estómago tronaban más que el Leo Vinci... Quedaban muchas curvas todavía aquella tarde por delante pero no lo sabiamos... Pero eso ya en el próximo post... Gracias Manu por tu ejemplo, por tu coraje y tu enorme humanidad. Siempre, siempre nos emocionas, campeón.

Cullera, olor a carreras...


Hacía meses, quizá demasiados, que no organizábamos un encuentro de "Grillaos del TT" en algún lugar de la península. Habíamos comentado varias veces en el grupo que la próxima kedada se celebraría a orillas del Mediterráneo. Por otra parte, hacía tiempo que tenía ganas de conocer el "Moto Tapas", el emblemático bar lleno de motos, cascos, monos y recuerdos de grandes pilotos, ubicado en la histórica localidad motera de Cullera, junto a la playa. Sinceramente, ¡no se nos ocurría mejor escenario! Así que fuimos hablando del evento y ya por mayo hicimos la reserva. Eramos unos quince en principio, con la asistencia especial de Victor Ortega, el amigo que iba a participar por primera vez este verano en el Manx TT de la Isla de Man, ¡¡casi ná!!


Fijamos la fecha del encuentro para el último sábado de Junio, no había muchas más opciones.  La idea era, para nosotros, salir el sábado por la mañana, pasar una noche por allí y volver a casa el domingo. Los precios para alojarse en Cullera eran abusivos, así que terminé reservando una habitación triple en Alzira, el pueblo de "Aspar", mucho más barato y a corta distancia de la playa y del local donde habíamos quedado los "Grillaos". Digo triple porque de Madrid iríamos mi padre, Julito y yo. De Barna, al final, no bajaban ninguno de nuestros amigos "Tortugas", una lástima, tampoco Quim, y de los Moclava no estaba claro si vendrían a la cena aunque ya habíamos quedado con Paco Motos para comer con él ese sábado en Requena. Con Manu Varea también habíamos quedado pero le salió un trabajo eventual para esos días y, sintiéndolo mucho, me lo confirmó aquel mismo sábado: no podía escaparse. Tampoco pudieron venir Toni Escuder y Rafa Arnal.

Sería el primer viajecito con mi FZR. Después de las tandas del Jarama ya sabía como respiraba y ahora solo quedaba probarla durante unos cientos de kilómetros (de aburrida autovía, eso sí) junto a la Fazer y la CBR de Julito; vaya, todos con motos de 600. Por desgracia, no hubo tiempo material para levantar la culata y hacerle el reglaje de válvulas por lo que su aceleración seguía siendo pobre aunque, una vez lanzada, la moto cogía sin problemas muy buena velocidad de crucero. Por lo demás, la moto iba cañón. Agil, noble y hasta estable a gran velocidad, poco que objetar. 

Esa semana escuché por la tele que se acercaba una ola de calor para el weekend, ¡"fantástico"! Si ya lo paso mal en verano con un plus de ese estilo sobrevivo realmente mal. Resignado salimos sin madrugar tomando la carretera de Valencia aquel sábado soleado, como tantas veces. Mi padre se puso delante, marcando el ritmo. Y como siempre, pasando olímpicamente de restricciones legales, con nosotros detrás acojonados cuando vemos como pasaba sin aflojar por debajo de esos arcos que vemos por las autovías que, en ocasiones, llevan cámara incorporada... Nos detuvimos más tarde para repostar. O mejor dicho, para beber todo lo que encontramos en la gasolinera. Sudaba como un pollo en el horno. El calor era sofocante, al menos para mi, solo quería beber agua y pasar de los ciento veinte por hora una vez en marcha para que el aire, aunque fuera cálido, me pudiera "refrigerar" un poco. Menos mal que no iba con la Infinita aquel día...


Julito y yo intercambiamos monturas unos kilómetros y aluciné con el estado de su neumático delantero (sic), menos mal que le convencí de que lo cambiara en breve a la vuelta. Estaba sin dibujo y ya cuadrado, de traca. Cuando llegamos a Requena el calor parecía que fundía literalmente el asfalto. La flema era horrible. Eran las dos de la tarde, más o menos, y ni un nube en el cielo, claro. Pero no nos quejamos demasiado, para qué... Paco vino a buscarnos a la calle donde habíamos parado, en algún lugar del pueblo. Y de su coche sacó una bolsa isotérmica con botellas de agua fría, ¡qué detalle! Alucinaba mientras sonreía, diciendo que estábamos mal de la cabeza para viajar con aquellas temperaturas... Enseguida, guiados por Paco, comimos opíparamente en un bar del pueblo donde, mira tú, en otro salón, celebraba un grupo bien avenido de mozas jóvenes una despedida de soltera bastante sonora. No hace falta insistir que no tardamos en visitarlas educadamente, después de tomar nuestro postre. Hasta hicimos alguna foto divertida. Ni nos echaron de su fiesta ni nos invitaron a sentarnos, fue un termino medio, pero estuvo bien. Mi padre fue el que mejor se lo paso ese rato y el que más interactuó con el grupo. Por un momento pensé, si nos dan cancha la cena racing la dejamos para otro día, ja,ja...

Era ya algo tarde cuando salimos del bar de Requena y pusimos rumbo a Alzira y luego a Cullera. Mi idea de pasar por los pueblos, huir de la autovía y hacer menos millas fue un error, nos comimos muchos semáforos. La temperatura de los motores subía y subía... yo iba sufriendo lo indecible, temeroso de que alguna moto se parara por "aburrimiento". Al llegar a Cullera tuvimos que preguntar para orientarnos... y un tipo con custom nos indicó mal. Después de algunas vueltas conseguimos ver unas palmeras y la playa, y allí estaba por fin el famoso establecimiento racing. Fuimos de los últimos en llegar. Todos estaban en la acera, hablando, cuando aparcamos las motos sobre ella. Nos presentamos y pasamos todo el grupo de comensales a la terraza del establecimiento. Por fin había caído el sol un poco y se podía respirar. Paco consiguió por fin aparcar su coche y se unió, brevemente, a la velada. Lamentablemente tenía compromisos que atender y, muy a su pesar, no pudo quedarse a la cena, ¡cachis!


Fue un auténtico placer conocer por fin en persona a tanta gente maja, sin exagerar. Victor venía acompañado de algún amigo y de nuestro conocido "Efe", que no se pierde una. Por fin pusimos cara a amigos del grupo muy activos como Ferran Pistola, Juan Segarra, Antonio Sala Grau, Arantxa Moncho, Joer Bar, etc, sin olvidar a los ya conocidos Manuel Alvarez y su pareja, con los que volvimos a las tantas para Alzira, ya que también se alojaban en el mismo hotelito que nosotros. Mención especial merece nuestro amigo Pepe Molto (amigo de Kerker, y al que conocimos en la Cruz Verde seis meses antes) que venia de Alicante. Tuvo un percance a media ruta con su flamante KTM, llamo a la grúa, volvió a su casa, cogió su scooter y tiró para Cullera, ¡¡llegó tarde a la cena pero llegó!! ¡Aplauso!


Antes de cenar  (la carta del local es digna de cualquier motociclista y la figura, afortunadamente, de Ricardo Tormo está muy presente en las mesas) repartí entre los asistentes los pines del grupo que todavía me quedan. Creo que a todos les gustó. Empezamos a pedir cervezas y los curiosos platos racing que íbamos a devorar. 


Victor nos contó muchos detalles sobre su cercana aventura en el Manx como debutante, o mejor dicho, como Newcomer. Con la cabeza fría pero con el corazón rebosante de gasolina sabe evaluar el desafío al que se enfrenta, al menos esa fue la sensación que nos trasmitió. Después de haber estado varias veces como mecánico este año la visita cambiaba de enfoque y se enfundaría el mono de cuero para debutar en el Montain Course a los mandos de su Kawa 600 preparada por el equipo KS Performance Team. Habitual participante en carreras de clásicas con una hermosa GSXR (aparte de carreras urbanas de 80, de Vespas, etc), obviamente, todos le deseamos lo mejor, firmándole de paso la bandera que se llevo a la cena. Hay que ser muy valiente y tener muy claro todo para meterse en semejante "fregao", what a dream!, ¡gas y cabeza!


Pasaron las horas volando en alegre compañía y al final cerramos el local. Fue una pena, todo sucedió muy rápido, demasiado. Cuando uno está a gusto suele ocurrir. A algunos nos daba la tentación de dormir aquella noche en la hermosa playa que nos escoltaba. No le faltaba detalle y la temperatura era ideal a esas horas. Me acordé que habíamos pagado ya el hotel y que no había viajado solo y desistí pero... Además me hubiera gustado ver un poco más Cullera. Solo había estado otra vez, y tampoco pude dedicarle tiempo para averiguar en qué calles y avenidas se celebraban su famosas carreras urbanas, las mismas que yo veía en las revistas durante los años 80. Malditas prisas...


La vuelta nocturna al hotel fue agradable por la temperatura y el escaso tráfico (solo esperaba que no nos parara ningún control). Seguimos la estela de la Kawa ZRX 1200 de Manuel y enseguida llegamos a Alzira. Dejamos los trastos y nos fuimos a una terraza a tomar la penúltima, nadie tenía sueño. Más tarde todo se acabó, también cerramos la heladería-bar por lo que no quedaba otra que concluir oficialmente la jornada. 

El domingo desayunamos estupendamente y nos volvimos para la capital del reino, con un poco de menos calor, parando luego en Taracón para otra comida digna de los aberronchos motorizados que parece que somos. El balance de las monturas, estupendo, positivo, con medias veloces que hacen que estos "viajes" no sean más que anécdotas. Otro día más curvas, eso sí. 

 
En resumen, me pareció una escapada muy interesante. Conocimos a un montón de gente estupenda, dimos un paseo motorizado y conocimos los planes de un futuro TT Rider. ¡Emocionante misión! Lo dicho, ¡gas y cabeza, amigo!


Y llegó una señorita acicalada...


Erase una vez una idea que se repetía de vez en cuando, poco original pero con buena dosis de pasión y nostalgia, sí, la idea de conseguir antes o después una moto de nuestros añorados años 80 o 90, en buen estado o casi... para pasear o lo que fuera menester (ya lo hemos hablado alguna vez, en otros posts). Después de agotar "el tiempo" con nuestra querida Ossa, viendo que que para hacerla competitiva deberíamos invertir mucha pasta, cada año más, todo indicaba que se cerraba un capítulo y se abría otro nuevo. ¿Qué sentido tiene guardar una moto que no usas ya casi nunca y que no vas a potenciar ni usar en el futuro inmediato? Siendo realista, poco sentido. Asi que la pusimos en venta, ¡qué remedio!

Además, había ganas de probar otros platos, de aquellos manjares que nos enamoraron de jóvenes, platos a los que no alcanzaba nuestro bolsillo. Algún amigo del siglo pasado tuvo algún pepino en aquellos días pero nosotros nunca. Ahora la cosa estaba más fácil. Había varias candidatas, siempre clasificadas por las categorías de clásicas que tanto nos gustan. Por un lado, como hablamos aquí el año pasado, teníamos las "vaca burras" de F1, como la GS 1000 que comentamos hace tiempo, las carísimas Katanas u otras por el estilo (no hay mucha variedad realmente, contaríamos también con las emblemáticas CB 900). Luego en F2, tenemos la vieja idea de capturar y cautivar una preciosa XJ 600, sí, y ya puestos, participar en alguna prueba de esa categoría. Y luego estaba la "tercera" categoría, las Supersport de los maravillosos años 90. Por mirar... por mirar, llevábamos meses y meses mirando. Una de las candidatas era una vieja "novia" que nunca pudimos tener pero sí "tocar" en su día, la brillante FZR 600 de la hornada del 94/95. En Asturias vendían barata una unidad preciosa con los colores Gauloises. Durante algunas semanas estuvimos hablando y casi organizando la manera de ir a por ella, hasta fue a verla un amigo norteño para darme su opinión. Pero... he aqui que el Destino quiso que un buen amigo, Edu, experto en clásicas, me hablara de otra localizada por su zona. Parecía bastante entera y el precio era casi de risa (tres digitos). Después de evaluar el asunto nos tiramos a la piscina. Ya la había probado dos veces para mi y hasta me había enviado algún vídeo. Sonaba bien y parecía bastante entera salvo por el embrague, gomas y tornilleria. Y nos decidimos. ¡¡Y volvimos a nuestro querido Cintruénigo...!!, pero esta vez sin la Ossa, con un furgón, a por la nueva niña, la FZR. Gracias por tantos paseos, Edu, ¡y sin comisión! Allá que fuimos tres madrileños, Chema, mi padre y yo. Comida simpática y regreso con moto nueva. ¡Cómo para quejarme!


¿Y qué pretendiamos con ella? Pues la máxima era... ponerla a punto y, con el tiempo, quizá participar en alguna carrerita, en tandas clásicas o en alguna exhibición. Pero, claro, para todo ello volveríamos a tener el mismo problema que vivimos durante los últimos años con la HermOssa: un sitio para trastear, para guardarla y luego la logística suficiente para transportarla a los circuitos. Todo muy complicado en nuestras actuales circunstancias. De momento, tendriamos que conocernos, casi en el sentido bíblico y ponernos a punto, ese era el primer objetivo. Sin prisas pero sin pausas... Con amor y buena letra, con matrícula y luces, "operativa" para usarse, no para posar.

Por otra parte, en paralelo, como si se repitiera la historia, nos habíamos inscritos, meses atrás, para el Racer Explosion del Jarama... y, claro, lo lógico era rodar con ella. Pero apenas teniamos unas semanas para prepararla. El año pasado teniamos la misma prisa para apañar la más antigua FZR (del 90) de Iñigo, ¡vaya casualidad! Asi que hicimos lo que pudimos... con ayuda de los amigos de EMS se realizó un check básico pero necesario. Aparte de cambiar todos los líquidos, los discos del embrague, un semi manillar que estaba a punto de romperse y repasar cables y carburación tuvimos la desagradable sorpresa de descubrir que los discos de freno delanteros no estaban en perfecto estado precisamente, uno de ellos de hecho estaba fino filipino... y como es un elemento de seguridad tuvimos que jodernos y buscar dos en un desguace. Así llegamos a Junio y una mañana dimos el primer pirulo. Fue hasta El Tiemblo y me acompaño mi padre en su Fazer. ¡Dos 600 de los diapasones, y las dos con carburadores!, motores parientes, claro.


¿Qué notaba en aquellos primeros kilómetros? Pues por supuesto que era una moto más cómoda que mi querida Infinita y que era ¡tremedamente ágil! Era "enorme", nada que ver con una 600 actual, obviamente. El motor tenia todavía por recorrer mucho camino porque aunque era veloz no aceleraba demasiado. Comodidad, sí. Por una parte, gracias a los semi manillares. Estaban un poco elevados para mi gusto pero por ello ofrecian un buen control y una posición lógicamente menos forzada que en deportivas modernas. A ello se le unía el mullido sillín y la altura de la moto más la posición de las estriberas. Todo hacia que fueras cómodo y bien protegido por su cúpula (¡pulida para poder pasar la ITV, no solo para que quedara guapa!). La caja de cambios me soprendió por su precisión y suavidad. Con los discos del embrague ya cambiados, en ese aspecto, iba muy confiado. De frenos ibamos bien, incluyendo sus latiguillos metálicos. Tacto correcto aunque potencia mejorable. Cambiamos muchos tornillos de la moto que estaban oxidados o forzados, sobre todo por las estriberas. También desmontamos el portaequipajes, algo muy útil pero que "rompia" un pelín la bella estampa de la moto. Además entrar al Jarama, días después, con el puesto no tenía mucho sentido...


Debo insistir que lo que más me soprendió de esta moto fue su tremenda agilidad. Sin duda, ese mítico chasis Deltabox "algo" tenía que ver. También que acabara de montarle dos gomas nuevas, dos Dunlop "de los mios" ayudaba mucho. Simplemente una insinuación y la moto cambiaba de trazada, una auténtica maravilla. Luego, a lo largo de los siguientes meses la cosa cambiaría un poco, al ir cuadrándose los neumáticos después de dos viajecitos con mucha autovía... sniff, sniff.


Y llegó el dia del Racer Explosión. Un día muy agridulce, por diversos motivos. Hizo buena temperatura, menos calor que un año antes, eso era un punto positivo para empezar. Yo andaba algo emocionado de poder estar con mi bella moto nueva, ¡qué preciosidad!, a pesar del tapizado cutre del asiento delantero (¡duraría poco, claro!). Lo mejor es que nos reunimos un buen puñado de amigos en el box. Julito, mi padre, ¡Santi!, Rosi y Luis, Iñigo otra vez (que llevo su FZR) y su chica, Andrea, Pedrito, Juan Vegas, Joselito, Mudo, etc, etc, toda una fiesta de gente maja. En negativo... me levanté regular aquella mañana. Realmente llevaba unos días algo bajo de "punch".


Dentro de la pista, rodeado de clásicas y no tan clásicas (demasiadas motos modernas en la opinión de muchos participantes), comprobé un poco más lo ágil, relativamente estable (a pesar del amortiguador trasero algo follao) y veloz que iba la moto. En contra, la aceleración era paupérrima. En mi mente tenia la comparación con las prestaciones de la Fazer, en teoría muy similares. Pero estábamos lejos, muy lejos en aceleración y recuperación. Hasta alguna naked de 500 salia de los ángulos mucho más rápido que nuestra protagonista. Sé que le hacia falta un reglaje de válvulas, aquello no era normal, ni por asomo. ¡Cómo para participar así en alguna carrera!... Cada semana me asaltaba más la idea de dejarla con matrícula y luces permanentemente...


En todo caso, como siempre, intentamos disfrutar de lo que teniamos. Yo también tenia que pasar "por el taller" pronto, volver a perder peso, revisar las tiróides y mejorar mi salud, estaba tocando fondo desde la primavera.

Por desgracia, aquella jornada en nuestro querido circuito termino de la peor manera. Un gran motorista cántabro, Nichi, con el que habia coincidido varias veces en diversas tandas y eventos de los amigos de ClassisRacing, perdia la vida pocos días después. La razón fue un terrible accidente que se produce casi a la hora de comer en plena recta de meta. Yo llegué escasos segundos después, no lo vi en directo por poco. Lo que contemplé me heló la sangre. El asunto era grave. Alguien se había golpeado brutalmente contra el inicio del murete del pit lane. Todas las ruedas que suele haber alli estaban desperdigadas, un cuerpo tendido inmóvil en la pista, una moto destrozada no muy lejos... y una ambulancia viniendo en dirección contraria por la recta, a toda velocidad. Yo había decidido que era mi última tanda, al final lo fue para todos. DEP Nichi #30. ¡Qué injusta es la vida muchas veces!


Y no fue culpa suya. Una moto algo más moderna, por lo que contaron diversas fuentes, se cruzó en el último momento con la intención de entrar a boxes. Pero en su camino estaba el piloto de la Honda número 30. Una insesatez que fuimos incapaces de entender durante muchos minutos. Luego nos volvimos a quejar de tanta moto moderna (se suponía que solo aceptaban hasta del año 2000 o 2001). Era un poco absurdo aquel panorama mecánico y comprendo que tendrian que amortizar la pista pero meternos entre una ¡¡Desmosedici!! y una jauría de Yamahas nakeds de última hornada, alguna Z 900, etc, etc, lo veíamos un tanto peligroso. No por las motos, claro, sino por lo que arrastra aquello (frenan mas tarde, aceleraban mucho más, claro) y por la edad de algunos participantes subidos a ellas, como los que tenia yo en el box de al lado. Todo aquel "puré" no era precisamente ideal para rodar en la categoria de los "sports". Pero, claro, diran que hablar a toro pasado es fácil. Lo es, pero también lo pensábamos a media mañana.

Casi terminaba Junio y nos aguardaba otra cita. No daria tiempo a pasar por el taller para el reglaje de válvulas y el posible (ya veriamos) esmerilado de válvulas, teniamos a la vista una cita que yo mismo habia convocado en el grupo de "Grillaos del TT". Y sería en Cullera, ese pueblo y esa zona con tanta tradición motociclista. Hariamos otro gran encuentro con gente de todas partes, y en un local emblemático, el Moto-Tapas, dónde se exhiben cascos, monos de carreras y motos de competición, ¡un paraiso que encima está en plena playa! El invitado estrella seria el amigo Victor Ortega que, en breve, iba a participar en el Manx TT en la isla de Man con una preciosa Kawa 600, ¡casi nada!

Lo malo es que vendría una ola de calor terrible... pero todo esto os lo contaré en el próximo post. Me despido con una foto de las máquinas de los "clásicos" de mi pueblo, Pedrito y el moi. Su preciosa y rabiosa Aprilia 125 y mi bella abuelita marchosa. "Siempre" a la moda, ja,ja... Old school en vena!

"Al sur, al sur"



Así lo cantaba mi admirado Miguel Ríos hace un porrón de años (aunque, por una vez, no se refería a su querida Andalucía). Pero fue casi nuestro lema durante el mes de mayo. Es raro que nos de por viajar hacia el sur de la península pero esta vez teniamos un gran "excusa". Habiamos prometido muchas veces a los amigos de aquellas latitudes volver por sus tierras y se presentó una ocasión propicia: se celebraba, una edición más, la "Batalla de las Clásicas", en el circuito de Guadix (Granada). Creo recordar que desde nuestra visita express al circuito de Jerez en junio del 2015, con motivo del evento de Legends (dónde vimos por última vez a nuestro admirado Garriga), nuestras motos no habían apuntado hacia aquella dirección.

Esta vez no contaba yo con la mejor de las versiones de mi querida Fireblade. Desde el último día del Gredos Trophy la moto no iba del todo redonda y le costaba arrancar. Miedo me daba pensar que fuera algo grave pero estaba seguro que era la inyección. Entretenido con otras historias moteras y personales, no me dio tiempo para llevarla al taller antes de la siguiente salida, la que relato en este post, hacia el sur. Estaba seguro que tendríamos este verano el mismo problema de siempre si no hacíamos algo. Es decir, con calor y atascos, se para en marcha, como sucedió otra vez el verano pasado. Estábamos a las puertas de la cita y me di cuenta que la carrera se celebraba un sábado. En principio me pareció ideal para asi tener el domingo libre, con la familia. Pero, claro, si el sábado era la carrera teniamos que salir el viernes por la tarde y un viernes por la tarde la carretera de Andalucía se pondria "guapa" de tráfico.


Y así fue. Serian las cinco y media cuando arrancamos. Un caos total de coches y camiones a la vista. Enseguida decidimo dar un pequeño rodeo para salir casi por Aranjuez y Ocaña pero... pero no sé qué pasaba que a los pocos kilómetros nos encontramos con nuevos aluviones de atascos, brutal, de esos que parecen que circulan con soltura aunque sea solo a 90 o 100. El calor era moderado pero yo no podía evitar pensar en el motor de mi Honda, o en sus inyectores concretamente, o en su electrónica... si volviamos a encontrar un atasco cruzaría los dedos... Al final ibamos los cuatro mosqueteros de tantas veces: mi padre (como siempre, con más ganas que cualquiera), Julito, Antonio que se apuntó en el último momento (con su preciosa Kawa H2) y el que esto escribe. Llegando a Valdepeñas, como doce kms antes otro mega atasco... esta vez bajamos a 30 o 40 por hora, al final por el arcén a ese ritmo... no se veía el final del atasco... yo iba acojonado, la temperatura de la Infinita empezaba a pasar de 104 grados en el marcador... cruzaba los dedos mentalmente. En un momento determinado, salimo de la autovía para subir por una salida con puente y bajar en la siguiente incorporación, así nos ahorrariamos casi un km de atasco. Subi el último de los cuatro y al cortar un poco el gas justo en el medio del puente, tumbando un poco, la moto titubeó y se paró. Me quedé solo en el puente, viendo el atasco desde arriba y a los tres jinetes alejarse poco a poco, por la incorporación a la autovía, aunque Julito luego me contaría que me vió parado por su retrovisor, algo preocupado. Dejé enfriarla un minuto, di al botón y la Fire arrancó sin problema pero "tosiendo", ¡como otras veces cuando se para en un atasco! No lo dudé, meti primera y aceleré a saco hasta tercera para que le entrara un poco de airecito al radiador con la esperanza de bajar la temperatura. Lo conseguí a medias, con la suerte que enseguida vimos el final del atasco. Un accidente multiple y mis "amigos" de verde gestionando el marrón. Paramos y enseguida nos dejaron seguir, ya con la carretera bastante más despejada. Subimos de velocidad  y bajó la temperatura. Entramos además en unos minutos a repostar y dejarnos enfriar.

Ya no hubo más contratiempos mecánicos y, pasado Despeñaperros, después del desvio hacia Granada, disfrutamos de aquellos curvones tan bonitos que nos acercarian hasta el desvío a Guadix, meta del día. Solo había pasado una vez por aquel tramo, en coche, y esta vez lo disfruté de verdad. Como ya casi era de noche la temperatura dejó de preocuparme. Luego paramos, repostamos y enseguida estábamos cenando en un pueblecito lindando casi con Guadix donde una salerosa y simpática camarera nos hizo aquel rato muy agradable. Buenas fotos nos hicimos con ella, y ella con nosotros y las monturas. ¡Así da gusto parar a cenar!


Hotelazo inesperado por cuatro duros (lo había pillado de oferta) al borde de la carretera, a dormir en habitación cuadrúpe al final (a 20 euros cada uno) con risas y cachondeos incluídos, y como siempre pintando bastos en nuestras excursiones, ja,ja... y llegó la mañana del sábado. Increíblemente no hacia mucho calor, ni siquiera un poco, quizá estuvimos ese día como mucho a 20 grados, inesperada pero muy agradable sorpresa. Además había una ligera brisa que no cesaba, perfecto. Después de un power-desayuno nos fuimos a las motos... y la mía no arrancaba. Empezamos a empujar y nada. Está claro que tiene que pasar por el taller. Me juego un dedo que los inyetores están sucios o peor... De todas formas, advertí un detalle. Al aparcarla por la noche, en el parking de superficie del hotel, apreté el corta-corriente de la piña derecha. Por la mañana me acordaba y lo desconecté antes de intentar arrancarla, pero no lo lograba.... Igualito que en Javalambre... ¿Seria que hace mal contacto? Eso estábamos hablando, pulsando Antonio varias veces seguidas el botón rojo, cuando por fin arrancó al siguiente empujón. Me recordó el uso de los productos para limpiar contactos. Tomé nota para la revisión a la vista.

Llegamos al circuito, que no conociamos, enseguida y comenzó lo bueno, la fiesta, mucho más animada de lo que en un principio imaginaba. ¡Larga era la deuda pendiente por visitar a  esta panda de amigos y "delincuentes" simpáticos! A la mitad no los habiamos visto tete a tete. Por fin iba a conocer en persona  al gran Pepe Andujar, ¡¡tio grande, grande!!, a los hermano Cano (Fran y Mario) que corrian con su preciosa GPX, al simpático Willy y seguramente a alguno más, como el amigo Tomás de Almería, al que volviamos a ver. ¡Buena banda! Solo faltaba Iván pero, por lo visto, no podía acudir este año a la fiesta de las clásicas. Tambien estaban Alberto y una amiga, Karol, una chica encantadora, con un curriculum motero, que meses después, al conocerlo, me dejó con la boca abierta, ¡olé!

Buenas monturas por los boxes, no en cantidad pero sí en calidad, incluyendo una preciosa YZF 750, varias CBRs 600 como la del amigo Mamel, y varias japos más de buen ver. Cuando llegó Pepe, después de tantos meses de hablarlo por teléfono, nos emocionamos un poco, ¡ya era hora! Venia muy dopado, en coche con Willy, porque llevaba un gripazo a cuestas que ni una vieja 2T sin aceite... Disfrutamos como locos riéndonos de mil cosas y comentando otras mil. Me hizo mucha ilusión el regalo que nos tenía preparado Pepe para mi padre y para mi, ¡impresionante!, otro día os cuento qué fue. Corazón grande y generoso el de este gran motorista y aventurero. Aparte de eso, también traian una nevera portátil y un buen lote de alimentos ricos, ricos, vaya tela...
También acudió el amigo Jose Carlos, al que no veíamos desde Motorland y hasta el amigo Aurelio (nos habíamos visto una vez, hace dos veranos, en Lisboa, ¡de casualidad!). Aqui una de las primeras fotos divertidas del día...


Las cervezas empezaron a circular con alegría por todo el box, salvo entre los pilotos de la Kawa, que demasiado tenian con soportar los caprichos de la horquilla y el reenvío del cambio de su GPX, una moto pintada y decorada con los míticos colores, y el dorsal, de la JJ Cobas de Aspar, como podéis ver aquí...


La carrera nos pareció muy interesante, aunque no había excesiva inscripción pero sí buenas monturas, montañas de ilusión y un circuito estupendo que nos sorprendió gratamente. De buena gana nos habríamos dado unas cuantas vueltas, sin dudarlo. Además, de manera increíble, hacia una temperatura ideal, de primavera, ¡menudo regalo!


Las horas pasaron rápidas y divertidas, entre risas, motos, grasa y mucha bebida. Pero casi a las dos tuvimos que empezar a despedirnos de tan fabuloso grupo humano. Tomás se hizo una foto encima de La Infinita, a petición propia, ¡le quedaba bien! Mi moto arrancó bien pero no la sentía redonda. Salimos con la idea de volver algún año, ¡mínimo como espectadores!...  La vuelta fue sin incidentes dignos de mención, con menos tráfico y sustos mecánicos. Me iba acordando del espectacular grupo de gente que habíamos descubiertos durante aquellas horas del sábado. En serio, qué panda más cojonuda. Los hermanos Cano, además, tuvieron el detallazo de regalarme una de sus camisetas del equipo que vestí orgulloso durante el camino de vuelta, ¡gracias chicos! Lo mismo somos parientes lejanos, por apellido y ubicación, ja,ja, ¡no lo descarto en absoluto!


Estas carreras y el esfuerzo que hacen los equipos demuestra hasta donde llega la pasión de muchos corredores y motociclistas por rodar  y disfrutar de los circuitos. ¡Qué dure muchos años! Ellos son la esencia y la base de esta bendita enfermedad que tantas alegrías, y algunas tristezas, nos ofrece a lo largo de las décadas. ¡Qué dure y que nos veamos en muchas más! Salud y gasolina.


Otro Gredos Trophy.. ¡pero especial! (parte 2)


Amaneció con una tranquilidad y una paz envidiables. Cómo valoramos estos regalos con los años, la calma de la naturaleza, ¡casi daba pena arrancar las motos luego y romper aquel ambiente!

Desayunamos de manera razonable en el hostal descubriendo que tendriamos otro maravilloso día soleado para rodar. Nos tomamos las cosas con calma, como se puede apreciar en algunas fotos pero, por fin, después de esperar (y fotografiar) a que un "rebaño" de vacas cruzara la carretera nos pusimos en marcha dirección a los dos puertos míticos que nos faltaban por conquistar, Serranillos y Mijares. Dejamos atrás Hoyos del Espino y la zona de la Plataforma buscando el cruce y el puerto del Pico. Allí paramos motores un minuto (al menos yo, con miedo a sobrecalentamientos) y cuando nos reagrupamos por fin bajamos este último puerto, con cierta alegría, con poco tráfico y con una temperatura estupenda. Luego paramos antes del desvío que siempre conduce a la carretera estrecha y sinuosa que, poco a poco, conduce al puerto de Serranillos. Carlos tenia preparada su cámara onboard y, además, tuvieron la buena idea de parar en un mirador (donde jamás habia parado yo) camino al puerto, el mirador de La Llana. Reagrupamiento, fotos y pitillos.


Seguimos la ruta sin tráfico y con diversión. Llegamos  a la cima y volvimos a parar, como no, y hacer más fotos. Las vistas eran admirables y el ambiente cojonudo. Estuvimos un buen rato, mientras pensábamos ya donde parariamos luego para comer aquel día. Cuando reanudamos la marcha noté como, a mi moto, le costaba un pelín arrancar, no por el motor de arranque sino con la sensación de que estaba "medio ahogada". No pude reprimir pensar en el asunto pendiente que tengo con ella en el taller, revisar y limpiar la inyección con ultrasonidos. 


Avanzamos bajando el puerto, un tramo que me gusta mucho (siempre que lleves buenos frenos, ja, ja...). Cuantos recuerdos me vienen a la memoria siempre que cruzo esos parajes, esa carretera bordeada por aquellos viejos "quitamiedos" de piedra donde una vez me dijeron (el father) que si alguna vez me cayera precipio abajo entre ellos por no saber frenar es que me lo merecia por patán (ja,ja,ja..).. El caso que tuvimos que esperar un ratin en otro cruce, lo último que queríamos los anfitriones eran perdidas por el camino. Al reagruparnos y arrancar mi moto noté que, efectivamente, le estaba costando conseguirlo y "carburar". Tuve que dar dos acelerones para aclararla la "garganta" y reanudamos camino dirección Burgohondo y luego Mijares mientras una ligera preocupación se instalaba ya en mi cabeza, ¿qué estaria pasando? ¿Seria la inyección u otra cosa? El motor no se calentaba, al menos eso lo tenía controlado. Al final paramos en Burgohondo para tomar el "aperitivo". No sé cómo no nos perdimos en aquel pueblo que tiene dos carreteras diferentes nada más llegar a él. Tardamos en encontrar un bar abierto (¡increíble!) pero lo conseguimos.. y mientras lo haciamos la "avanzadilla" el resto de expedicionarios nos vieron y se unieron a la comitiva (buscar bares une mucho a la gente, lo tengo comprobado).


Minutos después conquistamos Mijares pero decidi esta vez no parar. Avisé a Kurtis que me iba escoltando (me podía haber pasado en cualquier momento pero es muy respetuoso ja,ja) y segui rumbo al pueblo de Casavieja (Avila) donde comeriamos a todo tren. Me quedé con las ganas de hacerme otra vez la foto en el puerto con el grupo y luego me quedé con las ganas también de detenerme en más lugares maravillosos pero no quería volver a parar la moto hasta la hora de la comida.

Tomás, Gregg, Iñigo, mi padre y los demás iban disfrutando. Andaba yo pendiente en ocasiones de conocer qué opinaban de la ruta pero lo raro hubiera sido (ya nos conocemos) que no hubiera sido de su agrado. En Casavieja me costó encontrar el restaurante elegido. ¡Tuve que callejear un buen rato! Por fin el autóctono que siempre ayuda en estas circunstancias me señaló donde estaba en lugar. Paré y como era pronto tomé un refresco (estaba asado de calor). Luego subí hasta la carretera y algunos de los integrantes de la expedición pudieron verme. Por fin, nos volvimos a juntar.. y disfrutamos de una grata comida dentro del salón. Luego salimos a la terraza y empezaron las despedidas. Iñigo y Kurtis habian apostado si tenian huevos para algo... ese algo era pirarse para ¡Lisboa! y visitar a un amigo. Asi lo hicieron. Yo me mordía las uñas, ¡qué envidia! Alejo tiraba para otra localidad también y se despidió. El resto, después de la comida, tiramos hacia Fuenlabrada, donde dormiriamos todos al final. Antes pasariamos por más curvas y más paisajes rurarles pero con cotas más bajas y más tráfico, no quedaban muchas más opciones para regresar. Comandados por los dos madrileños que quedaban en el grupo (mi padre y yo) nos poniamos rumbo a Piedralaves y la carretera CL -501 y luego la más atascada (da igual el día) M-549, rumbo Este.


Algo de tráfico y parada para repostar fue lo que nos trajo aquella tarde. Teniamos claro que la aventurilla por Gredos tocaba a su fin. Pronto alcanzamos la carretera de los pantanos y la pista de la 501 donde mi padre y yo, tan acostumbrados a ir a nuestro ritmo ilegal habitual (está limitada a unos absurdos 100 que nadie respeta), tiramos un poco y casi perdemos a los invitados. Al fnal todos llegamos juntos a meta. 

¿Qué decir? que fue un placer rodar una vez más con tantos buenos amigos, grandes motoristas y mejores personas. Con ganas de volver a vernos nos despedimos aquella tarde, cerca del bar Daytona, en mi pueblo de adopción. Solo nos quedó el epílogo de tener a Gregg por la zona un dia más ya que esperaba a su chica, Elena, para hacer algo de turismo por la capital antes de seguir, ya juntos en su BMW, hacia tierras norteñas (¡dónde "alguno" se llevo un trofeo!). Pero esa ya es otra historia... ¡¡Hasta pronto "polacos", hasta pronto papi, Iñigo & Kurtis!!

Otro Gredos Trophy.. ¡pero especial! (parte 1)



Después de la fantástica Transpirenaica que disfrutamos con nuestros amigos Tortugas en el pasado mes de octubre, ¡hace ya un año!, hablamos de que la próxima ruta guapa la organizariamos por la zona centro, concretamente por Gredos, que no conocían mucho. Dicho y hecho. Durante las navidades pensamos por qué zonas transitar y qué fechas elegir más allá del invierno. Al final cuadramos reservar finales de abril empalmando con el festivo 1 de mayo. Asi quedó la cosa y así se hizo al final. Como es imposible que cualquier fecha pueda venir bien a todo el mundo no la movimos ya y, como decía, celebramos este "Gredos Trophy" especial en las fechas previstas. La idea era estar dos jornadas en Gredos, lo cual siginificaba que ellos tendrian que tomarse dos días más, uno al principio para bajar a Madrid, y el último para regresar a su tierra. Sugerí que se vinieran a dormir, ese primer día, a nuestra zona, donde hay un hotelito razonable que ya conocía Tomás (de su visita hace unos veranos).. un hotelito que además estaba a espaldas del famoso Daytona, el bar motero de Fuenlabrada. ¡Gran idea, por lo visto! Asi que llegó finales de abril y todos, con ganas, acudimos al reclamo de esta nueva aventurilla. A última hora tuvimos que perder a un integrante habitual, Antonio, que por temas familiares no podia ausentarse esos días de casa. Pero también contábamos con novedades, por una parte, se apuntaban a la fiesta Lupo y su amigo de la Cbr 600 Castrol, Juanfran (con la que más de una vez hemos hecho fotos junto a La Infinita). Y mi padre, que como se encontraba bien de salud, no se lo pensó demasiado y se apuntaba a la fiesta. Seria una o dos noches fuera de casa, según fueramos viendo. El rutómetro ya estaba cerrado meses atrás, el alojamiento en Hoyo de Espinos reservado también, todo lo demás se improvisaría. Los demás integrantes de la zona centro seríamos Kurtis, Iñigo y yo (con alguna incorporación temporal de Juan Vegas, David SV650...).

Miramos el tiempo y comprobamos felices que no iba a ver borrascas ni llluvias copiosas esos días por Gredos, ¡mejor! El primer día acudimos a cenar con nuestros amigos al Daytona. Ya se habian instalado, aparcado sus fabulosas ruteras germanas (más la XS 400 de Juanra). La tripulación "polaca" estaba formada por Juanra, Gregg, Carlos, Alejo y Tomás. Después de la cena ellos siguieron unas horas de cachondeo por la zona, la cosa se alargó...y bastante. A la mañana siguiente, puntuales, estabamos todos en las puertas del hotel. Según fueron saliendo a dar los buenos días los visitantes veíamos sus caras y adivinabas rápido que no habian dormido muchas horas. Alli estaban también Lupo y su colega. ¡Vaya grupo heterogeneo formábamos, grandes GT, varias Rs y la XS 400 atemporal de Juanra!.


Después de los saludos y varias fotos, arrancamos las motos para buscar a Kurtis en Leganés, dónde habia dejado su coche en el taller. Estaba ya esperando, vestido de "romano" y se lo llevó Gregg de paquete en su BMW, ¡vaya estampa!, ja,ja... Tardamos unos quince minutos largos en regresar a Fuenlabrada para coger la "mítica" 506. Mi padre, David, Iñigo y Juan Vegas se nos unirian más tarde, en las siguientes paradas. Por fin comenzaba la ruta de verdad..., ¡asi podian ser todos los lunes!, pensé durante un instante.

La primera parada estaba prevista hacerla en la Cruz Verde, para que la conocieran. Pero antes, por el camino, en algún momento, "la reina de Nurburgring", la XS 400, llegaría a la mágica cifra de ¡¡¡300.000 kms!!! asi que ibamos juntos, en cabeza, su dueño y yo... y cuando llegamos a la salida hacia Quijorna le dejé delante para que parara cuando su cuentakilómetros llegará a la cifra esperada, ya casi inminente. Enseguida sucedió pasado Quijorna. Paramos para inmortalizar el momento. ¡Impresionante lo que la pequeña avispa y su dueño han vivido y rodado desde que se conocieron! Cuantos GTs Riders con motos de 30000 euros tendrían que imitar de ellos...


Subimos a la Cruz ya con más soltura y con poco tráfico (se notaba que no era fin de semana), y alli paramos un buen rato, esperando a Gregg que llevaba a Kurtis a por su S1000R. En la Cruz se nos unió Iñigo, y también Juan y Luis Arminio que nos acompañarian buena parte de la jornada. Una vez todos reunidos, arrancamos y tiramos para Robledo, El Tiemblo, hasta llegar a nuestra segunda parada prevista, El Barraco, donde ya todos juntos, hicimos el primer almuerzo del día. Alli estaban ya, sentados en nuestro bar favorito, David y mi padre, charlando... de motos y de la vida.



Se devoraron algunos torreznos, ese manjar tan apreciado, y del que no conozco persona que se le resista, menos aún si es motero, ja,ja, algún bocadillo potente y algunas birras, con o sin alcohol. Estuvimos sopesando donde comer y las ventas famosas junto al puerto del Pico no daban señales de vida... asi que optamos por llamar a la Venta del Obispo donde, esta vez sí, me cogieron el teléfono y reservamos para comer sobre las tres de la tarde.

Arrancamos por fin con el estómago medio lleno, parando rapidamente a la salida del pueblo para repostar nuestras monturas. Inundamos la gasolinera por completo, ¡pareciamos los participantes de un rally!...y por fin, cogimos el desvio hacia la zona "sin ley" que te lleva desde alli a la hermosa zona dónde comeriamos al final aquel día.

Se hicieron varios grupos pero lo importante es que, todos, por lo visto, disfrutamos de lo lindo, cada uno a su ritmo, viendo o no el paisaje que nos rodeaba con su agreste feeling habitual.. ¡y sin tráfico!


Sobra repetir cuanto nos gusta este tramo Barraco-Obispo, ¡cuantas centenas de veces lo habremos rodado, solos o acompañados! Mi moto no iba mal, creo que todas iban bien, el clima era benigno y no hacia ni frío ni calor, perfecto, yo estaba alucinado, sinceramente. Paramos algún tiempo después en la Venta y, como era un pelin pronto para comer, decidimos acercarnos al mirador del puerto del Pico, donde estuvimos un buen rato maravillándonos de sus vistas y de la calzada romana... más tarde arrancamos y volvimos al bar de la Venta donde la señora nos hizo sonreir varias veces con su desparpajo habitual. Casi comemos lo que ella quiere de hecho, ja,ja, en resumen, todos pedimos platos de carne salvo alguien que pidió trucha (lo cual, para mi, sonaba algo arriesgado...). El caso que ocupamos la mesa principal de la terraza y lo pasamos pipa. No creo que nadie se quedara con hambre, precisamente...


Desde alli se dieron la vuelta algunos integrantes, Lupo, Juanfran, Juan Vegas, David y Luis. Todos tenian obligaciones o planes para esa tarde. A mi padre no le costó ni un minuto animarse para seguir con nosotros, je,je, total, no tenía niguna obligación pendiente. Con poco o nulo tráfico continuamos por la tarde dirección Plataforma de Gredos donde el silencio y el paisaje nos cautivaron durante casi una hora.


Luego fuimos a Hoyos del Espino donde habia reservado para todos habitaciones en un hostal con buenas opiniones en internet, rústico y sencillo pero funcional. Un establecimiento en mitad del pueblo donde reinaba también la calma y con unas vistas espectaculares. Fue inevitable, un poco antes, las habituales fotos con el monumento de la cabra montesa, la que está haciendo "un caballito"... Pues claro, estando en Gredos, ¡tenian que hacerse la foto con ella!

Luego encontramos vacas (a falta de cabras de verdad) y, un año más, surgió en mi cerebro de chorlito lo de que me gustaría tener dinero para comprarme una casita en ese pueblo, cerca de un prado con animales... una casita con un garaje más grande que el resto de la casa. Quién sabe...


Y llegó la noche, y otra cena memorable, donde no sé cuantos chupitos/copas pudimos tomar los integrantes de la aventura de Gredos... lo bueno de cenar cerca del hotel de turno, con las motos aparcadas, es que te conviertes en peatón y ya puedes pasarte un poquito con los líquidos elementos que se crucen en tu camino...... To be continued...



GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...