El fin de un sueño hermosso...


Todo pasa y todo queda recitaba el poeta en sus Cantares, y no, no buscábamos la gloria, solo disfrutar de una de las aventuras que más nos apasiona: el gusanillo de jugar a las carreras, de luchar por mejorar y ser más rápido, más eficaz, sin olvidarnos de la diversión y de la riqueza humana que sabiamos ibamos a encontrar metiéndonos en ese maravilloso mundo de las clásicas. Y asi fue. Pero todo proyecto tiene un fin. Y llegó hace pocos meses, durante el otoño pasado. Con problemas de logística, ni sitio donde trastear, ni probarla (que bien nos vinieron aquellos años en el taller de Seseña) no tenía demasiado sentido que el polvo cubriera mes tras mes a nuestra querida amiga, sin otro horizonte a la vista. Llegó una oferta y se fue para tierras gallegas. ¡Que la disfrute con salud! No fue fácil tomar la decisión pero la cabeza a veces se impone al corazón..


Fueron unos años interesantes llenos de aventurillas, anecdotas y puntazos, a veces con momentos duros (y hasta tristes) pero casi siempre relativamente satisfactorios en lo deportivo... y muy felices en la faceta humana. Y digo "relativamente" porque la espinita que sigue clavada era y es la habitual, haber tenido menos contratiempos mecánicos, haber comenzado años atrás para disfrutar aún más... y haber pesado como diez o doce kilos menos para ser realmente rápido en recta y en subidas, culpa mia, claro. Pero todas estas pegas no son nada comparado con el balance positivo que nos llevamos en los bolsillos, en la memoria y, por supuesto, dentro del corazón. 


Contar con amigos y con gente tan genial como los miembros del Team Moclava (especialmente con el maestro Paco Motos) fue una auténtica bendición. Ellos nos abrieron sus carpas, sus brazos y sus consejos. Y no solo ellos, contar con el amigo Andrés Champi, con Edu el navarro, con Fer47 o con Xose el gallego, por citar los más importantes, fue determinante para aprender, y para contar con un poco de logística (uno de nuestros problemas crónicos), aprendiendo por el camino mil cosas, un auténtico lujo. Todos me trataron con simpatía y me ayudaron en algo en cada carrera, en cada ocasión. Todavía recuerdo al increíble Angel (hermano del grande y ausente Tapi, de los amigos Moclava) cómo me indicaba en Cintruénigo que no cortara gas para cambiar, y que no usara el embrague, como los "pofesionales" y yo, dudando, por miedo a castigar la mecánica. Solo lo probé después de que me insistiera un poco más, en aquel entrenamiento. Y claro, tenia razón. Subiendo marchas no forzabamos y ganabamos unas pocas centésimas. ¡Cómo iban de rápido estos veteranos! de paseo nada, impresionante, "mucha mili" había por alli. Gente sabia, generosa y empática. Sus juegas eran alucinantes. Aquellas noches post entrenos y pre carrera eran auténticos fiestones llenos de orujo, de bailes, bromas y de horas sin sueño, ¡qué bonito paddock! Me sentia un puñetero afortunado, un auténtico "becario" vestido de blanco. 


Gracias a mi padre, a Julito, a Yoli, a Tyto y demás amigos este viaje fue muy agradable, que no exactamente fácil, los años pasaron más o menos rápido, llenos de emociones. Al principio sufrimos de lo lindo por el problema de los frenos, un simple leva delantero que apenas frenaba la moto, ¡cuantos sustos me llevé por ello! y un carburador que era casi imposible de carburar, aquel gastón Bing tan antiguo. Ambos problemas, en un par de años, pude solucionarlos y la moto empezó a ser realmente una moto competitiva y segura. Su sonido (afortunadamente grabado en algunos vídeos que guardo con cariño) me trasportaba a otro mundo.


Las participaciones en Cintruénigo, donde me fogueé, junto a los citados veteranos, fue realmente espectacular, insólito para mi, original y cañero a tope. Como recuerdo aquellas vueltas sin casi cabeza, dándolo todo, que no era mucho en mi caso, pero dejándome siempre la boca y la gargante seca, completamente seca. "¡Buena señal! me decian los veteranos como "Comandante. Y a fe mía que asi me pasaba. Semanas antes me ponía a dar vueltas con la bici por mi barrio para llegar "en forma", apenas tenia cuarenta años cuando comencé pero me sobraban hábitos sedentarios. Ya no era, obviamente, aquel niño que jugaba a ser piloto de motocross, entre caida y caida, en los circuitos de nuestra Comunidad. Habian pasado unos treinta años... toda una vida.

No voy a alargarme mucho más, las crónicas de las aventuras con la HermOssa ya las relaté en su dia en otros posts, pero sí quisiera añadir dos cosas más, hablando de la mayor carrera de clásicas de nuestro país y mi balance final...


Por un lado, destacar que siempre estaré agradecido a los que me echaron una mano en mi debut en La Bañeza, en el verano del 2014. Correr alli, aunque fuera de los lentos (por supuesto), era un auténtico SUEÑO. Era y es La Meca de las clásicas, claro, donde participa la creme de la creme. Por mi parte fue un tanto inconsciente quizá pero no pensaba perder la oportunidad (en el 2013 no me aceptaron la inscripción). Fue una sensación casi extracorporal porque no te puedes imaginar la sensación que inunda toda tu alma y todos tus sentidos en esas calles bordeadas de mogollón de público que te anima con fervor. Había ido mil veces a ver las carreras pero no tenía nada que ver. El calor de la gente, de los pilotos, del público y de los paisanos del pueblo es muy dificil de describir. Como se suele decir, hay que vivirlo. Ese año ibamos justos en todo, en mecánica (ni digo la diferencia de velocidad punta que me calcularon en recta de meta), ni en salud, ni en ánimos (problemas familiares). Pero ahi estaba Luismi para empujarme y llevarme en su furgoneta hasta el pueblo leonés. Tiramos de ganas y no abandonamos, solo los dos con la Ossa hacia una batalla irrepetible, la mejor carrera de clásicas del país. Luego con Mudo, Carmelo y la acogida de los amigos valencianos en su parcela, todo fue más fácil. Gracias a Manu Varea por sus consejos aquel año, gran campeón y mejor persona. El salia con su Bultaco, rápida pero frágil, siempre estaba ocupado con ella, pero aún así, siempre tenia un rato para hablar conmigo o darme rueda. Ese año regresamos a casa con mal sabor de boca, ¡hasta perdimos los embutidos que regalaba la organización y los patrocinadores! Pero al menos me permitió ver dónde me metía con vista a volver en el 2015...



Al año siguiente volvimos, más preparados y se notó enseguida. Pero en aquella categoria, la más competitiva, "el más tonto era relojero", claro, y no rematé. Me quedé a segundo y medio de entrar entre los 35 primeros clasificados para salir a carrera (eramos unos 72 inscritos en 250). Cada año la categoria de los 2T se pone más complicada, más commpetitiva, siguen bajando los tiempos y algunos pilotos rápidos incluso no pueden clasificarse (tampoco había manga de consolación).  Además esa edición vino mi padre y fue todo un plus. Todo este proyecto de la Ossa también lo hice por él. En esos años disfrutó de lo lindo. En parte era como volver a sus días de carreras. A mi me vinieron geniales sus consejos y sobre todo su presencia. Fue, obviamente, mi mecánico y jefe de equipo. Vivimos a tope nuestras aventuras, muchas veces en solitario los dos.


Volviendo a La Bañeza, ese año, vimos a un montón de amigos que se pasaron por boxes, ¡fue muy agradable!, personalmente estaba en la gloria, aunque me faltaba mi familia (que pocas veces me acompañaba a las carreras). En el crono oficial hice peor tiempo que en el libre pero no supimos el motivo hasta que fue demasiado tarde. No importó demasiado (bueno, un poco), de todas formas, ese año lo pasamos en grande, como digo. Estaba en un buen momento y el planteamiento estaba claro. Para seguir teniendo una moto competitiva habría que invertir para el 2016. Solo contabamos con la ayuda de Joan Ferrer que me enviaba cada año muchos litros de A747 gratis, ¡no era poco!, pero cualquier cambio de pistón o de lo que podáis pensar, valia una pequeña millonaria. Por fortuna, la HermOssa era muy fiable pero cada año me gustaba cambiarla alguna cosita. No podía ser cada dos carreras, como hacian los punteros y los pudientes, pero tampoco iba mal mi montura.


Desde 2016, hubo más aventuras, alguna rotura inesperada (como el depósito en Lordelo, Portugal) y, sobre todo, más problemas logísticos de dificil solución en los siguientes dos años (la de furgonetas de alquiler que aprendí a conducir durante esas temporadas). Parecia que ibamos agonizando. Pude encontrar una plaza de garaje de alquiler donde guardar la moto pero no podía salir a rodar por ella por las calles, ya no disponiamos del taller en el polígono, una pena. Aún asi, la pusimos una bonita cúpulita (¡gracias Chema!) y hasta rodamos en el circuito FK1 en el 2018... sin freno delantero (que se rompió tres días antes). Fue la última vez que rodé con ella.


Y por ultimo, a modo de resumen, comentar que fueron cuatro años emocionantes y dos más complicados. Nada de lo bueno hubiera sido posible sin aquella conversación con Paco Motos en el 2009, cuando hablamos de sus carreras y de lo bonito que sería participar en alguna. Tres años después se acordó y me habló de la oportunidad de alquilar una Ossa para una carrera que se celebraba en junio en un pueblo navarro del que jamás había oído hablar... una noble moto que un año después de aquel debut en el 2012 compraría y seria mia en muchos sentidos. En todo caso, espero que todo esto sea un punto seguido, y no un punto final. Quiero volver a correr en clásicas, ,aunque sea en 4t, si las circunstancias lo permiten. Me encantaria. 


Gracias de nuevo a todos los que aportaron desde palabras de ánimo hasta empujones para arrancar la moto. Gracias a los amigos de VITALE que también nos echaron una sabia mano con el tubarro y el motor en algunas ocasiones. Gracias a todos los que apoyaron nuestros pequeños sueños sin ser punteros, ni rápidos, ni jóvenes. Y a mis amigos y amigas más querid@s, no saben todavía cuánto me ayudaron con su presencia...


Me quedo con las palabras que me escribio mi admirado campeón José Angel Mendivil hace unos meses, cuando comenté que había vendido mi pequeña.

"Muy bonitas palabras. Pero la vida sigue y los sueños también. Y tú te lo pasaste muy bien en ese mundo pero no te olvides que hay otro mundo y es la riqueza de esos amigos que tienes del mundo de las motos, esa es una riqueza que no te la quita nadie y siempre las tendrás. Te mando un fuerte abrazo"

Descubriendo Cazorla (¡pequeño paraiso!)


Amaneció pronto y suave, presentándose un día casi primaveral, sin viento y con el sol necesario para sentirse bien. Qué paz inunda los sentidos cuando se pasea por zonas así, lejos de la ciudad y en un entorno tan bucólico y abierto. Desayunamos como campeones y pronto llegamos al "balcón" donde nos aguardaban, fieles, nuestras monturas. Las vistas desde allí eran profundas y extensas. Nuestras chicas arrancaron sin problema y comenzamos con la parte más bonita de la escapada, descubrir el objetivo de nuestra "excursión", conocer parte del Parque Natural, las tierras que avanzaban hacia el suroeste, hacia el pueblo de Cazorla. Me enteré que este Parque es el mayor espacio protegido de España y uno de los primeros de Europa.

Después de dejar atrás paisajes de olivos y demás arbolada penetramos en la carretera A-317, dirección suroeste todavía, bordeando el enorme pantano del Tranco, lugares que no conociamos ni Iñigo ni yo. Carretera juguetona aunque con algún coche que otro (era sábado a fin de cuentas), clima perfecto y vistas interesantes. No tardamos mucho en parar cerca de una especie de merendero que se conectaba con uno de los embarcaderos del pantano. Alli no pudimos tomar nada al final pero pasamos un buen rato contemplando la naturaleza que nos rodeaba:


Rodando tranquilos para intentar descubrir más lugares dignos de visitar, reanudamos la marcha, no era ni mediodía. Un poco después descubrimos un cartel que indicaba un mirador. Y allí paramos de nuevo. Esa parada fue más larga. Caminamos unos diez minutos hasta tropezar con unas vistas fantásticas del pantano, casi solos, mientras el sol apretaba un poco más sobre nuestras cabezas.


Yo estaba alucinado del tiempazo que estabamos disfrutando. Parecía primavera y no otoño. Qué lejos podía imaginar en esas horas la que nos aguardaba aquella noche (ja,ja). 


Prometi volver a estas tierras con la familia, aunque fuera enlatado. Cuando los señores dejaron de fumar, reanudamos la marchas sin saber qué nos encontrariamos más adelante. Una vez en marcha, el tráfico se intesificó y como veinte minutos más tarde, después de gestionar bonitas curvas, paramos en una especie de centro turístico donde habia bar, tienda y se podía coger un trenecito que te hacia una visita por la montaña (¡toma ya!). Era el centro de fauna silvestre Collado del Almendral, ya no muy lejos del pueblo de Cazorla. Por toda esta zona que habiamos cruzado con las motos, en teoría, se podía ver gamos, corzos, jabalíes, cabras, ciervos, aves rapaces, etc. Ciertamente, antes o después de parar en este centro (ya no me acuerdo), vimos, al otro lado de una valla cercana a la carretera, dos "bambys" que corrian en nuestra dirección y luego se alejaban. Fue un puntazo. Se nota que somos de ciudad y alucinamos cuando la naturaleza se muestra tal como es. ¡Cuantas cosas podriamos descubrir de alargar la visita! Hay para ver suficiente como para consumir varios días, pero no tanto por las carreteras asfaltadas (que también) sino caminando por senderos o atravesando pistas forestales. Miradores, aldeas, senderos, lagunas, nacimientos de ríos (como el Segura) piscisfactorias, cuevas... Im-presionante, en suma.



Después de aquella paradita avanzamos hacia un puerto, era el puertecillo de Las Palomas, una ligera ascensión agradable y ratonera. En los garrotes ciegos había que andar con ojo no viniera un coche invadiendo nuestro carril. Nos detuvimos en la cumbre, un lugar acojedor que regalaba buenas vistas, gracias al mirador que alberga.


Después de aquella nueva parada avanzamos hacia Cazorla pensando ya dónde parariamos para comer. Atravesamos el famoso pueblo y en una calle en bajada resbalamos con la pintura de un Stop y casi nos chocamos las dos motos de 600, faltó poco. Impresionante el rendimiento de mi vieja "abuelita", mi FZR, la verdad que me lo pasé de coña aquella jornada. Gracias a su agilidad y a sus neumáticos con pocos kilómetros era una delicia tomar las curvas. Del motor qué decir, ahora sí que acelera lo esperado. ¡Contento me tiene!

Seguimos nuestro camino y, al final, en el pueblo natal de Sabina, Ubeda, decidimos parar a comer, aunque la verdad apenas habia oferta y costó un poco encontrar un restaurante pequeño junto a una gasolinera, el típico lugar de platos combinados y poco más. La idea era tirar desde alli luego dirección Valdepeñas y ya hacia casa. Al final no pasariamos el domingo ruteando. Comimos en plan de raciones y, a falta de otra cosa, tuve que pedir y beberme ¡¡una Cruzcampo 0,0!!, ¡¡pardiez!!, después de eso creo que estoy vacunado para cualquier virus.


El tiempo se estaba poniendo algo feo y yo notaba, desde antes de comer, un poco de mal cuerpo, no sé por qué... con la Cruzcampo creo que me rematé... Terminamos de comer tarde y nos pusimos rumbo a la autovía de Andalucía por carreteras solitarias, y más o menos divertidas, que apenas presentaban tráfico, tramos que al menos yo desconocía por completo. Serian las seis y media de la tarde más o menos cuando el cielo empezó a oscurecerse, parecía que iba a llover con ganas. No quedaba mucho para alcanzar Despeñaperros y la autovía que nos llevaria a casa. Quizá hubiera sido una gran idea parar en algún sitio a dormir y ya llegar a casa el domingo, y pasar otra noche divertida de charlas pero no cambiamos el plan.

Un rato después comenzó a llover ligeramente, mientras pensábamos si merecería la pena ponernos el mono de agua. Como suele pasar a veces, aunque no bajabamos de 140/150, la lluvia nos alcanzo de lleno y, finalmente, tuvimos que entrar en un gasolinera para cambiarnos, ya algo empapados. El viento también se levantó y bromeamos diciendo que habiamos pasado por tres estaciones desde el dia anterior. En aquella gasolinera (cerca de Manzanares, si no recuerdo mal) no había posibilidad ni de tomar café de máquina y, algo resignados, nos vestimos de "romanos". Iñigo llevaba un traje para el agua estupendo de dos piezas que me encantó. Pronto me compraría uno muy parecido en el outlet. Yo me puse el mio de siempre, algo roto y gastado. Por fin, reanudamos la marcha, mientras jarreaba a cubos. Pude comprobar durante esos ratos lo bien que pisaba la FZR en mojado. Con poco tráfico, no bajabamos mucho el ritmo y el comportamiento de la Yamaha era intachable. Como iba delante Julito yo no tenia problemas de visión, ni cuando la noche se hizo ya cerrada prematuramente. Por Tembleque más o menos dejo de llover con ganas y pudimos afrontar los últimos minutos algo más secos. Se terminaba otra escapada estupenda con inmejorable compañía. Quizá nos faltó un día, sí, volver el domingo pero... así fueron las cosas. En resumen, una zona de nuestro país digna de ver, a pie, en moto o en bicicleta, como quién dice. Mínimo dos días por alli seria lo recomendable. En todo caso merecío la pena esta primera "toma de contacto". ¡¡Volveremos!!

Descubriendo Cazorla (¡hacia Segura de la Sierra!)


Hay muchos rincones en España dignos de visitar. Pasan los años y como en ocasiones repetimos trayectos al final también apetece conocer paisajes nuevos. Hacia tiempo que rondaba mi cabeza conocer con la moto la zona limítrofe a la "frontera" entre las provincias de Albacete y Jaén. Solo había estado por Riópar, el nacimiento del río Mundo y el pueblo de mi madre, Bienservida. Tenia ganas de bajar más al sur y conocer la famosa sierra de Cazorla y su Parque Natural. A Iñigo y a Julito les cuadraba bastante la idea y allá que fuimos los tres a principios de noviembre, saliendo un viernes de casa con la intención de pasar una o dos noches por allí. Un placer siempre hacer kilómetros y vivir aventuras con estos elementos...


Salir un viernes después de comer por una carretera tan transitada como la de Andalucía suele ser bastante latoso a esas horas pero no teniamos mucho más margen. Al final nos juntamos en Valdemoro y tiramos a buen ritmo hasta que paramos en un bar a corta distancia de Valdepeñas. Para esta ocasion yo iba con mi "renovada" FZR, ya con su reglaje de válvulas hecho y recién carburada, menuda diferencia de aceleración en comparación con la versión de un par de meses antes, camino a Zamora.


Antes de entrar al restaurante, donde disfrutamos de unas ricas sopas castellanas y unas carnes sabrosas, descubrí alucinado que uno de mis pulpos estaba ¡roto!, anclado todavía a la estribera trasera derecha. En algún momento se había cortado en marcha, con el peligro que estas cosas siempre suponen. Por fortuna, no sentí ni pasó nada. Quizá lo tensé demasiado y no aguantó. Iñigo salió al rescate y metió mi pequeño macuto en una de las maletas de su fabulosa Z1000SX...¡gracias! Aqui una foto de los figuras (una foto donde no sale la botella del buen vino de esa tierra...).


Por fin abandonamos la autovía y empezamos a transitar por carreteras más desconocidas y divertidas. El sol iba declinando poco a poco mientras tomábamos rumbo hacia Villanueva de los Infantes. El ambiente era tranquilo y con pocas luces. Pronto rodariamos de noche, pensé, mientras llenábamos los depósitos en un pueblo del que ya no recuerdo el nombre.

Yo iba algo incómodo con mi vieja chupa de cordura, a la que tengo que cambiar las cremalleras, por cierto, pero estaba disfrutando detrás de estos dos tunantes y de la docilidad de mi ágil montura. Enseguida nos cubrió la noche, estábamos a unos cien kilómetros, o pocos menos, del pueblo donde habia hecho la reserva para dormir, un pueblo que era por lo visto realmente hermoso: Segura de la Sierra. Antes de llegar disfrutamos de muchas curvas y hasta de la "emoción" de ver un animal cruzando rapidamente la carretera. Paramos en el límite de una glorieta desértica para que fumaran mis dos amigos y orientarnos un poco. Eran más o menos las siete pero parecía mucho más tarde. El pueblo estaba en lo alto de un monte, y coronado por un viejo castillo, en pleno corazón de la Sierra de Segura, casi ná. Sin duda toda una experiencia conocerlo y subir por aquella carretera angosta y con pendiente que ascendia poco a poco hasta el aislado pueblo, cuna del poeta Jorge Manrique


Costó encontrar el alojamento, un curioso apartamento rural bien decorado rodeado de calles empinadas. El viento y el frio se habian incrementado a medida que subiamos hacia el pueblo y el alojamiento estaba justo a las faldas del castillo, en lo más alto de la localidad. El viento era tan molesto que hasta me quedé con el casco puesto un buen rato mientras intentamos ubicarnos y hablar con el señor del apartamento por el móvil. Era un laberinto de corredores, callejones y calles pero resultaba muy auténtico y pintoresco el pueblo, sin duda. Por fin pudimos dejar los trastos, cambiarnos y buscar dónde cenar. No habia muchos sitios abiertos a eso de las once de la noche pero encontramos un magnífico mesón cerca de la entrada del pueblo, donde disfrutamos mogollón, casi en solitario, y junto a una lumbre que no esperábamos pero que agradecimos bastante.


Luego visitamos algunos de los rincones del pueblo, algunos dignos de ser enmarcados, para terminar, como último acto de la noche, en un garito de copas y música. Siempre que paso por un pueblo así y descubró el precio de las copas me maravillo. En otros tiempos aprovechaba, ahora nada, un vodka con naranja y poco más. Lo mejor son las charlas entre nosotros y con los paisanos que se cruzan en el camino. Y esa sensación, como siempre, de libertad, de estar a tu bola... ¡y solo había comenzando el finde!


Octubre, ¡será por clásicas y oldies!


No es obsesión pero, al final, muchas veces terminamos rodeados de motos antiguas, de caballeros de las dos ruedas y de reuniones que defienden y reivindican nuestro legado y nuestra historia. Algo que me encanta y que veo necesario. Total, no hace mal a nadie, hay sitio para todos en nuestra afición y estos saraos ayudan a que los más jóvenes descubran y entiendan cómo eran las motocicletas hace décadas. Aunque para gustos los colores, por supuesto.. pero ahora que vivimos inmensos en la época de motos atascadas de electrónica (que no aprovechamos ni una tercera parte), del marketing eléctrico (no pretendas viajar lejos con un vehículo así que no llegas), de las normativas y restricciones que vuelven a poner a la moto en la diana en lugar de hacerla parte de la solución (y no del problema), da gusto, como digo, oler efluvios de Castrol o Motul, de escuchar el clásico sonido de motores de 2t, de contemplar estampas de motos con alma, de hasta ver monos de cuero antiguos o mis queridos barbours como vieja armadura de antiguos cruzados del asfalto...

Llegó octubre y tuvimos nueva excusa para "dar una vuelta" y reunirnos un rato con amigos y desconocidos, al tiempo que contemplábamos más clásicas en movimiento. Se celebraba la reunión de Brea de Tajo y allá que fuimos, a apenas hora y pico de casa, por las curvillas solitarias de Las Vegas y el río Tajo, todavía en la provincia de Madrid pero muy cerca del límite con la provincia de Guadalajara y Castilla La Mancha. 


Salí temprano, medio dormido. Ahora La Infinita corre una barbaridad, como siempre cuento, desde que le limpiaron los inyectores y la bomba de la gasolina, por lo que siempre tengo ganas de bailar con ella aunque la dulce FZR me tiene hechizado. En todo caso, fue un placer volver a pasar por Las Vegas, aunque siempre pienso que sobran pueblos y badenes. Finalizando el paseo, en un conocido cruce, me topé con la comitiva clásica que daría una vuelta por las localidades cercanas antes de volver a Brea. En unos minutos llegué al pueblo y al epicentro de la movida, en su centro "neurálgico". Lo importante es que había un buen bar donde desayuné, mientras esperaba. Algunas damas con solera comenzaron a llegar... Para empezar esta preciosa GPX que me tenía loco de chaval...


Y esta preciosa "Pepsi" no se quedaba atrás:


Antonio, de Pinto, llegó al rato con su Kawa "Turbo". Creo que su moto tenía mas potencia que todas las demás juntas, ja,ja... Luego más amigos como Iñigo, Andrea, Mudo, Tyto y Mónika, y el grupo de Luis y Rosi (con Miguelón, Mayka, Antonio..). El sol brillaba con fuerza en el cielo y pasamos un ratillo agradable. Yo ese día no podía quedarme a comer con ellos pero disfruté de su compañía esas horas.

Días después arranqué una idea que comenté, semanas antes, con el amigo Jordi de la revista Solo Moto. Viendo la popularidad y la moda que vivimos, actualmente, en nuestro mundillo por las oldies de los años 80 y 90, sobre todo gracias a los aficionados que en las redes sociales recuperan historias y recuerdos, ¿por qué no aprovechar ese filón y publicar contenidos interesantes y diversos reportajes en la revista? Como hacen algunas revistas de otros países... Al final la idea gustó, y hablamos de mi posible colaboración, haciendo pruebas y mandando la correspondiente crónica, potenciando alguna sección de la revista. Yo lo decía sin grandes pretensiones, sin buscar nada, solo divertirme encima de esas motos y poder escribir sobre ellas, dos cosas que me encantan. Confirmé que podía probar diversas motos interesantes del siglo pasado. La primera sería la bella Suzuki TL 1000 S de un conocido, "Piwi", que gracias a la intermediación de Pedro tendría la generosidad de dejármela una mañana para probarla y hacer un primer artículo "oldie". Y así fue, en ese mismo mes de octubre. Tenía en mente muchas cosas sobre la preciosa TL pero ningún recuerdo o conocimiento previo podría igualar a probarla durante unas horas. Con la ayuda imprescindible de mi amigo Iñigo, gran fotógrafo y motero, tenia asegurado la otra parte del asunto: poder hacer fotos dinámicas, obligatorias para cualquier artículo. Y así fue, ¡buenas fotos me hizo el citado, aunque yo salga encima! Qué talento y paciencia tiene el colega, ¡gracias team-mate! Durante unos días estuve pensando qué curvas elegir, dentro de la Sierra Oeste, para esas fotos en marcha. Al final elegimos dos que se prestaban a una buena colocación por parte del fotero y cierta visibilidad para el jinete.


¿Qué decir de aquella moto, de aquel enorme bicilindrico que quiso comerse un trozo del pastel de Ducati? Pues que es una moto todavía impresionante, con mucha personalidad, con suficiente potencia y montañas de par motor, con un sonido brutal y un tacto casi italiano que obliga a conducirla de manera distinta a nuestros habituales cuatro en linea, claro. No fue la única bicilindrica en V de los japones, pero la TL tiene más punch que las VTR de Honda. Por cosas de la vida, tampoco se vendió mucho. Me sentí cómoda encima de ella (¡se nota que antes las sports eran casi cómodas!) aunque en zona de muchas curvas sus inercias y su carácter obligan a una conducción un poco física, con todo lo bueno y menos bueno que eso implica. De frenos íbamos cubiertos, la moto llevaba Brembo, y por fortuna, no llevaba detrás el invento de amortiguación que sacó Suzuki para este nuevo modelo, el Rotary Damper, una idea procedente de la Formula 1, donde por un lado iba el muelle y por otro el hidráulico. Esto permitía hacer menos larga entre ejes la moto pero, como se descubrió enseguida, la disposición de esa configuración, tan cerca del motor y de los colectores, provocó una falta de rendimiento alarmante por calentamiento. Muchos usuarios cambiaron el amortiguador rotativo por un Ohlins o similar anclado directamente al modo convencional. En el caso de la moto de "Piwi" así era y además estaba ajustado con una precarga más o menos acorde a mi peso y al ritmillo alegre, pero nada racing, que me marqué por la sierra (tenía que devolverla intacta, claro). El sonido... como decía, qué maravilla. Las colas Yoshimura de esta unidad también ayudaban a la sinfonía que se construía curva a curva, al compás de la oscilación del gas. De chasis (multitubular casi por completo) y suspensiones nada que objetar. De motor, imaginaos, dos grandes pucheros de medio libro cada uno. Sus 125 CVs ahora no son nada para una moto de mil pero para la época, y para el usuario medio, son más que suficientes. Otra de la novedades de esta moto fue que presentaba inyección electrónica. En su presentación, en 1996, no era tan habitual como podamos imaginar en estos días. La inyección no funcionaba nada mal pero en baja coceaba un poco, era lógico, no estaban tan bien ajustadas como ahora pero nada que objetar en cuanto abrías el gas un poco. 


Devolví la TL con un poco de pena, estábamos comenzando a ser amigos. Me encantaron muchos detalles de esta moto como su posición, racing pero nada radical para el piloto. Aquella mañana, antes de subir había comprobado la tensión de la cadena (recordaba bien los problemas reportados en aquellos años por muchos propietarios) aparte de recordar la fama de que era una moto que flexaba demasiado, glups...

Cerca de la hora de comer, tomamos una cerveza en el bar Daytona, en mi pueblo, me despedí de la Suzzi y arranqué el coche camino a casa. Ya en mi cabeza estaba danzando qué opciones de moto podría elegir para el próximo artículillo... y eso que todavía no había escrito la prueba de la TL. El que se aburre es porque quiere...

En octubre también sucedió otro hecho muy relevante, y doloroso, para mi. Vendimos, finalmente, mi querida Herm-OSSA. No tenia sentido seguir acumulando polvo sobre ella. Pero este asunto es tan personal que le dedicaré otro post...

Zamora, las clásicas... y los clásicos


Se estrenó el mes de septiembre y pusimos rumbo a Zamora, a la bonita fiesta de las clásicas que disfrutamos dos años con nuestra Ossa. Buenos recuerdos, buena organización y un trazado divertido. Balance positivo aunque durante la última visita en 2016 terminamos con sabor agridulce. En la penúltima tanda se cascó la primaria del motor y no terminamos bien la jornada. Desde entonces no habíamos vuelto al polígono de La Hiniesta. 

Días antes de la nueva visita, nos reunimos por fin con nuestro amigo Tyto en el bar Daytona de Fuenlabrada. ¡Hacia tiempo que no nos veíamos! y, además, había buenos motivos para el reencuentro, ya lo creo. Estrenaba moto y nos presentaba a su pareja, Mónika, una chavala simpática y motera. La moto nueva era increíble, una preciosa BMW 1200 de segunda mano pero muy cuidada, impoluta, sin un arañazo, muy mimada. Con ella desde luego podrían viajar lejos y de manera cómoda. Eso sí, su mítica Suzuki DR 650 seguiría en el garaje. A la cenita se apuntaron mis padres y el tema de Zamora surgió enseguida. Tyto y Mónika se apuntaron rápidamente a la escapada, ¡estupendo! También se vendría el "pequeñín", Alvarito, con su Triumph. Aunque no había dado tiempo de hacerle el reglaje de válvulas pendiente a mi querida FZR decidí sacarla y disfrutarla ese domingo.


La fecha no era muy buena, era justo el domingo de vuelta de vacaciones estivales, lo que significaría sin duda mucho tráfico y mucho control por parte de nuestros "amigos" de la DGT aquella tarde, sobre todo desde los helicópteros (mala combinación con mi padre por autovía). Para ir a Zamora tampoco podíamos circular por muchas comarcales precisamente (si queríamos llegar a una hora prudente y disfrutar de las tandas, claro), solo la mitad del camino pasaba por carreteras nacionales y un único puerto, el de Guadarrama.

Quedamos en la gasolinera Cepsa pasado Villalba, en la AP6, dónde tantas veces. A una hora temprana, allí nos reunimos todos los expedicionarios previstos (aunque algunos echamos de menos a Racing Rous). Mi padre con la Fazer y yo con la abuela de esa moto (mi FZR) llegamos los primeros. Repostamos y compartimos un donut. El tiempo era estupendo y había ganas de rodar. Teníamos ganas de ver a los amigos zamoranos, al Mudo, a los clásicos como Andrés "Champi" y a Joselito que andaba cerca, en su pueblo, Toro. Arrancamos con alegría para hacer el fabuloso puerto de Guadarrama (aunque está ahora plagado de radares) y bajamos hacia San Rafael para encarar la vieja carretera de Avila y tirar como si fuéramos a La Bañeza o a Juarros de Voltoya. La idea era parar poco después en el mesón de Ataquines, como tantas ocasiones, para desayunar "decentemente". Hasta allí fui muy contento con el rendimiento de mi oldie aunque, como era predecible, se notaba su falta de aceleración que no de velocidad crucero. No tardamos mucho en llegar a nuestro mesón "fetiche" y dar buena cuenta de sus delicias. Mi padre pidió su ajo para estrujarlo en el pan con tomate, el desayuno de los campeones. Nadie paso hambre, doy fe, ja,ja...


Llegamos a meta en "dos acelerones" y aparcamos en la parte alta del circuito, ya dentro del polígono. Gracias a las maletas de las dos motos turísticas de nuestros amigos hasta pudimos dejar los cascos guardados, de lujo. Bajamos andando la cuesta por la que me tiré con la Ossa tres años antes para arrancarla (cuando se quedó el acelerador pillado y casi me estrello). Pronto vimos las carpas. Daba la sensación que había menos pilotos y menos público que otros años, así era. También nos contaron, a lo largo del día que había habido fricciones graves dentro de la AMZ, el organizador del evento, una lástima. Enseguida vimos a "Champi" que nos enseñó su preciosa Gilera KZ 125. También localizamos al Mudo que siempre va a este evento en tren, cosas suyas. Nos desplazamos hasta la curva de entrada a meta para disfrutar un buen rato de las motos en marcha, ¡qué delicia! Había menos motos que otros años pero entre ellas sí contábamos con auténticas joyas, no esperábamos menos, la verdad. Os pongo algunas fotos:


Inevitable pasar un poco de envidia observando a todos aquellos pilotos rodando por esas calles con sus queridas doncellas. Yo todavía no había vendido mi Ossa pero no teníamos logística disponible esta vez, ni apenas sitio donde guardarla durante los últimos meses, ni nos habíamos propuesto este año participar... Luego fuimos, inevitable también, al bar del "paddock" a "lubricarnos" un rato, aunque no hacia demasiado calor.
 

Luego más encuentros agradables y más charlas. Primero con Joselito que por fin llegó desde Toro, luego con Celes de la AMZ, quién nos contó por encima el ambiente caldeado que habían pasado meses atrás dentro de la asociación... me quedé atónito. ¿Realmente no hay moto club o similar en el mundo del motor que no termine a tortas entre sus miembros?


Para comer hicimos caso al Mudo y nos acercamos a un hotel restaurante "racing" que él conocía, por el centro de Zamora. Su nombre era familiar, ¡"Jarama"! Pudimos elegir entre tropecientosmil platos diferentes, de traca, aparte de disfrutar de su decoración dedicada a nuestro querido circuito. Se nota que Angel Nieto nació allí (¡en esa ciudad, no en ese restaurante, quiero decir!). Otra comida divertida entre amigos antes de ponernos el casco y salir hacia Madrid.

La vuelta seria menos ligera que la ida. Repostamos antes de llegar a la A6, en algún lugar cercano a Toro. El sol todavía brillaba. En cuanto llegamos a la pista comenzamos a ver muchos coches, tráfico denso pero fluido todavía. Cuanto más nos acercábamos a la zona Tordesillas, más y más vehículos se juntaban en la pista, volviendo de sus vacaciones.. En los cielos se adivinaba la presencia de "Big Brother" pero todavía yo no había visto nada que volara con humanos dentro (buscar posibles drones no entraba dentro de mis posibilidades visuales). Regresábamos a un ritmo pausado de 120/130 o incluso menos. Imaginaba cómo iría sufriendo mi padre a ese ritmo, y durante un buen rato, avivamos un poco más nuestra marcha llegando solos hasta, más o menos, Arévalo donde el tráfico ya era realmente intenso. En ese momento volví a mirar a los cielos y descubrí un lejano helicóptero que hacia una especie de giro amplio por nuestra derecha, hacia la carretera. Me pregunté si nos habría observado minutos antes, desde atrás; habríamos sido presa fácil. (Pasaron los meses y no llego ninguna multa, bueno, a mi padre sí, pero del tramo Zamora-Toro, por pasar alegre bajo algún radar que no vimos).

El tiempo empezó a nublarse. Por fortuna, pronto saldríamos de la pista para volver a coger la carretera vieja de Avila. Asi fue. Paramos en Villacastín, el bar de la carretera. Me quedé un rato de pie esperando ver a las dos motos que faltaban. En unos minutos llegaron y tomamos unas bebidas en aquella terraza mientras el cielo se ponía realmente feo y gris. Como ultimamente me pasa, apenas llevaba ropa de abrigo conmigo, ¡error!, así que pensé que tenia alguna papeleta para llegar a casa costipado. Sobre todo cuando, después de repetir consumiciones, comenzó a chispear.

Arrancamos por fin y empezó a llover con ganas. Seria mi primer tramo "flag to flag" con la FZR, que seguía, por cierto, comportándose de maravilla. Desde luego, aunque alguno me mire (o me lea) "raro" es toda una moto para viajar (el portaequipaje lo tenía guardado). Su gran cúpula y su carenado protegen más de lo que imaginas en teoría sabiendo que se trata de una moto deportiva. El matiz es que es una R antigua, por lo que el estándar de ergonomía que presenta la moto es, ahora, en estos días, casi de moto turística convirtiéndola en una divertida moto de sport-turing (al menos, para mi estandar) con un chasis que era de carreras (campeona de España a la primera, en 1994, con el gran Gregorio Lavilla). Tanto el sillin, la posición del manillar por encima de las tijas y la localización de las estriberas te lo ponen fácil para consumir más y más millas sin cansancio. En efecto, iba  super cómodo, más que en la Fireblade, parecía que no nos habíamos tragado ya unos cuantos kms aquel domingo. Para algún futuro viaje sí le montaríamos de nuevo el porta que desmontamos para entrar al Jarama en junio.

Luego escampó un poco y el viento nos fue secando el cuero. Creo que fue el típico tramo dónde corrimos más que las nubes negras de cielo (la vieja teoría de mi padre cuando llueve o graniza y tienes pista abierta por delante... y unos cuantos CVs bajo el culo, claro). Abordamos con ganas el Alto del León pero, como era de esperar, también presentaba tráfico. Llegamos a casa una hora larga más tarde, sin más novedad. Un viaje corto y fácil pero muy ameno y agradable, salvo los minutos de atasco. Fue una bonita manera de comenzar el mes de septiembre. Pronto llevaría al taller a mi "abuelita" de 600, tenía más ganas de hacerlo y recuperar su aceleración que ella misma. Y así fue. Pero esa es otra historia...

Un placer volver a ver a tantos amigos en Zamora ¡y compartir ruta y mesa con Tyto & Mónika! (Con Alvarito también, claro, pero al "pequeñín" le tengo más visto, ja,ja). Me despido con una foto de esa mañana, casi a primera hora, en la parada obligada en Ataquines. En primer plano la flamante BMW celeste de Tyto...



De nuevo por Asturias (parte 3 y última)


No madrugamos mucho aquel martes de agosto. Con esa siempre agradable sensación de libertad, de no tener prisas ni obligaciones en el horizonte, de poder desayunar sin mirar el reloj, de saber que a lo largo del día un montón de buenas sensaciones, paisajes y curvas te esperan tranquilamente... Pues así fue, después de un desayuno interesante y de hacer un poco el "vago" en el hall del hotel, antes de pagar, volvimos a vestirnos de "romanos" repasando la ruta del día, trayecto que nos tenia que llevar de vuelta a Madrid aquella noche. Aparte de la tarde del domingo, al final solo dos días por Asturias, pero bien aprovechados en mi opinión.


Lo primero de todo era visitar el centro de Llanes, como tantas veces, y luego volver a ver las impresionantes vistas de los acantilados de Andrín. Cafetito en la calle Muelle, cerca del puertecito del pueblo, visita a las dos tiendas de siempre, la de los regalitos y la de al lado, la tienda rockera de camisetas. Dijimos adiós al querido pueblo a media mañana dirección a los acantilados. ¡Qué espectáculo es siempre contemplar el mar desde alli!


Estuvimos cerca de media hora mirando y haciendo fotos. Turístas en coche, pero solo dos motos alli paradas, las nuestras (me extrañó un poco). No había vuelto desde aquel otro impresionante viaje con Tyto y Carmelo. ¡Cómo pasan los años! No, error, eso fue en el 2014 pero dos años más tarde, en agosto también me dio la venada y me subi a comer un dia a Llanes (estaba solo en casa, "de Rodríguez"), volviendo a casa por la noche. Da igual. Al menos, que hubiera más gente por allí nos permitio salir juntos en la misma foto:


Arrancamos tranquilamente, disfrutando del paisaje, ¡cómo me presta siempre pasar por esas carreteritas y prados!, nunca puedo evitar pensar lo agradable que sería tener una casita por esa zona. Me pasaria medio año viviendo allí, sobre todo en verano. Al menos podemos viajar, que no es poco... Tomamos rumbo a Colombres, ese pueblo tan motero (lo digo por su clásica subida en cuesta desde Bustio), por la carretera antigua, la N-634, nada de autopista, así podíamos pasar por La Franca y todas esas localidades que tan buenos recuerdos nos traen...  Antes de proseguir paramos a repostar en la gasolinera El Peral. Esta vez no daba tiempo a comer (era pronto para eso) algo de marisco en el famoso restaurante con olor a Castrol de La Parra, posiblemente mi establecimiento favorito de todo el norte.


Seguimos acercándonos a Cantabria, llegando primero a San Vicente de la Barquera sin más novedad. No paramos alli, nuestra siguiente "meta volante" era Cabezón de la Sal. Antes, pasariamos por las estupendas curvas que presenta el paisaje saliendo de San Vicente hacia Treceño (otro reducto bucólico que conocemos de algunas vacaciones familiares). El tramo fue estupendo, lleno de alegría y con poco tráfico. Al llegar a Cabezón una breve pausa para asegurar rumbo. Con más tiempo hubieramos parado varias horas o incluso dormido alli para poder ver sin prisas a dos amigos, Nazaret y el caballero de las clásicas, José Antonio Casanueva, pero una vez más no teniamos esa posibilidad, debiamos llegar a casa esa misma noche. A ve si tenemos más suerte la próxima vez...

Desde alli la idea era conquistar el estupendo puerto de Palombera, un puerto de primera categoria (en varios sentidos) cuya carretera CA-280 corona a 1260 metros, ¡toda una delicia! Eso sí, recordaba por experiencia y por referencias lo fácil que es ver animales por aquellas laderas, de todos los tipos y tamaños... Comenzamos la ascensión rodeados de una frondosidad y una luminosidad penetrante. Aunque nos cortó un poco el ritmo, no pude evitar parar una vez para lanzar dos instantaneas decentes. Aqui una de ellas:


Seguimos subiendo con alegría pero de repente descubri un "mirador" que ni recordaba. Por lo visto en el, se llama "Balcón de la Cardosa". Paramos a echar un vistazo bajo esos estupendos cielos azules que nos cubrian desde primera hora. La extensión del paisaje que se puede vislumbrar desde alli es inmensa, realmente dificil de cuantificar. Y alli mismo, en el mirador, descubrimos ¡otro "bamby" de escultura! Parecido al del puerto de San Glorio. Aquel con el que siempre nos hacemos fotos, la mayoria muy divertidas....


Julito y yo mismo no pudimos resistirnos y caimos en la tonteria de volver a hacer alguna foto "sexual" con la pobre criatura petrificada... Por fortuna apenas había gente por alli... El caso es que un rato después reanudamos la marcha, agradeciendo la parada. En menos de dos minutos vimos caballos y, justo después, un nutrido grupo de vacas que se acercaban de derecha a izquierda, o sea, hacia la carretera. Julito, que iba delante, siguió su camino sin problemas pero yo me encontré tres ejemplares marrones que decidieron parar sobre el asfalto, la mayoria mirándome. Después de tantos años sin incidentes con mis buenas amigas las vacas no quería cambiar, para nada, aquella relación de amistad y mutuo respeto. Me detuve prudentemente sin parar el motor. Algunas se movian, otras seguian cruzando pero estas amigas desconocidas no tenian demasiadas ganas de moverse, por lo visto. Paso un minuto algo tenso y por fin una de ellas se giró lo suficiente para que me atreviera a meter primera y, a puntita de gas, intentando no alarmarlas, pasar a escasos cuatro o cinco metros de ellas sonriendo dentro del casco, por si aquella actitud pudiera ayudar... Pasé sin problemas aunque una de ellas seguia apuntando al frontal de la Honda. Respiré más tranquilo y meti segunda, viendo a lo lejos al compadre, recordando aquello que me dijo un amigo norteño en cierta ocasión: "no paseis nunca por la noche con las motos por este puerto, el ganado a veces se tumba en el asfalto para calentarse y te lo puedes encontrar"... 


El resto del camino, hacia Reinosa, no tuvo mayor interés. Allí comida interesante al segundo intento, de cuchara el primer plato, que apetecía y tenemos que cuidarnos... Las motos magníficas, ni una queja. Temperatura ideal para ellas y para los riders. Luego pequeña siesta (sobre todo del compadre) en un pequeño terrenito verde mientras seguian descansando las niñas... Y precisamente el agradable verde de los paisajes se iba diluyendo, poco a poco, mientras nos acercábamos a Aguilar de Campo, tramo que paso en un suspiro. Y lo mismo luego, en el viejo tramo conocido que conduce a Burgos desde el pueblo "de las galletas". En menos de lo que imaginas ya ves carteles informando de la distancia a Burgos. Esta vez no paramos en Sotopalacios a por morcillas. Desde Burgos el cambio de paisaje es tan acusado que ya en tu cabeza piensas "estoy casi en casa, joder"... Sin mayor novedad llegamos antes del anochecer a meta pensando la suerte que habiamos tenido desde el sábado: cuatro días entre amigos, carreras, curvas, paisajes y buena gastronomía. ¡Hasta pronto, fondo Norte!



GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...