Otro Gredos Trophy.. ¡pero especial! (parte 1)



Después de la fantástica Transpirenaica que disfrutamos con nuestros amigos Tortugas en el pasado mes de octubre, ¡hace ya un año!, hablamos de que la próxima ruta guapa la organizariamos por la zona centro, concretamente por Gredos, que no conocían mucho. Dicho y hecho. Durante las navidades pensamos por qué zonas transitar y qué fechas elegir más allá del invierno. Al final cuadramos reservar finales de abril empalmando con el festivo 1 de mayo. Asi quedó la cosa y así se hizo al final. Como es imposible que cualquier fecha pueda venir bien a todo el mundo no la movimos ya y, como decía, celebramos este "Gredos Trophy" especial en las fechas previstas. La idea era estar dos jornadas en Gredos, lo cual siginificaba que ellos tendrian que tomarse dos días más, uno al principio para bajar a Madrid, y el último para regresar a su tierra. Sugerí que se vinieran a dormir, ese primer día, a nuestra zona, donde hay un hotelito razonable que ya conocía Tomás (de su visita hace unos veranos).. un hotelito que además estaba a espaldas del famoso Daytona, el bar motero de Fuenlabrada. ¡Gran idea, por lo visto! Asi que llegó finales de abril y todos, con ganas, acudimos al reclamo de esta nueva aventurilla. A última hora tuvimos que perder a un integrante habitual, Antonio, que por temas familiares no podia ausentarse esos días de casa. Pero también contábamos con novedades, por una parte, se apuntaban a la fiesta Lupo y su amigo de la Cbr 600 Castrol, Juanfran (con la que más de una vez hemos hecho fotos junto a La Infinita). Y mi padre, que como se encontraba bien de salud, no se lo pensó demasiado y se apuntaba a la fiesta. Seria una o dos noches fuera de casa, según fueramos viendo. El rutómetro ya estaba cerrado meses atrás, el alojamiento en Hoyo de Espinos reservado también, todo lo demás se improvisaría. Los demás integrantes de la zona centro seríamos Kurtis, Iñigo y yo (con alguna incorporación temporal de Juan Vegas, David SV650...).

Miramos el tiempo y comprobamos felices que no iba a ver borrascas ni llluvias copiosas esos días por Gredos, ¡mejor! El primer día acudimos a cenar con nuestros amigos al Daytona. Ya se habian instalado, aparcado sus fabulosas ruteras germanas (más la XS 400 de Juanra). La tripulación "polaca" estaba formada por Juanra, Gregg, Carlos, Alejo y Tomás. Después de la cena ellos siguieron unas horas de cachondeo por la zona, la cosa se alargó...y bastante. A la mañana siguiente, puntuales, estabamos todos en las puertas del hotel. Según fueron saliendo a dar los buenos días los visitantes veíamos sus caras y adivinabas rápido que no habian dormido muchas horas. Alli estaban también Lupo y su colega. ¡Vaya grupo heterogeneo formábamos, grandes GT, varias Rs y la XS 400 atemporal de Juanra!.


Después de los saludos y varias fotos, arrancamos las motos para buscar a Kurtis en Leganés, dónde habia dejado su coche en el taller. Estaba ya esperando, vestido de "romano" y se lo llevó Gregg de paquete en su BMW, ¡vaya estampa!, ja,ja... Tardamos unos quince minutos largos en regresar a Fuenlabrada para coger la "mítica" 506. Mi padre, David, Iñigo y Juan Vegas se nos unirian más tarde, en las siguientes paradas. Por fin comenzaba la ruta de verdad..., ¡asi podian ser todos los lunes!, pensé durante un instante.

La primera parada estaba prevista hacerla en la Cruz Verde, para que la conocieran. Pero antes, por el camino, en algún momento, "la reina de Nurburgring", la XS 400, llegaría a la mágica cifra de ¡¡¡300.000 kms!!! asi que ibamos juntos, en cabeza, su dueño y yo... y cuando llegamos a la salida hacia Quijorna le dejé delante para que parara cuando su cuentakilómetros llegará a la cifra esperada, ya casi inminente. Enseguida sucedió pasado Quijorna. Paramos para inmortalizar el momento. ¡Impresionante lo que la pequeña avispa y su dueño han vivido y rodado desde que se conocieron! Cuantos GTs Riders con motos de 30000 euros tendrían que imitar de ellos...


Subimos a la Cruz ya con más soltura y con poco tráfico (se notaba que no era fin de semana), y alli paramos un buen rato, esperando a Gregg que llevaba a Kurtis a por su S1000R. En la Cruz se nos unió Iñigo, y también Juan y Luis Arminio que nos acompañarian buena parte de la jornada. Una vez todos reunidos, arrancamos y tiramos para Robledo, El Tiemblo, hasta llegar a nuestra segunda parada prevista, El Barraco, donde ya todos juntos, hicimos el primer almuerzo del día. Alli estaban ya, sentados en nuestro bar favorito, David y mi padre, charlando... de motos y de la vida.



Se devoraron algunos torreznos, ese manjar tan apreciado, y del que no conozco persona que se le resista, menos aún si es motero, ja,ja, algún bocadillo potente y algunas birras, con o sin alcohol. Estuvimos sopesando donde comer y las ventas famosas junto al puerto del Pico no daban señales de vida... asi que optamos por llamar a la Venta del Obispo donde, esta vez sí, me cogieron el teléfono y reservamos para comer sobre las tres de la tarde.

Arrancamos por fin con el estómago medio lleno, parando rapidamente a la salida del pueblo para repostar nuestras monturas. Inundamos la gasolinera por completo, ¡pareciamos los participantes de un rally!...y por fin, cogimos el desvio hacia la zona "sin ley" que te lleva desde alli a la hermosa zona dónde comeriamos al final aquel día.

Se hicieron varios grupos pero lo importante es que, todos, por lo visto, disfrutamos de lo lindo, cada uno a su ritmo, viendo o no el paisaje que nos rodeaba con su agreste feeling habitual.. ¡y sin tráfico!


Sobra repetir cuanto nos gusta este tramo Barraco-Obispo, ¡cuantas centenas de veces lo habremos rodado, solos o acompañados! Mi moto no iba mal, creo que todas iban bien, el clima era benigno y no hacia ni frío ni calor, perfecto, yo estaba alucinado, sinceramente. Paramos algún tiempo después en la Venta y, como era un pelin pronto para comer, decidimos acercarnos al mirador del puerto del Pico, donde estuvimos un buen rato maravillándonos de sus vistas y de la calzada romana... más tarde arrancamos y volvimos al bar de la Venta donde la señora nos hizo sonreir varias veces con su desparpajo habitual. Casi comemos lo que ella quiere de hecho, ja,ja, en resumen, todos pedimos platos de carne salvo alguien que pidió trucha (lo cual, para mi, sonaba algo arriesgado...). El caso que ocupamos la mesa principal de la terraza y lo pasamos pipa. No creo que nadie se quedara con hambre, precisamente...


Desde alli se dieron la vuelta algunos integrantes, Lupo, Juanfran, Juan Vegas, David y Luis. Todos tenian obligaciones o planes para esa tarde. A mi padre no le costó ni un minuto animarse para seguir con nosotros, je,je, total, no tenía niguna obligación pendiente. Con poco o nulo tráfico continuamos por la tarde dirección Plataforma de Gredos donde el silencio y el paisaje nos cautivaron durante casi una hora.


Luego fuimos a Hoyos del Espino donde habia reservado para todos habitaciones en un hostal con buenas opiniones en internet, rústico y sencillo pero funcional. Un establecimiento en mitad del pueblo donde reinaba también la calma y con unas vistas espectaculares. Fue inevitable, un poco antes, las habituales fotos con el monumento de la cabra montesa, la que está haciendo "un caballito"... Pues claro, estando en Gredos, ¡tenian que hacerse la foto con ella!

Luego encontramos vacas (a falta de cabras de verdad) y, un año más, surgió en mi cerebro de chorlito lo de que me gustaría tener dinero para comprarme una casita en ese pueblo, cerca de un prado con animales... una casita con un garaje más grande que el resto de la casa. Quién sabe...


Y llegó la noche, y otra cena memorable, donde no sé cuantos chupitos/copas pudimos tomar los integrantes de la aventura de Gredos... lo bueno de cenar cerca del hotel de turno, con las motos aparcadas, es que te conviertes en peatón y ya puedes pasarte un poquito con los líquidos elementos que se crucen en tu camino...... To be continued...


Motorland tiene algo especial...



Sí, MotorLand y la ruta que hacemos hasta allí tienen "algo" especial. Ya estuvimos en el 2010, cuando ganó Stoner, si no recuerdo mal fue la primera edición del Gran Premio. Alguna rodada, algún otro G.P, calor asfixiante en junio, carreras de SBK, Clásicas en octubre, etc, el caso que a lo largo del año siempre se presenta algún motivo para ir al alucinante circuito aragonés. Y en estos pocos años, unos diez, hemos atesorado un buen baúl lleno de recuerdos impagables, algunos relatados en este blog, como cuando en el 2011, Julito tuvo que volver a Madrid sin la maneta del freno delantero (y no precisamente a velocidades legales). Esta vez toca relatar la última escapada al protagonista de este post. Fue en abril, ya ha llovido un poco pero nada comparado con aquellos días...

Mientras viviamos un mes de marzo algo inusual por caluroso, incluyendo una mañana en la Cruz Verde que me quemó el "torrao" como si hubiera estado en la playa en verano, sin hacer nada especial, con solo mis escapadas matinales por la Sierra Oeste en el tintero, acordamos volver a Motorland para ver las SBK, una de nuestras citas tradicionales. Realmente quién tiró del carro fue mi padre que ya andaba más recuperado. Había dado alguna vuelta corta sobre su Fazer y tenia hambre de moto. A mi me alegraban sus ganas, la mejor medicina, y el destino de la escapada no podía ser más adecuado: la ruta hasta Alcañiz, practicamente la conocida "Ruta del Tambor". 

Marzo había sido un mes agradable, con pequeñas salidas matutinas, como decía antes, de esas de ciento y poco kilómetros. Casi siempre madrugaba para volver a casa justo cuando subia la gente (y también la Guardia Civil) a la sierra porque al final casi todos vamos a los mismos tramos y disfrutarlos o no, en fin de semana, depende, en gran medida, de a qué hora llegues a ellos. Si comienzas tu regreso sobre las 11 o 11h30 evitas aglomeraciones. Una de esas mañanas quedé con Pedro y su nueva montura, la flamante Inazuma 750 que quería revisar pronto en el taller. Como tenemos hábitos parecidos quedamos a una hora prudente en la Cruz (apenas había nadie) y, desde allí, pude probar su naked durante una media hora. Basicamente la moto tenía dos problemas, uno, que cortabas gas y apenas bajaba el "pistón", parecía casi unas 2T, y dos, que para mi gusto, había que endurecer la horquilla. Cosillas por hacer, pero preciosa estampa...


Pero me estoy desviando un poco, pisando lo verde... Volvamos a lo del viaje de Motorland. Pues nada, lo comentamos con la banda, como siempre, y se apuntó Julito, mientras yo buscaba ya dónde dormir (algo realmente dificil cuando hay carreras allí). Como cada año, muchos alojamientos pedian dos noches para hacerte la reserva, un buen negocio al que nunca hemos contribuido. Lo nuestro era escapada sábado-domingo, lo habitual. Empezamos a agrandar el circulo de localidades y al final tuvimos la suerte de hablar con unos amigos que se alojaban en el pueblo de Andorra (dónde jamás habiamos estado). En efecto, Angel y Noemi, dormian allí.. ¡y todavía habia habitaciones libres! No lo dudamos y reservamos para tres. Me hacia gracia conocer por fin este pueblo, cuyo nombre siempre me ha resultado tan chocante, sobre todo cuando pasas por la carretera camino a Alcañiz y ves el rótulo en el cruce que conduce a esta localidad. Imaginaba que no sería un pueblo medieval tan hermoso como Valderrobres, donde nos alojamos el año anterior, junto a Kurtis y Luis Arminio, y así fue, pero no supuso ningún problema, lo que perdimos en belleza monumental lo ganamos en calidad en el hotel (en Valderrobres dormimos en el albergue). 

Había ganas (¡qué raro!) por salir a rodar por una de nuestras rutas favoritas. Pero también por el aliciente de ver de nuevo en moto al grandfather, cosa que siempre le viene bien a su mala salud de hierro. Según iba acercándose la fecha de aquel sábado 6 de abril percibí que las noticias del tiempo auguraban una borrasca seria por medio país. Sí, por fin se disipaba el calor pero parecía que nos pasabamos de frenada, vamos, cualquier cosa menos una primavera "normal". La última semana pasó rápida, preparando los escasos pertrechos que necesitaba para tan corto viaje pero mirando el aceite a la moto y sus presiones, lo normal, mientras maldecía no tener un mejor mono de agua (el año anterior, en el viaje a La Rioja, comenzó a rajarse). Pero, bueno, no sería para tanto, que lloviera no me preocupaba mucho, lo importante era salir con el mono puesto para evitar el coñazo de ponerselo en alguna gasolinera (más típicos y simples no podían ser mis pensamientos). El caso es que a dos días del sábado la cosa se puso más gris y el viernes comenzó a nevar a saco por la zona centro (no recuerdo si en más sitios), tanto, que se hizo viral un vídeo del caos con accidentes producido en el puerto de Somosierra. Una cola de vehículos golpeados que parecían estar cerca de Leningrado en pleno invierno. Sabemos que ese puerto se las trae en cuanto el clima se pone serio y aunque dudaba que estuviera tan mal por otras zonas entendí que podía nervarnos perfectamente, o granizarnos, o a saber... Sobra decir que a mi padre todas estas deliberaciones de un hijo medio aburguesado le resbalan con soltura, "llevo el mono de agua siempre bajo el asiento" es su remedio habitual, una especie de talismán superpoderoso que acaba con cualquier obstáculo climatológico, je,je... A Julito, que ha dado más vueltas que Willy Fog, tampoco le preocupaba mucho todo este asunto. El caso es que salimos por la conocida A-2, desde la gasolinera "del avión", la Repsol del puente de San Fernando, como millones de veces antes. Otra vez los tres jinetes juntos, con la sastisfacción de ver al patriarca dando gas con su imperturbable y, por lo visto, eterna Fazer 600. Los primeros kms son siempre un coñazo cuando tomas esta carretera pero es lo que hay. Llegas a las rectas de Alcolea y dan ganas de apurar toda la potencia de nuestros motores porque, sin duda, se podría circular con seguridad a más de 220 con tanto campo de visión y con tan poco tráfico. El único que se acercó a esos registros fue el boss, perdiéndose en el infinito mientras yo "rezaba" para que no le pillara ningún radar. El día era feo de narices pero, por fortuna, aunque soplaba el viento no era peligroso. Era un día de esos que notas que es más divertido quedarse en casa, viendo la tele o haciendo otras cosas (calzeta, palomitas, etc) Bien es cierto que si "los aguerridos motoristas" quieren seguir siendolo tienen que acometer empresas de este calado... pero me estoy pasando, vais a pensar que estoy dramatizando y no, no es esa mi intención. 

En lugar de parar, como otras veces, en el archiconocido bar del kilómetro 103, Julito nos aviso previamente de hacerlo un poco más adelante, donde te sirven mejor, más barato y más rápido (sitio nuevo). Y eso hicimos. Ya nos había llovido algo pero no había rastro de nieve ni de nada raro. Los bocadillos nos  sentaron la mar de bien a todos los integrantes del triplete y mi padre tenía mejor cara que días antes en casa, el tío iba disfrutando. Yo debo confesar que de haber ido solo seguramente me hubiera dado la vuelta, porque entre el aburrimiento de las rectas y el día "cojonudo" que iba formándose, cada rato un poco peor, mi motivación solo se sostenia por mis queridos compañeros de viaje. Internamente quería saber quién aguantaría más, si las nubes o yo sin ponerme el puñetero mono de agua (creo que mi vagancia se va incrementado con los años).


Salimos del bocata justo cuando comenzó a granizar, eso sí, suavemente. Lo bueno de llevar casco es que te protege el cabezón, gran invento, y esas menudencias son casi inapreciables. Arrancar con la tripa llena es importante cuando hace frío. Próxima parada, gasolinera de Molina de Aragón, ese pueblo tan famoso por ser, muchas veces, el más frío de toda España, ¡cojonudo recordatorio para aquel día! Lo bueno es que sabia que aquel fin de semana no se iba a calentar La Infinita. Yo, cobarde, había dicho en el bar de los bocatas... "si hay mucha nieve o algo peor en la carretera.. paramos y sopesamos si dar la vuelta"... sin duda las imagenes de Somosierra las tenia clavadas en el subconsciente. Ellos decian "sí, sí.. vale." como quién consuela a un niño. Al final me armo de valor y me pongo mi viejo mono de agua. Arrancan y salen de allí mientras yo subo mi pie izquierdo, meto primera y salgo detrás de ellos.. cuando intento subir la otra bota al estribo noto que no puedo, ¡no puedo subir el pie derecho!, me tira el puto mono o la ropa que hay debajo, o todo a la vez. Las paso putas pero consigo con un esfuerzo titánico elevarme un poco mientras tiro de mi pierna derecha mientras la Fireblade flipa conmigo oscilando un poco su equilibrio habitual, meto segunda y se me quita la angustia, joder.

Me pongo delante en el cruce que te lleva al este, hacia Molina, allí es donde, mentalmente, comienza mi racing track hasta Alcañiz. Por fortuna, no descubro nieve sobre el asfalto, solo humedades y un poco de viento, ha dejado de granizar. El año anterior, junto a Kurtis y mi padre, sí que descubrimos bien de nieve un poco más adelante durante docenas de kilómetros pero con la carretera totalmente limpia. Llegamos a Molina, a la Cepsa de siempre, algo mojados, de manera un tanto imprevista porque había salido el sol un rato pero luego llegaron unas nubes y nos cayeron unos cuantos cubos. Parecía que habiamos pasado por todas las estaciones del año. Lo bueno es que apenas había tráfico. Haciendo honor a la verdad el único que llego algo mojado fui yo. Por una bota y las fisuras del mono se colaba el líquido elemento. Mi padre, con su barbour "bien engrasado", como decía, ni siquiera se había puesto su mono de agua (el que está debajo del asiento, sí, ese). Nada más parar se quitaron los cascos y se pusieron a fumar en medio de la gasolinera, como siempre. No hubo explosiones ni reprimendas, el "gasolinero"¨es automático, de esos de autoservicio (en el sentido que llevamos, en frente, en la otra gasolinera sí había vida humana). Repostamos y seguimos nuestro camino. Esta vez también tuve problemas para subir la bota derecha a su estribo, y me costó mucho más, casi me caigo al salir a la carretera en bajada, ¡vaya Cristo! De repente el cielo se abre y comenzamos a descubrir rayos de luz y un fondo azul estupendo, vamos, un poco de primavera de libro. Comimos de menú en algún lugar que ahora no recuerdo y dimos un ultimo tirón lleno de curvas (esa zona desde Montalbán que me encaanntaaa).

Llegando a Andorra, la de Teruel, desde el desvío, comienza a llover con ganas pero, como si fuera parte del guión, deja de hacerlo justo al llegar al pueblo y sacar yo mi "chuleta" para recordar como se llamaba el hotel y en qué zona estaba ubicado. Después de dos o tres vueltas a lo tonto llegamos al parking al aire libre del hotel y al rato ya estamos cómodamente instalados. Pasé por la ducha y me cambié de ropa con la esperanza que se secara la del viaje. Enseguida nos encontramos con los amigos (Noemi y Angelito) que esta vez habian viajado en coche con su criatura, ¡tres son muchos para ir en moto!, y poco después contamos con la presencia del amigo José Carlos de Elche y su flamante Africa Twin (moderna). Buen ambiente y en un par de horas ya estábamos pensando dónde cenar. Antes, con la complicidad de los gestores del hotel, guardamos las motos en una zona con techo que hacia de parking  del hotel. Casi tenemos que "pegarnos" con un grupo de estirados maxi-trails que llegaron justo en ese momento y casi ocupan nuestros sitios para guardar sus motos. El típico grupo que va, normalmente, con GSs llenas de cubicaje y baúles. Apenas nos saludan y al final hacemos un mix de motos no previsto (pobrecillos, con tres hierros japoneses, debieron pensar). El amigo José Carlos también puso su moto bajo "palio". 


Fuimos a la cena andando todos, los cuatro motorizados y los amigos que habian venido enlatados. La idea era tomar posesión de un restaurante que ya conocian estos últimos. Al final el trayecto fue un poco más largo del previsto (mi padre acuso tanta caminata) pero lo peor fue que descubrimos que "algo pasaba en ese pueblo", había mucha gente, y muchos coches, ¿alguna fiesta? Pues sí, señores, sabemos que la zona es amiga de los tambores (Calanda es famosa por ello) pero no sabiamos que en esta fecha, en Andorra, montaran un jolgorio de aupa, ¡brutal!, ¿consecuencia?, no habia bar que tuviera mesa libre. Con mucho esfuerzo conseguimos aguantar en la barra del restaurante elegido y, como media hora más tarde de lo previsto, logramos sentarnos por fin a cenar, mientras no paraba de salir y entrar gente de la fiesta, incluido jovenes hermosas vestidas de nazarenos o similar (con sus tambores, claro). La cena, a base de pizzas, fue estupenda y lo pasamos en grande. La vuelta al hotel fue muy entretenida porque pasamos por medio de la plaza y otras calles llenas de gente con sus tambores. El sonido era increíble. Me pareció una pasada, jamás había visto tantos "baterias" dándole al mismo tiempo, ¡digno de ver! Luego nos perdimos un poco pero, al final, conseguirmos llegar al hotel pasada la media noche sin ayuda de la policía (llegué a pensarlo durante unos minutos).


Tomamos un cubata de buenas noches y nos fuimos a domir. El día amaneció pronto y desayunamos correctamente. Era tipo buffet y de buena calidad, se disfrutó. El caso que el hotel era muy acojedor, habia poco ajetreo, y tenia una pantallita para ver las carreras...mmmm.... Estábamos tan agusto que decidimos no acudir al circuito, aunque solo estaba a 30 kilómetros de distancia, aproximadamente. José Carlos se quedó algo sorprendido y, al rato, se fue para el circuito. Quedamos en vernos en otra ocasión antes de fin de año (como así sucedería). ¡Un placer conocerle! 


Vimos las carreras cómodamente mientras seguiamos alimentándonos un poco no fuera a darnos un mareo. Junto al hotel había una flamante gasolinera Repsol pero, aunque la vimos, nadie se pertubó por ello. Después de ver la carrera corta de SBK del domingo, decidimos comenzar el viaje de regreso. Engrasamos las cadenas y atamos nuestros macutos al asiento. Julito y yo nos grabamos con el móvil para mandar un saludo a nuestra querida Marta R6.

Ni siquiera yo me preocupé un instante por el tiempo, el día estaba menos gris y tenia ganas de regresar a "mis" curvas esperando ver la segunda manga en algún bar comiendo. Salimos pitando y hasta Montalbán lo disfrutamos con ganas. Sin mono de agua ya no tuve problemas para subir las piernas, algo que tengo que mirarme en el futuro próximo. Seguro que si pierdo unos kilitos encuentro la solución.

Luego, cuando llegamos al siguiente puertecillo, toda una delicia, se me encendió la luz de la reserva y bajé a 80. Fue cuando me acordé de la gasolinera junto al hotel, ¡error de idiota!, porque sabemos de sobra que hasta Caminreal aquello es casi el paisaje que experimentaba Mad Max. A pocos segundos de "meter" reserva vi por el espejo como Julito bajaba su velocidad notablemente. Me hizo signos, él también andaba seco. Mi padre, por simpatía, también bajo su ritmo y asi, como tres patitos lentos, fuimos acumulando curvas estupendas y tramos fantásticos a una velocidad patética, indigna de ningún motorista en su sano juicio. Yo iba con un cabreo de ordago, imperdonable no haber repostado en Andorra. Pero el enfado se iba mezclando con cierta preocupación pues empecé a hacer cálculos y vi que no llegábamos a ninguna parte "vivos". Bajé a 50 y aquello ya fue para llorar. Pasado el pueblo de Cosa (vaya nombre) creía recordar haber visto algún año un surtidor pobre y feo en alguna zona visible desde la carretera. Asi fue. Justo cuando empezaba a esbozar una tímida sonrisa el señor que habia alli con su viejo coche me dice claramente con los brazos que no. Obviamente no me rindo y me acerco medio alucinando. Al momento me traduce su mensaje, ¡solo había diesel! No me lo podía creer. En eso que llegan mis acompañantes y Julito confirma que está totalmente seco que no puede ni hacer dos kms más. Yo por mis calculos creo que me queda para unos 12 o 15. Sabemos que estamos cerca de Caminreal dónde hay gasolinera. Al final decidimos que tire yo y me traiga gasolina... ¡¡podía haber tirado con la Fazer que tenia más caldo y mas sitio para volver con algun bidón!! pero salgo escopeteado con ganas de terminar con aquella pequeña "pesadilla" propia de novatos. (No teníamos macarrón esta vez para chupar del depósito de la Yamaha y llegar todos en marcha).

Como recuerdo que ya casi todo el trayecto es cuesta bajo, y convencido de que Julito podría haber llegado en marcha, no aflojo mucho y, en dos minutos, veo a lo lejos, en medio de aquel páramo, la gasolinera que recordaba. Sonrio un poco y llego con ganas a la jodida gasolinera...

Allí lleno mi Honda maldiciéndome por si acaso apurar tanto me ha ensuciado los inyectores. A continuación comienzo lo difícil. Entro con mi mejor cara para pagar y resolver lo esencial del asunto pero me encuentro con una dependienta que debe dar hostias como panes, que lo mismo de joven había levantado piedras como los vascos, aunque al hablar descubro que es mañica, no creo que nadie se atreviera a robarla. Tampoco creo que sea un ex luchadora de pressing catch aunque lo parezca pero adivino que va a ser difícil convencerla de que me preste/alquile/venda una botellita de esas de dos litros de Font Vella, de las de toda la vida, o algo parecido, para llenarla de gasolina, acudir al auxilio de mi amigo abandonado y volver todos para comprarle más gasolina, mucha más. Su respuesta (aunque pongo una cara parecida a la del gato de Shrek) es tajante, está prohibido, solo puede venderme los bidones rojos reglamentarios. La explico que en mi moto no puedo llevar carga y que no tengo manera de transportar un bidón de esas dimensiones (el más pequeño es de 5 litros). Pregunto por aquellas bolsas que se pueden rellenar (¿lo habré soñado?, juraría que existieron) pero me mira como a un insecto. Repite su negativa y al final accedo a comprar el puto bidón de los eggs y lo lleno por la mitad. Llevo dos pulpos y empieza el show de "acoplamiento", más o menos como el kamasutra más avanzado. Pruebo a ponerlo detrás bien atado pero queda flojo y sé que no llegará a meta. Pruebo con otro "modelito" con los pulpos en distintas posiciones y nones. Intento ponerlo encima del depósito, como si fuera una bolsa de depósito, tensando los pulpos en los topes anticaida que llevo a cada lado pero no hay manera. Pruebo a ponérmelo en bandolera y no me llega. Los pulpos no son muy largos... ¡Tenia que haber vaciado la mochila en el punto de partida y haberla traído a la espalda para meter la gasofa dentro! Da igual ya lamentarse... Después de unos quince minutos de inútiles esfuerzos pruebo a atarmelo a la cintura... por detrás, no hay otra postura viable. El resultado es casi asfixiante pero consigo engranar las marchas mientras intento subir la otra pierna a su estribo... otra vez.

Como os podéis imaginar, una vez alimentadas nuestras monturas, pocas más anécdotas anormales nos sucedieron. Paramos en uno de los grandes bares de Monreal del Campo, donde el cruce de toda la vida, cerca de la otra gasolinera, continuando la carretera N-211. Allí comemos una raciones, incluyendo algunos torreznos, mientras vemos el podio de otra manga de SBK. ¡De no haber sido por el show de la gasolina hubiéramos visto esa manga del domingo enterita!

En fin, poco más que añadir salvo la auténtica satisfacción de volver a ver a mi padre en activo (¡y cómo!), de volver a viajar con ellos una vez más y de disfrutar de dos días divertidos que nos animan a continuar nuestro camino, sea el que sea, siempre adelante y sin desfallecer. Seguiremos dándole al gas y a la vida todo lo posible. Por las ganas que vi en mis dos camaradas de aventuras creo que repetiremos escapada muy pronto, que así sea. Keep on rolling, amigos!




...y llegaron las invernales (parte 2)



La noche abrazaba con marcha un año más a los reunidos en Manzanera. Salieron las chicas al escenario y las pulsaciones se elevaron un poco. Era inevitable recordar aquella noche, años atrás, donde otra bailarina, de rojo, intercambio bromas y buenas fotos con todos, sobre todo con Alberto de Utiel, algunas de ellas impublicables, ¡qué gratos recuerdos!

Por la calle buen ambiente y más encuentros, como los de Fernando y Roberto, con sus flamantes KTMs, los "capos" del grupo DiscoveryBike. Fernando es un gran tipo, y es el que me vende las ruedas que le pido, por cierto. Una vez más terminamos la velada en "La Odisea", a nuestra bola, esta año sin "dardos volantes" (ver post del año pasado) pero más o menos con el mismo ambiente y buena música. Llegamos a ciertas horas al camping dónde este año dormia con Mudo y Julito (a Antuan le habían ubicado en otra "celda"). El caso que la noche, lo que restaba, fue plácida y yo no tenia intención de madrugar (este año no iba a subir a por la medalla con mi impoluta Fireblade). Escuché como se levantaba pronto Mudo y se vestía. Estaba tan "empanado" que no pude decirle nada desde mi cama. Llegaron los rayos del sol y al final hasta despertamos. Pensaba bajar y desayunar tranquilamente, y hasta echar otra mirada a la bonita DR 650 que se había pillado Tyto (como "Pelocha" pero un año más joven y en azul) pero aquel plan pronto se vió "perturbado" cuando noté que la segunda bota que me calzaba no encajaba con mi pie... ¡"Alguien" se había llevado una de mis botas, dejando otra que no me valía! Sí, había sido Mudo, ¡y se había ido para la montaña! Iría cómodo, porque mi bota era dos números más grande, pero yo no podía usar la suya... El caso es que quería salir pronto ese domingo rumbo a casa o a Carabanchel pues no estaba seguro de cómo andaria mi padre de salud, no tenía nuevas noticias todavía.


Mientras pediamos los cafés, sentados en la terraza del bar, fui a la pata coja un rato, intentando comunicarme con el "ladrón" de botas negras. Contacté con él y me prometió bajar pronto. Julito sacó el jamón sobrante de la noche anterior para amenizar la espera (con pan las penas lo son menos, ¿no?). Y a partir de esos minutos todo se precipitó... Por fin hablé con mi madre y, quitándole importancia, me confesó que mi padre estaba ingresado en el hospital, que durante la noche se lo habian llevado de urgencia. Había pasado mala noche y se lo había encontrado medio desmayado, ¡no había sido otro mareo o leve indisposición, de esos que a veces le asaltan! Realmente estaba en la UCI pero todavía no me lo dijo ella. En todo caso se me cayó el mundo y me acordé del Mudo mientras revisaba la hora en el móvil. Para ganar tiempo fui a arrancar a La Infinita, medio escóndida junto a otras motos, entre algunos bungalows. Apenas la había cubierto con una lona pero aunque la noche había sido fría ni de lejos había sido una noche de aquellas terribles que habíamos vivido en alguna otra ocasión. Puse el contacto, cogí el embrague y pulsé el botón de arranque... y nada, la batería y el motor de arranque parecían de vacaciones. Aguardé un rato prudencial y repetí la maniobra tres veces sin resultados positivo. No me lo podía creer (la batería, encima, apenas tenía unos meses de vida). La amenaza de volver en grúa confieso que me angustió esos minutos, dadas las circunstancias, mientras apenas podía caminar con la bota derecha foránea que calzaba... Probamos al empujón y nada, seguía muda. Tyto y Julito estaban alli, como buenos compis, claro. Tyto me ofrecio sus pinzas y probamos con ella y su nueva montura. Parecía que podía pero nada.. ¡no me lo podía creer! ¿Tanto frío habia pasado mi querida compañera?


Un tio con barba y cara de buena persona nos ayuda ofreciendonos la batería de su furgoneta. Resulta que es amigo de ¡Valentin!, se llama Andrés y gracias a él no tardamos nada en arrancar por fin la Honda. Al mismo tiempo llega Mudo con mi bota y nos reímos unos segundos. Como voy estresado enseguida comento que me voy para casa sin más dilación pero todos añaden que se vienen conmigo (Antonio ya ha bajado también de recoger su medalla) incluyendo a Tyto. Luego, pensando, creo entender lo que ha pasado para que no arrancara La Infinita. Resulta que por la noche pulsé el cortacorriente que tiene en la piña derecha. Una bobada pero que debería ser inofensiva en todo caso. Y de pronto me vino la "inspiración", ¿y si tendría algo que ver? Meses después pude comprobar que esa teoría era cierta, algún mal contacto provocaba que si pulsabas el corta aunque luego volvieras a ponerlo en off la moto no arrancará... o le costará un egg (ya lo contaré, en la crónica de Guadix). 


Volvimos en grupito, más o menos a la marcha de Tyto, a unos 120/130, ya fuera curvas o rectas, ya conocemos su estilazo, no afloja nunca, ¡qué grande! Las limitaciones del motor de la DR 650 son las que son y no me impaciente, total, tenia calculado llegar a la hora de comer a casa, ducharme, e irme al hospital sin pausa pero sin prisas. Sin embargo, hora larga más tarde, en la siguiente parada de Fuentes, en el bar, volví a llamar a mi madre y fue cuando me contó toda la verdad, que el abu estaba ingresado en la UCI del hospital, que no corriera, que había tenido seguramente un infarto o algo así. Los nervios aumentaron y me despedí de los compis, de repente me entraron las prisas y me cambió la cara  (por lo visto). Asi que arranqué (sin problemas) la espada de fuego y empecé a tirar como un descosido (ventajas de llevar una moto rápida y conocer muy bien la  ruta). El tramo de autovía de Cuenca a Taracón se esfumaba ante mis ojos, fue como un sueño transitado a velocidades inconfesables (gracias a San Brembo jamás llegó ninguna "receta"). Tuve que parar a repostar antes de dar el último tirón, llegar a casa, meterme en la ducha, vestirme de "civil" y encaminarme, por fin, al hospi. Una virulenta (según el doctor) Gripe A le había atacado un punto débil: el corazón. Ese gran corazón que siempre exhibe como persona  pero que tiene ciertas brechas y varias goteras desde hace años, desde aquel infarto de hace casi veinte. Su famosa mala salud de hierro es así, a veces da sustos, pero luego se recupera, como el motor de una Vespa antigua que dura y dura hasta que deje de durar. Aunque pasamos varios días en la UCI y otra semana en planta el viejo motorista se fue recuperando poco a poco. Lo bueno de todo este asunto fue que se le hizo una revisión profunda y se "actualizó" el software que debía haberse revisado años atrás, a nivel cardiaco, por lo que le mandaron nuevas medicinas y nuevas pautas que, meses después, debo reconocer han hecho efecto, por fortuna. Y así terminó, para mi, una edición amarga de la bonita invernal de Estrella de Javalambre. Tampoco hubo manera de despedirnos el domingo de nuestros hermanos Tortugas, andaban logicamente ocupados subiendo a por su medalla mientras yo hacía el panoli con la Honda... Para Eloi creo que fue su primera vez (y con su bella VFR, por lo visto hay vida más allá de las GSs y similares). Aqui Tomás con su trofeo...


A mitad de febrero mi padre ya tenia ganas de salir a tomar el aire, estaba recuperándose en casa a buen ritmo, cogiendo kilos y esperando su medicina favorita, la moto. Había dejado de fumar (todos sabiamos que sería temporal, como así fue) y se encontraba mejor que antes de la crisis, lo cual resultaba muy positivo. No teniamos prisas (él un poco) y tampoco nada a la vista en febrero pero los amigos Rosi y Luis, del MC El Foro, nos invitaron a pasar un día con ellos (y otros amigos) en Juarros para comer juntos deliciosos cochinillos en horno de leña. Ya que este año no se celebraba su conce algo había que hacer... (¡y nosotros encantados!) Asi que, un año más, nos pusimos rumbo al pequeño pero acojedor pueblo segoviano de curioso nombre y población reducida. De los cuatro que ibamos a salir (los mismos que para Javalambre) sucedió lo mismo que en enero, solo salimos tres: Antonio, Julito y yo. Mi padre dió la casualidad que ese sábado se levantó algo mareado (algo que le pasa en ocasiones) y sintiéndolo mucho el pobre se tuvo que quedar en casa para recuperar fuerzas. Ya estábamos descansando en el Alto del León cuando me confirmó que no le esperásemos más. Otra vez sería, claro, pero nos fastidió a todos. Allí, en ese bar tan estupendo del puerto, llegaron enseguida más invitados a la fiesta. Iñigo con su chica, Andreea, en sendas motos, él con su preciosa Kawasaki, ella con su CB 500 (¡pedazo motera!). También llegaron Maika, Miguelon, El Puli... buena banda. (Lástima que Kurtis no podía escaparse esta vez).


El sol brillaba en Juarros cuando las motos conquistamos una vez más la localidad segoviana. Impresionante elenco de motos y gente guapa encontramos enseguida, junto a la iglesia, pero no dentro. Yo pensaba que seriamos un par de docenas pero fácil habia como cincuenta "inscritos". Después de saludar a Rosi, Luis, Rosa, Alvarito, Mudo, Juan Carlos, etc, ¡¡vaya tropa!!, y también a inesperados invitados como el Vespi (con su alucinante sidecar) y algún que otro histórico del MTM, nos indicaron que antes de comer había un "lunch" en mi bar favorito del pueblo: La Abuela. ¡Habría torreznos!, ¿cómo?, menuda cara pusimos todos, ¿a alguien no les gusta? Eso para empezar el día, la jornada gastronómica... Calculé rapidamente que para cuando llegara la noche habríamos engordado un kilo fijo. Asi que, obedientes, nos metimos en la terraza trasera del bar. Lástima que mi padre no estuviera, creo que fue el único invitado que faltó. 


Posteriormente, después de varias consumiciones, fuimos empujados sin violencia (todos estaban de acuerdo) hacia el local de la peña dónde se celebraría la comida y dónde vi en los manteles como habían puesto nuestros nombres. ¿Qué puedo decir que no se pueda adivinar facilmente? Pues que fue espectacular. Las ensaladas eran para disimular, como siempre, pero los cochinillos estaban realmente sabrosos, ¡de lujo! 


No era el mejor día para llevarte a tu novia vegana, por ejemplo... Hubo risas y unos postres de infarto. Luego chupitos, charlas, más risas y por la tarde, después de la foto de grupo, la mayoría tiramos hacia nuestras casas. No me costó subirme la cremallera pero temi que explotara unos segundos antes. 



Otros comentaban que lo suyo hubiera sido echarse la siesta en algún lugar... claro que alguno fue más hábil y hasta se quedo a dormir, ¡lástima que yo no tuviera esa opción!... solo o acompañado hubiera sido de lo más saludable para el cuerpo humano, ja,ja... Muy "tristes" por ello, nos despedimos con una sonrisa bajo el casco y arrancamos sin problemas nuestras fieles monturas (ellas no probaron los cochinillos por lo que seguían ágiles y atentas). Me dieron ganas de gritar (¿o lo hice al final?) aquello de... Juarros Forever! Porque hay que ver y vivir cómo nos tratan siempre, un diez para todos los implicados, en especial para nuestra querida Rosi y el jefe, Luis.


 

Y con este nuevo encuentro ya apuntado en el librito de ruta del abuelo empecé a dar por finalizadas las "invernales" ya que llegaba marzo y, como nos temiamos, llegarían días más soleados, tanto que hasta llegó una pequeña ola de calor ilógica para esas fechas, unos días tan calurosos que en ocasiones nos enrojeció la cabeza de manera literal (a mi concretamente me pasó un inocente sábado en la Cruz Verde madrileña). ¿Era primavera, era invierno? no, parecía casi verano. No sé qué futuro tendrán las invernales en la piel de toro... En todo caso, obviamente todavía quedaban aventuras a la vista, un Motorland SBK próximo en el calendario se antojaba como el próximo viaje ya con todos los integrantes... y así fue, pero esa es otra historia que ya contaré en el siguiente post.



...y llegaron las invernales (parte 1)


Como cada otoño, al final llega de repente un invierno... o similar, que últimamente el planeta parece que solo tiene dos estaciones e incluso intercala días very soleados en pleno invierno... y, a lo que voy, se enciende la "temporada de invernales". Dejamos atrás, por fin, el puñetero calor que adormece estómagos y hace pararse mi Fireblade (ese verano otra vez) sin saber qué cura podemos aplicar salvo no rodar lento ni meterse en atascos más de cinco minutos (quizá era la inyección, recientemente limpiada y ajustada con ultrasonidos, veremos).

La "temporada" invernal comienza  con la reunión por invitación de Morillo de Tou, la de Juanki, enclavada en un pequeño pueblo paradisiaco del prepirineo aragonés. Algunos años podemos asistir, en el 2018 no fue posible, porque casi acabábamos de regresar de la Transpirenaica y el bolsillo se resentía. El día de todos los santos sí que salimos por la zona de La Alcarria en compañía de Alvarito y de Iñigo & Andrea, ¡ella con su CB 500!, una jornada divertida que terminó con una opípara comida en Torija casi a la hora de la merienda.


No volvimos a rutear ya hasta diciembre para repetir escapada hacia Medinaceli, ya todo un clásico en la panda, con la excusa de esperar y comer con los amigos que bajan de la conce de Arguis, que se celebra siempre el último fin de semana de diciembre antes de Nochebuena. Más que por las fechas, hay que abrigarse porque en esa localidad suele siempre hacer un frío de balls... incluso en otras fechas del año. Y esta vez, como tampoco podíamos subir a Arguis, optamos por la opción B de volver a hacer ruta el domingo solo hasta el pueblo soriano, tomar una sopa entre amigos y  volver luego por la tarde con una sonrisa bajo el casco.

El año anterior fui solo y aproveché para evitar la autovía, pasando por las frías tierras y curvas de Torija, Jadraque y Sigüenza. Esta vez saldríamos tres binómios muy conocidos: mi padre/Fazer, Julito/CBR y yo mismo con La Infinita, eso sí, al final con la irrepetible compañía de Rosi que necesitaba una montura para llegar a meta y luego regresar de pasajera en su flamante BMW LT. Como Julito al final no pudo venir tuvo que soportar el palomar de mi Honda, lo cual tiene mérito, aunque confesó que no le costó nada adaptarse a la R ¡y que hasta disfrutó de la aceleración de la moto! ¡Un honor llevarla, por supuesto! Esta vez rodábamos por la autovía y paramos en el famoso bar del Kilómetro 103, más que nada para aligerar vejigas, tomar un café y hacernos la emblemática foto con los toneles en el parking (ver foto de encabezado), unas fotos, este año, super divertidas (porque apenas salíamos los aberronchos, pero sí Rosi, todo tiene su explicación).


Llegamos pronto al bar Mary, en Medinaceli, como tantas otras veces. Y sí, hacia freggcco, ja,ja... aunque el sol estaba "encendido" e iluminaba bien. Enseguida llegó Mudo con su Dama Blanca y pronto comenzaron las risas. No mucho después llegaron Racing Rous y Alvarito en su flamante nueva moto, una Triumph Sprint que por fin les va a permitir viajar a dúo cómodamente. Solo faltaba otro Luis más, Luis Arminio, y su panda (incluyendo a Antonio, que no terminó este año en Aranda, ja,ja). Aguardamos en la terracita, sin quitarnos demasiado la cordura, todo sea por los fumadores y por los que amamos el aire limpio que parece transmitir el frío.

La comida fue de nuevo espectacular sin llegar a ser excéntrica ni cara ni lujosa. No mucho después de los cafés y últimas charlas emprendimos el viaje de regreso. La anécdota la protagonizo Alvarito y mi padre cuando los Luises alcanzamos a la Triumph de la pareja por las rectas de Alcolea a cierta velocidad alegre. El no sabia que era mi padre, luego ella se lo aclaró en casa. Al día siguiente me dijo que vaya trapo llevaba el abuelo, que no lo imaginaba así con la Fazer (ja,ja,ja)... A también me costó identificarles en marcha porque a esas horas el sol está muy bajo y durante varios kilómetros justamente da de cara, menos mal que nos conocemos esa carretera de memoria...



Cambiamos de año y para víspera de Reyes sacamos las monturas para acercarnos a esa hermosa zona entorno a Miraflores y Manzanares, eso sí, llegando desde nuestra sierra Oeste y atravesando el caótico tráfico del pueblo de Guadarrama. La excusa era conocer el "Tranco", bar motero de buena fama por sus comida y ambiente, ubicado en Manzanares, el pueblo de Racing Rous. Y allí fuimos Iñigo y yo para juntarnos con Alvarito, Rosa y demás "invitados", Maika, Miguelón, Antonio y otros amigos. Comida espectacular en un establecimiento muy bien decorado y con una terracita con árboles que ayudaba a relajarse (¡sin cobertura!). Por la tarde ya estábamos en casa, finalizando así la primera salida en moto del año.


Y desde esta pequeña escapadita pasaron algunas semanas y volvimos a montarnos una "ruta-conce" hacia el pueblo minero-gastronómico de Hiendelaencina (Guadalajara), otra incipiente tradición (ya son tres o cuatro años acudiendo en enero) donde es casi obligatorio comer cabrito y torreznos... el nombre del mesón ya lo veis en la foto, im-presionante, e impresionante la carretera que bordea el embalse de Alcorlo hasta llegar allí... Siempre terminamos con licores de orujo para rematar la comida, dan ganas de echarlos al depósito de la moto pero nos contenemos...



Este año, al final, también contamos con un grupo de auténtico lujo: Iñigo, Javi & Susana, Kurtis y su amigo Javi. Habíamos quedado en Patones de Abajo por la mañana (maldita la gracia que me hacia hacerme desde casa casi una hora hasta allí pero...) y la temperatura no pasaba de un digito.... pero teníamos ganas, y nada mejor que comenzar la jornada en grupo en el bar de siempre, donde este año además, se acercó otro amigo veterano, Luisón, con su precioso Mini deportivo, para conocernos por fin y al menos desayunar juntos. En resumen, otra jornada memorable aunque a la vuelta ,en varias curvas, el sol bajo no me dejaba ver casi nada, cosas "del directo". ¡Un lujo pasar el día con esta tropa!


Y como cada enero desde hace "siglos", llegamos al final de ese mes con otra edición de Estrella de Javalambre a la vista. Seriamos cuatro en el grupo, Julito, Antonio, mi padre y yo. Quedamos en la gasolinera habitual de la A3, frente a Rivas-Vaciamadrid, pero enseguida me llevé el primer imprevisto del finde al ver que no aparecía mi padre. Esta vez su salud le daba un sustillo que pensé no iba a ser grave. Arrancamos los tres restantes con un tiempo casi de primavera u otoño, según se mire, escoltando nuestro camino hasta Cañete, punto habitual de parada y comida, frente a sus murallas. Después de comer llegamos, una vez más, al pueblo de Manzanera, esta vez al polideportivo en primer lugar, donde enseguida vimos a todo tipo de "delincuentes" conocidos, los Tortugas, Alberto de Utiel, Celes y Conchi, Alvarito, y nuestras chicas favoritas en este evento: Rosa y Cynthia, con su simpatía habitual, la primera en las inscripciones y la más joven vendiendo las camisetas de la XXX edición. La gran sorpresa fue reencontrarnos, después de muuuchos años, con el gran Carlos Verduras, fundador de esta gran concentración (antes de que la organizará MCZE) y aventurero africano infatigable. Fue toda una alegría y pregunto por mi padre, recordando el año que coincidimos en la Stella Alpina, la "madre" de la Estrella, como muchos sabéis.


Alguna foto y muchas risas antes de encontrarnos con Mudo, con el que compartiríamos habitación en el camping. Siempre es una placer salir de marcha esa noche con la mayoría de ellos (no digo todos porque algunos se van pronto a dormir, eh, no por otra cosa). Pero antes, este año, Julito tuvo la magnífica idea de comprar buen jamón de Teruel y algo de vino una hora antes de la cena de grupo habitual... y nos pusimos "finos", sí, lo confieso. No hacía mucho frío pero ya metimos calorías que solo aguantan motos de más de 100 CVs. Después de la agradable cena, junto a casi todos los mencionados antes, donde volvimos a celebrar el cumple del Mudo, (espectacular, pilla la tarta en Teruel capital y la lleva en su Guzzi hasta el restaurante, ¡donde se la guardan varias horas!, qué organización!!!) nos dirigimos hacia la música del "centro cultural" donde, poco a poco, se iba calentando el ambiente. En nada saldrían dos espectaculares chicas a bailar sobre el escenario y poner más cardiaco al personal... Y así fue....

To be Continued...

Transpirenaica 2018, ¡pasote! (parte 2)


¡Y amaneció un día precioso! Qué ganas tenia (teníamos, imagino) de conquistar algunos puertos míticos que, increíblemente, jamás había visitado. Después del generoso desayuno arrancamos nuestras fieles máquinas y nos dispusimos a encarar la nueva jornada memorable, aquel sábado 13 de octubre. Por las fotos ya podéis ver qué día hacia, ¡increíble! En perfecto orden de marcha iniciamos la ruta, llegando pronto a las postrimerías del primer puerto de la jornada, el conocido Aubisque. Un "rebaño" de vacas grises nos esperaba en un tramo de la carretera pero casi nos fue indiferente. ¡Menudo gustazo!, la carretera empezó a doblarse en curvas y desniveles de todo tipo. En esos minutos fue cuando la mayoría comenzamos a despertarnos. Yo notaba la desincronía de mis frenos delanteros (un disco doblado) pero tampoco había que dramatizar, ni íbamos rápidos ni teníamos que hacer apuradas a "lo Alzamora", así que tendría que tragar, igual que tragaba Antuan con la goma trasera ya bastante tocada. No íbamos rápidos pero tampoco de paseo dominical, destacando en especial el amigo Juanra y su fiel XS 400, ¡menudo trapo por el puerto!, cuantos riders con grandes trails o maxi trails morderían el polvo en aquel escenario. Tuve el privilegio de ir junto a él varios kilómetros y fue una delicia. No queríamos que acabará aquella magnífica ascensión, apenas salpicada por madrugadores ciclistas y escasos automóviles, pero llegamos a la cumbre donde paramos, lógicamente, para respirar, disfrutar de las vistas y luego hacer algunas fotos, como la que corona este post arriba.


De haberme encontrado en soledad quizá hubiera alargado aquella parada. Me extasiaban las vistas y el relativo silencio, todo ello aderezado con una climatología benigna que ni en mis mejores sueños imaginaba disfrutar en aquel escenario durante ese mes de otoño. Finalmente, reanudamos la marcha rumbo a otro puerto del que tenía fijación por conocer, sí, ¡el mítico Tourmalet, el que todo el mundo conoce menos moi!.. aunque antes teníamos que cruzar el hermoso Col du Soulor.


Maravillosas vistas del Pic de Ger...


Y seguimos ascendiendo, cruzando el umbral de los dos mil metros de altitud. Sí, por fin llegábamos al mítico puerto ciclista que tantas veces vemos en las retrasmisiones del Tour de France, el puerto de Tourmalet


A mi me pareció que esta cumbre se ubicaba en mitad de "la nada" o, mejor dicho, en mitad del mundo. Mirase dónde mirase no encontraba referencias, ni pueblos, ni casi nada. También esperaba que fuera más ancha la carretera o que hubiera más bares o comercios. Por fortuna, me equivoqué y apenas hay margen por allí para el pegajoso turismo que todo lo invade ya, ¡mejor! 

Arrancamos minutos después pero pronto paramos para vaciar vejigas mientras comenzaba el único problema mecánico que tuvimos en esta aventura. La magnífica K 1600 de Alejo "pisaba mal" de delante. Se especula que será un rodamiento de la rueda, ¡manda carallo!, algo tan pequeñito la guerra que puede dar. Por otra parte el avión de Akashi se está quedando sin neumático trasero, y a Andorra no llegaríamos con los talleres abiertos (además, se llamó por teléfono el día anterior y no hubo suerte para reservar rueda alguna para la japo). Visto el percal, paramos de nuevo al rato de iniciar el descenso, para despedirnos. Alejo se quedará a la espera de su grúa y, en breves kilómetros, Tortugas y madrileños separaremos caminos, unos dirección Andorra y Cataluña, nosotros recortando kilómetros para llegar en marcha con la Kawasaki a Madrid, un día antes de lo previsto, ¡cosas del directo, señores!



Ultimas fotos juntos (según pensábamos en aquel momento)...


Los cuatro madrileños arrancamos y nos despedimos de nuestros hermanos, reanudando el descenso... En mi caso tenia ganas de apretar un rato pero no podía apurar nada, y menos en bajada, y, muy a mi pesar, volví a un ritmo de paseo, echándome a un lado para no molestar. Disfruté lo que pude de la compañía, como siempre, del paisaje y de la sensación de libertad que siempre nos inunda cuando viajamos por zonas agrestes. Pensé, ¡vaya compis de ruta, vaya grupito variopinto somos! Me alegré esos días mucho de contar con Iñigo y Kurtis, con los que apenas he tenido el honor de hacer viajes largos aunque espero, y creo que así será, que repetiremos aventuras en el futuro.

Apenas veinte minutos después de reanudar la ruta, con Iñigo al mando, asesorado por su GPS, ese "artefacto maligno" nos indicaba desvíos de mala manera y propició, enseguida, que su dueño parase para verificar qué atajo tomar. Ante la duda de meternos por raros caminos de cabras decidimos reubicarnos al modo tradicional: mapa de papel, preguntas a autóctonas e intuición de viajero. Estábamos iniciando esas pesquisas cuando escuchamos, detrás nuestro, el inconfundible sonido de las germanas...


Al final reanudamos ruta con nuestros hermanos unas docenas de kilómetros más, con la intención de comer juntos luego, desviándonos los mesetarios un poco de la senda lógica que queríamos tomar para ahorrar kilómetros al neumático de la Kawasaki, básicamente bajar por Bielsa y Morillo de Tou. Conquistamos más puertos (de los previstos inicialmente, claro) y más fantásticas curvas, incluyendo el emblemático Col d'Aspin, donde paramos para la foto de rigor, claro:


Minutos más tarde, con hambre, paramos toda la comitiva (a excepción, claro, del pobre Alejo) en Bossost (Lérida), ya en la zona occidental del Valle de Arán, apenas cruzada la frontera.


Comida opípara con un clima fabuloso. Echamos caldo a las máquinas y allí sí fue la despedida definitiva de ambos grupos. Algunos nos quedamos con las ganas de volver a Andorra en moto, incluyendo cruzar su emblemático puerto de Envalira, el más alto de Pirineos, creo recordar, con 2408 metros de altitud, pero no podía ser, ¡en otra ocasión lo haríamos, sin duda!

Volvimos a coger ritmo, dirección sur, de vuelta a la meseta y a Madrid. Antonio, con serios problemas ya de goma trasero, paso medio viaje casi subido al depósito para descargar peso del tren trasero. Nos despistamos llegando al enlace con la A2 y al final Kurtis y yo reanudamos camino juntos, mientras Antonio iba a su paso sin tantas paradas e Iñigo había optado por otro desvío sin que nos diéramos cuenta. Nos reencontramos casi todos cuando cayó la noche, cerca de Calatayud, en una gasolinera. El tiempo seguía siendo magnífico. Hicimos la última foto del día y comentamos lo bien que lo habíamos pasado aquellos tres días incesantes. En parte se habían hecho cortos. Obviamente, la aventura había merecido la pena. Horas después, ya en casita, después de la ducha, nos informamos por móvil y todos confirmamos nuestro aterrizaje en casa sin incidentes. Por su parte, nuestros hermanos "polacos" seguían rumbo a su destino, escapándose por los pelos de la peligrosa gota fría que arrasó su tierra durante algunos días.


En resumen, ¡otro gran viaje con inmejorable compañía! Qué importante es saber con quién viajar, gran dicho. Nosotros, después de tantos años, con aciertos y errores, lo tenemos claro. ¡Hasta pronto, Tortugas, hasta pronto compis!


Transpirenaica 2018, ¡pasote! (parte 1)


Al final no conté en su momento la magnífica experiencia que vivimos en octubre pasado con algunos de nuestros mejores amigos. Llevábamos meses hablándolo con los Tortugas, ¡queríamos hacer una buena ruta por Pirineos juntos! Por fin pusimos fecha, sí, sería para otoño, y la idea era estupenda: cruzarlos de una punta a otra. De ahí el nombre de la "aventura": Transpirenaica, desde Hondarribia a Roses, a celebrar entre los días 11 y 14 de octubre. A mi me coincidía con la tradicional fecha del evento en Colombres pero tenia claro mis prioridades. Solo rezaba para que, en el último momento, ninguna causa de fuerza mayor acabara con nuestras ilusiones. Por fortuna, no sucedió nada malo y sobre las 13h00 del jueves 11 los tres madrileños que teniamos pensado subir juntos (Antuan, Kurtis y yo, es decir, una H2SX, una S1000R y mi Fireblade) saliamos raudos por la N-I (cerca del Jarama) sin imaginar el diluvio que nos esperaba durante esas primeras docenas de kilómetros aderezado con una niebla espesa que nadie se esperaba. Cruzar Somosierra fue casi una pequeña aventura pero sobrivimos intactos (aunque yo con mi visera y mis gafas empañadas). ¡Menos mal que, esta vez, me habia puesto el mono de agua previamente! Salimos de la autovía dirección Burgo de Osma donde, luego, paramos para comer a base de... sí, de torreznos autóctonos (famosos en el mundo entero) más huevos fritos con lomo, ¡todo muy light


Reanudamos el camino hasta Hondarribia con alegría y buen ritmo llegando al camping-albergue prontito. Todavía no habian llegado los "polacos" pero por fin se nos unió el otro madrileño del viaje, ¡Iñigo! que llevaba unos días de turismo por la zona con su bella Z1000SX.

Por parte de los "polacos" contábamos con una parrilla de lujo: Juanra con su legendaria ya XS400, Gregg con su habitual vaca-bike, un divertido Joserra con otra cow-bike (K1200LT), César con una más ligera R1200RT, Alejo con su espectacular K1600GTL, Eloi (el más joven de la tropa) con su preciosa VFR750F y Alex con su poderosa KTM 1090 Adv., ¡casi ná!


Estábamos junto al faro de Higuer y la cena fue memorable, ¡había ganas ya de compadreo! Hasta los camareros contribuyeron a tener una divertida velada cuando uno de ellos no nos entendía y en lugar de orujo decía que no, que ellos solo tenian "brujo, bruuujo" ¿? Visto el misterio le pedimos "esa bebida" a ver qué era.. y resultó que era el orujo de hierbas que pedíamos algunos, ¡cosas del lenguaje!


Compartimos habitación gigante todos los miembros de la expedición. Me puse los tapones para los oídos para evitar sustos nocturnos y amanecimos bastante sanos, tempranito, logrando unas fotos estupendas, justo antes de partir, bajo el monumental faro:


La idea era pasar por un buen puñado de puertos, emborracharnos de curvas y paisajes... e intentar que ninguno se perdiera (no por nada, pero eramos un grupito más o menos numeroso y ya sabéis, a veces uno se despista en un cruce o se queda un poco rezagado..). 


Después de repostar y desayunar en Irún comenzamos realmente la ruta de aquel viernes, primero a un paso tranquilo, luego algo más alegre (increíble como van nuestros amigos con sus inmensas teutonas por zona de curvas y comarcales, digno de admiración). Tuve que parar de manera imprevista cuando alguien, detrás, descubrió que había perdido el macuto que suelo atar con pulpos a mi "asiento" trasero. Mi famoso pulpo "de siempre" lo había perdido semanas atrás en algún alojamiento y el nuevo era algo largo para el volumen que llevaba, no iba bien tensado (error imperdonable por mi parte, menos mal que no se lo "comió" nadie en marcha).


Reanudamos la marcha sin más contratiempos y después de una breve parada en el bello puerto de Izpegi, nos detuvimos a eso de las 13h00 más o menos en el precioso pueblo de St. Jean Pied de Port dónde tomamos el almuerzo en compañía de dos amigos más, Edu y Hugo, colegas de las clásicas, a los que había avisado días atrás de nuestra llegada a su territorio. Edu llegó con su flamante RF roja y Hugo con su BMW K1 (rara avis). Los bocatas y las birras cayeron solas. Nuestros amigos navarros nos hicieron de liebre y guía durante los siguientes kilómetros. 


La siguiente parada larga ya fue por la tarde en mi querido Canfranc, donde "merendamos" como vikingos. Todavía nos quedaban un par de horas aproximadamente para llegar a nuestro alojamiento galo para pasar esa noche (no habíamos reservado nada hasta el momento de la "merienda"). Siempre me estusiasma hacer Somport sin apenas tráfico y buen clima... y así fue.. subimos con ganas pero bajamos con más ganas todavía (aunque yo llevaba un disco de freno doblado), sin coches, con ruedas y estómagos calentitos pero hubo algún pequeño susto mental, ¡en algunas de las preciosas curvas en bajada descubrimos gravilla!... paramos al finalizar el descenso y, por fortuna, nos agrupamos todos los expedicionarios sin problemas.


Dejamos la carretera habitual y nos metimos en una comarcal estrecha y muy virada, en medio de zonas frondosas enormes, con vacas o sin ellas, más bucólico imposible. Nos internábamos dirección Col du Marie Blanque y el pueblo de Laruns donde encontramos un hostal pequeño y acojedor que nos sirvió de maravilla para cenar y reposar.. no sin antes escaparnos unas horas para tomar unas copillas en la plaza del pueblecito. Una paz increíble inundaba en la ambiente. Si a esto le sumamos la suerte que estábamos teniendo con el clima (casi en manga corta por la noche) se puede uno imaginar que la cosa pintaba muy bien... aunque Antonio se estaba empezando a quedar sin neumático trasero en su poderosa Kawa "Turbo".. .y eso que todo habian sido curvas y más curvas. En todo caso, se terminaba la jornada, fenomenal primer día de ruta comunitaria, viernes 12 (si llega a ser viernes 13 echamos llave a la habitación, ja,ja, aunque con Joserra por allí ¡yo creo que estábamos curaos de espanto!).




Resumen del día: 350 kms (Hondarribia-Irun-St. Jean Pied de Port-Canfranc-Laruns) / 5 puertos (Puerto de Izpegi 672m.- Ibañetako Mendatea 1.057m.-Alto de Laza 1.129m.-Ptº de Somport 1.640m.-Col du Marie Blanque 1.035m.)

GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...