Invierno suave... (parte 2)


Y llegó febrero, otro tradicional mes motero. Después de organizar una nueva escapada hacia el pintoresco pueblo, al norte de la provincia de Guadalajara, de Hiendelaencina (con una población aproximada de solo cien habitantes) para disfrutar de sus bellos tramos y de su rico cordero, resulta que me levanté fatal aquel domingo, incapaz casi de mantenerme en pie. Avisé que no podría coger la moto. Fui el único que fallo a la cita. Por las fotos... se pusieron finos, claro. En pocos días me recuperé sin saber qué me había pasado. Meses más tarde evalué si me había contagiado del "bicho" de moda pero eso es algo que nunca sabremos. Esta pequeña localidad es digna de visitar. A mediados del siglo XIX se descubrió plata por la zona iniciándose una pequeña fiebre minera por la región. Actualmente se encuentran abandonadas sus minas pero la zona ofrece un notable patrimonio cultura y geológico, digno de ver. Eso sí, no nos engañemos, nosotros vamos por las curvas, el paisaje y su gastronomía. Aquí una foto "resumen" de los delincuentes de ese 9 de febrero, aunque falta Kurtis me parece (de izquierda a derecha, Antonio, Juanki, Tyto, Monika, Alvarito, Curro, Iñigo y Luis):


Afortunadamente, un par de semanas más tarde sí pudimos viajar hasta Juarros de Voltoya un año más para disfrutar de otra memorable cita entre buenos amigos. Ya no celebran su mítica invernal allí pero llevamos dos años que, en petit comité, nos volvemos a reunir en algún local del pueblo y degustamos sus tradiciones cochinillos (¡y torreznos!), todo ello organizado por el núcleo duro del viejo moto club El Foro, Rosi y Luis, los cuales siempre se desviven por ofrecernos lo mejor de lo mejor. 


Este año éramos cerca de 80 privilegiados. El día se presentó soleado y era perfecto para hacer unas curvas por el Alto del León y luego echarnos unas risas en tierras segovianas. Salimos tres motos con cuatro encima, Julito y Montse, Antonio y yo. Un montón de gente increíble se reunió en el pequeño pueblecito que visitamos cada año. Para empezar, aperitivos de lujo en el bar de La Abuela. Mis padres llegaron en su coche. Nos juntamos enseguida un montón de locos, incluido Alfredo, el Escocés de Gredos, Kurtis (sin barba), Andrea, Iñigo, su amigo Juanma, Mudo e hijo, Rosa y Alvarito, Maika y Miguelón, Juan Vegas y Mónica, Dino y Laura del MTM, Dani, etc, etc, vamos, un pedazo elenco de primera. 


Después del potente aperitivo (¡incluido torreznos racings!) nos fuimos hacia el local de fiesta donde nos aguardaban largas mesas y muchas bandejas con los pobres cochinillos reposando (del primer plato ni me acuerdo, creo que fue ensalada, para disimular). Antonio "el primo" me dejó su preciosa y exótica XSR 900 para llevarla hasta allí. Fueron apenas 300 o 400 metros de distancia, suficiente, qué maravilla de moto. Nos gusta a unos cuantos, incluido a Andrea:


¿Qué decir de aquellas horas agradables? pues nada, mejor dejar algunas fotos chulas de aquella jornada memorable. 


Productos de la tierra, ja,ja.. hasta el postre era de diez...



Rosa con los Luises, ¡lujazo para nosotros!


Vaya día de besos, ¡no me pude quejar!:


Con mi querida Rosi en nuestro bar favorito del pueblo, ¡y junto a la inmortal foto con Rosendo!:


Más gente maja, Cristina y Sergi, junto al Puli...


La vuelta llegó pronto, demasiado. Otro año nos quedamos a dormir, como hicieron unos cuantos. Fue un error tremendo para no aprovechar más la tarde. Se nos hizo corto. Volviendo hacia la zona sur, por la M50, un Audi gordo se picó. Pobre diablo. La Kawa "turbo" de Antonio tomó la delantera y le seguimos enseguida a velocidades inconfesables. Pocos minutos después, copa y despedida en el Daytona de Fuenlabrada. Un auténtico día motero de primera, ¡hasta pronto!... dijimos...



Invierno suave... (parte 1)


Llevamos unos años cerrando la temporada con un par de "eventos" sociales fijos. Uno lo solemos celebrar a mediados de diciembre. Se trata de la cena de nuestra dispersa pero inmortal Peña Motorista Los Cariñosos. Gente se aleja, otros se acercan, como la vida misma... y más en un grupo, moto club o asociación, no falla. En el pasado año volvimos a celebrar una velada estupenda, esta vez por Villaverde, y luego con baile y buena música en un garito de Getafe. Lo pasamos en grande. Agradecer a Antonio la organización del evento. Lástima de algunos amigos que no pudieron acudir a la cena, por motivos laborales o de salud. Echamos de menos a Julito, especialmente. 


Apenas dos semanas más tarde, aproximadamente, volvimos a reunirnos un nutrido grupo en nuestra querida (sobre todo entre semana) Cruz Verde, para despedir el año viéndonos y descorchando una botella de cava. No soy muy amigo de parar allí en fin de semana pero siempre hay excepciones. Conseguimos juntar un par de mesas y nos reunimos un montón de gente, aunque nos faltaron algunos amigos más. ¿Por qué allí me preguntan a veces? pues porque es un cruce de caminos estupendo, que a casi todo el mundo le viene bien. Cuando hay sitio es un lugar agradable aunque, por desgracia, casa Guillermo lleva ya unos años subiéndose a la parra en cuanto a precios. La fama ya se sabe... Pero esta vez nos apetecía, de nuevo, juntarnos con alegría y picar algo. La foto del encabezado corresponde a esa mañana soleada y divertida. Mucha gente diez. Iñigo y Andrea, Alvarito, Dani, Toroloko y Koral, Pedro, Juan Vegas, Joselito, Angel y Noemi, Javi y Susana, Curro, Inma y yo... Como cada año, nos vimos gente que nos vemos con cierta frecuencia y otros amigos a los que apenas vemos una o dos veces al año. En todo caso, decíamos adiós con cachondeo y burbujas a un año interesante, esperando que el 2020 fuera una continuación, como poco, de lo vivido durante esa temporada. Nadie se imaginaba que muchas cosas cambiarían en nuestro día a día, por supuesto. 


El día 24, horas antes de Nochebuena, me di una vuelta con mi fiel Infinita. Necesitaba unas horas de paz y reflexión. Era una fecha algo triste para mi pues no cenaríamos juntos toda la familia, un año más. Cogí aire y miré hacia los cielos azules... y hasta conocí al dueño de una preciosa Z 900 que se puso a hablar conmigo preguntándome por su moto. Estábamos en el precioso valle de Iruelas, junto a El Tiemblo, apenas a una hora de mi casa. Estuvo muy bien tener ese día libre. Esos ratos de calma son impagables, sé que me entendéis...



Y después de la fiestas navideñas llegó el enero motero (como yo lo llamo). Comenzamos haciendo otra prueba dinámica para la sección de motos históricas de la revista SOLO MOTO. Esta vez contábamos con una auténtica joya, una impecable Zephyr 750 edición especial. Quedamos los tres en Quijorna, Iñigo, su propietario Rubén y yo. Después de tomar un café y charlar un buen rato me puse a sus mandos casi una hora. Una delicia volver a montar en una Zephyr (aunque la mía era la juguetona 550). 


Y el calendario seguía avanzando... Esta vez casi me acerco a Cantalejo para descubrir su ambiente y saludar a los amigos que suelen reunirse en esa cita. Al final no pudo ser y terminamos, días después, cabalgando hacia el conocido pueblo de Sacedón para otro motoalmuerzo "de los huevos fritos". Era el último finde de enero y este año no íbamos a Estrella de Javalambre (increíble, sí) por diversos motivos. La alternativa era muy placentera. Iríamos a Sacedón con varios amigos y el sol débil de invierno lucía bien en lo alto. Antes de llegar paramos en otro de nuestras "metas volantes" favoritas: Tendilla. En el bar de siempre se juntó nuestro amigo Jose y su famosa Himalayan. Llegó tarde al mundo de la moto pero ahora.. ¡¡no para!! Grande Joselito, en un año le veo con otra moto más gorda, ja,ja...


Lo bueno de parar en Tendilla es que, aparte de desayunar o almorzar como marqueses, saliendo del pueblo hay un trozo de carretera vieja delicioso, lleno de curvas interesantes. 

Al final llegamos a Sacedón y descubrimos muchísima más gente de la que yo recordaba de otras ediciones. Por supuesto, era casi imposible conseguir los famosos huevos fritos, la cola era gigantesca. Sabiamente nos desviamos hasta la zona de la iglesia y nos sentamos en una terraza. Aquí inmortalizados Alvarito y su amigo Josito...


Con Rosi, Luis, Iñigo y demás "asociados" departimos un buen rato, pero en especial me hizo ilusión volver a ver a Cristina Espada (y a su chico, Sergi) la gran rutera experta en Fazers y Yamahas en general, un auténtico placer conocer gente tan maja y con tantas millas acumuladas. La foto es un cuadro, ella tan mona, yo fatal, encima con la chupa que me está grande y que vendo hace más de un año sin éxito, ja,ja...


Después de unas buenas raciones y algún caldito (¡apetecía!) nos fuimos regresando hacia Guadalajara donde hicimos una última parada para tomar un café y despedirnos. Un placer, como siempre, pasar unas horas en tan grata compañía. 


Mientras tanto otros regresaban de Javalambre donde Mudo volvió a celebrar, la noche del sábado, un nuevo cumpleaños, ¡felicidades again!


La próxima para mi sería especial, sería el encuentro en Juarros de Voltoya... aunque antes había otro "clásico" de febrero, la escapada a Hiendelaencina, el pequeño y medio escondido pueblecito con historia minera que descubrimos hace ya unos años. Como siempre, buenos tramos y buenos platos van casi siempre asociados... en el próximo post os lo contaré...

Apoyando a Victor Ortega, ¡TT Rider!


Estamos ya en septiembre de este extraño y triste 2020 pero todavía podemos contar cosas de cuando la vida y el mundo eran más normales...

En enero, pasado las fiestas, celebramos otra reunión de "Grillaos del TT", la sexta ya, y el artista invitado fue nuestro amigo Victor Ortega, con el que ya cuadramos anteriormente para celebrar otro encuentro en Cullera, en junio pasado. El piloto nos haría disfrutar con sus historias y anécdotas recordando su participación en el ManxGP del 2019 donde debutó como road racer en nuestra admirada isla de los gatos sin cola.

Esta vez el nuevo encuentro estaría ubicado por la zona centro, y como siempre, con ganas de juntar a muchos amigos y "Grillaos". Al final celebramos la reunión en Manzanares El Real, el pueblo donde vive nuestra amiga y apasionada del TT, Rosa Arrate. Allí nos reunimos casi treinta amantes del motociclismo. 


La cena fue espectacular, generosa, divertida por tantas charlas jocosas y servida por los simpáticos dueños de restaurante motero El Tranco 608 (por desgracia, ya cerrado) mientras el ambiente se caldeaba en el buen sentido del término. Empezamos a tomar la palabra después de los postres. Comencé yo, brevemente, dando las gracias por la asistencia de tantos amigos (unos treinta) a una nueva kedada del grupo, incluyendo a los nuevos, a los que no conocíamos en persona todavía, todos amantes de las Road Races.

Luego nuestra querida Rosa, con su elocuencia habitual, nos fue contando varias cosas, desde un recordatorio de cómo se enamoró del TT, sus experiencias allí, hasta cómo conoció a Victor, repasando su trayectoria y su trabajo incansable entorno a su sueño de correr en el TT, hazaña que por fin ha conseguido en el verano del 2019. Como dijo ella, Victor es el piloto más currante y honesto que ha conocido, opinión que comparto. 


Una vez presentado el prota de la cena, fue el propio TT Rider quién nos deleitó durante más de hora y media con docenas de datos y anécdotas de su participación en la carrera, añadiendo curiosidades sobre el circuito, la gente, su equipo, su Kawa, los obstáculos encontrados en la aventura y hasta sobre el estilo de pilotaje que es más efectivo allí, en contraposición al habitual propio de circuitos cortos. Como os podéis imaginar, disfrutamos a base de bien, intercambiando preguntas y comentarios.

Entre los asistentes teníamos a un montón de amigos y gente diez, entre ellos, Juan Vegas y Mónica, Rosi y Luis, Napo, Antonio, Alvarito, Dino y Laura del MTM, mis padres, Marco, Javi y Susana, David y familia, etc...

Como siempre que uno está "tan agustiito" y bien acompañado, las horas pasaron en un suspiro, volando a ras de suelo, como las motos que conquistan el TT, concluyendo la velada bien pasada la hora habitual de cierre del establecimiento. Por fortuna, la noche tuvo el añadido positivo de que algunos asistentes se comprometieron a ayudar de alguna manera al piloto, lo cual siempre es una buena noticia y necesario. Así que, bueno, ¡creo que mereció la pena venir hasta Madrid desde Valencia, Victor! Antes de despedirnos, volvimos a ver la bandera que nuestro protagonista lleva a sus carreras y dónde ya firmamos algunos en el anterior encuentro en Cullera.


Os dejo un montón de fotos guapas de los asistentes...








En resumen, un placer escuchar a un piloto sincero y preciso en sus apreciaciones, una delicia conocer algunas de sus muchas vivencias en su debut en la isla. Mucho valor, medios y mucha pasión se necesitan para enfrentarse a semejante empresa. Obviamente, para este maldito año se ha suspendido la competición y Victor no ha podido volver a su querida carrera, pero todos deseamos que las cosas se normalicen y podamos volver a disfrutar del TT y el resto de competiciones Road Races. 

¡Te deseamos lo mejor para el 2021, Victor! 

La maldición de Arguis... ¡y mi Yamaha jabata!


La mejor lotería es gozar de salud y seguir con ganas de hacer cosas "raras"! Vale, también suena a excusa cuando no juegas o no te toca pero... 

Eso mismo dije en una foto que publiqué en FB (la de arriba) el mismo día de la lotería nacional, un día después de otro intento fallido por llegar a nuestra querida invernal de Arguis, la reunión más antigua de España y una de las pocas que quedan auténticas y sencillas.

Un mes antes de su celebración, mi gran amigo Iñigo comentó la idea de que fuéramos, que tenía ganas de conocer la invernal. Allí el problema o la bendición es el alojamiento. Lo auténtico y sencillo es llevarte la tienda y acampar en el campo. Cuando vas con tu padre el planteamiento del tema cambia y llevamos unos años en que intentamos localizar alguna cama libre (cosa harta difícil) en el hostal junto al bar,  o muy cerca. En esta edición del 2019, Iñigo había hablado con Luis (M.C. Foro) y tenían tres camas libres para ese sábado 21, perfecto. Así que nos animamos (sobre todo yo) y los tres, Iñigo y los dos LFs quedamos en acudir a la conce. Nosotros no acudíamos a Arguis desde la edición 2016, por cierto. Algunos años no nos lo habíamos propuesto y otros, como siempre, desde hace dos décadas más o menos, se cancelaba en el último momento o en pleno viaje. Lo que yo hace años llamaba "la maldición del pantano" (de Arguis), pues hubo años que me tuve que dar la vuelta o me puse griposo dos días antes, averías, etc, etc, vamos, que solo llegábamos una vez de cada dos o tres intentos, ¡de traca! 

Contando con el cambio climático, ya es raro pasar auténtico frío en Arguis, como hemos comprobado varias veces desde que cambiamos de siglo y milenio. La idea era salir ese sábado, sin madrugar ni nada parecido, comer por el camino y llegar sobre las cinco de la tarde. Todo estaba preparado y las camas ya pagadas. Pero mira tu por donde aquellos tranquilos días de diciembre se estropearon a medida que se acercaba el fin de semana anterior a Nochebuena (justo la fecha que se elige, siempre, para celebrar la invernal). Vientos fuertes, chubascos y bajada de temperatura, cosas así, vamos, lo normal en muchos días de invierno, no seré yo quién lo critique (es como noticiar que en verano hace calor, ¡de chiste!). 

Salimos de la gasolinera "del avión" del puente de San Fernando, en la A2, y nos propusimos comenzar el recorrido habitual por la aburrida autovía (bueno, al cruzar cierto margen de velocidad deja de ser tan aburrida, confirmado). Yo llevaba mi flamante FZR que ya os he presentado alguna vez en este blog, la cual va de lujo, es cómoda, estaba recién revisada y me permitía llevar el macuto bien puesto atrás, protegido por un gruesa bolsa antigua de Dainese, solo dejando a la vista mi nuevo bote de engrasador de cadena (como se puede apreciar en la foto de cabecera). 

Alli nos encontramos puntuales, la flamante y negra Z1000SX del más joven del trio, la Fazer eterna de mi padre y la "abuela" de la Fazer, mi FZR, cuyo motor dio origen al de la Thundercat y al de la Fazer. Repostamos a tope y salimos con ganas, mi padre liderando enseguida, en su hábitat natural para ir rapidillo, la autovía (va de fábula, demasiado rápido para mi gusto), llegando a Guadalajara en un suspiro. Fue por allí cuando comencé a percibir que nos llovería sí o sí, cosa que tampoco me preocupaba demasiado pues llevaba ya puesto el mono de agua. Pasado Torija, el tiempo empeoró y más que el molesto viento empezamos a "disfrutar" de una ligera niebla que, sin embargo, no nos impedía rodar a buen ritmo al principio. Yo ya iba segundo y luego tercero, mientras alcanzábamos las largas rectas que preceden a Alcolea. En lugar de rozar ciertas velocidades inconfesables, yo, al menos, no veía mucho y no pasaba de una velocidad prudente, casi legal.

El viento se puso pesado pero mi preocupación llegó cuando la niebla empezó a ser densa.. al menos para mi... bajé a noventa y empezó a empañarse la visera, me la abrí un poco, como siempre, y apenas noté mejoría... y bajé a sesenta, perdiendo ya de vista cualquier luz roja que me precediera. Luego la cosa se complico y se me empañaron las gafas.... mientras circulaba cerca del arcén derecho. De repente, cerca del puerto de Alcolea, y cerca de una salida lució un poco el sol y vi a mis compañeros esperándome parados con sus motos en un arcén ancho, fumando, mientras yo seguía incapaz de parar a tiempo... 

Me alcanzaron enseguida y vi que con sus luces todo se veía algo mejor. De repente me di cuenta que quizá yo iba sin luces... ¿o estaría alucinando? Llegando a Medinaceli tomé la decisión de salir y parar. Era Esteras de Medinaceli, un pueblo donde pocas veces o ninguna hemos parado en las últimas cuatro décadas. Allí, el viento azotaba con fuerza pero no había niebla. Localizamos un bar y pudimos calentarnos un rato mientras comentábamos la jugada. Visto el panorama, comenté que no estaba disfrutando mucho del viaje pero que lo que más me preocupaba era como estaba el tiempo más adelante, más allá de Calatayud... Añadí que mejor seria ver las previsiones del tiempo por Aragón. Iñigo, siempre tan al quite, opinaba parecido pero él decía que veía bien, se sorprendió al descubrir que llevaba mi visera y las gafas empañadas. 



Mi padre, inmutable, pensaba que estábamos exagerando... ¡seria por viajes duros en invierno ya vividos!... Vimos en el móvil que por Zaragoza los vientos fluían aún mas fuertes y estaban en alerta... no recuerdo el color. Iba a ser un finde "cojonudo" y en la tele, por lo visto, decían que no viajara la gente sin un motivo importante. Lo peor llegó cuando comprobamos que mi bella FZR no tenia luces, detrás el piloto estaba "ausente" y delante solo funcionaba la luz de cruce, ¡¡toma ya!!.. .no entendí porqué estaban fundidas si una semana antes había circulado por la noche sin problemas...  Fue la gota que colmó el vaso. Yo voté por volver para Madrid, cabreado, sí, y así lo expuse. Iñigo no lo tenia claro (aunque días después me daría la razón) y mi padre, tranquilo y afable, dijo que haríamos lo que hablásemos, aunque por él, seguiríamos. Media hora mas tarde, ya algo más secos y con el estómago menos vacío, arrancamos y tomé la delantera girando en la rotonda hacia Madrid. El viento seguía azotando fuerte pero apenas había ahora niebla... Y así, regresamos para casa, después de algún cigarro y algunos cafés. 


Para rematar la mierda de viaje que llevábamos, antes de llegar a Guadalajara nos despistamos por lo que no pudimos aprovechar el día para comer o hacer algo juntos... llegué a casa en solitario, como los demás, triste y algo enfadado. Quizá con las luces en orden me hubiera atrevido a continuar el viaje. O quizá me he aburguesado, quién sabe. Pero no me arrepentí de la decisión cuando, días después, los amigos que bajaron el domingo de Arguis (y otros ese mismo sábado) me contaron los problemas en marcha que sufrieron. Por ejemplo, nuestro querido Mudo, con su dama blanca, la Guzzi California, de casi 400 kilos, las pasó canutas, circulando en marchas bajas y de lado para soportar el enfado de Eolo del domingo, ¡bravo por ellos! 

Saliendo de la ducha, en casa, no pude evitar pensar que habíamos tirado a la basura el dinero de la reserva de las camas y, peor, que una vez más la "maldición del pantano" me había vencido. No solo hay que contar las victorias, también las derrotas, eso sí... Y en diciembre del 2019, en ese caótico fin de semana, los "aguerridos motoristas", o mejor dicho, yo mismo había sido vencido por los "elementos". Un diez por lo demás para ellos y para mi FZR, pronto cambiaríamos bombillas. Es dura esta Yamaha del 94, y más noble que muchas motos de ahora...

El fin de un sueño hermosso...


Todo pasa y todo queda recitaba el poeta en sus Cantares, y no, no buscábamos la gloria, solo disfrutar de una de las aventuras que más nos apasiona: el gusanillo de jugar a las carreras, de luchar por mejorar y ser más rápido, más eficaz, sin olvidarnos de la diversión y de la riqueza humana que sabiamos ibamos a encontrar metiéndonos en ese maravilloso mundo de las clásicas. Y asi fue. Pero todo proyecto tiene un fin. Y llegó hace pocos meses, durante el otoño pasado. Con problemas de logística, ni sitio donde trastear, ni probarla (que bien nos vinieron aquellos años en el taller de Seseña) no tenía demasiado sentido que el polvo cubriera mes tras mes a nuestra querida amiga, sin otro horizonte a la vista. Llegó una oferta y se fue para tierras gallegas. ¡Que la disfrute con salud! No fue fácil tomar la decisión pero la cabeza a veces se impone al corazón..


Fueron unos años interesantes llenos de aventurillas, anecdotas y puntazos, a veces con momentos duros (y hasta tristes) pero casi siempre relativamente satisfactorios en lo deportivo... y muy felices en la faceta humana. Y digo "relativamente" porque la espinita que sigue clavada era y es la habitual, haber tenido menos contratiempos mecánicos, haber comenzado años atrás para disfrutar aún más... y haber pesado como diez o doce kilos menos para ser realmente rápido en recta y en subidas, culpa mia, claro. Pero todas estas pegas no son nada comparado con el balance positivo que nos llevamos en los bolsillos, en la memoria y, por supuesto, dentro del corazón. 


Contar con amigos y con gente tan genial como los miembros del Team Moclava (especialmente con el maestro Paco Motos) fue una auténtica bendición. Ellos nos abrieron sus carpas, sus brazos y sus consejos. Y no solo ellos, contar con el amigo Andrés Champi, con Edu el navarro, con Fer47 o con Xose el gallego, por citar los más importantes, fue determinante para aprender, y para contar con un poco de logística (uno de nuestros problemas crónicos), aprendiendo por el camino mil cosas, un auténtico lujo. Todos me trataron con simpatía y me ayudaron en algo en cada carrera, en cada ocasión. Todavía recuerdo al increíble Angel (hermano del grande y ausente Tapi, de los amigos Moclava) cómo me indicaba en Cintruénigo que no cortara gas para cambiar, y que no usara el embrague, como los "pofesionales" y yo, dudando, por miedo a castigar la mecánica. Solo lo probé después de que me insistiera un poco más, en aquel entrenamiento. Y claro, tenia razón. Subiendo marchas no forzabamos y ganabamos unas pocas centésimas. ¡Cómo iban de rápido estos veteranos! de paseo nada, impresionante, "mucha mili" había por alli. Gente sabia, generosa y empática. Sus juegas eran alucinantes. Aquellas noches post entrenos y pre carrera eran auténticos fiestones llenos de orujo, de bailes, bromas y de horas sin sueño, ¡qué bonito paddock! Me sentia un puñetero afortunado, un auténtico "becario" vestido de blanco. 


Gracias a mi padre, a Julito, a Yoli, a Tyto y demás amigos este viaje fue muy agradable, que no exactamente fácil, los años pasaron más o menos rápido, llenos de emociones. Al principio sufrimos de lo lindo por el problema de los frenos, un simple leva delantero que apenas frenaba la moto, ¡cuantos sustos me llevé por ello! y un carburador que era casi imposible de carburar, aquel gastón Bing tan antiguo. Ambos problemas, en un par de años, pude solucionarlos y la moto empezó a ser realmente una moto competitiva y segura. Su sonido (afortunadamente grabado en algunos vídeos que guardo con cariño) me trasportaba a otro mundo.


Las participaciones en Cintruénigo, donde me fogueé, junto a los citados veteranos, fue realmente espectacular, insólito para mi, original y cañero a tope. Como recuerdo aquellas vueltas sin casi cabeza, dándolo todo, que no era mucho en mi caso, pero dejándome siempre la boca y la gargante seca, completamente seca. "¡Buena señal! me decian los veteranos como "Comandante. Y a fe mía que asi me pasaba. Semanas antes me ponía a dar vueltas con la bici por mi barrio para llegar "en forma", apenas tenia cuarenta años cuando comencé pero me sobraban hábitos sedentarios. Ya no era, obviamente, aquel niño que jugaba a ser piloto de motocross, entre caida y caida, en los circuitos de nuestra Comunidad. Habian pasado unos treinta años... toda una vida.

No voy a alargarme mucho más, las crónicas de las aventuras con la HermOssa ya las relaté en su dia en otros posts, pero sí quisiera añadir dos cosas más, hablando de la mayor carrera de clásicas de nuestro país y mi balance final...


Por un lado, destacar que siempre estaré agradecido a los que me echaron una mano en mi debut en La Bañeza, en el verano del 2014. Correr alli, aunque fuera de los lentos (por supuesto), era un auténtico SUEÑO. Era y es La Meca de las clásicas, claro, donde participa la creme de la creme. Por mi parte fue un tanto inconsciente quizá pero no pensaba perder la oportunidad (en el 2013 no me aceptaron la inscripción). Fue una sensación casi extracorporal porque no te puedes imaginar la sensación que inunda toda tu alma y todos tus sentidos en esas calles bordeadas de mogollón de público que te anima con fervor. Había ido mil veces a ver las carreras pero no tenía nada que ver. El calor de la gente, de los pilotos, del público y de los paisanos del pueblo es muy dificil de describir. Como se suele decir, hay que vivirlo. Ese año ibamos justos en todo, en mecánica (ni digo la diferencia de velocidad punta que me calcularon en recta de meta), ni en salud, ni en ánimos (problemas familiares). Pero ahi estaba Luismi para empujarme y llevarme en su furgoneta hasta el pueblo leonés. Tiramos de ganas y no abandonamos, solo los dos con la Ossa hacia una batalla irrepetible, la mejor carrera de clásicas del país. Luego con Mudo, Carmelo y la acogida de los amigos valencianos en su parcela, todo fue más fácil. Gracias a Manu Varea por sus consejos aquel año, gran campeón y mejor persona. El salia con su Bultaco, rápida pero frágil, siempre estaba ocupado con ella, pero aún así, siempre tenia un rato para hablar conmigo o darme rueda. Ese año regresamos a casa con mal sabor de boca, ¡hasta perdimos los embutidos que regalaba la organización y los patrocinadores! Pero al menos me permitió ver dónde me metía con vista a volver en el 2015...



Al año siguiente volvimos, más preparados y se notó enseguida. Pero en aquella categoria, la más competitiva, "el más tonto era relojero", claro, y no rematé. Me quedé a segundo y medio de entrar entre los 35 primeros clasificados para salir a carrera (eramos unos 72 inscritos en 250). Cada año la categoria de los 2T se pone más complicada, más commpetitiva, siguen bajando los tiempos y algunos pilotos rápidos incluso no pueden clasificarse (tampoco había manga de consolación).  Además esa edición vino mi padre y fue todo un plus. Todo este proyecto de la Ossa también lo hice por él. En esos años disfrutó de lo lindo. En parte era como volver a sus días de carreras. A mi me vinieron geniales sus consejos y sobre todo su presencia. Fue, obviamente, mi mecánico y jefe de equipo. Vivimos a tope nuestras aventuras, muchas veces en solitario los dos.


Volviendo a La Bañeza, ese año, vimos a un montón de amigos que se pasaron por boxes, ¡fue muy agradable!, personalmente estaba en la gloria, aunque me faltaba mi familia (que pocas veces me acompañaba a las carreras). En el crono oficial hice peor tiempo que en el libre pero no supimos el motivo hasta que fue demasiado tarde. No importó demasiado (bueno, un poco), de todas formas, ese año lo pasamos en grande, como digo. Estaba en un buen momento y el planteamiento estaba claro. Para seguir teniendo una moto competitiva habría que invertir para el 2016. Solo contabamos con la ayuda de Joan Ferrer que me enviaba cada año muchos litros de A747 gratis, ¡no era poco!, pero cualquier cambio de pistón o de lo que podáis pensar, valia una pequeña millonaria. Por fortuna, la HermOssa era muy fiable pero cada año me gustaba cambiarla alguna cosita. No podía ser cada dos carreras, como hacian los punteros y los pudientes, pero tampoco iba mal mi montura.


Desde 2016, hubo más aventuras, alguna rotura inesperada (como el depósito en Lordelo, Portugal) y, sobre todo, más problemas logísticos de dificil solución en los siguientes dos años (la de furgonetas de alquiler que aprendí a conducir durante esas temporadas). Parecia que ibamos agonizando. Pude encontrar una plaza de garaje de alquiler donde guardar la moto pero no podía salir a rodar por ella por las calles, ya no disponiamos del taller en el polígono, una pena. Aún asi, la pusimos una bonita cúpulita (¡gracias Chema!) y hasta rodamos en el circuito FK1 en el 2018... sin freno delantero (que se rompió tres días antes). Fue la última vez que rodé con ella.


Y por ultimo, a modo de resumen, comentar que fueron cuatro años emocionantes y dos más complicados. Nada de lo bueno hubiera sido posible sin aquella conversación con Paco Motos en el 2009, cuando hablamos de sus carreras y de lo bonito que sería participar en alguna. Tres años después se acordó y me habló de la oportunidad de alquilar una Ossa para una carrera que se celebraba en junio en un pueblo navarro del que jamás había oído hablar... una noble moto que un año después de aquel debut en el 2012 compraría y seria mia en muchos sentidos. En todo caso, espero que todo esto sea un punto seguido, y no un punto final. Quiero volver a correr en clásicas, ,aunque sea en 4t, si las circunstancias lo permiten. Me encantaria. 


Gracias de nuevo a todos los que aportaron desde palabras de ánimo hasta empujones para arrancar la moto. Gracias a los amigos de VITALE que también nos echaron una sabia mano con el tubarro y el motor en algunas ocasiones. Gracias a todos los que apoyaron nuestros pequeños sueños sin ser punteros, ni rápidos, ni jóvenes. Y a mis amigos y amigas más querid@s, no saben todavía cuánto me ayudaron con su presencia...


Me quedo con las palabras que me escribio mi admirado campeón José Angel Mendivil hace unos meses, cuando comenté que había vendido mi pequeña.

"Muy bonitas palabras. Pero la vida sigue y los sueños también. Y tú te lo pasaste muy bien en ese mundo pero no te olvides que hay otro mundo y es la riqueza de esos amigos que tienes del mundo de las motos, esa es una riqueza que no te la quita nadie y siempre las tendrás. Te mando un fuerte abrazo"


GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...