Apoyando a Victor Ortega, ¡TT Rider!


Estamos ya en septiembre de este extraño y triste 2020 pero todavía podemos contar cosas de cuando la vida y el mundo eran más normales...

En enero, pasado las fiestas, celebramos otra reunión de "Grillaos del TT", la sexta ya, y el artista invitado fue nuestro amigo Victor Ortega, con el que ya cuadramos anteriormente para celebrar otro encuentro en Cullera, en junio pasado. El piloto nos haría disfrutar con sus historias y anécdotas recordando su participación en el ManxGP del 2019 donde debutó como road racer en nuestra admirada isla de los gatos sin cola.

Esta vez el nuevo encuentro estaría ubicado por la zona centro, y como siempre, con ganas de juntar a muchos amigos y "Grillaos". Al final celebramos la reunión en Manzanares El Real, el pueblo donde vive nuestra amiga y apasionada del TT, Rosa Arrate. Allí nos reunimos casi treinta amantes del motociclismo. 


La cena fue espectacular, generosa, divertida por tantas charlas jocosas y servida por los simpáticos dueños de restaurante motero El Tranco 608 (por desgracia, ya cerrado) mientras el ambiente se caldeaba en el buen sentido del término. Empezamos a tomar la palabra después de los postres. Comencé yo, brevemente, dando las gracias por la asistencia de tantos amigos (unos treinta) a una nueva kedada del grupo, incluyendo a los nuevos, a los que no conocíamos en persona todavía, todos amantes de las Road Races.

Luego nuestra querida Rosa, con su elocuencia habitual, nos fue contando varias cosas, desde un recordatorio de cómo se enamoró del TT, sus experiencias allí, hasta cómo conoció a Victor, repasando su trayectoria y su trabajo incansable entorno a su sueño de correr en el TT, hazaña que por fin ha conseguido en el verano del 2019. Como dijo ella, Victor es el piloto más currante y honesto que ha conocido, opinión que comparto. 


Una vez presentado el prota de la cena, fue el propio TT Rider quién nos deleitó durante más de hora y media con docenas de datos y anécdotas de su participación en la carrera, añadiendo curiosidades sobre el circuito, la gente, su equipo, su Kawa, los obstáculos encontrados en la aventura y hasta sobre el estilo de pilotaje que es más efectivo allí, en contraposición al habitual propio de circuitos cortos. Como os podéis imaginar, disfrutamos a base de bien, intercambiando preguntas y comentarios.

Entre los asistentes teníamos a un montón de amigos y gente diez, entre ellos, Juan Vegas y Mónica, Rosi y Luis, Napo, Antonio, Alvarito, Dino y Laura del MTM, mis padres, Marco, Javi y Susana, David y familia, etc...

Como siempre que uno está "tan agustiito" y bien acompañado, las horas pasaron en un suspiro, volando a ras de suelo, como las motos que conquistan el TT, concluyendo la velada bien pasada la hora habitual de cierre del establecimiento. Por fortuna, la noche tuvo el añadido positivo de que algunos asistentes se comprometieron a ayudar de alguna manera al piloto, lo cual siempre es una buena noticia y necesario. Así que, bueno, ¡creo que mereció la pena venir hasta Madrid desde Valencia, Victor! Antes de despedirnos, volvimos a ver la bandera que nuestro protagonista lleva a sus carreras y dónde ya firmamos algunos en el anterior encuentro en Cullera.


Os dejo un montón de fotos guapas de los asistentes...








En resumen, un placer escuchar a un piloto sincero y preciso en sus apreciaciones, una delicia conocer algunas de sus muchas vivencias en su debut en la isla. Mucho valor, medios y mucha pasión se necesitan para enfrentarse a semejante empresa. Obviamente, para este maldito año se ha suspendido la competición y Victor no ha podido volver a su querida carrera, pero todos deseamos que las cosas se normalicen y podamos volver a disfrutar del TT y el resto de competiciones Road Races. 

¡Te deseamos lo mejor para el 2021, Victor! 

La maldición de Arguis... ¡y mi Yamaha jabata!


La mejor lotería es gozar de salud y seguir con ganas de hacer cosas "raras"! Vale, también suena a excusa cuando no juegas o no te toca pero... 

Eso mismo dije en una foto que publiqué en FB (la de arriba) el mismo día de la lotería nacional, un día después de otro intento fallido por llegar a nuestra querida invernal de Arguis, la reunión más antigua de España y una de las pocas que quedan auténticas y sencillas.

Un mes antes de su celebración, mi gran amigo Iñigo comentó la idea de que fuéramos, que tenía ganas de conocer la invernal. Allí el problema o la bendición es el alojamiento. Lo auténtico y sencillo es llevarte la tienda y acampar en el campo. Cuando vas con tu padre el planteamiento del tema cambia y llevamos unos años en que intentamos localizar alguna cama libre (cosa harta difícil) en el hostal junto al bar,  o muy cerca. En esta edición del 2019, Iñigo había hablado con Luis (M.C. Foro) y tenían tres camas libres para ese sábado 21, perfecto. Así que nos animamos (sobre todo yo) y los tres, Iñigo y los dos LFs quedamos en acudir a la conce. Nosotros no acudíamos a Arguis desde la edición 2016, por cierto. Algunos años no nos lo habíamos propuesto y otros, como siempre, desde hace dos décadas más o menos, se cancelaba en el último momento o en pleno viaje. Lo que yo hace años llamaba "la maldición del pantano" (de Arguis), pues hubo años que me tuve que dar la vuelta o me puse griposo dos días antes, averías, etc, etc, vamos, que solo llegábamos una vez de cada dos o tres intentos, ¡de traca! 

Contando con el cambio climático, ya es raro pasar auténtico frío en Arguis, como hemos comprobado varias veces desde que cambiamos de siglo y milenio. La idea era salir ese sábado, sin madrugar ni nada parecido, comer por el camino y llegar sobre las cinco de la tarde. Todo estaba preparado y las camas ya pagadas. Pero mira tu por donde aquellos tranquilos días de diciembre se estropearon a medida que se acercaba el fin de semana anterior a Nochebuena (justo la fecha que se elige, siempre, para celebrar la invernal). Vientos fuertes, chubascos y bajada de temperatura, cosas así, vamos, lo normal en muchos días de invierno, no seré yo quién lo critique (es como noticiar que en verano hace calor, ¡de chiste!). 

Salimos de la gasolinera "del avión" del puente de San Fernando, en la A2, y nos propusimos comenzar el recorrido habitual por la aburrida autovía (bueno, al cruzar cierto margen de velocidad deja de ser tan aburrida, confirmado). Yo llevaba mi flamante FZR que ya os he presentado alguna vez en este blog, la cual va de lujo, es cómoda, estaba recién revisada y me permitía llevar el macuto bien puesto atrás, protegido por un gruesa bolsa antigua de Dainese, solo dejando a la vista mi nuevo bote de engrasador de cadena (como se puede apreciar en la foto de cabecera). 

Alli nos encontramos puntuales, la flamante y negra Z1000SX del más joven del trio, la Fazer eterna de mi padre y la "abuela" de la Fazer, mi FZR, cuyo motor dio origen al de la Thundercat y al de la Fazer. Repostamos a tope y salimos con ganas, mi padre liderando enseguida, en su hábitat natural para ir rapidillo, la autovía (va de fábula, demasiado rápido para mi gusto), llegando a Guadalajara en un suspiro. Fue por allí cuando comencé a percibir que nos llovería sí o sí, cosa que tampoco me preocupaba demasiado pues llevaba ya puesto el mono de agua. Pasado Torija, el tiempo empeoró y más que el molesto viento empezamos a "disfrutar" de una ligera niebla que, sin embargo, no nos impedía rodar a buen ritmo al principio. Yo ya iba segundo y luego tercero, mientras alcanzábamos las largas rectas que preceden a Alcolea. En lugar de rozar ciertas velocidades inconfesables, yo, al menos, no veía mucho y no pasaba de una velocidad prudente, casi legal.

El viento se puso pesado pero mi preocupación llegó cuando la niebla empezó a ser densa.. al menos para mi... bajé a noventa y empezó a empañarse la visera, me la abrí un poco, como siempre, y apenas noté mejoría... y bajé a sesenta, perdiendo ya de vista cualquier luz roja que me precediera. Luego la cosa se complico y se me empañaron las gafas.... mientras circulaba cerca del arcén derecho. De repente, cerca del puerto de Alcolea, y cerca de una salida lució un poco el sol y vi a mis compañeros esperándome parados con sus motos en un arcén ancho, fumando, mientras yo seguía incapaz de parar a tiempo... 

Me alcanzaron enseguida y vi que con sus luces todo se veía algo mejor. De repente me di cuenta que quizá yo iba sin luces... ¿o estaría alucinando? Llegando a Medinaceli tomé la decisión de salir y parar. Era Esteras de Medinaceli, un pueblo donde pocas veces o ninguna hemos parado en las últimas cuatro décadas. Allí, el viento azotaba con fuerza pero no había niebla. Localizamos un bar y pudimos calentarnos un rato mientras comentábamos la jugada. Visto el panorama, comenté que no estaba disfrutando mucho del viaje pero que lo que más me preocupaba era como estaba el tiempo más adelante, más allá de Calatayud... Añadí que mejor seria ver las previsiones del tiempo por Aragón. Iñigo, siempre tan al quite, opinaba parecido pero él decía que veía bien, se sorprendió al descubrir que llevaba mi visera y las gafas empañadas. 



Mi padre, inmutable, pensaba que estábamos exagerando... ¡seria por viajes duros en invierno ya vividos!... Vimos en el móvil que por Zaragoza los vientos fluían aún mas fuertes y estaban en alerta... no recuerdo el color. Iba a ser un finde "cojonudo" y en la tele, por lo visto, decían que no viajara la gente sin un motivo importante. Lo peor llegó cuando comprobamos que mi bella FZR no tenia luces, detrás el piloto estaba "ausente" y delante solo funcionaba la luz de cruce, ¡¡toma ya!!.. .no entendí porqué estaban fundidas si una semana antes había circulado por la noche sin problemas...  Fue la gota que colmó el vaso. Yo voté por volver para Madrid, cabreado, sí, y así lo expuse. Iñigo no lo tenia claro (aunque días después me daría la razón) y mi padre, tranquilo y afable, dijo que haríamos lo que hablásemos, aunque por él, seguiríamos. Media hora mas tarde, ya algo más secos y con el estómago menos vacío, arrancamos y tomé la delantera girando en la rotonda hacia Madrid. El viento seguía azotando fuerte pero apenas había ahora niebla... Y así, regresamos para casa, después de algún cigarro y algunos cafés. 


Para rematar la mierda de viaje que llevábamos, antes de llegar a Guadalajara nos despistamos por lo que no pudimos aprovechar el día para comer o hacer algo juntos... llegué a casa en solitario, como los demás, triste y algo enfadado. Quizá con las luces en orden me hubiera atrevido a continuar el viaje. O quizá me he aburguesado, quién sabe. Pero no me arrepentí de la decisión cuando, días después, los amigos que bajaron el domingo de Arguis (y otros ese mismo sábado) me contaron los problemas en marcha que sufrieron. Por ejemplo, nuestro querido Mudo, con su dama blanca, la Guzzi California, de casi 400 kilos, las pasó canutas, circulando en marchas bajas y de lado para soportar el enfado de Eolo del domingo, ¡bravo por ellos! 

Saliendo de la ducha, en casa, no pude evitar pensar que habíamos tirado a la basura el dinero de la reserva de las camas y, peor, que una vez más la "maldición del pantano" me había vencido. No solo hay que contar las victorias, también las derrotas, eso sí... Y en diciembre del 2019, en ese caótico fin de semana, los "aguerridos motoristas", o mejor dicho, yo mismo había sido vencido por los "elementos". Un diez por lo demás para ellos y para mi FZR, pronto cambiaríamos bombillas. Es dura esta Yamaha del 94, y más noble que muchas motos de ahora...

El fin de un sueño hermosso...


Todo pasa y todo queda recitaba el poeta en sus Cantares, y no, no buscábamos la gloria, solo disfrutar de una de las aventuras que más nos apasiona: el gusanillo de jugar a las carreras, de luchar por mejorar y ser más rápido, más eficaz, sin olvidarnos de la diversión y de la riqueza humana que sabiamos ibamos a encontrar metiéndonos en ese maravilloso mundo de las clásicas. Y asi fue. Pero todo proyecto tiene un fin. Y llegó hace pocos meses, durante el otoño pasado. Con problemas de logística, ni sitio donde trastear, ni probarla (que bien nos vinieron aquellos años en el taller de Seseña) no tenía demasiado sentido que el polvo cubriera mes tras mes a nuestra querida amiga, sin otro horizonte a la vista. Llegó una oferta y se fue para tierras gallegas. ¡Que la disfrute con salud! No fue fácil tomar la decisión pero la cabeza a veces se impone al corazón..


Fueron unos años interesantes llenos de aventurillas, anecdotas y puntazos, a veces con momentos duros (y hasta tristes) pero casi siempre relativamente satisfactorios en lo deportivo... y muy felices en la faceta humana. Y digo "relativamente" porque la espinita que sigue clavada era y es la habitual, haber tenido menos contratiempos mecánicos, haber comenzado años atrás para disfrutar aún más... y haber pesado como diez o doce kilos menos para ser realmente rápido en recta y en subidas, culpa mia, claro. Pero todas estas pegas no son nada comparado con el balance positivo que nos llevamos en los bolsillos, en la memoria y, por supuesto, dentro del corazón. 


Contar con amigos y con gente tan genial como los miembros del Team Moclava (especialmente con el maestro Paco Motos) fue una auténtica bendición. Ellos nos abrieron sus carpas, sus brazos y sus consejos. Y no solo ellos, contar con el amigo Andrés Champi, con Edu el navarro, con Fer47 o con Xose el gallego, por citar los más importantes, fue determinante para aprender, y para contar con un poco de logística (uno de nuestros problemas crónicos), aprendiendo por el camino mil cosas, un auténtico lujo. Todos me trataron con simpatía y me ayudaron en algo en cada carrera, en cada ocasión. Todavía recuerdo al increíble Angel (hermano del grande y ausente Tapi, de los amigos Moclava) cómo me indicaba en Cintruénigo que no cortara gas para cambiar, y que no usara el embrague, como los "pofesionales" y yo, dudando, por miedo a castigar la mecánica. Solo lo probé después de que me insistiera un poco más, en aquel entrenamiento. Y claro, tenia razón. Subiendo marchas no forzabamos y ganabamos unas pocas centésimas. ¡Cómo iban de rápido estos veteranos! de paseo nada, impresionante, "mucha mili" había por alli. Gente sabia, generosa y empática. Sus juegas eran alucinantes. Aquellas noches post entrenos y pre carrera eran auténticos fiestones llenos de orujo, de bailes, bromas y de horas sin sueño, ¡qué bonito paddock! Me sentia un puñetero afortunado, un auténtico "becario" vestido de blanco. 


Gracias a mi padre, a Julito, a Yoli, a Tyto y demás amigos este viaje fue muy agradable, que no exactamente fácil, los años pasaron más o menos rápido, llenos de emociones. Al principio sufrimos de lo lindo por el problema de los frenos, un simple leva delantero que apenas frenaba la moto, ¡cuantos sustos me llevé por ello! y un carburador que era casi imposible de carburar, aquel gastón Bing tan antiguo. Ambos problemas, en un par de años, pude solucionarlos y la moto empezó a ser realmente una moto competitiva y segura. Su sonido (afortunadamente grabado en algunos vídeos que guardo con cariño) me trasportaba a otro mundo.


Las participaciones en Cintruénigo, donde me fogueé, junto a los citados veteranos, fue realmente espectacular, insólito para mi, original y cañero a tope. Como recuerdo aquellas vueltas sin casi cabeza, dándolo todo, que no era mucho en mi caso, pero dejándome siempre la boca y la gargante seca, completamente seca. "¡Buena señal! me decian los veteranos como "Comandante. Y a fe mía que asi me pasaba. Semanas antes me ponía a dar vueltas con la bici por mi barrio para llegar "en forma", apenas tenia cuarenta años cuando comencé pero me sobraban hábitos sedentarios. Ya no era, obviamente, aquel niño que jugaba a ser piloto de motocross, entre caida y caida, en los circuitos de nuestra Comunidad. Habian pasado unos treinta años... toda una vida.

No voy a alargarme mucho más, las crónicas de las aventuras con la HermOssa ya las relaté en su dia en otros posts, pero sí quisiera añadir dos cosas más, hablando de la mayor carrera de clásicas de nuestro país y mi balance final...


Por un lado, destacar que siempre estaré agradecido a los que me echaron una mano en mi debut en La Bañeza, en el verano del 2014. Correr alli, aunque fuera de los lentos (por supuesto), era un auténtico SUEÑO. Era y es La Meca de las clásicas, claro, donde participa la creme de la creme. Por mi parte fue un tanto inconsciente quizá pero no pensaba perder la oportunidad (en el 2013 no me aceptaron la inscripción). Fue una sensación casi extracorporal porque no te puedes imaginar la sensación que inunda toda tu alma y todos tus sentidos en esas calles bordeadas de mogollón de público que te anima con fervor. Había ido mil veces a ver las carreras pero no tenía nada que ver. El calor de la gente, de los pilotos, del público y de los paisanos del pueblo es muy dificil de describir. Como se suele decir, hay que vivirlo. Ese año ibamos justos en todo, en mecánica (ni digo la diferencia de velocidad punta que me calcularon en recta de meta), ni en salud, ni en ánimos (problemas familiares). Pero ahi estaba Luismi para empujarme y llevarme en su furgoneta hasta el pueblo leonés. Tiramos de ganas y no abandonamos, solo los dos con la Ossa hacia una batalla irrepetible, la mejor carrera de clásicas del país. Luego con Mudo, Carmelo y la acogida de los amigos valencianos en su parcela, todo fue más fácil. Gracias a Manu Varea por sus consejos aquel año, gran campeón y mejor persona. El salia con su Bultaco, rápida pero frágil, siempre estaba ocupado con ella, pero aún así, siempre tenia un rato para hablar conmigo o darme rueda. Ese año regresamos a casa con mal sabor de boca, ¡hasta perdimos los embutidos que regalaba la organización y los patrocinadores! Pero al menos me permitió ver dónde me metía con vista a volver en el 2015...



Al año siguiente volvimos, más preparados y se notó enseguida. Pero en aquella categoria, la más competitiva, "el más tonto era relojero", claro, y no rematé. Me quedé a segundo y medio de entrar entre los 35 primeros clasificados para salir a carrera (eramos unos 72 inscritos en 250). Cada año la categoria de los 2T se pone más complicada, más commpetitiva, siguen bajando los tiempos y algunos pilotos rápidos incluso no pueden clasificarse (tampoco había manga de consolación).  Además esa edición vino mi padre y fue todo un plus. Todo este proyecto de la Ossa también lo hice por él. En esos años disfrutó de lo lindo. En parte era como volver a sus días de carreras. A mi me vinieron geniales sus consejos y sobre todo su presencia. Fue, obviamente, mi mecánico y jefe de equipo. Vivimos a tope nuestras aventuras, muchas veces en solitario los dos.


Volviendo a La Bañeza, ese año, vimos a un montón de amigos que se pasaron por boxes, ¡fue muy agradable!, personalmente estaba en la gloria, aunque me faltaba mi familia (que pocas veces me acompañaba a las carreras). En el crono oficial hice peor tiempo que en el libre pero no supimos el motivo hasta que fue demasiado tarde. No importó demasiado (bueno, un poco), de todas formas, ese año lo pasamos en grande, como digo. Estaba en un buen momento y el planteamiento estaba claro. Para seguir teniendo una moto competitiva habría que invertir para el 2016. Solo contabamos con la ayuda de Joan Ferrer que me enviaba cada año muchos litros de A747 gratis, ¡no era poco!, pero cualquier cambio de pistón o de lo que podáis pensar, valia una pequeña millonaria. Por fortuna, la HermOssa era muy fiable pero cada año me gustaba cambiarla alguna cosita. No podía ser cada dos carreras, como hacian los punteros y los pudientes, pero tampoco iba mal mi montura.


Desde 2016, hubo más aventuras, alguna rotura inesperada (como el depósito en Lordelo, Portugal) y, sobre todo, más problemas logísticos de dificil solución en los siguientes dos años (la de furgonetas de alquiler que aprendí a conducir durante esas temporadas). Parecia que ibamos agonizando. Pude encontrar una plaza de garaje de alquiler donde guardar la moto pero no podía salir a rodar por ella por las calles, ya no disponiamos del taller en el polígono, una pena. Aún asi, la pusimos una bonita cúpulita (¡gracias Chema!) y hasta rodamos en el circuito FK1 en el 2018... sin freno delantero (que se rompió tres días antes). Fue la última vez que rodé con ella.


Y por ultimo, a modo de resumen, comentar que fueron cuatro años emocionantes y dos más complicados. Nada de lo bueno hubiera sido posible sin aquella conversación con Paco Motos en el 2009, cuando hablamos de sus carreras y de lo bonito que sería participar en alguna. Tres años después se acordó y me habló de la oportunidad de alquilar una Ossa para una carrera que se celebraba en junio en un pueblo navarro del que jamás había oído hablar... una noble moto que un año después de aquel debut en el 2012 compraría y seria mia en muchos sentidos. En todo caso, espero que todo esto sea un punto seguido, y no un punto final. Quiero volver a correr en clásicas, ,aunque sea en 4t, si las circunstancias lo permiten. Me encantaria. 


Gracias de nuevo a todos los que aportaron desde palabras de ánimo hasta empujones para arrancar la moto. Gracias a los amigos de VITALE que también nos echaron una sabia mano con el tubarro y el motor en algunas ocasiones. Gracias a todos los que apoyaron nuestros pequeños sueños sin ser punteros, ni rápidos, ni jóvenes. Y a mis amigos y amigas más querid@s, no saben todavía cuánto me ayudaron con su presencia...


Me quedo con las palabras que me escribio mi admirado campeón José Angel Mendivil hace unos meses, cuando comenté que había vendido mi pequeña.

"Muy bonitas palabras. Pero la vida sigue y los sueños también. Y tú te lo pasaste muy bien en ese mundo pero no te olvides que hay otro mundo y es la riqueza de esos amigos que tienes del mundo de las motos, esa es una riqueza que no te la quita nadie y siempre las tendrás. Te mando un fuerte abrazo"

Descubriendo Cazorla (¡pequeño paraiso!)


Amaneció pronto y suave, presentándose un día casi primaveral, sin viento y con el sol necesario para sentirse bien. Qué paz inunda los sentidos cuando se pasea por zonas así, lejos de la ciudad y en un entorno tan bucólico y abierto. Desayunamos como campeones y pronto llegamos al "balcón" donde nos aguardaban, fieles, nuestras monturas. Las vistas desde allí eran profundas y extensas. Nuestras chicas arrancaron sin problema y comenzamos con la parte más bonita de la escapada, descubrir el objetivo de nuestra "excursión", conocer parte del Parque Natural, las tierras que avanzaban hacia el suroeste, hacia el pueblo de Cazorla. Me enteré que este Parque es el mayor espacio protegido de España y uno de los primeros de Europa.

Después de dejar atrás paisajes de olivos y demás arbolada penetramos en la carretera A-317, dirección suroeste todavía, bordeando el enorme pantano del Tranco, lugares que no conociamos ni Iñigo ni yo. Carretera juguetona aunque con algún coche que otro (era sábado a fin de cuentas), clima perfecto y vistas interesantes. No tardamos mucho en parar cerca de una especie de merendero que se conectaba con uno de los embarcaderos del pantano. Alli no pudimos tomar nada al final pero pasamos un buen rato contemplando la naturaleza que nos rodeaba:


Rodando tranquilos para intentar descubrir más lugares dignos de visitar, reanudamos la marcha, no era ni mediodía. Un poco después descubrimos un cartel que indicaba un mirador. Y allí paramos de nuevo. Esa parada fue más larga. Caminamos unos diez minutos hasta tropezar con unas vistas fantásticas del pantano, casi solos, mientras el sol apretaba un poco más sobre nuestras cabezas.


Yo estaba alucinado del tiempazo que estabamos disfrutando. Parecía primavera y no otoño. Qué lejos podía imaginar en esas horas la que nos aguardaba aquella noche (ja,ja). 


Prometi volver a estas tierras con la familia, aunque fuera enlatado. Cuando los señores dejaron de fumar, reanudamos la marchas sin saber qué nos encontrariamos más adelante. Una vez en marcha, el tráfico se intesificó y como veinte minutos más tarde, después de gestionar bonitas curvas, paramos en una especie de centro turístico donde habia bar, tienda y se podía coger un trenecito que te hacia una visita por la montaña (¡toma ya!). Era el centro de fauna silvestre Collado del Almendral, ya no muy lejos del pueblo de Cazorla. Por toda esta zona que habiamos cruzado con las motos, en teoría, se podía ver gamos, corzos, jabalíes, cabras, ciervos, aves rapaces, etc. Ciertamente, antes o después de parar en este centro (ya no me acuerdo), vimos, al otro lado de una valla cercana a la carretera, dos "bambys" que corrian en nuestra dirección y luego se alejaban. Fue un puntazo. Se nota que somos de ciudad y alucinamos cuando la naturaleza se muestra tal como es. ¡Cuantas cosas podriamos descubrir de alargar la visita! Hay para ver suficiente como para consumir varios días, pero no tanto por las carreteras asfaltadas (que también) sino caminando por senderos o atravesando pistas forestales. Miradores, aldeas, senderos, lagunas, nacimientos de ríos (como el Segura) piscisfactorias, cuevas... Im-presionante, en suma.



Después de aquella paradita avanzamos hacia un puerto, era el puertecillo de Las Palomas, una ligera ascensión agradable y ratonera. En los garrotes ciegos había que andar con ojo no viniera un coche invadiendo nuestro carril. Nos detuvimos en la cumbre, un lugar acojedor que regalaba buenas vistas, gracias al mirador que alberga.


Después de aquella nueva parada avanzamos hacia Cazorla pensando ya dónde parariamos para comer. Atravesamos el famoso pueblo y en una calle en bajada resbalamos con la pintura de un Stop y casi nos chocamos las dos motos de 600, faltó poco. Impresionante el rendimiento de mi vieja "abuelita", mi FZR, la verdad que me lo pasé de coña aquella jornada. Gracias a su agilidad y a sus neumáticos con pocos kilómetros era una delicia tomar las curvas. Del motor qué decir, ahora sí que acelera lo esperado. ¡Contento me tiene!

Seguimos nuestro camino y, al final, en el pueblo natal de Sabina, Ubeda, decidimos parar a comer, aunque la verdad apenas habia oferta y costó un poco encontrar un restaurante pequeño junto a una gasolinera, el típico lugar de platos combinados y poco más. La idea era tirar desde alli luego dirección Valdepeñas y ya hacia casa. Al final no pasariamos el domingo ruteando. Comimos en plan de raciones y, a falta de otra cosa, tuve que pedir y beberme ¡¡una Cruzcampo 0,0!!, ¡¡pardiez!!, después de eso creo que estoy vacunado para cualquier virus.


El tiempo se estaba poniendo algo feo y yo notaba, desde antes de comer, un poco de mal cuerpo, no sé por qué... con la Cruzcampo creo que me rematé... Terminamos de comer tarde y nos pusimos rumbo a la autovía de Andalucía por carreteras solitarias, y más o menos divertidas, que apenas presentaban tráfico, tramos que al menos yo desconocía por completo. Serian las seis y media de la tarde más o menos cuando el cielo empezó a oscurecerse, parecía que iba a llover con ganas. No quedaba mucho para alcanzar Despeñaperros y la autovía que nos llevaria a casa. Quizá hubiera sido una gran idea parar en algún sitio a dormir y ya llegar a casa el domingo, y pasar otra noche divertida de charlas pero no cambiamos el plan.

Un rato después comenzó a llover ligeramente, mientras pensábamos si merecería la pena ponernos el mono de agua. Como suele pasar a veces, aunque no bajabamos de 140/150, la lluvia nos alcanzo de lleno y, finalmente, tuvimos que entrar en un gasolinera para cambiarnos, ya algo empapados. El viento también se levantó y bromeamos diciendo que habiamos pasado por tres estaciones desde el dia anterior. En aquella gasolinera (cerca de Manzanares, si no recuerdo mal) no había posibilidad ni de tomar café de máquina y, algo resignados, nos vestimos de "romanos". Iñigo llevaba un traje para el agua estupendo de dos piezas que me encantó. Pronto me compraría uno muy parecido en el outlet. Yo me puse el mio de siempre, algo roto y gastado. Por fin, reanudamos la marcha, mientras jarreaba a cubos. Pude comprobar durante esos ratos lo bien que pisaba la FZR en mojado. Con poco tráfico, no bajabamos mucho el ritmo y el comportamiento de la Yamaha era intachable. Como iba delante Julito yo no tenia problemas de visión, ni cuando la noche se hizo ya cerrada prematuramente. Por Tembleque más o menos dejo de llover con ganas y pudimos afrontar los últimos minutos algo más secos. Se terminaba otra escapada estupenda con inmejorable compañía. Quizá nos faltó un día, sí, volver el domingo pero... así fueron las cosas. En resumen, una zona de nuestro país digna de ver, a pie, en moto o en bicicleta, como quién dice. Mínimo dos días por alli seria lo recomendable. En todo caso merecío la pena esta primera "toma de contacto". ¡¡Volveremos!!

Descubriendo Cazorla (¡hacia Segura de la Sierra!)


Hay muchos rincones en España dignos de visitar. Pasan los años y como en ocasiones repetimos trayectos al final también apetece conocer paisajes nuevos. Hacia tiempo que rondaba mi cabeza conocer con la moto la zona limítrofe a la "frontera" entre las provincias de Albacete y Jaén. Solo había estado por Riópar, el nacimiento del río Mundo y el pueblo de mi madre, Bienservida. Tenia ganas de bajar más al sur y conocer la famosa sierra de Cazorla y su Parque Natural. A Iñigo y a Julito les cuadraba bastante la idea y allá que fuimos los tres a principios de noviembre, saliendo un viernes de casa con la intención de pasar una o dos noches por allí. Un placer siempre hacer kilómetros y vivir aventuras con estos elementos...


Salir un viernes después de comer por una carretera tan transitada como la de Andalucía suele ser bastante latoso a esas horas pero no teniamos mucho más margen. Al final nos juntamos en Valdemoro y tiramos a buen ritmo hasta que paramos en un bar a corta distancia de Valdepeñas. Para esta ocasion yo iba con mi "renovada" FZR, ya con su reglaje de válvulas hecho y recién carburada, menuda diferencia de aceleración en comparación con la versión de un par de meses antes, camino a Zamora.


Antes de entrar al restaurante, donde disfrutamos de unas ricas sopas castellanas y unas carnes sabrosas, descubrí alucinado que uno de mis pulpos estaba ¡roto!, anclado todavía a la estribera trasera derecha. En algún momento se había cortado en marcha, con el peligro que estas cosas siempre suponen. Por fortuna, no sentí ni pasó nada. Quizá lo tensé demasiado y no aguantó. Iñigo salió al rescate y metió mi pequeño macuto en una de las maletas de su fabulosa Z1000SX...¡gracias! Aqui una foto de los figuras (una foto donde no sale la botella del buen vino de esa tierra...).


Por fin abandonamos la autovía y empezamos a transitar por carreteras más desconocidas y divertidas. El sol iba declinando poco a poco mientras tomábamos rumbo hacia Villanueva de los Infantes. El ambiente era tranquilo y con pocas luces. Pronto rodariamos de noche, pensé, mientras llenábamos los depósitos en un pueblo del que ya no recuerdo el nombre.

Yo iba algo incómodo con mi vieja chupa de cordura, a la que tengo que cambiar las cremalleras, por cierto, pero estaba disfrutando detrás de estos dos tunantes y de la docilidad de mi ágil montura. Enseguida nos cubrió la noche, estábamos a unos cien kilómetros, o pocos menos, del pueblo donde habia hecho la reserva para dormir, un pueblo que era por lo visto realmente hermoso: Segura de la Sierra. Antes de llegar disfrutamos de muchas curvas y hasta de la "emoción" de ver un animal cruzando rapidamente la carretera. Paramos en el límite de una glorieta desértica para que fumaran mis dos amigos y orientarnos un poco. Eran más o menos las siete pero parecía mucho más tarde. El pueblo estaba en lo alto de un monte, y coronado por un viejo castillo, en pleno corazón de la Sierra de Segura, casi ná. Sin duda toda una experiencia conocerlo y subir por aquella carretera angosta y con pendiente que ascendia poco a poco hasta el aislado pueblo, cuna del poeta Jorge Manrique


Costó encontrar el alojamento, un curioso apartamento rural bien decorado rodeado de calles empinadas. El viento y el frio se habian incrementado a medida que subiamos hacia el pueblo y el alojamiento estaba justo a las faldas del castillo, en lo más alto de la localidad. El viento era tan molesto que hasta me quedé con el casco puesto un buen rato mientras intentamos ubicarnos y hablar con el señor del apartamento por el móvil. Era un laberinto de corredores, callejones y calles pero resultaba muy auténtico y pintoresco el pueblo, sin duda. Por fin pudimos dejar los trastos, cambiarnos y buscar dónde cenar. No habia muchos sitios abiertos a eso de las once de la noche pero encontramos un magnífico mesón cerca de la entrada del pueblo, donde disfrutamos mogollón, casi en solitario, y junto a una lumbre que no esperábamos pero que agradecimos bastante.


Luego visitamos algunos de los rincones del pueblo, algunos dignos de ser enmarcados, para terminar, como último acto de la noche, en un garito de copas y música. Siempre que paso por un pueblo así y descubró el precio de las copas me maravillo. En otros tiempos aprovechaba, ahora nada, un vodka con naranja y poco más. Lo mejor son las charlas entre nosotros y con los paisanos que se cruzan en el camino. Y esa sensación, como siempre, de libertad, de estar a tu bola... ¡y solo había comenzando el finde!


Octubre, ¡será por clásicas y oldies!


No es obsesión pero, al final, muchas veces terminamos rodeados de motos antiguas, de caballeros de las dos ruedas y de reuniones que defienden y reivindican nuestro legado y nuestra historia. Algo que me encanta y que veo necesario. Total, no hace mal a nadie, hay sitio para todos en nuestra afición y estos saraos ayudan a que los más jóvenes descubran y entiendan cómo eran las motocicletas hace décadas. Aunque para gustos los colores, por supuesto.. pero ahora que vivimos inmensos en la época de motos atascadas de electrónica (que no aprovechamos ni una tercera parte), del marketing eléctrico (no pretendas viajar lejos con un vehículo así que no llegas), de las normativas y restricciones que vuelven a poner a la moto en la diana en lugar de hacerla parte de la solución (y no del problema), da gusto, como digo, oler efluvios de Castrol o Motul, de escuchar el clásico sonido de motores de 2t, de contemplar estampas de motos con alma, de hasta ver monos de cuero antiguos o mis queridos barbours como vieja armadura de antiguos cruzados del asfalto...

Llegó octubre y tuvimos nueva excusa para "dar una vuelta" y reunirnos un rato con amigos y desconocidos, al tiempo que contemplábamos más clásicas en movimiento. Se celebraba la reunión de Brea de Tajo y allá que fuimos, a apenas hora y pico de casa, por las curvillas solitarias de Las Vegas y el río Tajo, todavía en la provincia de Madrid pero muy cerca del límite con la provincia de Guadalajara y Castilla La Mancha. 


Salí temprano, medio dormido. Ahora La Infinita corre una barbaridad, como siempre cuento, desde que le limpiaron los inyectores y la bomba de la gasolina, por lo que siempre tengo ganas de bailar con ella aunque la dulce FZR me tiene hechizado. En todo caso, fue un placer volver a pasar por Las Vegas, aunque siempre pienso que sobran pueblos y badenes. Finalizando el paseo, en un conocido cruce, me topé con la comitiva clásica que daría una vuelta por las localidades cercanas antes de volver a Brea. En unos minutos llegué al pueblo y al epicentro de la movida, en su centro "neurálgico". Lo importante es que había un buen bar donde desayuné, mientras esperaba. Algunas damas con solera comenzaron a llegar... Para empezar esta preciosa GPX que me tenía loco de chaval...


Y esta preciosa "Pepsi" no se quedaba atrás:


Antonio, de Pinto, llegó al rato con su Kawa "Turbo". Creo que su moto tenía mas potencia que todas las demás juntas, ja,ja... Luego más amigos como Iñigo, Andrea, Mudo, Tyto y Mónika, y el grupo de Luis y Rosi (con Miguelón, Mayka, Antonio..). El sol brillaba con fuerza en el cielo y pasamos un ratillo agradable. Yo ese día no podía quedarme a comer con ellos pero disfruté de su compañía esas horas.

Días después arranqué una idea que comenté, semanas antes, con el amigo Jordi de la revista Solo Moto. Viendo la popularidad y la moda que vivimos, actualmente, en nuestro mundillo por las oldies de los años 80 y 90, sobre todo gracias a los aficionados que en las redes sociales recuperan historias y recuerdos, ¿por qué no aprovechar ese filón y publicar contenidos interesantes y diversos reportajes en la revista? Como hacen algunas revistas de otros países... Al final la idea gustó, y hablamos de mi posible colaboración, haciendo pruebas y mandando la correspondiente crónica, potenciando alguna sección de la revista. Yo lo decía sin grandes pretensiones, sin buscar nada, solo divertirme encima de esas motos y poder escribir sobre ellas, dos cosas que me encantan. Confirmé que podía probar diversas motos interesantes del siglo pasado. La primera sería la bella Suzuki TL 1000 S de un conocido, "Piwi", que gracias a la intermediación de Pedro tendría la generosidad de dejármela una mañana para probarla y hacer un primer artículo "oldie". Y así fue, en ese mismo mes de octubre. Tenía en mente muchas cosas sobre la preciosa TL pero ningún recuerdo o conocimiento previo podría igualar a probarla durante unas horas. Con la ayuda imprescindible de mi amigo Iñigo, gran fotógrafo y motero, tenia asegurado la otra parte del asunto: poder hacer fotos dinámicas, obligatorias para cualquier artículo. Y así fue, ¡buenas fotos me hizo el citado, aunque yo salga encima! Qué talento y paciencia tiene el colega, ¡gracias team-mate! Durante unos días estuve pensando qué curvas elegir, dentro de la Sierra Oeste, para esas fotos en marcha. Al final elegimos dos que se prestaban a una buena colocación por parte del fotero y cierta visibilidad para el jinete.


¿Qué decir de aquella moto, de aquel enorme bicilindrico que quiso comerse un trozo del pastel de Ducati? Pues que es una moto todavía impresionante, con mucha personalidad, con suficiente potencia y montañas de par motor, con un sonido brutal y un tacto casi italiano que obliga a conducirla de manera distinta a nuestros habituales cuatro en linea, claro. No fue la única bicilindrica en V de los japones, pero la TL tiene más punch que las VTR de Honda. Por cosas de la vida, tampoco se vendió mucho. Me sentí cómoda encima de ella (¡se nota que antes las sports eran casi cómodas!) aunque en zona de muchas curvas sus inercias y su carácter obligan a una conducción un poco física, con todo lo bueno y menos bueno que eso implica. De frenos íbamos cubiertos, la moto llevaba Brembo, y por fortuna, no llevaba detrás el invento de amortiguación que sacó Suzuki para este nuevo modelo, el Rotary Damper, una idea procedente de la Formula 1, donde por un lado iba el muelle y por otro el hidráulico. Esto permitía hacer menos larga entre ejes la moto pero, como se descubrió enseguida, la disposición de esa configuración, tan cerca del motor y de los colectores, provocó una falta de rendimiento alarmante por calentamiento. Muchos usuarios cambiaron el amortiguador rotativo por un Ohlins o similar anclado directamente al modo convencional. En el caso de la moto de "Piwi" así era y además estaba ajustado con una precarga más o menos acorde a mi peso y al ritmillo alegre, pero nada racing, que me marqué por la sierra (tenía que devolverla intacta, claro). El sonido... como decía, qué maravilla. Las colas Yoshimura de esta unidad también ayudaban a la sinfonía que se construía curva a curva, al compás de la oscilación del gas. De chasis (multitubular casi por completo) y suspensiones nada que objetar. De motor, imaginaos, dos grandes pucheros de medio libro cada uno. Sus 125 CVs ahora no son nada para una moto de mil pero para la época, y para el usuario medio, son más que suficientes. Otra de la novedades de esta moto fue que presentaba inyección electrónica. En su presentación, en 1996, no era tan habitual como podamos imaginar en estos días. La inyección no funcionaba nada mal pero en baja coceaba un poco, era lógico, no estaban tan bien ajustadas como ahora pero nada que objetar en cuanto abrías el gas un poco. 


Devolví la TL con un poco de pena, estábamos comenzando a ser amigos. Me encantaron muchos detalles de esta moto como su posición, racing pero nada radical para el piloto. Aquella mañana, antes de subir había comprobado la tensión de la cadena (recordaba bien los problemas reportados en aquellos años por muchos propietarios) aparte de recordar la fama de que era una moto que flexaba demasiado, glups...

Cerca de la hora de comer, tomamos una cerveza en el bar Daytona, en mi pueblo, me despedí de la Suzzi y arranqué el coche camino a casa. Ya en mi cabeza estaba danzando qué opciones de moto podría elegir para el próximo artículillo... y eso que todavía no había escrito la prueba de la TL. El que se aburre es porque quiere...

En octubre también sucedió otro hecho muy relevante, y doloroso, para mi. Vendimos, finalmente, mi querida Herm-OSSA. No tenia sentido seguir acumulando polvo sobre ella. Pero este asunto es tan personal que le dedicaré otro post...


GRACIAS A TODOS LOS QUE ME AYUDARON POR EL CAMINO...